En mis recuerdos

Epílogo

Se despertó y un dolor taladrante le perforó el cerebro. Por supuesto no fue literalmente, por fortuna. Cuando abrió los ojos y los movió para ver un poco el lugar en el que se encontraba, descubrió con alivio que estaba en su hermoso apartamento. Sentía pesadez en el estómago y por un momento creyó que era a causa de la resaca que acarreaba. Demasiado alcohol. Aunque sabía quién tenía la culpa, claro que sí. Entonces notó que la pesadez no se debía a la resaca, se debía a que tenía una pierna encima de su estómago. Se levantó un poco y la vio a ella, la culpable de la resaca, la mujer de melena castaña con cierto aire marimacho durmiendo. Su rostro se transformó en una mueca molesta cuando se fijó en que ella abrazaba a la persona que dormía a su lado, que no era otro que el español que venía siendo su pareja desde hacía un año. Bufó. Recordaba lo pegajosa que había estado con él una vez el alcohol le había subido. La había enviado Gilbert, tratando de reclutarlo. Se negó y además Antonio le dijo que le transmitiese el siguiente mensaje: "Molesta más a Francis e iré a arrancarte las pelotas".

La mujer, Eliza, se había estado riendo durante un largo tiempo y les había invitado a ir de fiesta. Tenía un aguante impresionante y cuando Francis ya empezaba a sentirse ebrio, ella parecía fresca como una rosa. Era alucinante. Después, los tres como una cuba, se habían ido hacia otro local. Luego ya no recordaba nada más. Afortunadamente todos tenían toda la ropa encima.

Se estiró por encima y por fin alcanzó el rostro de su amante. Mira que llegaba a estar mono cuando dormía... Le daban ganas de hacerle mil y una cerdadas. Y no le importaba que estuviera allí presente aquella mujer, le impulsaban sus deseos y él era lo único que necesitaba. Lamió el lóbulo de su oreja, un punto que sabía que era sensible y de repente se ganó una colleja que le vino de donde menos esperaba. Pero no terminó ahí, de repente Eliza se movió y le pegó un golpe en el estómago. Chilló y se echó hacia el lado contrario. Antonio se despertó por completo y se incorporó. Pudo ver a su novio echado sobre el lecho, acurrucado y lloriqueando. No era la primera vez que le golpeaba por instinto mientras dormía. ¡Pero no era su culpa! Mira que se lo había dicho veces, que tenía ese instinto de supervivencia cuando alguien intentaba hacerle algo mientras dormía. Pues el muy suicida lo había probado más de una vez porque, según él, un día le había podido meter mano sin recibir ningún puñetazo o patada. Eliza se movió un poco y murmuró cosas, aún sintiéndose adormilada. Antonio pasó por encima de ella y se abrazó a Francis. Le dejó besos por el pelo mientras le decía que lo sentía y que le tenía dicho que era muy arriesgado hacer eso. De repente el rubio agarró las muñecas del español y sacó fuerza inumana, que se alimentaba únicamente del deseo y su libido, para tumbarle contra la cama. Fue un misterio cómo no golpearon a Eliza en el proceso.

- Ay, Franciis~ -dijo el hispano riendo mientras era besuqueado por el cuello- Eres un bruto.

- Es tu culpa, por estar demasiado bueno. -replicó a la vez que sus manos se colaban por debajo de la camisa del de cabellos castaños y empezaban a acariciar.

- ¡Francis! -aún reía- Que Eliza sigue aquí...

- Bueno, luego puede puntuarnos.

- No os preocupéis por mí, voy a ir a tomarme una ducha y me iré de nuevo hacia Francia. Seguro que el estúpido de Gilbert ya me dirá que por qué he tardado tanto. Pero me lo he pasado muy bien con vosotros.

- Que no se te olvide decirle lo de ... -pero tuvo que parar porque el francés andaba tratando de meterse bajo la parte superior de la ropa. Encima el tío le hacía cosquillas con ese intento de barba- ¡Francis!

El rubio se asomó tímidamente, sólo se podía ver hasta sus ojos.

- ¿Qué?

- ¿Podrías estarte quieto un rato mientras acabo de hablar con Eliza?

- ¿Como cuánto tiempo?

- ¿Veinte minutos?

- ... Mucho tiempo. -sentenció tras unos segundos de pensar. Acto seguido volvió a colarse en la ropa y Antonio suspiró resignado.

- Yo no sé ni para qué lo intento... En fin. -miró a Eliza- Aunque le transmitas la amenaza, también dale las gracias. Sin su ayuda ahora no tendría esta enorme garrapata barbuda metida bajo mi ropa. ¡Ay! Ahahahaha ¡Fr-Francis! ¡N-no me hagas cosquillas! ¡Tampoco está bien que muerdas!

- Ay, qué monos sois. Hacéis buena pareja~ -pero no escuchaban lo que decía.

Y eso se debía a que el rubio había salido de debajo de la ropa y se había ido hasta su cuello. Allí dejaba besos y algún suave mordisco que hacía que el español riese más a causa de las cosquillas. Eliza, que tenía cierta debilidad por ese tipo de situaciones, decidió no molestarles más e ir a ducharse. Francis se percató de que por fin estaban solos. Iba a lanzarse ya a por el rostro de Antonio para meterle la lengua hasta la campanilla cuando se topó, literalmente, con las manos del hispano. Su cara se quedó medio chafada contra ellas.

- ¿P-pero qué haceees? -preguntó lloriqueando- Si estamos solos...

- No, no estamos solos. Elizabeth está en el baño y en cualquier momento podría volver para despedirse y entonces encontrarnos ahí dale que te pego. Me niego. -dijo empujándole más para impedir que las manos se colaran bajo su ropa de nuevo.

- ¿Qué más da? Es otra rarita de esas que delira cuando ve a dos tíos atractivos metiéndose mano, como Sheila. Estoy seguro de que si nos encontrara como tú dices, dale que te pego, es capaz de pegar un gritito y quedarse mirando. -dijo logrando meter las manos bajo las prendas del español.

- ¡Que no! ¡No pienso tener audiencia mientras hacemos cosas! -dijo empujándole con fuerza y por fin logró echarle a un lado de la cama. Francis refunfuñaba pero ignoró cada palabra que pronunciaba. Aún acabaría por pegarle una hostia como dijera alguna estupidez- Eliza ha dicho que después de la ducha se marchará. La despedimos y entonces luego ya veremos.

- No pienso hacerle desayuno. Ya suficientemente hospitalarios hemos sido. -dijo Francis enfurruñado.

No sólo eso, había tenido que aguantar que su novio estuviera muy amigable con esa chica durante la noche anterior. Ahora que quería tenerle entre sus brazos y mimarle, éste le decía que no podían porque la otra estaba delante. Que se fuese ya. No pensaba hacerle desayuno ni de coña, eso significaría que se quedaría más rato. Antonio se acercó y se apoyó contra su cuerpo. Le dio un beso en la mejilla, mimoso y conciliador.

- Está bien~ Nada de desayuno. Pero la despides con una sonrisa, ¿vale? Después de todo, va a decirle a Gilbert que se olvide de ti. Lo mejor es que no se vaya a ir con una mala impresión de ti, no sea que le anime a que venga a buscarte. Ah, pero ni se te ocurra asaltarme en cuanto cerremos la puerta.

- Eres un soso cuando quieres. -dijo Francis al descubrir que acababa de tirar por tierra su estupendo y maravilloso plan.

- Anda, ayúdame a hacer la cama. -murmuró Antonio dándole otro beso meloso esta vez sobre los labios.

Era ridículo, en serio que lo era. La facilidad con la que el de cabellos castaños lograba que se le pasara el mal humor era alucinante. Pocas veces en el tiempo que habían pasado juntos había estado durante demasiado tiempo seguido molesto. Es que se ponía en plan cariñoso y te sonreía. Ah... Esa maldita sonrisa tenía poderes, lo juraba. Hacía que se te pasara casi cualquier sentimiento negativo. Cuando estabas desanimado hacía que la tristeza se diluyese y te apeteciese sonreír un mínimo, tratando en vano de imitar esa mueca deslumbrante que él ponía. Si estabas enfadado, de repente no le encontrabas sentido a estarlo cuando él te miraba de esa manera. Y la gente no parecía poder resistirse, pero es que Francis era patético a la hora de confrontar su sonrisa, un perdedor reincidente.

Le devolvió el último beso que le dio resignándose a la verdad: nunca iba a ganar. Sobre todo cuando se molestaba por cosas sin importancia como aquella. Se incorporó.

- Vamos a hacer la cama, anda...

Antonio sonrió satisfecho y se levantó para ayudarle a hacer la cama. Francis se había mudado de casa de Sheila cuando apenas hacía un mes que el hispano estaba en las islas. El motivo más importante de todo aquello era que le decía que no quería entrar con él porque no quería molestar a la chica. Por mucho que el rubio insistió en que aquello eran tonterías y que no importunaban a Sheila, Antonio no había cedido. Se habían despedido en la puerta de la enorme casa, se habían besado en el ambiente cálido de la noche, hasta que el español recordaba que era tarde. Entonces Francis murmuraba la misma frase: "¿Por qué siempre tienes que acordarte de la estúpida hora?"

El español se reía, le daba un último beso y se escabullía de entre sus brazos en dirección a su hotel. Ese era otro motivo que le había impulsado a buscar una vivienda propia. El lugar en el que se hospedaba Antonio era un hotel bastante lujoso. Le había ido a recoger una vez a la puerta y no había podido evitar silbar sorprendido. Le había insistido en que viniera a vivir con Sheila pero otra vez que si no quería molestar y que podía permitírselo (confesaba que aquello le había dejado atónito. ¿Es que era rico y él no lo sabía? Su piso en Lyon no daba esa impresión). Hizo oídos sordos a aquello y finalmente alquiló un apartamento que le había cautivado desde el primer momento que lo había visto. Estaba a unos cinco minutos de la playa, en una planta elevada desde la que se podía observar la misma y tenía dos habitaciones: una pequeña y una enorme con una cama de matrimonio con cobijas rojas. El suelo del cuarto era de parqué que estaba pulido con dedicación y casi brillaba, una sala de estar amplia con sofás de tres plazas, una tele de cuarenta pulgadas, una mesa con unas cuantas sillas alrededor de ésta y un ventanal enorme por el que entraba luz la mayor parte del tiempo. Tenía una terracita pequeña en la que había dos tumbonas y una mesa de mimbre. La cocina no era muy grande pero cada electrodoméstico parecía nuevo y Francis sintió en el instante en que la vio las ganas de entrar y preparar algún plato. También contaba con un baño bastante amplio que tenía una bañera espaciosa a la que se accedía mediante unos pequeños escalones.

El alquiler era un poco caro, era algo bastante obvio dado el estado en el que se encontraba la vivienda, la situación y las dimensiones de la misma. Pero, bien pensado, tampoco es que tuviera muchos más caprichos. Hasta que Antonio no había venido, hacía mucho que no salía a tomar copas porque ir solo a emborracharle le daba cosa y solía ser comprador compulsivo pero como tenía en mente la posibilidad de un día salir e ir a Francia a buscar al amor de su vida -Oish, si es que era un romántico. Estaba seguro que un día le darían un premio- y besarle apasionadamente, pues tenía bastante dinero ahorrado. Esperaba entusiasmo y agradecimiento por parte del hispano. Sabía que se convertiría en algo así como su héroe. Entonces lo llevó al sitio, abrió la puerta y le contó las características básicas: metros cuadrados, número de habitaciones, precio... Después de aquello, Antonio emitió su veredicto.

- Estás loco.

Francis se había sentido indignado. ¿Por qué esa falta de emoción? Era un piso hermoso y él lo único que decía era: "Estás loco" ¡No! ¡No lo estaba! Era su mejor adquisición desde tiempos inmemoriales. Después le contó que si estaba loco era porque aquello costaba muy caro. No mejoró su opinión cuando le dijo que se mudara con él. Tuvieron una pequeña pelea porque Antonio lo encontraba otro ataque de excentricidad del francés.

- Tengo la reserva hecha. Me sabe mal irme de un día para otro, se están portando bastante bien conmigo. -murmuró el español.

- Les avisas hoy y te vas pasado mañana. Si te piden que les pagues una indemnización por cancelar yo mismo puedo pagártela. Prefiero que dejes de gastar el dineral que gastas en ese hotel y que estés conmigo. Quiero que cuando vengamos a donde yo vivo, después de una cita, no tenga que terminarla con un beso y marcharme. Deseo poder abrir la puerta, que aceptes entrar y entonces ofrecerte otra copa y en vez de uno, colmarte a besos. ¿Me vas a negar este capricho? Estoy aceptando con resignación que no me des sexo. Anda... Por favor...

- Está bien. -dijo tras suspirar pesadamente- Pero me niego a que me pagues nada del hotel. Si me hacen recargo, lo pagaré yo mismo.

Francis, en ese instante, se dijo sí mismo que eso ya se vería. No obstante, por un momento había olvidado la cabezonería del español. Cuando quiso darse cuenta, Antonio ya había pagado el recargo. Fue bonito acomodar sus cosas por el piso. Ahora ya estaban bastante acostumbrados a convivir bajo el mismo techo. La rutina de hacer la cama entre ambos se había convertido en algo que si no ocurría, echaba de menos. Algunas veces, entre risas, había agarrado a Antonio y lo había echado de nuevo sobre la cama. Siempre se quejaba de que ahora tendrían que hacerla de nuevo, aunque acababa cediendo y correspondiendo a los constantes besos del francés sobre sus labios.

Le daban ganas de hacer eso mismo. Pero, de nuevo, Elizabeth seguía en la casa y lo más seguro era que Antonio se lo fuese a impedir. ¿Cuánto tiempo más exactamente pensaba tardar en ducharse? Entonces la puerta se abrió y la muchacha, con el pelo húmedo y bastante ligera de ropa, entró en la habitación para coger su maleta con lo que le faltaba. Francis se quedó literalmente con la boca abierta. De repente notó que Antonio le había pasado una papelera.

- Para las babas, cerdo.

- ¡Como si tú no la hubieses mirado!

- Yo al menos puedo disimular, que a ti sólo te falta cantar. Se te ve a kilómetros, estúpido.

- Os estoy oyendo~ Aunque confieso que me siento tremendamente halagada. -dijo Eliza riendo mientras terminaba de vestirse.

Diez minutos después cerraban la puerta que daba a la calle. Por fin estaban solos en el apartamento. Cuánto le estaba costando a Francis no echarse encima sobre Antonio... Es que le había dicho que no lo hiciera y sabía que las advertencias del hispano en ocasiones había que tomárselas en serio. Porque, como no le hiciera caso, era muy probable que se quedara sin sexo. No pensaba estar más de un día sin catar ese cuerpo.

Vale, sonaba como un degenerado. Quizás lo era.

Pero mientras Antonio no se quejara, él iba haciendo. Si no decía nada es que no le molestaba suficiente y, de paso, amándole de aquel modo, aunque fuese un poco salvaje y basado solo en el placer que sus cuerpos podían proporcionar al del otro, Francis era feliz. ¿Para qué echarlo por la borda? Es como si a un niño le pides que tire su juguete preferido sin un motivo. ¡Por supuesto que no querría tirarlo! Estaba claro que él no era un niño, aunque muchos intentaran convencerle de lo contrario, y Antonio tampoco era un juguete. Y pobre de él que insinuara lo contrario, se podía llevar una gran hostia de parte del hispano y, por si alguien no lo recordaba, era policía. Si podía enfrentarse a puñetazo limpio con Gilbert era por algo.

- Voy a ducharme.

Cualquier persona cuerda interpretaría eso como una señal, lo que se necesitaría oír para saber que su pareja le daba vía libre para por fin hacer lo que llevaba un buen rato deseando. Bueno, eso era porque el resto de personas cuerdas no tenían a Antonio como su pareja. Francis podía presumir bastante de saber leer las intenciones de la gente con sólo escuchar su tono de voz. Además, pocas veces se equivocaba. La musicalidad de la voz de Antonio le daba la certeza de que no lo decía con dobles intenciones. Realmente iba a tomarse una ducha y no se le había pasado por la cabeza que aquello pudiese tener significado más allá de eso mismo.

Pero no había que dejar que eso desanimase. Después de todo, Francis tenía un ánimo imparable cuando se trataba de lograr cierto contacto humano. Cuando escuchó la frase sus ojos se abrieron y en cuestión de décimas de segundo se instaló en su rostro una expresión de depredador. Murmuró un rápido: "vale" y silencioso como gacela empezó a perseguirle a una distancia prudencial.

Llegaba ya al baño y Francis aguardó, a dos puertas de distancia de la estancia. Una vez vio que entraba, se acercó, abrió la puerta y espió mientras se desnudaba. Bien, el plan era entrar y asaltarlo en el plato ducha. Era una pena pero a Antonio no le gustaba demasiado usar la bañera grande, decía que se gastaba demasiado agua y que era más rápido meterse en la otra. No era muy amplia para que ambos estuviesen anchos pero lo que menos quería Francis era precisamente eso. En el pasillo se quitó la ropa en tiempo récord y en ningún momento perdió de vista a Antonio.

Cuando vio que ya por fin se acercaba a la ducha, fue el momento de hacer acto de presencia. Sabía que así parecía casi un violador profesional, pero no lo era. Que nadie se hiciera una idea equivocada, si le asaltaba así era porque eran pareja y él un necesitado francés. Punto pelota. Rápidamente se fue hacia él, una mano se enroscó en su cintura, atrajo el cuerpo desnudo y aún bastante cálido contra el suyo y después lo empujó hacia dentro de la ducha. Ambos se empezaron a mojar al instante. La mano que se había encargado de cerrar la mampara se unió a su compañera en la misión de acariciar ese torso bien formado del español. Inclinó su cabeza y besó un par de veces su cuello, hasta que el pelo, mojado, le molestó. Durante dos escasos segundos, Francis apartó una mano, que usó para echar hacia atrás aquellos mechones molestos.

- ¿Se puede saber por qué me asaltas y me asustas de esta manera? -dijo el español molesto tratando de mirar hacia atrás y vislumbrar a Francis.

- Estoy molesto. -dijo el rubio. Con una mano le obligó a apoyar la cabeza contra las baldosas y volvió a besar sobre su cuello. Antonio había arqueado una ceja pero no estaba tampoco tan enfadado por aquello. No había sido muy bruto así que no deseaba patearle- Estoy muy, muy molesto...

- ¿Por qué estás tan-? -tuvo que interrumpirse y pegó un quejido. Es que el muy estúpido le había mordido bastante fuerte. Vale que otras veces lo había hecho incluso más, dejándole marcas que le duraban días, pero en ese instante no estaba tremendamente excitado y el dolor se sentía como eso mismo- N-no me muerdas tan fuerte. Joder. Eres un bruto.

- Es tu culpa... Ayer te dejabas abrazar por ella. Hasta te dio besos. ¿Sabes cómo me sentía yo con eso? Era como si hubiese fuego dentro de mí. -su mano descendió hasta la entrepierna y allí empezó a acariciar suavemente- Deseaba apartarla de ti a toda costa. Y a ti deseaba hacértelo hasta que sólo pensaras en mí y hasta que te dieras cuenta de que sólo me perteneces a mí y se te fueran las estúpidas ideas acerca de que no pasa nada si una chica te besa y yo estoy delante.

- ... Pero... Estaba muy borracho. Ni siquiera recuerdo eso...

- Yo sí. Cada vez que intentaba acercarme a ti, Eliza me pegaba. Y sería algo para reírse si fuese una chica normal pero ella es endemoniadamente fuerte. -presionó con el pulgar la punta del miembro ahora erecto y consiguió un gemido que le hizo sentir un tirón de excitación. Aquello tenía bastante morbo.

- Perdón... -dijo Antonio. Un escalofrío inapreciable sacudió al francés al oírle decir eso. Oh, sí...

- ¿Sabes lo que voy a tener que hacer? Voy a tener que castigarte y hacerte mío aquí mismo. -susurró sobre su oreja. Acabó dejando otro suave mordisco- Hasta que me pidas que pare porque ya te duele de lo mucho que me he adentrado en ti. Y por supuesto no te dejaré.

- Hazlo... -murmuró Antonio dejándose llevar un poco.

- E-espera. ¿Podemos seguir jugando a eso de ser el que castiga y el castigado pero en versión el castigado no quiere?

- ¿Qué? -dijo el español ladeando el rostro y parte del cuerpo para poder verle mejor ahora que el agarre sobre su cabeza se había aflojado.

- Eso. Podrías seguir de ese modo. Y decir cosas como: "No, Francis. No me hagas nada". Cosas de esas. Tiene mucho morbo.

- Pero es que quiero que me hagas todo...

- Tu sinceridad me gusta muchísimo también... Aunque la otra idea me sigue atrayendo. Anda, venga, por favor~

- Está bieeeen... -dijo pesadamente después de suspirar- Nooo... Franciiis... No me hagas nada...

- Ponle un poco de ganas, joder. -se quejó el francés mientras se acercaba a su cuerpo y empezaba a estimularlo de nuevo.

- ¡Nooooooo! ¡Socorrooo! ¡Me va a violaaaar!

- ¡Tampoco tienes que pasarte! -dijo Francis sonriendo forzadamente. Le preocupaba lo que pensaran los vecinos. Eran un poco ruidosos, más que nada porque no controlaban sus jadeos y gemidos cuando lo hacían, pero no hasta esos extremos en los que alguien pedía socorro- Eres muy cruel... Sólo te pido que te esfuerces un poquito.

- A ver... Tú haz. Con un poco de suerte me inspiraré y todo.

Francis suspiró pesadamente. Después de todo, lo que quería era disfrutar de su cuerpo y hacerle gemir su nombre. El juego era un plus, podía vivir sin él. Lentamente deslizó el dedo índice por la longitud y besó su cuello y volvió a morderlo por el simple placer de sentir que le dominaba.

- Francis... N-no... -el francés internamente se alegró. ¡Eh! ¡Eso estaba bastante mejor! Sonaba bastante excitante- No me hagas daño... S-soy virgen y no... No... Pff...

Se empezó a reír y a Francis se le quedó una mueca muy extraña. En serio, tenía los dedos entre los cachetes de su trasero y la otra mano sobre su miembro. ¡Pues el tío se echaba a reír! Lo peor es que pensó en la frase y de repente también le encontró gracia. Se apoyó contra su nuca y rió.

- Desde luego...

Le hizo darse la vuelta y lo atrajo hacia él. El español apoyó una mano en el brazo del rubio y le observó aún risueño. Recibió un par de besos sobre la misma mejilla.

- No te lo tomarás en serio, ¿verdad? -dijo Francis acariciando su espalda y volviendo a colar unos dedos entre las nalgas.

- A ver cómo te lo explico... Tú quieres que yo me convierta en uno que te reciba mientras te dice que no cuando en realidad hay bastantes cosas de esas que las desea. Yo lo que deseo es ese Francis que se deja de gilipolleces y hace todo lo posible para metérmela pronto y luego disfrutar de sexo desenfrenado contra una superficie sólida.

- Cuando me dices estas cosas, matas mi cerebro durante algunos segundos, ¿eres consciente?

- Lo soy. Por eso lo hago, porque luego te reinicias en modo salvaje y haces lo que te he pedido, ¿verdad? ¿A que me lo harás contra las baldosas desenfrenadamente y te dejarás de eso de la víctima que se niega?

Francis lo agarró, lo levantó del suelo unos centímetros y se movió hacia delante hasta que la espalda del español chocó con algo de violencia contra la pared helada.

- Sí, mi amo. -dijo Francis lanzándose hacia ese cuello como si fuese la fuente de toda su energía y si no lo besara fuese a morirse.

Antonio se había aferrado fuerte a él y ni tuvo tiempo a estremecerse por lo frías que estaban las baldosas ya que los besos y los pequeños mordiscos sobre su cuello volvieron a calentarlo de nuevo. Sintió que una pierna tocaba el suelo y se apresuró a apoyar parte de su peso en él.

- ¿Qué prefieres: alguien que te diga a todo lo que haces que pares o a alguien que te diga que sigas, que sí, que quiere todo lo que tengas que darle? Yo quiero todo lo que tengas que entregarme. Lo aceptaré todo en mi interior. ¿No me prefieres a ese papel que intentabas hacerme interpretar?

- Te prefiero. Te prefiero mil veces

En cosa de minutos, Francis había pasado del deseo moderado pero fuerte a la necesidad. Tan considerable era, que le pasaban muchas cosas radicales por la cabeza: como coger y hacerlo de una vez. Dejó su cuello y le besó para acallarle. Si no lo hacía, lograría que perdiese la poca serenidad que le quedaba. Lo volvió a estimular con la mano que tenía hacía pocos minutos entre sus nalgas. Pronto escuchó los deliciosos primeros gemidos y sus dedos se fueron hasta la punta en la que había el líquido preseminal que salía de ésta. Evitó el agua y fue hacia el trasero, accesible gracias a que con la otra mano le sujetaba una pierna en alto. Presionó con el índice y empezó a abrirse camino hacia su interior.

Pronto las manos del español se habían tensado y sus dedos se clavaban un poco sobre su piel. No le importaba; ahora no iba a reducir la marcha. Si estaba así de revolucionado y necesitado era por él y esa forma que tenía de decir cosas excitantes cuando uno menos lo esperaba. Siempre de ese modo tan impertinente, descarado, ordinario, pero tan sumamente excitante. Movió los dos dedos que había en su interior durante un rato, tanteando hasta que finalmente dio con su objetivo. Lo supo porque sus dedos se vieron rodeados con más fuerza y un gemido más audible resonó entre aquellas mamparas.

Dejó de abusar contra aquel punto e introdujo, lentamente, un tercer dedo. Besó mientras su sien, su mejilla, su oído y la otra mano seguía estimulando lentamente el miembro del hispano.

No podía expresar en palabras lo mucho que le excitaba escuchar esos jadeos entrecortados y esos pequeños gemidos que no podía evitar pronunciar. Su expresión facial era digna de grabar: sus ojos miraban hacia abajo, centrados en un punto aleatorio de piel para intentar no abrumarse con demasiadas cosas a la vez. A pesar de estar algo brillantes, desprendían esa fuerza y coraje que siempre tenían. Sus mejillas estaban un poco encendidas, pero tampoco de manera exagerada, y sus labios, húmedos y algo rojizos debido a que se los había mordido un par de veces para controlar lo que su cuerpo le pedía pronunciar, estaban entreabiertos y tomaban aire irregularmente. Francis, admirándole de ese modo, no podía aguantar más su propio deseo. Retiró sus dedos.

- Hoy lo vamos a hacer sin condón.

- N-no. Espera... -dijo el español mirándole con sorpresa- No tendrás algo contagioso, ¿verdad? Que alguno de tus antiguos ligues te haya pegado.

- Por favor, Antonio. No te diría esto si no estuviese seguro al cien por cien. -respondió con un tono casi ofendido- Normalmente tengo en mucha consideración a mis amantes y a ti, aún más. A ti te amo, Antonio. ¿Cómo se te ocurre insinuarlo siquiera?

- Perdón... Pero es que sin... Vas a terminar dentro.

- Shh... Luego te dejaré bien limpio, no te preocupes. -dijo mientras subía su pierna un poco más y se posicionaba.

- Francis... N-no...

Ni siquiera sonrió aunque por dentro se estremeciera al escucharle así. Lamentándolo mucho, le daban ganas de hacerlo aún más. Volvió a chistarle y besó su sien y su oreja mientras le susurraba que le dejara enseñarle cómo se sentía realmente tenerle dentro. Apoyó la punta de su miembro contra la entrada y notó la calidez que desprendía. Tomó aire y empujó suave y lentamente. Antonio jadeó entre dientes y echó la cabeza hacia atrás. Francis recargó parte de su rostro contra el hombro de su pareja, respirando pesadamente. Era más de lo que había imaginado y cuando iba por la mitad lo aprisionaba lo suficiente como para tener que parar para respirar y relajarse un poco. No quería terminar nada más adentrarse en él.

Finalmente había logrado alojarse en su interior por completo. Antonio, abrumado, había clavado un poco los dedos en la espalda del francés. Aunque tampoco es que éste se hubiese quejado por ello. Le dio un momento de tregua y fue besando el cuello. Finalmente movió la cintura y descubrió con satisfacción que el interior de su pareja estaba bastante relajado y se había adaptado a su intrusión pronto. Lentamente, el francés continuó retirando su miembro de su interior y de nuevo lo adentraba en su cálida y acogedora entrada que, además de rodearle protectivamente, le recibía con la música celestial que eran los gemidos de Antonio. Se acercó y buscó sus labios, sacándole de su estado de ensoñación debido al placer. El rostro del hispano era hermoso en ese momento: Sus ojos estaban algo perdidos y claramente turbados por las descargas que sacudían su cuerpo y, cuando le besó, poco tardó en responder de manera hambrienta a cada movimiento. Sería mentira decir que no le tomó por sorpresa.

Los brazos de Antonio se apoyaron sobre sus hombros y acto seguido su voz, un poco ronca de la excitación y alterada, le habló.

- Francis... Más rápido.

Sintió un fuerte tirón. Era increíble con la facilidad que tiraba por los suelos su fachada de calma. Antes lo había logrado y ahora de nuevo. Se apoyó contra el cuerpo del hispano, dejando su rostro cerca de su hombro izquierdo, y el movimiento que realizó fue más intenso. ¡Cómo llegó a encenderle ese gemido más fuerte de su español...! A partir de ese instante, no le dio más tregua. Una y otra vez, Francis embestía a Antonio contra la pared mientras el agua corría por ambos cuerpos. El rubio gemía contra la piel del cuello del hispano, enrojecida y marcada repetidamente por sus labios. De vez en cuando ladeaba su rostro y observaba de reojo el de su amante, que le llamaba entre gemidos.

- Agárrate fuerte, Antonio.

El de cabellos castaños tuvo el tiempo justo para enroscar sus brazos alrededor de su cuello antes que el francés, a la hora de penetrar de nuevo en él, sujetara la otra pierna y le levantase del suelo. Por su propio peso, el cuerpo de Antonio bajó con intensidad sobre el miembro erecto del francés y en esta ocasión se adentró incluso más profundo. Además, la punta había rozado su próstata y por eso mismo, el gemido del español sonó con fuerza, casi como un grito.

Francis no quería dejar de escucharle de ese modo. Quería que gritara su nombre y que los vecinos escucharan lo mucho que se amaban. Con violencia, Francis empujaba a Antonio contra las baldosas y le penetraba con fuerza, una y otra vez, sin descanso. Seguro que tendría agujetas más tarde, pero la idea ni siquiera le hizo replantearse la pose. Las piernas del hispano rodeaban con fuerza su cintura y sus brazos se aferraban a su cuello. Los dedos a veces se clavaban de nuevo sobre la espalda. Francis le había besado hasta casi el extremo en el que a ambos les costaba respirar. Luego, dejó de hacerlo porque era mucho mejor escuchar a Antonio llamarle con desespero y pedirle más. Estaba seguro de que si no se sintiese tan ebrio de placer, aquellos golpes contra las baldosas le dolerían. Francia veía su aguante esfumarse con cada nueva penetración y la manera en que el interior del hispano cada vez le rodeaba con más fuerza. Sus manos sujetaban sus nalgas cuando se retiraba, para ayudarse a salir un poco de su interior y luego las apartaba y chocaba contra la pared con fuerza. Y no es que aquello no le gustara a su amante, no. Antonio participaba y hacía fuerza para ayudarle a sacarlo más trecho de su cuerpo y luego tensaba sus músculos para chocar con más fuerza contra las baldosas.

Siempre se sorprendía por la fuerza con la que Antonio aprisionaba su miembro cuando alcanzaba el orgasmo. No era de extrañar que tras eso sólo le hubiese podido embestir un par de veces. Aún acabando de sufrir las descargas intensas de su propio clímax, Francis sujetó las nalgas de Antonio y lo penetró un par de veces. Ya satisfecho por completo, se quedó quieto, apoyando a su compañero contra la pared. Ambas respiraciones estaban descompuestas y se sujetaban el uno en el otro para no desplomarse. Soltó una pierna y el español apoyó gran parte de su peso ahí.

- No me importa que me castigues así más veces. -dijo como pudo el hispano.

Francis le miró totalmente sorprendido y finalmente apoyó su cabeza contra el hombro del hispano y rió. Le derrotaba totalmente.

- Eres increíble. No dejas de sorprenderme. -salió de su interior y le animó a darse la vuelta- Deja que saque mi semen de dentro antes de que pierdas la dilatación.

Tal y como le había pedido, Antonio se giró y apoyó las manos en la pared. Pronto sintió los dedos de Francis colarse entre sus nalgas y dos de ellos se abrieron camino. El francés sacó parte de la sustancia blanca, la otra, desgraciadamente, tendría que expulsarla su propio cuerpo. Cuando Antonio empezó a quejarse ante la noticia, Francis se las apañó para desviar la atención rápidamente al encontrar con los dedos la próstata. Aún sin estar excitado, el hispano reaccionó bastante bien y su compañero, raudo como el viento, no tardó nada en volver a molestar ese punto concreto con la yema de sus dedos. Antonio le pedía que parase, que otra vez lo iba a excitar como siguiera así y el gesto de Francis se transformaba en uno de un completo degenerado a cada frase que decía. Por supuesto, no se detenía. Al final ocurrió lo inevitable, el español le pegó un codazo en las costillas que hizo que se doblegara de dolor.

Poco tardaron en salir de la ducha después de eso. Un enjabonado rápido y nada de magreo porque Antonio aún estaba molesto por ese toqueteo fuera de tiempo. Una vez fuera, mientras el galo se secaba el cuerpo con una toalla blanca, le vino un pensamiento a la cabeza que le horrorizó.

- Ahora que lo pienso... Ya ha pasado un año desde que llegaste. Ya pronto tendrás que regresar a tu trabajo, ¿no? -había querido no pensar en el tema mientras convivían juntos y disfrutaba de su compañía. Ahora que lo había recordado, la pena lo reconcomía por dentro.

- Sí. De hecho empiezo de nuevo en dos días.

Si el shock de recordarlo había sido grande, el de "sólo faltan dos días" lo había desarmado por completo. No podía dejar que eso ocurriese. Y lo único que se le pasó por la cabeza fue agarrarlo por los brazos fuerte.

- No puedes volver a Francia.

- Francis...

- ¡No! Tus motivos no me valen. Escucha los míos. Después de estos meses, yo ya no puedo vivir solo. No puedo estar en este apartamento sin que cada rincón me recuerde a ti. Si te vas, me volveré loco y te seguiré a donde sea como todo un acosador. ¡Y me la va a sudar que quieran matarme o que tenga peligro de ir a la cárcel! Merece la pena el riesgo.

- Oye, Francis... Yo debo-

- ¡No! ¡No, no, no! -dijo llevándose las manos a los oídos- No puedo escucharte, no puedes irte.

Sí, aquello era patético. Pero ya lo dicen: situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Aquella, sin duda, era una situación desesperadísima.

- Fraaancis...

El galo se enganchó a su cintura. Lloriqueaba y todo. Dios, ¿por qué era tan cruel? Si dejaba que se lo tirase, ¿cómo podía irse ahora sin dudar un instante? Siguió gritando que si no le iba a soltar y no le dejarían montar en el avión, que lo iba a drogar y lo ataría a una cama hasta que se le olvidaran las ideas de abandonarle, que si se iba a convertir en su sombra, que si lo mataría de preocupación cada maldito segundo que estuviera en Lyon, a merced de Arthur... Antonio se cansó. No dejaba de intentar contarle sus motivos, sin éxito, y volvió a pegarle para que le prestara atención.

- ¡Serás reina del drama...! Estoy intentando hablarte y tú venga a lloriquear. ¡No me voy! Hablé con Sheila estas semanas y me consiguieron un puesto de policía. No hay la misma acción que en Francia, pero al menos no tendré que soportar a un "acosador". En dos días tengo que ir a firmar el contrato y empezar a trabajar.

- ¿En serio? -dijo Francis completamente desarmado y aún con lagrimillas en los ojos.

- Claro. Enhorabuena, Francis Bonnefoy -dijo a la vez que guiñaba un ojo- has conseguido enamorarme de nuevo. Cuando cobre mi sueldo contribuiré a la mitad del alquiler.

- Antonio. -dijo con urgencia tomándole de las manos- Creémos nuestro futuro juntos, aquí, tú y yo. Vive conmigo.

El hispano sonrió con ternura y se acercó hasta posar sus labios contra los del francés. Sabía que aquello le iba a costar otra sesión de sexo. Lo tenía más que claro cuando ese brazo del galo rodeó su cintura y empezó a guiarlo hacia la habitación.

Su relación con Francis no era como había sido al principio. Aunque no eran unos niños, tampoco eran lo suficientemente maduros como para valorarse. Las circunstancias los separaron y nunca creyó que volviese a amarle, jamás. Sin embargo, Francis había cambiado algo, lo único de él que entonces le había fallado. Ahora ya no tenía miedo a amarle.

Mientras era tumbado en la cama, Antonio decidió que no dejaría escapar a Francis nunca más.

FIN.


Y eso es todo. No sé qué comentar en general de este fic... Tenía ganas de hacer cosas diferentes, de una narración no tan lineal, de un poco de acción... No sé si lo he logrado, espero que sí. Gracias a todo aquel que me ha leído, ya sea de principio a final o sólo algún capítulo puntual. Espero que os haya gustado este epílogo. Mañana intentaré subir el último dibujo al livejournal (miruchan). Contestaré a los review firmados de este capítulo, a los que no, igualmente, muchas gracias por leer ;v;

Los del anterior:

Candy Darla, ¿se me echaba de menos? Awwww... Gilbert ayudó inesperadamente aunque creo que intentaba que Francis se fuera con los suyos xDDD. Tienen un futuro prometedor, sí, y ahora que se supone que estarán juntos para siempre, aún más ouo ¡Gracias por leer!

Ana-chiaaan, ahahaha FEELS... SO MANY FEELS FOR THEM! Es que son demasiado adorables ;v; ... Uah, sí! Me alegro de haber ehcho que la pareja cale en ti. Esta pareja necesita más amor ouo. Claro que me leerás en otra historia, tengo por publicar cosas ouo

hethetli, Es fácil imaginarse a Arthur jodido y a Francis haciéndole el corte de mangas xDDD Hombre y ya para calmado está este capítulo, con lemon y todo xDDD. Antonio es muy buen poli. Oh, lol, En mis recuerdos Parte 2. Te juro que en mi mente hasta lo pensé. Pero no, no... segundas partes nunca fueron buenas XDDDD. Lo de la postal sería muy lol XD Aunque no lo puedo ver, pero he podido imaginar la escena aislada y juas. Sí, tengo un arsenal 8D yey! Gracias a ti por leer e ir dejando review en cada capítulo ;v;

Misao Kurosaki, Pues volví el día 23 y actualicé el 24, tal y como dije que haría xDDDD Soy una chica de palabras *sonríe charming * Disfruté mucho y compré muchísimos doujinshi frain xD Arrasé con las tiendas XDDD I regret nothing. Bueno, pasó tiempo entre un capítulo y otro. Es que me fui 20 días XD. Francis es experto en decir bobadas que te hacen sonreír con ternura y todo. Claro que sí, traeré historias nuevas o.ó! Besos!

Yuyies, Seh, he estado en Japón ouo Jajaja es que cuando veía doujinshi que no conocía y por ese precio... No podía evitar echarlos a la cesta como si estuviera en las rebajas XD Era irremediable. Fraaainnnn xDDD Ueeh ;v; Ha estado a la altura de mi ausencia *se siente feliz * Me cuesta demasiado pensar en hacerles un final malo... Es que mi corazón no me lo permite ;_; Tengo escritos unos 5 fanfics (algunos más largos, algún oneshot, etc) y ahora estoy en proceso de otro más. Tendréis Frain para rato ouo

Pues nada, esto es todo por esta vez.

Muchísimas gracias, de corazón.

Espero que hayáis pasado un buen rato y nos vemos en la próxima historia Frain. Publicaré la semana que viene, el viernes. Este epílogo era larguito con el lemon así que lo cuento como un capítulo normal xD.

Un saludo,

Gracias por vuestros comentarios.

Miruru.