Llamadas

Quinn: Es por Britt… ¡No sé dónde está! –exclamó con angustia-.

Amanda: Se habrá acordado de que tenía que hacer algo; no te preocupes –dijo al ver como Quinn corría hacía un lado de la calle-.

Quinn: ¡Este es el móvil de Britt! –gritó agachándose a recogerlo-. ¡Mierda!

Amanda: Quinn, déjame ver –extendió su mano-.

Quinn: Dijo que estaba recibiendo llamadas de un extraño y que le enviaba cartas –explicaba mientras le entregaba el móvil-.

Amanda cogió el móvil y busco en el buzón de voz del aparato. Pudo escuchar tres mensajes que tenía guardados la rubia; en ellos se distinguía la voz de un tipo que acosaba a la chica. Mientras escuchaba los mensajes, vio la cara de auténtico pánico que tenía Quinn.

Amanda: No te preocupes, Quinn. La encontraremos –dijo abrazando a la chica que ya empezaba a llorar-.

Quinn: Esta mañana había hablado con ella y me dijo que estaba asustada. Y…y ahora… no he podido hacer nada… ¡Mierda!

Amanda: Vamos dentro, Quinn. Hay que decírselo a las chicas; espero que San no se derrumbe –acarició el hombro de la rubia-.

Amanda y Quinn entraron en la comisaría; a lo lejos podían ver a Santana que se secaba el sudor con una toalla después de la clase de defensa personal. Rachel, por su parte, bajaba por las escaleras con unos documentos para Amanda.

Amanda: ¡Chicas! Venid un momento, por favor –exclamó seria-.

Santana: Que cara más seria tenéis las dos –espetó con una sonrisa-. ¿Y Britt? –preguntó al ver que no estaba con ellas-.

Quinn: Han… ¡Joder! Han secuestrado a Brittany –explicó en tono preocupado-.

Santana: Veo que te has levantando bromista rubia, ¿es por lo que te he dicho antes en el gimnasio? Pues que sepas que este tipo de bromas no tienen gracia… –comentó al ver la cara de las dos chicas-.

Amanda: No es una broma San –dijo dejándole el móvil en las manos-. Es la única prueba que tenemos; esto y esperemos que las cámaras de la comisaría hayan captado algo.

Rachel se quedó muda y pálida ante lo que decían sus compañeras, pues al parecer era ya una costumbre secuestrar a sus amigas. No pudo decir nada hasta ese mismo momento.

Rachel: Esta vez no… Ahora no voy a permitir que pase un año… Volveremos con Brittany antes de que pase el día de hoy –sentenció decidida-.

Santana: ¡No! ¡No puede ser verdad! –exclamó cayéndose al suelo de rodillas-.

Amanda: Voy a hablar con Sue. En 15 minutos os quiero ver en mi despacho y buscaremos una solución al asunto.

Amanda caminaba apresurada hacia el despacho de Sue; no quería seguir viendo a sus compañeras derrumbarse. No aguantaba ver a sus amigas sufrir y decidió que iba a encontrar a Britt costase lo que costase. Era la única persona que había apostado por ella y que conocía desde hacía unos años.

Sue: ¡Adelante! –contestó al oír los golpes de la puerta-.

Amanda: Comisaria Sylvester, tengo que comentarle un asunto muy serio.

Sue: Me estás asustando Scott… ¿Qué ha pasado en tu primer día de trabajo? –preguntó curiosa-.

Amanda: Han secuestrado a la agente Pierce.

Sue: ¡La pequeña Britt! ¿Y cómo ha pasado eso?

Amanda: Creemos que fue en busca del agente Anderson a la cafetería de la esquina y allí fue raptada. Encontramos su móvil tirado en el suelo.

Sue: ¿Y no podría habérsele caído el teléfono? Con lo despistada que es esa chica…

Amanda: Ha estado varias semanas recibiendo amenazas de un tipo –dijo muy seria-.

Sue: ¿Y por qué no he sido informada de eso?

Amanda: Supongo que no le daría importancia al asunto… He venido para pedirle permiso y organizar la operación de rescate. Estoy capacitada para este tipo de casos.

Sue: Está bien. Elige a tus hombres y quiero informe detallado de todo, ¿de acuerdo? Pida todo lo que necesite para averiguar lo que sea; no voy a permitir que le pase algo a uno de mis agentes.

Amanda: Está bien comisaria. Tengo una ligera idea de por dónde empezar –dijo saliendo del despacho-.

Antes de bajar al lugar donde se encontraban las chicas, decidió llamar a una persona que podría servirle para aclarar algo más el caso o, al menos, ayudarle. No le gustaba pedir favores, pero por Brittany debía de hacerlo. Suspiró hondo y cogió el teléfono de su bolsillo.

-Espero que quiera volver-.

Voz: Espero que sea importante señorita Scott –dijo entre risas-.

Amanda: No te llamaría si no fuese importante princesa.

Voz: He dejado el trabajo a medias solo para responder al teléfono. Haz que merezca la pena –le contestó coqueta-.

Amanda: ¡Necesito que vengas ya mismo! –exclamó desesperada-.

Voz: Aunque las ganas que tienes de verme son tentadoras… no puedo dejar mi trabajo así como así Amanda; lo sabes de sobra.

Amanda: No te lo pediría si no fuese importante Kate. Es por Brittany…

Kate: ¿Britt? –interrumpió-. ¿Le ha ocurrido algo? –preguntó en tono preocupado-.

Amanda: La han secuestrado; te necesito Kate, si no, no te lo pediría. Hazlo como un favor personal o como lo quieras tomar, por favor –suplicó-.

Kate: Voy a ver si encuentro un vuelo para esta tarde… ¿Tenéis algo ya?

Amanda: No, solo el móvil de Britt con algunas llamadas y los videos de las cámaras de seguridad.

Kate: Eso ya es mucho. Me llevaré el portátil de mi laboratorio, hace poco me instalaron un nuevo software.

Amanda: Gracias pelirroja. Te pasaré a recoger por el aeropuerto.

Kate: Te llamo cuando reserve vuelo, ¿vale?

Amanda: Hasta después princesa –dijo antes de colgar el móvil-.

Amanda se dirigía a su despacho. Allí se encontró a las chicas revisando una caja de cintas de las cámaras de seguridad que habían ido a recoger para ver si encontraban alguna pista sobre el secuestrador.

Amanda: Chicas, he llamado a Kate para que nos ayude. Vendrá cuando encuentre un vuelo.

Quinn: ¡Que buena idea Amanda! Ella es experta en este tipo de cosas.

Santana: Mientras descubra el paradero en el que se encuentra mi Britt, por mi está bien –dijo con semblante serio-.

Amanda: Santana… No sé si es conveniente de que te involucres en esto y…

Santana: Ni se te ocurra apartarme del caso, ¿entiendes? Encontraré yo misma a Britt y mataré a ese cabrón con mis propias manos. Ese tipo no sabe con quién se está metiendo.

Amanda: Si te ves capacitada… adelante, pero no quiero que cometas ninguna tontería. Y estarás bajo mis órdenes. ¿Entendido?

Santana: Lo que usted mande –exclamó con desgana-.

Rachel: ¿Con cuántos agentes dispondremos?

Amanda: No conozco aún mucho el funcionamiento de esta comisaría y tampoco conozco al personal… sólo a vosotras. Así que he pensado que si quieres dirigirlo conmigo Rachel, ¿te parece bien?

Rachel: Perfecto –contestó con media sonrisa-.

Amanda: Quinn, tú estarás con Rachel; juntas sois imparables. Santana trabajará conmigo y con Kate.

Santana: ¿Contigo? –preguntó extrañada-.

Amanda: Eres la clave Santana y te quiero a mi lado. Tienes más información de la que crees y seguro que formaremos un buen equipo juntas –le guiñó el ojo-.

Casa de Rachel, 13:00 horas.

Charlie se desesperaba por momentos; se sentía encerrada como en aquel contenedor y sin poder salir. Cada vez que lo intentaba, le invadía un ataque de pánico y mucho más si se encontraba sola.

-Vamos Charlie… tú puedes-.

Charlie se encontraba en el umbral de la puerta de la calle; había tardado como una hora en salir de casa y llegar hasta la puerta que daba a la calle. Abrió la puerta; notó cómo el aire entraba en sus pulmones y cómo el sol le deslumbraba la cara. Era una sensación de libertad y, a la vez, volvía a sentir miedo. Poco a poco fue poniendo un pie en las baldosas de la calle y observaba cómo la gente pasaba a su alrededor.

Unos la miraban y otros seguían con sus asuntos. Poco a poco, pegándose a la pared de los edificios y respirando hondo, logró llegar al parque que se situaba cerca de su casa. Estar rodeada de niños no le parecía tan peligroso así que se sentó en un banco de aquel lugar mientras tranquilizaba los nervios que le invadían el cuerpo.

Una pelota, procedente del inocente juego de unos niños, le golpeó la pierna haciendo que se sobresaltara del susto. Pensó en salir corriendo y, justo cuando se disponía a salir huyendo de ese sitio, un niño se le acercó.

Niño: Disculpe señora. ¿Me puede pasar la pelota? –preguntó el niño señalando el juguete-.

Charlie: Y…yo… -miró asustada al niño-.

Niño: ¿Está usted bien? ¿Le he hecho daño con la pelota? –se preocupó-.

Charlie: No –dijo reaccionando ante la cara de preocupación del niño-. Estoy bien pequeño –cogió la pelota y se la entregó al niño en las manos-.

Niño: Muchas gracias –sonrió-. Y espero no haberla asustado.

Charlie: Al contrario… Me has ayudado mucho –le devolvió la sonrisa-.

Charlie decidió que ya eran demasiadas emociones por ese día y decidió volver a casa de la misma manera que había llegado hasta allí. Pegada a la pared y mirando desconfiada a todos los sitios caminaba sin detenerse. No podía dejar de mirar a las personas que pasaban por su lado.

Al llegar a casa, notó como si el peso que llevaba arrastrando se fuera y, poco a poco, se fueran calmando sus nervios también. Se sentó en el sofá, cerró los ojos y sonrío recordando el encuentro con aquel niño. El pequeño le había demostrado que no todo el mundo es tan malo y que existen personas que se preocupan por otras. En ese momento, se le vino a la cabeza Amanda…

-¿Por qué he pensado en ella? Creo que por hoy se acabaron las emociones fuertes-.

En algún lugar de Nueva York.

Brittany despertaba con un tremendo dolor de cabeza. Intentó tocársela debido al dolor, pero notó cómo sus manos estaban atadas. Abrió los ojos y sólo podía sentir oscuridad; también notaba cómo un pañuelo cubría sus ojos. Intentó moverse desesperada, pero se encontraba atada a una silla.

Se encontraba muy asustada y aterrada por lo que estaba viviendo en ese instante. Intentó chillar, pero la voz no le salía del cuerpo. A los pocos segundos, oyó cómo el sonido de una puerta se abría y unos pasos se acercaban a ella. Un nuevo golpe seco en la cabeza fue lo que sintió Brittany antes de caer de nuevo inconsciente.

Secuestrador: Todavía no es la hora de despertar pequeña –dijo después de golpear a la rubia-.

Comisaría de Nueva York, 14:00 horas.

Las chicas, junto a Andy y Blaine, se encontraban en la sala de reuniones, ya que éste era un lugar más espacioso para trabajar. Santana repasaba una y otra vez el vídeo en el que se podía ver cómo la rubia salía de comisaría mientras un tipo, con una gorra y unas gafas de sol, salía al encuentro de la chica agarrándola por la espalda y colocándole un pañuelo con lo que suponían que sería cloroformo.

La latina rebobinaba la cinta una y otra vez, mientras los chicos no veían nada en claro en aquellas imágenes. Congeló la imagen justo cuando a la rubia se le caía el teléfono al suelo; amplió la imagen y le dio al botón del zoom. Era el único momento en el que el secuestrador mostraba algo de rostro, ya que siempre mantenía la cabeza agachada en el resto de la secuencia.

Quinn: ¿Has visto algo? –preguntó colocándose a su lado-.

Santana: Estas mierdas de ordenadores no me dejan ver nítidamente la cara de ese hijo de puta –contestó cabreada-.

Quinn: Tranquila, pediremos a Sue uno que nos sirva –acarició la espalda de la latina-.

Santana: Lo siento tanto…. –dijo abrazando a la rubia-. Si te hubiera hecho caso, si no hubiera dejado a Britt sola…

Quinn: Sssshhhhhhh, tú no tienes la culpa San –interrumpió a su amiga-.

Santana: Todo por mi estúpido orgullo.

Quinn: La culpa es de ese hombre, no tuya, ¿me oyes? –exclamó cogiéndola de la barbilla para que la mirase a los ojos-.

Amanda: Chicas, he traído un mapa de Nueva York. Suponiendo que estuviese en este estado –explicó mientras se tocaba la barbilla de manera pensativa-.

Rachel: La comisaría está en este punto y, por lo que hemos visto en las cámaras, el secuestrador se llevó a Brittany por esta dirección hasta meterla en el coche –comentaba mientras hacía el recorrido con el dedo-.

Amanda: Tenemos el color y el modelo del coche. Aún nos falta averiguar la matrícula, aunque eso va a ser más complicado –el sonido del móvil interrumpió la reunión-.

Amanda: ¿Vienes? –preguntó nada más descolgar la llamada-.

Kate: Estoy en el aeropuerto.

Amanda: Qué rapidez –soltó con esperanza-.

Kate: Hablé con mi jefe y le conté la situación. Él tiene contactos con un hombre del personal del aeropuerto y consiguió meterme en el siguiente vuelo… Así que voy a embarcar enseguida. No me dio tiempo ni a pasar por mi casa a recoger ropa.

Amanda: Tranquila, te quedarás en mi casa y te prestaré la ropa que haga falta. Es lo mínimo que puedo hacer por ti.

Kate: No rechazaré tu oferta, pero no sé si es buena idea. Tienes mucho peligro tú… y mucho más si es en tu territorio…

Amanda: Ya discutiremos eso… Te paso a recoger. ¿A qué hora tienes estipulado llegar?

Kate: En siete horas estaré por allí, así que llegaré sobre las nueve de la noche.

Amanda: Perfecto, allí estaré. Nos vemos pelirroja.

Amanda colgó la llamada y se dirigió a Santana y Quinn, que estaban aún sentadas frente a la televisión.

Amanda: Kate está de camino. Llegará sobre las nueve.

Quinn: Menos mal… Le diré que se quede en mi casa. ¿No te importa San?

Santana: No, yo me marcho ya a casa. Necesito estar cerca aunque sea de sus cosas –dijo con lágrimas en los ojos-.

Quinn: Como quieras San, ya sabes que siempre tendrás mi casa.

Santana: Te lo agradezco Quinn, pero nunca me debí haber ido de casa –sonó arrepentida-.

Amanda: Buena idea Santana. Necesitamos que alguien esté pendiente por si llaman a tu casa por algo.

Rachel: Quinn, ¿puedes venir un momento?

Quinn: Dime Rachel –contestó mirándola a los ojos-.

Rachel: ¿Podemos hablar en un sitio más privado? –preguntó mirando a los lados-.

Quinn: Vamos –exclamó siguiendo a la morena-.

Rachel: Después de lo que pasó con Charlie… Y ahora con Brittany… Me he dado cuenta de una cosa…

Quinn: ¿De qué? –preguntó curiosa-.

Rachel: No soportaría la idea de perderte –contestó levantando la cabeza y mirándola a los ojos-.

Quinn: No me vas a perder Rachel; sé cuidarme de mi misma. Además, tú tienes que cuidar de Charlie; ahora te necesitará más que nunca.

Rachel se quedó helada ante las palabras de Quinn. No se esperaba que, después de mostrarle lo que sentía, la rubia se fuese sin más; sin ni siquiera dejarle terminar hablar. Estar con Charlie la otra noche había supuesto un gran cambio para Rachel en sus sentimientos y, aunque no sabía aún como afrontarlos, sentía cómo todo se le había escapado ya de sus manos.

Amanda: Chicos, vamos a hacer una parada para comer. Dentro de una hora seguimos.

Blaine: Yo no tengo hambre, prefiero seguir con esto. Si no hubiera salido a por ese café, Britt aún estaría aquí con nosotros –dijo dando un puñetazo a la mesa-.

Andy: Tío relájate. Será mejor que vayas a que te dé un poco el aire –comentó llevando al chico hacia la calle-.

Jesse: ¡Hey chicos! ¿Cómo va lo de Brittany? –preguntó preocupado-.

Andy: Será mejor que os deje hablar… –notó que Roger le llamaba y se marchó a ver qué quería-.

Blaine: Pues mal. Aún no tenemos nada, todo por mi culpa.

Jesse: Tú no tienes nada que ver con lo que le pasó –comentó saliendo de recepción para acercarse al chico-.

Blaine: Lo sé, pero no me lo puedo quitar de la cabeza –exclamó con los ojos llorosos-.

Jesse. ¿Te apetece salir a comer conmigo? No conozco a nadie, que no sea mi prima y sus locas amigas. Y creo que te vendría bien salir un poco...

Blaine: No sé si es buena idea con lo que está pasando.

Jesse: Quizás, si te despejas un poco, te venga una buena idea o algo así. Y, si no, al menos volverías con pilas renovadas… ¿Qué me dices?

Blaine: Está bien –contestó pensando en el planteamiento del chico-.

Blaine fue a su mesa para coger su cartera mientras Jesse lo esperaba con una sonrisa en la puerta de recepción. Andy y Roger observaron toda la escena desde un segundo plano.

Roger: ¿Has visto eso? –preguntó con expresión de asombro-.

Andy: ¿Ver el qué Roger?

Roger: Mira que eres poco espabilado; para ser policía eres un poco corto –dijo molesto-.

Andy: No te pases Roger –le dio un pequeño golpe en el brazo-.

Roger: No me puedo creer que Blaine vaya a salir con ese maricón –comentó despectivamente-.

Andy: No hables así Roger. Son nuestros compañeros y son buenas personas, ¿qué te pasa a ti con eso?

Roger: No me esperaba eso de Blaine.

Andy: Son amigos y compañeros, al igual que nosotros. ¿No pueden comer juntos?

Roger: No te confundas Andy, éstos dos juegan en otra liga.

Andy: Berry tiene razón, eres un estúpido.

Roger: Esa puede decir misa. Lo que le hace falta a esta comisaría son personas como yo –dijo yéndose-.

Andy se quedó sorprendido por la actitud de su compañero. Últimamente se comportaba de una manera extraña y estúpida, así que decidió dejar a su compañero e irse a comer. No podía perder el tiempo con cosas así cuando la vida de una de sus amigas estaba en peligro.

Rachel, por su parte, decidió llamar a Charlie para decirle que no iría a comer y que se quedaría hasta tarde por trabajo. La morena no quiso dar más detalles a la chica porque no quería preocuparla; mucho menos después de haber sufrido su propio secuestro. Rachel miraba a Quinn y algo se removía en ella. Había hecho daño a la persona que quería por su egoísmo y sus celos estúpidos. Ahora tenía que pagar las consecuencias de lo que había hecho; aunque necesitaba que la rubia la perdonarse.

A tan sólo unas calles de comisaría, Charlie no pudo pensar otra cosa que la morena la estaba evitando y, cada vez más, notaba cómo Rachel ya no era la misma chica de la que se enamoró perdidamente.

-Estúpida Lara. Al final te saliste con la tuya… Yo tenía una vida y ahora me he quedado sin nada-.

En algún lugar de Nueva York.

Brittany se encontraba aún inconsciente después del golpe recibido. Enseguida notó cómo un cubo de agua fría calaba su cuerpo. El secuestrador le quitó la mordaza que le había colocado por miedo a que la chica se despertase después del golpe y gritara en su ausencia. A la rubia le dolía la cabeza aún más que antes, aunque ya no notaba esa sensación de ahogo que le provocaba el líquido que le quemaba los pulmones.

Secuestrador: Al fin despiertas –dijo mientras dejaba el cubo en el suelo-.

Brittany: ¿Dónde estoy? ¿Qué quieres? ¿Por qué me retienes? –se le agolpaban las preguntas-.

Secuestrador: Despacio bonita, lo sabrás todo a su debido tiempo.

En algún restaurante de la ciudad.

Jesse había llevado a su reciente amigo Blaine a un restaurante situado cerca del trabajo. Era un restaurante italiano y nuevo para el muchacho, pues ellos acostumbraban a comer en su lugar de comida rápida favorito. El recepcionista estaba alegre porque, al menos, había convencido al muchacho para que le acompañase a comer; era una buena oportunidad de conocer gente nueva en esa ciudad y el chico parecía estar cómodo con él.

Jesse: Así que naciste en Manchester… Ya decía yo que te veía un aire Europeo –espetó con una sonrisa-.

Blaine: Nací allí, pero me vine a Nueva York cuando tenía ocho años. Prácticamente crecí aquí.

Jesse: ¿Por qué policía? –preguntó curioso-.

Blaine: Me gusta proteger a la gente. Desde pequeño era el típico que se metía en las peleas para ayudar a la gente de los abusones –dijo con nostalgia-.

Jesse: Un Ángel… Ya decía yo –lo miró fijamente a los ojos-.

Blaine notó la mirada penetrante de su nuevo amigo y empezó a sentirse incómodo con la situación.

Jesse: ¿He dicho algo que te hiciese sentir mal? –preguntó al ver la reacción del chico-.

Blaine: En absoluto… Bueno, es…es que yo no estoy acostumbrado a este tipo de halagos –explicó ruborizándose-.

Jesse: ¿En serio? Pues entonces mejor para mí –sonrió-.

Blaine: Debería volver a la comisaría, tengo que seguir con el caso.

Jesse: Te acompaño. Tengo que recoger unas cosas de la recepción.

Comisaría de Nueva York, 19:00 horas.

Charlie llegó a la comisaría tras la preocupación que le había causado la llamada que había recibido de Rachel. Estaba en alerta. Hacía ya muchos años que no pisaba aquellas instalaciones, pero necesitaba hablar con Rachel sí o sí. La morena llevaba toda la mañana y la tarde trabajando y ella no podía esperar ni un minuto más.

Charlie: Gracias Amber por pasarte a por mí y traerme –agradeció abrazando a la chica-.

Amber: De nada, me pilla de camino al trabajo –le guiñó el ojo-.

Charlie: Espero verte pronto.

Amber: Cuando tú quieras –dijo mientras arrancaba el coche para irse-.

Charlie entraba a comisaría, encontrándose con un chico que le resultaba un tanto familiar.

Charlie: ¿Eres Jesse St. James? ¿El primo de Rachel?

Jesse: Y tú debes de ser Charlie, ¿no? La subinspectora y tú os parecéis bastante.

Charlie: Últimamente oigo mucho esa frase –dijo riéndose y abrazando al chico-.

Jesse: Lo siento, me enteré de lo que te ocurrió… ¿A qué se debe tu visita? ¿Vienes a ver a mi prima?

Charlie: Si, tengo que hablar con ella.

Jesse: No sé si podrá atenderte, está muy liada con eso de Brittany.

Charlie: ¿Brittany? ¿Le ha pasado algo? –preguntó extrañada-.


Disfrutad! Ya veo que estáis muy interesadas en el tema Brittany...vamos adentrandonos en su historia.

Un abrazo.

DiLea