Tras unos minutos abrazados, nos separamos y nos sentamos sobre la hierba, sin hablar, compartiendo el silencio que, en ocasiones como ésta, era mucho más valioso que todas las palabras comprendidas en cualquier diccionario y cargado de mayor significado.
Así nos quedamos un rato hasta que finalmente decidimos que había cosas que queríamos hacer cada uno por su cuenta, nos separamos y prometimos vernos cuando fuera hora de cenar.
Mis pies me llevaron hasta una zona medianamente alejada del centro del campamento, cerca de la línea donde comenzaba el bosque y ahí me encontré a Aslan, di la vuelta con la intención de no molestarlo.
- Helena – me detuve al escucharlo llamar mi nombre - ¿hay algo de lo que quisieras hablar conmigo? - me di la vuelta, sentía los ojos acuosos, pero no debía llorar, no tenía razón suficientemente aceptable para hacerlo – ven aquí - me llamó a ir a él y olvidé como caminar ¿cómo era posible que llamase a una intrusa a su lado?
- ¿Por qué? - cuestioné moviéndome muy lentamente, no creyéndome digna pero tampoco queriendo contradecirlo, del mismo modo que tenía que entender, necesitaba que me explicara – yo no pertenezco aquí.
- La profecía no habla de ti, pero eso no significa que no tengas un lugar en Narnia - lo volteé a ver inquisitiva – hay a quienes su destino se les presenta frente a ellos y está claro lo que deben hacer, pero existen otros que deben buscar y en ocasiones hasta forjar sus propios caminos, pero eso no significa que unos sean menos que otros, solo que son diferentes y por ende requieren vivir de forma distinta
- ¿Pero entonces que hago? - me costaba trabajo entender.
- No te diré que hacer, eso es algo que te corresponde a ti averiguar, sin embargo, te digo que hay algo para ti, solo sigue avanzando, no te detengas y sigue tu corazón, sé que entonces encontrarás tu camino.
- Desearía poder tener fe en mi - murmuré más para mí que para el gran león junto a mí.
- Paciencia, querida, el peso de la búsqueda aumenta el valor de lo que buscamos – curiosamente aquello me devolvió la fuerza. Por ahora me quedaría a apoyar a mis amigos y a estas criaturas.
- Gracias - sonreí y me incliné en agradecimiento y despedida antes de darme la vuelta e irme a explorar. Quería conocer el campamento y de ser posible ayudar, quizá eso me ayudara a no sentirme inútil.
Tras un rato de vagar encontré a un tejón transportando espadas, de las cuales, un par se cayó y las levanté.
- Parece pesado, ¿estaría bien si ayudo? - señalé hacia las espadas, esperando no ofenderlo.
- Miladi, no pienso que la amiga de los reyes tenga que encargarse de algo como esto – fue su respuesta, aunque vi sus ojos moverse de lado a lado con duda.
- Por favor, si puedo ser de ayuda, me gustaría - ofrecí, necesitaba hacer algo por ellos que hacían un esfuerzo por recibirme aun cuando yo no tenía nada que hacer ahí.
Finalmente accedió y juntos caminamos hacia otra carpa de gran tamaño, por donde se encontraban los centauros trabajando en armaduras, ahí las dejamos y terminé hablando con uno de los centauros, uno más joven que el que resguardaba la tienda de Aslan, de nombre Glenwood, que se encargaba de forjar petos para el ejército. Al final me quedé con él, pasándole las herramientas que necesitara y finalmente ayudando a acomodar cuando la pieza estaba lista.
- Así que Lena, cuéntame, ¿Cómo es el mundo del que tú y nuestros reyes vienen? - preguntó casualmente y sonreí.
- Pues donde vivimos no hay muchas plantas, en la noche no se ven estrellas y más bien hay mucho ruido y humo - respondí recordando lo diferente que era Londres del campo.
- ¿Por qué vivirían en un lugar así? - sus ojos parecían a punto de salirse de sus cuencas y no pude evitar reír, en verdad parecía ofendido de pensar en un lugar así.
- Pues porque... realmente no sé, puede que, porque a nuestros padres les pareciera un buen lugar para crecer, realmente nunca lo había pensado, pero no te asustes, a pesar de eso hay cosas buenas, por ejemplo, hay librerías públicas enormes y te dejan tomar los libros prestados y la radio es genial.
- ¿Radio? - si antes estaba confundido, esta vez me volteó a ver como si hablara en un idioma extraño.
- Es una caja de madera con pequeñas perillas y botones a los que le mueves para escuchar noticias o música, ah, y a veces puedes escuchar historias - recordé la primera vez que Susan y yo nos habíamos quedado despiertas hasta tarde escuchando nuestra primera radionovela.
- Vaya magia tan rara la suya - murmuró haciendo una mueca y reí.
- Solo es distinto, aunque si te soy sincera me gusta más aquí - acaricié una armadura, viendo mi cara reflejarse en ella.
- No hay ningún lugar como Narnia, de eso estoy seguro, ya verás cuando el Gran Rey Peter y sus hermanos estén en el trono - sonrió con confianza en lo que estaba por venir.
- Sé que serán excelentes, son tan fuertes y se complementan a la perfección, cada uno con sus virtudes - agregué con certeza del valor de mis amigos.
- Por eso debemos luchar - finalizó entregándome un peto ya terminado, el cual acomodé junto al resto, donde me había indicado.
En eso escuchamos claramente como un cuerno sonaba a la distancia, tres fuertes soplidos y supimos que no era cualquier cosa, entonces hice la suma en mi cabeza.
- ¡Es Susan! - me alarmé, sin importarme nada salí corriendo a máxima velocidad hacia donde sabía que encontraría a mis amigas, tenía que ayudarlas a como diera lugar. Tras de mi escuché el ruido de galope. Llegué a donde había acordado encontrarlas, desenvainando mi propia espada solo para ser detenida por Aslan que ya se encontraba ahí, ordenando bajar las armas, los otros que al igual que yo se habían lanzado dispuestos a luchar obedecieron la orden, yo solo bajé más no envainé mi espada, temiendo que en algún momento fuera necesario saltar a la acción.
Frente a mí estaba mi mejor amigo, espada en mano apuntando hacia un lobo, a sus espaldas un árbol y sobre sus ramas Susan y Lucy, aparentemente sanas y salvas, por un segundo respiré tranquila al ver que el peligro había pasado para ellas, pero como dije solo fue por un segundo ya que de inmediato la ansiedad volvió a mi cuerpo, esta vez preocupada por Peter. No despegaba sus ojos del lobo, sus movimientos imitando aquellos de su enemigo que se movía lento y con soltura, como si no estuviera en campamento enemigo con una espada siendo apuntada directamente a él o frente al mismo Aslan.
- Tal vez creas que eres un rey – se mofó - pero vas a morir como un perro- rugió con fuerza antes de lanzarse sobre Peter, derribándolo. De manera inmediata el grito de Lucy desgarró el aire, bajaron y yo solté mi espada dejándola caer en algún lugar sobre la hierba que realmente en aquel momento poco me importó. Cuando me di cuenta, las tres estábamos junto a él y empujamos al lobo inmóvil de encima de Peter, liberando su cuerpo. Pedí de todas las formas que se me ocurrieron que por favor estuviera vivo y grande fue mi alivio al verlo sentarse, respirando agitadamente, rostro enrojecido y cabello despeinado, pero vivo. En cuanto vio a sus hermanas las apresó en un abrazo, buscando confirmación de que ellas estaban bien y ellas hicieron lo mismo.
Se soltaron y mandando todos mis inseguridades y mi buen juicio lejos de mí, lo abracé con ímpetu, casi derribándolo, mis manos aferrándose a la tela de su espalda, negándome a soltarlo, necesitaba convencer a la voz negativa que vivía en la parte más oscura de mi cabeza de que él está bien, que la persona de la cual estaba enamorada seguía con vida y me devolvía el abrazo en silencio, dejándome sollozar.
- Eres un idiota, Peter Pevensie, nos preocupaste demasiado, un "sigo vivo" habría bastado en lugar de quedarte en silencio y sin moverte bajo el cuerpo de esa bestia – le reclamé al oído, mi voz siendo apenas un poco más que un soplido escapando de mi garganta.
- Lamento haberlas preocupado - murmuró apenas nos separamos con esos ojos que no me permitían continuar enfadada con él por mucho tiempo, el alivio de verlo bien venciendo al enojo dirigido hacia él nacido de la preocupación. Aslan soltó al lobo restante y envió a las criaturas a seguirlo para rescatar a Edmund.
- Peter, limpia tu espada – ordenó con calma y recordé el espectáculo que probablemente había armado frente a todos, a juzgar por como sentí mi cara estaba segura de que ésta parecería un tomate gigante. Me separé trastabillando, rápidamente poniendo distancia entre Peter y yo y pude ver una pequeña sonrisa en el rostro de Susan.
Peter tomó la espada que a esas alturas aún estaba hundida en el inerte cuerpo de Maugrim, la limpió con la hierba y la secó con la tela de su camisa. Por instrucciones de Aslan, se posó frente a él con una rodilla en el suelo, presentando su espada con la punta tocando el pasto e inclinó la cabeza. Aslan alzó una de sus enormes patas y la puso sobre el hombro izquierdo de Pete, inclinándolo un poco hacia ese lado y la bajó.
- De pie, Sir Peter, Terror de los Lobos, Caballero de Narnia – con esas palabras se puso de pie, volteó hacia sus hermanas y yo solo sonreí, orgullosa, finalmente era evidente a la vista aquello que ya sabía desde hace tiempo. Era un héroe a pesar de no notarlo, no había duda de que sería un rey sin igual, y ahora que lo veía de pie, frente a Aslan, con sus hermanas a su lado, no podía sacar de mi cabeza el pensamiento de que jamás sería digna de estar de pie a su lado como igual, pero también decidí que no dejaría de luchar para ganarme mi lugar, tanto en este mundo como a su lado aún si no fuese de la manera que deseo, me conformaba con poder decir que era digna de confianza, alguien a quien pudiera acudir en la necesidad, me prometí que, si estaba en mi poder, no volvería a dejarlo enfrentar nada solo, y no por quitarle mérito, sino porque tal y cómo el Gran León me lo había dicho, había encontrado el camino que quería seguir. Quería protegerlos y ayudarles.
Ya había envainado su espada y se daban la vuelta para volver al campamento, pero la voz de Aslan llamó mi atención.
- Helena, recoge tu espada que el suelo no es lugar para ella – mis mejillas se calentaron al recordar que, en mi preocupación, había abandonado en el suelo el regalo que Papá Noel me había confiado. Vaya forma de ser digna. La recogí y limpié para regresarla a su vaina y me fui de ahí a toda velocidad. Luego de lo sucedido, debía dejarlos en familia, yo no figuraba nada en eso y debía aceptarlo.
Volví a donde había dejado a Glenwood, quien arqueó una ceja al verme.
- Pensé que me había quedado sin ayuda - dijo con una media sonrisa que no tardé en igualar.
- No te librarás de mi tan fácilmente, si es eso lo que esperabas, lamento informarte que estoy de regreso, lista para el trabajo – me paré derecha, piernas juntas y mano derecha sobre la frente.
- Me da gusto ver tanta motivación de tu parte, puedes empezar llevando esas - señaló dos armaduras en particular a su espalda – con los enanos a que las terminen.
Asentí antes de adelantarme a tomarlas y hacer lo que me indicó.
El resto del tiempo antes de la cena se me fue en llevar cosas y recados de un lado a otro, perdiéndome las primeras veces entre las tiendas que usaban los mismos colores hasta que una zorra de pelaje claro, llamada Branwen, se dio a la tarea de guiarme por el campamento, supongo que, cansada de verme dar vueltas, pululando por todas partes sin saber exactamente a donde ir o a quien buscar.
Llegó la hora de ir a cenar con mis amigos y me despedí antes de ponerme a caminar entre las tiendas, buscándolos, tarea que no me llevó demasiado tiempo. Los encontré en una mesa acomodada mas o menos en el punto medio entre la tienda de las chicas y mía y la de Peter y prontamente también de Edmund.
- ¿Dónde estuviste? - preguntó Lucy cuando me acerqué.
- Por ahí, caminando entre las carpas - eso era más o menos cierto.
- Te perdimos después de que Peter fuera nombrado caballero - acotó Su escudriñándome y desvié la mirada, no quería que se diera cuenta de mis conflictos internos, por como era ella, se preocuparía de inmediato, y ya tenían suficiente con lo de Edmund y esta guerra, lo último que necesitaban era cargar conmigo, eso solo tendría el efecto opuesto a lo que había elegido.
- Eso me recuerda - cambié el tema intencionalmente - felicidades Peter, es asombroso - sonreí sincera, a lo que recibí un asentimiento de cabeza de Peter, y de no saber mejor, habría jurado que sus mejillas estaban sonrosadas.
Tras eso, la cena se pasó en silencio, los cuatro cansados de los sucesos de todo el día que luego de mucho llegaba a su fin.
Gracias a todos los que me regalan de su tiempo al leer este pequeño trabajo que realizo con gusto y esperanza de entretener a quienes, como yo, son fans de Narnia.
Nuevamente y de forma atenta, aunque reconozco que algo egoísta, les pido me dejen review y me hagan saber de la manera más respetuosa lo que piensan de este fic y si tienen sugerencias.
-Annie Alyss
