30 de Abril de 2013
Sé lo que estáis pensando… sí, la fantasma era la que estaba en el cuarto y, por lo que parecía, se encontraba muy mal.
Me asusté mucho (demasiado) cuando desapareció de repente. Pero es mejor que narre el relato, así os enteraréis mejor del asunto antes de yo explicarlo…
La fantasma desapareció en las narices de Murdoc, que puso cara de circunstancias. Uno de los médicos reparó en el moreno y se acercó a él con evidente ajetreo.
- Por favor señor, aléjese, estamos ocupados.
- ¡Espere!- Interrumpió Murdoc.- ¿Acaso saben lo que le pasa? Yo… venía a visitarla.
El moreno se sintió extraño, muy agobiado. Le sudaban las manos y se rascó la nuca con nerviosismo.
- ¿Viene a visitarla y no sabe lo que le pasa?- Dudó el doctor.
A Murdoc se le cortó la respiración.
- Verá… es una historia difícil de contar…
- Mejor, no la cuente, tengo cosas que hacer.- Dijo mirando el reloj de su muñeca.- Simplemente la encontraron en la puerta trasera de este hospital llena de moretones. Se ha recuperado… pero le dan ataques a menudo.- El moreno pasó saliva.- Si empeora la tendremos que operar. Con permiso…
El médico se fue rápidamente a la dirección contraria, entrando en una habitación.
Murdoc se quedó sin habla, mirando al suelo con evidente tristeza.
Se sentó en una de las sillas, apoyando los codos en las piernas y sus manos tapando su cara.
Comenzó a recordar todos los momentos que tuvo con la fantasma. Las risas, las peleas, los golpes, las reconciliaciones… y todas las veces que pensó que era un estorbo en su vida. Le entró una punzada al corazón cuando se dio cuenta de que había cometido miles de errores con ella.
- Ella no se merecía nada de lo que pensaba…- Murmuró el moreno con la voz quebrada.- Me arrepiento tanto…- Cerró los ojos con fuerza.
- ¿Estás bien?
Murdoc alzó el rostro, encontrándose con la señorita de antes.
- No… No lo estoy.
Los médicos cerraron la puerta de la habitación cuando ambos comenzaron a hablar.
- Tranquilo, se recuperará.- Le consoló, intentando darle un poco de fe.
- No le hice caso cuando me decía que le dolía todo.- Murdoc agachó la cabeza de nuevo.- Solo pensaba en mí mismo… si hubiera cuidado de ella ahora no estaría…
El moreno no pudo pronunciar las palabras que pensó: "A punto de morir". Se mordió el labio inferior con fuerza.
- Ella te quiere mucho, seguro que te perdona.- Le sonrió la desconocida, mirando al frente.
De repente, un agudo y largo pitido se escuchó dentro de la habitación de la fantasma. Murdoc dejó de pensar en ese instante, de respirar y moverse.
¿Es posible que la hubiera perdido?
¿Todo lo que habían vivido se habría esfumado como la arena en una ráfaga de viento?
- Ni siquiera pude decirle adiós…
Murdoc comenzó a respirar agitadamente. Se levantó del asiento y alterado miró a la chica que estaba a su lado.
Para su sorpresa; tenía las manos entrelazadas fuertemente y pegadas al puente de la nariz. Repetía en voz baja palabras que no entendía cual mantra; si el moreno no estaba equivocado, podría jurar que estaba rezando.
- ¿Qué haces? Ya no sirve, para…
La chica no le hizo caso y siguió.
Murdoc frunció el entrecejo con dolor.
- ¡Para! ¡PARA!
- ¡No pararé!- Gritó ella, dejando de rezar.- ¡Ella va a vivir y la harás feliz, por la cuenta que te trae!
- ¿¡Es que no has escuchado el pitido!? ¡Ella se ha ido! ¡Se fue! ¡Está muerta!
Murdoc se calló de repente, analizando lo que había dicho. Notó los ojos llorosos, no entendía su comportamiento; había perdido los estribos y más con una mujer, cosa que no es muy común que la hiciera… y ahora se ponía a llorar…
Y qué mas daría… todo sería igual… ella sería otra vez una fantasma y…
"No, todo no será igual…" Pensó el moreno, hastiado y agobiado de ver que la chica seguía rezando por algo que ya era inútil.
- Por favor, haz que Murdoc crea, y que la chica esté bien, por favor…
- ¿E-estás pidiendo por mí…?- El moreno quedó impresionado.
Murdoc vio a la chica tan entregada, concentrada y sincera, que no pudo evitar sentarse al lado de ella.
Ni él mismo creía no que iba a hacer.
"Que Satán me perdone…" Pensó, juntando las manos. Y comenzó a rezar.
"Bien, no estoy para tonterías, así que iré al grano… Dios, Alá, Buda, o quien esté ahí arriba (si es que está) si me escuchas, me gustaría pedir por esto… espero que no sea en vano… que la fantasma viva, por favor, tengo que decirle todo lo que siento hacia ella… todavía tenemos que vivir muchas cosas, muchas cosas por las que reír, llorar y avergonzarnos…si vive, lo prometo, lo juro, que estaré todo el tiempo que pueda con ella. Que viva, que viva… ¡Que viva!" Rezó con toda la fe que le fue posible obtener en ese momento.
Un sentimiento de calma invadió al moreno, que hizo que se relajara completamente.
- Te concedo la petición.
Murdoc abrió los ojos que permanecía fuertemente cerrados y miró a la chica, que yacía en frente de él, con una mirada apacible y humilde.
- ¿Q-qué…?
La chica desapareció sin decir ninguna palabra.
El moreno quedó en la misma postura en la silla, contrariado. Respiraba fuertemente, intentando asimilar que ella era como una especie de divinidad.
- Seas lo que fueres… gracias.
Los médicos comenzaron a salir de la habitación con paso lento y ordenado, cerrando la puerta con especial cuidado.
El moreno se levantó de la silla como un muelle, esperando que les dijeran algo.
- ¿Q-qué ha pasado?- Preguntó agitado.- ¿Está bien?
Algunos médicos se dispersaban, sólo una doctora se quedó hablando con él.
- ¿Es familiar?
- Eh… sí, soy su hermano mayor.- Fue la primera mentira que se le ocurrió. La doctora se ajustó las gafas que llevaba.
- ¡Ella despertó del coma!- Informó con alegría.- Debo de decirle que es muy afortunado. Su hermanita ha podido sobrevivir un día más.- Sonrió. A Murdoc le dio un vuelco el corazón.
- ¿Está despierta? ¿Cuál es su diagnóstico? ¿Puedo verla?
La doctora se sintió abrumada por tantas preguntas, pero se enterneció al ver la alegría en los ojos negros y rojos de Murdoc.
- Claro, vaya, pero con cuidado de no hacer mucho ruido. Seguro que después de tantos meses dormida ambos se echarán mucho de menos.
El moreno agradeció a la doctora y con una presión enorme abrió la puerta despacio.
La habitación sólo era blanca y con una ventana con la persiana medio bajada. Pero eso no le importó.
La vio allí, tumbada, respirando agitadamente. Con rapidez se acercó a ella, pensando que le pasaba algo.
- Ey ey, ¿Estás bien?- Preguntó preocupado.
Con cuidado y sin querer se apoyó en su brazo. Primera vez que tocaba su piel.
Ella permanecía con los ojos cerrados y aspiraba e inspiraba rápidamente sin detenerse.
- Tranquila…- Murdoc le tocó la mejilla.- Ya… ya pasó todo.
Abrió los ojos como si hubiera escuchado un disparo, y vio al moreno en frente suya, acariciando su mejilla.
- Murdoc…- Murmuró.- ¡Murdoc…!
Las lágrimas se derramaron de sus ojos por fin, que rodaron por los cachetes hasta que mojaron la mano del moreno.
Alzó los brazos con timidez; Murdoc comprendió en seguida y ambos, se fundieron, por fin, en un fuerte abrazo.
