Disclaimer: No me pertenecen ni la historia, ni los personajes. La historia es de Biianca23 y los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, yo sólo hago la traducción.
Capítulo 11: La venganza final
Sango alzó la vista hacia las estrellas. Estaba sentada en un prado, con la alta hierba balanceándose a su alrededor. ¿Cómo pude dejar que pasara esto? Sentí que Inuyasha se había convertido en un demonio completo, pero no pensé nada sobre ello. Ahora por culpa de mi estupidez, Kagome podría estar seriamente herida. Abrazó sus rodillas contra su pecho y enterró su cara en sus rodillas. Sango no era de las que mostraban debilidad, pero Inuyasha y Kagome eran algunos de sus mejores amigos y no quería que ninguno de los dos saliera herido. Además, sabía lo mucho que Kagome amaba a Inuyasha.
Sango estaba tan metida en sus pensamientos, que no oyó que alguien se le acercaba por detrás.
—¿Por qué estás tan pensativa?
Sango alzó la vista y se sorprendió al encontrarse a Miroku allí. Lo miró. Estaba de pie, erguido y orgulloso, y la luz de la luna brillaba en su dirección, resaltando sus ojos y su sonrisa sincera. Casi parece… guapo. Pensó Sango sonrojándose. Miroku se sentó a su lado y alzó la vista al cielo.
—¿Estás pensando en Inuyasha y Kagome? —le preguntó Miroku.
Sango asintió.
—Sí, sólo… desearía haber hecho más para evitar que ocurriera esto, eso es todo.
—Es comprensible. Pero Sango, no hay nada que ninguno de nosotros pudiera haber hecho.
—Supongo… pero, aún así no puedo evitar sentirme responsable —apartó la mirada.
Miroku le puso una mano en su hombro.
—Yo también Sango, pero no debemos pensar demasiado en ello. Por ahora, tenemos que concentrarnos en traer de vuelta a Kagome. Shippo está despierto y está preguntando por ella, sé que sintió que Inuyasha se había convertido en un demonio completo y se preguntará qué habrá pasado. No podemos dejar que entre en pánico, eso sólo pondrá peor las cosas.
Sango asintió.
—Tienes razón —sonrió—. Vamos, volvamos —cogió la mano de Miroku y lo arrastró con ella. Miroku bajó la mirada a sus manos y sonrió suavemente.
Cuando llegaron a la cabaña, entraron y se encontraron con Kaede, Shippo y con alguien más. Estaban sentados en la esquina dándoles la espalda. Kaede los miró con una expresión de tristeza en su rostro.
—Creo que deberíais sentaros.
Sango y Miroku se miraron con preocupación en los ojos y se sentaron. La persona misteriosa se dio la vuelta. Los ojos de Sango y Miroku se abrieron como platos. K… ¿Kikyo?
Kikyo se giró hacia ellos y asintió. Se sentó al lado de Kaede y la miró, esperando a que empezara a hablar.
Kaede se aclaró la garganta.
—Mi hermana ha encontrado una forma de ayudar a Kagome y a Inuyasha. Ella usará su poder espiritual para traer de vuelta a Kagome, entonces Inuyasha la seguirá. Cuando llegue aquí, Kikyo purificará su demonio interior, no lo suficiente como para matarlo por supuesto, pero lo suficiente como para mantenerlo aletargado durante un tiempo. Cuando su demonio esté aletargado, Kikyo podrá quitar la marca de apareamiento del cuello de Kagome, haciendo que sea libre una vez más.
Los ojos de Sango se entrecerraron. No confiaba en esta mujer.
—¿Cómo sabes que se han unido?
Kikyo dijo:
—Puedo sentirlo. Como la chica es mi reencarnación, puedo acceder a ella, aunque esté a una larga distancia. Sentí que su alma se conectaba con la de otro —sus ojos se suavizaron—. Con la de Inuyasha.
Los ojos de Miroku se abrieron como platos.
—Entonces eso significa… que… Inuyasha y Kagome son ahora, ¿compañeros?
Los ojos de Kikyo volvieron a su expresión fría. Asintió.
—Pero no puedes quitar la marca por ti misma. Sólo Kagome o Inuyasha pueden elegir si se quita, e incluso si lo hicieras, la marca tendría que ser transferida a otra persona.
Kikyo asintió.
—Correcto. Cuando traiga aquí a Kagome, ella no dudará, querrá sacársela. Y yo le transferiré la marca a otra persona.
—¿Qué te hace sentirte tan segura de que Kagome querrá que le quites la marca? —preguntó Sango.
Kikyo le asintió a Kaede y ella se llevó a Shippo rápidamente fuera de la cabaña.
—Lo sé, porque el ritual fue forzado.
Sango palideció.
—F… ¿forzado?
Miroku intentó calmarla, pero Sango no atendía a razones.
—¿Qué quieres decir con forzado? Seguro que no pudo ser…
Kikyo asintió.
—Violada.
Sango se levantó.
—¡Estás mintiendo! ¡Es imposible que Inuyasha le haya hecho eso a Kagome!
Los ojos de Kikyo se entrecerraron.
—No tengo ninguna razón para mentir, exterminadora. Siéntate para que pueda contarte lo que va a pasar.
Sango todavía estaba sorprendida, pero se sentó de todos modos. Miroku decidió hacerle algunas preguntas.
—Señorita Kikyo, ¿puedo preguntarle a quién le va a transferir la marca de apareamiento?
Kikyo sonrió suavemente.
—La marca me la voy a transferir a mí. Yo seré la nueva compañera de Inuyasha.
Los ojos de Miroku y Sango se abrieron como platos.
Venganza. Era lo único que se pasaba por su mente. Era media tarde cuando Kagome terminó de llorar en el pecho de Inuyasha. Mientras lloraba, no pudo evitar pensar en la tortura por la que él le había hecho pasar a su cuerpo. Estaba destrozada, física y emocionalmente. Le dolía el cuerpo y sin duda le seguiría doliendo, y en su mente había una batalla de emociones en conflicto. Quería perdonar a Inuyasha y ser feliz, pero su mente no se lo permitía. Su mente le decía que se la devolviera, de algún modo... de alguna manera. Aunque otra parte le estaba diciendo que tenía que dejarlo pasar y que aceptara sus disculpas. Kagome meneó la cabeza. No podía dejarlo pasar, no podría. El dolor emocional era demasiado profundo. Prácticamente podía sentirlo bruscamente dentro de ella, y eso era suficiente para hacer que le hirviera la sangre. Ahora que Kagome lo pensaba, él era también su compañero, así que tendría que tener algunas... directrices con él. Él le había puesto algunas a ella, así que ¿por qué no podría ponerlas ella también?
Alzó la mirada a Inuyasha y él intentó sonreírle con suavidad. Daba un poco de miedo, pero Kagome sabía que estaba intentando calmarla.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó.
Kagome asintió.
—Sí. Es solo que hay algunas cosas que me preocupan.
Inuyasha asintió.
—Sé que quieres venganza por lo que hice, y sé quieres establecer algunas reglas. Lo permitiré, pero tienen que ser razonables.
Kagome no le haría caso. Iba a tener sus reglas de un modo u otro. Asintió.
—Bien, bueno, lo primero es: no se te permite ver, hablar o incluso pensar en Kikyo nunca más.
Inuyasha estaba sorprendido. Ella nunca le había hablado así. Kagome le hablaba con mucha energía y rebeldía. Su dominio quería tomar el control y decirle quién estaba al mando, pero lo ignoró y le dejó que continuara. Después de todo acababa de ponerse a bien con ella.
—Además, no tienes permitido hablar con cualquier otra hembra. Tú eres mi compañero, y solo mío.
Inuyasha sonrió con suficiencia. Estaba usando sus propias reglas contra él. Chica lista…
—Y por último, quítame de una vez este collar.
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Por qué iba a hacer eso? Todavía no estás entrenada.
—Soy tu compañera, así que es imposible que te deje ahora, ¿no?
—Aún así podrías romper mis normas. En ese caso yo usaría el collar.
—¿Y si tú rompes las mías? —le desafió Kagome.
—Supongo que tendrás que castigarme… de un modo u otro —Inuyasha sonrió con suficiencia.
Kagome palideció. Esa mirada en su cara… era la misma mirada que me dirigió cuando él… oh Dios… Algo chascó dentro de Kagome. De repente, todo el dolor de esa noche volvió a ella.
Kagome se apartó de él, asustada de que pudiera hacer algo que la dañara. Inuyasha permaneció confundido. Su aroma había cambiado de repente de rebeldía, a miedo y pánico. Caminó un par de pasos hacia ella, pero ella retrocedió del miedo. Se adentró en sus pensamientos y vio lo que estaba pensando sobre la noche en que le había arrebatado la virginidad. Aún no ha desaparecido el shock…
Kagome temblaba mientras Inuyasha intentaba caminar hacia ella. ¡Oh no! ¡Por favor no me lo vuelvas a hacer! No… ¡no puedo soportarlo!
De repente habían vuelto todas las anteriores emociones. Quería escarparse de este demonio y no quería tener nada que ver con él. Seguía teniendo flashbacks de esa noche. Parecía haber vuelto todo el dolor de cabeza mientras recordaba todas las cosas viles que le había hecho hacer. Todo dolía de repente más de lo usual mientras Kagome caía sobre el suelo de su cocina. Estaba sudando, dolorida y llorando. Comenzó a agitarse, mascullando "Por favor déjame en paz" y "No me tomes".
Inuyasha no pudo hacer nada mientras observaba a su compañera temblar y llorar de dolor en el suelo. Sabía que ir hacia ella no haría ningún bien. Le asustaba él y el que estuviera ahí sólo iba a hacerlo peor para ella. Suspiró mientras cerraba los ojos y llamaba al medio demonio para que saliera.
Kagome se balanceaba, intentando calmarse, hasta que sintió una mano en su hombro. Alzó la mirada hacia unos cálidos ojos ámbar. Su primer instinto fue correr e irse lo más lejos posible, pero se dio cuenta de que esta persona no era la que le había causado tanto dolor. Esta persona había sido dulce y amable. A pesar de eso, Kagome se apartó de su toque.
Inuyasha se arrodilló a su altura y observó que se apartaba de él. No quería seguirla, así que se quedó donde estaba. Es una secuela. Pensó tristemente. Después de ver la misma expresión que usó con ella esa noche, algo hizo clic en su interior, haciendo que esté tan asustada de mí.
Inuyasha la miró e intentó calmarla.
—Kagome, soy yo, Inuyasha. Estoy aquí para ayudarte.
Kagome tembló aún más.
—N… ¡No! ¡Vete! Tú… ¡tú me arrebataste mi virginidad y vendrás y volverás a violarme!
Empezó a hiperventilar. Inuyasha vio lo que le estaba pasando, sin saber lo que estaba haciendo exactamente, pero sabiendo que no era bueno.
—Kagome, no voy a hacerte daño. Por favor cálmate.
Kagome siguió llorando y temblando. El corazón de Inuyasha se rompía al ver así a su compañera. El demonio de su interior se estaba preocupando y enfadando.
—¡Haz algo medio demonio! No puedes dejarla así.
¡Lo sé maldición! ¡No puedo hacer nada si tiene miedo de que me acerque a ella!
—Intenta calmarla un poco más.
Ya lo hice y sigue apartándose de mí. El demonio gruñó.
Todo lo que pudo hacer Inuyasha fue observar a su compañera sin poder hacer nada. A lo mejor si me voy, se calma.
Pensó en ello y se dio cuenta de que sería mejor que se quedara. Se mantuvo a distancia, sólo observando.
Kagome estaba teniendo una crisis nerviosa. Se balanceaba, temblando y llorando muy fuerte. Inuyasha… Él estaba allí, pero no se iba. ¿Por qué se quedaba a su lado? Ella no quería que le hiciera daño. Sólo quería a su papá, él lo haría todo mejor, siempre lo hacía. Todo lo que podía hacer era gritar su nombre, y llorar, esperando que viniese en su ayuda.
Inuyasha observó que llamaba a gritos a su "papá". Parecía indefensa y frágil. Sintió que se le asomaban lágrimas a los ojos ante la visión de su compañera. No podía hacer nada para ayudarla. No, pensó. Tengo que intentar ayudarla de alguna manera. Fue hacia ella e intentó tocarla. Ella alzó la mirada con los ojos más tristes que hubiera visto nunca.
—K… ¿Kagome?
Ella siguió observándolo. Él volvió a decir su nombre. De repente, ella cayó inconsciente.
Kagome se acunaba. Vio que Inuyasha trataba de aproximarse a ella. Le oyó llamarla por su nombre, pero no tenía fuerzas para responderle. Se inclinó hacia él y, antes de saberlo, había cerrado los ojos y se había sumido en un tranquilo sueño. Inuyasha suspiró mientras la cogía en brazos. Las lágrimas que le escocían rodaron por su rostro sin pensárselo dos veces. Era todo culpa suya. Podía haber discutido un poco más aquella noche con el demonio para que se detuviera, pero fue demasiado estúpido para hacerlo. Él sabía de lo que era capaz el demonio, pero aún así le había dejado continuar con su plan.
La había traumatizado. Posiblemente de por vida. Nunca volvería a confiar en él. La abrazó con fuerza mientras entraba en su habitación, pero salió inmediatamente después de oler el vómito seco y de ver el estado en el que estaba la habitación. Fue a la habitación de su madre y la depositó en la cama con suavidad después de secarse las lágrimas que se habían derramado por sus mejillas. Cuando terminó de lamerle las heridas, sonrió un poco al verla casi curada. Bajó la mirada hacia su cara y tocó su mejilla. Tú querías tu venganza sobre nosotros y la obtuviste Kagome. Inuyasha recordó el estado en el que estaba momentos antes y cómo se había sentido. Sabía por lo que le había hecho pasar a Kagome. Cuando la vio hoy, su corazón se partió en dos, y sintió un dolor emocional que nunca pensó poder sentir. No podía empezar a imaginarse lo que sentía Kagome. Entendía por qué quería su venganza.
Estaba a punto de marcharse para dejarla descansar un poco cuando pisó algo. Bajó la mirada y vio que era la foto que el demonio había destrozado. Sus ojos se suavizaron al volver mirar a Kagome. Nunca supo que se sentía así por su padre. Nunca hablaba de él, así que simplemente había asumido que no le importaba. Sus ojos se iluminaron de repente. ¡Eso es! Pensó alegremente.
—¿Por qué estás tan contento, híbrido?
Acabo de tener una idea, y voy a necesitar de tu ayuda. Sonrió perversamente mientras el demonio de su interior ponía los ojos en blanco.
Varias horas más tarde, Kagome se despertó. Abrió los ojos mientras recordaba lo que había pasado antes. Tuve una crisis nerviosa. Espero que Inuyasha no haya perdido los papeles conmigo. Probablemente no sabía qué hacer. Se levantó dubitativa. Se estaba echando una buena siesta, pero tenía que encontrar a Inuyasha. Estaba un poco nerviosa por el acercamiento, pero sabía que tenía que hacer a un lado la incomodidad. No confiaría en él, ni lo perdonaría por lo que había hecho, hasta que sintiera que estuviera verdaderamente arrepentido. Comenzó a caminar por el pasillo y se dio cuenta de que había desaparecido casi todo su dolor corporal. Por dónde empezar…
Inuyasha estaba trabajando duramente. Quería que esto fuera especial. Tenía que arreglarlo con ella de algún modo, pero no iba a ser fácil. Dejó que el demonio saliera para hacer la mayor parte, pero él quería hacer lo último. Alguien tenía que ser amable con ello, de otro modo lo arruinarían. Se había pasado el último par de horas poniendo este plan en acción. Después de asegurarse de que Kagome estuviera dormida, fue directo a su habitación y dejó salir al demonio para que hiciera el trabajo sucio. Literalmente.
Sonrió como un tonto cuando pensó en cómo reaccionaría Kagome. Pero, ¿y si no es suficiente? ¿Y si todavía me odia? Sus orejas se bajaron contra su cabeza.
—Cállate híbrido. Nuestra Kagome nos perdonará pronto. Sólo tenemos que dejar de hacer burradas delante de ella.
Inuyasha bufó.
—¿Nosotros? ¿No querrás decir tú?
El demonio gruñó.
—No, quiero decir nosotros. Solo tenemos que ser extra amables con ella y demostrarle cuánto nos importa. Yo puedo hacerlo, pero eres tú quien necesita trabajar en ello.
—Tú tienes que controlar tu genio. Si vuelves a lastimarla, saldré, ¡y nunca te dejaré volver a salir!
—Como si tuvieras la fuerza para hacer eso. No te preocupes, he aprendido mi lección al hacerle daño, seré extremadamente amable.
—Eso tengo que verlo… —Inuyasha sonrió—. Oh y por cierto, nada de sexo.
—¿QUÉ? ¡Es su deber! ¡Ella tiene que darme sexo!
—¿Eres estúpido? Ella estaba totalmente traumatizada después de la primera vez, así que tendrás que esperar hasta que esté lista para volver a tener sexo.
El demonio gruñó y maldijo por lo bajo. Sus orejas se levantaron rápidamente al oír pasos. ¡Kagome!
Salió y la vio asomando la cabeza dentro del baño, buscando algo. A mí, sin duda. Sonrió con suficiencia.
Caminó hacia ella justo cuando Kagome se daba la vuelta.
—Oh… mmm, hola Inuyasha —dijo con timidez.
Él sonrió.
—Hola Kagome. Tenemos que hablar.
Ella asintió y se sonrojó ligeramente.
—¿Quieres ir abajo?
Inuyasha meneó la cabeza.
—Tengo algo que enseñarte.
Kagome lo siguió dubitativamente hacia su habitación. Se tapó la nariz mientras se preparaba para el asqueroso olor a vómito, pero nunca llegó. Su habitación estaba como nueva. Las sábanas de su cama estaban cambiadas y la cama estaba hecha. Su escritorio estaba de pie, con todos los papeles cuidadosamente apilados encima y su alfombra estaba impecable. La mancha de vómito también había desaparecido. Volvió la mirada hacia Inuyasha quien estaba apoyado casualmente contra el marco de la puerta, esperando que le gustara.
Alzó la mirada cuando ella se lanzó hacia él.
—¡Oh Inuyasha! ¡Gracias! ¡Está como nueva!
Él le sonrió, orgulloso de haber hecho feliz a su compañera.
—¿Entonces te gusta?
Kagome sonrió y asintió.
—Me encanta, muchas gracias.
Estaba a punto de ir a mirar su nueva y limpia habitación cuando Inuyasha la cogió por la muñeca con suavidad. Captó inmediatamente su aroma de miedo cuando la acercó más a él.
—Relájate, no voy a hacerte daño. Creo que hay alguien más con quien tienes que hablar.
Kagome bajó la cabeza mientras asentía. Sabía que tendría que hablar con él en algún momento. Observó que Inuyasha cerraba los ojos y que se transformaba. Cuando abrió los ojos, Kagome estaba ligeramente más lejos de él que antes. Él no pudo evitar sentirse un poco herido por esto.
—¿Kagome? —su voz era tensa, casi cansada.
—¿Sí? —Kagome todavía permanecía en su sitio.
—Estoy muy arrepentido por lo que hice. Pensé que esto podría hacerte sentir mejor.
Kagome sonrió.
—¿La habitación? Lo hizo. Muchas gracias.
Inuyasha meneó la cabeza.
—No, tengo algo más para ti.
Kagome pareció confundida cuando él metió la mano en su manga y sacó de ella un trozo de papel roto. Se lo dio ella y le dio la vuelta. Sus ojos se abrieron como platos y empezaron a humedecerse. Era la foto que había destrozado. La había unido para ella.
—Papá… —masculló. Miró la foto de ella y su padre y miró a Inuyasha—. Tú… ¿tú hiciste esto por mí?
Inuyasha tenía la cabeza gacha y asintió. Kagome caminó hacia él y le alzó la barbilla. Estaba sorprendido. Nunca pensó que Kagome se acercaría a él.
Kagome sonrió con suavidad.
—Gracias —depositó un beso en su mejilla y lo abrazó.
Inuyasha inmediatamente le devolvió el abrazo.
—¿Cómo supiste usar el celo?
Inuyasha se rió.
—En realidad, lo hizo el medio demonio. Yo sólo quería dártela. Pero yo limpié la habitación.
Kagome asintió.
—Eso fue muy amable por tu parte. Muchas gracias.
—Te… ¿te he hecho feliz, compañera?
Kagome se sonrojó. No estaba muy acostumbrada a que él la llamara de esa forma.
—Sí. Me has hecho muy feliz.
Inuyasha sonrió. Buen trabajo medio demonio. Tu plan esta vez funcionó.
—Keh. Te dije que funcionaría.
Inuyasha siguió abrazando a Kagome hasta que ella anunció que tenía hambre y fue a coger algo para comer. La siguió escaleras abajo, notando que el aroma de miedo se había desvanecido de ella. Bueno compañera, tú querías tu venganza y la obtuviste. Sé cómo te sentiste esa noche y nunca me podré disculpar lo suficiente por ello. Pero no te creas que se han terminado tus deberes. Todavía eres mía y nunca dejaré que te marches.
Lo dejaría todo por ahora. Todo lo que quería hacer era disfrutar de la compañía de su preciosa compañera, que estaba cocinando para él en la cocina.
Esta vez sí que fue rápido, se ve que os interesa que continúe. La verdad es que se está poniendo interesante y ahora con la aparición de Kikyo, ¡esto va a estar que arde!
Un punto a resaltar: Kagome no ha perdonado todavía a Inuyasha (esto lo aclara la autora, no lo digo yo), así que no os imaginéis que lo ha perdonado tan fácilmente.
La siguiente actualización a los 132 reviews, ¿vale?
Besos y gracias por el apoyo.
