Título: ANIMA.
Autor: Clumsykitty
Género: AU (Universo Alterno), Sobrenatural, Angst, Yaoi como siempre.
Parejas:¡Qué casualidad! OC/S, J/S
Disclaimers: oh, mundo cruel, Yu Gi Oh no me pertenece ni nada parecido.
Feedback: reviewerénme…
Beta Reader: Sahel, quien se irá al cielo con todo y zapatos por ser tan buena conmigo… TT
Summary: Los verdaderos cambios vienen del alma, dicen los sabios. Es ahí donde todo es posible, incluso el amor.
-/ … / diálogo mudo
" … " tiempo pasado
Nota clumsykitty: Regalito de fin de año, para quienes me leen con tanta devoción y esmero que no me merezco…
Gachias
n.n
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ANIMA
I hurt myself
today
to see if I still feel
I focus on the pain
the only
thing that's real
the needle tears a hole
the old familiar
sting
try to kill it all away
but I remember everything
what have I
become? I will
let you down I wear this crown of
thorns what have I
become? I will
let you down if I could start again
my sweetest friend
everyone I know
goes away in the
end
and you could have it all
my empire of dirt
I will make you hurt
upon my liar's chair
full of broken thoughts
I cannot
repair
beneath the stains of time
the feelings disappear
you
are someone else
I am still right here
my sweetest friend
everyone I know
goes away in the
end
and you could have it all
my empire of dirt
I will make you hurt
a
million miles away
I would keep myself
I would find a way
... Hurt, Johnny Cash.
Capítulo X. Extraña armonía del caos.
"… el proyecto de la bolsa europea consiste en subvertir el dólar de E. U. A. a un precio en euros sujeto a las normas de la Nación Europea. El informa presenta que no es importante la operatividad de las divisas, sino en que activos habrán de ser invertidos, o como ya se muestra, en que pasivos norteamericanos…"
Sonrío, dejando el documento sobre el escritorio al tiempo que me recuesto en el sillón. Es hasta cierto punto aliviante comenzar a ser parte de los asuntos de la Corporación; Joey y Mokuba no me permiten gran cosa pero al menos tengo algo con que ocuparme en la mansión.
Recuerdo con diversión la reunión con los amigos de Joey. Hasta ese momento comprendí que quería decir Mokuba con la obsesión de Tea. Esa chica estaba más alterada que una gallina poniendo un huevo. Joey les había llamado para solicitarles su ayuda en mi búsqueda y la pobre ingenua se moría de nervios por mi persona.
Yugi y su esposo Atemu estaban preocupados pero en un rango discreto. Atemu siempre se ha molestado conmigo por considerarme un "egoísta sin remedio", pero Yugi es todo lo contrario, hasta me atrevería a decir que se apasiona defendiéndome. Cabe la posibilidad de que Atemu sienta por ello celos de mí. Hilarante.
Tristán por otro lado, me ha disgustado desde tiempos de colegio. Cuando Joey y yo éramos aún novios, solía comportarse como un patán sobreprotector, celoso de que Joey se hubiera fijado en mí y no en el querido amigo de la infancia. Y a pesar del hecho de que Joey se dio cuenta más tarde de sus sentimientos y habló con él; no deja de parecer su sombra protectora.
Los hermanos egipcios y parientes de Atemu, Ishizu y Marik son más respetuosos que el resto. De hecho son muy reservados –o tan extraños como el mismo Atemu- tienen un aire de misterio. Lo que me incomoda es la actitud de la egipcia hacia mí, como si fuéramos familia. Siempre me ha hecho pensar que le atraigo. Eso si es espeluznante.
Todos estaban alegres de verme sin ningún rasguño, charlando con Joey sobre mí –y a costa mía- intrigados por saber como me las arreglé para sobrevivir. Mokuba les contó algo pero se abstuvo de mencionar a Ravel, entreteniéndoles mejor con el lenguaje a señas que los tuvo como monos de circo. La reunión iba muy bien hasta el momento en que la falta de alimento hizo merma en mis fuerzas y tuve un mareo que cortó la tertulia. Joey me llevó a la recámara mientras mi hermano despedía a los demás. Aquello enfrió el último vestigio de deseo que Joey guardara para mí, limitándose a cuidarme hasta que me quedé dormido.
Cual niño obediente, seguí los consejos de Ravel de cooperar con los míos para recuperarme y ahora puedo moverme con un poco más de libertad. Sé que pronto alcanzaré mi derecho a salir solo a la calle. Ese es mi principal objetivo, eso y dejar unos asuntos arreglados con Kaiba Corp.
Lo he meditado mucho y he tomado una decisión.
Me iré con Ravel, desapareceré y esta vez para siempre, dejándoles en libertad absoluta a Mokuba y a Joey. Para recompensarles de todo, prepararé un testamento que les otorgará un porcentaje igual y a Joey le dejaré como regalo de despedida los papeles de divorcio con todas las ventajas para él, no quiero que nada de mí le estorbe en su futura felicidad.
Sólo formalizaré lo que perdí hace mucho y me quedaré con lo único que poseo ya, que es a Ravel.
Mi singular amigo emplumado está aquí, la ventana cerrada no le permite entrar pero está apostado contra el marco y el vidrio; sin cantar, sólo mirándome. Me pregunto que querrá decir su mirada de gorrión. Sin más, se retira volando.
Las puertas del estudio se abren por Mokuba, quien entra de puntillas y con una sonrisa de complicidad que no le cabe en el rostro. Así continúa hasta llegar a mí, sentándose a mis pies.
-¿Ahora si vas a contarme a donde te fugaste?
Sacudo mi cabeza al tiempo que ruedo mis ojos. Creí que ya lo había olvidado.
-/No fui a ningún lado en especial/
-Pero entonces, ¿por qué olías a bosque?
Simplemente me encojo de hombros, aunque mi hermano no se da por vencido.
-Aaaahhh, dime –suplica con ojos de borrego en el matadero, su táctica más perversa.
-/Me encontré con alguien/
-¿Alguien?
Asiento.
-/¿No lo adivinas?/
-¿Uh?... no… -mi hermano se acerca un poco más.
-/A Ravel/
Mokuba abre sus ojos como platos al igual que su boca, podría decir que está asombrado pero su ceño difiere de mi opinión. Es otro tipo de sorpresa, una muy extraña.
-¿QUEEEEEEEEEEEEEEEE?
Me tapo los oídos ante su grito, él cubre su boca, apenado.
-Ops, lo siento… ¿Ravel? ¿Aquí, en Ciudad Domino?
-/Ya lo dije/
-¿Estás seguro, Seto?
-/Quizá no podía verlo, pero nunca le confundiría. Es él/
-¿Ravel?
Mi hermano baja su mirada extrañado unos segundos antes de volver a mirarme.
-Vaya… y… ¿por qué no vino contigo?
-/A él no le gusta estar rodeado de mucha gente extraña. Además, dijo que sólo viajó para verme, no para andar entre ricos/
-Que singular, sería el primer vagabundo que rechaza el dinero. Sin ofender, hermano.
-/Ravel es libre y no le gusta nada que implique una "cadena"/
-Oh… que curioso.
-/¿Qué significa eso?/
-Nada… nada, nada… ¿Se lo dijiste a Joey?
-/No y no le comentes/
-Pero…
-/Por favor, será con tiempo/
-De acuerdo –acepta Mokuba con un suspiro- ¿Estás nervioso por la operación?
-/No, en lo absoluto/
-¿Emocionado?
-/Un poco/
Se escuchan pasos acercarse y Mokuba se levanta para salir.
-Joey ya viene por ti. Te visitaré en la mañana, ¿está bien?
-/Gracias, Mokuba/
-No hay de que, hermano.
Yo también me pongo de pie para prepararme. Voy al hospital a mi última y final operación que me devolverá mi voz. Una vez que termino de alistarme, salgo de la recámara para encontrarme con Joey.
-¿Todo listo, amor?
Asiento, al llegar a su lado para partir juntos. El luce emocionado como cuando la intervención en mis ojos. A pesar de los años no deja de ser noble y tierno, es su sello característico.
-Tiempo de ir al hospital –anuncia Joey con júbilo.
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-¡Señor Kaiba, bienvenido!
-¡Señor! ¡Qué gusto tenerlo de vuelta!
-¡Jefe, por fin ha venido!
-¡Señor Kaiba, reciba nuestros mejores saludos de bienvenida!
-¡Jefe! ¡Jefe!
Todos en Kaiba Corp han venido a saludarme; confieso que ya me estoy cansando de estrechar tantas manos y fingir sonrisas a tantos rostros. El camino del estacionamiento al elevador se me antoja eterno. Hay un mar de personas. Finalmente, Roland, Joey yo quedamos solos en el ascensor.
-Todos están felices de verte, amor.
-Sí, lo sé –le murmuro con desgano. Lo hacen por él, no por mí.
Subimos hasta las oficinas. Joey y Mokuba modificaron la planta para acondicionarla a dos oficinas gemelas, una frente a la otra con la recepción en el medio, recibiendo a los recién llegados de este ascensor privado. Ambas oficinas son casi en su totalidad de vidrio, salvo las puertas y un par de paredes angostas. El lugar tiene tonalidades claras con discretas plantas decorativas y ambientación elegante.
-¿Deseoso de ver tu nueva oficina?
Joey me extiende un brazo hacia la izquierda. Roland nos abre las puertas, revelándome la antigua oficina de Mokuba. Muchos de los objetos son de cuando aún estuve aquí pero han sido reubicados con más armonía. El ancho y semioval escritorio de caoba ostenta una laptop, calendario, videoteléfono, lámpara de madera y un par de fotografías de mi hermano y Joey por separado y el recuadro de piel vino donde deposito mi inseparable morral viejo.
-Te dejo para que disfrutes de tu oficina, amor mío. Recuerda, nada de andar husmeando en cosas agotadoras, ¿eh? Ahora más que nunca debes cuidarte.
Sin cerrar las puertas, Joey cruza al otro lado. Recorro con calma el lugar. Hay mucho de Mokuba aquí, puede percibirse su presencia, imagino que estuvo atiborrado de golosinas y botanas. Ahora está limpia y ordenada, como esperando. Dos directivos llegan desde el elevador, saludándome y luego entran a la oficina de Joey.
No puedo evitar sonreír al verlo comportarse como todo un CEO, dirigiendo, firmando y hablando por teléfono.
La compañía de Pegasus le ha hecho mucho bien.
Regreso al sillón para revisar lo que queda en los cajones del escritorio que no es más que un block de notas, bolígrafos y folders sin usar. Tendré que pedir los datos de los abogados, para seguir con mi plan. Me pregunto con que llenaba estos cajones Mokuba. Al instante, el intercomunicador me anuncia una visita.
-¿Sí?
-Señor, Kaiba, un periodista dice que tiene una cita con usted.
-Hazlo pasar.
Las puertas del elevador se escuchan abrirse. Pronto aparece un joven de cabellos blancos, vestido a la usanza periodística. Su sonrisa tímida se adelanta a su mano.
-Seto, que gusto volverte a ver.
-Lo mismo digo, Ryou –respondo, levantándome para saludarlo.
Le invito a tomar asiento, preparado para la ya inevitable entrevista y la astuta y perversa táctica de este raro amigo de Joey. Mientras otros periodistas usan la intimidación o el juego de palabras para obtener lo que desean, Ryou usa la técnica del cordero al matadero, haciéndote sentir lo peor de toda la escoria si le rechazas.
-¿Aún sigues con ese amante tuyo? –le pregunto mientras el saca sus cosas. Su sonrojo refuerza su respuesta.
-Sí… bueno… estamos pensando en casarnos ya.
-¿Tú y Bakura? Para ser caza recompensas, eso es bastante inusual.
-El amor es así.
Primera estocada. Ryou prepara si minigrabadora, libreta y bolígrafo.
-¿Listo? No será mucho. Le prometí a Joey hacerla muy breve.
-Cuando quieras.
Una sonrisa de ángel, chantaje a la vista.
-Empecemos –dice al tiempo que enciende la grabadora.
-Bien.
-¿Cómo te sientes de volver después de años de desaparecido?
Cruzo mis brazos, tomando aire.
-Es extraño, algunas cosas han cambiado… otras siguen igual… pero me siento bien como puede verse y agradecido.
-¿Puedes contarme un poco sobre donde estuviste en Norteamérica?
-En ningún lugar realmente, siempre viajaba de costa a costa.
-Como un vagabundo.
-Así es.
-Todos te conocen ya tu carácter excéntrico y difícil. Lo que has logrado y ganado. ¿Eso te ayudó al momento del accidente?
Ah, sabía que no podía tardar con eso.
-Podría decirse.
-¿Cómo fue que escapaste de la explosión y aún más te recuperaste?
No puedo involucrar a Ravel en esto. No cometeré el mismo error dos veces.
-Llámalo si quieres un "milagro".
Ryou ríe con sorna.
-Vamos, Seto. Ya debes estar al tanto de la búsqueda de la policía tras tus huellas. ¿Cómo lograste esfumarte como por arte de magia?
-No podría relatarte mucho, apenas si estuve consciente. Sólo puedo asegurarte que sobreviví gracias a unas misioneras.
-Pero, ¿en dónde, en primera instancia?
Me encojo de hombros.
-No lo sé, con sinceridad –y es cierto, nunca tuve el tino de preguntarle a Ravel donde quedaba exactamente la Misión.
-Je, je… es decir que después de que milagrosamente escapaste de la explosión de tu auto llegaste por arte de magia a ningún lugar donde unas misioneras te ayudaron a recuperarte y saliste al mundo como un vagabundo, ¿eso quieres decir?
-Tómalo como quieras.
-Bien, dejemos eso por el momento. ¿Siempre estuviste viajando tú solo?
-Hubo algunos amigos en el camino que me auxiliaron.
-¿Amigos?
-Seres humanos que carecen de nombre civil por ser abandonados de la sociedad.
-Oh.
Ryou no esconde su compasión. No sé como puede ser periodista con ese carácter. No, quizá si lo sé.
-¿Fue muy difícil vivir se esa manera, después de tener tantos lujos y comodidades?
-Al principio, pero también aprendí mucho.
-¿De verdad? –su tono de voz es incrédulo.
-¿Algo más?
-¿Dirías que esta experiencia te ha cambiado en una forma… benéfica?
-Absolutamente.
-Sigues tan parco de palabras como siempre.
-Como sea.
-Fue una gran noticia cuando se te encontró con pérdida de vista y habla. Ahora se te ve muy bien. ¿El apoyo de tu hermano y esposo te ayudó a superar el cambio que implicó recuperar tu antigua vida y sentidos?
En parte sí, pero tener a Ravel tan cerca también ha contribuido.
-Sí.
-¿Es bueno volver al lado de los que te aman, cierto?
Esa pregunta me toma desprevenido y Ryou lo nota.
-Aunque un poco penoso, supongo. Debe haber cosas que tú y tu familia necesitarán recuperar.
La verdad es que lo perdí hace mucho. Después de la última operación, las cosas no han mejorado mucho. Decir que esquivo a Joey sería más correcto.
-¿Seto?
-Es obvio.
Mi vista cae en mi morral.
-¿Ese es el famoso morral del que me habló Joey?
-Sí.
-¿Puedo verlo más de cerca?
Se lo tiendo a Ryou que lo examina con curiosidad.
-Es peculiar, se parece mucho a uno que vi en una fotografía hace tiempo –Ryou levanta su vista un momento- Verás, uno de mis compañeros en la universidad hizo una tesis sobre leyendas urbanas y trabajó un caso muy dramático; recuerdo haberle visto una imagen de un morral parecido, quizá con otros motivos pero la hechura es la misma.
-¿Hablas en serio? Inquiero, levantando una ceja.
-Por eso digo que es peculiar, la foto era de los años cincuenta.
Ryou deja sus cosas, apagando la minigrabadora para revisar más minuciosamente el morral.
-¿Puedo abrirlo?
-Claro.
Como si estuviera examinando una reliquia, Ryou abre el morral sacando de su interior mi antiguo bastón y las figurillas de origami. Para mi sorpresa, Ryou no toma en cuenta las creaciones de periódico sino el morral que ha atraído su atención por completo.
-¿Cómo lo conseguiste?
-Alguien me lo obsequió, ¿qué pasa?
-A menos que mi memoria me engañe, diría que es como aquel que te he dicho.
-Quizá es una copia fiel.
Ryou niega con la cabeza.
-Imposible, todas esas artesanías desaparecieron… o así cuenta la leyenda.
-¿Puedes decírmela?
Depositando con reverencia el morral sobre el escritorio, Ryou se queda meditando como para recordar lo que intenta decirme antes de mirarme a los ojos.
-Se dice que unos niños fueron capturados, vendidos como esclavos para trabajar en un carguero donde se les torturó y abusó de manera horrible. Eran hijos de gitanos cuyos únicos recuerdos de sus padres y sus tierras eran artesanías como este morral con el que los atraparon. Por las condiciones inhumanas en que los tenían prisioneros se desató una peste que obligó a los malhechores a detenerse en un puerto donde les pillaron, así que los esclavizadores huyeron hacia América donde los capturaron. Pero el gobierno norteamericano incendió el carguero para evitar una epidemia, pues todos los pequeños habían muerto cuando quisieron rescatarlos. Todo se destruyó, excepto esos "recuerdos" que trajeron la desgracia a quienes los recogieron. Luego de estar en el mercado negro, finalmente fueron echados al mar para contener esas almas infantiles que perecieron siendo esclavas, pues se decía que sus fantasmas acechaban donde estuvieran aquellos objetos.
-¿Qué clase de leyenda urbana es ésa?
-Esa investigación en la cual trabajó mi compañero decía que sólo uno de los niños sobrevivió y era además, el portador que hizo pagar a los torturadores en la prisión donde fueron llevados. Aquél niño los mató uno por uno, reuniendo los recuerdos de sus compatriotas para llevarlos al mar donde yacían las cenizas de los pequeños cuerpos. Poco después, ese pequeño desapareció de manera misteriosa.
-¿Y la historia real?
-No se pudo plantear, eran tiempos de posguerra y los registros se perdieron al pasar los años. La fotografía que te menciono pertenecía a uno de los bomberos que la tomó después del incendio como parte de su informe. Se aseguraba que era verdadera la historia pero ya no queda nadie con vida para corroborarla.
-¿Ni siquiera aquellos que conocieron a ese "niño"?
-Lo ignoro, si es que en verdad existió. Tendría que comunicarme con ese viejo amigo. Pero no hay forma de que tu morral sea una copia fiel de uno perdido hace ya varias décadas. Ni por casualidad, además, aunque fuera así estaríamos hablando de un artículo que por lo menos tiene medio siglo de antigüedad y por lo que veo, tu morral está en óptimas condiciones.
-Es viejo.
-Pero aún así, ya debería estar casi deshecho… que extraño.
Los ojos de Ryou por fin caen en mis figurillas.
-Son asombrosas, ¿no has pensado en convertirte en un artista?
Río ante la idea.
-Puede ser.
-¿Me permites decirte algo?
-Claro.
-Todo tiene un fuerte aroma a pino… bosque… ¿por qué?
-No lo sé, jamás se le ha desvanecido.
-Y detecto cierto rastro de olor a tierra húmeda. Más que viajar, parece que hubieras estado en un bosque encantado, Seto. Quizá por eso no podían hallarte –dice Ryou en broma.
-Te repito, siempre estuve moviéndome.
Sonriéndome de nuevo, Ryou toma sus cosas para ponerse de pie.
-¿Hemos terminado?
-Seguro –me tiende una mano que estrecho ligeramente- Gracias, Seto. Volveremos a vernos y quizá ya tenga respuesta a ese morral.
-Eso no me interesa.
-En fin –Ryou suspira como divertido- Te deseo mucha suerte, Seto. Adiós.
-Adiós.
En tanto Ryou se marcha, tomo una de mis figurillas, el dragón blanco con rayones azules. Podría preguntarle a Ravel de donde exactamente obtuvo el morral, pero sería una descortesía de mi parte. Ryou tiene razón, huele a bosque y tierra húmeda, tanto mis figurillas como el morral, sobre todo este. Que extraño, pero comprensible, son parte de Ravel.
Las puertas de la oficina de Joey se abren para dejarlo venir a mí, sonriendo pícaro. Guardo mis pertenencias de vuelta a mi morral.
-¿Qué tal la entrevista?
-Aburrida.
-Je je… -Joey se sienta sobre el escritorio- Pero servirá para calmar la turba de reporteros y además ayudaremos a Ryou. Con esto le darán un bono que le servirá para su boda.
-Sí, lo sé.
-¿Recuerdas A Madame Charmant? Acaba de hablarme por teléfono para invitarnos a una fiesta de caridad.
Levanto mi mirada para encontrarme con sus ojos, Joey me sonríe emocionado.
-Será nuestra primera salida juntos, otra vez.
¡Demonios!
-Bueno, no sé… -titubeo ante la desagradable idea. Quizá ya me he acostumbrado a mi jaula.
-Vamos, amor, es por una buena causa y todos estarán ansiosos de platicar contigo.
Eso es lo que me molesta. Ese tipo de personas que yo solía ser… no deseo ya entablar amistades así, que puedan emponzoñar aquellos pensamientos claros que Ravel me ha obsequiado con sus cuidados y compañía.
-No seas remilgoso, ya es tiempo de que te vean en público. Y tienes el permiso de tu terapeuta, lo sabes.
-Preferiría no hacerlo, Joey.
El viene para arrodillarse a mi lado.
-Hey, ¿no quieres salir conmigo?
Mis ojos se clavan en los suyos, dándome mi reflejo contrariado. Esas personas aún me tienen en el concepto del frío y egoísta Seto Kaiba, me recordarán lo malo que era y en lo que me puedo llegar a convertir de nuevo si me lo permito.
-Yo voy a estar contigo, lo prometo –me susurra Joey, animándome- Sabes bien que las reuniones de Madame Charmant nunca han sido aburridas y que ella te estima mucho.
Eso sí es verdad, con mucho sería la única persona ajena de mi familia de la cual tengo gratos recuerdos. Madame Charmant me adoraba –ignoro bien la razón- y yo siempre le apoyé en sus caridades, prácticamente sólo firmando cheques.
-Señor Wheleer –uno de sus asistentes le llama desde la puerta- Estamos listos.
-Vamos a la junta, amor; pero nada de inmiscuirse demasiado, ¿eh? Recuerda las órdenes del doctor Hurai –me dice Joey cuando me pongo de pie junto a él.
-Sí, claro –le concedo.
Salimos a la recepción donde nos esperan ya en el elevador. Roland llega desde la oficina de Joey muy apurado.
-Hay una llamada en línea privada para usted, Señor Wheleer –exclama presuroso.
-¿Para mí?
La expresión de Joey es fingida, su voz suena teatral y los músculos de su cuello se han tensado, mirando a Roland, perplejo.
-Sí, señor, ¿la atenderá?
-Oh… está bien… -Joey se gira a mí- Adelántate, Seto, no será gran cosa… los alcanzo enseguida.
Con premura entra su oficina, cerrando las puertas. Imagino quien es, ya se había tardado en hablarle. Siguiendo mi camino, tomo el ascensor junto con los asistentes.
-¿Está bien, Señor? –me pregunta Roland.
-¿Por qué tarda tanto esta cosa?
Las puertas se abren hacia el piso semi vacío donde se encuentra la enorme sala de juntas cuyas puertas me abre Roland. Al entrar todos se ponen de pie haciendo una solemne reverencia ante mí. Tomo una de las sillas al extremo, haciendo una seña para que comiencen con su informe sin mayor comentario de mi parte.
Mi mente no está en los gráficos proyectados ni en los discursos de los ejecutivos. ¿Qué le estará diciendo Joey a Pegasus? ¿Estarán haciendo bromas sobre mí? ¿Harán una cita?
Una luz exterior corta momentáneamente el rayo proyector cuando Joey entra sigilosamente con una disculpa. Con rapidez toma siento al lado mío, buscando mi mano para besar ligeramente mis dedos antes de enfocar su vista al frente con una sonrisa de satisfacción mientras yo muero de celos.
Duele.
La junta termina pronto y Joey se dirige con todos hacia el Departamento de Logística para discutir asuntos pendientes.
-Aquí ya no puedes acompañarme, amor –claro, Joey, tú mandas ahora- Quiero que me esperes en las oficinas. Te invito el almuerzo.
Sin más me vuelvo a recoger de la oficina mi morral, pidiéndole después a la asistente un taxi que no tarda en llegar a Kaiba Corp.
-¿Señor, que hace? –un guardia de seguridad me sigue preocupado al estacionamiento, donde mi taxi espera ya.
-¿Te pagan para preguntar?
-No… bueno… es que… señor…
-Si acaso alguien pregunta por mí, diles que regreso en un momento. Tengo algo que hacer SOLO.
-… sí, Señor Kaiba.
Subo al taxi, para dirigirme a un restaurante poco concurrido donde pido dos órdenes de comida y luego marchar hacia un lugar cercano a la vieja fundidora. Llegar hasta la guarida de mi ladronzuelo es un poco tardada pero pronto diviso el viejo almacén. Hago que el taxi tome un camino opuesto para despistarle, esperando a que desaparezca para caminar al otro lado hasta arribar a mi destino.
No hay nadie, probablemente Ravel salió a buscar algo de interés aunque ya me había dicho que esta ciudad no le agradaba. Sentándome en el catre que rechina por lo oxidado, coloco mi morral en mi regazo y la comida a un lado. Ryou dijo que este morral era extraño pero no sabe el verdadero significado de esa palabra, no sin antes haber conocido a Brandy Vodka. Observo sus bordes gruesos pero finamente cocidos con la misma tira de piel. Los tallados de formas barrocas. Es viejo, es cierto, pero aún conserva su color terracota.
-¿Ojiazul?
Mi sonrisa crece al oír y ver de regreso a Ravel. Sin perder tiempo, corro a sus brazos que me levantan por la cintura.
-Gorgeous, ¿Cómo estás?
-Feliz de verte, Ravel –le digo, sorprendiéndolo con mi último regalo para él.
El me deja en el suelo, boquiabierto. La manera en que sus ojos brillan de felicidad me hace sentir muy emocionado. Ravel me abraza, acariciando mi cabeza.
-Thanks God! Pero… ¿cuándo…? ¡Ah, que importa! Ya estás curado, Ojiazul. Que hermosa voz tienes.
-No del todo cierto, Ravel.
-¿Eh? –su ceño se frunce cuando me mira.
-¿Puedo almorzar contigo?
Quizá haya recuperado mi vista y el habla pero Ravel no necesitaba de eso para conocerme. Sus ojos me miran preocupados, una mano suya roza mi mejilla. Le abrazo por el cuello y él entiende mi mensaje, levantándome en brazos.
-Ravel está contigo, Ojiazul. No te preocupes.
Con su habitual ternura me lleva hasta el catre, dejándome en su regazo para tomar mi mentón.
-Algo anda mal, right?
Pasando saliva, busco de nuevo esos rizos rebeldes de su rostro.
-Duele, Ravel –me encojo de hombros- Duele… no puedo…
-Shhh –él besa mi frente- Si no puedes decirlo, te comprendo.
-Me duele saber que me equivoqué, Ravel.
-No digas eso, Ojiazul.
-Ravel, ¿por qué me amas a pesar de todo? –le pregunto, mirándole a los ojos.
Sólo se limita a abrazarme.
-¿Ravel?
-No todo tiene respuesta, Ojiazul. A veces hay que tener fe nada más.
Me refugio en su ancho pecho de solapas peludas mientras Ravel besa mis cabellos, esperando sabiamente a que me sienta mejor, por decirlo de alguna manera. Busca con su índice y pulgar mi mentón para levantar mi rostro.
-¿Y la comida? –inquiere con travesura.
Río, recostando mi frente contra su barbilla. Él me hace sentir que todo es sólo una nube pasajera. Consintiéndome como es su costumbre, busca con un brazo la comida para colocarla en mi regazo, descubriéndola entre los dos.
-¿No te escapaste, verdad?
-No sólo me ausenté.
-Ojiazul…
-Es en serio.
Saco los cubiertos de plásticos que Ravel mira como si fueran extraterrestres.
-What the hell is that?
-Con esto se come.
Mi dulce vagabundo observa la comida y los cubiertos alternadamente, haciéndome reír.
-Sí tú lo dices.
-Mira –tomando primero la ensalada, le tiendo un bocado- Prueba esto.
-Hiac, parece pasto para bueyes.
-Pues es lo que he comido, Ravel.
-Con razón estás así. Hasta yo me deprimiría con esto.
-¿Por favor?
Ravel acepta con recelo pero una vez que lo prueba su expresión es de gusto. Para mi buena suerte me deja alimentarlo, haciendo él lo mismo como cuando antaño. En sus brazos, con sus risotadas.
-Me estás engordando como a la bruja de Hansel y Gretel, eh?
-¿Tú crees que sería capaz de cocinarte? –hago una expresión teatral que le hace carcajearse.
-Silly…
Me esfuerzo en copiar los ojos de inocencia que Mokuba usa conmigo, no sé si lo logro pero Ravel menea su cabeza sin dejar de sonreírme.
-¿Ravel?
-What's up?
-¿Exactamente donde conseguiste mi morral?
Llevándose un buen trozo de carne de mi tenedor a su boca, Ravel mira hacia el frente con una mirada melancólica.
-¿Por qué lo preguntas? –dice contrariado, ¡rayos!
-No importa, olvídalo –respondo con prontitud.
Él se queda quieto al instante y cuando le miro sus ojos están llenos de enfado. Termina su bocado antes de hablar.
-¿En que quedamos, Ojiazul?
-Lo siento…
Juego nervioso con lo que queda de comida, sin verle. No sé en donde tenía la cabeza, fue mala idea. Pensará que desconfío de sus palabras y…
-Lo hicieron mis padres.
-¿Qué? –regreso mi vista a él, estupefacto.
-Eso fue lo que me dijo la hermana en la Misión, la hermana Ruth, tú sabes; la que me cuidó cuando me quedé huérfano –Ravel sigue comiendo al tiempo que me explica- Yo quería regalarte algo ese día pero no tenía nada que fuera bonito. Brandy me sugirió que te lo diera, que nunca me arrepentiría de eso porque siempre lo tendrías contigo… como yo… well… ya sabes como es de loco. Anyway, sólo seguí su consejo –sus ojos grises se posan en los míos- quería darte las gracias por dejarme amarte, Ojiazul y pues sólo se me ocurrió que mi morral podría ser tuyo.
Mi vista se nubla a causa de las lágrimas que la llenan. Ravel es un ángel que no me merece. Tomando su rostro entre mis manos le beso de lleno antes de que me detenga. Ravel sabe –aunque no se lo haya dicho enteramente- lo que siento por Joey, sabe lo que soy, lo que fui. Lo sabe todo y está aquí de brazos abiertos sólo para mí sin esperar nada a cambio. Sólo con el único deseo de amarme.
Tirando los envases ya vacíos de comida a un lado me siento a horcajadas sobre Ravel, abrazándole por el cuello para dejar caer mi peso sobre el suyo y hacerlo recostar sobre el catre el cual una vez más rechina a modo de protesta por el brusco movimiento. Debo hacer esto. Tengo que. Él jadea sorprendido y aprovecho para profundizar el beso en un esfuerzo por despertar su deseo por mí. Le arranco el gorro para enredar mis dedos entre esa maraña de rizo negros. En un santiamén, Ravel me toma de la cintura, girándome ahora con su peso sobre el mío al tiempo que apreso sus caderas con mis muslos.
Está muy mal, lo sé. Pero quiero arrancarme este dolor.
Ravel se echa a reír y le suelto de mis labios. Todo su cuerpo se contrae cuando su risa salta a carcajada que sólo me confunde aún más. Con su gentileza que siempre ha usado para mí, toma mis manos detrás de su nuca para soltarse y luego sentarse sobre sus piernas una vez liberado completamente de mí, sin dejar de carcajearse.
Decir que estoy comenzando a enfurecer sería más que acertado.
¿Qué rayos le ocurre? Sigue con esa risa que ya le ha arrancado un par de lágrimas. Estoy oficialmente furioso. Ravel cae asombrado cuando mi puño encuentra su mejilla. Por breves segundos me mira anonadado pero luego se suelta a carcajearse esta vez con mayor fuerza.
Estoy.
Endemoniadamente.
Furioso.
Su risa parece ganar potencia a medida que mis golpes se multiplican. Ya no me importa que sólo los deje caer al azar sin objetivo. Me da rabia su actitud idiota. El sigue y sigue carcajeándose.
-¿Qué carajos te pasa? –le grito, azotándole por las solapas.
¡Maldita sea!
Ravel sólo se protege con sus brazos de mis puños frustrados que le atacan. ¡Basta! ¡Basta! Parece que le hubieran contado el mejor chiste del mundo. Estúpido ladrón.
Mis fuerzas se agotan y sólo golpeo cansado su pecho que se convulsiona de risa, de nuevo a horcajadas sobre él. Estoy jadeando, sudoroso de mi ataque de rabia.
-¿Ya te sientes mejor? –me pregunta Ravel, respirando profundamente para calmarse de su malnacida risa.
Mi ceño se frunce ante su cuestionamiento.
-¿Qué demonios quieres decir?
Él cruza sus brazos por debajo de su cabeza. Sus cabellos están revueltos –aún más- y me guiña un ojo con diversión.
-Tú querías desquitarte de tus celos no besarme, uh? uh?
Mis mejillas están más que hirviendo.
-Ja ja ja ja, eso es, mi Ojiazul. ¿Ya te sientes mejor?
Hasta ahora caigo en la cuenta. Ravel me conoce a fondo y supo reconocer la falsedad en mi beso, en mi intento por seducirlo. Por eso me hizo enojar, para sacar esto que necesitaba desahogar.
-Yo… Ravel…
Increíble o no, me siento más sereno.
-Ay, Ojiazul, eres tan tierno a veces.
Una vez más me sorprendo de lo bien que me conoce y lo descerebrado que fui.
-Piénsalo tantito, swettie… ¿qué pensaría tu Joey si en este momento entrara?
Oh.
Oh.
Oh.
Estoy a horcajadas sobre Ravel, jadeando y ruborizado con las ropas descompuestas por mi altercado.
-Yeah! Sería un Ravel muerto.
Más que avergonzado, bajo de Ravel y del catre, sacudiendo mis ropas. Mi rostro se siente más caliente que el mismo sol. Realmente no sé donde puse mi sensatez. Se quedó en Kaiba Corp supongo.
Para completar la escena mi celular suena, haciéndome respingar.
-Creo que alguien te anda buscando –canta Ravel mientras se recuesta en un costado con un brazo de apoyo.
Sin dejar de mirarlo, saco el teléfono. La pantalla muestra el número de Joey. Que linda situación. Ravel ríe malicioso.
-Answer him, Ojiazul y no digas mentiras –me amenaza arqueando una ceja.
Tomando aire, presiono el botón para contestar.
-¡SETO! ¿DONDE DIABLOS ESTÁS? –truena la voz de Joey en mi oído.
Ravel no deja de clavar su vista en mí, pronunciando en silencio 'di la verdad'.
-Joey, yo… -los ojos grises de mi ladrón se endurecen- … estoy con Ravel…
No hay respuesta de Joey más que un angustiante silencio.
-¿Joey?
-¿QUEEEEEEEEE?
El grito de Joey me obliga a separa el celular de mi oído. Ravel ríe sosegadamente. Aún siento muy calientes mis mejillas mientras vuelvo a pegarme el teléfono.
-¿… dónde estás? Iré por ti ahora mismo –alcanzo a escuchar.
-¡No, Joey! Espera, ya regreso a las oficinas.
-En tus sueños, Seto. ¿Dónde estás?
'Dile que te llevaré a la autopista costera' me susurra Ravel.
-Ravel me llevará al camino de la costa que… -no termino mi frase pues el timbre del teléfono suena como colgado.
Guardo mi celular al tiempo que Ravel se pone de pie con mi morral en mano y su gorro en otra.
-Well, Caperucita Roja, antes de que tu Lobo Feroz te coma hay que ayudarte a cruzar el bosque.
De nuevo siento ruborizarme con sus palabras en tanto Ravel se coloca su gorro y me pone mi morral, atravesando la correa por mi pecho.
-Ravel, lamento mucho como me comporté, yo…
-Shh, ya, ya pasó.
Me abrazo a él para recibir otro beso en mis cabellos.
-Todo se aclarará, Ojiazul, verás como arreglo todo.
-Gracias de nuevo por el morral, sé que es muy valioso para ti. No soy digno de seguir teniéndolo.
-Ojiazul… -Ravel termina de arreglar mis ropas- Si no diéramos lo más precioso a nuestro amor, ¿cómo tendría valor después?
Bajo mi mirada. Yo no le he dado nada valioso a Joey, sólo problemas. Ravel toma mi mentón para que le mire.
-Shh, don't worry. Yo estoy aquí para ayudarte, Ojiazul.
-Gracias, Ravel.
El sonríe satisfecho.
-Di mi nombre de nuevo, se oye very pretty salir de tus labios.
-Ravel.
-¿Otra vez?
-Ravel.
-¿Again?
-Ravel…
Él brinca cual niño gustoso palmeando su felicidad; así riendo, me toma del talle para salir del almacén. Es extraño pero al lado de Ravel siento una paz y tranquilidad como si nada malo pudiera ocurrirme. Tiene un aura de santidad que por mi experiencia sólo puedo compararla como a aquellos mártires cristianos cuyo cuerpo permanece incorrupto entre lirios y velas.
Tal vez por ello le busco tanto, mi dolor desaparece con su presencia…
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Continuará…
