Capítulo 11

Damon se despertó al notar los primeros rayos de sol impactándole en la cara. Maldita sea, no se había acordado de correr las cortinas. Levantó instintivamente la mano para cubrirse de la luz y entonces se percató del cuerpo femenino que dormía enroscado encima de su pecho. Los recuerdos del día anterior le vinieron de golpe a la cabeza al percibir el aroma dulce de Elena. Se apartó de ella con cuidado de no despertarla. Elena hizo una mueca y se removió, pero acabó abrazándose a una almohada y siguió durmiendo profundamente. Damon se quedó sentado encima de la cama y la miró. Recordó que se habían quedado dormidos y que ninguno de los dos había tenido ni intención ni ganas de separarse. Le retiró un mechón rebelde de la frente y sonrió. Ni siquiera se había lavado la cara, seguía con la mancha de pintura que él le había hecho. Y estaba adorable.

Mientras la veía dormir, recordó la rabia que había sentido al ver a Stefan intimidándola y cómo le había dolido y a la vez reconfortado, poder contarle porqué se había tenido que ir de casa cinco años atrás. Lo que no era tan placentera era aquella sensación de incertidumbre que le oprimía el pecho. Finalmente, se levantó de la cama y bajó a la cocina. Se estaba enamorando de Elena. No tenía ni idea de cómo lo sabía, porque no se había enamorado jamás de nadie, pero tenía la certeza. Sabía que lo que sentía por ella era mucho más que aquella atracción que le había dicho que había entre ambos. Muchísimo más. Y estaba muerto de miedo. Él, que nunca tenía miedo de nada.

Terminó los restos de café del día anterior y se comió un par de galletas. ¿Qué iba a hacer ahora? Ya no era solo que ella fuera la novia, o ex novia, de su hermano; lo que más le preocupaba era que aquellas emociones eran totalmente nuevas para él y no sabía como manejarlas. Se había convencido todos aquellos años de que no estaba hecho para el amor, y sin embargo ahí estaba, acechándole donde jamás lo hubiera esperado. No podía decírselo a ella. ¿Y si lo rechazaba? Él no le era indiferente, lo había notado cuando se habían besado, o cuando habían estado a punto de volver a hacerlo en el suelo del salón. Pero eso no significaba que sintiera lo mismo que él, y mucho menos que quisiera que hicieran algo al respecto. Si es que ni siquiera él tenía muy claro qué quería hacer, si intentar tener algo con ella o dejarlo pasar como estaban haciendo hasta ahora. En medio de todas aquellas dudas estaba la sombra de los recuerdos: lo más cercano que había tenido jamás a una relación con una mujer había sido su compromiso con Rebekah. Y no era precisamente una buena experiencia en la que fijarse.

Se puso en alerta cuando escuchó ruidos en el piso superior. No estaba preparado para encontrarse a Elena de frente todavía. No con el lío que tenía en la cabeza. Así que agarró su chaqueta y salió. No tenía ni idea de a donde ir, pero ya se le ocurriría algo. Decidió, que por lo pronto, haría la compra.


Elena agradeció el agua demasiado caliente resbalando por su piel. Por la noche ni siquiera se había duchado, así que tenía restos de pintura por todo el cuerpo. El agua también le ayudó a aclarar las ideas. Cuando se había despertado sola se había sentido triste. Recordaba perfectamente la sensación de dormir entre los brazos de Damon. Cómo él, dormido, la había agarrado y la había atraído contra su pecho. ¿Porque se habría ido y la había dejado allí sola? Se había sentido decepcionada al darse cuenta de que él se había marchado.

Elena sabía que había dado un gran paso con Damon el día anterior cuando habían hablado de su pasado. Todavía quedaban algunos cabos sueltos, pero sabía lo difícil que le era abrirse a los demás y no podía evitar sentir que entre ambos había algo especial, que él no le habría contado lo de sus padres a cualquiera. Con una sonrisa boba dibujada en la cara, acabó de enjabonarse, alargó un brazo para agarrar una toalla, y se la ató a la cintura. Iba a hablar con él. En cuanto se vistiera y bajara, hablarían de lo suyo. No pensaba posponerlo más. Su decisión de terminar con Stefan era definitiva, después de como se había puesto el día anterior no quería volver a saber nada más de él. Al menos no románticamente. Y además, era evidente que las cosas ni eran como antes, ni volverían a serlo, porque no era Stefan el que ocupaba un 99,9% de sus pensamientos. Se acabó de vestir y de cepillar el pelo y bajó decidida. Él había sido el que había establecido que entre esas cuatro paredes iban a hacer lo que les apeteciera. Pues bien, no había nada que le apeteciera más a Elena en aquel momento que estar con Damon. No quería pensar en las consecuencias, ni en las complicaciones, estaba intentando vivir el momento. Algo que apenas unas semanas antes era impensable para ella. Pero quería volver a sentir lo que había sentido mientras dormía con él. Y mucho más. Sin embargo, cuando Elena acabó de rebuscar por toda la planta de abajo, se convenció de que Damon no estaba en ninguna parte. Y cuando volvió a mirar el reloj y vio que ya era la hora de comer y seguía sin regresar, empezó a temer que tuvieran que dejar la conversación para otro día.

Elena se puso a pintar porque necesitaba distraerse y porque tenía que terminar su book. Y mientras acababa de sombrear un retrato, se le encendió la bombilla y se dio cuenta de que Damon estaba huyendo de ella. Él llegó a casa a las seis y no dijo más que un "hola" entre dientes mientras subía a su habitación. Luego se encerró con la excusa de trabajar. No quiso ni siquiera abrirle la puerta, y cuando Elena se cansó y entró, él se escapó corriendo diciéndole que tenía prisa.

A las doce de la madrugada, Elena se hartó. No le respondía a los mensajes, ni a las llamadas y empezaba a estar muy enfadada. ¿A que venía esa actitud? ¡No tenía ningún sentido! ¿Se arrepentía de haberse sincerado con ella? ¿De haberla dejado dormir en su cama? Fuera lo que fuera, no era motivo suficiente para comportarse como un niño pequeño. Él había sido precisamente el que le había dicho que tenía que enfrentarse a sus problemas más de una vez. ¡Qué irónico!

Sabía perfectamente donde encontrarle. Entró en el Grill y echó una ojeada entre la multitud. No tardó en verlo apoyado sobre la barra, con un vaso – que ella dedujo que era de Bourbon – en la mano. Tenía que pensar. Si se acercaba a él abordándole como había hecho horas antes muy seguramente acabaría por ahuyentarlo. Mientras pensaba, medio escondida al lado de la puerta de entrada, vio como una pelirroja se acercaba a Damon con descaro. Él pareció seguirle el juego, sonriéndole y tonteando con ella. Y eso le dio mucha rabia. Tanta, que sus sentimientos le dieron la respuesta exacta sobre lo que debía hacer para llamar su atención. Damon aún conversaba con la pelirroja cuando ella pasó por su lado, dándole un codazo a la chica "sin querer". Vio como Damon abría los ojos como platos al verla, y justo cuando él parecía dispuesto a salir corriendo una vez más, Elena le dio la espalda y empezó a bailar con un el primer chico que se le cruzó por delante.

Damon frunció el ceño. ¿Qué estaba haciendo Elena allí? ¿Y que hacía frotándose con un desconocido? La pelirroja pesada que llevaba una hora intentando reclamar su atención desistió al ver que él directamente la apartaba para mirar la pista de baile. Sus ojos se cruzaron con los de Elena un segundo, y hubiera jurado que ella le sostuvo la mirada a propósito, sonriéndole con descaro. ¿Pero que se había pensado? ¡Aquel tipo estaba sobándole la cintura y ella no hacía nada! Por un momento, los celos se antepusieron a los miedos de Damon y se dirigió hacia Elena, apartando por el camino al "bailarín" de un empujón y sin pedirle ninguna disculpa.

- ¿Lo estás haciendo a propósito, no? - preguntó mirándola a los ojos. La tenía agarrada de la cintura y sus narices casi se tocaban.

- Sí – Respondió ella con el mismo tono de voz. Estaba muy enfadada. Damon se apartó unos centímetros de Ella, pocos, para poder oírla por encima de la música. - Llevas todo el día huyendo de mi. ¿Porqué?

- Elena este no es el mejor sitio para hablar.

- No, yo tenía intención de hablar en casa, pero cómo llevas esquivándome todo el día, no me ha quedado más remedio que venir a buscarte ¿Es que te he hecho algo?

- ¡No! No, claro que no.

- ¿Entonces? ¿A que viene tu actitud? ¿Ayer dormimos juntos y hoy no eres capaz ni de mirarme a la cara? Explícame de que va todo esto porque no lo entiendo.

Damon la vio preocupada y se sintió culpable. Precisamente con ella no ocurría nada, el problema era él, que era un idiota. Se acercó más a ella, apretándola contra su pecho y le agarró las muñecas para colocarle las manos sobre sus hombros. La gente los estaba mirando. Sabía que eran uno de los últimos cotilleos de moda en Mystic falls, y cuanto menos espectáculo dieran, mejor. Siempre había odiado que hablaran de él. Y por desgracia, sabía que era un tema recurrente. Disimuló meciéndose al ritmo de la música mientras acercaba sus labios a la oreja de Elena.

- Perdóname. Esta situación es un poco extraña para mi. Tu, yo, Stefan...

- He terminado con Stefan – afirmó ella deteniéndose. Pero Damon siguió moviéndose, obligándola a seguir ella también. - Stefan no es un problema.

- Sigue siendo mi hermano, Elena.

- No uses a Stefan de excusa. Él no tiene nada que ver en esto ahora mismo y tú lo sabes.

- Elena...

Esta vez fue Damon el que se detuvo, alejándose de nuevo para mirarla a los ojos. Seguían abrazados, ella con las manos en su cuello y él rozándole la cintura.

- Mira, no se que te pasa – siguió ella sin apartarle la mirada – Y si realmente es lo de Stefan, tienes que saber que no voy a olvidarlo ni hoy, ni mañana. Hace muy poco estábamos planeando ir a vivir juntos y ha sido una parte muy importante de mi vida. Siempre lo será. Pero ahora no es él en quien pienso a todas horas, ni con quien me apetece estar.

Damon se quedó blanco. No sabía que decir, ni como reaccionar, solo quería que ella siguiera hablando. Que le dijera lo que él se estaba muriendo de ganas de oír.

- Llevo todo el día intentando hablar contigo, decirte que he tomado una decisión ¿Te acuerdas de nuestro trato? ¿De hacer lo que nos apeteciera?

Damon asintió.

- Pues hay una cosa que deseo hacer con todas mis fuerzas ahora mismo.

Damon vio como la mirada de Elena se desviaba hacia sus labios y estuvo a punto de avanzarse y besarla con todas las ganas que tenía. Y a la mierda el miedo. Pero tenían demasiados pares de ojos clavados en ellos en ese momento. El corazón le iba a mil por hora mientras la agarraba de la mano y se la llevaba bien lejos de allí.

En el otro extremo del bar, Caroline apoyó la cabeza sobre el hombro de Tyler. Sabía que sus sospechas eran ciertas. Elena tenía algo con Damon. Tyler le hizo dar una vuelta al ritmo de la música y ella siguió los pasos de baile de forma mecánica, con la cabeza en otro sitio totalmente distinto. Había sido una casualidad que justo aquella noche se encontraran en el grill. Ella y Tyler habían discutido como de costumbre, y para hacer las paces, habían decidido salir a tomar unas copas con los amigos de él. Que eran unos auténticos capullos, pero ese era otro tema.
Había visto a Elena y a Damon bailar en un rincón, pero sobretodo, les había visto mirarse. Aquella mirada no daba lugar a dudas. Se preguntó cómo Elena podía ser capaz de hacerle eso a Stefan. La noche anterior él la había llamado desesperado. Caroline conocía a Stefan de toda la vida, así que también lo consideraba un buen amigo. Había estado horas consolándolo y curándole la nariz, a pesar de que él no hiciera más que soltar incoherencias sobre puñetazos y sobre Damon y Elena. Al final había deducido que Stefan empezaba a creer que se habían reído de él, y era doloroso comprobar que el pobre después de todo parecía tener razón. Era cierto que en todo el rato que les había estado observando no les había visto besarse, pero tampoco le hacía falta. Había visto como eran incapaces de apartar las manos el uno del otro, y como se habían ido a casa con las manos entrelazadas. Damon estaba transformando a Elena. Ella no era así, ella jamás le hubiera hecho daño a Stefan. Ni siquiera lo hubiera dejado si Damon no se hubiera empeñado en regresar y en meterse en sus vidas. Caroline sabía que no era asunto suyo, pero eso jamás la había detenido para hacer lo que ella creía que era lo correcto. Damon no era bueno para Elena, ni siquiera reconocía a su mejor amiga últimamente. Mañana mismo hablaría con Stefan y encontrarían una solución a todo aquello.


El viaje en coche hasta casa fue tenso. Damon se mantuvo con la mirada fija en la carretera mientras Elena disimulaba mirando por la ventanilla. Llegaron a casa en cinco minutos, y en menos de tres segundos Elena ya había salido del coche y estaba dentro de casa, esperando a que él entrara con los brazos cruzados. Damon pensaba que su última confesión habría suavizado las cosas, pero se equivocaba a juzgar por la mirada de ella. Había sido un truco para llevarle a casa.

- Todavía estoy esperando que me expliques de que va esto.

- Lo que me has dicho en el bar, lo que tenías ganas de hacer... ¿Era verdad o ha sido simplemente un truco?

- Claro que era verdad – respondió ella ofendida.

Damon se acercó a ella, dispuesto a besarla de una vez y a zanjar esa maldita discusión, pero ella le puso una mano en el pecho y se apartó.

- No Damon, no vas a huir más. Primero quiero saber que te pasa.

- ¡Maldita sea! ¿Quieres saber que me pasa? - chilló empezando a caminar por el salón – Me pasa que esto es completamente nuevo para mi. Que no puedo pensar en otra cosa que no sea en ti desde el momento en el que bailamos en el cumpleaños de mi madre. Que aunque se que no es correcto, no puedo dejar de desearte a todas horas y que este mes ha sido un continuo infierno para mi porque te tenía delante y no podía tocarte. Que se que acabas de salir de una relación, nada más y nada menos que con mi hermano pequeño y no tengo derecho a pedirte nada, y que ni siquiera se que es lo que quiero pedirte, porque mi experiencia en estos temas es desastrosa y horrible y la última vez que tuve algo más que un rollo de una noche con una mujer acabe destruyéndola. Eso es lo que me pasa, que cuando me he levantado esta mañana y te tenía entre mis brazos me he sentido completo por primera vez en mi vida y que no tengo ni la menor idea de cómo enfrentarme a esto. ¿Satisfecha?

Lo había soltado todo del tirón, sin respirar y ahora estaba haciendo serios esfuerzos para recuperar el aliento. A Elena se le subió el corazón a la garganta. Se le nubló la razón, no pudo pensar, solo siguió sintiendo esa sensación en el estómago, el millón de mariposas revoloteando desbocadas. Más que mariposas, eran bisontes, a juzgar por el ritmo que llevaban. Se acercó a él en tres zancadas, le puso las manos en las mejillas y lo besó. Sin más, sin responderle ni esperar más explicaciones. Ya había tenido más que suficiente. Había tenido miedo de que él no quisiera estar con ella, de que la rechazara. Y resulta que lo único que sucedía era que él también tenía miedo.

A Damon el beso lo pilló por sorpresa y le costó reaccionar, mientras ella acariciaba sus labios con insistencia. Sin retirar las manos de sus mejillas, Elena se puso de puntillas, apoyó su frente en la de él y susurró contra sus labios

- A mi me pasa lo mismo.

- ¿De verdad?

- Sí. Y no quiero resistirme más.

Y ahí Damon se perdió. Fue él el que la agarró esta vez de ambas mejillas y la atrajo contra su cuerpo, devorándola con sus labios y su lengua. ¡Cómo había echado de menos su sabor!. Sus manos descendieron por todo su cuerpo, queriéndolo acariciar por completo. Damon siempre había tenido mucho control, sabía donde tocar a una mujer para excitarla, pero en esos momentos el control se había ido por la ventana y no podía pensar en nada que no fuera seguir tocándola. Por todas partes.

Ella tampoco se quedaba atrás. Destrozó la camisa de Damon porque no tuvo paciencia para desabotonarla, se la sacó como pudo y la lanzó contra el suelo. Sus manos circulaban por su musculoso pecho sin pedir permiso, descubriendo y palpando a sus anchas. Cuando Elena agachó la cabeza y empezó a trazar una linea de besos desde cuello hasta su ombligo, Damon pensó que iba a explotar. Volvió a agarrarle la cabeza por las mejillas y la hizo regresar a su boca, mordisqueándole el labio inferior mientras la aupaba, haciendo que sus largas piernas se enroscaran en su cintura. Ella notó su evidente erección, pero esta vez no salió corriendo, al contrario, se frotó descaradamente contra él.

Sin dejar de besarse ni un segundo, Damon subió con Elena en brazos hasta el piso de arriba. Cuando la dejó en el suelo, ambos lucharon contra la hebilla de su cinturón y cuando atravesaron la puerta del cuarto de Damon, no les quedaba nada más puesto que la ropa interior. Elena lanzó a Damon sobre la cama y se colocó encima, siguiendo su exploración con los labios y la lengua. Damon gimió cuando ella le mordisqueó el pecho. Decidido, giró con ella encima hasta colocarla debajo de él, mirándola con ojos hambrientos. Su cuerpo era tan perfecto cómo había imaginado, cómo había intuido que sería debajo de esos minúsculos pijamas. Descendió por su cuello y masajeó uno de sus pechos con la mano y con la lengua, apartando la tela del sujetador.

Elena estaba fuera de si. Evidentemente no era virgen, pero aquel cúmulo de sensaciones no lo había experimentado jamás. Damon seguía entretenido con sus pechos, el sujetador ya estaba tirado en el suelo mientras él la atormentaba mordisqueando y tentándola. Cuando él descendió hacia sus muslos Elena gimió y se retorció, enredando los dedos en sus mechones oscuros.

Damon se perdió en su sabor. Había soñado tantas veces con aquello que le parecía imposible que fuera real. Siguió torturándola con la lengua, introduciendo primero un dedo en su interior, luego dos, mientras seguía dándole placer con su boca.

- Damon, por favor...

Notó como ella se tensaba alrededor de sus dedos, como encogía las piernas y cómo explotaba de placer, gritando su nombre de una forma que lo hizo enloquecer de deseo.

Ella todavía estaba intentando recomponerse del orgasmo cuando él se colocó encima. Se sacó los calzoncillos y frotó su erección contra su centro, desesperado por estar dentro de ella.

- Elena no puedo más, necesito...

La súplica, acompañada de la desesperación que vio en sus ojos, la hizo sentir la mujer más dichosa del universo. Con una sonrisa y una caricia en la mejilla, le rodeó las caderas con las piernas, dándole total acceso. Él no dudó; la embistió primero con cuidado, luego con determinación. Y tuvo serios problemas para no perder el control antes de tiempo. Ella le clavó las uñas en la espalda mientras arqueaba su espalda para acercarse más a él. Encontraron el ritmo en cuestión de segundos, encajando a la perfección. Cuando ella alcanzó su segundo orgasmo, él no pudo más y se derramó dentro de ella, sintiéndose como jamás se había sentido con ninguna mujer.

Permanecieron en silencio sin moverse, él encima de ella y ella acariciándole la espalda desnuda y empapada de sudor, todavía con una sonrisa en los labios. Había sido alucinante. Cuando él se dio cuenta de que la estaba aprisionando con su peso, intentó levantarse, pero ella lo abrazó y no le dejó moverse. Le gustaba la sensación de tenerlo allí, todavía dentro de ella. No estaba bien compararlo justo en ese momento con Stefan, pero es que no había comparación. Stefan era siempre comedido, dulce, incluso demasiado en ocasiones. Damon había sido un torbellino de pasión y jamás se había sentido tan excitada en toda su vida. Tras unos minutos, permitió que Damon saliera de ella y se tumbara a su lado. Él extendió el brazo, y ella se acurrucó contra su pecho, agarrando las sábanas para cubrirlos con ellas. No pensaba volver a dormir en su cama nunca más.

- Ha sido... - murmuró él contra su pelo.

- Increíble – concluyó Elena acurrucándose más contra él. Notó como él le daba un suave beso en la cabeza.

- ¿Qué vamos a hacer ahora?

- Lo que nos apetezca, ¿no era ese el trato? Ya pensaremos en los inconvenientes otro día. - Añadió levantando la cabeza para mirarlo.

Damon soltó una carcajada al ver cómo había cambiado desde que se habían conocido. Y como le gustaba. Inclinó la cabeza y la volvió a besar. Un roce suave que enseguida se convirtió en un beso exigente. Elena se colocó a horcajadas encima de él y él se dio cuenta de que volvía a estar muy excitado. Cuando ella se introdujo su miembro y empezó a rotar las caderas sensualmente encima de él, tuvo la certeza de que no quería perdérsela más. De que malditas fueran las consecuencias, tal y como ella había dicho. No iba a pensar más allá, iba a vivir el momento y a disfrutar plenamente de aquello. Y mientras ella le mordisquearle el lóbulo de la oreja, tuvo la sensación de que jamás se cansaría de Elena.

Este es algo más cortito, y evidentemente +18 pero después de 11 capítulos... ya tocaba, no? ;) espero que os haya gustado. Y mil gracias por las reviews, no sabeis la ilusión que me hace cada vez que os leo! y cómo me gusta ver que se añade gente nueva. Un abrazo a todos y gracias por leerme.