Primera Publicación: 10 de Enero de 2015

Resubida: 30 de Agosto de 2017


30 Días Contigo

~Día 10~


Fue tomando conciencia al nuevo día de a poco, la lluvia aún se escuchaba sobre la cabaña pero con menos intensidad que el día anterior, movió un poco su cabeza porque se sentía tenso, con el brazo izquierdo dormido; abrió de golpe los ojos al darse cuenta que se debía al peso que había sobre él. Lo primero que vio fue una mata de cabellos anaranjados sobre su pecho, la mano femenina descansaba también en su pecho junto a su mano, las cuales estaban juntas, mientras que la otra mano del hombre descansaba tranquilamente en la espalda de Misty. Ash sintió que la sangre se le agolpaba de golpe en las mejillas y en alguna otra parte de su cuerpo que se negaba a aceptar. Cerró los ojos y trató de controlarse lo más que pudo; cuando lo consiguió volvió a mirarla dormir.

Le costaba creer que había despertado en él tal afecto por su mejor amiga. ¿Será que dentro de él siempre estuvo esa semilla plantada en su corazón y bastó solo una semana con ella para que germinara de esa forma?

No le gustaba la sensación de los celos, ni mucho menos pensar en el cariño que Misty pudiera sentir por Emiliano por más que no lo viera como un hombre al que podría amar, sin embargo, debía agradecerle a aquel sujeto su presencia; su forma de ser le habían hecho descubrir que no quería que nadie se le acercara, no quería que nadie la mirara como el objeto de sus primitivos deseos. Ella lo había llamado posesivo, y sí, quería serlo. En ese momento, ella era de él, de palabra o no, era su esposa y lo aprovecharía.

La apretó un poco contra él, y la líder solo se acomodó mejor, sin despertar.

La puerta se abrió dejando entrar a Pikachu y a Marill que observaron a la pareja curiosamente, Ash elevó hacia su boca la mano que tenía en la espalda de Misty y les hizo un gesto de silencio. Ambos pokémon miraron a Ash y tras mirarse entre ellos, decidieron dejarlos un rato más solos.

El cierre de la puerta hizo que Misty abriera de golpe los ojos, pero los cerrara una vez más en busca de acostumbrarse a la luz, Ash cerró los ojos y fingió dormir mientras ella despertaba.

Misty no recordaba tener una almohada tan dura ni mucho menos que latiera como un corazón acelerado, trató de llevar su mano izquierda a su frente pero se la encontró inmóvil, abrió los ojos y se descubrió que su mano estaba debajo de una mano morena, la mirada subió hacia su ante brazo, su brazo y al fin se encontró con el rostro de Ash, las mejillas femeninas se tornaron rojas cuando recordó lo que había pasado en la noche, había venido a buscar a Ash porque se había asustado por un Caterpie y él la había abrazado para protegerla.

¿Habrían dormido toda la noche en la misma posición?

Con un poco de fuerza logró liberar su mano y llevarla bajó su mentón para observar a Ash dormir, sonrió al imaginar lo cerca que estaban el uno de otro aun pese a la situación que vivían actualmente. Mas se sorprendió cuando el latido del campeón empezó a acelerarse, decidió salir del agarre temerosa de que significara que estaba despertando y no quería que la encontrara observándolo de esa manera. Misty se sentó en la cama, lo observó una vez más y abrió las sábanas para poder salir de la habitación, sin hacer el menor de los ruidos.

Cuando la puerta se cerró, Ash abrió los ojos con una mueca que simulaba ser una sonrisa, no le había gustado para nada la sensación de vacío que le quedó entre los brazos cuando ella salió de la cama. La odió, pero decidió meterse al baño a bañarse para quitarse todos los pensamientos que lo abordaron al despertar, luego se colocó una polera blanca y un pantalón de buzo negro, salió hacia la sala y luego, hacia la cocina donde no había señales de la pelirroja pero si podía ver a Marill y a Pikachu disfrutar de una fuente de comida pokémon.

Sin decir nada, se acercó a la cocina, puso a calentar agua y agradeció que hubiera regresando la luz para poder calentar pan en la tostadora mientras picaba algo de bayas para acompañar el pan.

—¡Otra vez tú! —Ash volteó la mirada hacia Misty que venía con una liga en los labios mientras con las manos tiraba de su cabellera anaranjada para hacerse una coleta alta.

—¿Yo qué? —fue lo único que pudo preguntar mientras observaba como aquel vestido floreado se había subido por la posición de los brazos de Misty, tragó grueso y volvió la mirada hacia los ojos verdes que parecían escanearlo por su actuar.

—Era mi turno de hacer el desayuno, Ash —protestó frunciendo los labios mientras bajaba sus brazos con la coleta hecha.

—Pero ya tengo todo listo —le indicó la silla con una sonrisa—, tú solo siéntate y espera que te sirva.

Misty acató el pedido, se sentó, apoyó los codos en la mesa de madera y luego su rostro contra sus puños cerrados, no es que le molestaba sentirse consentida por Ash, al contrario, creía que lo hacía porque era una inútil para las labores de la casa.

—¿Sabes que yo puedo hacer las cosas de la casa como cualquier persona? —le preguntó cuándo Ash giró con la bandeja de tostadas con una sonrisa.

—Es bueno saberlo, pero lo pondría en duda —a riesgo de que lo mate ahí mismo, no pudo evitar recordar lo de la lavadora.

—Si te refieres a lo de la lavadora —sí, Misty le había adivinado el pensamiento—. Es que nosotras no lavamos, mandamos a lavar la ropa una vez a la semana a una tienda en ciudad Celeste.

—Supongo que tampoco cocinan —le dijo, girando para tomar el plato de bayas y apagar el agua que ya había hervido.

—¡Oye! —se irguió en la silla molesta— ¡Claro que cocinábamos! —se cruzó de brazos y corrió la mirada— Solo que nos manteníamos a base de ensaladas y tofu —Ash la miró de reojo, pero no pudo evitar sonreír— Pero eso no quiere decir que no pueda preparar alguna que otra receta.

—Pobre Tracey —susurró Ash aunque el oído agudo de la chica lo escuchó de todas formas—, menos mal que es buen amo de casa o si no, lo encontraríamos muerto de hambre uno de estos días.

—¡Oye! —protestó poniéndose de pie— Daisy es la que mejor cocina de nosotras cuatro, incluso Violeta es buena haciendo postres y Lily haciendo tartas.

—¿Y tú en quemarlas? —preguntó Ash aguantándose la risa, pero solo enojó más a la chica.

—¡Ash! —gruñó pero se volvió a sentar en la silla colocó los ante brazos en la mesa y bajó la cabeza hasta apoyar la frente en ellos.

—Misty… —Ash se acercó a ella, pero no se la escuchaba sollozar ni nada por el estilo— ¿acaso le acerté? —preguntó antes de morderse la lengua y cerrar los ojos.

Misty levantó la mirada con ganas de matarlo pero decidió estirar su mano hacia una tostada a la cual le echó un poco de mermelada.

—Desayunemos mejor.

—Si —dijo Ash mirando hacia otro lado, mientras tomaba asiento—, parece que adivine.

Estuvieron varios minutos en silencio, hasta que Ash miró que Misty estaba jugando con el desayuno, sin comerlo. Frunció los labios y vio por la ventana que aún estaba lloviendo. El sonido de su celular fue lo único que rompió un poco el silencio, se levantó hacia la habitación, allí tomó su celular, leyó el correo y pensativo regreso a la cocina.

—No viajaremos hoy a isla Tera —le informó dejando el celular a un lado—, por la lluvia se canceló el ferry.

—Oh —fue lo único que contestó, Ash se la quedo viendo.

—¿Estás bien? —preguntó, ella seguía jugando en el dedo en el borde de la taza de café.

—Si —apretó los labios algo fastidiada—, solo que me pone pésimo recordar que no sirvo para nada en artes domésticas.

—Pero eso no es malo —trató de consolarla—. No todas las personas pueden ser buenas en todo, tú eres buena con los Pokémon.

—Puede ser —susurró.

—Mira —Ash se bebió de golpe el café que le quedaba, se fue a la habitación y luego salió colocándose una chaqueta. Misty había girado en la silla, mientras él hacía todo eso— Voy a ir a comprar unas cosas y te voy a enseñar cómo se hace una de mis comidas favoritas —con una sonrisa salió de la casa para internarse en la lluvia.

Misty no pudo evitar sonreír por la forma en que Ash salió tan atolondradamente de la casa, ese era un aspecto de Ash que no se le había ido con el paso de los años y que agradecía que así fuera.

Retiró la loza de la mesa y la lavó, mientras esperaba que él llegara de las compras. Estaba secándose las manos tras terminar, cuando sonó el timbre, se sorprendió que Ash no entrara por cuenta propia pero podría ser que hubiera comprado muchas cosas.

—¿Qué tanto trajiste Ash? —preguntó con una sonrisa abriendo la puerta, pero la sonrisa se le congeló en los labios hasta convertirse en una mueca— Emiliano… —la pelirroja miró a Pikachu y el roedor la quedó mirando y rápidamente corrió con Marill a encerrarse uno en cada habitación para que el rubio no notara que dormían aparentemente en camas separadas.

—Lamento no ser Ash —respondió a ver la desilusión en los ojos esmeraldas de Misty—, pero venía a contarles algo, ¿Ash no está?

—Si estuviera, no te hubiera atendido creyendo que era él —le indicó a pasar con algo de fastidio— ¿Qué paso?

—Siento que te molesto —giró a verla— ¿No somos amigos?

—Si Emiliano —le afirmó con la cabeza—, somos amigos, ¿qué paso?

—Si tú lo dices —Emiliano pasó la mano derecha por su cuello y miró a la chica—. El Ferry hacia isla Tera saldrá mañana en la tarde.

—Ya lo sabía —dijo Misty cruzándose de brazos.

—Parece que estabas ocupada —Emiliano conocía bien a la chica y notaba que no estaba contenta con su aparición sin avisar.

—Pues… —iba a hablar cuando la puerta se abrió.

—¡Por suerte conseguí todo lo que necesitamos! —exclamó emocionado con dos bolsas blancas en su mano izquierda— Y Adivina que traje de pos —elevó la mirada hacia Misty y la encontró con Emiliano, la sonrisa automáticamente se le desapareció— tre ¿Qué haces aquí Emiliano? —preguntó sin rodeos.

—Buenos Días Ash —saludó

—No creo que sean tan buenos si te encuentro con mi esposa, en mi casa, en mi ausencia —respondió un tanto suspicaz, Misty no dijo nada, se mantuvo al margen de aquella pelea entre ambos hombres.

—Venía a decirles lo del Ferry —le iba a explicar pero Ash lo interrumpió.

—Sale mañana a las cuatro de la tarde, si ya lo sé, me lo informó Lance —le indicó la puerta— ¿Algo más? Es que sabes —dejó las bolsas y se acercó a Misty—, habíamos decidido con Misty aprovechar la lluvia y tener un lindo día de recién casados, tú entiendes… Y no es por descortés pero si…

—Oh si, entiendo —con las mejillas rojas de la rabia contenida, Emiliano se disculpó con ambos y tras despedirse, se retiró.

—Ash —Misty iba a hablar pero Ash tomó las bolsas una vez más.

—Ven, tenemos mucho que hacer —Misty siguió a Ash sin decir nada, no porque creía que Ash dudaba de ella y lo que pudiera hacer con Emiliano a solas, sino por el hecho de que le sorprendió como la ilusión con la que entró a la casa se le había esfumado de los ojos, como lo había hecho su sonrisa. Aspiró profundo y llamó a ambos pokémon que salieron de las habitaciones para acercárseles a sus entrenadores, fue por una toalla y se la pasó a Ash que tenía el cabello húmedo— Gracias —le dijo secándose la cara y el cabello, luego dejó la chaqueta colgada en una silla y le pasó la toalla para quitarle el agua.

—¿Qué haremos? —preguntó Misty observando la cantidad de verduras que había en la bolsa y después vio la caja alargada que había en la otra bolsa— ¿Qué es?

—Es una torta helada, pensé que te gustaría de postre.

—¡Me encanta la idea! —exclamó sacándola de la bolsa para ponerla en el freezer.

Una vez seco, Ash dividió las verduras, le pasó un cuchillo, una tabla y le pidió que cortara unos pimientos y las zanahorias. Misty se quedó mirando aquellas dos verduras como si fuera una broma pesada de su marido.

—Sé que no te gustan —respondió con algo de molestia en el tono de su voz— pero son parte de la receta y no te preocupes, hay que cortarlos de una forma grande que te permitirá quitarlos del plato si no te gustan.

—Si tú lo dices —dijo con duda, tomó el pimiento verde, lo apoyó en la tabla y lo golpeó con el cuchillo haciendo que el pimiento saliera volando hasta las manos de Pikachu— Oh, Gracias —agradeció apenada bajándose hasta la altura de Pikachu para tomar el pimiento.

—¡Debes tener cuidado! —la regañó Ash con las manos en su cintura— ¡Podrías haberte cortado un dedo!

—¡Tú dijiste que me ibas a enseñar pero pareces un viejo gruñón y ni siquiera me has dicho como tengo que cortar esta cosa asquerosa y verde!

Ash aspiró profundo, se paró tras la chica y le tomó ambas manos, con la izquierda sosteniendo el pimentón y con la derecha sosteniendo el cuchillo, le fue explicando el manejo de ambas manos, pero Misty poco y nada prestaba atención a la clase puesto que tener a Ash así parado detrás de ella, tocándola, hizo que lo mirara, mientras hablaba de cosas que no llegaban a sus oídos. Simplemente cerró los ojos y se apoyó contra Ash.

—¡Hey Misty! —aclamó asustado Ash, pensando que a la chica le había pasado algo.

—Eh, ¿qué? —se volvió a parar bien y volteó apenada para mirar a Ash que la observaba confundido.

—¿Estás bien? —Ash la tomó de los brazos y luego de la cara con clara preocupación en sus facciones, y ella solo había tenido un lapsus en su mente.

—Sí, sí —volvió a girar para tomar el cuchillo y el pimentón—, sigamos —Ash se alejó un par de pasos para lavar papas y Misty miró el pimentón con fastidio, terminó de cortarlo y luego, tomó a su otra enemiga, la zanahoria— ¿Y a ti como debo cortarte? —le preguntó pasándole el cuchillo a la mitad de la verdura— Por la mitad o a lo largo —ahora pasó el cuchillo por el largo de la zanahoria.

—A lo largo —le respondió Ash con una sonrisa ladeada por la escena bizarra que había observado— ¿Te ayudo?

—¡Por favor! —le pidió, pero cuando Ash tomó el cuchillo y la zanahoria, Misty desapareció y apareció entre Ash y la tabla de picar.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Ash confundido.

—Si tomas mis manos como antes, voy a entenderlo mejor —la sonrisa sumamente fingida hizo que Ash lo pensara un momento pero terminara aceptando. Tomó nuevamente a Misty de las manos y le enseñó el manejo del cuchillo sobre la zanahoria.

—Ya —le dijo cuando terminó con la primera zanahoria y liberaba a la chica para que pudiera seguir ella— ahora puedes seguir sola.

—Oh… —soltó haciendo un mohín con los labios, decepcionada de que Ash la dejara sola— que aburrido —se acercó a otra zanahoria y empezó a cortarla como Ash le había dicho pero no con el mismo entusiasmo.

Ash había pasado a retirarse a su habitación un momento, tomó una almohada y ahogó un grito en ella por los malos pensamientos que habían pasado por su mente mientras ayudaba a Misty a picar aquella zanahoria.

Cuando logró controlarse una vez más, regresó a la cocina pero Misty no estaba, la buscó moviendo su cabeza hacia la habitación y la encontró desarmando su cama.

—¿Qué haces? —preguntó viéndola enrollar las sabanas en su mano.

—Creo que es mejor dejar limpia esta habitación, y volvamos a compartir una habitación —le sonrió— ¿Te parece?

Quería decirle que no, que quería evitar la tentación que le daba su cuerpo, que quería dormir solo y dormir tranquilo… pero no pudo. Terminó afirmándole con la cabeza y con un movimiento de los hombros soltó un despreocupado.

—Por supuesto, claro, la cama es grande —y queriéndose matar por aquellas frases, volvió hacia la cocina a terminar de preparar el almuerzo, Misty -mientras tanto- salió hacia el cuarto de lavado y echó las sabanas recordando esta vez, echarle el Detergente líquido.

Cuando el almuerzo estuvo listo, Ash buscó unas ropas que tenía para lavar y las echó a la lavadora cuando Misty sacó las sábanas para doblarlas y dejarlas guardadas antes de comer.

Casi no cruzaron mirada ni palabra hasta que se sentaron en la mesa a comer y Misty observó con terror aquel guiso de verduras con arroz que Ash disfrutaba tanto, de solo ver las tiras de zanahoria se le revolvía el estómago.

—¿No vas a comer? —preguntó Ash llenando su cuchara de arroz y de verduras— ¡Está delicioso!

—Pues —apretó los labios y decidió que mejor probaría un poco donde no saliera ni pimentón ni zanahoria—, será —alzó la cuchara, probó, lo saboreó y lo tragó. Ash estaba expectante de su reacción.

—¿Cómo me quedó? —preguntó con una sonrisa tierna que dejó a Misty sonrojada.

—Está rico —afirmó—, definitivamente le pones empeño en la cocina.

—Ya verás cómo en estos veinte días que quedan le pondrás tú también el empeño —exclamó poniéndose a comer de nuevo, aunque de una manera tosca ya que el recordar el tiempo que le quedaba amarrados lo estremeció.

Más tarde, cuando ya habían reposado suficiente el almuerzo, Ash se puso a trapear las huellas de barro que había dejado en las cerámicas del piso mientras que Misty sacaba la ropa de Ash de la lavadora para dejársela en la habitación y luego fue a la suya a buscar sus pertenencias.

Ash terminó de limpiar el piso y fue hacia la habitación a ver cómo había quedado su ropa. Frunció los labios cuando vio su camisa blanca bastante arrugada como para ponérsela en isla Tera.

—¿Y si la plancho? —le preguntó Misty con una sonrisa con el bolso de su ropa a cuesta para dejarlo en la habitación. Ash la miró con evidente desconfianza ya que la pelirroja dejo caer el bolso con frustración— ¡¿No confías en mí?!

—Si confió en ti —dijo Ash corriendo la mirada de su amiga hacia su camisa—, pero no tanto en tus dotes de planchado… ¿Has planchado alguna vez?

—¡Siempre se puede aprender! —exclamó extendiendo su mano hacia la prenda de Ash, pero éste la corrió con miedo del alcance de la chica.

—¡Ash! —volvió a insistir con su mano extendida— ¡Dámela, no le sucederá nada!

—Ok —le extendió la camisa y prácticamente se despidió de ella con un gesto de la mano haciendo que la mirada verdeazulada de la pelirroja chispeara de rabia.

Así que mientras Misty se iba con la camisa a intentar plancharla, Ash decidió revisar su celular por alguna noticia de Lance o de Janice informándole algo. Se dejó caer en la cama y observo como la lluvia iba al fin cesando aunque claro, parecía que iba a hacer calor nuevamente. Estaba por tirar su teléfono hacia el colchón cuando un mensaje se lo prohibió.

"Querido Ash, desde que nos enteramos que te has casado con la simpática líder de gimnasio de ciudad Celeste, no hemos podido felicitarte como corresponde, queríamos invitarlos a desayunar mañana antes de que el ferry a isla Tera nos quite la oportunidad. ¿Podemos estar en la cabaña tipo nueve de la mañana? ¡No te preocupes por la comida la llevaremos nosotros!

Atte. Edward."

Ash sonrió ante el mensaje, hace tiempo que no compartía un rato amistoso con el actual presidente del Club Pokémon, salió a informarle a Misty de sus visitas cuando lo que vio lo dejó paralizado. Si bien la pelirroja no estaba, la plancha estaba sobre su camisa y según sus ojos, el cable indicaba que estaba enchufada en la corriente.

Como lo temía, había hecho bien en despedirse de la camisa. Se apuró en desenchufarla y llamó a la líder de gimnasio que no tardó en aparecer indicando que había ido a poner algo de su ropa a lavar mientras calentaba la plancha.

—¿Por qué la desenchufaste? —preguntó al ver a Ash con el enchufe en su mano— No se supone que hay que dejar que se caliente.

—Pero no sobre la ropa —respondió con los dientes apretados, Misty observó la camisa y la línea café que se veía en un borde hizo que sus ojos se abrieran al máximo.

—Ash yo… —cuando sacó la plancha, definitivamente tenía la marca de la plancha en toda la manga.

—¡Te lo dije! —le recalcó tomando la camisa— ¡Te lo advertí, pero no me hiciste caso! —tenía rabia, y estaba a punto de desquitársela contra ella, pero la vio sollozar, y no tardó en ver como una lágrima se estrellaba contra la cerámica del piso, llevó la mano izquierda a su cabeza y se rascó con desesperación el pelo— ¡Odio esto! —soltó sin medir la reacción de la chica, quien levantó la mirada soltando aún más lágrimas.

—¡¿Me odias?! —acusó moviendo los brazos como si estuviera haciendo una pataleta de niña chica— ¡¿Ves que no sirvo para nada que sea del hogar?! ¡Si algún día me caso, mi marido me va a odiar, así como tú!

Si Ash ya tenía un remolino de sentimientos en su cabeza antes de aquella frase, ahora solo había empeorado las cosas. ¿Marido? ¡Él era su marido! ¿Por qué tenía que recordarle que en más de veinte días podría ser esposa de otra persona si quería?

—Recuerda que tu marido ahora soy yo —le informó con la mirada oscura, como si fuera cegado por sus sentimientos— Y no es que te odio por lo que hiciste con mi camisa, ni porque no sepas hacer lo que un hombre común espera de su esposa, odio —la señaló— verte llorar.

—¿Eh? —fue lo único que pudo soltar por la sorpresa de aquellas palabras.

—Son doce años que te conozco Misty, y nunca en todo ese tiempo te he visto llorar tanto como en estos diez días —cerró los ojos y apretó el puño donde tenía la camisa con fuerza—, ¿es tan malo estar casada conmigo?

Misty iba a contestar pero el timbre de la casa interrumpió, Ash la miró por última vez, y farfullando un par de maldiciones se acercó a la puerta para abrirla, pero deseó cerrarla en ese mismo instante.

—¿Qué demonios haces otra vez aquí? —exclamó Ash a Emiliano cuando lo vio con su blanca sonrisa de muñeco de plástico.

—Creo que no llego en un buen momento —dijo un tanto nervioso.

—Tú nunca llegas en buen momento —le recordó y moviendo la camisa en su mano le indicó que hablará.

—¿Problemas domésticos? —preguntó observando la mancha de la plancha en la camisa— Deberías despedir a la persona que te plancha las camisas, si fuera una de mis empleadas la hubiera echado.

—Pues no fue una empleada, fue mi señora esposa —le dijo Ash con una sonrisa tan fingida que le estaban doliendo las mejillas.

—¡No sirvo para esas cosas! —exclamó Misty resoplando indicándole que pasara.

—Sabes que si te hubieras casado conmigo no tendrías que hacer nada de eso —se le acercó y le tomó las manos, Ash vio esa escena y soltó de golpe la puerta para que ésta se azotara— Miles de sirvientes estarían a tu disposición, no tú al servicio de nadie.

—¿Quieres decir que casada conmigo tiene que estar a mi servicio? —gruñó Ash acercándose con rabia al rubio, pero fue detenido por Misty.

—Ash cálmate —le suplicó y luego miró al otro soltándose de su agarre— y Emiliano, te agradecería que no te metas en como manejo mi matrimonio, si quiero atender a mi marido es algo que solo me concierne a mí, a nadie más, así que habla a lo que has venido.

—Solo venía a preguntarte si quieres que siga transportando tus vestidos de isla en isla —soltó con cuidado, pero en sí estaba sonriente por el actuar de Misty, le encantaba sentir su energía.

—¡No Gracias! —lo rechazó dejando a Ash sorprendido quien al fin logró calmar algo de su rabia— Ya veremos con Ash como nos arreglamos con las cajas, gracias de todas formas, tú ya tienes que irte a Kanto ¿verdad? Buen viaje.

—Sabes que no me iría si necesitas ayuda, ya que no parece que las cosas funcionen bien —le recordó Emiliano con una sonrisa ladeada. Ash iba a decirle algo pero Misty se le adelantó.

—Emiliano no necesito nada de ti —le recalcó molesta por lo metiche del sujeto— Para eso estoy casada, para eso tengo marido.

—Pero él no parece estar haciendo las cosas bien —comentó, enfureciendo tanto a Ash como a Misty, pero ésta no se dejó.

—¡Ya te dije como mil veces que Ash es el amor de mi vida, que lo quiero desde que era una niña y mientras esté con él seré feliz!

—¿Y él? —miró a Ash desafiante, anhelando poder escuchar esas mismas palabras de Ash. Éste solo frunció el ceño mientras Misty seguía hablando.

—¿No crees que si me ama es asunto mío y de él? Por qué tiene que ir por ahí demostrando…

Pero no pudo terminar de hablar, de golpe, sintió un jalón y un par de labios la acallaron.

El silencio gobernó la sala hasta que la puerta se abrió y se cerró dejando que los dueños de casa profundizaran aquel cálido beso. Ash afirmaba el rostro de Misty con fuerza pero la besaba con pasión. Misty mientras tanto, había sido tomada totalmente por sorpresa pero no pudo evitar caer ante la tentación de aquellos labios.

Inspirando profundamente ambos cortaron aquel beso que les había borrado la noción del tiempo por un instante, Ash la soltó lentamente con los ojos cerrados y sonriéndole se separó de ella para irse hacia la habitación, en la que se encerró. Misty quedó ahí, con la sensación de hormigueo en sus labios hinchados por el beso, sentía las piernas como si fueran dos gelatinas por lo que tuvo que apoyarse rápidamente contra uno de los sillones, donde se dejó caer, llevando la mano temblorosa a sus labios.

¿Qué había significado eso? ¿Por qué Ash la había besado tan de repente mientras peleaba con Emiliano?

Mientras Misty estaba en una nube extraña de pensamientos, Ash se movía como niño pequeño dentro de la habitación de la emoción que sentía; la había besado, quiso frenarse cuando tuvo el impulso pero no pudo detenerse. Habían sido más grandes que él, las fuerzas de besarla al escuchar aquellas palabras.

¿Realmente Misty sentía algo por él desde niña? ¿Sería eso posible? Porque si era así, si existía la mínima posibilidad, estaba más que dispuesto a tomar el asunto en sus manos y sin dudas, tratar de conquistarla para que no se fuera de su lado.

La revelación lo sorprendió, pero así era. Ya no quería separarse de ella, ya no quería darle el divorcio.

Quería tenerla junto a él toda la vida, y se iba a encargar de que así fuera.

Luego de practicar varias formas de hablar con Misty después de lo que había pasado, Ash abrió la puerta y se dio cuenta que estaba solo. Y con solo, se refería a que ni Pikachu ni Marill estaban ahí con él. Trató de buscar alguna nota de la pelirroja, y por suerte la encontró pegada en el refrigerador.

"Salí a caminar, traeré algo para la cena"

Frunció los labios y los movió hacia el lado derecho, observó la nota y afirmando con la cabeza se volvió a la habitación a buscar su celular.

Misty iba con Marill en sus brazos y Pikachu en su hombro izquierdo caminando por las calles de isla Secunda, le sorprendió que pese a la lluvia de todo el día anterior y parte de ese, las tiendas estuvieran abiertas como si nada hubiera pasado. Se entretuvo viendo objetos y agradeció el paseo que Emiliano le había dado cuando llegaron porque le sirvió para no perderse y encontrar una de las tantas tiendas que estaba buscando.

Estaba esperando porque le empaquetaran la compra cuando su celular sonó, abrió el mensaje y vio que era de Ash

«Solo tengo una duda, ¿lo que le dijiste a Emiliano era verdad o solo fue parte de la actuación?»

Misty miró el celular y bajó a Marill para poder responder…

«Solo lo inventé» escribió pero luego lo borró y con una mueca de fastidio volvió a escribir «Quizás, alguna vez en mi vida, si pensé que tú eras mi perfecto complemento. ¿Por qué la pregunta?» lo leyó un par de veces y le dio a enviar.

Cuando Ash leyó aquello no pudo evitar girar sobre sus pies emocionados. Había una posibilidad… ¡La había!

Llevó su atención al móvil y respondió

«Por nada, curiosidad. Misty, te espero a cenar, vuelve pronto»

Quizás ella no quería volver tan pronto. Aceptó la bolsa que le entregaron y salió de la tienda, cerró los ojos y dejó que la brisa marina le pegara de lleno en la cara, sus pensamientos estaban a mil por horas en su cabeza.

Está bien, no era la primera vez que lo besaba, si iban al caso era quizás el tercer o cuarto beso que se daban en poco más de cuatro meses; pero éste sin dudas tenía un agregado extra que la hizo estremecer de pies a cabeza. No por nada había quedado con esa sensación de temblor en todo el cuerpo.

¿Cómo miraría a Ash a la cara ahora? ¿Cómo si nada? ¿Cómo aquella vez que se besaron por primera vez y luego siguieron como si nada hubiera pasado?

Resopló molesta por su inquieta mente, cerró los ojos y se dirigió a una tienda de comida para comprar la cena.

Si después de todo algo era cierto, con Ash Ketchum nada era seguro.

Estaba anocheciendo cuando regreso a la cabaña que compartía con Ash, éste estaba mirando una batalla pokémon en la televisión, pero la apagó para recibir a Pikachu que había saltado a sus brazos.

—¡Hola amigo! —lo saludó.

—Aquí traigo unas ensaladas de Arroz, las probé en la tienda y están deliciosas —le dijo llevando la bolsa a la cocina, deberíamos comer antes de que se enfrié.

—De acuerdo Misty —respondió con una sonrisa, tomando a Marill entre sus brazos—, pero tranquila que pareces acelerada.

—No estoy acelerada solo que —llevó la mano a su cabello para echarse el flequillo hacia atrás—, yo… —tomó la otra bolsa y se la pasó a Ash, cuando él la tomó, se llevó las manos a la espalda—, no es igual pero…

Ash dejó a Marill y a Pikachu en el suelo para abrir la bolsa y sacó una camisa bastante parecida a la que Misty había quemado pero en un tono celeste bien claro.

—Misty…

—Es para reponer la que quemé —rio con nervios y se llevó la mano derecha a la frente para rascársela—, prometo no intentar hacer más nada que no sepa hacer sin seguir indicaciones.

—De acuerdo, gracias —Ash sonrió por el gesto de Misty, dejó la camisa a un lado e ingresaron a la cocina a preparar las cosas para cenar. Las ensaladas que Misty había traído estaban muy ricas puesto que apenas si hablaban por estar comiendo, pero cuando Ash bajó los palitos porque se sentía satisfecho, recordó que tenía que decirle algo a Misty— Mañana tenemos visitas para desayunar —Misty detuvo los palitos sobre su boca—, el presidente del Club Pokémon y su esposa, querían darnos sus felicitaciones personalmente y me dijeron que ellos traerían cosas porque saben que nosotros salimos después de la hora de almuerzo.

—Oh, bien, que bueno que me avisas —bajó los palitos y miró su pote de comida vacío—, ¿Cómo son? Digo para saber cómo comportarse…

—Son relajados, así que no te preocupes —le sonrió causando que Misty sintiera que sus mejillas estaban calientes—, con lo que te pongas vas a estar bien.

Luego de dar un par de vueltas en la casa, Misty se despidió de Ash y se fue a acostar, por un lado más tranquila puesto que Ash estaba como si nada y por otro lado, intrigada por su actuar. Tratando de no pensar en nada más se acostó y se quedó dormida casi al instante.

Ash estaba en la sala mirando la camisa que Misty le había regalado fijamente, la recorrió con la mirada y sonrió de lado.

Sinceramente hoy, las cosas habían cambiado un poco su curso.