Decimo capitulo, ¡es el primero del año! Será el último en donde nuestro grupo se situé en el país de las maravillas o Infratierra. Explicaran parte de los enredos en los que se metieron en esta loca nación.

¿Aparecerá por fin Alexander? ¿Quién es la Reina María?

Eso lo responderé en este capítulo.

Aclaraciones:

-Ennegrecidas y comillas: pensamientos (solo ennegrecido puede ser un sonido).

-Palabras entre los guiones: diálogos.

-Sin guiones: narración.

-Subrayado: (ennegrecido) título, lugar, tiempo.

-Curvados: Canción, y en este caso, raccondo.

Parejas:

Principal: Red Velvet Pancakes (hetero) o Canadá 2p X Nyo! Canadá.

Secundarias: UkChile, Gerita, Spamano, SuFin, RusPru, PruHun, Edelweiss o AusSwi (luego veo que más agrego).

Disclaimer: si fuera yo Himaruya, Hetalia seria mío….si…sería bello.

¡Escuchen con atención! Hace un año que publique por primera vez este maravilloso fic. Agradezco a todos los que pusieron en favoritos, siguen y comentan este fic, también le doy las gracias a los lectores silenciosos.

Canción: "So close" de la película "Encantada", interpretada por Jon McLaughlin en la versión en inglés.

Este capítulo va dedicado a "Sayonara Distance", quien es una persona especial para mí, y también, es una de las pocas que ha visto el borrador del capítulo diez. Te quiero mucho, mi "esposa" (si se lo preguntan, me dice así porque según ella, yo soy como Finlandia XD).

Ahora… ¡vamos con el capítulo!

OoOoOoOoOoOoOoO

El castillo de la Reina Blanca, o "Marmoreal" como lo llamaban en Infratierra, parecía una enorme edificación de mármol blanco, un camino de piedras blancas y ventanas cristalinas. En su interior, arboles de tallo igual a todo el castillo, de blanco, con pétalos rosa pálido, cayendo a las escaleras del palacio.

Una total belleza, del que nuestros protagonistas ni se inmutaron del todo.

Estaban en los bolsillos de la chaqueta del conejo, cabizbajos y sin ánimo. Alicia, no le dirigía la mirada a Ludwig en ningún momento, si lo hacía, de seguro iría descargarse contra él. Se aferraba con fuerza al sombrero de Angie, sujetado por el ojiazul en sus manos.

El rubio podía entenderlo, el odio que emanaba de la chica hacia su persona, por lo sucedido hace tan solo unas horas…

"Angie esperaba debajo de los arboles petrificados, con el sonido de las vocecillas molestas de los quejumbrosos mellizos, las maldiciones de la princesa de rulo y el pirata, suspiros de la pelinegra y la chica de capa roja, con gruñidos del lobo y risas nerviosas del príncipe.

De pronto, su mirada se ilumino al ver una figara acercárseles. Corrió en su dirección y lo abrazó, dejándolo sin aire.

− ¡Luddy~, llegaste!−dijo animosa la sombrerera.

−A-Angie…p-por favor…ne-necesi-ito…respirar−hablaba casi ahogado. Lo liberó, él intentaba recuperar el aire.

−Upsi~, no me limite−rio con nervios−pero alégrate, ellos están a salvo−señalo a los albinos.

Inmediatamente, los dos salieron del bolsillo y dieron un salto hasta la mano de Ludwig, quien, los recibió con cuidado.

−West, ahora sí o sí debes explicarnos las cosas…−inicio Gilbert.

−…dado que nuestras asombrosas personas están confundidas−termino Julchen.

−Tengo todo el tiempo del mundo, pero ese tiempo será en el castillo de la Reina Blanca−dijo casi apurado.

−Espero no quieras seguir postergando tu explicación−hablaron al unísono, cruzándose de brazos.

Con un movimiento de cabeza por parte del rubio, tanto la sombrerera como el conejo, se adentraron a la oscuridad del bosque.

A medida que avanzaban, Angie habló:

− ¿Sabes de tu destino, Alicia?

− ¿Destino?−pregunto ella.

−Has venido para liberarnos…liberarla…liberarlo…liberar a Infratierra del terror de Jaberwocky.

−Como haré eso?−volvió a preguntar, con la atención de todos los ahí presentes. La sombrera sonrió, y habló para sí con voz susurrante:

"Era Brilig, y los zolescas

torvos gimeaban en el waibo.

Oh, mimosos estaban los borogobos

y guriflaban los ratacaibos-

−Perdón, ¿dijiste algo?−pregunto Nieves.

− ¿Dije algo?−inquirió con una mirada dura. Recibió el silencio de respuesta. Prosiguió:

El jaberwock con ojos de fuego, dientes que muerden, garras que rasgan.

Más cuídate del Jaberwock, muchacho.

Ella la espada Vórpica empuño, con

ella aquí y allá cortó…

Sin vida lo dejó.

Las garras recogió, y galumpando

volvió…"

...¿Te gusta?−se dirigió a Alicia− habla sobre ti.

−Ella no matará nada−se interpuso Chiara− sácalo de tu mente, ¡loca!−dijo molesta.

Se arrepintió de sus palabras, cuando la de ojos turquesas se detuvo, con una mirada pérdida.

− ¿Mi…mente?−cambio a una expresión enojada, tomando a las gemelas y depositándolas en un tronco cortado.

− ¡Hey, tú, espera!−exclamo un poco asustada la princesa.

− ¡No queremos quedarnos aquí!−se unió Alicia.

En eso, la mujer volvió a detenerse y con una mirada indescifrable se dirigió hacia ambas.

− ¿No lo hará? Después de todo lo que el Rey Rojo y la Sota han hecho, ¿no lo harás?−inquirió.

−No pueden obligarla, no es su deber−otra vez hablo Chiara por su hermana.

La de vestuario extravagante se inclinó hacia ellas, mientras el resto intentaba no caerse. La de sangre azul sentía que quería entrar en su alma con esos ojos turquesas. Se separó lo suficiente para mirarlas a las dos.

−No eres la misma que fuiste hace mucho−dijo, sorprendiéndola− eras más…muchosa, se ha ido tu muchosidad –explico.

− ¿Mi muchosidad?−pregunto con confusión.

−Ahí adentro−señalo en su pecho−algo vital falta.

−Dime que hizo el Rey Rojo−hablo Alicia. La cara de Angie se desanimó, y el conejo intento acercarse a ella, pero fue apartado de un manotazo.

−N-No es una bonita historia−decía desolada.

−Dímelo de todos modos−insistió, pero apenas dijo eso, la otra levanto la mirada.

− ¿Oyeron eso? Sé que escuche algo−les pregunto hasta los de sus bolsillos.

− ¿Qué?−ninguno comprendí. Las orejas de Ludwig se movieron en una dirección. El relinchar de un caballo.

−Caballeros rojos, creí haberlos perdido.

−Creíste, de seguro siguieron tu rastro−tomo a las muchachas y las deposito a ambas en su sombrero.

Conejo y sombrerera, corrieron velozmente, huyendo de los pasos de los soldados rojos. Llegaron hasta el borde de una laguna.

− ¡Nos rodearon, Angie!−dijo Ludwig, algo alterado.

−No, Lud…a mí me rodearon−el ojiazul se negaba a lo que escuchaba−siguieron tu rastro, pero era obvio que para mantenerla a salvo debía hacer un sacrificio−sonrió con determinación. Golpeo con una de sus manos un árbol, y de él mostraba un túnel−esto te llevara al otro lado del lago, con tiempo suficiente para que no te noten. Recogelos a ellos y ve a Marmoreal−no le dio tiempo de decir nada, dado que lo empujo, cerrándose la entrada−¡suban al sombrero!−ordenó. Todos treparon hasta donde les indicaron−el castillo está en un paradero oculto que solo la rebelión y los nobles blanco saben, por suerte, Ludwig es parte de ella…−hizo una pequeña pausa−sujétense fuerte.

Dijo eso, y con todas sus fuerzas, lanzó su sombrero con todos los pasajeros tratando de no caer. Al llegar al otro extremo y el grupo golpeándose en el suelo, en el proceso, Angie sonrió tranquila y con dicha.

− ¡Fin al maligno Rey Rojo!

Desde la lejanía, la muchacha de vestido azul, junto con los demás, observaban como la sombrerera loca se dejaba apresar, llevándosela.

Un hoyo apareció en el suelo, mostrando al rubio fortachón.

Al verlos a todos bien, suspiro, pero no se esperó que Alicia, desde su lugar, le dijera esas hirientes palabras.

−Todo esto es tu culpa."

Todos iban cabizbajos, soltando suspiros de tristeza. Ludwig solo lo hacía con arrepentimiento, apretaba los puños, frustrado por no haber hecho algo. No podía darle cara a nadie, en especial a la chica de vestido azul, extraño rulo, y cabello castaño rojizo. Sabía que esta, apenas sintiera que levantaba la mirada del suelo, lo mataría con los ojos, unos con ganas reprimidas de llorar, golpearlo a él e ir a salvarla. Pero le prometieron, que irían al castillo de la Reina, poniéndolos a salvo. Le encomendó esa tarea al conejo.

− ¿Ludwig?−se escuchó una suave voz en el castillo.

El grupo por fin pudo ver más allá de lo que era al suelo, para sorprenderse más todavía. Julchen incluso mucho más que cualquiera.

Si bien, la joven frente a ellos, que usaba un vestido delicado completamente blanco, tenía su cabello albino− ondulado en las puntas y con unas trenzas que quitaban el cabello de su cara−, su piel nívea−la de esa chica parecía porcelana−, pero no sus ojos y expresiones. Ambos iris eran entre un lila y un azul que rozaba el celeste, estos expresaban timidez, y se notaba que había existido un brillo, que era inexistente en el presente. Sus labios, similares a los pétalos de los árboles. Sus movimientos nada bruscos. Lo más aterrador de esa joven, era que su rostro era similar, casi como gemelas. Algo dentro de ella le decía que no era eso, soltando un imperceptible suspiro de alivio.

−Reina María (1) −saludo, con una reverencia, el conejo. Le imitaron, aunque Alicia parecía no darse cuenta de si lo había hecho o no.

Ella se aferraba al barandal de la escalera, sonriendo con cortesía y afabilidad. La seguía un hombre de ojos rosado, y cabello rubio atado en una coleta baja del lado derecho, con vestimentas de la nobleza, pulcras, la tomó con cuidado, como si de un objeto valioso se tratará.

−María, ¿Por qué te levantas de tu cama? Tu salud no es la mejor para poder levantarte−regaño.

−Elías (2), por favor, me he sentido mejor, puedo caminar−trato de convencerlo. El noble dudó, pero la liberó. Fue hacia los desconocidos, sonriéndoles−bienvenidos sean a mi palacio, viajeros−se centró el Alicia y su mirada se llenó de asombro− el caballero−dijo, sorprendiendo al grupo− el caballero que nos liberará−con paso rápido, se fue hacia ella, entregándole una sonrisa sincera−aunque…−dice observándola detalladamente−te imaginaba más alta.

−Fue esa cosa que bebimos−explico Maddie.

−Ahora entiendo.

− ¡Tú! ¡Ratón!−apunto el noble a la rubia. El lobo se posiciono frente a ella, ante la posible señal de peligro en contra de la chica− ¿Cómo te atreves a hablarle tan familiarmente?

−No tengo problema con eso Elías. Además, aún no soy Reina por completo−defendió la albina− mejor, me presento como se debe−se puso frente al conejo y, en consecuencia, ante el conjunto− soy María…-

−Princesa y futura Reina, María−interrumpió el rubio de coleta.

−Y él−fue hacia su acompañante−es Elías.

−Conde Elías−corrigió el mencionado− su prometido−agrego con emoción, tomando su mano.

−Oye, que aquí algunos somos príncipes y princesas y no lo andamos alardeando−dijo Julchen, sacándole una risa a la otra albina, y un asentimiento por parte de los nobles del grupo.

−Aquí, si no naciste en Infratierra con buena cuna no eres de la nobleza~, así que en realidad, eres una plebeya entre nosotros−dijo con una sonrisa, muy falsa, mientras la de la pequeña ojirroja, desapareció.

Un carraspeo por parte del fornido rubio, los saco de ese incomodo silencio.

−Discúlpeme, pero creo que debería ayudarlos a regresar a su forma normal, su majestad−dijo hacia la monarca.

−Oh, por supuesto~−dijo apenada−sígueme, Ludwig~, y Elías, puedo ir sola con él~−dictó, caminando a uno de los pasillos. Ignoró el puchero un tanto infantil de su prometido.

Llegaron a una puerta, de madera pintada de blanco, y con detalles de curvas y círculos, atrayentes. No evitaron el asombro al saber que era la cocina.

Cruzando, la de sangre azul se agacho con elegancia, evitando el plato volador que se estrelló contra el portal.

− ¿La liebre ya está aquí?−dice Ludwig.

− ¿La liebre Kerem?−pregunta Nieves.

−No hay otra.

− ¡Llegan tarde para la sopa, niños!−dice un "molesto" Kerem. Alicia paso su dedito por el resto de la sopa que quedo impregnado en el pedazo de madera, saboreándolo.

−Le hace falta sal−solo pasaron un par de segundos, para que él le lanzará al sombrero un envase con el condimento y un "¡toma!" de su parte.

−A ver, veamos−decía para sí la albina de ojos claros. El conejo permitió que el conjunto bajara de él a la mesa. Al tratar de ayudar a Alicia de bajar del sombrero, esta lo evadió, causándole que el sentimiento de culpa regresara. La princesa tomo un objeto con forma de cono, cuidando de que no cayera−una pizca de grasa de lombriz−comenzó a echar en él− orina de libélula−la cara de los viajeros era de desagrado con la mención de eso− uhm, dedos de queso~−pareció saborear tomar…lo que sea que fuese. Chiara sentía nauseas− dos monedas del bolsillo de un cadáver, tres cucharaditas de vanas ilusiones~−no entendían de donde salían esos ingredientes. Pero fue bastante asqueroso cuando ella le escupió al interior− bien~ solo falta, sumarle un pastel de limón~−derramo sobre la delicia el líquido que trabajo−ahora está listo, deben probar UN pedazo pequeño~−decía segura.

Con terror, fueron comiendo el trozo que les tocaba. Inmediatamente, tanto María como Ludwig, se alejaron de la mesa, mientras los chicos crecían, y, algunos de ellos, caían de esta.

− ¡Bloddy hell!−exclamo el pirata, siendo empujado por el albino. Volvió a quejarse al sentir otro cuerpo encima− ¿Quién mierda esta sobre mí?

−Yo, y no deberías hablar así−respondió la princesa de blanca piel.

−Soy un pirata, así debo hablar−dijo, intentando levantarse.

−Que seas algo, no significa que estés obligado a actuar de tal forma−ella ofreció su mano, logrando que el rubio, se quedará sin habla, para luego aceptar la mano, avergonzado.

El rubio de orejas de conejo se acercó para ayudar a la mayoría, en el momento de auxiliar a Alicia, esta se zafó.

−No necesito que me ayudes−dijo con frialdad.

− ¿Por qué te comportas así conmigo?−se cansó del silencio y las evasiones de la chica, solo quería que le dijera lo que ya conocía, a la cara.

−Lo sabes. Abandonaste a Angie cuando te necesitaba, fue por tu culpa que ellos llegaron y la capturaron−elevó la voz− ¿quieres que te felicite por eso?

−Tanto ella como yo, conocíamos a que nos enfrentábamos. Prefirió, en contra de lo que yo deseaba, que los llevara a ustedes a salvo, pues era el único que conoce donde queda este castillo−discutió. Los ojos de la chica se cristalizaron, en eso Chiara fue a hasta su hermana−eres la esperanza, nuestra esperanza. El caballero que portará la espada Vórpica.

−La espada−voltearon hacia María, quien tenía una expresión de recordar algo importante−Ludwig, la espada la tiene la Sota en custodia en el castillo rojo−entonces, él tuvo una idea.

−Iré por ella, su majestad−miró a la chica− y por Angie.

Se cernió el silencio en la cocina.

−Ludwig, ¿podemos hablar a solas?−el conejo asintió, aceptando la petición de su futura reina.

Se apartaron de los demás, que comenzaron a cuchichear por la discusión y la decisión tomada por el joven. Los mellizos se mostraban más preocupados por eso.

Lejos de los visitantes, los dos pudieron conversar, no como princesa a subdito, sino como los amigos que eran.

− ¿Sabes el peligro en que te metes, al aceptar volver al castillo?

−Absolutamente.

−Te apresaran como un traidor, te…cortarán la cabeza.−decía con terror− Para mí, eres un hermano, no quiero que vayas.

−Si me permites, el Frabulloso día se aproxima. Sin la espada Vórpica, no podrá luchar contra el Jaberwocky−su explicación tenía un buen fundamento.

El conejo no era de expresar sus emociones con acciones, pero en esos momentos, como el ver a la que había sido como una hermana para él, a punto de llorar, con torpeza, le dio un abrazo, que ella no tardó en corresponder.

−Lo haces para que Alicia te perdone−agregó, para sorpresa ajena− te ha logrado encantar el corazón, por eso quieres su perdón.

−Apenas la conozco de hace unas horas−dio un intento de excusarse, con un tinte rosa en ambos pómulos.

−Conocí al amor de mi vida en unas horas, y supe que lo era al crecer−sonrió. El muchacho se quedó callado con esa declaración− y, ya que estamos en eso−bajo el volumen de su voz− ¿es cierto?−él encarno una ceja, sin entender− ¿Él regresó? ¿Volvió después de desaparecer?−los ojos color lila-azul adquirieron un brillo extraordinario, tal como la alegría al hablar.

−…No, María. No es él−se sintió mal al ver como su mirada se ensombrecía−Es similar…en cierta forma. Vino con mis hermanos y su grupo. Dice que no es nada más que un sirviente. Lo lamento, sé que esperabas lo contrario.

La joven mujer asintió, sin quitar la vista del suelo.

OoOoOoOoOoOoOoO

Maddie, Alicia y Nieves, consolaban a la liebre que lloraba a mares, sonándose con un pañuelo.

−Por favor, Kerem, deja de llorar−le pedía la princesa.

− ¡No puedo!−sollozaba−¡A-A-A-A-Angie fue capturada! ¡Le-Le-Le-le-Le van cortar la cabeza!−se sonó ruidosamente−¡Y-Y-Y-Y-Y-Y no solo eso, A-A-A-A-A-A-Amelia también~! ¡BUAAAAAA~! ¡MATARÁN A MIS DOS ÚNICAS AMIGAS!−el trio trataba de consolarlo en un abrazo, que solo saco los celos de cierto lobo.

Este agarro de un brazo a la muchacha de capa roja, que no supo cómo reaccionar ante eso. La separo del resto, saliendo de la cocina y alejándose ambos por el pasillo. Se detienen en un jardín de rosas blancas.

−M-Michael−le llamó, pero fue ignorada−Michael−repitió− ¡Michael!−gritó, sin ser del todo audible. El lobo se detuvo, volteo hacia la chica que miraba su brazo−Me lastimas− el ojivioleta observo como dejo marcado su mano en el brazo ajeno. La soltó, enojado consigo mismo.

−Perdón−dijo casi en un susurro.

− ¿Por qué hiciste eso? Kerem se encuentra en un mal momento, atraparon a sus dos amigas más cercanas−la rubia llego hasta su lado, tratando de encontrar los ojos del de lentes oscuros, que la evitaba.

−Me vuelvo posesivo, cuando creo que pueden quitarme algo que aprecio−dice sin pensar.

Ambos se sonrojaron, uno avergonzado con sus palabras, y ella, nerviosa.

− ¿N-No crees que estas rosas son hermosas?−intento de cambiar de tema.

Él, por su parte, no se fijó en las flores, sino en la portadora de la capa carmín.

−Si−aseguró− lo eres.

Puede que sea la suerte o la desgracia, que ella lo haya escuchado decir eso. Sus ojos, ambos violetas chocaron. La rubia de bajas coletas, acortaba distancia con el más alto. El chico trago duro, con los nervios a flor de piel. Solo se estaba dejando llevar. Mientras ella se ponía de puntillas, él le afirmaba desde la cintura. Y entonces…

− ¡María! ¡Amor mío!−interrumpió el griterío de Elías− ¡Mi amada prometida, ¿Dónde estás?!−lucía desesperado. Se encontró con los dos− ¿y ustedes? ¿No deberían estar con su grupito de cuarta?, ¿Qué se suponen están haciendo?, y principalmente ¡¿Dónde está mi preciosa futura Reina?!−grito con tono agudo.

Después se fue corriendo por el mismo camino.

Michael apartó a Maddie con cuidado. Se quedaron en un silencio incómodo.

−Vamos con los demás−sentenció el lobo.

La ojivioleta de lentes, solo lo siguió.

¿Qué estaban a punto de hacer?

−"Solo somos amigos"−pensó la chica de capa roja−"pero…si, solo amigos"−pero no estaba segura de aquello.

OoOoOoOoOoOoOoO

La muchacha de castaño rojizo, la miraba confusa− ¿alguien quiere hablar conmigo?

−Con todos, sin excepción−decía la princesa de vestido blanco. Los muchachos no comprendían porque querrían hablarles a ellos, si la que tenía un "destino" era Alicia−se trata de Absolem.

− ¿Quién es Absolem?−preguntaron todos a la vez.

−Es sabio, es absoluto−describía Ludwig.

−Es Absolem−dijo Kerem con simpleza. Él dejo de llorar cuando le pusieron dulces enfrente.

La conversación se daba en dirección a los rosales. Se sorprendieron cuando Michael y Maddie caminaban en dirección opuesta a la suya.

− ¿Adónde creen que van, tíos? Si nos solicitaron para allá−señalo Antonio, por el mismo camino que andaban los rubios.

−…como sea−se dio la vuelta, regresando por sus pasos.

− ¿Qué les ha pasado, porque te veis algo rojo?−como respuesta, recibió un gruñido del otro−Vale, vale, no pregunto nada.

−Idiota−dijo Chiara.

La princesa blanca los guio hasta uno de los arbustos de rosas, donde las flores no se hacían notar por el espeso humo que lo rodeaba.

−Hasta aquí llegó−anunció.

− ¿No nos acompañara?−pregunto Elizabeta.

−Absolem quiere ver a Alicia y a los extranjeros, ustedes. Si me disculpan, me retiro−con una reverencia, se despidió por el momento.

Se aproximaron al arbusto. Estando más cerca, el humo se dispersó para mostrar…una oruga azul.

− ¿Quién eres tú?−pregunto el insecto. Este tenía un monóculo en uno de sus ojos, con una pipa en una de sus patas. Era viejo, por su aspecto.

− ¿Absolem?−inquirió Alicia.

−Tú no eres Absolem, yo soy Absolem. La pregunta es−toma una calada− ¿Quién eres tú?−tosieron al sentir como les tiraba el humo.

−A-Alicia−respondió tosiendo− y…-

− ¿Quiénes son ellos?−apunto a los integrantes del conjunto.

− ¿Nos llamas sin saber quiénes somos?−pregunto molesto el de acento inglés.

−No dudes de lo que hago, Kirkland−la sorpresa fue general.

−Esperen, nos pregunta quienes somos pero sabe quiénes somos−Chiara no encontraba lógica en lo que decía−cazzo, no entiendo.

−Tal vez tiene un trasfondo su pregunta−adopta una pose pensativa el ibérico.

−Pero como tú no piensas, no encontraras la respuesta−atacó el pirata. La princesa de rulo junto con la pelinegra, aguantaron la risa. Recibió una mirada de odio por parte del moreno, respondiendo con una sonrisa burlona.

Alicia carraspeo, indicándoles con la mirada que la oruga necesitaba su atención.

−Ustedes tienen muchas dudas con respecto a este mundo, pero todo a su tiempo, viajeros−tomo una calada de su pipa− deben saber, como inicio todo−con eso, todos estaban atentos a él− ¿de donde viene el odio del Rey Rojo? , se cuestionarán−vuelve a su pipa y libera el humo− comienza, con el rencor entre dos reinos y un deseo de paz…

−"En Infratierra, existen dos reinos; el Reino Blanco, benévolos y compasivos, su arma la inteligencia. El Reino Rojo, astuto y duro, su arma es el miedo. Nunca se llevaron bien, hasta que los últimos reyes blancos decidieron hacer un tratado de paz con los rojos, por un medio jamás usado en la historia de Infratierra: sus herederos se crecerían juntos, se forjaría una amistad, y la guerra no sería la solución. A pesar de que el Rey Rojo de ese entonces quería negarse, con la influencia de su Corte, cedió.

Las reinas tuvieron a sus hijos; la Reina Blanca tuvo a una niña y la Reina Roja concibió a un varón.

Los niños, tal y como se planeó se volvieron amigos con el pasar del tiempo. La princesa, aun siendo muy joven, era hermosa, tímida y de corazón de oro, pero de condición enfermiza, mientras el príncipe era serio, aislado y gruñón.

Mas existen cosas que no se pueden planear…

Un día, el príncipe, molesto porque no dejaban salir a su amiga, se escapó con ella a los rosales del palacio, donde ningún sirviente tenía permitido entrar.

−Sacha (3) −lo nombro, y este acudió− ¿tú crees que…cuando crezcamos sigamos siendo amigos?

− ¿A qué viene esa pregunta?−su cara era de extrañeza.

−Es que…leí un libro donde contaba la historia de Infratierra, y nuestros reinos siempre han sido enemigos. ¿Eso significa, que nos volveremos enemigos cuando grandes?−sus ojos estaban al borde del llanto− ¡yo no quiero eso, te quiero Sacha, no me dejes!−no espero ninguna respuesta, ella se abalanzo hacia él y lo abrazó.

−Ya, ya−la consolaba− eres una tonta, ¿Cómo crees eso? Lo que hayan hecho nuestros antepasados no debe importarnos, solo lo que decidamos nosotros para nuestro futuro−la princesa lo miraba con los ojos abiertos de par en par−¿po-porque me miras así?

−Sacha…−ella volvió a atraparlo en un abrazo−prométeme que nunca me dejaras ¿entendido?

−Lo prometo−juró, acariciándole la cabeza.

−Te quiero.

−Eh…yo...igual−le costó decir eso, lo dijo con un tono avergonzado−…tonta.

− ¿Sacha?

− ¿Qué quieres ahora?−estaba algo cansado de sus preguntas sin sentido.

− ¿Tú crees en el verdadero amor?

−Sí que preguntas estupideces−ella esperaba su verdadera respuesta− sí.

−Yo también. Si me casaré cuando adulta, será por amor.

−Haz lo que quieras−la princesa tomo una de las rosas.

− ¿No son bonitas?−él asintió− Sabes, mi madre dice que cada rosa tiene un significado. La blanca significa amistad. La rosa roja significa amor.

−Vaya, es irónico−ella lo miro con interrogación−la rosa roja es el símbolo de mi reino, y en lugar de amor, solo es sangre derramada por la traición…. todos mienten−finalizo con un susurro.

−No, no todos Sacha−observó su flor y se la entregó−para recordar nuestra amistad−él bufó, pero acepto el obsequio.

Esa fue una de las últimas conversaciones que tuvieron solos. Después de eso, la preparación para su futuro para dominar sus respectivos reinos, les quitaba el tiempo para verse. Conversaban por medio de cartas, contando lo que hicieron y desearían hacer.

Una ocasión, por visita diplomática, se reencontraron, pero totalmente diferentes a cuando eran niños.

Fue ese punto no planeado por sus padres, el que no se esperaron. La joven princesa blanca, y el atractivo príncipe rojo, volvieron a mirarse a los ojos y descubrieron que ya nada era lo mismo. Él, lo negó, ella, lo acepto cuando se fue.

La amistad quedó en los rosales del castillo de mármol, con esos dos niños.

El príncipe atesoraba la rosa blanca, quien se asemejaba a su amiga; hermosa, sus pétalos eran suaves como la piel de ella−recordando sus abrazos y cuando lo llevaba de la mano−, y aun con las espinas, era incapaz de dañar.

Sacha había cumplido 17 años, cuando su padre falleció, y él asumió el cargo del monarca que portaría la corona carmesí. Por sus responsabilidades, nunca pudo verla de nuevo. Además, una misteriosa Sota se le fue asignada, y digo misteriosa porque apareció el mismo día de la muerte del Rey, que murió por causas desconocidas.

La ocasión se dio, cuando ella estaba por cumplir 20 años. Se prepararía una gran fiesta, y el joven por ser Rey, estaba obligado a ir. Con su vestimenta más elegante, un chaquetón negro con bordado blanco, fue a la festividad.

Era una fiesta de máscaras. Había llegado mucho antes que los demás invitado, así que se escapó de la vista de su sirviente, caminando por el mismo castillo que lo recibió en su infancia.

Y la vio…

Su vestido largo liso con terminación "A", de color púrpura, drapeado en la zona del busto y un tirante central con diamantes blancos. Su cabello estaba suelto y ondulado, ausente de la corona que la calificaba como princesa. Parecía buscar con la mirada a alguien, hasta toparse con los del joven. Le regalo una sonrisa y este imito el gesto.

−Sacha, me alegra que hayas venido−se acercó, teniéndolo en frente.

− ¿Pensabas que me iba a perder el cumpleaños de la princesa más bella de Infratierra? Ni hablar−dijo en tono de broma, pero no se esperó el sonrojo en las mejillas de la chica.

−S-Si, no digas más−dijo cohibida.

−A tu madre debió de darle un infarto al verte con un vestido así.

−Ella se preocupa por saludar a los invitados, y excusar a mi padre por su enfermedad−su semblante era uno de tristeza.

−Lamento eso, princesa.

−Descuida−cambio de tema− ¿Y tú máscara?

−Ah, eso−suspiro hastiado−lo perdí en el camino. Haré el ridículo.

−Claro que no, yo tampoco tengo−confesó.

− ¿Hiciste una fiesta de máscaras y no tienes?−enarcó una ceja.

−Te-Tenía, pero…a una niña, hija de una duquesa, se le rompió la que usaba, y se la regale.

−Siempre haciendo lo correcto, ayudando a todos−dijo el Rey− esa es mi princesa.

El rojo creció en las mejillas de los dos jóvenes, en especial con el muchacho, dándose cuenta de lo "extraño" que sonaba su frase. Caminaron hacia donde los invitados estaban, que felicitaban a la princesa, separándolos por un rato.

Al verla sola por un momento, Sacha la toma de la mano con delicadeza, regalándole un beso en el dorso de esta.

−Sa-Sacha−musito una atónita muchacha.

− ¿Me permites esta pieza, princesa?−bastaron segundos, para que ella asintiera a su propuesta.

La llevo hasta el centro del salón, y la música se volvió lenta. El chico puso su mano derecha en la cintura de la muchacha y con la izquierda, sujetaba la mano ajena. La chica posiciono su izquierda en el hombro masculino.

Conmigo estas,

Y el mundo se esfumó

La música al sonar los envolvió,

Aquí, muy juntos,

Si contigo voy,

Aquí, tan vivo estoy...

Él la guiaba, siguiendo la melodía de ese vals. Dando un paso atrás, un par de giros, y ella girando sobre su eje sujetada a su mano.

La vida va,

Los sueños morirán,

Al mío digo adiós

Y sin saber,

Que aquí tú estabas,

Mi sueño te encontró,

Y hoy, por siempre yo se

Que solo quiero,

Tenerte aquí…

Estaban tan ensimismados en ellos, que no se daban por enterados que eran observados por personas ajenas. La Reina miraba con indignación cuan juntos bailaban el par, llenándose de temor por los murmullos a sus espaldas por parte de los invitados. Decidida fue buscar a otra persona para detener eso, y los susurros a sus espaldas. También la Sota del Reino Rojo los miraba con detenimiento, haciendo un gesto de desagrado, alejándose y mezclándose entre la multitud.

Aquí, soñando con un feliz final,

Creer, que esto en verdad es real,

Y este sueño también nos separó,

Tú allá, y yo aquí

Moviendo los labios acordándose de la letra, el joven se centraba en esos ojos claros. Ella se abrazó a él, recostando su rostro entre el espacio de su hombro y cabeza. Se separó, volviendo a conectarse.

Ocupaban más parte de la pista de baile, con maravillosos pasos, dejándose llevar.

Acortaban distancia entre sus rostros, pero una mano encima del hombro del Rey rompió lo que ambos crearon. Un muchacho rubio, estaba situado detrás de ellos.

− ¿Puedo bailar con ella?−pregunto con una sonrisa, que Sacha identifico como una falsa.

−Cuando termine esta canción−determinó.

−Mejor cambio las palabras−su expresión se volvió más seria−déjame bailar con MI prometida.

Entonces, el semblante del monarca se transformó a sorpresa. Busco una respuesta en la mirada de su amiga, encontrándole la razón cuando lo evadió. Con enojo, se abrió paso entre los bailarines.

−Sacha, yo…−trato de detenerlo, pero este giró hacia ella, con evidente furia.

−Vete a bailar con tu prometido−escupió con veneno, dejando a la muchacha desolada.

El noble tomo de la mano a la princesa, obligándola a continuar con la danza.

¿Y cómo enfrentar la realidad

Si hoy, me quedo aquí?

Se dirigió hacia la puerta principal, mas algo dentro de él, le decía que no era lo que creía, que ella no quería a ese otro hombre. Miró hacia el centro, donde la dejó.

El monarca jamás sintió tanto dolor, ni en la muerte de su progenitor, nada se comparaba a aquello; su amiga, no, la mujer del que estaba enamorado, besaba a ese "desconocido", al prometido de ella. Sentía un ardor en los ojos, apretó la mandíbula. Como soberano del Reino Rojo, no, como él mismo, no iba a permitirle el placer a nadie de verlo llorar, verlo sufrir.

− ¿Su majestad?−lo llamó su Sota− ¿se encuentra bien?−siguió caminando a la puerta− ¿desea retirarse?−asintió− ¿no cree que se darán cuenta de su ausencia?

−No−por fin habló−nadie me extrañara−siseó.

La Sota sonrió con satisfacción, siguiendo los pasos de su señor.

Hoy~, aquí soñando con un feliz final,

Creer que esto, en verdad es real,

Soñar que el sueño, que nos contestó…

−Ah~, que gente−dijo−los del Reino Blanco nos juzgan por la dureza de nuestros castigos, pero ellos son peores. Puede que traten de ser "buenas personas", pero se centran tanto en ellos mismos, que no se dan cuenta de que sus acciones puede dañar a quienes los rodean. Causan tristeza y…sufrimiento−destaco esa palabra.

−Cierto−apoyó−somos muy diferentes. No debemos ser amigos de personas tan crueles… ¿sugieres algo para darles una lección?−el sirviente amplio su sonrisa.

− ¿Ha escuchado la frase "es mejor ser temido, que amado"?

Yo aquí,

Yo aquí, y tú…

Allá…

Desde ese día, el nombre del Rey Rojo se hacía conocido por sus horribles castigos. Su paciencia siempre estaba al borde de estallar, así que al mínimo error, este ordenaba que cortaran la cabeza de los acusados. La influencia de la Sota, dominaba la naturaleza escondida del soberano.

Cuando veía crecer las rosa blancas, que había plantado él en su niñez, ordenó que obligatoriamente se pintaran de rojo, para recordar la traición de la princesa a su corazón.

Todo por su furia interna, por sus celos.

Al enterarse de la muerte del monarca del reino contrario, supo que para que la princesa se convirtiera en Reina, primero debía casarse con su prometido.

No soporto la idea de que se la arrebatarían para siempre, tomando una decisión drástica y que traería la tragedia.

El clan de los sombrereros hacia una fiesta en honor a su adorada princesa, y lo dichosos que se sentían de que ella se convirtiera en su soberana.

La joven observaba con una sonrisa, a todos los divertidos habitantes, desde su caballo de pelaje blanco y portando una corona con diamantes y joyas transparentes. Sin embargo, un aura de tristeza se captaba si se le conocía bien.

A su lado derecho, su prometido, serio y mirando con superioridad a la gente. A su izquierda, una adolescente de vestuario extravagante y el sombrero más increíble de todos, aplaudía al ritmo de la música, animada: La sombrera de la corte.

De pronto, una gran sombra cubrió a todo el paraje, captando la atención de todos los asistentes.

Una llamarada de truenos y fuego ataco cerca de las personas. El caballo de su majestad se levantó sobre sus patas, asustado, la princesa se aferró a las cuerdas para no caer, mas su corona cayó en el proceso. La sombrerera intentó calmar al animal.

El monstruo esta vez ataco a la gente, matándolos a casi todos.

La adolescente, sin su sombrero, logró que la princesa escapara con su prometido.

Uno de los caballeros trató de dar pelea, siendo asesinado. Su espada voló por los aires, aterrizando en la tierra. En su caballo, la Sota tomo posesión de la espada Vórpica.

Lo último que vio ella, al igual que la sombrerera, fue el desastre. Lo que alguna vez fue una hermosa y viva aldea, estaba ardiendo en llamas, con la muerte rondándole.

La chiquilla, encontró su sombrero, con partes quemadas, en el suelo. Al colocárselo, su mirada había cambiado,..

…al igual que toda Infratierra…"

−… A partir de entonces, Infratierra está bajo el poder del Rey Rojo, quien lo domina con el miedo que impone−termino su relato.

El grupo no había hecho ninguna interrupción a la historia, dado que esta las había atrapado. Ya entendían la mayor parte de las cosas locas de ese mundo.

−La sombrerera de la Corte−dijo Alicia−es Angie ¿no?−Absolem asintió.

−Entonces…−siguió Julchen− eso significa que la princesa de la historia es María−volvió a asentir− ¿pero quién es Sacha?

−Sacha es−la princesa se situó detrás de ellos, y estos, voltearon hacia ella− un apodo que le di cuando éramos tan solo unos niños. Su nombre era muy largo, así que pensé que le quedaría bien−explico.

Durante unos minutos que se pusieron a pensar, llegaron a la misma conclusión.

Ludwig, escogió ese momento para aparecer.

−María, te debo presentar a alguien−la aludida fue hasta él, asombrándose de ver quien lo acompañaba, al igual que el resto del grupo−él es Iván, es el "suplente" que ha estado todo este tiempo en el castillo.

La princesa, solo por un segundo creyó que era él, pero al otro, la decepción la golpeo.

−"Aunque se parezcan, aunque vistan igual, no es él"−se recriminó.

−Debo decirle algo−Iván la regresó a la realidad− encontré un pasadizo que conecta ambos castillos. Entre y logre llegar hasta aquí, y también me topé con Ludwig−dijo con una sonrisa.

−Pienso, que así puedo ir al castillo Rojo sin que me atrapen, tomar la espada Vórpica y-

−No−interrumpió Absolem− solo el caballero debe llevar la espada Vórpica−miró a Alicia, mientras ella entendía el mensaje. Pero no todos estaban de acuerdo.

− ¡Claro que no!−bramó Chiara− no, no, no, y mil veces ¡no! ¡Mi hermana no se va exponer a algo tan peligroso!

−Hermana−trató de calmarla.

− ¡Deben buscarse otro que pelee esta guerra!

−Hermana−se notaba la molestia.

− ¡No pienso permitir que le digan que hacer!

− ¡¿Cómo tú estás haciendo, Chiara?!−gritó, callando a su gemela− ¡si bien no debería pelear, quiero y tengo que hacerlo! ¡Por perseguir a Ludwig se me ha dicho que hacer o no hacer! ¡Desde ahora yo decidiré!

−Alicia, sorella, este no es tu camino−la princesa quiso disuadirla.

−Yo forjó el camino ahora−declaró con firmeza.

OoOoOoOoOoOoOoO

La princesa María, ordeno y ayudo a preparar algunas bolsas para los viajeros. En estos, había mucho más comida que la que poseían al salir de la casa de los enanos. También les explico cómo irse de Infratierra, por medio de una pócima con sangre de algunas criaturas. Esto no les agrado para nada, incluso la mismísima soberana declaró que detestaba la sangre, pero ¿que se le podía hacer? Era la única manera, Ludwig sabia como hacerla y así era.

Hablando de él, se estaba despidiendo de sus hermanos mayores.

−Cuídate mucho West−decía Julchen en medio del abrazo.

−S-Si, lo haré−prometió, con la cara azul.

−No te olvides de tu misión, pequeño West, y cúmplela−dijo Gilbert.

−E-Entendido−en serio, ya casi no tenía aire.

Los dos lo soltaron, riéndose del rostro de su hermano menor.

− ¡Ah! Y por cierto, una cosa más−la albina sonrió con picardía.

−… ¿Qué cosa?−temía que dijeran algo vergonzoso.

−Protege a nuestra cuñada−el albino señalo a Alicia.

Ambos explotaron en risotadas, la cara de su hermano era todo un poema, con un lindo tinte de rojo.

La albina sintió una mano en su hombro, una mano enguantada.

−Julchen−el eslavo estaba nervioso− no sabes cuánto me alegro de verte.

− ¿Quién no estaría alegre de verme? Kese~ −detrás suyo, parte del grupo miraba mal a la chica.

−E-Es que…fuiste a la que más extrañe−explico− Sabes, en el palacio todos me trataban de "su majestad", "su excelencia". Tenía varias joyas, demasiadas. Comía a montones. Yo no era el sirviente, todos me servían…pero−hizo una pausa− no me agradaba. Aun teniendo el título de un Rey…no era nada. Sentía tu ausencia, y yo solo−se sonrojó−me sentía feliz observando esto−saco de su bolso, una bota de cristal−el recuerdo de cuando baile contigo, el momento de mayor felicidad en mi vida de tristeza.

La chica se quedó conmovida por sus palabras, además, no era la única. María escucho todo, sintiendo un vació en su corazón.

−Oye, pervertido−Gilbert interrumpió ese lindo momento− aunque digas esas bobadas cursis, no olvido que quisiste ver a mi hermana desnuda.

Con eso, ella reacciono, alejándose con su hermano. Pero no dio ni el cuarto, cuando el chico recibió un sartenazo en la cara.

− ¡Idiota! ¡Arruinaste ese hermoso momento!−reclamó Elizabeta al inconsciente príncipe.

A unos metros de ellos, las gemelas se despedían. Chiara tenía la mirada ensombrecida, pareciendo impotente de no hacer cambiar de opinión a su hermana.

−Hermana−le habló Alicia− sé que estas molesta por mi decisión, pero no soy una cobarde, no me dejare intimidar. Debo encontrar la espada, y liberar a Angie y Amelia.

−Estúpida sorella –musito la castaña de rulo− date cuenta que eres mi única familia, ¿Cómo evitar no preocuparme por ti?

−Lo entiendo.

− ¿Por qué eres tan valiente? ¿Por qué eres superior a mí?−en su voz se notaba la amargura.

−No lo soy, pero debes hacer caso a lo que Angie te dijo−la otra la miro con una cara de interrogación− debes recuperar tu muchosidad, eso es lo que demostrará al mundo de lo que eres capaz−la otra asintió, desviando la mirada. Alicia la abrazó y esta correspondió− no es una despedida, es un…viaje bueno, hermana.

Se separaron. La de vestido verde se acercó al conejo y lo tomo del cuello, amenazante.

−Escúchame, macho patatas, si oigo por ahí, que mi hermana se disloco, se rompió, se amputó, la hirieron de gravedad o la mataron por un descuido tuyo, date por muerto−siseó con odio impregnado en sus palabras− ¿capicci?−él asintió.

Recibió un sermón por parte de los mellizos por haberlo amenazado, mas los ignoro y fue al lado de Elizabeta.

Maddie decidió, por su cuenta, despedirse de Absolem. Pasando por los rosales, y el humo, llego hasta la oruga.

−Absolem−recibió un sonido de que le escuchaba, por parte del insecto− solo quiero decir, por todos, que gracias por decirnos la que sucedía aquí y como empezó. Además, me vengo a despedir−sonrió con amabilidad.

−Maddie, la chica de capa roja−inició− sin dudar, una chica sencilla y de corazón puro−ella se sonrojo por los halagos− sin embargo, no te das por enterada que el tomar por primera vez la iniciativa, diste comienzo al caos−se asustó por sus palabras−En el tiempo que el Rey Rojo ha desaparecido, han sucedido terremotos, y, debes sorprenderte de saber que es por tu culpa−abrió los ojos de par en par− no, no es del todo tuya, también del lobo.

− ¿A qué se refiere?−el insecto tomo una calada y la soltó, la joven tosió.

−Eso debes descubrirlo por ti misma− con un gesto desganado, asintió a lo dicho por él.

Justo apareció Alicia, diciéndole que los demás la buscaban. Maddie, se despidió de la oruga azul, y este hizo lo mismo. Alcanzo a ver, como Absolem le tiraba humo a la cara a la castaña rojiza, ella replicaba con un "oye, ya basta de eso", mientras él reía y desaparecía con el humo de su pipa.

OoOoOoOoOoOoOoO

El grupo se encontraba en el salón principal, cada uno con un frasco de sangre de alguna criatura. La princesa había hecho un gesto de asco al entregárselos.

Viaje bueno, amigos−se despidieron los habitantes de Infratierra junto con Alicia.

Estos hicieron gestos de despedida, a la vez que se tomaban la pócima.

Pasaban los segundos, viendo como su alrededor cambiaba, desapareciendo las paredes del palacio y sus conocidos se volvían borrosos. Una luz se acercaba hasta ellos, mientras subían a gran velocidad… y en un parpadeo, estaban afuera del agujero del que cayeron.

−Chicos−llamó Antonio−debemos seguir.

Se levantaron del suelo y se sacudieron.

− ¿A dónde debemos ir ahora?−pregunto el ibérico.

−Ehm−tanto princesa como pirata se miraban confusos, sin comprender el siguiente punto. Luego se dirigieron al resto.

−Oigan, ¿alguien sabe qué diablos es China?−pregunto Arthur.

OoOoOoOoOoOoOoO

¡Fin del capítulo!

Hermosos reviews:

Lady-sailor: Mi hermosa lady~ me haces dichosa con tu review. Si, se pone MUY bueno, y que bueno que hayas acertado.

Xjapan: tu cabeza esta donde debería estar (?), por si lo olvidas, quienes pierden la cabeza, son las mejores personas ;)

Sofí w 3: muchas gracias por los halagos, me ayudan para seguir escribiendo. Oh sí, se quién eres ;) sé que no eres mi padre (?) okno.

Gigisu: hola, estoy bien (?) No puse mucho Spamano como querías, pero aquí tienes el Red Velvet Pancakes que deseabas~

Kayra Isis: ¡Mi adorada fan, has vuelto! Elegí esta versión porque es la que más me gusta y con la que me familiarizo más. Me gusta la canción que mencionaste, es una de las pocas cosas que me atrae de la versión antigua. Señorita, lamento decepcionarla, pero la pelea con el Jaberwocky no se dará, ya que, hasta aquí queda "Alicia en el país de las Maravillas". Pero quizá a futuro lo mencione. Lud ya era del lado bueno, era un "infiltrado" en el Reino Rojo. No hay de que, elegí a Nyo! Italia, porque la versión correcta de ella es valiente, decidida y quise ponerla como Alicia (además era uno de los nombres que le han elegido), pero no mostraré si logra salvar Infratierra. Espero cumplas con tu promesa; 3

Aclarando puntos:

(1)= Nyo! Prusia 2p.

(2)=Nyo! Hungría 2p (me cayó mal, ¿a ustedes no?).

(3)=Sacha es una abreviación de Alexander, ahora saben a quién se refería María con el apodo.

Los trajes de Alexander y María en el baile, son los mismos que usaron Robert y Giselle en "Encantada" en el Baile del Rey y la Reina.

Dato curioso: La Isla del Tesoro.

Al día siguiente que su hijastro hizo un dibujo en acuarela de un mapa de una Isla, y que ambos la llamaran la "Isla del Tesoro", Robert Louis Stevenson escribió el primer capítulo de la novela. Stevenson, con esta novela, hizo que la percepción de lo que conocemos de los piratas (con los mapas, brújulas, hombres con una sola pierna, etc.), y también la invención ficticia de la X marcando el lugar del tesoro. El mapa que había creado el hijastro del escritor, se iba a usar para el manuscrito, dado que entorno a él giraba el argumento, pero se perdió, y él quedo devastado. Aunque tuvo que crear otro mapa, este carecía del encanto del primero y nunca fue realmente la "Isla del Tesoro" de Stevenson.

Pregunta: ¿con que canción de Disney relacionan a algún personaje de Hetalia? Como ejemplo pondría que al escuchar X canción pienso en tal nación.

Sayonara! Goodbye! Tschuws!