A un capitulo del final!


Le compte à rebours est commencé

Run, run, little girl. You can run but you can't hide.

Capitulo 11: Derrumbe

El camino al norte parece mucho más rápido que cuando fuimos al sur. Se que estoy cerca, porque de lejos se ve el humo. La ciudad debe de estar destrozada, y sus habitantes prisioneros. Mis habitantes.

De la resistencia no he escuchado nada, ni me he vuelto a cruzar con nadie, ni amigo ni enemigo. No tengo hambre, ni sueño, ni cansancio, ni preocupación. Sé bien lo que tengo que hacer, ir a Victoria, encontrar a Arthur, volver al bote, partir a Australia. Italia está en Europa, por ende en medio del foco del conflicto, no me gusta la idea de ir allí. Australia, con su aislamiento y poderío sobre su continente me da más seguridad. Además de que Jack me da más confianza que Feliciano, nada personal, pero Jack no deja de ser mi hermano. O algo así. Necesito gente cercana, más que nunca.

Camino a paso seguro, siempre hacía adelante y al norte, y cuando me doy cuenta estoy rodeada de casas y bajo mis pies hay asfalto. Pestañeo confundida, porque no me di cuenta en qué momento entré a la ciudad. Miro a mi alrededor, y no hay nadie. Ni un alma. Al menos no visible.

Llego a la esquina y me freno. ¿Ahora qué? ¿Sentarme en un escalón a esperar que Arthur aparezca sano y salvo? ¿Intentar contactar la resistencia? Y aún si quisiera hacerlo, ¿cómo?

Me siento en la vereda, al rayo del sol, pero no parece molestarme. Doy un suspiro, dos, y más que fugitiva parezco una niña aburrida en un día de vacaciones mientras la familia hace sobremesa y sus amigos están ocupados con sus propios familiares.

Volvemos al principio. Mi aptitud para la batalla es tan inexistente como mi espíritu de supervivencia. Seguramente tenga todo el ejército invasor buscándome, es probable que haya una comitiva específica para eso, y aquí estoy, viniendo sola a la boca del lobo.

No tiene sentido que yo sea la única sobreviviente. Hasta Kumajiro sabría como actuar en una situación así, y sin embargo heme aquí, viva y sin grandes heridas más que un par de raspones.

No es justo.

-¡Hola!-suena una voz alegre que me quita el aliento

Mi mano va directo al pecho, mi corazón parece haberse detenido unos segundos. Una persona se sienta a mi lado con toda la confianza del mundo, tan cerca que sus piernas rozan las mías. Es un chico, de no más de 16 años, cabello y piel oscuros, y sus ojos negros me dejan temblando.

-Este no es un lugar seguro para una chica como tú-le comenta el recién llegado con la misma alegría de antes.-Hay guardias con perros y rastreadores virtuales tras tu aroma, ¿lo sabías?

-Um, tú sabes...

-¿Quién eres? Mi papá me enseñó a identificarte. Tienes suerte que te haya reconocido antes que los guardias. Estaban viniendo a revisarte porque les parecías sospechosa, pero no te preocupes, los he desviado al este, les dije que había una revuelta y se fueron sin preguntar nada. Papá tiene razón, esos tipos están demasiado acostumbrados a recibir órdenes, no saben pensar.

-¿Ah? ¿En qué momento-...-

-Lo siento, no tenemos mucho tiempo. Mi nombre es Louis, mi papá es Gerard Bordeau, y mi mamá, a quién quizás conozcas, es Lisa René

Abro los ojos de sorpresa, porque no hay duda que conozco a Lisa René y a su esposo, que no es Gerard, sino Ferdinand Michel, mi Presidente

-Mis padres están separados desde hace diez años, pero siguen siendo cercanos. Como sabrás el Presidente ha sido tomado prisionero, pero Lisa ha escapado a tiempo y junto con mi papá han dado estructura a la resistencia. Vamos, en mi casa te podrás cambiar de ropa, y vamos a juntarnos en la plaza con el resto.

Lois se levanta y me ofrece su mano. La tomo, y miro a sus ojos con dudas. Sus orbes negras me perforan el alma, pero decido confiar. Me fuerzo a hacerlo.

Una vez de pie, empezamos a caminar con Louis guiando, todo sin dejar de hablar con tono de voz normal, como si no temiera que alguien pueda oírnos.

-Has llegado justo a tiempo, hoy es el día que termina la resistencia pacífica, y tomamos las armas. Por fin en el comité de resistencia han aceptado que no va a llegar ayuda extranjera y que tenemos que actuar ahora antes que los asentamientos de los invasores sean más sólidos. Si logran armar una base militar, estamos perdidos.

La emoción en su voz me asusta. Lo vuelvo a mirar, y a mis ojos no es más que un niño, uno alegre y lleno de vida, que bajo ninguna circunstancia podría ser relacionado con un homicidio. Y si la cosa llega a las armas, como este chico dice, seguramente se necesitarán más de un asesinato. Y siendo Louis hijo de Gerard y Lisa, quién dice son casi los líderes, no hay duda que estará a la cabeza de la batalla. La idea es horrible, aún si en realidad me estoy desviando del concepto principal: la resistencia está viva y en movimiento.

¿No es eso lo que vengo a buscar a la capital?

Eso y a Arthur.

-Espera, si hay ayuda en camino-...

-Ponte esto, tu vestido azul es demasiado característico-me corta sin escucharme

Con una mano me saca la mochila que llevo colgada de una sola asa, y con la otra me pasa lo que parece un sobretodo gris. Me lo pongo algo torpe, y él me sube la capucha. Veo que se pone un abrigo igual, y que saca dos objetos iguales del fondo de una lata de duraznos vieja. Me pasa uno de ellos, es un pin plateado, simple y sin ningún tramado ni inscripción, y de él cuelgan 5 tiras de 10 centímetros: azúl oscuro, amarillo, rojo, blanco, y verde. Los colores de mi bandera. Lo miro confundida y él ríe, espontáneo como todo lo que hace

-Veremos el acto oficial en total calma. En algún momento, alguien dará la señal, habrá 5 segundos de preparación, antes que todos aquel que esté ligado a la resistencia empiece la revolución. En esos 5 segundos, deberás ponerte este pin en algún lugar visible, ya que es la única forma de identificar aliados nuestros, de aliados de los invasores. Aquel que no tenga identificación será carne de cañón. Así que, ¡a no perderlo!

Me toma la mano y salimos de la casa, recién ahora noto que lo que alguna vez hizo de puerta está tirada en la vereda. A Louis no parece molestarle todo este ambiente de destrucción y ruinas pues su sonrisa es tan brillante como debió haber sido siempre.

Me siento tonta por caminar con la capucha puesta, Louis no se ha puesto la suya, y me pregunto sino estaré atrayendo más atención por ella. Pero cuando miro a mi alrededor, no hay nadie que me mire. De hecho, nadie mira a nadie. Louis habló muy seguro de su revolución, pero mientras más nos acercamos al city hall, que es adonde imagino estamos yendo, y más gente aparece, más que un pueblo que planea una revuelta parecen la población de una prisión saliendo al patio para tareas recreativas.

A medida que avanzamos, cada vez hay más y más gente, atascadas en las calles, y avanzando como rebaño. Louis dice algo que estamos llegando tarde, y empieza a abrirse paso entre la multitud. A lo lejos, veo que han preparado una especie de escenario frente al city hall. Trató de ver quién está sobre él, pero estamos demasiado lejos, lo único que diviso es la bandera azul verde y blanca distintiva de La Gran Liga, una de las cuatro la alianza de países que participa en esta Tercera Guerra Mundial y la que se ha encargado de invadirme, y bajo ella una pantalla de leds rojos colocada en lo más alto del city hall, con un número uno dibujada en ella.

Louis se gira a mi, y con la sonrisa de siempre me rodea con un brazo y me pone frente a él. Empieza a empujar la gente de alrededor, cubriéndome con sus brazos y cuerpo, y aunque admito que avanzamos más rápido, estamos yendo a los tumbos, y no puedo mirar otra cosa que mis pies para no tropezarme. Varios nos insultan, pero Louis no les da importancia, de vez en cuando se disculpa, y sigue su camino sin parar. Me escondo bajo la capucha más por vergüenza que por miedo a que sepan quién soy.

-A papá va a encantarle que estés aquí justo para el gran evento. No pierdas tu pin-canturrea Louis y tal como antes, no parece preocuparle que alguien lo escuche-Por cierto, ¿Cuál es tu nombre? Humano me refiero, ¿tienes uno?

Aunque no puedo ver lo que pasa en el escenario, empiezo a escuchar lo que el locutor dice gracias a los parlantes que parecen estar sólo en las cercanías del estrado

-Por los cargos de: resistencia al poder, incitación a la violencia, ataque y homicidio de decenas de oficiales, autor intelectual del secuestro de fugitivos, encubrimiento de rebeldes, enrolamiento en ejércitos enemigos, y alta traición al estado, sumados a todos los crímenes del país que representa para con La Gran Liga, se lo condena a usted, Arthur Kirkland, a la máxima sentencia

Mi cabeza se levanta como rayo, y la capucha cae hacia atrás. Ya no estamos lejos, y la escena sobre el escenario me confirma lo que mis oídos escucharon. En un estrado un hombre de aspecto rudo y traje militar de alto rango lee los cargos, y en la otra punta está aquel a quien vengo a buscar, Arthur, con las manos atadas atrás y expresión más fría que nunca en mi vida he visto. Frente a él, una fila de ocho soldados están arrodillados con una rodilla en el piso y con sus rifles sobre el hombro, y a cada lado del escenario cuatro soldados vigilan las escaleras. El relator prosigue.

-Fusilamiento público a realizarse inmediatamente después que el juicio termine.

Me suelto de Louis, y sin pensarlo empiezo a empujar sin miramiento a todo el mundo, corriendo hacia el escenario. Sobre él, el militar al micrófono sonríe con sadismo

-Habiendo sido leídos los cargos a las 15 horas, veintisiete minutos, del 29 de Febrero del corriente año, declaro este juicio terminado. El comandante Whicks estará a cargo de llevar adelante la sentencia.

Unos de los soldado de la izquierda da un paso al centro, y luego un cuarto de giro hacia adentro. Cuando habla, grita firmemente y logró escucharlo claramente aún si el micrófono no capta su voz.

-¡Soldados, en posición!

Los que están arrodillados toman sus rifles en perfecta sincronía y los sostienen frente a ellos con la punta hacia el cielo

-¡Apunten!

Los ocho apuntan hacia el prisionero a ejecutar, Arthur, el representante de Inglaterra y del Reino Unido, mi aliado, mi padre, así si suene raro decirlo.

No voy a llegar, y todo lo que me queda es gritar que se detengan. Mi voz es aguda, y desesperada, pero no es suficiente para tapar la del comandante cuando grita Fuego. Ocho disparos salen al unísono, y el ya manchado uniforme de Arthur se nutre de sangre fresca. Arthur cae de rodillas primero, y luego de frente al piso. Estoy a los pies del escenario, y entre las botas de los que han disparado veo uno de sus verdes totalmente sin vida, y un charco rojo que brota de debajo de él.

Se escucha un click electrónico, y el 1 de la pantalla ha pasado a ser un 0.

Una vez más demuestro que si pensaba que ya no tenía lágrimas para derramar, estoy muy equivocada. El torrente que cae de mis ojos es caliente, como debe estar aún caliente la sangre de Arthur, mi última esperanza, asesinado frente a mi ojos, como no podía ser de otra forma.

A mi alrededor de repente hay gritos y todos empiezan a correr, ya no parecen reos resignados a una vida de cárcel sino una manada de animales asustados. El cambio de número debió haber sido la señal, pero no podría importarme menos. En medio del caos, de un salto subo al escenario y nadie parece prestarme atención, los saldos han volado hacía la multitud. Tomó el cuerpo sin vida de Arthur, y lo abrazo de una forma que se me hace demasiado conocida, demasiado practicada.

Es horrible. Su cuerpo aún está caliente, su sangre aún fluye hacía afuera, despacio y hacia mis vestido.

Lloro, y lloro, y lloro, porque ver a Arthur ser fusilado, después de haber presenciado como Francis agonizaba con veneno, haber sido forzada a asesinar a Alfred, ver como Matthew era disparado por mi culpa, y Kumajiro se sacrificaba por su dueño, era simplemente algo demasiado fuerte.

Qué sentido tenía vivir, si el mundo realmente parece perdido para siempre y toda tu familia está muerta sin retorno.

Continuará


Hola, sí, será que aún hay alguien ahí afuera? :)

Si es así, reviews?