Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Este capítulo puede contener vocabulario obsceno, preferible para personas maduras. No apto para cardiacos.

"Más que Apariencias"

Cap.11

El resto de la noche no mejoró demasiado. El hecho de estar durmiendo en una misma cama, los tenía bastante inquietos a los dos.

Kagome tenía un rebullicio de emociones en su interior; el simple hecho de estar durmiendo juntos la aterrorizaba, saber que él le deseaba le hacía sentir feliz, pero al recordar la propuesta del pelicafé le entraba ganas de salir corriendo y además estaba preocupada por su familia; que no había visto desde el día en que se casó.

Inuyasha por su parte, estaba luchando con la tentación. La imagen de sus senos se había guardado en su memoria y se había multiplicado como un virus, debía agregar las palabras de Miroku que no ayudaban demasiado y el estar tan juntos le aceleraba el corazón.

Parecía imposible dormir esa noche.

Quería besarla y desnudarla sin pensar en consecuencias. Se preguntaba desde cuando se había vuelto tan primitivo su deseo hacia ella; no lo sabía con exactitud, pero se estaba volviendo insoportable.

Si tan sólo ella le hubiese dado indicio de corresponder a sus sentimientos, entonces el no tendría que soportar esa culpa que estaba sintiendo. Porque realmente la deseaba, pero no quería dañarla y mucho menos atarla a él por el resto de su vida sin saber si era lo que realmente ella quería.

Cuando notó un poco de claridad se marchó de la habitación sin decir absolutamente nada. Ella lo vio, aún seguía despierta, pero tampoco le dijo nada. Se sentía tan atada en esa casa, ya ni siquiera podía ser ella misma. Ahora guardaba sus sentimientos en un cajón que difícilmente abriría.

Llegó al comedor para tomar su desayuno. Inuyasha no estaba allí, algo que era casi rutinario, pero lo que realmente le extrañó fue la ausencia del mujeriego.

—¡Buenos días, Kagome! —saludó el joven de mirada castaña—. Parece que sólo desayunaremos tú y yo —le comentó con una sonrisa.

Ella simplemente le sonrió.

Mientras comían, él trató de sacarle conversación.

—No entiendo —murmuró para llamar su atención—. ¿Cómo una mujer tan hermosa se ha desposado con mi primo? —le comentó su inquietud.

Una sonrisa triste se asomó de sus labios.

—Cosas que pasan —le comentó mientras seguía con su tazón de avena.

—Lástima, me hubiese gustado conocerte antes —mencionó dulce—. Te haría la mujer más feliz del mundo.

Ella le miró sonriente, aquel joven parecía tenerle en alta estima.

Pero entonces, agregó:

—No cómo lo hace ese perro sarnoso —contestó con algo de ira—; él no sabe tratar a una dama como tú.

La pelinegra se exaltó ante su último comentario. Le parecía un poco injusta la manera en que Koga calificaba a su esposo.

Se escuchó un pequeño ruido proveniente de la habitación más próxima, pero aún así, no se habían percatado de la presencia que escuchaba su conversación a escondidas.

Tenía rato observándolos, y le daba algo de envidia. Por un momento llegó a pensar en que su esposa le estaría siendo infiel con su primo, pero luego descartó la idea. Ella era demasiado inocente para esas cosas.

—Inuyasha no es tan malo —le mencionó por lo bajo.

—Kagome —le comentó para llamar su atención—, ni siquiera se toma un momento para desayunar contigo. ¿Realmente no te das cuenta? —ella agachó la mirada.

Él sintió una puñalada en el pecho.

Quería alejarse de ella. Tenía miedo de que sus sentimientos se hicieran más fuertes. No se había dado cuenta de que sus acciones le estaban haciendo daño.

Siguieron comiendo, esta vez en silencio. Y él los siguió observando.

Luego de terminar, Kagome se levantó de su silla, le hizo un gesto y pretendía marcharse. Pero Koga se levantó rápidamente y le sostuvo de la muñeca.

—No quiero que te pongas triste —le dijo tierno—. Sólo pretendo que abras tus ojos de una vez. Inuyasha no te quiere, y no mereces a un hombre así.

Ella dejó salir una sonrisa melancólica.

—Lo sé, pero no hay mucho que pueda hacer —murmuró.

Él le soltó el agarre y ella continuó con su camino. Inuyasha se escondió detrás de un estante y ella pasó por su lado con una mirada perdida y no notó su presencia. Las palabras de Koga la habían realmente afectado.

Se sentía tan culpable. Todo ese tiempo estuvo tratándola cómo a una basura. Quería hacer algo por ella.

Subió a su habitación, imaginó que estaría allí. Se detuvo delante de la puerta y escuchó sus sollozos, tomó valor y tocó la puerta.

Los sollozos cesaron. Luego de unos segundos contestó:

—Pase.

Él abrió la puerta con mucha lentitud, esperaba encontrarla en la cama llorando, pero no fue así.

Ella estaba en frente de su peinadora, y sobre esta había un libro abierto.

—¿Qué necesitas? —preguntó distante.

—Bueno, yo… —estaba extrañado.

En su rostro no había señales de haber llorado.

—¿Qué te parece si visitamos Okinawa? —le sugirió.

Su rostro cambió inmediatamente, una sonrisa afloró en su cara.

—¡¿De verdad? —mencionó excitada.

—Por supuesto, necesito vigilar las tropas que tengo allá —trató de justificar su acción, pero a Kagome no le importó—. Dile a Kikyo que te ayude con tu equipaje, salimos mañana en la mañana.

—Gracias —le murmuró ella con su cara de felicidad.

Él sintió que se le arrugó el corazón. Salió de la habitación sin decirle nada más.

Sólo le quedaba algo por hacer.

"Enseñarle a su primo a no meterse en lo que no le importa"

Estaba demasiado contenta. Vería de nuevo a sus padres, a su nana y a sus amigos. No esperó a que Kikyo llegara, comenzó a sacar los vestidos que se llevaría para el viaje.

Todo había pasado tan deprisa. Primero Koga le dice todas esas cosas sobre Inuyasha que la hicieron sentir extremadamente deprimida, pero luego Inuyasha le ofrece ir a Okinawa y eso la hace sentir extremadamente feliz. Tantos sentimientos la estaban volviendo loca.

Luego de ese auge de felicidad, la tristeza volvió nuevamente.

Estaba confundida, más de lo que podía esperar. Recordó aquel momento de pasión con el chico, se sonrojó al instante. Él le había dicho que la deseaba, pero sólo había sido eso: deseo.

Pensó en Inuyasha y en lo que estaba comenzando a sentir por él, ¿lástima?, No. ¿Deseo?, un poco. ¿Amor?, no estaba segura. ¿Aprecio?, tal vez. El simple hecho de recordar su situación con el albino le hacía sentirse deprimida.

Trataba de no pensar en ello, pero poco a poco dejó de lado los vestidos y comenzó a mirar por la ventana. Esta dejaba a la vista el hermoso patio en el que había reposado la tarde anterior, precisamente cuando llegó Hoyo con su tentadora propuesta.

¿Lograría formar algún día una verdadera familia?, no lo sabía con exactitud, pero era lo que más deseaba en su vida. Y su marido no tenía intenciones de concedérselo.

Por su parte, el ambarino tomó rumbo al patio. Sabía que su primo estaría allí, siempre le gustaba pasear en ese lugar después de tomar el desayuno. Y efectivamente allí lo encontró.

Estaba embobado, caminaba sin rumbo aparente mientras contemplaba el paisaje natural que el sitio le ofrecía. Hasta que una voz le interrumpió:

—Ha sido muy osado de tu parte —comentó el dueño de la casa.

Sabía a lo que se refería.

—¿Estabas espiando? —le preguntó con picardía.

—No tienes derecho a meterte en mi vida privada con Kagome —reprochó ignorando la pregunta anterior.

—No tengo la culpa de que seas poco hombre —le reclamó a punto de estallar —. Tratas a Kagome como si fuese poca cosa, y ella no se merece eso. ¡Es una mujer adorable!, es tierna, es inocente, es hermosa. Sin embargo no te das cuenta de eso, y la dejas de lado sin importarte lo que ella sienta. No puedo permitir que la maltrates de esa manera —terminó el castaño.

—Parece que tengo que recordarte tu lugar en esta casa —su tono sarcástico salió a la luz.

—Eres tú quien no está ubicado en el mapa —aclaró—. En vez de andar pajareando, deberías pensar en cómo hacer feliz a tu esposa, y dejar a las esclavas hacer su trabajo —dijo lo último con ironía.

La pelinegra seguía con su vista fija hacia la ventana, pero pronto divisó unas figuras masculinas que parecían entablar una conversación muy amena.

Los reconoció, aún así los siguió observando. Todo estaba bien hasta que comenzaron a golpearse. La chica aterrada comenzó a pegar gritos para que parasen, pero no sirvieron de nada.

Salió de la habitación a la velocidad de la luz, llamó a Midoriko o a alguien que pudiese ayudarle. El joven Miroku salió de su habitación y ella le comentó lo ocurrido.

—No se altere por favor, eso es normal entre esos dos —le mencionó el ojiazul cómo si nada estuviese pasando.

Bajaron rápidamente las escaleras y en menos de un segundo estaban delante de los chicos. Miroku valientemente se cruzó en el camino de ese par que no paraba de agredirse mutuamente; a pesar de la herida en su brazo adquirida en el enfrentamiento con los vándalos en el bosque, y que por supuesto no estaba del todo sana.

Miroku sujetó a Inuyasha que parecía endemoniado, mientras que Kagome le puso las manos en el pecho a Koga para tratar de separarlo y tranquilizarlo al mismo tiempo.

Ambos tenían la respiración agitada, estaban llenos de hematomas causados por los golpes. Koga tenía un hilo de sangre en su labio inferior e Inuyasha en su nariz, sin embargo no dejaban de lanzarse miradas asesinas.

—¡Basta! —comentó con autoridad la anciana encargada de todo en esa casa, que acababa de hacer acto de presencia.

Los dos bajaron la guardia.

—Ya están bastantes grandecitos para esto —le reclamó la mujer.

—Lo sé nana, lo siento —respondió—. Pero Koga me saca de mis casillas.

—Tendrás que reprimir tus instintos.—La señora se cruzó de brazos— No quiero que se vuelva a repetir.

—Lo intentaré —. Fue suficiente para la mujer, y así cómo llego, abandonó el lugar.

Inuyasha le lanzó una última mirada a su primo antes de darse la vuelta y seguir con su camino. El pelinegro no pudo evitar preguntar:

—¿Esta vez porqué ha sido?

Sonrió sarcástico.

—Se ha dado cuenta de que su secreto, ya no es tan secreto.

Miroku le miró sorprendido, y decidió retirarse sin decir nada más.

—¿Quiere que te ayude a curarte? —le preguntó por lo bajo la muchacha.

—Si no es mucha molestia —le sonrió.

—Para nada, solía hacerlo en Okinawa —le agarró del brazo mientras se dirigían a un lugar más seguro dentro de la casa.

El joven de mirada dorada se encontraba recostado en el amplio sillón de su despacho. Aunque no había perdido del todo la contienda, tampoco la había ganado. Sin embargo, se sentía derrotado. Su primo descubrió la verdad.

Eres tú quien no está ubicado en el mapa —aclaró—. En vez de andar pajareando, deberías pensar en cómo hacer feliz a tu esposa, y dejar a las esclavas hacer su trabajo —dijo lo último con ironía.

¿Qué sabes acerca de mi relación con Kikyo? —preguntó exaltado.

¡Mucho más de lo que piensa! —le comentó señalándolo—, sé que le montas los cuernos a Kagome con esa; y pienso dejártelo claro: que tu matrimonio sea una farsa no te da derecho a hacerle eso. Si no valoras lo que tienes, tarde o temprano terminarás perdiéndolo y yo, querido primo, voy a estar siempre disponible para consolarla—le dijo cómo ultimátum.

¿Cómo te atreves? —comentó el albino mientras cerraba su puño en señal de ira.

Simple, Kagome es una mujer hermosa y yo la deseo; sí tú no la quieres, entonces yo me haré cargo de hacerla feliz —explicó la situación.

El ambarino no pudo retener más sus impulsos ante la insolencia demostrada por su primo. Se abalanzó hacia él con el único propósito de herirle, y así comenzó una lluvia de golpes que sólo pudo ser detenida por la intromisión de terceros.

Sabía que su reacción no había sido conveniente, pero la actitud de su primo lo había descolocado completamente. Le confesó que estaba deseoso de su esposa y que además haría todo lo posible para quitársela; definitivamente tendría que tomar cartas en el asunto.

El viaje a Okinawa había pasado de un simple regalo a convertirse en necesidad.

Kagome y Kikyo estaban preparando todas las maletas para el viaje. La felicidad la invadía al recordar que próximamente estaría allá. A su mente venían recuerdos de su infancia, de sus padres y de sus amigos. Definitivamente ese viaje le sentaría de maravilla.

Sin embargo una duda estaba presente y era referente a la esclava que le estaba ayudando a empacar sus vestidos. Cuando ya no pudo más, le preguntó:

—Mmm, Kikyo —llamó la atención de la sierva.

—¿Si? —preguntó ella al ver la cara algo nerviosa de la pelinegra.

—Me preguntaba si tú… —se cortó, no podía preguntarle eso, era demasiado osado.

—¿Si los acompañaría en el viaje? —preguntó la astuta mujer al adivinar su pregunta.

—Si… —respondió por debajo.

—El amo Inuyasha me ha pedido que los acompañara —le explicó Kikyo.

—Mmm —respondió la chica algo triste—. Perdona, no sé porqué te lo he preguntado.

—Es evidente, señorita —remarcó la esclava—. Está usted ansiosa por tener un tiempo a solas con el señor Inuyasha —lo dijo, aunque eso la hacía sentir demasiado deprimida.

—¡Já! —replicó Kagome—. Es evidente que él no desea pasar un tiempo a solas conmigo, ¿por qué tendría yo que querer pasar un tiempo con él? —.El comentario de la esclava la había encendido, ¿cómo se le ocurría decirle semejante barbaries cuando era ella misma quien compartía la cama con su esposo? Quería burlarse de ella y no pensaba permitírselo.

—A qué se refiere… —preguntó la mujer algo desenfocada.

—No entiendo por qué me dices todas esas sandeces, cuando tú estas al tanto de la situación sentimental que Inuyasha y yo llevamos —le reclamó bastante alterada.

—No sé a qué se refiere —volvió a decir la sierva esta vez más perdida que antes.

—¡A lo que tú y yo sabemos! —soltó más que indignada—, que mi relación no es más que una tapadera y que nuestro matrimonio además de ser arreglado es más falso que el cabello del Rey.

Kikyo colocó una mano en su boca en señal de asombro. Kagome no entendía su reacción; ¿no se suponía que era la amante de su esposo? era normal que estuviese al tanto de cosas tan elementales como esas.

La muchacha dejó de lado su asombro para contestar o más bien, preguntar:

—¿Su matrimonio fue arreglado? —preguntó por lo bajo dejando claro su ignorancia.

Continuará.

N/A: Buenas. Disculpen la demora con el capi, lo tenía casi listo desde hace casi dos semanas, pero cuando escribí la última parte se me borró y me dio tanta molestia que no quise escribirlo hasta hoy :D.

Muchas gracias por leer, espero y les guste el cáp. Está hecho con mucho cariño, y siempre con ganas de que cada vez sea mejor.

Gracias por los reviews recibidos, son mi mejor paga ;D.

Saludos y hasta el próximo capítulo.