Último capítulo.
Ay.
Último capítulo. Peor epílogo de la historia. Sólo tenía una hora e iba con prisa... Lo subo un poco antes, con mucho amor. Leed abajo para info sobre la secuela etc.
Nunca supe que pudiera aguantar una historia de esta manera, pero joer, qué cosas. Ha sido una gran historia, 72 reviews, wow. Me dejais de piedra, cielos. Cortemos por lo sano y os respondo.
soniasc94: muchísimas gracias.
kiarika: 3
Ivy J: Muchas, muchas, muchas gracias por la review. A ver... le dedico unas tres horas a cada capítulo incluyendo las revisiones, pero hoy sólo tuve una hora. Y ya ves... confusión al límite.
Stefan: me sacas sonrisas con tus revs, muchíiiisimas gracias.
Guest: estupida pero con sentido, y ¡gracias!
Vamos pues. Este capítulo es un poco más pequeñito, pero al ser un prólogo, no hay mucho argumento. Sólo pondré cosillas para la siguiente parte y ya, ¡pero con los feels aquí!
¡Disfrutadlo! - icechipsx
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Dicen que las imágenes dicen más que mil palabras.
Dicen que las memorias acaban olvidándose.
También comentan que las promesas se las lleva el viento y nunca se sabe dónde terminan. Algunas se dejan sin cumplir o algunas encadenan una sobre otra.
La gente habla tanto, la gente especula sin saber lo que dice. Hay cosas que nunca cambian y también hay otras que cambian constantemente. Cloe nunca se dejaba fotografiar o retratar porque detestaba ver los cambios. Algunos decían que era por miedo a empeorar, otros pocos se callaban pero los más osados la creían traumatizada para el resto de su vida.
Pensaba en el pasado aleatoriamente, y era extraño imaginarse en aquellas situaciones una y otra vez. Se sentían como una memoria sorprendentemente lejana, una memoria que no le pertenecía. Tendía a olvidar ciertos puntos con facilidad, pero con echar un vistazo a algunas de sus heridas volvía a recordar de nuevo. Quería descansar, pero no podía por alguna razón.
De todas maneras, por muchas veces que lo niegue, la gente seguía comentando a sus espaldas. No estaba traumatizada ni loca, ¿querían internarla? El caso es que tampoco tenía la moral para llamarlo bache. No tenía nombre. Igual podría dividirse por partes y ponerle nombre individualmente. Pero ese no era el tema a tratar.
El problema ahora mismo era que se veía horrible en ese vestido.
Igual era el hecho de que se parecía demasiado a aquel que vestía en su fallida boda de conveniencia. Era blanco y con mucho vuelo, ocupando unos dos metros de anchura en el suelo. La parte de arriba no era ceñida ni holgada, si no algo cedida pero sin llegar a hacerla parecer una descarada. Las mangas se cortaban en los hombros y acababan dos centímetros después, uniéndose a la camiseta del vestido con dos hilos. La cremallera estaba muy fría y le daba escalofríos tocarla. Diamantitos caían en cascada en la gasa y se evaporaban al tocar el suelo. Llevaba tacones para nada bajos y los odiaba, sentía que se iba a caer hacia delante, pero menos mal que tenía plataforma y no le mataría bailar unas horas.
Echaba de menos esa tradición de asistir a bailes oficiales de la región para pasar la tarde. Acababa cansada y mareada de tantas vueltas en un vals, había príncipes que bailaban como patos y la giraban como una peonza sin cesar. Menos mal que algunos habían mejorado, así que hoy ella podría salir del salón de baile sin dar tumbos. A pesar de quererlo, era lo más seguro que no fuera a bailar mucho con Zak, principalmente debido a que debía bailar con todos y había mucha gente. Quería darle preferencia pero sabía que no podría.
Mucha gente le haría preguntas, y se vería forzada a responder. Deseaba apartar la mente del pasado, así que miró la habitación.
Debajo de Punta Central se había incorporado una red de habitaciones para la restauración que tendría lugar ese día. La de Cloe era azul grisáceo, con copos de nieve que impregnaban la pared como un doloroso recuerdo de muchos sentimientos fallidos, y el suelo era de madera oscura. Una alfombra blanquísima redonda se esparcía al lado de la cama, que tenía un cabecero celeste rectangular y unos edredones blancos que se desvanecían a un color azul medianoche. Había almohadas grandes y esponjosas sentadas delante del cabecero, de gruesa cobertura pero blando interior. La mesita minimalista de noche al lado de la cama era un simple marco cuadrangular blanco de esquinas curvadas, y un set de libros de fantasía se amontonaban en su interior, y encima descansaba una lámpara con forma de medusa rosa. Al lado de la propia mesa yacía un pingüinito del tamaño de la mesita, blandito y de terciopelo de máxima calidad. Tenía el rostro distante y tierno, parecía un cervatillo. La habitación era un poco claustrofóbica porque no había ventanas, pero al menos la puerta no era de metal ni había barrotes.
Cloe y Silenna tenían las habitaciones la una al lado de la otra, y compartían el armario desde distintas puertas. Era como un pasillo grande con muchos vestidos y zapatos. Para una adolescente habría sido el sueño de su vida, pero para la peliazulada era una cosa más a la que se terminaría acostumbrando. Increíble que hubieran hecho semejantes habitaciones bajo tierra en una semana.
La Princesa de los Hielos Eternos (porque seguía siendo llamada así) oyó golpes en la puerta. Se sobresaltó un poco porque estaba un poco ida, pero Zak entró de todas maneras. ¿Para qué llamar si vas a entrar te dejen o no? "Buenos días. ¿Todo bien?"
"Todo menos mi vestido." no hacía falta preguntarle a Zak si estaba bien. Sonreía como un idiota y tenía ese brillo en los ojos. ¿Para qué molestarse? "Siempre voy de blanco y cada vez me veo peor en él."
"Yo creo que estás preciosa, pero, una aclaración:" la acercó al espejo ante al que estaba hace unos segundos, "hace dos días ibas de azul oscuro."
"Bueno, Mr. Obvio, se me olvidó."
El rubio se alejó un poco de ella, y fue cuando Cloe se dio cuenta de que llevaba el mismo esmoquin que hace dos dos días. Ahora su cara había cambiado y parecía preocupado. Ya estaba acostumbrada a esa expresión y empezaba a tenerle asco, "Llámame suspicaz, pero algo me dice que mi princesa favorita está en apuros." él le acarició los hombros, mirando el reflejo de su novia en el espejo con los ojos inseguros y las manos juntas, "¿Hay algo más?"
"Sí, los zapatos."
"Cloe."
"Dime."
"No hablo de tus zapatos." le respondió él algo agresivo, "Hablo de tu estado mental."
Había vocalizado tanto el sustantivo que sonaba como una acusación o una aclaración obviamente innecesaria, ya que estaba claro que Cloe estaba evitando hablar del tema. Acordaron no hablar del pasado, pero sólo cuando no fuera necesario. Ahora parecía tener algún cacao mental: le daban tics nerviosos en los dedos y pestañeaba demasiado. Más que confusión parecía taquicardia, y fuera lo que fuera no era normal. Aunque a estas alturas, ya no había algo común en ella. Había cambiado suavemente a lo largo de las semanas.
"Es que, ha pasado tanto tiempo..." dijo Cloe en voz baja, "Llevo mucho tiempo sin estar en la piel de una princesa que se me hace muy raro estar en ésta situación. Esto de llevar vestidos y que me pregunten por mi salud de una manera tan profesional..."
"Eso nos pasa a todos. A mí éste esmóquin me molesta más que una ráfaga invernal de las tuyas y aquí estoy." el vívido príncipe rió un poco y ella le acompañó. Zak contagiaba la felicidad vía sonrisas cuando uno se encontraba algo mal, y la peliazulada no podía evitarlo ya con sólo estar cerca de él, "No estés así. Si sonríes un poco estaré feliz todo lo que queda de tarde."
Cloe se agarró las mejillas y las estiró hasta que tenía una línea siniestra en la cara, "¿Aseh?"
El Príncipe del Sol empezó a reírse de nuevo, "Esa es la Cloe que yo conocía, pero intenta no parecer así de payasa ahí arriba, ¿vale?"
"Aquí habló," ambos empezaron a avanzar hacia la puerta, "el bufón de Akros y media región."
Antes de que pudiera abrir la puerta, el rubio de ojos miel se quedó quieto, como si lo que la chica dijo le hubiera ofendido, y eso encogió un poco a Cloe, "Espera." se giró y empezó a buscar algo en el bolsillo de su chaqueta, "Se me olvidaba..."
Sacó un pequeño objeto que puso en la mano derecha de su novia antes de que ella pudiera verlo. Pero ella se detuvo a mirarlo de todas maneras. Era un colgante de un color naranja casi imperceptible por lo blanquecino que era. Estaba hecho con eslabones encadenados unos tras otros hasta llegar a una circunferencia. Era fina y de plata de ley, cuyos bordes se rellenaban con zafiros azules redondos y una gema blanca que coronaba el ornamento. Detrás del collar, un gancho naranja cerraba la joya y colgaba de la palma de la chica, blanceándose un poco cuando Cloe se lo llevó al corazón y sonrió plácidamente. No sabía porqué, pero ese collar le hacía recordar todos los buenos momentos que tuvo con él, y eso la hacía preguntarse si el collar tenía algún poder especial.
"Es precioso." murmuró lo suficientemente alto como para que Zak la oyera, "Muchísimas gracias."
"No tienes porqué darlas, es para que te acuerdes de mí en caso de que no esté a tu lado en los malos momentos. Me he perdido tantos..."
Cloe sonrió nerviosamente, "Ahora no empieces tú..."
"Perdona," se rascó la cabeza, nervioso, "no puedo evitarlo a veces. Pero eso es igual. Date la vuelta anda, que te lo pongo."
Cloe se giró y se pudo el collar alrededor de su garganta, y sin saber porqué un miedo a ser estrangulada le cosquilleó la médula. Le dejó el cierre a su compañero y oyó el sonido del metal cerrado, notandolo caer en su nuca, "Perfecto." añadió cuando se giró y la miró, "Aún mejor que sin él."
Ella frunció el ceño, pero antes de poder hacer un comentario sobre como hacer piropos, la voz chillona de alguien familiar la interrumpió.
"¡TORTOLITOS! ¡Salid de ahí y venid, que hay que salir ya!" esa era Silenna.
"¡NO DES VOCES QUE TE VA A OÍR MEDIO REINO!" y ese era Lon.
"¡Callaros ya los dos!" ¿Kiet? ¿es que estaban todos en la zona de las chicas?
"Vámonos ya, anda." dijo la joven del pelo azul, "No querríamos que Silenna y Kiet se cargaran a Lon, ¿no?"
"Ah, ¿no?" la princesa le pegó un codazo entre risas, "No, claro que no, por supuesto que no."
Todos estaban en la entrada del ascensor. El vestíbulo era una sala circular con un ascensor cilíndrico empotrado en la pared. El suelo era de madera pulida y clara y la pared también, pero un poco más oscura. Había siete puertas para siete reinos, a las que tendrían acceso cuando quisieran, veinticuatro horas los siete días de la semana y los trescientos sesenta y cinco días del año. Las princesas, Fenzy y Silenna, llevaban vestidos; los chicos, esmoquines. Parecían incómodos con ellos y era gracioso verles ajustándose la ropa para buscar algo que les hiciera rascarse. La situación era muy extraña, ya que parecía una boda para una pareja que ahora mismo no estaba consolidada.
Sin ninguna palabra más, se metieron en el ascensor, organizados en una forma circular. Era todo silencio y suspiros de nerviosismos.
Las ceremonias de restauración de zonas regionales eran algo entre paréntesis dentro de la soberanía y les ponía nerviosos a todos, incluído el pétreo Lon. Era algo simple, pero a la vez algo el lo que había que poner mucha concentración. Cada príncipe y princesa tenía una función determinada: lo único que había que hacer era acumular esencias de cada elemento en una voluta de vacío, y dejar que explotara para que todos los poderes se esparcieran. Fenzy hacía el aire correr; Kiet hacía que la vegetación floreciera; Cloe y Zak se regulaban el uno al otro; Uriah creaba los reflejos y las opacidades de los colores, regulando la luz; Lon colocaba las arenas, barría la tierra seca y creaba surcos para dejar correr el agua que Senza debería crear. Pero en esa ocasión Cloe y Zak se ocuparían de eso. Era irónico que Lon tuviera un papel muy diferente a la que le distinguía, ya que su principal poder era la ceniza. Pero siempre se explicaba que se decía ceniza porque el control de Lon era sobre las partículas granuladas, así como la arena, las cenizas o la tierra. Eso sí, a Lon le encantaban las cenizas del fuego y le encantaba moverlas. Tenía mucho poder.
Finalmente, la Princesa de los Astros y las Estrellas dejaría que las estrellas brillaran y determinados planetas se vieran desde Punta Central. Tenía un gran papel en la noche, ya que gracias a ella, las estrellas brillaban y la noche no era tan oscura. Ésta ahora suspiraba, con la mirada baja y su timidez a ser observada tan detenidamente. Odiaba ser analizada tan detalladamente, no podía soportarlo. Levantó la mirada desde su cortina de pelo rubio avellana, y vio las manos de Kiet y Fenzy juntas detrás de la sombra de sus figuras. Se apartó el pelo de la cara de un manotazo algo pijo con una sonrisa satisfecha de conocimiento y miró a Cloe. Ésta sólo se encogió de hombros, al igual que Uriah, quién también les había visto. Parecía ser que no eran solo imaginaciones suyas y había algo entre esos dos.
La idea no sería tan descabellada desde los acontecimientos que tuvieron lugar ayer. Se emitió un comunicado oficial desde el reino de Hefredon, que anunció que desde el fallecimiento de Caleb, se había analizado su testamento. Y decía algo claro: el cargo de príncipe del Reino de los Árboles recaería en el máximo cargo de la armada del reino. Y ese peso caería directamente en los hombros de Kiet como pluma de enero. Todavía no era príncipe en hechos legales, pero no tardaría en serlo. Eso le limpiaba un poquito el camino a Kiet hacia Fenzy. Menos mal.
El Ascensor no tardó en parar, y una cúpula se abrió para dejarles ascender hacia el suelo terrenal. Se oía a la gente hablando, se veía el cielo azulísimo con manchas de nubes entorpeciendo al pequeño sol. De hecho, a Fenzy le pareció oir aplausos. También se veía el cielo un poco distorsionado en una parte concreta, y Zak supo que eso debía ser el vacío.
Y aparecieron.
Fueron recibidos con aplausos y gritos de alegría, que aumentaron cuando empezaron a saludar al público. Incluso Cloe lo hacía, sonriendo y dejando que la gente le diera la bienvenida. Aunque eso ya lo había hecho él a su manera.
La gente se había agalopado alrededor del centro de la nueva zona, y era rarísimo ver a gente con abrigos de invierno y a otros en tirantes h bermudas. Algunas niñitas iban en bikini y todo. Había arcos de madera blanca con rosas rodeándolos, y había un arco por cada salida del centro dónde estaban los soberanos, por lo cuál había cuatro arcos. Setos rectangulares enmarcaban cada camino y algunos sauces llorones se veían en la distancia. El viento sur, pesado y vago, daba un calor abrasante a los asistentes, y rasgaba las nubes que corrían en distinta dirección, manchando aún más el cielo. Seguía siendo bonito de todas maneras, así que mejor no quejarse.
Cuando todos empezaron a separarse, Kiet hizo lo mismo, igual de desacostumbrado que Cloe. Si uno no era principiante, la otra estaba desentrenada. Los soberanos alzaron los brazos, y la gente hizo lo mismo, cómo si fuera un tributo. Nadie lo sabía, pero Zak, Fenzy, Kiet y Cloe pensaban en los Guerreros de la Estrella con toda su alma. Esto era un regalo para ellos, era su tributo.
El ritual fue rápido y silencioso. Silenna bajó los brazos y sacó pecho, y una bola morada con brillos rosados se metió en el vacío para desaparecer. Sólo había que aumentar la presión de su interior para que explotara y sacara todas las esencias, luego se esparcirían solas. Lon sacó su esencia con un movimiento con las manos juntas, como si abriera unas alas. La voluta era como una concentración de humo. Después, Zak creó una bola de luz increíblemente parecida a la que le cedió a Cloe tiempo atrás, y ésta se fusionó hasta desvanecerse. El elemento de Fenzy era invisible, y ésta lo creó sigilosamente con pocos movimientos. Lo mismo pasó con Uriah, pero los colores de una aurora boreal uniéndose al vacío no pasaron desapercibidos. Y ya sólo quedaban Kiet y Cloe. La peliazulada sacó su bastón, ya desvinculado al de Zak, y empezó a segregar torrentes de hielo al vacío. Un tirón ambicioso quería que congelara el vacío, pero eso era materialmente imposible. Una vez ésta terminó, Kiet hizo crecer un tallo que quiso ser absorbido por el vacío, pero unos segundos más tarde, el aforo estaba completo.
Una gran explosión arrasó con la zona, que aunque sonara apocalíptico, era buena señal si había sido inmediato. Nadie se desmayó y aguantaron las ondas de poder, aplaudiendo un poco más tarde al contemplar los cambios que habían tenido lugar en unos segundos.
El tallo que conectaba el vacío con el suelo absorbió el poder y creció hasta ser un alto sauce llorón. El viento ya no era sur, si no norte que reparaba las nubes rotas y refrescaba a la gente. La hierba estaba más verde y se movía al ritmo de la brisa, creando un suave murmullo. El sol brillaba aún más de lo normal y la tierra era más firme, dura. Ya no era todo tierra seca con algún brote, si no tierra firme y fértil. La luz era cálida, pero sin ser abrasante. Antes, todo era fruto de una reparación destinada a desaparecer. Ahora, gracias al sello de los soberanos, todo sería como si llevara ahí toda la vida.
Era el nuevo comienzo que todos buscaban.
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«Querido diario,
Llevaba mucho tiempo buscandolo.
Empiezo a llevar mi vida con tranquilidad desde aquel fatídico día. Está todo tan tranquilo... Me empiezo a acostumbrar a ello a mi velocidad. Buscaba estar quieta, inmóvil en un mismo lugar durante más de dos días. Ha pasado todo rapidísimo mientras esperaba a que terminase, y de un soplido, se acabó. Lo siento muy distante a mi retentiva, como si hubiera visto una película en vez de haberla vivido. Sé que no fue un sueño: la idea de que parezca un sueño me ataca cada día y cada vez que lo pienso me parece una idea menos descabellada.
Pero... a pesar de que fuera una pesadilla para mí, la verdad es que algo en mí lo echa de menos.
Es duro admitirlo, pero es la verdad. A la vez que lo quería lejos de mí, siento un vacío en mi corazón cada vez que me miro al espejo. Me veo tan extraña, como si fuera un estorbo que sobrara, fuera de lugar. Estoy extremadamente confundida conmigo misma, no sé que sentir o qué pensar. Mucha gente me pregunta qué me pasa, pero no logro responderles y cuando lo hago, se inventan su propia versión. Es muy frustrante.
He llegado a la conclusión de que estoy buscando algo que todavía no he encontrado. Hay algo en mi interior que no cuadra, tengo la mente desordenada y unos dolores de cabeza que no puedo con ellos. Nunca creí que semejante odisea fuera a dejarme una cicatriz tan grande como este vacío.
De todas maneras, poco a poco, voy encontrando mi espacio en el reino. Y sigo sintiendome fuera de lugar. Es como si fuera una pieza en su lugar pero que no ha sido colocada aún. Las piezas van alineándose una tras otra, y sé que podré llegar al futuro cuando me haya encontrado. Y sólo podré encontrarme cuando descubra qué es lo que me falta para estar completa.
A veces pienso que tanta pesadilla y batallita mental conmigo misma me ha mermado hasta quedarme así. No puedo echarle la culpa a nadie de mi situación actual, porque ha sido culpa mía. Lunna me exigió que me diera una oportunidad, pero no es tan fácil. Siento muchísimas cosas que son el principio de hipótesis y filosofías, y hay tantas que no logro terminarlas.
Miro atrás sin quererlo en busca de alguna pieza que me dejara por el camino, y no puedo evitar pensar qué me hace sentirme tan miserable. No es remordimiento, tampoco es tristeza ni algún atisbo de enfermedad. Es un simple vacío, como si mi vida no tuviera sentido. Mis amigos me ayudan, pero están ocupados con sus cosas mientras yo me hundo en un vaso de agua. Yo antes no era así, no tenía estos altibajos. Estoy confundida y creo que no tengo remedio. En cualquier opinión cabría dicha oración y palabras.
Incompleta, vacía.
Tänpo me recomendó que escribiera un diario. A veces me olvido de cosas ocasionales, y así, siempre que me olvide, el diario me lo recordará de nuevo.
Ayer intenté visitar la tumba de Lunna. El cementerio estaba vacío y fantasmal, distaba de cuidados y las flores estaban marchitas. Nada más pasar por la porticada de barras, tenía el sabor de la muerte en el paladar. Las flores que llevaba se desanimaban entre la nieblina del cementerio, y andar entre tumbas me daba escalofríos. Iba lentamente y procuraba no chocar con las lápidas. Las había cuadradas y triangulares, incluso con forma de cruz. El aire estaba muerto y volaba entre mis mechones de pelo.
No tardé en encontrar (o más bien chocar) con una casa bastante parecida al Templo Nieve, ubicado en la nuca de Laynn. Era un poco más pequeña y cuca, con un montón de marcas en el granito pulido. Entré en el palacete mortuorio y no tardé en caer en que Lunna debía estar enterrada ahí – lo sentía. Encendí una antorcha y avancé, encontrando (o chocando de nuevo, maldita mi torpeza) con la tumba cuadrada de alguien que resultó no ser Lunna. La tapa era de oro, no de cuarzo como me esperaba. Había posaderos al lado para poder leer las inscripciones, lo cual me facilitó identificarla.
Quimera.
15 de mayo, año 4 - 16 de septiembre, año 75.
Siempre será querido y nunca olvidado.
Lo que despertó mi curiosidad fue que había flores encima de la tumba, y no eran mías en absoluto. Eran frescas, llevaban ahí por lo menos dos días. Eran bonitas, blancas con bordes azules violetas con el polen amarillísimo. Me preguntaba quién se las dejaría, porque nadie parecía haber estado allí en mucho tiempo: la verja estaba sucia y sin aceite, no había ni huellas en el suelo (son fácilmente detectables por la blandeza del suelo). Tampoco había rastro de flores frescas en ninguna tumba. ¿Habría sido Lunna, el fantasma del pasado que quería reunirse con Quimera? Quién sabe. Las mezclé con las mías creando una bonita macedonia de colores, azul con blanco impoluto y pestañas de naranja y amarillo. Me fui después de eso, desfragmentando el enigma de camino a casa.
Me paré antes de salir de aquel lugar, y toqué el guión entre la fecha de la muerte de Quimera y su nacimiento, con un sólo pensamiento corriendo por mi cabeza. Todo lo que pasó dentro de ese guión y cuantas vidas tocó. Nunca creí que una mera grafía ortográfica fuera a conducirme hacia tanto pensamiento, y es que nunca me dí cuenta hasta entonces de lo mucho que dicen algunas cosas pequeñas. Un simple guión que debería resumir su vida; una línea de dos centímetros para abarcar 71 años que vivió y todo lo que sintió por aquel entonces. Ojalá pudiera meterse dentro del guión y mirar por sus ojos para experimentar sus emociones.
He aprendido mucho en este viaje, pero he pagado un precio muy alto por ello. Es cierto que he sacado cosas buenas, pero aún tengo que valorar lo malo y tengo miedo a que salga perdiendo.
Éstos días no he estado durmiendo bien. Los guardias vigilan a Senza día tras día, y lo ven como un perro de presa. Algunos días lo pierden de vista y no esta en su celda, otros aparece en otra. Temo que una noche aparezca detrás de mí y haga algo arriesgado, tratarme como una marioneta. Soy una presa fácil para él, y los guardias todavía se preguntan qué hace exactamente para teletransportarse de una celda a otra. Sinceramente, me encantaría preguntárarselo personalmente, pero es arriesgado y muy descabezado. No fue una buena idea meterle en mi reino: está siniestro y a veces oigo ruidos desde el piso debajo de mi habitación, el laboratorio de pruebas. Coquetea con las tinieblas como si tuviera la situación controlada, pero sé que lo perderá como perdió la razón.
No sé que va a pasar a partir de ahora, pero sé que tendré que ocuparme de ello por mi cuenta en su mayoría. Sólo esperemos que no tarde mucho en encontrar eso que me falta antes que Senza lo haga y lo haga añicos.
Cloe.
•¿fin?•
AGRADECIMIENTOS:
kiarika hajime 94
soniasc94
Stefan
Ivy J
Guest(s)
yuyi33
juniorjpro
Sendokai Lover
alodp
Raul
elena
mari
gogetass4
Princess Luna
Little Fan
Violetadelcielo (por el follow, no me olvido.)
MUCHAS GRACIAS POR TODO EL APOYO PRESTADO 3
Zak, Cloe, Fenzy, Kiet, Lon, Tänpo y Kento pertenecen a sus dueños correspondientes, distribuidores y creadores de KOTOC© y RTVE©
Todos los demás personajes me pertenecen, así como los escenarios y demás que NO pertenecen a la serie original, DC: Sendokai. Ésta historia se hizo con propósito de entretenimiento y nunca como bebeficio económico que Fanfiction nunca presta.
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Ahora te estarás preguntando, ¿qué pasará ahora?
Buenos días, soy icechipsx, la autora de este fic. Quizás no te hayas parado a mirar mi nombre, te lo refresco pues. Ha sido un placer escribir este fic y desarrollar esta historia, y sobre todo recibiendo el apoyo de los mencionados arriba. Me siento contenta con el trabajo realizado y no dudo que vaya a haber una secuela como consecuencia de esto.
¿Cuándo? Veamos... no puedo poner fechas de momento, cosa que me dificulta concretar pero me quita presión. Por el monento, debo terminar un fic y empezar uno o dos de DC: Sendokai. Cuando estén ambos publicados y tenga ya todo preparado (siempre hago un esquema y resúmenes de los capítulos) empezaremos con la sequela. Para antes de Navidad debería estar publicado. En todo caso, pasad por mi perfil a menudo y publicaré fechas.
De ésta secuela sólo puedo deciros que seguirá siendo AU y Cloe conservará su rol de protagonista. Será más corto y tenga que incluir cosas nuevas que se explicarán en su debido momento.
Ahora os agradecería que me dejarais una review larga para terminar, y os responderé por privado a todos los miembros de fanfiction.
De momento, un saludo, ¡os veré por FF!
•icechipsx, con mucho amor.
