Capitulo XI
Sus manos recorrían con lujuria cada parte de su cuerpo, era un deseo afanoso de poseerla lo que le llevó a pasar por alto los límites y tocarla a plenitud. Plan o no, lo estaba disfrutando en exceso. Añoraba y rogaba durante días ese reencuentro, tanto así que en este momento era lo único procesaba su mente.
-Ríndete, amor.-Oyó su suplica con especial atención.
Palabras tan sutiles que le recordaban las tantas noches que había pasado en sus brazos, pero ahora el sólo hecho de que él la tocará era una atrocidad. Estaba casada y eso lo sabía, ése era su límite y lo que los separaría para siempre. Más no salió de su ensoñación hasta que vio a Yoh justo enfrente de ella. Era vergonzoso, no sólo porque estaba desnuda, sino porque estaba en compañía de su hermano.
Entonces lo miró y no tardó más de dos segundos en reaccionar y salir de la habitación completamente. Oyó la puerta de su alcoba retumbar con fuerza, estaba molesto. No cabía la menor duda, Yoh reflejaba en su mirada decepción, enojo, furia, absolutamente todo, al igual que ella.
-Suéltame, Hao.- Replicó molesta Anna, pero él sujetó sus muñecas con fuerza.
Estaba poseído, ese hombre no pensaba. Por supuesto que no lo hacía, la besaba en su cuello con tanta pasión y fuerza que no pudo detener una exclamación de dolor. Y creyó que no llegaría a más, cuando lo sintió en lo más profundo de su ser.
Él gimió con fuerza, lo estaba disfrutando al máximo, era una gloria sentir aquella cavidad tan apretada en su miembro. Sin embargo, Anna no podía sentir la misma dicha, había pensado por un momento que era Yoh quien la tocaba y por eso no prohíbo nada. Pero este hombre no era su esposo y no cesaba en su rápido vaivén. Por dios, su mente retumbaba de culpabilidad, ya no podía más con aquella sensación incomoda que le impedía sentir placer.
-Por favor Hao… detente.- Suplicó Kyouyama con la voz quebrada entre el dolor y su sentir.
Él no escuchó estaba tan complacido, que sus ojos se habían cerrado por completo, de tal modo que no sintió cuando ella derramó sus primeras lagrimas. El agua caía libremente por sus cuerpos, por lo tanto era imposible que notara su aflicción, especialmente porque no le permitía moverse más allá.
Se estaba saliendo todo de control y no podía hacer nada. Era como si con eso estuviera descargando toda su carga sexual acumulada, un ser totalmente irracional. ¿Por qué no gritaba? ¿Por qué callaba? Dolía y punzaba en el alma a cada embestida que daba a su cuerpo, no quería continuar, por eso tendría que pararlo a toda costa.
-¡Basta, Hao!.- Le gritó con frustración tratando de liberar su cuerpo del agarre en que lo tenía.
Aquella voz pareció regresarlo a la realidad. ¿Qué estaba haciendo? Había perdido el piso y el objetivo de su plan, que no era ir y abusar de ella. Su respiración se agitó, su gozo era tremendo y era la razón por la que no razonaba lo que hacía. Entonces la vio derramar un par de lágrimas y bajar su rostro.
La soltó y ella de inmediato trato de cubrir su cuerpo con sus manos. Se separó de ella muy a su pesar y comprobó que en realidad el único que disfrutaba era él. Había entrado en su cuerpo tan de golpe que no sabía si eso le había hecho daño.
-Anna, estás…
Pero ella no le permitió decir nada. Su rostro que antes denotaba derrota y desesperación ahora se teñía de odio y rencor.
-¡Lárgate de aquí!- Espetó con furia y al verlo estático no dudó en repetir la oración.- ¡¿Qué acaso estás sordo?! ¡He dicho que te largues!
Nunca la había visto en ese estado de conmoción. Realmente su cambio era terrible, asustaba con esa mirada retadora y llena de odio, razón por la que no quiso hacerla enojar más. Abrió la puerta de cristal y tomó una toalla. Su bello cuerpo se reflejaba con gran perfección en el vitral, más porque sus manos no alcanzaban a cubrir su desnudez.
-Eres una belleza, Anna.- Le dijo con verdadero encanto.
No obstante, no consiguió aminorar su estado de ánimo. Salió y la dejó sola. No quería, pero ella lo estaba rogando, casi suplicando. Y cuando quedó en completa soledad no pudo evitar dejarse caer. Se sentía mal en todos los sentidos, sobre todo por el engaño del que había sido objeto.
-Es una vileza, una porquería…- Expresaba con autentica frustración y coraje.- Y yo de tonta caí en su trampa.
No sabía porque sentía su sangre hervir, pero su enojo era tal que no dudó en salir de su casa a esa hora. Lo único que cruzó por su mente era tomar aire fresco, pensar, no actuar como un irascible. Ella al parecer había tomado una decisión en su ausencia, aunque sonaba ridículo, realmente burlesco.
Yoh lo único que quería era disculparse por dejarla sola y…. sí, las fotografías habían puesto esa tensión. Ahora recordaba que pretendía formular un por qué a cada acción, pero con semejante escena era obvio que estaba demás su explicación. Aún así no pudo evitar sentirse mal al respecto.
-Creo que estoy actuando como un verdadero esposo.- Reveló con temor de sus propias palabras.
Sin importar si era cierto o no, ya estaba en la casa de su mejor amigo. Manta podría ponerle en claro la perspectiva antes de llegar descontrolado a su casa. Ahora más que nada se sentía destrozado y no conocía una razón válida.
Pasaron horas antes de que él volviera, pero quería y sentía que tenía que dar una explicación válida y resuelta. Sin embargo, como podría hacerlo si las lágrimas en su rostro no dejaban de caer. Sentirse sucia y una mala mujer le sentaba muy poco. No obstante, él ni siquiera abrió la puerta de su alcoba, simplemente pasó por alto el hecho y siguió directo a la pieza siguiente, la otra habitación.
Entonces se sintió como una tonta. Llorar ya era lo suficientemente difícil para ella como para aceptar también que le dolía la indiferencia de Yoh, cuando hace un par de horas él era quien pedía una oportunidad para hablar.
-Ya… ya no importa.- Se decía a sí misma la rubia.- De todos modos es sólo un gran farsa.
Y deseó con todo su ser que su mente y su cuerpo creyera todo lo que decía. Pero para qué negarlo, su autoestima estaba por los suelos, el hecho que Hao llegará y la tratara como un objeto sexual le daba a entender el juego en el que se había metido y del cual necesitaba a toda costa sostenerse de Yoh. Sus lágrimas cesaron y descanso su rostro en la gran almohada de él, ya no lloraría más, sería fuerte a pesar de todo.
Para él, el día no podía ser más glorioso. Se sentía feliz. Absolutamente todo había salido de acuerdo al plan, ni un solo error. Miró a Marion alegre, eso le daba más ventaja a ella, porque seguramente tendría que esperar un tiempo para que a Anna se le bajara el enojo. Aunque no comprendía ese sentimiento, si lo que hacía era algo que a ella le fascinaba.
-Vaya que tienes cara de complacido, ¿acaso fue muy buena la sesión de sexo?.-Preguntó con arrogancia la rubia.
-Por supuesto, no compares el sexo que se tiene con una verdadera mujer.- Respondió con el mismo tono de altivez, no por ser temprano le perdonaría sus desplantes.
-No importa, mientras haya alguien que consuele a Yoh.- Se regocijó con alegría Phauna.- Lo demás no me importa.
-Él ya tuvo una noche con ella, ¿acaso no te asusta que eso lo haya dejado fascinado aunque sea a su cuerpo?- Le instigó con maldad
-Creo que eso debería preocuparte más a ti.- Le respondió imperturbable la rubia.- Yoh es una persona muy buena y será sólo cuestión de tiempo para que Anna se dé cuenta que tú serás muy hermoso, pero de pasión no pasas, querido Hao.
Hao bebió un sorbo de su jugo mientras observaba el impecable y vacío lugar, ideal para desayunar, perfecto para planear su próximo golpe.
-Tú y yo sabemos que Yoh no es un santo.- Contestó con perfecta calma.
-Tú tampoco, te atreviste a drogar a tu hermano en su gran cena. Me pregunto si lo habrá notado alguno de los dos.
-No, nadie lo notó.- Aseguró con firmeza, de eso se había encargado él personalmente.
Solo. Se sintió en completa soledad cuando Mannoko le aseguró que Manta no volvería hasta la próxima semana. Su regreso era inevitable, no se quedaría a dormir en la calle, por eso cuando regreso a su habitación decidió que dormiría en la alcoba que siempre debió ocupar. Sin embargo, no pudo evitar entrar a la de ella cuando la noche parecía más luz que oscuridad.
-Fragilidad…- Susurró el castaño. Eso era lo que había visto en ella.
Podría haber jurado que había llorado, pero Anna no era así. Además ¿por qué lloraría? Lo que obtenía era placer, no dolor a menos que él… No tampoco deseaba pensarlo, no era más satisfactorio que aquello que sentía en esos momentos.
-¿Por qué?...- Pronunció una vez más mientras tomaba un bocado de su plato.
-Lo siento hijo, siento que estés desayunando solo.- Irrumpió en el comedor.
Su madre llegaba con prisa y apuro detrás de un sequito de mucamas. Por supuesto, lo había olvidado, era una noche especial de caridad. Y era probable que su abuela estuviera en las mismas condiciones, razón por la que desayunaba sin nadie a su lado. Ni siquiera Anna estaba ya en su casa y no la juzgo, conociéndola era lo más lógico.
-No decido del todo mi vestido y las cosas que daremos en donación. – Continuó su madre y le dio un beso en la mejilla.- Sé que irás está noche a una cena importante con un embajador, pero me encantaría que tú y Anna estuvieran presentes.
Su intención era buena, pero a estas alturas dudaba enormemente que su plan fuera a cumplirse. Anna había rechazado tajantemente acompañarlo con el diplomático y dudaba que se presentara a un evento tan materialista y poco altruista como el que organizaban todas las señoras de sociedad.
-A los medios les encanta fotografiarlos juntos, si haces una entrada triunfal tendrán una excelente nota para las revistas.- Prosiguió con encanto, en verdad tenía que estar maravillada con su esposa, pero debía evitar esa enajenación.
-No iremos.- La cortó, y no fue grosero, simplemente las palabras no salían de otro modo.- Tenía planes para esta noche, espero que lo comprendas.
Su cara de desilusión apareció de inmediato. Lo comprendía, pero no lo aceptaba, después de todo había llamado a varias revistas para asegurar una suma cuantiosa. Su negativa solo le hacía pensar que la perfección no era algo que describiera el matrimonio de su hijo.
-¿Tienes algún problema, Yoh?
No era uno, eran cientos de problemas. Y todo gracias al maravilloso hombre que había escogido para amar. Debió hacerle caso a Jun cuando le advirtió y más cuando su relación comenzó a ser más apegada. El caso era sencillo, tenía que ahogarse en el trabajo como siempre lo había hecho y dejar los sentimentalismos de lado.
-Tiene llamada.- Pronunció temerosa Matti, pues había llegado de muy mal humor.
-¿Quién?.- Preguntó con desinterés, aunque fuera Yoh no contestaría la llamada.
-Hao Asakura.- Le informó con una curiosidad mezclada.
-Cuelga, no tomaré su llamada. Ni recibiré ningún presente, puedes enviar todas esas joyas y basura a la caridad.- Respondió con enfado, pero que no hizo tan evidente frente a su secretaría.
-¿Confirmo su asistencia al evento de beneficencia?– Preguntó con mucha más soltura Mattilda.
Nada más ajeno a la realidad. Porque de beneficencia sólo tenía el nombre, era más un lugar donde los ricos iban y promovían su imagen a costa de los demás. Ni de broma asistiría, pero…
-No, confirma mi asistencia en la cena del embajador.- Su orden impresionó a su secretaría de tal manera que se atrevió a cuestionarla.- ¿Hay alguna duda?
-No, enseguida llamo a la secretaria de su esposo.
La llamada a su oficina lo había sacado de control. No sólo porque Anna había confirmado lo que anoche negó rotundamente, sino por la imposición que eso significaba. Desde la escena del baño no la había vuelto a ver despierta, y tenía miedo de hacerlo, por primera vez no sabía cómo enfrentarla.
-Señor, su traje está en su alcoba.- Informó Kanna cuando lo vio entrar.
-Gracias, Kanna. ¿Dónde está Hao?- Preguntó con recelo el castaño.
Y sin duda la mujer no esperaba esa cuestión. No cuando el mayor de los Asakuras había partido hace dos horas al gran espectáculo de caridad.
-Salió con su abuela.- Le informó, pero observó cómo a pesar de que él caminaba a la escalera no cortaba su conversación.
- ¿Y Anna?- Cuestionó intrigado.
-Está bañándose.- Respondió sorprendida por el tono tan cortante que usaba.- Acaba de llegar hace media hora.
Su información le causó una gran tranquilidad. Por nada del mundo permitiría que Hao se acercase a ella, al menos no hasta que Anna le aclarara sus términos.
-Gracias, Kanna. Infórmale a Ryu y que tenga preparado el coche.
Su orden no tardó mucho en ser escuchada, pero ahora tenía un asunto pendiente. Dudó por unos minutos que puerta abrir, después de todo podría interrumpir algo. Sin embargo se armó de valor y abrió la alcoba que por más de un mes había compartido a su lado.
La gran suite no tenía nada diferente, excepto que todas las luces estaban apagadas. La única fuente de iluminación radicaba de armario, donde ella se estaba peinando con tranquilidad. Contuvo la respiración cuando la observó a distancia, era el mismo vestido que había escogido para ella y que su secretaría se había encargado de hacerle llegar.
-Anna…- La llamó desde la entrada y cerró la puerta de su habitación.
Dijeran lo que dijeran, ese cuarto era tan suyo como de ella. Entonces Kyouyama salió sin expresión alguna en su rostro, aunque su implacable apariencia aturdían sus sentidos no debía olvidar que entre ellos aún quedaban cuestiones que resolver.
-Yoh.- Lo nombró de la misma forma en que él lo hacía hace tan sólo unos minutos.
Y el silencio reinó. No esperaba una escena de celos, tampoco esperaba que ella se excusara, pero quería una respuesta, cómo podía ella zanjar de golpe una cosa semejante.
-¿Aún seguimos en la misma línea?.- Preguntó el castaño dudoso de la respuesta que obtendría.
-Seguimos casados, seguimos en plan de venganza, ahora más que nunca.- Espetó con frialdad, tono que no había usado con él de ese modo.
¿Por qué tanta frialdad? No lo comprendía, en hipotético, el ofendido era él. Ella había traicionado su confianza, pero parecía algo más y quería averiguarlo a toda costa.
-¿Aún con lo de ayer?.- Rememoró su enfado al mencionar la escena de la que había sido testigo.
Pero no obtuvo evidencia en su rostro, sólo la de sus ojos, aquellos que le clamaban y dictaban algo diferente a lo que su cuerpo expresaba, dolor.
-Anoche fuimos objeto de una burla.- Declaró con enfado y sus puños se cerraron como si quisiera impedir que sus sentimientos salieran a flote.- Tu pregunta es directa cuando me miras así. ¿Si he regresado con él? Jamás.
Ahí estaba de nuevo esa conexión entre sus ojos y los suyos. No era un gran genio, pero sabía, él ya había visto esa mirada antes, era como si estuviera a punto de quebrarse en llanto. El mismo dolor que él había experimentado al verla en brazos de su hermano, el de él era miedo, el de ella…
-Hagamos las cosas como son, no mezclemos nada entre nosotros.- Escuchó su voz tan firme que no pudo objetar algo más.
-Eso significa que no tengo derecho a decir nada.-Contestó con gran mecánica, especialmente porque no podía evitar sentirse mal al respecto.
-No hay derecho de réplica.- Respondió Anna cuando se dedicó a observar su reflejo en el espejo.- Seamos una pareja sólo en apariencia.
Regocijado tomó una copa de champagne. Era su momento de gloria, no sólo porque su hermano no estaba presente, sino porque sabía de antemano que había ganado la guerra. Ahora era cuestión de reconquistar a su novia y todo volvería a ser como antes. Sin embargo, su sonrisa se apaciguó cuando vio a sus dos peores enemigos acercársele.
-Miren quien está aquí, el príncipe de la arrogancia. Y digo príncipe, porque le bajaron del trono.- Se burló abiertamente el joven empresario, Horokeu Usui.
-No conseguirás molestarme. Créeme estoy muy bien, como para dejar que un simple hablador se lleve la gran noche.- Le respondió totalmente indiferente.
Era obvio que ninguno de los dos se llevaba bien y todo a raíz de un supuesto hijo de parte de Mikihisa, en este caso, hija. Yoh había pasado por alto el asunto, pero Hao no podía olvidar el escándalo en que se metieron todo porque su hermano creía fervientemente que Pilika era hija de su padre.
-Entonces los gemelos Asakura disfrutan esta noche de una hermosa velada. Tú tirando tu dinero e Yoh cenando con un embajador, al menos él está trabajando.
-Mintiendo como siempre Hoto Hoto.- Contestó altivo y seguro de que averiguaría cada detalle de esa supuesta reunión.
El empresario quiso responder por tal insulto, pero el mayor de los Asakura no dio tregua para tal momento y se perdió entre la multitud de personas. Eso lo irritó más, porque quería echarle en cara todos los logros de Yoh.
-Déjalo, creo que hiciste algo que lo alteró.- Intervino Ren Tao convencido de la reacción de Hao.- Algo que sin duda no esperaba.
Y nada podía ser más cierto. No tenía sentido, hoy lo había visto todo tan mal entre ese par que no creyó ni por un instante que habría una reconciliación. Ambos durmieron en camas separadas, ella salió más temprano de lo normal y según los informes de Lyserg estaba preparándose para asistir a un evento, éste.
-Lyserg, ¿Dónde está?.- Le preguntó por teléfono a su amigo, quien seguía paso a paso lo que ella hacía.
-Saliendo de casa con tu hermano.- Le informó el detective.- Pensé que te habías encargado de arruinar el matrimonio.
-Lo hice.- Reclamó frustado y sin comprender aún porque ese par seguía unido.
-Pues lo que hiciste no funcionó, y van directo a una cena con un embajador. Kanna dice que Anna lleva puesto lo que Yoh le dio a vestir.- Recitó algunas palabras de una larga lista de detalles.- Lleva el anillo que le regaló y joyas muy costosas, que asume son presentes de él.
Estaba realmente confundió y extremadamente molesto. Era imposible lo que decía Lyserg, no después de un engaño, no podía fiarse de todo eso, debía ser un error. Pero no lo era.
-Admítelo. Te ha ganado la partida.
Era hermoso y sumamente elegante su atuendo, cuando lo escogió no pudo quedar más embelesado que ahora. Sin embargo, toda esa majestuosidad se arruinaba con la dura y fría verdad. Eran sólo una apariencia y un retrato del perfecto matrimonio.
-Debe ser regocijante tener una compañera como la suya, señor Asakura.- Alabó realmente impresionado por la conjugación tan armoniosa que hacían.
Claro, por qué habría de pensar lo contrario si Anna se comportaba como toda un señora de sociedad y él no hacía más que maravillarse de todos los temas de los que era dominio. Miró por un momento a su esposa y por escasos segundos no sabía con certeza que responder sin elogiarla.
-Nada más cierto, Señor Müller.- Respondió el castaño con una sutil sonrisa en su rostro.- Ella sabe muchas cosas.
-Por supuesto. Pero déjeme decirle, señora Asakura, que está robando la noche.- Pronunció con asombro, no cabía la menor duda de que estaba maravillado.
-Le agradezco el cumplido, pero creo que es hora de centrarse en el asunto principal.- Habló con cortesía la rubia, ya había recibido demasiada atención por parte del anfitrión. – Yoh tiene muy buenas propuestas de las cuales ya conocerá algunas.
El hombre aplaudió y rió con verdadera soltura. La pareja no podía negar que el ambiente de la cena era agradable y suelto, pero ese era el principal problema, que ellos no estaban del mismo modo. Extrañamente el embajador los miró con una mirada cándida.
-Veo que lo que dice la prensa sobre ustedes es muy cierto. No suelo decir esto, pero hacen una pareja esplendorosa.- Elogió de la manera más sincera posible.- Así que hablemos de negocios….
Yoh la observó nuevamente. A pesar de lo mucho que deseaban aparentar, ella estaba realmente comprometida con su trabajo e iba a ayudarlo en todo lo que fuera posible. Incluso aquellas sutiles sonrisas fueron en más de una ocasión el punto clave del encuentro. Juntos eran fuertes, ya no importaba la crítica de su hermano, ni lo mucho que intentara desacreditarlo frente a ella, ya no valía la pena porque entre ellos no existía algo más que pudieran romper.
Anna estaba consciente de que todo a su alrededor era mentira, por eso se mantenía indiferente. Sin embargo, la tormenta de Hao y Marion no se hizo esperar más tiempo y comenzaron el ataque a la brevedad posible, nuevas trampas, más engaños. Pero ya nada era lo mismo. Miró entonces las fotos de Phauna desnuda. Una tetra de Hao para que ella pensara lo peor de él, especialmente por los recuerdos que había dejado después de su cena de aniversario.
-No vale la pena seguir, Anna. No podemos tener sexo sólo porque se nos antoja, créeme, no quiero enamorarme de ti.
Sí, eso lo recordaba a la perfección.
-No pretendía acostarme contigo, Yoh. Yo sé que tú…- Le espetó con dureza cuando él dejó de besarla, todo parecía lo contrario pero sabía que ni ella ni siquiera él darían un segundo paso en ese aspecto.
-No, es porque tú aún piensas en él, porque aunque yo te toque, tú no sientes lo mismo, lo sigues anhelando a él.- Le había dicho con bastante cordura, pero no sabía a ciencia cierta qué era lo que hablaba por él.- Al igual que yo a ella.
Y eso fue para Anna una bofetada, no sólo por la mención de Phauna, sino por todo lo que implicó su mención. Porque su lengua no paraba ahí y estaba reviviendo momentos que sentía muy lejanos, aquellos en donde Marion representaba algo más grande de lo que era ahora. Sabía que era un error y conocía con certeza qué era lo que le hizo hablar de esa manera tan estúpida, celos.
Pero cruel error, porque al final fue ella quien terminó en brazos de su hermano. Aquello terminó por corroborar que tal vez sus palabras no eran tan ajenas a la realidad, el problema era que por mucho acoso de parte de Marion, ya él no sentía ni la tentación de tocarla. Como si su amor se hubiera consumado en el momento que toco a su esposa. No obstante, habían pasado casi cuatro semanas de aquel fatídico hecho y no podía olvidarlo. No podía dormir con la misma tranquilidad, especialmente cuando ella tampoco lo hacía.
Yoh lo sabía. Oía cada madrugada como ella despertaba agitada, y tardaba demasiado tiempo en regresar a su lecho. El no dormir en la misma cama era sólo una más de las imposiciones en esa nueva faceta. Ante toda la gente, incluso ante su hermano, eran un matrimonio invencible. Pero el fuego de ella parecía consumirse poco a poco. Trabajaba en exceso, sus eventos eran demasiados y muy ocasionalmente coincidían, y cuando lo hacían era casi un milagro.
-Esto está muy mal…- Susurró con melancolía, pero sus pensamientos y suposiciones fueron abruptamente interrumpidos por su secretaría.
-Señor, he contactado a Mattilda y creo que hemos armado de manera conveniente sus agendas.- Le dijo bastante agotada.
Por supuesto, he ahí una segunda imposición. Anna había dicho tajantemente que entre menos tiempo convivieran sería más fácil llevar a cabo todo, pero también había sido extremista al mandar a su secretaría para acomodar sus agendas y establecer a qué eventos acudirían ambos.
-Y me temo que tenemos un problema.
La vio detenidamente, vaya que sí había tenido demasiado trabajo en el último mes y Anna no le estaba facilitando las cosas, no sólo por los dimes y diretes de la prensa, sino porque ya era prácticamente la imagen de estabilidad de la empresa.
-No asistirá a la inauguración de la nueva planta productiva.- Declaró finalmente Elly al notar el intrigante silencio que dominaba en el castaño y por un momento pensó que reclamaría, pero…
-¿Por qué?- Fue la pregunta desconcertante y llena de tristeza que hizo. Inclusive ella lo notaba, era imposible ocultarle a esa mujer que padecía de una crisis matrimonial.
-Tiene otro compromiso…
Por supuesto que lo mataría. Ella amablemente lo había recibido en cuanto llegó y él, ingratamente, la dejaba en el aeropuerto con quince maletas de ropa nueva. Definitivamente ir a Paris era terriblemente agotador, pero eso no le impedía sentirse furiosa con su hermano.
-Señorita Mannoko, entienda que su hermano está muy ocupado en casa.- Le decía Tamurazaki realmente preocupado por su reacción tan descontrolada.
-Quedarse en casa a contar moneditas no es estar ocupado.- Replicó realmente molesta.
Aunque por lo menos había tenido la delicadeza de enviar un sequito de ayudantes, eso no justificaba en nada que no estuviera presente. Donaría todos sus presentes en cuanto tuviera la oportunidad y si eso no servía de escarmiento entonces…
-Señorita, el joven se encuentra con el joven Asakura. Y pidió disculpas por no estar presente, pero el asunto era realmente grave.
-¿Algo anda mal?- Cuestionó un tanto extrañada de las palabras del mayordomo.
-No lo sé, sólo transmito el mensaje tal cual- Le informó Tamurazaki.- Desconozco los detalles.
Mannoko meditó un momento la situación. Siendo que Yoh y Manta eran íntimos amigos, difícilmente obtendría información de su hermano, pero podía saber a detalle que pasaba por un contacto más directo.
-Llévame con Anna.
La delicada tela caía por sus manos y era una belleza magistral la que observaba. Sí, sin duda hermoso, uno de sus mejores diseños. Sin embargo, ella parecía todo lo contrario. En soledad y en ese taller, no podía mentirse más tiempo, podría engañar a los demás con facilidad, pero a ella jamás.
En su sentir nunca pesó tanto la soledad como ahora, no porque siempre estuviera rodeada de personas, no, al contrario siempre estaba sola; el problema radicaba en que todo su alrededor le parecía falso, su matrimonio, el amor de Hao, los lazos de amistad con otras personas e inclusive su vida le parecía tan vacía.
-Debe ser un diseño especial para que le dediques tanto tiempo, Anna.- Escuchó de repente la voz de Jun
No obstante, no giró a verla y siguió cosiendo cada uno de los detalles de la falda. Cómo no dedicarle tiempo si era su vestido de novia, el que ella había creado para una boda que no tenía ni fecha ni tiempo. Pudo haberlo tirado, pero no, demostraría que simplemente no valía nada, porque sólo significaba falsas promesas y tontas ilusiones.
-El necesario para que abra el próximo desfile.- Contestó con indiferencia y oyó con claridad cómo se acercaba a inspeccionarlo.
-En verdad es esplendido, no tengo palabras para describirlo. ¿Estás segura que abrirás con esto el próximo desfile y quién lo llevará? ¿No será Marion o sí?
Pero ella no contestó, sus pensamientos ahogaban su sentido común y su motivo de crecer. No podía evitarlo, estaba destrozada a pesar de que había pasado ya un mes de aquel incidente en el baño y a pesar de eso no podía quitarlo de su mente y sus recuerdos, no porque era algo traumático, sino por lo que significaba en sí.
-Anna, ¿me estás escuchando?
Sí lo hacía, pero no quería su compañía en estos momentos.
-Quiero estar sola.- Dijo con bastante apatía.- Márchate.
No obstante no se movió de su sitio hasta que una nueva e intrigante cuestión la atacó. Anna se veía impasible y llena de frialdad, un contraste petrificante debido a que no había una razón lógica al asunto.
-Me iré, pero antes quiero preguntarte algo y prometo no molestarte más.- Habló con plena seguridad.- Sé que no soy tu confidente, ni nada por el estilo y no soy quien para cuestionar tu matrimonio tan apresurado y las razones que tuviste para hacerlo. Pero…
Entonces Anna la miró y en definitiva, su mirada estaba vacía. Un escalofrío recorrió su espina dorsal al mirarla levantarse y encararla de cerca.
-Quieres saber por qué acepte la invitación de tu hermano
-Sí…-Confirmó Jun con cierto temor.
Y esperó paciente su respuesta, ya que no podía percibir nada a través de sus gestos y su mirada, que se conjuntaba en un oscuro arcoíris de pasividad.
-Por lástima.
Su voz resonó en todo el lugar, no sólo porque era un espacio cerrado, sino por las dos personas que ahí se encontraban. Para Jun fue un insulto terrible y tenía ganas de reclamar, pero al notar la impasividad de la rubia, sus fuertes deseos se fueron abajo.
-¿Hablas por ti o por Ren?- Cuestionó con altivez Anna.
El Asakura no sólo sonrió, sino que se sorprendió de aquella agresividad con que lo recibía.
-De él y de Yoh, por supuesto.- Contestó con certeza mientras avanzaba con seguridad hasta ella.
Jun lo miró con despreció y abandono la habitación antes de que ella se lo pidiera. No se imaginaba el residuo de hombre que dejaría la rubia, ya que si con sus más cercanas colaboradoras era un ogro, con un ex novio tan arrogante las palabras hirientes fluirían solas.
-¿Por qué tan seria, Annita?- Preguntó en tono curioso el castaño, mas cuando vio desaparecer a la joven Tao.- Si tu amiga comprende el significado de privacidad.
-Pero no tú.- Rebatió con fuerza y clara demostración de enfado.- Así que dime a qué has venido.
-Ésa es una pregunta innecesaria, sabes perfectamente a qué vengo.- Respondió Hao con fuerza en sus palabras.- Sabes que vengo todos los días sólo por ti.
Sin embargo, ninguno de sus cumplidos la conmovía al respecto. Lo observaba con calma y no podía evitar sentir desprecio tanto por ella como por él, cómo se había enamorado tan locamente de un hombre, cómo sucumbió a la debilidad de sentir algo tan fuerte. ¿Cómo?
-Entonces ya conoces mi respuesta.
-Hoy no pareces de tan buen humor, ¿acaso Yoh ya no te toca?- Se burló abiertamente del problema que atravesaban en su relación.
Podía ser tonto y creer el cuento de que todo iba viento en popa, pero él sabía por buenas fuentes que la relación se estaba congelando hasta el punto de ser sólo una tonta imagen.
-Admite que extrañas no sólo el buen sexo, sino mi compañía y todo lo que yo te ofrecía.- Continuó el castaño con vehemencia y tomó con una mano su rostro.- Pero sobretodo, yo te extraño a ti.
Nada se movió en su interior, era como si careciera de sentimientos, porque lo único que veía era a un gran actor, un hombre que sabía utilizar a la perfección las palabras, todo un conquistador nato. Sólo eso, un recuerdo.
-¿Quieres saber lo que extrañas?- Respondió tajantemente la rubia y alejó con brusquedad la mano de su rostro.- Ganar. Eso es lo único que extrañas, Hao. ¡Porque no soportas el éxito de tu hermano, no toleras que esté en tu lugar. Eso es lo que extrañas!
Entonces sí sintió arder en su interior la llama del enfado que estaba siendo consumida por su tristeza. Porque no lo iba a dejar hablar hasta que ella dijera todo lo que había pensado en más de tres semanas, porque ahora todo tenía sentido en su patética existencia.
-Es obvio que no me extrañas a mí, cuando te has estado paseando con más de una modelo en los eventos que yo voy con tu hermano y no te atrevas a decir que son celos, porque no hay un nosotros hace mucho tiempo, y tal vez… jamás lo hubo.
Hao se sorprendió por el tono en que ella hablaba, y por todo lo que ella tenía que decir. Sin embargo, no notaba sufrimiento y dolor cada vez que exponía sus ideas, era como si una máscara dominara sus sentimientos.
-¡Estás equivocada si piensas que no te amo!- Alzó portentosamente el sonido de su voz.- Hay un nosotros, lo pude sentir cuando te tuve entre mis brazos.
-¡Me violaste!.- Espetó con rudeza Kyouyama.- ¿A eso le llamas amor?
-¡No te viole!- Negó rotundamente el castaño.- Yo sólo…
-¡Tú sólo piensas con tu órgano sexual!- Completó con seguridad la rubia.- De otro modo te habrías dado cuenta que no deseaba que me utilizaras de esa manera. Y todo para que Yoh presenciara el espectáculo.
Y el Asakura no desistió en el dialogo, porque ahora estaba furioso, no sólo porque no creía nada de lo que pronunciaba, sino porque tenía razón en muchos aspectos.
-¡¿Y qué otra manera tenía? Entiéndelo, Anna, me muero de celos cada que te veo con él, no puedo resistir la idea de que es él quien te tiene a su lado!
No obstante, ella sonrió con ironía. Si los celos fueran tan intensos los justificaba, pero había encontrado el talón de Aquiles del Asakura, justo cuando cosía cada brillante al vestido de novia. Era hermoso cuando él se atrevió a decirle palabras de amor, fue mágico el momento en que compartieron su primera noche juntos y definitivamente era especial el momento en que ella aceptó el gran amor que la consumía. Pero…
-No te mientas, hace mucho que no me amas, Hao.- Habló con una inusual tranquilidad y sobre todo por la sorpresa que provocaba en el castaño.- O tuviste miedo de lo que yo significaba para ti.
-¡No, estás equivocada!.- Refutó de inmediato.
-¡Cállate! Sé perfectamente de lo que hablo y también de todo lo que fue nuestro romance. Jamás te atreviste a aceptarlo, fuiste capaz de cerrarle a todo el mundo los ojos, inclusive a mí. ¿Y para qué? Si tú eras lo más especial y más cercano que he tenido a la felicidad, pero te aburriste y no soportaste la monotonía.
He ahí la clave, porque sus pensamientos no podían desechar la idea que rondaba en su cabeza. Y por mucho que él la negara, no podía oponerse a la verdad.
-Das por hecho algo que no es cierto.- Contestó esta vez ofendido el castaño.- Es mentira, yo no me aburrí de nuestra relación, no lo haría. ¿Crees que miento cuando digo que te quiero? Yo no soy el tipo de hombre que anda declarando amor a todos, soy duro, sólo a ti te he rebelado una cosa semejante.
-El problema es que no te creo y no volveré a hacerlo.- Respondió con serenidad, a pesar de que él tomó sus brazos por sorpresa.
La furia se reflejaba en sus pupilas, y no era porque ella lo rechazaba, sino por todo lo que implicaban sus palabras. Si no creía en él no podía más que atribuirle a alguien semejante controversia.
-¡¿Es por él?! ¿Acaso estás enamorada de Yoh?- Cuestionó con rudeza y no dejó de mover bruscamente su frágil cuerpo.- ¡Contéstame, Anna! ¡Es por él!
-¡No!- Le contestó a viva voz, y sólo así reaccionó y la dejó libre.- Yo no creo en el amor.
Sus palabras lo helaron, de la rabia y el enojo paso al desconcierto. ¿Oía bien, ella negaba sentir algo por ambos?
- ¡Ahora vete, porque no estoy dispuesta a seguir escuchando tus tonterías. Márchate!
-Me iré, pero ten la seguridad que no me daré por vencido. Y continuaré mi lucha.- Contestó con firmeza.- Lograré que vuelvas a creer en mí.
Y salió. Por fin se había marchado, sin dar un paso atrás miró el vestido y con violencia golpeo el maniquí. Inevitablemente cayó al suelo y miles de diamantes se esparcieron por todo el piso, la costura estaba arruinada, al igual que la belleza de aquella obra de arte, pero no le importó sólo se deshizo de su ira y frustración.
Lloró. Las lágrimas corrieron con su rostro con tanta facilidad, que le pareció increíble seguir de pie observando cómo su trabajo se perdía en fracción de segundos. Nadie comprendía cómo se sentía ver a la persona que más amas en brazos de otra, no por error, por convicción. Y nadie, absolutamente nadie, sabía lo que se sentía traicionar del mismo modo a una persona que había dado tanto por ella.
-Yoh…-Susurró Kyouyama cuando observó cientos de cuentas correr por sus pies.
Anna pensó que sólo él la había visto llorar y en sus momentos más frágiles, que sólo aquel hombre la había consolado cuando deposito sus sueños y esperanzas en una persona, pero no, porque a lo lejos una persona la miraba desde el marco de una ventana. Enojada y conmovida a la vez por todos los matices que mostraba Kyouyama.
-Ella no merece esto.
Estaba cansado y atareado por el trabajo en su oficina, pero nada se comparaba con la problemática que veía entre sus dos mejores amigos. Alzó la vista y ahí estaba, serio, abatido y a la espera de su respuesta, pero ésta sin duda era negativa.
-No contesta, Matti dice que está ocupada.-Habló resignado Oyamada.
-Ha estado ocupada toda la semana.- Respondió molesto el castaño que lo acompañaba.- Sé que no estoy en mi derecho de pedirle tiempo, pero esto no me gusta nada. Ya no sé qué pensar, no sé qué hacer.
Manta comprendía la preocupación y mal humor de su amigo, por supuesto que lo hacía, conocía a Anna desde hace muchos años y sabía que los conflictos con Yoh le afectaban tanto o más que su separación con Hao.
-Yoh, lo que pasa entre tú y Anna se esta saliendo de control.-Comentó con neutralidad, aunque deseaba expresar cada uno de sus pensamientos.
Fuera de control era una perspectiva pequeña, demasiado corta. Entre ellos dos había más de un problema, tiempo, espacio, Hao, Marion y ahora su frialdad. Numerosas revistas comenzaron a promover su imagen, su trabajo y ahora era un caos imparable, apenas salía de una fiesta comenzaba con otra reunión, después trabajo y más trabajo, esa era su vida ahora.
-Lo sé, por eso quiero saber que te ha dicho a ti, tú eres su amigo.- Expresó mucho más tranquilo, a pesar de que la preocupación seguía inmóvil en su estado de ánimo.
-Ella no me ha dirigido la palabra desde hace dos semanas, Yoh.- Confesó con un tono indiferente totalmente opuesto a sus sentimientos pues deseaba escucharla y saber qué ocurría.
-¿Por qué?.- Alcanzó a preguntar horrorizado de ser el causante de tal separación.
-Creo… que es porque está desempeñando muy bien su papel.- Pronunció melancólico.- Una mujer de revista, en quien todas las publicaciones de moda centran su atención. Asciende como la espuma, es la mejor, tiene talento.- Continuó con verdadera inspiración.- pero… se está muriendo por dentro.
Sus palabras sin duda lo helaron por completo. La mirada de Manta no mentía, su preocupación y rabia relucían en cada oración que formaba, y concordaba, o al menos eso es lo que él pensaba.
-Ella es bastante difícil de tratar y por eso lo entiendo, sé perfectamente lo que está pasando, por eso sólo queda una solución.- Prosiguió con decisión y sin titubear un segundo más lo miró.- Divorcio.
-¿Qué?.-Fue lo único que pudo decir.- ¿estás bromeando, Manta?
Su tono de voz sin duda había sufrido una increíble metamorfosis, creer en las palabras de su amigo ahora era una crueldad en un momento tan delicado como este.
-No, esa no es la solución.-Negó con fuerza.- No lo haré.
-Es por el bien de los dos. Tú la estás lastimando, aunque lo niegues, aunque digas que es mentira, lo haces. Porque cada vez que se ven se evitan, porque ni siquiera le diste la oportunidad de hablar esa noche y explicar cómo sucedió todo.
-¡No había nada que explicar y aún si lo hubiera, ella puede hacer lo que quiera!.-Exclamó alterado el castaño por la acusación.
-Me estás dando la razón.- Contestó con un tono retador Oyamada.- Basta de juegos, Yoh. Es lo que debes de hacer.
Sin embargo, Yoh no quería aceptarlo. Sabía, aún si ella lo hubiese engañado con su hermano, que él la hubiera perdonado, lo habría hecho, pero ella hizo lo contrario, no le dio importancia y lo evadió. Los argumentos de Manta eran correctos, si ella ya no deseaba ni su compañía y su juego se estaba tornando peligroso para ellos, la mejor opción era ésa, el divorcio.
-Aún así, no me voy a divorciar.-Espetó con crudeza y fuerza.- Si ella no me lo ha pedido es por algo, Manta.
-Por orgullo.- Respondió sin pensarlo ni un segundo.- Tú no necesitas explicaciones y ella no quiere dártelas, tú la ignoras y ella hace lo mismo. No esperarás que sea Anna quien te pida el divorcio, ¿verdad?
Manta estaba perdiendo los estribos por la temática y si bien no tenía nada en contra de Yoh, pensaba que todo lo que hacían era una pérdida de tiempo, más aún si no estaban juntos.
-¡Es una estupidez, Yoh! Pídele el divorcio y déjala ir- Alzó la voz con autoridad y con verdadero sentimiento.- ¡Ya basta de juegos, no funcionó, el plan no funcionó!
-¡No!.- Negó fuertemente el castaño.- Estás equivocado, Manta.
-¡Yo no veo lo contrario, Yoh! Simplemente estás jugando por tu parte, porque aunque te duela ni tú ni ella estaban preparados para todo el peso que les cayó encima. ¡Y la razón es porque todo es una maldita farsa!
El sonido que oyó después no tuvo precedente alguna vez. Toda su infancia había sido precisamente lo contrario, él su defensor y hoy, su principal agresor. El puño de Asakura había dado justo en la mejilla de su mejor amigo y no por equivocación, por propia convicción.
-Yoh…- Alcanzó a decir sumamente impresionado
-Tu… maldita farsa no es tal, Manta.- Pronunció con esfuerzos descomunales, del mismo modo sus labios se separaban con dificultad para expresar su sentir.- Porque nada entre Anna y yo es falso.
Su mirada, antes cubierta por sus cabellos, ahora exponía en total libertad el dolor de sus palabras, del reclamo de Oyamada y por supuesto, del suyo propio. Aquel gesto, no sólo impactó a Manta, sino que lo hizo cómplice de su dolor.
-Nosotros… cometimos muchos errores con nuestras respectivas parejas y ahora lo entiendo como tal. No sólo fue Hao y Marion quienes cometieron una atrocidad, fuimos nosotros, ella y yo nos dejamos llevar, convivimos y planeamos nuestra propia muerte.
-Yoh… yo.-Quiso disculparse su amigo, pero él no lo dejó continuar.
-Pero también… fue como volver a vivir- Confesó apenado el castaño.
Porque cada que recordaba la fragilidad y la vulnerabilidad de su esposa no podía evitar sentir el afecto que embriagaba a su corazón, la razón de que Anna era una parte importante de él, ahora más que nunca y por eso no quería abandonar ese nuevo motivo que tenía para sobrevivir. No ahora que estaba tan cerca de su corazón.
Y fue la primera vez que Manta lo vio. Porque todo ello tenía un sólo nombre, algo tan genuino que ni él se percató cuando nació, pero las lagrimas que ahora derramaba Yoh era la más pura evidencia.
-Discúlpame, no era mi intención.-Contestó apenado el Asakura.- Fue… un impulso, no quise golpearte.
Manta sonrió y acarició el moretón. Yoh tenía bastante fuerza, pero ahora entendía que el golpe era más que merecido.
-No, me lo merezco, créeme.-Admitió sin vergüenza.- A veces olvido que sientes algo fuerte por ella.
Yoh limpió la última lágrima que caía por su rostro. Por dentro parecía recobrar fuerzas con cada gota al exterior, ya que sus sentimientos chocaban continuamente unos con otros, ahogando en el dolor sus más entrañables sentimientos.
-Yo no debería sentir nada, pero no puedo evitarlo.- Dijo casi con miedo.
Entonces Manta rió enérgicamente, estaba realmente ciego para no notarlo.
-Yoh…¿estás… enamorado de Anna?.- Preguntó sin ningún miramiento.
El heredero de los Asakura simplemente quedó inmóvil con tal pregunta. No es que nunca lo hubiera pensado, pero era simplemente absurdo. En más de una ocasión había admitido su atracción por Anna, pero… ¿Amor?
-No, es absurdo. Yo no siento eso que dices por ella.- Negó sumamente avergonzado, pues el tenue tono carmín delataba cada una de sus acciones.
Manta lo miró con una sonrisa plasmada en su semblante, mentir no le serviría de nada, menos a su mejor amigo.
-Yoh… sólo hay una razón por la cual puedo admitir este golpe.- Señaló su moretón.- Soy tu mejor amigo, a nadie le voy a cobrar la exclusiva de lo que tu me digas. Así que… dime la verdad.
Yoh miró el suelo. Estaba justo en el lugar donde le propuso matrimonio y donde la conociera como tal. No debía pensarlo mucho más, la respuesta era más que obvia. Fue entonces que rió por toda la absurda situación que lo había puesto en ese punto.
-Sí… me gusta.-Susurró resignado y apenado.
-No lo admito.- Rechazó Oyamada.- Este moretón vale más.
-La quiero.- Pronunció mucho más seguro Yoh.- Me encanta…
-A mí también me encanta, es muy especial, pero sabemos que para ti es algo más-Lo animó a continuar su amigo.- Yoh Asakura sólo comete locuras… por amor.
-Es… poco tiempo, yo… aún no estoy seguro….
-Sí lo estás. Has enfrentado a Hao y a Marion y has defendido que nada de lo que ven es falso, y si no es por la razón que yo creo, entonces el único que miente eres tú. ¿Qué dices?
Continuará…
N/A: Me tomó varios días terminar de escribir y de hecho he tenido que dividir el capitulo en dos porque sí equivalía al doble, pero en fin, nueva actualización de este fic y continuó corrigiendo el próximo que actualizaré. Seguimos con la encuesta, va a la cabeza Yoh y déjenme decirles que he visto algunas sugerencias en su reviews que estoy contemplando dentro de la historia. De momento no sé si podría hacer un segundo final, no lo sé. Veremos más adelante lo que sucede.
Por mientras un pequeño adelanto…
Sus dedos acariciaron con vehemencia su rostro y dibujaron en su memoria un momento especial, porque si era efímero tendría como recordarlos por siempre.
-No hay una mujer que tenga toda mi confianza, sólo tú, Anna.
Ciao!
