Queridísimos lectores:
He aquí el nuevo capítulo. Les agradezco a todos infinitamente sus reviews, son maravillosos y me hacen sentir muy contenta.
Pero este capítulo está dedicado a alguien muy especial, alguien que ha significado mucho en mi vida y probablemente se verá a sí mismo en una situación de esta historia. ¡No les pienso decir cuál! Él lo sabe y con eso basta.
Todo el amor del mundo,
June Magic.
Capítulo XI
Severus estaba en un estado de profunda placidez acostado desnudo en la cama mientras abrazaba a la igualmente desnuda y dormida Hermione, quien sucumbió ante el cansancio de las noches en vela y el deseo satisfecho. Pero Severus no quería dormir. Le parecía un sueño tenerla así, tan indefensa y confiada, durmiendo en sus brazos. Su piel joven, firme y suave se sentía maravillosa en sus dedos al acariciarla, y el aroma a jazmín de su pelo parecía haber impregnado los receptores olfativos de él, dándole un banquete de Hermione a sus sentidos. Además ella roncaba muy despacito, haciendo un ruidito más parecido a un ronroneo que a otra cosa. Su gatita suave y perfumada a jazmín.
A pesar del comienzo agresivo que tuvieron, terminaron por hacer el amor con ternura, besándose mucho y acariciándose como si ninguno de los dos pudiera creer que el otro estaba ahí y tuvieran que tocarse para convencerse de que eran reales, de que en verdad estaba sucediendo. Y cuando acabaron ambos murmuraron el nombre del otro. Él jamás podría olvidar a la sonrojada Hermione sin aliento, cerrando los ojos con fuerza y echando la cabeza hacia atrás para exclamar un "¡Severus!" estrangulado por la pasión.
Y ahora no quería quedarse dormido, porque tenía el temor irracional de despertar y descubrir que todo había sido un sueño; y el temor mucho más real de que llegara la mañana y le arrebatara el tesoro que ahora yacía dormido en sus brazos. Quería aprovechar hasta el último minuto con ella. Grabarla para siempre en sus recuerdos.
Nunca antes le había parecido más hermosa que en ese momento, desnuda y profundamente dormida en sus brazos. Su mente racional le decía que ella no era ninguna belleza, y sin embargo no podía recordar a ninguna mujer que fuera más hermosa que ella. Y acercándose a su rostro besó delicadamente esos labios entreabiertos que a él siempre se le antojaban que le rogaban por un beso.
Así que así se sentía besar los labios de la mujer amada.
Y ella, como una princesa de cuento, despertó al sentir los labios de él en los suyos, y sonrió dulcemente al tiempo que levantaba una mano para acariciarle el rostro y acomodarle un mechón de pelo detrás de una oreja.
—Así que no fue un sueño, después de todo... sigues aquí.
—Como tu peor pesadilla. —Y la besó de nuevo.
Se quedaron mirando un momento, extasiados en la contemplación del otro, hasta que ella habló.
—Gracias. Gracias por darme esto, Severus. Lo guardaré siempre en mi corazón.
—¿Sigues con esa estúpida idea de casarte? No lo puedo creer.
—Debo hacerlo —explicó ella con ternura, como quien le explica la lección a un niño—, mi lugar está al lado de Ron. No puedo dar pie atrás ahora, debo hacer lo que se espera de mí.
—No, Hermione, no es tu deber hacerlo... no necesitas casarte con Weasley para ser alguien, tú... tú lo harás para pertenecer a esa familia...
—¿Y qué alternativa tengo? Me odiarán si no lo hago, y ellos son todo lo que tengo en el mundo mágico.
Severus deseó ofrecerse a sí mismo como alternativa, pero dentro de sí sabía que esa no era la solución. Tenía que hacerla abrir los ojos, hacer que reconociera su propio valor.
—¿Por qué necesitas ser Hermione Weasley? ¿No te das cuenta de que Hermione Granger es muchísimo más valiosa y digna de admiración? Fue Hermione Granger la que hizo poción multijugos en segundo año, fue Hermione Granger quien rompió todos los récords de calificaciones en los ÉXTASIS, fue Hermione Granger la que cabalgó a lomos de un dragón, fue Hermione Granger la que peleó en la Batalla de Hogwarts... y es Hermione Granger quien tiene un brillante futuro en la investigación de enfermedades mágicas. Tú sola puedes y vales por lo que eres. ¿Crees que él será feliz de tenerte como esposa, que sabrá valorar tus logros en la investigación? ¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que te presione para tener siete hijos, como sus padres? ¿Para que abandones tu carrera para criarlos? No, Hermione. Tú no necesitas ser Hermione Weasley... o Hermione Snape. Tú debes ser Hermione Granger. Sólo así serás feliz. Siendo tú misma primero.
Cuando terminó su discurso, Severus se dio cuenta de que ella lo miraba atentamente con los ojos brillantes por las lágrimas, y temió haberla herido. Lo que menos le hacía falta ahora era que ella saliera corriendo de la habitación bañada en lágrimas. Pero tenía que decírselo. Demasiado tiempo se había tragado esas palabras y esa noche no fue capaz de retenerlas más. Ella merecía que alguien le dijera la verdad.
—¿Así es como me ves? —Preguntó con voz temblorosa.
No le dio tiempo de responder y lo besó con tanta fuerza que pensó que le iba a romper los labios.
Y él le correspondió con desesperación, sabiendo que a pesar de sus palabras ella se le escaparía como el agua entre los dedos, deseando que ese beso fuera lo suficientemente fuerte como para hacerla cambiar de opinión, pero a la vez sabiendo que...
—Lo harás de todas formas, ¿verdad? ¿Verdad?
Ella no contestó y él supo que su silencio era aceptación, pero al menos se quedaría con el recuerdo de haberla tenido en sus brazos y haberla hecho suya.
La desesperación de la certeza de que esta sería la última vez lo hizo hacerle el amor con todos sus sentidos, con toda su alma, para provocarle el mayor placer posible y decirle con sus actos cuánto la amaba, porque las palabras no eran suficientes para expresarle lo que ella significaba para él. Haberle dicho "te amo" habría resultado ridículamente pobre en comparación con lo que sentía, así que dejó que sus manos, su boca y su cuerpo le dijeran lo que significaba para él. Para que en los años que vinieran siempre lo recordara, para que jamás hombre alguno fuera capaz de borrar su recuerdo, para que lo llevara como un tatuaje en su piel hasta el día de su muerte.
Hermione se recostó sobre su pecho y suspirando un último "Severus" se quedó dormida otra vez. Pero Severus no podía dormir. Miró el reloj y lo maldijo interiormente, como si el aparato tuviera la culpa de que faltaran tan sólo un par de horas para el amanecer. Nunca antes había sentido una necesidad tan aguda de tener un giratiempo y robarse horas, días, años... una vida entera con Hermione.
En un par de horas más ella se levantaría de la cama, se arreglaría como todos los días, como si nada hubiera pasado, y partiría temprano a La Madriguera a prepararse para la ceremonia. Y él tendría que permitírselo.
Pero antes de que se fuera, él le daría algo para que lo recordara. ¿Qué podría ser digno de ella? La miró dormida en sus brazos y sonrió, tenía el regalo preciso para ella. Algo muy propio de él. Tratando de no despertarla, se deslizó sigilosamente fuera de la cama, agarró su túnica y se dirigió a su laboratorio de pociones en el subterráneo.
Hermione sintió la claridad del día en su rostro y comenzó a despertar, pero cuando abrió los ojos vio el rostro de Severus tan cerca del suyo, estudiándola atentamente, que no pudo reprimir un grito de sorpresa.
—¡Severus, casi me matas del susto! —Protestó ella poniéndose una mano sobre el corazón como para calmar sus latidos acelerados.
Él sólo la miró, sonriendo para sus adentros, y levantando su puño sostuvo frente a sus ojos una cadena de oro con un pendiente colgando. Apoyó lo que parecía una joya sobre su pecho desnudo y dejó que la cadena se posara a su alrededor.
—Es mi regalo de bodas —explicó.
Extrañada, Hermione tomó lo que le había parecido un topacio y lo examinó. No era una piedra preciosa, sino un pequeño frasco de cristal facetado con una poción dorada dentro.
—¡Felix Felicis! —Exclamó al reconocerla.
—Diez puntos para Gryffindor, señorita Granger.
Ella lo miró inquisitiva y él decidió ser sincero.
—Ya que has decidido seguir adelante con la estúpida idea de casarte con Weasley, me imaginé que ibas a necesitar mucha suerte.
Hermione abrió el broche de la cadena y se la puso, dejando descansar el frasquito entre sus pechos. Esta conmovida por el gesto de Severus, jamás se imaginó que él podría hacerle un regalo en esas circunstancias, menos aún uno tan especial. Aunque le dolía él respetaba su decisión, y ella lo sabía. Y lo amaba todavía más por eso.
Pero no podía mirar hacia atrás. Su noche juntos había terminado y jamás volvería a repetirse. Buscó su camisón, pero recordó que él lo había hecho trizas la noche anterior. De todas formas lo recogió para guardarlo como un testimonio de que esa noche en realidad había pasado y no era sólo un producto de su imaginación. Severus se acercó por su espalda y le puso una de sus camisas sobre los hombros, en un gesto que ella apreció profundamente, con los ojos cerrados y un escalofrío, con el corazón abrumado de amor. Se volteó para despedirse.
—Lo siento, Severus. Al menos recordaré nuestra noche para siempre. —Y se puso de puntillas para besarlo brevemente, pero él la agarró de la cintura y la besó profundamente, apretándola con fuerza contra su cuerpo como si hubiera querido que sus cuerpos se fundieran en uno solo... ella lanzó un gemido de dolor y él la dejó ir de inmediato.
Se miraron en silencio un par de segundos y ella dejó la habitación.
Él se quedó de pie en ese mismo lugar mirando la puerta cerrada, y deseó haberse desangrado hasta la muerte en la Casa de los Gritos.
***
Severus bajó al comedor a tomar desayuno para descubrir que Hermione ya estaba terminando el suyo. Se sentó en su lugar como si nada hubiera pasado, pero evitando su mirada. De pronto, la chimenea brilló con un resplandor verde y apareció la cabeza de Ginny Weasley, con aspecto de preocupada.
—¡Hermione, son más de las nueve, mamá está histérica porque aún no has llegado! —y luego notando que Severus estaba ahí también se dirigió a él con el tono de voz más jovial— ¡Buenos días, profesor!
Severus masculló una respuesta con cara de pocos amigos y Hermione arrojó su servilleta sobre la mesa.
—Lo siento, Ginny, es que anoche no pude dormir mucho con los nervios de la boda y me quedé dormida. Pero estoy lista.
—¡Vamos, apúrate, creo que mamá va a reventar de un momento a otro! ¿Vendrá usted a la boda, señor?
—Por mucho aprecio que le tenga a la señorita Granger, odio las bodas más que muchas otras cosas. Confío en que sabrán excusarme.
—Si por alguna razón cambiara de parecer, es usted bienvenido en cualquier momento, señor. —le dijo Hermione mirándolo a los ojos. Sentía que era su deber dejarle abierta la posibilidad de asistir, por incómodo que fuera.
—Pierda cuidado. No creo que asista, pero tendré en cuenta su invitación. —fijo poniéndose de pie para despedirse.
—Bueno, hasta pronto, profesor. —Se despidió Ginny y luego agregó antes de desaparecer de las llamas— ¡Y apúrate, Hermione, o serás víctima de la furia de mi madre!
Hermione se acercó a él, lo besó en la mejilla y lo abrazó, aunque él no movió ni un solo músculo, y luego se metió en la chimenea con una mirada triste.
—Adiós, Severus. ¡La Madriguera!
Severus vio extinguirse las llamas verdes y supo que junto con ellas se extinguía su última esperanza. De pronto se sintió muy débil y que sus rodillas ya no podían sostener el peso de su cuerpo. Se vio de rodillas en el suelo, con una tenaza de hierro apretando su garganta y luchando por no llorar. Y lo único que podía pensar era "Otra vez, otra vez, está pasando otra vez."
