Una serie de puntos para unir
Capítulo 11 – Draco: Para bien o para mal
Mi mente había empezado a traicionarme. De día, si me esforzaba, podía seguir urdiendo planes malignos para alcanzar mi recompensa; pero de noche… mi mente se llenada de imágenes de un Potter desnudo y ávido de deseo desparramado sobre mi cama. Era aterrador darme cuenta de que últimamente sólo tenía fantasías de él. Todas las noches, eran los penetrantes ojos verdes de Potter y la mueca invitante de sus labios suculentos los que motorizaban mi excitación hasta límites insospechados. Me estaba haciendo la paja con más frecuencia que durante segundo año cuando había descubierto lo agradable de los placeres solitarios; lo cual es mucho decir y se me antojaba que no era algo del todo conveniente. Era irritante descubrir que ya no tenía control sobre mis pensamientos y más preocupante aun… mis deseos por Harry estaban empujándome a mostrarme más abierto y sincero con él.
Y peor… me empezaba a preguntar si era sólo lujuria lo que me atraía a Potter. La noche anterior no había tenido fantasías eróticas. Y sin embargo cuando me desperté estaba envuelto en una deleitable calidez, una calidez que no se había concentrado en mi entrepierna como pasaba habitualmente. No había habido masturbación recíproca, ni sexo oral de garganta profunda, ni el tentador uso de correas de cuero y látigos… no, había sido un sueño completamente diferente.
Harry había sido el protagonista como siempre, pero en lugar de estar desnudo, —o sólo con la corbata de Gryffindor por todo atuendo, mi imagen predilecta— se había presentado normalmente vestido y con una expresión en el rostro que denotaba la alegría que sentía de verme. Estábamos en la Mansión y yo aparentemente regresaba después de un largo día de trabajo y apenas había abierto la puerta, Harry se me había abalanzado y me había envuelto en un abrazo amoroso y me había abrumado llenándome la cara de besos al tiempo que reía.
Lo había sentido como algo tan natural y delicioso… pero nuestros mimos habían sido interrumpidos por dos bajitos que habían entrado corriendo en estampida. Un varoncito de pelos rubios desordenados y de cristalinos ojos verdes y una nena de mechas lacias negras y de ojos grises, iguales a los míos, pero que en su carita de niña lucían más afectuosos.
Me saltaron encima sacando a Harry del paso y se me treparon. Los alcé y los sostuve, un brazo para cada uno. —¿Cómo están hoy mis dos enanitos? —les pregunté dándoles a ambos un beso en la nariz— ¿Se portaron bien con Papi?
Los dos asintieron con total inocencia, no les creí ni por un segundo. —Se portaron como santos. —corroboró Harry y luego se inclinó para robarme otro beso. Era como si todo el mal del mundo se hubiera desvanecido en un segundo, dejándonos a Harry y a mí felices con nuestra familia.
Ahí había terminado el sueño. Me había despertado con una sensación de total satisfacción y contento. Y enseguida sentí miedo… por las implicaciones que se desprendían de ese sueño y de mi reacción ante él.
¡Maldito Potter por ser tan encantador y divertido… y terco… y valiente… y hermoso! ¡Maldito, por ser todo lo que uno podría esperar de un amigo, de una pareja, de un amante! ¡Maldito por haberme dado vuelta el tablero de esa forma! Seguro que se estaría cagando de risa de mí por perseguirlo así constantemente.
Me levanté estremeciéndome tratando de olvidar todo respecto de ese "Harry conyugal y hogareño". Yo sabía que Harry quería una vida familiar en una hermosa casita con jardín y una valla baja al frente, pero ¿era eso también lo que yo quería? No era algo en lo que me hubiese detenido a pensar… pero una cosa sí era cierta, nunca me había sentido tan en casa como en el sueño… formando parte de la vida de Harry… de la familia de Harry… mi familia.
"Fue sólo un sueño", me obligué a pensar mientras iba camino a ducharme. Pero no podía sacudirme la sensación de completa realización que me había inspirado la imagen de Harry y de nuestros hijos rodeándome. "Fue un solo un sueño", me lo repetí por centésima vez al cerrar la canilla. Para cuando terminé de secarme ya había logrado convencerme de que el sueño no era sino una ilusión, un futuro que nunca sería. El objetivo de mi vida ya estaba tatuado en mi antebrazo y la vida de un mortífago era incompatible con un hogar acogedor e hijos felices.
Cuando volví de la ducha encontré un rollo de pergamino sobre mi cama. Era de Snape, me decía simplemente que tenía un mensaje urgente de mi padre esperándome en el lugar habitual. Al parecer no le había gustado la forma displicente con la que lo había tratado la última vez que me había entregado el mensaje en mano propia. Esta vez el cascarrabias jefe de Casa me obligaba a ir a buscarlo al lechucero. Ya se perfilaba que iba a ser un día maravilloso —sábado de Hogsmeade además— yo quería retirar la nota de mi padre lo antes posible y ver si después podía alcanzar a Harry antes de que todos se fueran. Quizá querría pasar la tarde conmigo, como "sólo amigos" se entiende. Le había caído muy mal la actitud de Corner en la memoria que le había mostrado, pero después no había sabido nada más. No sabía si se habrían peleado o no… aunque deseaba que hubiesen roto.
Subí a la torre del lechucero y entré en el depósito de utensilios de limpieza. Fui hasta el fondo y llamé:
—Stinson. —el enano salió de su escondite bostezando.
—Sí, aquí estoy. ¿Vienes a buscar el tesoro que guardo?
—Sí, Snape me dijo que había dejado una carta.
—Lo que haya dejado no es asunto mío. ¿Estás listo para las preguntas? —replicó el enano, asentí— Muy bien, dime tu nombre completo.
—Draco Lucius Malfoy.
—Excelente. ¿Cuál es la Casa que honras y atesoras por encima de todas?
—Slytherin.
—Y ahora la pregunta final, ¿qué es lo más precioso para ti?
—Yo mismo. —contesté de inmediato recordando la respuesta que le había dado la última vez.
El enano me escrutó con atención y con gesto dubitativo. —¿Estás seguro de que ésa es tu respuesta final? No parece falsa… pero tampoco del todo cierta.
—¿Me harías el favor de abrir para que pueda retirar la carta? —ya estaba perdiendo la paciencia. Y no quería ni pensar en lo que el condenado enano estaba insinuando, maldije a Stinson y maldije el sueño.
—¡Oh, está bien! —dijo el enano bufando contrariado— ¡Eres un amargado! —hizo castañetear los dedos y el tapiz se enrolló hacia arriba. Tomé la carta y salí cuanto antes de allí, si me daba prisa quizá Potter y yo podríamos ir juntos a Hogsmeade. Empecé a bajar corriendo las escaleras pero literalmente me choqué con Blaise que subía.
—Ah, estabas acá…
—¿Alguna otra obviedad que quieras comentar? —apunté socarrón y retomé el descenso guardándome la carta en un bolsillo, Blaise se me puso al lado.
—No estuviste para el desayuno. Me preguntaba si ya te habrías ido a Hogsmeade sin esperarnos.
—Como podrás ver, no es así. —repliqué— ¿Has visto a Potter? —inquirí.
—Ya se fue. —me contestó— Iba en medio de un grupo de Ravenclaws.
—¡Cómo? —me brotó la pregunta de golpe, no podía creerlo.
Blaise arrugó la frente y me miró con curiosidad. —¿Y por qué parece que te importara tanto?
—Sabés bien que quiero volteármelo. —respondí de inmediato tratando de componerme; por alguna razón pronunciar las palabras me había dejado un regusto acre en la boca.
—¿Y para qué tanto empeño… seguramente Corner ya te ganó de mano. —agregó con una semisonrisa maliciosa.
—¡Qué carajo podés saber vos? —ladré y salí del castillo a grandes pasos por el sendero de grava que conduce a Hogsmeade. Recorrí solo todo el camino hasta el pueblo. En la cabeza me resonaban pensamientos como: Ya te traicionó con Corner, Harry nunca se acostaría con un mortífago, Harry nunca podría amarte, los aparté de inmediato no quería oírlos, no los soportaba.
¿Y acaso importaba? Todo lo que tenía que hacer era encontrarme con él a solas y usar el anillo para llevarlo a la Mansión. Mi padre se encargaría a partir de allí. Y Corner sería el perdedor… y también Harry. Oí una especie de grito gutural contenido… me di cuenta un segundo después de que había salido de mi garganta. ¿Por qué tenía que sentir algo siquiera remotamente auténtico por el imbécil del Gryffindor? ¿Y por qué él seguía empeñado en rechazarme?
En ese momento Blaise y Pansy me alcanzaron. Ella se me colgó del brazo. Al parecer no iba a poder sacármelos de encima en todo el día. En otra época había estado encantado y muy orgulloso de mi popularidad entre los Slytherins. En ese momento la única persona que quería a mi lado era un Gryffindor de cabellos negros desordenados.
Poco después nos encontramos con Theo y decidimos ir todos juntos a Las Tres Escobas para tomar una cerveza.
Ya sabía que Harry había venido con un grupo de Ravenclaws, pero verlo rodeado por ellos era otra cosa. Pude sentir su presencia apenas entré en el bar y allí estaba riéndose con los otros cuatro que tenían toda su atención puesta en él. Lo que más me irritaba era como Harry respondía a la compañía, charlaba animadamente y les sonreía… y Corner tenía un brazo cruzándole los hombros.
El león entre las aves, un grupo que jamás llegaría a conocerlo como yo lo conocía, pero él parecía de lo más contento entre ellos. Harry ya no estaba aislado y eso para mí significaba que la vía para llegar a él se estrechaba.
En ese momento sus ojos se cruzaron con los míos y recordé los ojos del nenito rubio en el sueño. Aparté la imagen de inmediato y fui hasta el mostrador para pedir una cerveza para llevar, era una lástima que a los estudiantes no les vendieran nada más fuerte. Salí del bar lo más rápido que pude, ya no podía soportarlo. No podía soportar verlo profundizar su relación con otro que no era yo.
El lunes siguiente en la clase de Pociones me senté con Blaise, quien se mostró sorprendido y encantado. Mejor que no se forjara demasiadas ilusiones, la decepción posterior iba a ser muy dura. Cuando Potter entró, Blaise estaba susurrándome alguna boludez al oído, no sé lo que me estaría diciendo, no le prestaba ninguna atención. Los ojos de Harry mostraron un relámpago de pánico cuando se dio cuenta de que no iba a poder sentarse conmigo. Para mi sorpresa y la de él, Longbottom lo llamó y le ofreció que se sentara con él, Harry aceptó de inmediato.
Más amigos para Harry, menos posibilidades para mí.
Blaise parloteó durante toda la clase, no le presté atención en ningún momento y no hacía sino distraerme del trabajo, fue un milagro que pudiéramos obtener una poción potable al final. En realidad quería irme cuanto antes, fue entonces que me llegó a los oídos la voz de Snape, estaba de pie junto al banco de Harry. De pronto me acordé del favor que le había pedido y deseé no haberlo hecho. En esos momentos no quería estar cerca de Potter, no quería que mis sentimientos por él se profundizaran.
—¡Malfoy! —llamó Snape.
—¿Señor? —repliqué, no me quedaba otra opción.
—Potter necesita lecciones de recuperación, yo no tengo tiempo para ocuparme de eso. Usted que es el alumno más destacado tendrá la tarea de enseñarle, tres veces por semana hasta el día del examen al final del período. —Harry protestó al principio pero finalmente tuvo que ceder.
Cuando Snape nos dio autorización para retirarnos me acerqué a Harry, no sabía bien qué decirle. —Parece que vamos a estar viéndonos más de lo que habíamos supuesto. —fue todo lo que pude articular.
—Eso parece. —dijo sonrojándose.
—¿Te parece bien que nos reunamos esta noche en la biblioteca?
—De acuerdo. —me contestó sonriendo apenas. En ese momento oí la voz de Corner.
—¡Hola, Cielo! —al parecer estaba decidido a no dejarlo conmigo ni cinco minutos más de lo imprescindible.
—Ah… hola Mike. —replicó Harry— ¿Qué estás haciendo acá?
Corner no respondió de inmediato, lo que hizo fue encajarle la lengua hasta la garganta, no era un espectáculo que pudiera soportar, me alejé de inmediato pero no demasiado, doblé en el corredor lateral más próximo y me detuve a escuchar.
—Tengo muy buenas noticias. —dijo Corner— Mis amigos están planeando un larga salida para este sábado. —se me vino el alma a los pies y un sudor frío empezó a perlarme la frente.
—¿Ah sí? —dijo Harry, su voz había sonado un poco desconcertada.
—Así es… por lo tanto… mi dormitorio va a estar completamente vacío todo el día. —explicó Corner— Vamos a disponer de una cama amplia y cómoda y de toda la privacidad que queramos.
Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltar de mi escondite para estrangularlo. ¡Planeaba hacerse con la virginidad de Potter ese fin de semana! ¡Y me iba a dejar sin nada! No podía soportar seguir escuchando, partí a grandes pasos hacia la sala común de Slytherin. Harry no era mío… y a como iban las cosas nunca lo sería. Pero yo lo sentía como algo mío… y me erizaba entero de sólo pensar que Corner podía tocar a mi Harry, besar a mi Harry… y hacerle sólo Merlín sabría que otras tantas cosas a mi perfecto Gryffindor.
Debían de estar planeando todo, el modo en que se colaría en la torre de Ravenclaw y las cosas que harían juntos una vez que estuviera adentro. Me jugaba a que Potter debía de estar fascinado gozándose con anticipación con la idea de que cinco días después le pertenecería por completo a Corner, planeando entusiasmado cada uno de los detalles… la feliz parejita gozando de todo tipo de retozos sexuales… ¡viciosos libertinos! Descargué mi furia destrozando a hechizos objetos varios en la sala común de Slytherin.
¡Y encima iba a tener que enseñarle a preparar una poción! ¡Quería suicidarme!
Con muy pocas ganas partí esa noche cargando el libro de texto en dirección a la biblioteca. El Gryffindor ya estaba allí esperándome, el recinto estaba prácticamente vacío excepto por unos pocos alumnos y Granger que estudiaba en un rincón, me vio entrar y me siguió con una mirada cargada de sospechas hasta que me senté enfrente de Potter, quien se estaba entreteniendo plegando trocitos de pergamino, me aclaré la garganta.
—Perdón por lo de Mike… —fue lo que me dijo a modo de saludo.
—¿A qué te referís? —pregunté, de golpe me entró pánico, ¿sabría que los había escuchado a escondidas?
—A que nos interrumpiera en el pasillo… —respondió estudiándome la expresión como si quisiera evaluar cuán fastidiado me sentía.
—Es tu novio, Potter. Tiene derecho a hablarte siempre que quiera. —dije secamente al tiempo que abría el texto en la página setenta y dos.
—Potter… —susurró por lo bajo, yo fingí no haber oído.
—¿Estarás libre el sábado para estudiar? —pregunté con tono distraído. Sabía lo que me iba a contestar y sabía que me iba a lastimar. Pero quería oírlo, quizá así se me pasaría lo que sentía y podría odiarlo.
—Eh… el sábado estoy ocupado… —admitió— ¿qué te parece el domingo?
—El domingo estoy ocupado. —dije concentrando la atención en la lectura. No podía odiarlo, ni siquiera una mínima parte de lo que hubiese querido. Sentí en cambio como si el corazón se me estrujara y se me marchitara en el pecho. —Deberíamos quizá empezar con la poción que Longbottom y vos echaron a perder hoy. —dije sin disimular el tono incisivo— La poción de reposición sanguínea no es compleja, pero sí delicada, hay que prestar mucha atención; los tiempos son particularmente críticos, mínimas demoras pueden arruinarla. Tiene la ventaja de que nunca explota, pero se malogra fácilmente…
—Vos estás enojado conmigo.
—No estoy enojado con vos, Potter. —declaré al tiempo que señalaba él texto con el índice. No quería que el tema se desviara hacia las relaciones de él con Corner o de él conmigo… cualesquiera que éstas últimas fueran.
—Volviste a llamarme por el apellido, casi no me has mirado desde que llegaste y me hablás con aspereza. —parecía confundido pero también enojado por mi actitud. Respiré hondo tratando de permanecer calmo, pero él insistió: —¿Qué es lo que está pasando!
—¡Qué es lo que querés de mí? —ya no pude aguantarme más y exploté, los pocos que había alrededor alzaron la cabeza al oír el grito— ¡Vos nunca me llamaste Draco! ¡Nunca! ¡Y no es que esté encantado de estar acá sabiendo que vos preferirías estar en este momento besuqueándote con tu adorado Ravenclaw! ¡Terminemos cuanto antes con esto para que vos puedas ir a atender a Corner!
Su expresión se trocó de golpe en una en la que se mezclaban shock y tristeza… quería borrarle esa tristeza con un beso, quería retirar todo lo dicho, quería seguir fingiendo… como venía fingiendo después de ese condenado sueño… y de antes también. Había estado fingiendo durante mucho más tiempo, tratando de convencerme de que Harry no significaba nada para mí, que sólo era una herramienta que me aseguraría un lugar privilegiado entre las filas del mago más poderoso desde Merlín… pero ahora me había dado cuenta de que ya fuera que Harry pudiera cumplir con la profecía de derribarlo o no… igual era mejor mago que el Señor Oscuro… igual era mucho mejor como hombre.
Mi propósito no había sido perder los estribos, todo lo contrario. Había querido mostrarme afable en caso de que Harry quisiera hablar conmigo, pero no había podido… no podía mostrarme como el amigo cordial sabiendo que estaba en feliz pareja con otro. Ya ni siquiera podía seguir fingiendo que todo se trataba de una actuación, de una intriga astutamente urdida… Yo quería a Harry… y no sólo por sexo, no para traicionarlo entregándoselo al Señor Oscuro, no para incrementar mi popularidad y mi poder. Quería a Harry para que me amara, para que me deseara y deseara estar conmigo siempre. Quería que mi sueño se hiciera realidad.
Tenía que calmarme estaba al borde de un ataque de histeria, a punto de ponerme a gritar descontrolado. Me estaba comportando como una chica sensiblera y romanticona, una Hufflepuff total, ¿cómo podía ser víctima de un amor de folletín? ¡Y por Harry Potter, nada menos! Un romance que nunca podría resultar. ¿Lo iba a despedir soplándole un beso cuando fuera a matar al Señor Oscuro? Y si Harry realmente ganara, ¿sería él el que me despediría soplándome un beso cuando de una patada en el culo me mandaran a Azkaban?
—Malfoy, yo… —empezó a decir agarrándome la mano que yo tenía sobre el libro de texto. Pero tuvo que soltarme porque con el contacto se produjo una poderosa descarga como de estática que casi me hizo caer de la silla. Sus ojos se desorbitaron de asombro. ¿Cómo podía él seguir ignorando que estábamos hechos el uno para el otro? Deseaba a Harry con tanta desesperación, lo quería mío y él quería a… ¿Corner? ¡Pero si no tenía el mínimo sentido!
Los dos retiramos las manos casi al mismo tiempo. —Me gustás, Harry. —admití con un susurro de biblioteca— Me gustás más de lo que estoy dispuesto a reconocer y muchísimo más de lo que me convendría. Y ser tu amigo me resulta muy duro porque sé que vos no sentís lo mismo por mí. —me pareció que me quería decir algo pero las palabras no le salían— Olvidate de todo lo que te dije, va a ser mejor así. —dije resignado— Terminemos con la lección cuanto antes y después podemos volver a hacer de cuenta de que el otro no existe, ¿te parece bien?
Entrecerró los ojos. —No, no me parece bien. No tengo amigos, Malfoy. Ninguno. ¿Y ahora me salís con que vos tampoco me vas a hablar?
—El sábado me pareció que tenías muchos amigos. Mirá, Corner no quiere que me hables y vos valorás mucho su opinión. Es entendible. Si vos fueras mi novio, yo también te querría todo para mí. —gruñí a desgano pero con sinceridad. Si Harry fuera mío no permitiría que se alejara de mi vista… ni de mi cama.
—No son mis amigos, se mostraron amables conmigo porque Mike se lo pidió. Y Mike no es el que decide quién puede ser mi amigo y quién no. —agregó con irritación.
—¿Pero vos se lo hiciste saber? —repliqué con más brusquedad de la que hubiera querido.
—De algún modo sí… —dijo sonrojándose un poco— Le prometí que no te iba a ver fuera de clase… pero esto cuenta como clase… entonces, ¿por qué no aprovecharla al máximo? —propuso esperanzado. Pero yo no estaba para ese tipo de juegos.
—Porque es una mentira. —dije con voz muy suave— Apenas salgamos de la biblioteca dejamos de ser amigos.
Dejó caer los hombros. —No sé qué más querés que haga. —resopló— Mike es mi novio, él tiene derecho de saber con quién paso el tiempo, aunque no sea él el que lo decida… y hacerlo enojar no haría sino empeorar las cosas.
—Yo no quiero que hagas nada, Potter. Ya tomaste tu decisión… atenete a las consecuencias que implica. —señalé el libro de texto— ¿Cuáles son los tres ingredientes que actúan como catalizadores en la poción de reposición sanguínea?
Potter me miró sin pestañear por un largo momento, tantas emociones cruzaban por sus ojos. Finalmente se puso a recitar la respuesta: —Jengibre, asta de bicornio y ojos de pez globo.
—Correcto. —seguimos con la lección de manera monótona, mi único deseo en ese momento era completar la lección cuanto antes e irme. Cuando terminamos una hora después, me puse de pie y empecé a juntar mis cosas. Parecía que Harry quería decirme algo pero no se animaba.
—¡Me mentiste! —gritó la voz furiosa de Corner que quizá acababa de entrar o que quizá nos había estado observando ya desde hacía un rato.
—No mentí, te dije que venía a estudiar y acá estoy. —replicó Harry incisivo, pero parecía un poco culpable. Harry se paró y se le acercó, había pocos alumnos además de nosotros, pero no quería llamar la atención gritando. Por mi parte, tomé la intrusión de Corner como una bendición; quería irme sin demorar más y la distracción me venía de perillas para escurrirme.
—Pero te olvidaste de mencionar que venías a estudiar con Malfoy. —escupió Corner rojo como un Weasel rabioso.
—Fue una orden de Snape, Malfoy me está enseñando.
—Sí, claro. Apuesto a que sí. —Corner se interponía bloqueándome la salida— ¿Te está enseñando también para nuestra cita del sábado?
—¡Mike! —siseó Harry escandalizado mirando alrededor. Yo no estaba dispuesto a seguir escuchando esa discusión. Era su batalla, no la mía. —Es mejor que los deje solos. —y maniobré para poder enfilar hacia la puerta, no se me pasó inadvertido que los ojos de Granger me siguieron hasta la salida.
Me fui de inmediato a mi dormitorio y me encerré detrás de las cortinas de mi cama. Cuando me saqué la toga, un rollo de pergamino se deslizó del bolsillo. Habían pasado dos días desde el sábado, me había olvidado por completo de la carta de mi padre. Tenía un muy mal presentimiento. Lo desenrollé con renuencia, era una nota muy corta.
El Señor Oscuro requerirá tu presencia en breve. Estate preparado.
No estaba firmada. "Estate preparado" ¿Qué me quería decir con eso? ¿De qué modo tenía que prepararme? ¿Cuándo se suponía que tenía que comparecer? Unos segundos después el pergamino ardió en llamas y quedó reducido a cenizas delante de mis ojos.
¿Cómo podía haber cambiado todo tanto en un mes? ¿Cómo había pasado de planes brillantemente delineados a la dependencia peligrosa en las vacilantes manos del Gryffindor? Yo sabía lo que la carta significaba para mí… lo que se cernía sobre mí… muerte… de alguna forma, el Señor Oscuro se había enterado de mis planes y me iba a llamar para plantearme sus exigencias. Iba a verme en la disyuntiva de entregar a Harry o de sucumbir a una muerte horrorosa… del tipo de la que se reservaba para los traidores.
Y mal podía contemplar alternativas de acción… ahora que estaba irremediable y perdidamente enamorado del imbécil de Potter.
oOo
