Hola a todos! Que tal la semana?

Bueno, antes que nada, volver a repetir que os agradezco mucho los reviews, pero no puedo contestaros a menos que estéis registrados en la pagina, así que ya sabéis… es que no tengo tiempo material para ir e-mail por e-mail para contestar vuestros comentarios, agradeceros o contestar a vuestras preguntas… no es por nada más, así que en fin… ya sabéis…

Un saludo especial a todos los que me habéis dejado vuestros comentarios:

zaRy, Tsubame-chan, Guchi, Keikleen, Mariet Malfoy Snape, IrEpElIyElOwInXueVaNs, Goi Izarra, martapotter, sara fenix black, Desiré, LadyCornamenta, xacuarelax, amsp14, PaulyProngs007, javi potter evans, Lianss, catti-brie-potter, oOGaiaOo, Zayde Lupin, KmZilita-H, patitopotter.

Otra cosa, en mi fic "la Lágrima de Lahntra, el poder del descendiente" suelo hacer al final de cada capítulo un pequeño avance de lo que ocurrirá en el siguiente capítulo; alguien me ha sugerido que lo haga aquí también, pero como siempre, vosotros tenéis la ultima palabra, ¿quereis avance o no? Dejadme las respuestas en los reviews, ok?

Bueno, ya no os entretengo más… que uego veis todo este párrafo y os lo saltais sin leerlo para ir directamente a la historia, así que ala, a disfrutad de la lectura, nos vemos abajo!

Capitulo 11. Preparativos

Danielle no le dio importancia al hecho de estar llena de barro y sudor, simplemente se dejó caer en la cama agotada después de un entrenamiento de quiddich especialmente duro y estricto; si James continuaba con aquel ritmo una de dos: o el equipo lo mataba, o el equipo dimitía. Ella mejor que nadie comprendía las ganas de ganar que James tenía; era su último año como capitán y quería dejar la copa de quiddich en la casa Gryffindor; pero apenas habían empezado el curso y ya estaban muertos.

Pero no era eso lo que más le preocupaba, había algo más; después de todo, ella podía manejar a James como quisiera, no por nada era amiga de la pelirroja por la que el capitán estaba completamente enamorado. Remus tenía pareja para el baile. Remus Lupin, el único chico del que se había enamorado como una idiota, tenía pareja para el baile y no era ella; en realidad, no sabía quién era, sólo que se llamaba Natalia, que iba un curso o dos por debajo de ellos y que pertenecía a Hufflelpuff. Nada más. Y claro, como era idiota completamente, cuando Sirius había insistido en que fueran al baile juntos para resarcirla por haber estropeado su día de hermanos, con Remus delante, ella había aceptado.

Danielle se cubrió el rostro con la almohada y gritó fuertemente contra la misma, ahogando el grito de frustración y desahogándose de toda la frustración que en aquellos momentos sentía.

Quizá fuera porque estaba pensando, o quizá que estaba gritando, o la amortiguación de la almohada o quizá simplemente fuera que Ann era la chica más discreta y silenciosa del mundo. Pero cuando la rubia le quitó la almohada de la cara, se asustó ligeramente, no esperaba encontrar a nadie en la habitación.

-¿Cuándo has llegado?

-Ahora y justo a tiempo para evitar que te suicides –le dijo burlona enarcando una ceja divertida-. ¿Qué pretendías hacer?

-Ahogarme –contestó Danielle abatida.

-Estás dejando la cama echa un asco –le hizo notar Ann sacando su varita y haciendo un sencillo hechizo de limpieza-. ¿Hay algún motivo en especial por el que quieras suicidarte o simplemente es para saltarte la clase de pociones? –preguntó divertida la chica.

-Sí, que soy idiota –dijo muy segura de sí misma Dani con total convicción de sus palabras.

Ann enarcó una ceja.

-A ver, cuéntame qué ha pasado y yo te diré si eres idiota o no –le aconsejó la rubia-. Pero empieza por el principio –añadió al ver como Dani abría la boca.

Danielle Adams conocía a Ann lo suficiente para saber lo que aquellas palabras querían decir; así que resopló por lo bajo y gruñó algo entre dientes que a Ann se le hizo bastante difícil entender.

-¿Podrías repetirlo? Aún no entiendo el idioma de los gruñidos –le confesó como si fuera un secreto-. Pero estoy intentando aprenderlo –añadió al ver la mirada de advertencia de Dani.

La morena resopló.

-He dicho que lo admito, me gusta Remus, ¿contenta? –preguntó irónica Dani mientras fruncía el ceño.

Ann asintió con convicción.

-Ahora cuéntame qué ha pasado… quizá podamos arreglarlo –sugirió.

Dani resopló sabiendo que si había alguien que pudiera arreglar aquel desastre era la siempre sensata Ann.

-Ha sido durante el entrenamiento… –empezó a decir la chica morena.

(flashback)

-Si seguimos así, vamos a perder ante Hufflelpuff pero no porque nos ganen, sino porque estaremos tan cansados que no acertaremos ni siquiera a subirnos a la escoba –le reprochó Dani a James con el ceño fruncido y aquella sonrisa de niña buena que el capitán del equipo había visto demasiadas veces y que por eso ya no la creía.

-No te quejes tanto ¿quieres? Yo no veo al resto del equipo quejarse –argumentó Potter.

-No, claro, me han enviado a mí como portavoz –le contestó ella-. James estamos preparados, pero estamos cansados… Es en serio… ¿podríamos dejar el entrenamiento por hoy?

James Potter suspiró; sabía que tenía razón; a veces olvidaba que ser capitán de un equipo no era sólo dirigir, presumir y alzar la copa de la victoria; también tenía que respaldar a sus jugadores, animar al equipo, alentarlos cuando algo iba mal y saber cuando detener un entrenamiento a tiempo y ciertamente, viendo sus caras, incluso la de Sirius que era el que siempre derrochaba energía y en aquellos momentos estaba apoyado en su escoba de forma vertical, sosteniéndose en ella para no dormirse en el suelo, parecía que era hora de dar por terminado el entrenamiento.

-Está bien ¡chicos! –gritó atrayendo la atención de todos que lo miraron a él y a Dani alternativamente como si esperasen que la chica no lo hubiera conseguido- ¡Vamos, se terminó el entrenamiento, a las duchas! –añadió con una sonrisa.

Nadie se hizo de esperar; James sonrió y se acercó al campo para tomar las quaffles que habían quedado abandonadas en medio del césped mientras la diminuta snitch revoloteaba cerca de él como si lo reconociera.

-¿No te vas tú también, portavoz? –preguntó con sorna el chico de gafas al ver que Danielle se quedaba a ayudarlo.

-No tengo prisa, así terminamos antes –le dijo con una media sonrisa.

-¡Cornamenta, hemos encontrado el… -Peter se cayó al ver a Dani con el chico, no muy seguro de si ella estaba también en esta broma o no, aunque las palabras de Sirius de la noche anterior "Dejad a Dani fuera de este asunto, no quiero que tenga problemas con Malfoy por nuestra culpa", habían sido muy claras, conocía el temperamento de la chica.

-¿El qué, Peter? –preguntó ella.

-El libro que necesitábamos para hacer unas cosas –se apresuró a decir James-. ¿Dónde está Remus? Creí que estaría contigo.

-Lo estaba, Natalia lo atajó en una de las esquinas del pasillo norte y lo invitó a ir al baile con él –se encogió de hombros.

La quaffle que Dani tenía en las manos cayó al suelo y los dos chicos se giraron para mirarla.

-¿Estás bien? –le preguntó Peter.

-Sí, se me resbaló porque estoy llena de barro –argumentó mirando significativamente a James que rodó los ojos.

-Así que Natalia, ¿le ha dicho que sí? –volvió a preguntar James mirando a su amigo.

-Sí, aunque creo que no quería ir con ella –contestó Peter-. Aceptó con resignación… -añadió.

James se encogió de hombros mentalmente.

-Ya sabes como es Lunático para las chicas, demasiado benévolo ¿Has terminado? –le preguntó a Dani.

-Están todas en su sitio –contestó ella forzando una sonrisa-. Ve a ducharte si quieres, ya las llevo yo dentro.

-¿Segura? –preguntó el chico subiéndose las gafas que se le habían resbalado por el puente de la nariz.

Ella sonrió de nuevo.

-Claro…

-Yo la ayudo –aseguró Sirius que salía en aquellos momentos de los vestuarios ya vestido con su uniforme de Hogwarts.

-¿Canuto? –preguntó burlón James-. ¿Sólo has estado siete minutos en la ducha? –le preguntó.

Dani no pudo evitar sonreír de forma sincera; sabía perfectamente que Sirius tardaba como mínimo media hora cada vez que se duchaba y pese a que el decía que no, parecía que tanto los chicos como ella se habían dado cuenta de la verdad: Sirius era un presumido.

-Muy gracioso –contestó el chico-. Lo cierto es que quería darle las gracias a nuestra salvadora –añadió Sirius arrodillándose frente a Dani y cogiéndole una mano con aire teatral mientras los otros dos rodaban los ojos y ella sonreía satisfecha a modo de respuesta-. Nuestro capitán es un poco tirano a veces.

-Ten cuidado, a ver si en una de estas, tu capitán decide prescindir de ti en el equipo –le contestó James.

Sirius le quitó importancia con la mano.

-Puede prescindir del golpeador, pero no del amigo –le contestó haciendo que el chico rodase los ojos mientras que Peter se apuntaba mentalmente aquella frase, era buena.

-Y quería aprovechar para invitar a mi salvadora y a mi amiga, a mi hermana, a que venga al baile conmigo.

Dani juró en aquel momento que si hubiese tenido algo en la boca se habría atragantado.

-¿Es en serio? –preguntó la voz de Remus.

Dani lo miró; venía con aquel aire dulce que parecía envolverlo siempre, como si un halo de misterio lo rodeara siempre; y entonces lo hizo; no supo por qué, pero lo hizo; miró a Remus a los ojos y después miró a Sirius y asintió levemente.

-De acuerdo, Sirius, iré contigo al baile.

Dani no se había fijado en la mirada de Remus cuando le dijo que sí a Sirius ya que el moreno la levantó en volandas dando varias vueltas con ella cogida. Nadie se dio cuenta de la mirada del licántropo y el chico pensó, muy a su pesar, que quizá era mejor de aquel modo.

(fin flashback)

-¿Y se puede saber por qué no me habías dicho que te gustaba Remus? –preguntó Ann indignada.

Danielle la miró escéptica.

-¿Te importaría dejar eso para luego y decirme qué crees acerca de lo que te he contado? –le contestó Dani como toda respuesta que no quería hablar sobre lo que sentía por Remus ni desde cuando.

-Entonces, ¿vas a ir con Sirius al baile? –preguntó Ann entonces sentándose en la cama.

-Sí; crees que soy idiota ¿verdad? –dijo Danielle esperando una confirmación por parte de la chica.

-No, sólo creo que estás enamorada –le contestó la rubia de forma comprensiva mientras le sonreía con aire maternal.

-Y me encantaría ir con Remus… -suspiró-. Pero ahora que ya le he dicho a Sirius que voy con él no puedo echarme atrás… -murmuró Dani-… No quiero que piense que sigo enfadada con él y además, Remus ya tiene pareja –frunció el ceño al decir esto último, causándole cierta gracia a su amiga que sonrió divertida-. A no ser… -la miró con el brillo malicioso en los ojos-. ¿por qué no vas tú con Sirius y convences a Remus para que venga conmigo porque soy demasiado idiota para no pedírselo yo misma?

Aquella pregunta pilló a Ann por sorpresa; se levantó de un revuelo y empezó a dar vueltas por la habitación, rogando internamente que Danielle no se hubiera dado cuenta del sonrojo que de repente había subido a sus mejillas, consciente de ello por el repentino calor que azotaba esa parte de su rostro.

-No digas tonterías –le aconsejó la rubia-. ¿Por qué tendría que convencer yo a Remus para que vaya contigo al baile? Eres guapa, divertida, su amiga, tendrías que tener el valor de decírselo tú misma, ¿no te parece? Creo que voy a ducharme, tengo calor… -añadió al comentario con naturalidad.

-Espera un segundo –Dani se puso de rodillas en la cama mirando a su amiga -¡Te has sonrojado!

-No digas tonterías y baja de la cama; la romperás si sigues saltando de esa forma –le aconsejó Ann.

Danielle resopló.

-Los elfos la arreglarán –la rubia la miró de forma desaprobatoria y Dani le respondió con una mirada inocente-. ¿Qué?

-Procura que Emily no te encuentre diciendo eso –la amenazó moviendo el cepillo del cabello en el aire.

-Y tú procura que no sepa que cuando he sugerido que fueras con Sirius te has sonrojado–le contestó Dani bromeando. Ann no respondió. Se limitó a darse la vuelta y a entrar en el baño.

Danielle se asustó un poco por la reacción de la rubia. Normalmente hubiera dicho que todo era mentira, que Sirius no le gustaba, que ni siquiera le atraía físicamente; aquello no era normal, definitivamente no era normal.

-¿Ann? –Danielle se levantó y se dirigió al baño donde se encontró a la rubia lavándose la cara-¿Estás bien?

-Claro… sólo me ha faltado el aire por unos segundos, el cambio de temperatura corporal me ayuda –se limitó a contestar -. ¿me pasas una toalla por favor?

Danielle abrió el armario donde tenían las toallas y le tendió una blanca inmaculada a la chica que la aceptó con una sonrisa y empezó a secarse el rostro ocultándolo de paso.

-¿Qué ocurre? –preguntó Dani -. ¿Te gusta Sirius?

-No me gusta Sirius… -dijo ella con voz cansada.

Danielle resopló y apartó la toalla del rostro de su amiga para observarla unos segundos. Los ojos de Ann nunca mentían; era algo de lo que se había dado cuenta durante los años que llevaba compartiendo habitación con ella; no importaba lo que ella dijera o lo que se esforzara en hacer creer a los demás, Ann Seever era incapaz de mentir porque sus ojos la delataban, quizá era por eso por lo que la chica nunca mentía.

-Ya, claro… y a mí no me gusta Remus –le contestó Danielle con voz pícara y sarcástica.

-¿No te gusta qué? –preguntó la voz de Emily desde fuera del baño.

Dentro, ambas chicas se miraron y Dani decidió arriesgar.

-Los lemus, no me gustan… son una criaturas odiosas… siempre tan perfectas… parecen irreales –contestó Danielle saliendo con una gran sonrisa.

-Ya… -suspiró-. Bueno, Dani, tengo que admitirlo, esta vez lo han sabido hacer.

Dani miró a Emily sin saber de qué estaba hablando; Ann salió del baño del mismo modo que la morena y ambas miraron a Emily.

-¿Quién ha sabido hacer qué? –preguntó Ann.

-Los merodeadores –contestó Emi-. ¿No os habéis enterado?

-¿Qué han hecho ahora? –preguntó Dani divertida ante la perspectiva de lo que podrían haber hecho los chicos y enfadad porque no la habían avisado para que participara.

-Es increíble que no os hayáis enterado; los profesores llevan media hora intentando sacarlos de allí.

Dani y Ann se miraron y se encogieron de hombros casi al mismo tiempo.

-¿De dónde?

-De la pared de su sala común; parece ser que los chicos han sellado la entrada a las mazmorras y cuando los de Slytherin han intentado abrirla, los chicos se han quedado pegados a la pared, bajo letras doradas y rojas que brillan sobre sus cabezas mientras ponen "Nadie se mete con nuestras chicas", y cubiertos de una sustancia pegajosa que no deja de babear poción de la verdad y ahora mismo, Malfoy, Snape, Goyle y Lamters deben de estar confesando hasta la primera vez que hicieron una travesura –añadió Emily-. Felicita a los chicos de mi…. –no había terminado de decir nada cuando Dani se había ido de la habitación-… parte –finalizó la chica frunciendo levemente el ceño-. ¿Siempre tiene que ser tan impulsiva?

-Yo también quiero verlo –se disculpó Ann con una sonrisa.

Emily suspiró y negó con la cabeza.

-Si le dices a alguno de los chicos que he dicho que me parece bien lo que han hecho… -le amenazó Emily.

-Lo sé, lo sé… Vamos –dijo abriendo la puerta.

Emily sonrió. Al menos aquella vez tenía que admitir que los merodeadores se habían portado medianamente bien, aunque el posesivo de "mis chicas" no le hacía mucha gracia; ella no era ningún objeto de nadie.

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Sirius Black corría de espaldas mientras reía a carcajadas limpias a la vez que su amigo James Potter que caminaba a trompicones porque tenía que detenerse cuando le daba la risa; habían avanzado apenas diez metros en los últimos veinte minutos y todo porque cada vez que uno de los dos paraba de reírse, el otro recordaba la imagen de Malfoy y Snivellus enganchados a la pared de la entrada de las mazmorras gritando y amenazando con que les soltasen pronto; claro que el hecho de estar gritando prácticamente desesperado cuando amenazaba, le quitaba mucho a las amenazas de Malfoy.

-¿Lo habrán visto las chicas? –preguntó James.

Sirius se encogió de hombros en medio de un ataque de risa.

-Si no lo han visto ya, lo verán pronto; me pareció ver la cabellera violeta de Banks en medio de la multitud –se miraron unos segundos y volvieron a reír.

-¿Cuánto tiempo crees que estarán… ¡Sirius, cuidado! –dijo James cortándosele la risa de pronto.

Pero Sirius apenas tuvo tiempo de girarse para ver qué era lo que le preocupaba a su amigo, así que mucho menos tuvo tiempo de esquivar el cuerpo con el que había chocado del cual, todo lo que pudo deducir por su aroma era que se trataba de una chica y una mata de cabello rojizo acompañado del grito de James le hizo darse cuenta de quién era.

-Evans… -susurró manteniendo el equilibrio sin llegar a caer al suelo y sujetando a la chica para que tampoco cayera.

-¿Estás bien, Lily? –le preguntó James preocupado.

-Si no fuerais por los pasillos como si fuesen de vosotros solos, el número de accidentes de Hogwarts se reduciría –le contestó por toda respuesta.

Sirius miró a James que se encogió de hombros divertido.

-Creo que está bien –le comunicó a su amigo ganándose una mirada airada por parte de la chica.

-¿Te has hecho daño? –le preguntó James ignorando a su amigo.

-No me hablo contigo –le recordó Lily.

-¿No le hablas? –miró a James-. ¿No te habla? –el chico de gafas negó-. ¿Por qué no te habla? –la miró a ella -¿Ni siquiera para insultarle?

-¡Ha impedido que vaya al baile! –gritó Lily claramente enfadada con el capitán del equipo de quiddich de Gryffindor.

-Corrección: he impedido que vayas con otros chicos al baile, aún puedes ir conmigo –le propuso con una sonrisa pícara.

-¡Ni loca iría contigo al baile!

-Yo que tú aceptaría antes que a las chicas de su club de admiradoras se les pase por la cabeza que están tan desesperadas por ir con él que no van a esperar a que él las invite –le recomendó Sirius.

Los ojos de Lily brillaron de forma divertida y maliciosa; James la observó receloso; sólo él podía darse cuenta cuando la prefecta pelirroja estaba tramando algo y definitivamente, estaba tramando algo.

-Que lo hagan, será algo… -miró a ambos chicos-… muy divertido… -ella pasó por el medio de los dos chicos con una sonrisa de quién se sabe ganadora.

-No me ha gustado como ha sonado eso –dijo Sirius mirando como Lily se alejaba-. Quizá deberíamos preguntarle a Dani si ella sabe alg…. ¿Cornamenta?

Pero James no le estaba escuchando; seguía con la mirada fija en el pasillo donde Lily ya no era más que un recuerdo aunque el chico de gafas seguía mirando el pasillo con devoción como si la pelirroja aún permaneciera allí. Sirius pasó una mano por delante del rostro de James logrando que reaccionara.

-¿Qué?

-Te has quedado atontado –le contestó el moreno.

-Me ha hablado.

-Para decirte que no irá al baile contigo.

-Pero me ha hablado –insistió James Potter-. Además, sí irá al baile conmigo.

Sirius suspiró. Ann tenía razón, cuando ella estaba cerca, James perdía toda su gracia innata. Una vez más se prometió a sí mismo no enamorarse para terminar como James.

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-¡Idiota, eso es lo que es! Un egocéntrico que cree que todas vamos a enamorarnos de él sólo porque se digne a mirarnos… Un imbécil acabado que no ve más allá de sus narices y que nunca madurará ¡Inmaduro! Eso es lo que es James Potter, un inmaduro, un niño y un egocéntrico.

-¿Es un mensaje? –preguntó una voz masculina a sus espaldas.

-¡Remus! –la pelirroja se llevó una mano al pecho para asgurarse que su corazón seguía allí-. ¡Me has asustado! –le recriminó con una media sonrisa.

El licántropo le sonrió y se encogió de hombros.

-Es culpa de los zapatos –Lily lo miró incrédula-. Son viejos y ya no hacen ruido cuando camino –dio un par de pataditas al suelo para demostrarle que era cierto y Lily no pudo evitar reír-. Eso está mejor, me gusta verte reír.

-Si no río más a menudo es por culpa de tu amiguito Potter –le dijo ella frunciendo el ceño de nuevo al recordar por qué estaba enfadada con el chico.

-Deja que adivine, ¿te has encontrado a James por el pasillo?

-¡No! –exclamó ella sarcástica- ¿Cómo lo has adivinado? –Remus sonrió pero no contestó; sabía perfectamente lo peligrosa que podía ser una chica en aquel estado y mucho más si se trataba de Lily Evans y James estaba de por medio-. Pero dile de mi parte que pronto le pagaré con la misma moneda.

Remus la miró desconfiado.

-¿Qué le piensas hacer? Lo digo porque por muy idiota que parezca a veces es mi amigo Lily y no me gustaría tener que ir a visitarle a San Mungo día sí y día también sólo porque hayas decidido…

-Lo sé, lo sé –ella le cortó el discurso haciendo un ademán con la mano para quitarle importancia al asunto-. Dani y Ann no me han dejado hacer nada más… drástico –añadió la última palabra con cierto aire malicioso y se cruzaba de brazos.

-Te temo cuando hablas así… -reconoció Remus con una media sonrisa.

-Haces bien en hacerlo –le contestó Lily con un brillo malicioso en sus ojos verdes-. Por cierto, ¿cómo es que no estás con ese par de idiotas? –preguntó señalando con la cabeza el pasillo que había dejado atrás.

Remus suspiró y Lily casi podría haber jurado que el chico se había sonrojado.

-Primero porque seguro que ahora se están desternillando de risa en algún lugar acordándose de la cara de los Slytherin –Lily lo miró y no pudo evitar sonreír, ella también los había visto-, y estarán así un buen rato –rodó los ojos-, y en segundo lugar, te estaba buscando.

-¿A mí? –Lily parpadeó-. ¿Para qué me buscabas?

-Necesito consejo –Lily lo miró.

-¿Y Potter y Black?

-Si necesitara consejos sobre cómo coger una snitch o sobre como ser el centro de atención, acudiría a ellos –le contestó Remus claramente divertido-, pero para esto necesito hablar con una chica.

Lily frunció el ceño.

-¿Por qué no hablas con Dani? –Remus la miró enarcando una ceja-. Quiero decir, no es que no quiera hablar contigo, es que pensé que ella es la que pasa más tiempo con vosotros y bueno yo no…

-Es que precisamente con Danielle no puedo hablar de esto –dijo el chico después de resoplar por debajo de la nariz y mirándola de forma insistente.

-¿Por qué no puedes…. –las mejillas de Remus se sonrojaron ligeramente y esta vez Lily estuvo segura de que se había sonrojado-… ¡oh!

-Sí, "¡oh!" –dijo el chico con una risita nerviosa-. ¿Podemos hablar?

-Claro –la chica miró a su alrededor-. Entremos aquí –dijo abriendo una puerta.

Remus reconoció la habitación de inmediato; era el lugar donde James solía esconderse después de hacer una trastada para que Filch y la señorita Norris no lo pillasen; generalmente solía ser el lugar donde Peeves planeaba sus trastadas, pero por alguna razón que nadie conocía, Peeves se mostraba respetuoso con Lily y sus amigas, motivo por el que la chica podía entrar en aquella habitación sin temer nada. Pero él no era Lily. Se detuvo en la puerta un momento titubeante.

-Vamos, no te hará nada si estás conmigo –lo apremió la pelirroja tomándolo de la mano, instándolo a entrar con una media sonrisa-. Creía que los merodeadores no le temíais a nadie.

-Peeves no es alguien, es un fantasma –le recordó Remus con una media sonrisa.

Lily lo miró pero prefirió no hacer ningún tipo de comentario, en lugar de eso, se limitó a dar varios golpes de varita haciendo que un par de sillas del lugar se transformaran en dos cómodas butacas rojizas en una de las cuales, se sentó con normalidad y tranquilidad.

-A ver, ¿qué te ocurre con Dani?

Remus carraspeó mientras se rascaba la nuca y sonreía con cierta timidez que Lily reconoció como la sonrisa adorable que todas las chicas decía que él tenía.

-¿Recuerdas su baño en el baño de prefectos después de su ceguera accidental? –la pelirroja asintió-. Supongo que ella os contó que alguien entró al baño y le dio la toalla y que ella pensaba que erais una de vosotras.

-Sí, creyó que era Ann, cosa estúpida porque nosotras sabemos que Dani odia el color rosa, por eso siempre le dejamos las toallas malvas y lilas para que…

-Yo no sé cuál es la diferencia entre rosa y malva –le dijo Remus de forma significante.

Lily parpadeó un par de veces asimilando aquella información como si fuera algo muy relevante pero sin encontrarle el punto a la importancia de lo que él quería decirle. Los ojos de Remus mirándola, sus mejillas sonrosadas ligeramente, la sonrisa tímida y lo que acababa de decir iluminaron una pequeña lucecita en la cabeza de Lily que se llevó una mano a la boca para ahogar un gritito como si hubiera descubierto un nuevo planeta.

-Espera un momento, ¿cómo sabes tú que alguien estaba dentro del baño con ella? –le preguntó y casi de inmediato añadió -¿Y cómo sabes tú que ella pensó que éramos una de nosotras?

Remus sonrió.

-Sólo entré para ver si estaba bien y la vi y ella empezó a hablar y… -desechó un largo etcétera con un gesto de la mano, dejándose caer contra el respaldo de la butaca con los ojos cerrados y expresión abatida-… Creo que me he enamorado de Dani… Y no, antes de que digas nada, no es porque la haya visto casi desnuda en una bañera llena de espuma, que por otra parte es una de mis fantasías –se sonrojó de inmediato al darse cuenta de lo que había dicho y movió su cabeza negativamente para sacarse aquella imagen de la cabeza mientras Lily sonreía irónica y enarcaba una ceja interrogante-, viene desde antes… sólo que no lo había pensado.

-¿Y qué es lo que te ha hecho pensar…

-La escuché hablar en el baño… está enamorada de alguien… -Lily le miró-… y cuando lo dijo y la escuché, algo dentro de mí empezó a hervir y sentí unas ganas irrefrenables de ir a partirle la cara a quien fuera el chico del que ella está enamorada y que no le hace caso…

Lily sonrió a medias.

-Estás enamorado.

-Eso ya lo sé –le contestó él con una sonrisa-. Lo que quiero saber es ¿qué hago?

La respuesta de Lily fue clara y concisa.

-Díselo.

-¿Qué? –preguntó él sonriendo nerviosamente-. ¿Quieres que vaya y le diga que estoy enamorado de ella y que me he dado cuenta porque no quiero que esté enamorada de otro? –Lily sopesó aquello-. Suena muy egoísta, ¿no te parece?

-Si estás enamorado de ella, ¿por qué le has pedido a Natalia que sea tu pareja para el baile? –le preguntó Lily. Remus la miró-. La chica ha estado presumiendo todo el día de que Remus Lupin, a su juicio el merodeador más dulce y romántico, irá al baile con ella –argumentó la pelirroja.

-No lo sé –le contestó el chico sencillamente-. Creo que quiero a Dani, pero si ella está enamorada de otro lo único que puedo hacer es olvidarme de ella y no verla como nada más que una amiga, ¿no?

Lily rodó los ojos.

-Díselo –repitió-. No pierdes nada. Conozco a Dani, lo único que puede pasar es que te diga que te quiere como amigo y que no quiere que vuestra amistad se estropee; en ningún momento te tratará de ninguna forma especial o dejará de tratarte de ninguna forma especial –sentenció la pelirroja-. Créeme Remus –añadió al ver que estaba dudando-. Es lo mejor que puedes hacer; si Dani se entera que te gusta pero no se lo has dicho se enfadará.

-Lo sé, valora mucho la sinceridad –contestó Remus. Lily lo miró-. ¿Qué?

-No sabía que la conocieras tan bien…

-¿Bromeas? La he visto casi cada día desde hace siete años –le sonrió-, uno aprende a verla aunque no quiera.

Lily dejó escapar una suave risita.

-Es difícil que pase desapercibida, ¿no?

Remus asintió. Los ojos de Lily se abrieron de forma desmesurada.

-¡Libros! –él la miró-¡Se supone que tenía que ir a la biblioteca a recoger un libro de pociones, la señorita Pince me va a matar! –gritó- ¡Tengo que irme! –se levantó de un revuelo y se dirigió a la puerta, se detuvo, se giró hacia Remus y le sonrió-. Hazme caso, díselo, y te recomiendo que te vayas antes de que Peeves aparezca por aquí –añadió frunciendo levemente el ceño-, el último chico que estuvo aquí creo que terminó una semana en la enfermería con ronchones morados por todo el cuerpo –añadió con una mueca de asco. Remus sonrió; sí, recordaba a Anthony Blaiker perfectamente, aunque el chico se abstuvo de decirle a la pelirroja que la idea original había sido de ellos y que Peeves sólo había sido el ejecutor al adelantárseles.

-Gracias por la charla Lily –le dijo el chico con una media sonrisa-. Quizá deberías hablar contigo misma alguna vez… podría aclararte muchas cosas… empiezo a pensar que ese odio obsesivo por James…

-Cállate Remus –le sonrió abriendo la puerta y saliendo de allí.

A medio pasillo se detuvo y escuchó la puerta del aula abrirse y cerrarse, indicando que Remus había salido de allí; sonrió a medias nerviosamente. Remus estaba equivocado; ella no estaba enamorada de James ¿verdad?

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Snape miró por encima de su pergamino hacia el otro lado de la mesa donde un relajado Lucius supervisaba el trabajo que un niño de doce años le estaba haciendo; de vez en cuando le decía que era un idiota por confundir términos tan diferentes, claro que ni una sola vez tuvo la decencia de pararse a explicarle la diferencia entre dichos términos. Severus suspiró.

-Deberías hacerlo tú el trabajo de transformaciones –le dijo el moreno cuando Lucius le miró después de su suspiro-. Te ahorrarías el tener que corregirlo después –añadió como excusa en lugar de decirle que no le parecía apropiado ni ético que abusara de aquel modo de los que eran más pequeños.

Y es que Lucius había cogido la costumbre de obligar mediante amenazas o sobornos a los más pequeños para que éstos le hicieran sus tareas, y si bien al principio se habían negado, después de que Lucius demostrara con una mariposa lo que una maldición de séptimo grado podía hacer, los pequeños se ofrecieron voluntariamente a hacer las tareas del chico.

-Tengo cosas más importantes en las que pensar antes que en hacer esa estúpida tarea –le replicó Lucius apoyándose en la mesa y mirando a Snape fijamente.

Severus suspiró y dejó la pluma con la que estaba escribiendo, sabiendo que el chico que tenía en frente quería decirle algo.

-¿Has avanzado algo con lo que hablamos?

Snape puso cara de haber comido manzanas en vinagre, comida que a Lucius le gustaba mucho pero que él detestaba y eso lo dejaba demostrado cada vez que a los elfos les daba por preparar aquello de postre y, como si alguien les hubiese dicho que él las odiaba, siempre se encargaban de colocarlas justo delante de sus narices.

-Ya te lo dije Lucius, no hay nada semejante a lo que quieres hacer –le repitió él-. Hemos estado durante días buscando en la biblioteca, incluso la bibliotecaria nos miraba mal porque es realmente raro que nosotros dos estemos…

-Eso ya lo sé –le contestó Lucius haciéndole callar-. Pero pensé que quizá habías encontrado algo en los otros libros –le miró con aquel brillo peligroso que Severus había aprendido a reconocer durante el paso de los años.

-Miraré en ellos luego ¿de acuerdo? –Lucius asintió satisfecho-. ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

-Completamente. Esa hija de mala muggle va a saber quién es Lucius Malfoy –le contestó el rubio con aquella sonrisa que tantos males presagiaba-. Tú ocúpate de encontrar algo que sirva contra ellos.

-De acuerdo, Lucius… -concedió Severus con gesto cansado volviendo a su propio pergamino.

-Yo me ocuparé de ellas… personalmente… -añadió siniestramente en un murmullo que no pasó desapercibido para Snape.

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Aquella tarde, cuando las clases ya habían terminado y gracias a la intervención de Sirius, James había dado al equipo la tarde libre, Emily y Peter estaban jugando cerca del fuego a cartas; la chica le estaba intentando enseñar cómo jugar al poker con una baraja muggle, cosa que a Peter le fascinaba pese a que le costaba entender el juego; pero Emi, sorprendentemente con una paciencia infinita le explicaba las jugadas una y otra vez.

Sentada en el suelo Dani miraba el tablero de ajedrez que tenía delante; Remus, sentado al otro extremo del tablero leía un libro titulado "todo lo que debes saber sobre los vampiros" y de vez en cuando echaba una mirada al tablero para asegurarse que Dani no estaba haciendo trampas.

Ann leía un libro tumbada en el otro sofá mientras que Sirius se dedicaba a repasar su agenda semanal de citas y de vez en cuando tachaba algo y apuntaba algo más para mortificación de Ann que lo miraba cuando él no se daba cuenta.

Lily acababa de bajar las escaleras y en aquellos momentos estaba regañando a unos niños de segundo por haber hecho explotar la caldera del cuarto de las chicas de primero que habían tenido que ir a ducharse al cuarto de la prefecta, es decir al suyo. Estaba a punto de castigarles y quitarles diez puntos a cada uno de los tres niños cuando un torbellino entró en la sala común y se dirigió a ella con gran rapidez apartándola de los niños diciendo que aún eran demasiado inocentes para escuchar aquella conversación.

-Explícame ahora mismo porque cada vez que una chica me pide para ir al baile, le digo que no cuando quiero decir que sí –le exigió llevándola junto a los demás que detuvieron sus actividades para mirar a la pareja.

Lily rió divertida.

-¿Quieres decir que sí? Vaya… y yo que pensaba que sólo tenías ojos para mí… -dijo sarcásticamente pestañeando de forma exagerada.

-No estoy para tonterías, Lily, he rechazado a Leyla Larsen, ¡Larsen! –exclamó-. ¿Sabes cuantos chicos quieren matarme ahora mismo por haber rechazado a semejante monumento?

-¿Larsen? –preguntó Sirius-. ¿No es esa Raven de séptimo que nunca sale dos veces con el mismo chico? –se giró hacia Remus que asintió casi sin prestar atención-. La morena de ojos verdes ¿esa?

-Esa misma –exclamó Potter sin apartar la vista de Lily-. Y me gustaría saber por qué he rechazado a alguien como ella –exigió.

-Tú sabrás Potter, quizá es que ya no te gustan las…

-¡Ni siquiera te atrevas a decir eso! –le contestó él haciendo que los que habían escuchado e intuído la respuesta de la pelirroja sonrieran. James resopló, tomó a una niña de quinto que pasaba por allí y le dijo-. Pregúntame si quiero ser tu pareja –la niña se sonrojó, no por nada era uno de los merodeadores, pero en aquellos momentos, James no estaba por la labor de presumir-. Hazlo –le pidió.

-¿Quieres… quieres… venir al baile conmigo?

-No –fue la corta respuesta de james, cortante, seca y sin ningún tipo de sentimiento. Incluso Sirius se quedó helado cuando escuchó el modo tan desagradable en que su amigo negaba una cita.

La niña no tardó ni dos segundo sen sentirse tan mal por la respuesta que sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas.

-¡James! –le regañaron Dani, Remus y Ann.

-¡Potter! –gruñeron Lily y Emily.

-¡Cornamenta! –protestaron Peter y Sirius.

-Está bien, lo siento –se disculpó con la niña que no le escuchaba porque estaba ocupada llorando mientras subía a la habitación -¿Ves lo que me haces hacer? –le preguntó a Lily.

-Has sido tú quién la ha rechazado, no yo… Pero creo que deberías de ir con cuidado sobre lo que bebes… el zumo de calabaza a veces puede ser… contradictorio –añadió con una sonrisa pícara.

James frunció el ceño mientras asimilaba las palabras de la pelirroja. Aquello sonaba a poción de la contrariedad, estaba seguro.La pelirroja le estaba tomando el pelo y no le gustaba nada que hiciera algo así; aquello sobrepasaba las bromas que la chica estaba acostumbrada a hacerle; por supuesto que creía que Lily sería capaz de hacer algo así, claro que sí, no lo había dudado ni un momento, el problema era precisamente ese, que la conocía lo suficiente para saber que Lily no se hubiera contentado sólo con eso; estaba seguro que si fuera por ella en aquellos momentos estaría nadando en el lago con el Calamar Gigante y seguramente Sirius estaría con él. Miró a las chicas y su vista se posó directamente en Dani; definitivamente, aquello era más del tipo de Dani que de Lily.

-¿Has sido tú? –le preguntó directamente. Dani le miró confundida-. ¿Tú has sido quién le ha dado la idea? –le preguntó de nuevo-. ¿Cómo has podido hacerme esto, Dani?

-Cálmate, James –le aconsejó Dani moviendo una pieza del tablero-, yo sólo hice que te tomaras la poción… la idea no fue mía.

-La idea fue mía –contestó Ann tranquilamente sin alzar la vista del libro que tenía delante-. ¿Es que acaso tú puedes impedirle que vaya al baile pero no vale lo mismo para ti? –le preguntó la rubia con una inocente sonrisa.

James parpadeó incrédulo, Peter sonrió y Sirius lanzó una carcajada que se cortó rápidamente cuando James lo fulminó con la mirada. Sirius tenía que admitir que había sido una buena idea, además de que James nunca tomaría represalias contra Ann Seever.

-La culpa ha sido tuya, Potter, si no hubieras empezado amenazando a todos los chicos y proclamando que yo era tuya no habría pasado nada de todo esto –le contestó Lily muy tranquila.

-¡Es que eres mía! –le gritó James como si fuera lo más evidente del mundo. Lily enarcó ambas cejas y lo miró desafiante-. Sólo que aún no te has dado cuenta… -añadió con una sonrisa el chico-. Pero esa no es la cuestión.

-¿Y cuál es la cuestión? –le preguntó la pelirroja.

-Quiero que me des el antídoto antes de que venga otra chica y tenga que rechazarla. Estás arruinando mi reputación –le dijo en tono confidencial.

-No más de lo que tú has arruinado la mía –le contestó Lily-. Me voy a mi habitación antes que seguir escuchando estas tonterías.

-¡Pero yo quiero ir al baile! –gritó él absteniéndose de decir que se moría de ganas por ver la cara de Snape y Malfoy cuando cambiara el zumo de calabaza de sus mesas por alcohol muggle diluido.

-¡Yo también quería ir pero un idiota impidió que fuera, así que ahora te aguantas como yo y te quedas sin ir o mejor, ves solo!

-¡No puedo ir solo! –le contestó él-¡Soy un merodeador!

-Eso lo tendrías que haber pensado antes de meterte conmigo, Potter –le reclamó ella.

-No seáis idiotas –dijo de repente Dani deteniendo su partida de ajedrez con Remus-, ninguno de los dos tiene pareja, sea por los motivos que sea –añadió al advertir como los dos implicados abrían la boca-, y ninguno de los dos quiere faltar al baile, así que ¿por qué no vais juntos y os dejáis de tonterías de una buena vez?

-¡Por encima de mi cadáver! –exclamó entonces Emily levantando la cabeza de sus cartas con las que estaba jugando con Peter-. ¡No pienso dejar que vaya con un merodeador!

-Emi, Danielle va con un merodeador, tú vas con un merodeador, ¿por qué no puede ir Lily con un merodeador? –le preguntó Ann sin levantar la vista de su libro-. Deja que hagan lo que quieran, es más, yo creo que sería una buena idea que fueran juntos. Ahora dejad de gritar, que no me dejáis concentrarme en el libro –pidió con naturalidad.

-Eso digo yo –recalcó Dani mientras miraba el tablero-… para una vez que estaba a punto de hacer una buena jugada, ya no me acuerdo… -protestó frunciendo el ceño como una niña pequeña, gesto que hizo sonreír al licántropo.

Sirius miraba a la pelirroja y a James divertido; aquello era algo que no quería perderse por nada del mundo.

-¿Tú quieres ir? –preguntaron los dos al mismo tiempo-. Vayamos juntos –volvieron a decir –ambos fruncieron el ceño-, pero no porque quiera ir contigo –dijeron de nuevo-. Mañana a las siete aquí –James sonrió, ciertamente encontraba aquello gracioso; Lily no lo encontraba de ese modo a juzgar por la manera en que apretaba los puños firmemente alrededor de las caderas.

-¡Eres odioso! –gritó la pelirroja antes de subir las escaleras hacia el cuarto de las chicas.

-¡Yo también te quiero! –le contestó James.

Sirius enarcó una ceja cuando James Potter le miró sonriente.

-Tengo una cita con Lily Evans –afirmó.

Aquella fue la noticia más rápida que se había corrido por los pasillos de Hogwarts; James Potter y Lily Evans irían juntos al baile

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Se le había echo tarde; no era que tuviera mucha prisa por llegar al despacho de la profesora McGonagall, pero tenía que entregar aquel trabajo antes de que fueran las seis o la estricta profesora no se lo aceptaría; ¡metro y medio de pergamino hablando sobre el método más fácil para convertirse en animago! Y todo por estar en clase despistada, aunque claro, quizá el hecho de que a ella y a Sirius le diese un ataque de risa cuando el chico hizo explotar un tintero de tinta roja sobre la cabeza de Snape había tenido algo que ver.

Por suerte para ella, Remus estaba en la biblioteca cuando ella había ido a hacer el trabajo, después de deshacerse de Lily que había adoptado su papel de prefecta y le estaba diciendo que debería ser más responsable y no dejarse llevar por lo que Black hacía o dejaba de hacer, claro que cuando ella le hizo notar que incluso ella había sonreído al ver el cabello de Snape cubierto de rojo chillón, Lily se había dedicado a volver a observar las plantas acuáticas mientras anotaba algo en su pergamino.

Remus la había ayudado; le había indicado los libros en los que podía buscar información y, como prefecto, había podido acceder a la sección prohibida de donde había tomado los libros que los chicos habían "tomado prestado" sin el consentimiento de nadie y que habían utilizado para convertirse en animagos ilegales. Cuando la chica le preguntó cómo sabía tanto de aquel tema, el licántropo se había encogido de hombros y le había contestado que le gustaba conocer un poco de todo.

Pero claro, como siempre que Remus estaba cerca de ella, el tiempo se le había pasado volando a la chica entre pensamientos, suspiros y ensoñaciones que no iban a ninguna parte y que nunca irían a ninguna parte porque nunca le iba a confesar que estaba enamorada de él; podía ser muy segura e independiente, pero todo eso se iba por la ventana cuando se trataba de decirle a Remus que estaba enamorada de él.

Giró el pasillo y maldijo en voz baja cuando vio al chico que se acercaba hacia ella, quién, en cuanto la vio, sonrió de manera condescendiente y con un brillo en los ojos que hizo que la chica se pusiera alerta.

-Adams… un placer verte, como siempre –la saludó Malfoy.

-No puedo perder el tiempo contigo ahora Malfoy, tengo una cita con la profesora McGonagall.

-Cierto… -miró los libros que llevaba en las manos y sonrió antes de darle un golpe ágil y conseguir que éstos cayesen al suelo.

Dani lo miró enfadada y se agachó para recogerlos, pero él se lo impidió tomándola del brazo y obligándola a permanecer de pie.

-Si no siguieras los ejemplos de los Gryffindors…

-Soy una Gryffindor –ella alzó la cabeza con orgullo soltándose del agarre del chico rubio.

-Deberías de plantearte buscar otras… -se acercó y la tomó de la mano acariciándosela hasta que Dani la retiró con brusquedad-… compañías…

-Quizá lo haga cuando te mueras, ¿podrías tirarte de la torre de astronomía, por favor? –le replicó ella con fingida dulzura.

Malfoy chasqueó la lengua e hizo un movimiento negativo con la cabeza.

-Qué modales… -exclamó fingiendo sorpresa-… una señorita de tu clase no debería de hacer y decir según que cosas. Debe ser la influencia de ese Black –añadió con desdén.

-Sirius es cien veces mejor de lo que tú serás nunca –le contestó Dani que seguía con la varita aferrada a su mano dentro del bolsillo de la túnica.

-Me encantaría discutir eso contigo pero ahora tengo prisa.

-Saluda a tu padre de mi parte, Danielle –dijo Malfoy mirándola con lujuria de arriba abajo y haciendo que la chica se sintiera incómoda.

-Cuando estés muerto, Malfoy –le escupió ella.

Malfoy le sonrió con desdén y se alejó de ella caminando por el pasillo con pasos elegantes y zancadas largas, con la capa negra ondeando a cada paso.

Preguntándose a qué había venido aquel numerito, Danielle recogió sus cosas y salió hacia el despacho de McGonagall, aún llegaba a tiempo.

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Remus miró con suspicacia a Sirius cuando entró en la sala común después de que su reunión de prefecto terminara y viera a su amigo sentado en una de las sillas del lugar, pero ubicado en un rincón en lugar de ser el centro, incluso el licántropo hubiera asegurado que quería pasara inadvertido; quizá fuera aquello lo que le hizo ponerse sobre aviso.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó asomándose por encima del hombro del chico moreno mientras éste reaccionaba ocultando el pergamino en el que escribía algo.

-¡Ha sido Cornamenta! –fue lo primero que dijo Sirius. Se giró para toparse con la cara de Remus, bastante divertida por cierto, que intentaba ocultar una carcajada sonora.

-De acuerdo, lo tendré en cuenta, ahora, ¿qué estás haciendo?

Sirius miró a ambos lados asegurándose que no había nadie cerca de ellos dos, cosa que a Remus no le dio muy buenas vibraciones; que nadie le entendiera mal, Sirius Black era su amigo, uno de sus mejores amigos, de echo, pero eso no impedía que el prefecto de la casa Gryffindor supiera la cantidad de tonterías que se le podían ocurrir a Sirius en una sola hora, era precisamente porque eran amigos y se conocían tan bien que sabía que el chico estaba planeando algo incluso antes de que lo hiciera. Si bien Sirius y James se compenetraban con una sola mirada y no les hacía falta nada más para saber qué pensaba el otro, a Remus sólo le hacía falta mirar a Sirius para saber que estaba tramando algo, algo en lo que, por alguna razón, él casi siempre terminaba involucrado.

-¿Qué te parece Peterson? –preguntó Sirius mirando algo en su lista.

Remus enarcó una ceja. Pam Peterson, cuarto curso, Hufflelpuff, morena, pelo rizado, ojos negros, piel de porcelana, simpática, un poco simple para su gusto, pero para los de Sirius no estaba nada mal. Se encogió de hombros.

-¿Vas a pedirle que salga contigo o qué? –le preguntó el licántropo-. Te recuerdo que Pam es admiradora de Peter así que no sé si…

-¿Pam? –preguntó Sirius ligeramente molesto-. ¡Va a cuarto! –le gritó a su amigo. Remus asintió sin entender qué le ocurría a Sirius-. ¿Es que me has visto cara de pervertido o qué? –Remus iba a decir algo pero Sirius lo calló-. Déjalo, mejor no contestes –Remus le sonrió simplemente-. No hablaba de Pam, hablaba de Jake Peterson, su hermano.

-¿El Ravenclaw de sexto? –Sirius asintió y Remus soltó una leve risita condescendiente.

-¿Qué?

-Sinceramente Remus, no pensaba que ese Peterson fuera tu tipo.

-¿Qué quieres…. –Sirius abrió los ojos y miró a Remus que se estaba riendo descaradamente de él. Podría haberse enfadado, gritado y golpeado al chico que estaba allí con él, pero era imposible enfadarse, gritarle o golpear a Remus sin sentir un terrible cargo de conciencia, seguramente por aquella cara de niño bueno que tenía y que siempre les ayudaba delante de los profesores para salir ilesos sin castigos-. Ja, ja, ja, muy gracioso –se limitó a contestarle el chico con cierto tono sarcástico-, pero me siguen gustando las chicas, muchas gracias –añadió sentándose abruptamente de nuevo en la silla y balanceándola hasta que el respaldo quedó contra la pared, sujetándose en sus dos patas traseras mientras miraba el pergamino con aire ofendido.

Remus suspiró y rodó los ojos; aquella pose ofendida de Sirius era falsa, ambos lo sabían, pero él también sabía que sería mejor averiguar qué era lo que pretendía hacer Sirius, después de todo, Peterson le caía bien.

-De acuerdo, perdona, no debí dudar de eso. ¿me lo cuentas o qué? –le preguntó recargándose contra el pilar que había al lado de Sirius mientras se cruzaba de brazos y lo miraba con una sonrisa bonachona.

-¿Has hablado con Dani últimamente? –le preguntó el chico sonriéndole traviesamente como cada vez que se le ocurría hacer algo malo.

Remus estuvo a punto de contestarle que cómo iba a hablar con ella si cada vez que estaban solos a él le daban ganas de besarla y que debido a eso, siempre que hablaba con Dani últimamente se encargaba de no estar solos, nunca.

-Sí, pero de nada en concreto, ¿ocurre algo? –lo miró preocupado-. ¿Qué le has hecho ahora?

-Nada –se defendió Sirius con voz cansada-. ¿Por qué siempre pensáis que le he hecho algo a mi hermanita? –Remus lo miró de forma insistente y Sirius repitió lo mismo de la vez anterior-. Déjalo, mejor no contestes. Sólo quería asegurarme que no estaba por aquí.

-Eso me suena a que estás haciendo algo que ella no aprueba, ¿qué es? –preguntó curioso el licántropo.

Antes de que Sirius pudiera decir nada al respecto, una cansada Dani se acercó hasta ellos y se dejó caer en la pared junto a Sirius, frente a Remus que la miró sonriendo mientras el moreno se ocupaba de esconder el pergamino de forma bastante torpe y mal disimulada, la verdad.

-Es realmente agotador –dijo Dani.

-¿El qué? –preguntó el chico mirándola.

-Rechazar a todos los que me piden ir al baile además de tener que lidiar con las locas de este –señaló con la cabeza a Sirius-, por cierto, dos de ellas están en la enfermería –se encogió de hombros-, por si te interesa saberlo.

-¿Qué les has hecho? –preguntó receloso Sirius.

-Nada… -los dos chicos la miraron insistentemente-… ellas empezaron, yo sólo me defendí.

Sirius sabía lo que aquello significaba.

-Cabello de colores chillones durante dos días y gruñidos en lugar de poder hablar, ¿verdad? –inquirió mirándola. Dani asintió satisfecha.

-Querían atacarme por ir contigo al baile –frunció el ceño-, deberías de recordarles que fuiste tú quien me lo pidió a mí y no al revés, y de paso les vuelves a recordar que únicamente somos amigos y que no me interesas sentimental o sexualmente.

-Vale, se lo di… ¡eh! –replicó como si se hubiese dado cuenta de algo-. ¿por qué no?

Remus rodó los ojos. Sirius era imposible.

-Porque no eres mi tipo, además nos parecemos demasiado, estaríamos todo el iempo discutiendo –se limitó a decirle la chica. La esquina de un pergamino sobresalía sospechosamente desde debajo del trasero de Sirius y la chica lo miró con recelo y suspicacia-. ¿Estás tramando algo? –le preguntó.

Sirius se limitó a negar con la cabeza mientras escondía aún más el pergamino. Como si aquello hubiera sido una señal, la chica lo miró con los ojos entrecerrados.

-No seguirás con la idea de buscarle novio a Ann, ¿verdad? –le preguntó. Remus enarcó ambas cejas y miró a su amigo. Empezaba a entender para qué quería saber su opinión sobre Peterson.

-Claro que no –se hizo el ofendido Sirius-. Me dijiste que no lo hiciera y no lo estoy haciendo –se defendió el moreno lanzándole una mirada de inocencia a Dani quien no se fió de él ni siquiera por esas.

-Recuerda lo que te dije, si veo a Ann llorar por alguna de tus ideas como la de buscarle novio por ejemplo, te aseguro que te arrepentirás de haberme enseñado todo lo que sé sobre bromas, venganzas y magia negra –le amenazó en un susurro. Sirius asintió frenéticamente; a veces Dani podía llegar a dar verdadero miedo-. Buenas noches Remus –le sonrió con dulzura a la chica.

-Buenas noches Dani, que duermas bien.

-Descansa –le dijo Sirius recibiendo una mirada helada de Dani mientras empezaba a andar.

-Tú también –le contestó la chica.

-Así que buscándole novio a Ann, ¿verdad? –preguntó Remus con una ceja enarcada en dirección a Sirius que seguía observando como Dani subía las escaleras.

-Shhhh –le recomendó el chico en cuestión-. ¿Quieres que Dani te oiga? –preguntó mientras sacaba el pergamino.

-Si Dani se entera de que sigues con esto te matará –le advirtió Remus.

-No lo hará, en cuanto vea el buen novio que le voy a conseguir a Seever no podrá enfadarse conmigo –le contestó Sirius anotando algo en su pergamino. Luego se giró hacia Remus y lo miró suspicazmente.

-¿Qué? –preguntó el chico enarcando una ceja y retrocediendo un par de pasos ante la mirada de Sirius.

-Remus, ¿estás saliendo con algui….

-¡Ah no! –replicó Remus antes de que al chico moreno se le ocurriera terminar aquella frase-. A mí no me metas en tus líos. Además, sabes perfectamente que no podría salir con Ann para luego terminar dejándola –añadió el chico.

-Es verdad, se me había olvidado ese pequeño detalle de que le tienes miedo a tener una novia formal –se burló Sirius.

-Para empezar, el que nunca ha tenido novia formal eres tú –Black dijo algo así como "cierto" que hubiera sonado bastante serio y formal si no hubiera sido por la sonrisa encantadora que le dirigió a su amigo-, y para continuar, eso es asunto mío. ¿Por qué no la emparejas con James o Peter? –le sugirió.

-¿Y que me maten? –Remus lo miró y Sirius resopló-. Lily está completamente enamorado de la pelirroja y Peter y Banks se traen algo entre manos, aunque no sé…

-¿Y tú? –preguntó burlón Remus. Sirius lo miró.

-¿Yo, qué? –preguntó el chico.

Remus rodó los ojos, se acercó a su amigo y le susurró de forma que nadie más pudiera oírlos.

-Quizá deberías salir tú con ella en lugar de estar buscándole novio… siempre estás diciendo que eres perfecto y tú quieres encontrar al novio perfecto ¿no? –el chico no le contestó, aunque miró de forma significativa al licántropo que se echó a reír de forma condescendiente-. Buenas noches Sirius –le palmeó el hombro y subió las escaleras del cuarto de los chicos.

Sirius tardó dos segundos en asimilar lo que Remus le había dicho; debía estar bromeando. Ann no era una chica para él, ella era demasiado dulce, demasiado buena, simplemente era demasiado para él y ella se merecía algo mejor que un par de semanas antes de que a él le entrara el miedo al compromiso y acaba abandonándola ¿verdad? Entonces, ¿por qué la idea no le había desagradado del todo cuando el lobito se la había dicho? Negó con la cabeza para sacudirse aquella absurda idea ante de seguir repasando su pergamino.

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Bueno, esto ha sido todo!

Aps, y no me matéis por no hacer que Remus y Dani vayan juntos al baile y que Ann y Sirius tampoco vayan… así será más divertido, creedme!

Espero que os haya gustado, si no, ya sabéis, críticas, comentarios, sugerencias y opiniones en reviews serán aceptados. Abstenerse de lanzar maldiciones, se me ha roto la varita y ahora mismo no podría contrarestarlas :D

Y no os olvideis de decirme si queres avances o no, de acuerdo?

Un besito para todos, sed buenos, y estudiad! (ya sabes por quién lo digo, verdad? Jajajajaj)

Nos leemos pronto, chicos, cuidaos!