Capitulo 11

Me costó levantarme de la cómoda cama que teníamos en la habitación, y al fin y al cabo me levanté a regañadientes, más bien dicho, me hice la dormida y Dimitri me cogió y me puso en su hombro obligándome a bajar y desayunar, y después de ver ese banquete que me habían preparado, salté del brazo de Dimitri a la silla en un segundo.

-Hoy por fin vas a ver a Lissa desde hace... un par de meses ¿no? -yo asentí feliz con la boca llena de cereales con leche. Tragué.

-No sabes como la hecho de menos, no estamos tanto tiempo sin vernos desde que fui a Rusia a... - tragué saliva sin querer continuar y Dimitri se quedo paralizado sin saber como seguir, pero finalmente salvé la situación- hoy por fin la veré.

-Creo que hoy habrá fiesta pijama, esas en las que se cotillea, se habla de chicos y se pinta las uñas.

-¿Como lo sabes? -pregunté de broma con una tostada con mermelada en la mano- ¿Tu has estado en alguna?

Dimitri rió.

-No, -dijo con una sonrisa aún en la cara- pero cuando era pequeño me ponía en la puerta de la habitación de Karolina con Sonya y escuchábamos lo que decían ella y sus amigas.

-Sí, ya, ya -mordí la tostada- Karol me dijo que te vestían y te casaban con las muñecas -volví a morder la tostada y miré a Dimitri de reojo.

Dimitri que estaba mordiendo una galleta casi la escupió del ataque de risa que le entró.

-Sí, ellas me hacían eso cuando nos pillaban escuchándolas, pero a Sonya no le hacían nada por que era más mayor y decía que solo me estaba avisando de no molestarlas.

-Pobre Dimitri –me reí- eso os haremos a ti y a Christi... ejem Adrian -tuve un fallo al no recordar que Lissa estaba con Adrian, no se como me lo iba a tomar cuando los viera con mis propios ojos juntos- así que mejor que no os pongáis a escuchar en la puerta.

Dimitri se levantó con una sonrisa en el rostro y me besó suavemente en el pelo.

-Almuerza rápido que tienes que cambiarte, yo voy a hacer las maletas y coger los falsos pasaportes.

Dimitri se retiró de la sala y quise entrar en la cabeza de Lissa para supervisar como iba todo antes de que llagáremos.

Lissa estaba en la sala de reuniones de la corte hablando con Priscilia.

-Pero, me dijeron que yo podría tener voto si yo tuviera a alguien más de mi línea real.

-Lissa, cariño, eres la última de los Dragomir. Podrás estar en la realeza pero no votar. Nunca. Esas son las reglas.

Lissa estaba tensa y muchos insultos y cosas que yo diría pasaban por su mente, aunque con un suspiro las calló y volvió a razonar.

-Priscilia, yo tengo un medio hermano, y te lo voy a demostrar. Hoy llega a la corte con sus dos guardianes.

-¿Que?, Lissa, tu hermano murió en el accidente en que murieron también tus padres.

Lissa se estaba poniendo muy furiosa y sería yo la que acabaría quitando su ira. Priscilia se giró con su carpeta bajo el brazo con una expresión de niña-tonta-no-me-molestes-que-tengo-faena.

-Tengo un medio hermano. -Priscilia se paró- Mi padre tubo una amante, -Lissa tragó saliva- una bailarina de las Vegas con la cual tuvo un hijo. Mario Dragomir, Mas conocido como Mario Village.

Vive en California, en una casa en la costa, propiedad de mi padre, dónde habitaba antes de casarse con mi madre.

Priscilia se giró y rodó los ojos.

-Eso, son rumores que la gente ha dicho siempre, nadie los cree realmente.

-Hoy te traeré a mi hermano y podrás ver todos sus papeles y verificar que son ciertos. Viene a ayudarme para que pueda tener voto en la realeza.

-Tu solo quieres tener voto para sacar a tu amiga de la cárcel -dijo Priscilia con una mirada asesina.

-Rose es inocente y te lo demostraré.

-Ella no podrá ser juzgada hasta que la encontremos, a no ser que sepas donde se esconde.

-Yo no se nada, era tan buena guardiana que no le dijo nada a su mejor amiga para no meterla en problemas. Ella seguramente se escapó para demostrar su inocencia, o para ayudarme a defender la.

-Como ya te he dicho, Rose no está aquí -Priscilia empezó a recoger papeles de la mesa para esconder su indiferencia.

-Mi medio hermano vendrá hoy, yo tendré voto, me presentaré en el cargo de reina y como ya debes saber soy predilecta por ser la última de los Dragomir, encontraremos a Rose, demostraremos su inocencia con las pruebas y encontraremos al verdadero asesino de la reina Tatiana. Un trato es un trato.

Lissa estaba apoyada encima de los papeles de Priscilia con una expresión amenazadora a un par de palmos de la inútil secretaria. Ella se encontraba quieta sin decir ni una palabra y como Lissa pensó que no iba a decir nada se giró y se marchó.

Al salir suspiró fuertemente, cerró los ojos con la mano derecha en la frente y la otra en la cadera y notó como unas manos la cogían de la cintura y la estrechaban fuertemente a un cuerpo cálido que yo aún recordaba.

-Lo has hecho muy bien -Adrian la besó en la frente.

-¿Tanto se ha oído desde aquí? -preguntó Lissa avergonzada.

-No, es que yo estaba escuchando apoyado en la puerta.

Lissa se rió y parte de su ira desapareció cuando Adrian la abrazó más fuerte y la cogió de la mano para conducirla hacía la habitación paseando por los hermosos jardines de la corte.

-Hoy viene Rose, debes estar muy feliz -esmentó Adrian.

-¡Sííí!, la verdad es que sí, no pasábamos tanto tiempo separadas desde que partió a Rusia para matar a Dimitri.

Lissa había podido decir la frase que yo no había podido construir delante de Dimitri.

-Ahora, ya podréis estar juntas y felices para siempre.

Lissa asintió feliz mientras que yo recordé que nunca sería feliz y antes de que los pensamientos tristes volvieran, alguien me movía los hombros y volví a mi cabeza.

Mario estaba delante mío con cara de preocupación.

-¿Estas bien?

-mm... sí, estaba con Lissa, ya sabes, lo de la conexión.

-aaah, sí, por eso Dimitri me dijo que te dejara, que ya volverías sola. Pero me asusté muchísimo.

-Tranquilo, bueno, ¿vamos?, el avión nos espera -no quería hablar de mi visita a Lissa.

Nos alejamos de la costa con un todo terreno, yo y Dimitri admiramos por última vez el mar, que pensábamos que un último re mojón no nos iría mal, pero Mario dijo que llegábamos tarde. Partimos hacía el aeropuerto y en el coche nos pusimos nuestros anillos-cambia-aspectos, como yo les llamaba y cogimos nuestros pasaportes encantados.

Nos despedimos de los guardianes de Mario y los tres subimos al avión. Yo me sentaba en el asiento en medio de Dimitri y Mario.

Dimitri era el chico dhampir de piel negra con pelo gracioso, yo era la mujer dhampir rubia y cuarentona y Mario era una chica dhampir de ojos castaños y pelo rubio ceniza. Lissa se había equivocado con el encantamiento y en ves de hacer un chico hizo una chica. Aunque a Mario no pareció importarle y dijo que siempre quiso hacer de mujer ni que fuera por un día.

Al llegar a Montana noté el aire era más frío y seco. Me recordaba a mi hogar, donde había vivido la mayor parte de mi vida. En la salida del aeropuerto un jet privado nos esperaba de parte de Lissa. Mario entró en el lavabo y se quitó el anillo, ahora eramos sus guardianes.

Nos acercamos al jet y Mario le dijo al piloto que el era el medio hermano de Lissa, el que esperaban y cuando le enseñamos sus papeles verdaderos nos hicieron pasar.

El viaje fue silencioso ya que no podíamos hablar de nada delante del piloto y yo me dediqué a observar el paisaje.

Los frondosos y verdes bosques se extendían por casi toda el área, sobre volamos algunas zonas pobladas pero nos adentramos a las zonas inhabitadas, donde vi la guardería donde yo me crié, casas de algunos moroi y la escuela St. Vladimir. Le di un codazo a Dimitri que miró por la ventana y observamos juntos la escuela, sus patios por donde habíamos corrido las frías mañana, sus edificios donde habíamos practicado, bailado, estudiado, bueno yo dormía; y entre los bosques vimos la cabaña y nos miramos con una sonrisa en el rostro. Esa noche fue nuestra noche.

Después de sobre volar otras áreas divisamos la corte. Sus hermosos jardines, sus grandiosos edificios, sus extensos alrededores, su cárcel... una escalofrió recorrió mi cuerpo de arriba a abajo y Dimitri como si supiera que tenia en menta me pasó la mano por la espalda y su tacto me tornó la serenidad. Puede que el también hubiera tenido ese escalofrío ya que también estuvo en la cárcel, pero era tan perfecto que nadie lo notó.

Y cada vez se acercaba más, pero por suerte aterrizamos en otro edificio. Al bajar no pude contenerme de mirar para atrás y observar que allí tenía que estar yo, presa y que aún me buscaban. Estaba en terreno peligroso.

Unos finos y delgados brazos me sacaron del trance y por solo el tacto, el olor a fragancia de lilas y por que la conocía desde que era muy pequeña, reconocí a Lissa y la abracé muy fuerte. Yo seguía siendo una mujer rubia y cuarentona pero Lissa sabia que era yo y no se pudo contener de abrazarme. Pero justo después fue directa a los brazos de Dimitri que aún era un chico de piel negra.

Ellos también tenían un vínculo, uno que nos vinculaba a los tres.

-Hola pequeña dhampir – el olor a cigarrillo de clavo me invadió antes de poder girarme hacia Adrian.

-Hey Adrian, ¿Cómo estas?

-Bien, la verdad es que cuando te fuiste lo pasé mal, pero... lo superé.

-Ya ya, veo que Lissa te hizo superarlo muy rápido.

-mm.. -se puso rojo- bueno...

-Tranquilo -me reí- ya estoy acostumbrada a entrar en la cabeza de Lissa cuando es mejor que no esté.

-Ah, ¡que bien!, así cuando me acueste con Lissa también lo haré contigo a la vez.

-Adrian... no seas así.

Adrian se rió.

-Era una broma pequeña dhampir –se acercó mucho a mi y quitándose el cigarrillo de la boca me besó en la frente y fue a saludar a Dimitri.

En la entrada de la terraza donde habíamos aterrizado estaban Christian y su tía que supuesta mente no se acercaban por que no nos reconocían y por que Christian no quería estar cerca de Lissa.

Así que fui yo.

-¡Hola!, ya no me ¿reconocéis?, soy yo ejem...

Tasha y Christian se miraron extrañados ya que para ellos era una completa desconocida. Pero Tasha se sorprendió y reaccionó.

-¡Hola Ro..! ejem.. guardiana desconocida.

Me reí.

-¡Hola! -dijo Christian que se acababa de enterar de que iba la cosa.

Él se lanzó a mis brazos y me susurró al oído:

-Te he echado mucho de menos, la verdad es que sin ti las cosas son muy aburridas. Han cambiado muchas cosas.

-Lo sé, tuve que presenciarlo TODO.

Christian me abrazó más fuerte y luego me dejó ir con los ojos llorosos, nunca lo había visto así de mal.

Tasha cuando vio la oportunidad me abrazó.

-Siento que antes me consideraras una rival o una enemiga, no sabía que a ti de gustaba Dimka y tampoco sabía que el te quería. Pero ahora está claro.

-No pasa nada, el pasado pasado está. Y además me he enterado que no has perdido mucho el tiempo mm...Amb mm... brose.

Tasha se sonrojó y me miró a los ojos.

-Veo que nos has hecho muchas visitas.

Me reí.

-Más de las necesarias. Bueno, ve a saludar a Dimitri que el tendrá ganas de verte.

Y Tasha ya no tan animada cómo cuando le gustaba fue a saludar a Dimitri. Y yo noté 4 brazos estrechándome bien fuerte.

-Veo que el tiempo de descanso se nos ha acabado -remugó Eddie abrazándome con mucha fuerza.

-¡Calla! Si tu mismo decías todo el día que la hechabas de menos -reprochó Mia y me abrazó más fuerte y luego los dos se apartaron pero permanecieron muy juntos.

-No os habéis aburrido tanto, habéis encontrado maneras para pasarlo bien juntos y sin mi.

Mia se mordió el labio inferior y Eddie se tocó el pelo mirando el cielo. Yo me reí.

Dimitri apareció a mi lado y me cogió por la cintura y aunque a Mia le costó un poco reconocerlo agregó:

-Vosotros tampoco os habéis aburrido.

-Ya ves, nos hemos hartado de jugar al poker.

Los tres nos reímos y Dimitri que no se estaba enterando de nada miró para otro lado disimulando.

Lissa y Mario habían hablado un poco y la verdad es que se compenetraban mucho, y se notaba que eran hermanos: Los dos rubios, Lissa un rubio más dorado y Mario uno más ceniza; tenían los mismos ojos, la misma forma de hablar y hasta tenían gustos similares.

Dimitri y yo nos pusimos detrás de Mario como si fuéramos sus guardianes y Lissa nos acompañó hasta el despacho de Priscilia pero los demás esperaron fuera deseándonos suerte.

-Buenas tardes, Priscilia.

Ella levantó la vista del libro que estaba ojeando.

-¿Otra vez aquí señorita Dragomir?

-Le quiero presentar a mi medio hermano, Mario Dragomir.

Lissa aventuró sin hacer caso al comentario de la mujer y hizo pasar a Mario, nosotros nos colocamos en el fondo de la sala como guardianes que teníamos que parecer, la verdad es que lo eramos, pero retirados.

-Antes de sacar conclusiones del asunto necesito ver todos los informes del señor Mario.

Mario le entregó una carpeta con toda su información, su herencia, sus datos y su derecho a pertenecer a la realeza firmado por su padre. Nunca había querido pertenecer ya que se pensaba que estaría solo, pero ahora tenía a Lissa, su hermana.

Priscilia ojeó los papeles y molesta por las pruebas se inventó una excusa.

-Tengo que llevarlos a investigar, más tarde sabremos la verdad.

-Pero él, y sus guardianes tendrán una habitación en la corte ¿no?

Priscilia carraspeó la voz y asintió a regañadientes.

-Solo tengo una libre.

-Perfecto, Mario se quedará conmigo hasta que tenga derecho a tener una propia y la habitación libre será para sus dos guardianes.

Lissa tenía todo planeado.

-Después de demostrar que Mario pertenece a la realeza y que yo tendré voto abriremos el caso de Rose.

-¿Y cómo piensas encontrarla?

-Saldré de la corte y ella me encontrará, seguimos teniendo el vínculo ella sabe dónde estoy.

-¿Y preferirá venirse presa a la corte otra vez -tragué saliva- que estar libre y escondida?

-Sí, Rose es mi mejor amiga.

-Más tarde veremos...

Lissa estaba con mala uva ya que Priscilia no quería tenerme a mi de inocente pero cuando yo ''volviera'' le enseñaríamos las prueba y si hacía falta le enseñaríamos la carta de la reina.

Salimos del despacho y fuimos a la habitación de Adrian, que parecía un pub apartamento.