Capítulo 11

- ¿Tomaste notas en la clase de hoy? ¡Me Dormí y no me desperté hasta media hora atrás! ¿Fue tan aburrido como la última vez? - Stephanie estaba en mi clase de física. Al menos, fue cuando apareció.

Se había perdido dos de los pasados cinco días, pero cada vez que salía de clase, ella estaba allí esperándome. Le gustaba andar rondando por el campus, era mi suposición. Encontraba las reuniones sociales mucho más interesantes que los cursos reales. Stephanie era una chiquita morena con una personalidad sociable y había gastado los últimos cinco días ayudándome a salir de mi concha antisocial. La universidad había comenzado el lunes. Hoy era viernes y hasta ahora, era la única persona a quien le había hablado en este gran y enorme campus.

Con mis antecedentes sin amigos, había estado indecisa a involucrarme en una amistosa y normal conversación trivial. Si no tenía que ver con cadáveres, escuela o huertos de cerezas, generalmente no sabía qué decir. Stephanie no dejó que eso la desconcertara. Ella era alegre y lo suficientemente animada por las dos, y por alguna razón, pareció cogerme cariño inmediatamente.

- Sí, los tengo. ¿Necesitas hacer copias? - Sonrió abiertamente.

- Nah. probablemente no los leeré de cualquier manera. Estudiar es tan aburrido. Además, nunca voy a usar estas tonterías otra vez, ¿así que quién las necesita? - Stephanie era una estudiante de primer año, pero de muchas formas, era mucho más sofisticada que yo.

Durante nuestra segunda conversación después de clases, me había informado que ella había estado tenido citas desde que tenía doce, perdió su virginidad a los Catorce, y consideraba a los hombres tan entretenidos y convenientes como la comida rápida.

- ¿Dime, por qué te matriculaste en la universidad? - Pregunté por diversión. Ella asintió con la cabeza con mordacidad a un atractivo hombre que pasó por nuestro lado.

- Los chicos. Este lugar está plagado de ellos. ¡Es como un bufet libre! - Ella e Inuyasha tenían algo en común. Él también encontraba el campus un bufet libre, simplemente que no de la misma forma.

Lo había evitado desde que desperté en la cama con él la mañana de domingo. El miércoles, me correspondía reunirme con él en la caverna, pero no fui. Estaba demasiado confundida. Mis sentimientos por él habían experimentado una metamorfosis drástica. En alguna parte a lo largo de las pasadas siete semanas, había pasado de odiarlo a sentirme inexplicablemente atraída por él.

- ¿Quieres salir esta noche y hacer algo? - Simplemente clavé los ojos en ella por un segundo. Veintidós años de edad y nunca había salido con una chica solo para divertirme y hacer cosas normales. Diablos, para ser más patética, nunca había tenido una amiga con quien salir.

- Um, seguro - Ella sonrió abiertamente.

- Estupendo, tendremos un estallido. ¿Qué tal si nos reunimos en mi casa? Desde allí iremos a este genial club en donde conozco al vigilante. Él te dejará entrar. – sonreí de vuelta.

- Oh, tengo más de veintiuno - dije, acostumbrada a que las personas pensaran que era más joven.

- De hecho, tengo veintidós años de edad. - Ella me dio una mirada tan bien definida que cambie de posición con nerviosismo. Bueno, era un poco mayor que el típico novato de universidad, pero había tenido que echar una mano en la granja después del ataque al corazón de mi abuelo…

- Bien. Estás llena de sorpresas - Finalmente ella sonrió.

Stephanie vivía en un departamento fuera del campus no muy lejos del lugar que pronto tomaría en alquiler. Con el dinero que Inuyasha me había dado, pronto podría mudarme. No más tener que esconder mis ropas ensangrentadas de mis abuelos o lidiar con el desprecio de nuestros vecinos. Sí, lo estaba deseando. Llamé a su puerta cortésmente.

- Soy Kagome. - Ese era mi nombre en la escuela. Tenía más de cuatro ahora. Al menos eran todos lo suficientemente iguales. Ella abrió un momento después, vestida sólo con sostén y una falda.

- ¡Hola! Ya me visto. Entra. - La seguí adentro, esperando cerca de la puerta mientras desaparecía en lo que presumí era su dormitorio.

Su departamento era sorprendentemente bonito, no como el alojamiento usual de la universidad. Ella tenía un televisor de plasma en frente de un sofá de cuero, un gran centro de entretenimiento, una computadora portátil de última tecnología y varios otros artículos que se veían caros, arreglados por el efecto decorativo.

- Me gusta tu sitio ¿Vives aquí sola, o tienes a una compañera de cuarto? - dije sinceramente.

- Ven aquí dentro, apenas puedo oírte - ella llamo.

- ¿Qué? Oh, no tengo compañera de cuarto. Entonces, dime más acerca de ti, Kagome. Sé que vives en casa con tu mamá y tus abuelos, ¿pero dónde está la casa? - Repetí la pregunta mientras bajaba al pequeño vestíbulo en su cuarto. Stephanie estaba enfrente de su armario, frunciendo la boca mientras consideraba su contenido.

- En un pueblo diminuto a una hora al norte de aquí, del que probablemente nunca has escuchado - contesté, pensando que su dormitorio era incluso más bonito que su sala de estar. Padres ricos, obviamente.

- Nunca hablas de tu padre. ¿Tu mamá está divorciada o tu papá murió? – me pregunto inocentemente.

- Se fue corriendo antes de que naciera, ni siquiera sé quién es él - fue todo lo que dije. Bien, era un poco la verdad.

- ¿Tienes novio? – me pregunto con picardía.

- ¡No! - Mi respuesta fue inmediata.

- Wow, eso fue enfático. ¿Bateas para el otro equipo? - Ella se rio.

- ¿Qué otro equipo? - Pregunté, confundida.

- ¿Eres lesbiana? No me importa si lo eres, pero la cosa de 'no' novio fue tan fuerte, que la pregunta caía - Su boca se curvó abruptamente.

- ¿Eh? ¡Oh! No, no soy. Yo… emm… sólo no sabía lo que querías decir antes... – me excuse.

- Tú sabes - ella cortó con una sonrisa agradable, todavía rebuscando entre su armario.

- Eres muy bonita. Pero te vistes como un troll. Veamos si podemos encontrar algo mío que lleves puesto esta noche. - ¡OTRA! Ella sonó algo así como Inuyasha. Intercambia su acento a un inglés y juraría que era él hablando.

- Oh, no tienes que hacer eso – Recorrí la mirada hacia abajo a mis jeans. Eran muy cómodos.

- Aquí - Ella hurtó algo más y entonces me lanzó un vestido azul marino.

- Pruébate esto. - No queriendo mostrarme demasiado tímida, considerando que ella aún estaba vestida a medias, pateé mis botas a un lado y comencé a desvestirme donde estaba parada.

Stephanie me miró con fría evaluación mientras me quitaba mis jeans. La manera en que su fija mirada barrió por encima de mí me hizo sentir extraña. Como que estaba siendo evaluada. Ella probablemente solo está fascinada por la piel tan pálida que tienes, me dije a mí misma, intentando quitarme de encima el desasosiego que me había cogido. Eres como un muñeco de nieve con tetas.

- Tienes un cuerpo genial, Kagome. No estaba segura, con esos atuendos abolsados que llevas puesto, pero he aquí, lo tienes. - Su voz fue lacónica.

Casi indiferente. Ese sentimiento de inquietud aumentó. No había tenido ninguna amiga antes, verdad, pero había algo acerca de esto que no parecía estar bien. Ella no actuaba como la chica genial, llena de vitalidad de clases. Tenía la apariencia de una persona completamente diferente.

- Sabes… Pienso que sólo llevaré puestos mis jeans. Odiaría que algo le ocurriera, y sabes cómo son los clubes. Alguien podría derramar una bebida en mí o podría rasgarse - dije, poniendo en el suelo el vestido que había estado a punto de vestir.

- De verdad eres simplemente otra chica de campo despistada, ¿no? - Esa pequeña sonrisa nunca dejó su cara.

- Me fijé en ti la primera vez que te vi camino a clases, con tu cabeza abajo y tus hombros encorvados. Sin amigos, ninguna conexión, de una familia pobre... vuelas completamente bajo el radar. Alguien como tú podría simplemente… - chasqueo los dedos antes de continuar.

- desaparecer. - Mi boca se había caído después del primer insulto. Continuó colgando abierta hasta que la cerré con incredulidad.

- ¿Es éste una especie de chiste? Porque no tiene gracia. - Stephanie se rio. Fue tan alegre, que por un segundo me relajé. Ella había estado bromeando. Bueno, no fue chistoso, pero tal vez acababa de tener un extraño sentido del humor. Ella alcanzó atrás en el armario. Esta vez, en lugar de otro vestido, ella extrajo un arma de fuego.

- No grites o dispararé. - ¿Qué diablos?

- Stephanie, ¿qué está mal contigo? - Me quedé sin aliento.

- Nada - ella contestó afablemente.

- Simplemente haciendo mi alquiler y tú, galleta, eres justo como le gustan al dueño. Aquí. Ponte estos. - Ella me lanzó un par de esposas. Aterrizaron cerca de mis pies. Estaba todavía tan aturdida, que no me moví.

- Vamos. No hagas esto difícil - Ella cargó el gatillo del arma.

- No dispararás, tus vecinos escucharían - dije, calmando mi voz mientras me preguntaba qué estaba ocurriendo.

- Silenciador. No oirán nada. – Su dedo golpeó ligeramente el lado del tonel.

- ¿Te incitó Inuyasha a esto? - Mi mirada fija contraída cuando un pensamiento se me ocurrió.

- ¿Quién? - preguntó con desagrado.

Por su expresión, ella nunca había escuchado acerca de él, y eso me desalentó. Si esta no era otra de sus pequeñas pruebas, o si ella estaba haciendo una especie de broma sinuosa de la hermandad de mujeres, entonces éste era el verdadero trato. Elegí mis palabras muy cuidadosamente.

- No tengo dinero ni drogas, así es que pierdes tu tiempo. Simplemente pon el arma en el suelo y yo saldré andando de aquí y no llamaré a la policía - Ella se acercó. Sólo cerca de seis pies nos separaban.

- Chicas de universidad, son todas iguales. Piensas que eres tan lista, pero llegado el momento, tengo que deletrear todo como si te arrancara del preescolar. ¡Sólo me debería grabar y luego reproducirlo para ti perra, así no tengo que continuar diciéndolo todo repetidas veces! ¡Está bien, pon atención, estúpida! Voy a contar hasta tres para que te pongas esas esposas y si no lo haces, voy a dispararte. La primera entrará en tu pierna. Uno... dos... Tres. - El arma detonó, pero me abalancé lejos, antes de que hubiera terminado de hablar.

¡Mierda sagrada, cualquier cosa que esto fuera, ella estaba hablando en serio! ¡Si no me hubiera movido, habría un agujero en mí! Stephanie disparó otra vez con una maldición, claramente no esperando mi velocidad. Salté sobre ella, agarrando el arma. Para mi asombro, estaba más lejos de lo que había anticipado. Caímos al suelo rodando, con el arma en medio de nosotras, con cada una tirando hacia sí. Cuando detonó otra vez, me congelé. Sus ojos estaban tan abiertos como podían, mirando directa y perdidamente hacia los míos. Algo caliente se derramó encima de mí.

Empujé de regreso, dejando al arma deslizarse de mis dedos entumecidos, observado como la sangre se esparcía en una piscina que se ampliaba alrededor de su pecho. Mi mano vino a mi boca por el horror y me fui a toda prisa de vuelta hasta que sentí la pared detrás de mí. Stephanie hizo un ruido que fue mitad gruñido, mitad suspiro. Luego ella se dejó de mover por completo. No necesité comprobar su pulso, escuché su corazón detenerse. Por algunos momentos que parecían que iban a durar para siempre, clavé los ojos en ella.

En los departamentos a nuestro alrededor, nadie notó nada. Ella estaba en lo correcto. El arma tenía un silenciador. Sus habilidades silenciadoras habían surtido efecto como describió. En un pasmo, fui hacia su preciosa mesita de noche de mimbre y recogí el teléfono, marcando el único número en el que podía pensar. Cuando oí su voz, mi compostura se rompió y comencé a temblar.

- Inuyasha yo... ¡yo acabo de matar alguien! - No preguntó ninguna de las preguntas que habrían sido las primeras en mi lista. Como, ¿Qué pasa contigo? ¿O llamaste a la policía? Inuyasha sólo preguntó dónde estaba y luego me dijo que no me moviera.

Todavía sujetaba el teléfono cuando llegó diez minutos más tarde. No me había movido, bien… Yo apenas estaba respirando. La visión de él entrando en el dormitorio me llenó de un profundo alivio. Si Stephanie hubiera sido un yokai, yo habría estado muy bien. Empacaría su cuerpo, llevándola al bosque y la enterraría en un lugar desierto sin perder un toque. Esto, sin embargo, era diferente. Había tomado una vida, y no tenía ni idea qué hacer con ella.

- ¿Qué has tocado? - Fue su primera pregunta cuando se arrodilló frente a mí.

- Um... el teléfono... tal vez el borde del tocador o su mesita de noche... eso es todo. Acababa de venir cuando ella comenzó a actuar como una loca y a decir cosas muy feas... - Intenté pensar. Preguntaba mucho por el momento.

- No es seguro aquí. Uno de ellos podría regresar de un momento a otro - Inuyasha me quitó el teléfono.

- ¿Uno de quién? Ella no tiene a ningún compañero de cuarto - protesté, mientras observaba como él desenganchaba el teléfono de la pared y lo metía en una gran bolsa de basura.

- Este lugar apesta a yokais - dijo rápidamente.

- Tenemos que ordenar y salir. - Fui hacia él con mis pies temblando.

- ¡Yokais! Pero ella no hizo... ella no era... – comencé a tartamudear ¿Qué demonios pasaba aquí?

- ¿Qué dijo de Hakudoshi? - Él me cortó.

- ¿Hakudoshi? ¡Hakudoshi! ¡Él no tiene nada que ver con esto! - Ahora me sentí completamente perdida.

- Como el demonio no lo hace - Inuyasha gruñó, despojando la colcha de Stephanie de la cama y envolviéndola en ella, al estilo capullo de larva.

- Él es una de las personas que huelo. Él o alguien que tuvo contacto con él. Su perfume está aquí. - Mi cabeza comenzó a latir.

Esto era como una pesadilla. Inuyasha terminó de hacer rodar a Stephanie y luego comenzó a llenar esa bolsa de basura con sus cosas. Libros de texto. Carpetas, escritos. Él rebuscó rápidamente entre sus cajones y agregó otros diversos artículos. No fui de mucha ayuda. Nada más estaba allí, asegurándome de que mis manos no se desviaran del rumbo para dejar algunas huellas digitales incriminadoras. Me dejó para revisar la sala de estar y regresó con la bolsa aún más voluminosa.

- Toma esto - Me pasó la bolsa de basura. Tuve que abrazarla para sujetarla, temiendo que el plástico se rompiera con su peso.

Entonces Inuyasha tomó una de sus camisas y comenzó a fregar enérgicamente el tocador, los marcos de la puerta, y las orillas de las mesas, y las perillas de la puerta. En cuanto quedó satisfecho, levantó el conglomerado de mantas que ahora era Stephanie y la tiró sobre su hombro.

- Lindo y rápido a tu transporte, Gatita. No mires alrededor, sólo camina bien y entra en el asiento del pasajero. Entraré directamente detrás de ti – indico señalando la puerta.

Continuara…