Tribulaciones

.

.

Capítulo 11

Al principio, Kagome se mostró confundida y desconcertada ya que, de repente, una enceguecedora luz la había sorprendido de sobremanera haciendo que sus ojos se entrecerraran. Sin embargo, después, abrió bien los ojos cuando miró a las personas que estaban frente a ella. Esas personas la miraban a ella a la vez que le sonreían con alegría ¿pero por qué?

—¡Kagome, feliz cumpleaños! —felicitó finalmente la castaña con una gran sonrisa—. Te habías olvidado, ¿verdad?

—¿Mi cum… pleanos…? —musitó en una especie de estado de trance— ¡Es cierto! –recordó al fin— ¡Hoy es mi cumpleaños! Eso quiere decir que… ¿esto es una fiesta sorpresa…? ¿Por eso estaban tan extraños hoy? —comprendió.

—¡Pero que lenta eres, amiguita! —replicó Sango con falso enfado—. Por supuesto que esto es una fiesta sorpresa.

Gohan, estaba por felicitarla de la misma forma que la castaña lo había hecho. No obstante, Inuyasha había sido más rápido y se le había acercado a Kagome antes de que el de cabellos negros pudiera dejar salir su dicción.

—Feliz cumpleaños, Kagome —dijo el de ojos dorados con una profunda fijeza en la mirada.

Kagome miró a Inuyasha inmediatamente y sonrió con gran alegría a su amigo.

—Inuyasha, muchas gracias —agradeció con un tono afable y feliz.

—¿Sabes? —comenzó a hablar Sango nuevamente— todo esto fue idea de Inuyasha. Él insistió en hacer esta fiesta para ti.

—¿En serio? —Los ojos de la fémina refulgieron con más alegría —¡En verdad te lo agradezco! Todo esto es muy hermoso –manifestó viendo los hermosos adornos y la decoración que consistía en colores pasteles y también observando a todos sus seres queridos.

—Por supuesto… haría cualquier cosa por verte feliz —declaró sin dejar de mirarla.

Kagome automáticamente abrazó a su amigo de manera afectuosa lo cual hizo que él se pusiera muy colorado sin ser capaz de decir palabra alguna. Parecía salirle vapor de la cabeza. Al ver esa acción, todos los presentes miraron la escena como si ellos dos hicieran una pareja estupenda, todos excepto los amigos que sabían del triángulo amoroso, claro, pues sabían que Gohan no estaría disfrutando para nada de la vista. Y tenían razón. Gohan observaba a Kagome e Inuyasha abrazarse mientras trataba de contener los deseos de tomar a la joven y atraerla hacia él para reclamarla como suya, pero sabía que eso no era correcto ni tampoco era un hecho, en realidad, Kagome no era suya, ella no era un objeto, ella era la chica de la cual estaba profundamente enamorado, y lo que él deseaba era que fuera su pareja, no suya, su pareja, su igual, la fémina con quien quería compartir su vida, así que trató de contenerse para no hacer nada fuera de lugar o algo que pudiera arruinar la noche que era especial para su amada. Por fin Gohan vio a la de cabellos oscuros terminar de abrazar a Inuyasha, quien, sin duda, parecía estar flotando en las nubes, y ahí recién Gohan pudo felicitar a la cumpleañera.

Los siguientes que se acercaron a Kagome fueron Miroku y Rin seguido de Sota de nueve años, su madre, su prima Ayame de 18 años y su primo Koga de 20 años, quienes eran hermanos, sus amigos y compañeros de clases Hoyo, Ayumi, Yuka, Edi, y también amigos de la cumpleañera que estaban en ultimo año junto con Inuyasha y Miroku: Kagura, Videl y Pares, Kohaku, hermano de Sango, los padres de Inuyasha y también…

—¡Feliz cumpleaños Kagome! —exclamó con alegría un pequeño de cabellos oscuros y de cabellos alborotados que vestía un pequeño traje a medida color negro.

Kagome pensó que el hijo menor del señor Gokú no podía verse más adorable.

—¡Goten! —exclamó sorprendida pero feliz de ver a uno de los que no había podido ver ese día— Tú también estás aquí, no puedo creerlo.

—Así es, todos vinimos muy temprano a ayudar a decorar el lugar. También conocí a tus amigos y tu familia. ¿Sabes? Tu amigo Inuyasha estuvo muy pendiente de que todo estuviera bien ordenado y decorado, se nota que le importas mucho —sonrió radiante.

—Es que Inuyasha es un amigo sin igual –confirmó Kagome con una sonrisa.

—Todos me cayeron bien, pero tu prima Ayame no paraba de pellizcarme los cachete —replicó haciendo un puchero.

Kagome rió al verlo hacer eso y también sabía que pellizcar a los niños adorables como Goten era algo típico que su prima haría.

—Me disculpo por mi prima. Es una mala costumbre que tiene.

—No te preocupes, cada vez que la veo simplemente me escapo y ya.

—Oye Kagome… —la llamó Gohan.

—¿Sí? —respondió mientras veía como Goten se alejaba para ir a una mesa repleta de comida.

—Hay tres personas que quieren conocerte —declaró avergonzado.

Kagome miró algo desconcertada a las tres personas con una sonrisa que se habían acercado a ella: la primera era una mujer de cabellos celestes y ojos de igual color quien parecía rodear los cuarenta pero aún así era muy hermosa. A su lado estaba una joven que era muy parecida a la fémina mayor en cuanto al color de ojos, cabellos y rasgos físicos, pero ella era probablemente de la edad de la cumpleañera, y finalmente, al lado de la joven había un niño que debía de tener la misma edad de Goten cuyo cabello era de color lila y ojos de color celestes.

—Ella es Bulma Brief —presentó señalando a la mayor de los tres —ella es Bura Brief, y el más pequeño es Trunks Brief –los señaló.

—Mucho gusto —saludaron los tres al unísono.

—El gusto es mío —devolvió Kagome con una sonrisa.

—Así que ella es la muchacha de la que tanto me hablas –dijo Bulma mirando a Gohan con una sonrisa pícara.

Gohan se sentía avergonzado de la situación en la cual estaba, pues como él le había pedido en varias ocasiones el vehículo aéreo a Bulma para transportar a Kagome al principio y luego a Sango, sin mencionar que también lo usaba para llevar de compras a su madre a Ciudad Satán, la mayor de ojos celestes le había dicho que no tenía problema en prestárselo, pero cuando Gohan le contó que Inuyasha Taisho, su rival en el amor, estaba planeando hacerle una fiesta sorpresa a su amada Kagome, Bulma reaccionó inmediatamente ampliando una gran sonrisa que a Gohan le había dado mala espina. Bulma pensó que era la perfecta oportunidad para conocer a la famosa joven que el de cabellos oscuros parecía tener en un pedestal, por lo cual, Bulma la aprovechó e insistió en asistir a la fiesta con su hijo Trunks, su hija mayor Bura que, aunque era adoptada, tenía un curioso parecido físico con ella y también con Vegeta, eso si Gohan quería seguir contando con que le prestara el vehículo, y ante eso, él no había tenido más opción que dejar que asistiera al evento con su familia, excepto por Vegeta quien no quiso saber nada de fiestas, y en vez de eso, se había quedado entrenando en la nueva y reforzada cámara de gravedad que Bulma había construido para él. Al final, la de cabellos celestes no necesitó que Gohan hablara con Sango para que hablara con Inuyasha y que este le permitiera dejar asistir a la de ojos celestes con su familia, ya que, al parecer, la Corporación Cápsula tenía buena relación con la compañía Taisho, y cuando Bulma había hecho una llamada al señor Inu no Taisho para pedir estar en la fiesta de la amiga de alguien querido para ella, él no tuvo ningún problema en dejarla asistir.

—Bueno, pues… sí… —contestó Gohan sonrojado y con una sonrisa nerviosa.

—Así que Gohan les ha hablado de mí, entonces, ¿saben que él es mi maestro de artes marciales?

—Pues claro, y también nos ha dicho que eres una gran discípula y que progresas muy rápido con tu entrenamiento –manifestó Bulma.

—Oye, ¿te gustaría pelear contra mí? –preguntó el pelilila dirigiéndose por primera vez hacia Kagome.

—¿Qué dices? —parpadeó desconcertada— ¿Pelear? Pues… aún no soy muy fuerte que digamos, todavía me falta mucho.

—No lo creo. Goten no me ha dicho eso, dijo que él, Gohan y el señor Gokú piensan que eres muy fuerte.

—¿En serio? –se sonrojó Kagome.

—Así es –afirmó Trunks–. Me gustaría observarte un poco algún día. A veces mi papá va a la montaña Paoz para decirle al señor Gokú que pelee contra él, mientras tanto yo siempre me voy a jugar con Goten.

—¿Y con jugar te refieres a…?

—Pelear, por supuesto –confirmó lo que Kagome suponía–. Ellos siempre están teniendo batallas entre sí, esa es su forma de divertirse –dijo Bura con una sonrisa— Por cierto, es una fiesta estupenda —alabó.

Kagome le sonrió alegre.

—Es que tengo un amigo increíble.

Bura se había quedado un rato charlando con Kagome sobre cosas que pudieran hacerlas conocerse mejor y la de cabellos celestes le preguntó a qué escuela iba ya que deseaba ella cambiarse de escuela, pues estaba harta de tener que soportar a compañeros tan petulantes que solo les importaba su status social sin mencionar que todos los que pretendían ser sus amigos tan solo estaban tras su apellido y su fortuna. Kagome le dijo que el instituto Shikon no Tama era una buena escuela, pero que los compañeros petulantes nunca faltaban. Sin embargo, tan solo con escucharla hablar sobre dicha escuela, Bura pensó que sería definitivo que se cambiaría a esa.

Ambas jóvenes continuaron hablando amenamente sobre cosas graciosas y curiosas, entre ellas, el entrenamiento que Kagome realizaba con Gohan, cosa que a Bura le interesó bastante, pues Kagome se había dado cuenta que la de ojos celestes estaba al tanto de los Sayajins y todas las hazañas que estos habían realizado en el pasado al igual que su madre y su hermano y, aunque a ella no le atrajera las artes marciales y como usar el ki, el entrenamiento que la de cabellos negros hacía le parecía fascinante debido a que, según lo que la cumpleañera le contaba, al parecer, era verdad lo que se decía de su rápido progreso.

—Has elegido muy bien, Gohan. En verdad lo siento por el más joven de los Taisho puesto que lo conozco desde pequeño debido a mi relación con la familia, pero yo creo que tú eres el indicado para ella –afirmó Bulma con una sonrisa.

—Pero ella esta enamorada de él —declaró con una sonrisa pesarosa—. Además, Inuyasha le ha hecho esta fiesta porque la ama, y yo creo que eso la hará amarlo más.

—No lo creo, no creo que Kagome sea la clase de chica que se deje conquistar por esto, es decir, sí es un lindo detalle de parte de Inuyasha para con ella, y sé que Kagome de por sí ya está enamorada de él, pero si en verdad está tan enamorada de él como tu lo afirmas esto tan solo hará que sus sentimientos se reafirmen.

Al escuchar las palabras de Bulma, Gohan dio un suspiro de resignación cosa que hizo sentir culpable a la mujer de cabellos celestes ya que en vez de animarlo parecía haberlo desanimado aún más.

—Oye Gohan, discúlpame no quise hacerte sentir peor. Lo que quise decir es que si Kagome en realidad esta tan enamorada de Inuyasha como dices, esto no hará que ella se enamore aún más de él, así que no te preocupes tanto. Sin embargo, si te le declaras puede que muevas sentimientos dentro de ella que quizá ni siquiera se haya dado cuenta que existen, por lo cual, yo creo que entre más pronto lo hagas, mejor para ti e incluso puede ser mejor para la propia Kagome. Solo no te demores porque uno nunca sabe lo que el tiempo puede lograr en una persona.

—¿Tú crees? —preguntó mirándola con un brillo de esperanza.

—Por supuesto –Asintió con una sonrisa.

—Gracias, Bulma –agradeció sintiéndose mejor.

.

.

.

Kagome y Bura seguían hablando mientras reían, la facilidad que tenían para conversar como si se conocieran desde antes daba indicios a quienes las observaban que no tardarían en convertirse en verdaderas amigas.

En un momento en que observó a Inuyasha hablar con Sango, Miroku y Rin, Bura se disculpó con Kagome diciendo que quería saludar a Inuyasha ya que se conocían desde hace un tiempo por influencia de sus padres pero que hacía mucho que no lo veía y aún no había tenido la oportunidad de saludarlo por lo ocupado que había estado haciendo los preparativos para la fiesta. Kagome sonrió amablemente y le dijo que hablarían luego. Una vez sola, siguió contemplando la decoración del lugar, pero a los pocos segundos de hacerlo, Ayame y Koga se acercaron a ella.

—Primita querida, no sabía que tenías amigos ricos —comentó—. Cuando Sango nos llamó por teléfono para decirnos que iban a hacerte una fiesta sorpresa y pregunté en dónde sería, me sorprendí que fuera en la mansión Taisho –Rió divertida –A mi también me gustaría que me hicieran una fiesta así.

—Ya deja de decir tonterías, Ayame –replicó suavemente Koga que estaba al lado de ella.

Kagome rió divertida.

—Parece que no han cambiado en nada –Siguió riéndose.

—¿Por cierto has visto a Goten? No lo encuentro por ningún lado –preguntó.

—Oye, ya deja de agarrarle los cachetes al pobre, se los vi demasiado colorados –la regañó suavemente.

—¿Y Trunks? ¿Lo has visto? —inquirió haciendo caso omiso a las palabras de su prima.

—¡¿Qué no me estás escuchando?!

—Lo lamento es que esos dos son tan adorables —declaró con ternura.

Kagome suspiró resignada, pero luego rió ya que los comentarios de Ayame siempre la habían hecho reír de sobremanera.

—No sé dónde estan, y aunque lo supiera lo pensaría dos veces antes de decírtelo. No quisiera que ellos terminaran con los cachetes adoloridos por tu culpa –manifestó con falsa severidad.

—De acuerdo, de acuerdo, trataré de controlarme. ¿Por cierto has visto a ese otro chico? –le preguntó a Kagome, haciendo que su hermano la mirara con curiosidad.

Kagome alzó una ceja. No sabía de quién hablaba.

—A ese muchacho –siguió hablando emocionada.

—¿Muchacho? No sé a quien te refieres, dime su nombre —exigió Kagome.

—Aún no sé su nombre, pero lo averiguaré –resolvió con determinación –Es el chico más hermoso y guapo que haya visto —declaró con los ojos en forma de corazones mientras sentía un ligero rubor en sus mejillas y se imaginaba paseando por el parque con él agarrados de las manos y tomando helado.

Al verla sumergida en su fantasía, a Kagome y a Koga les apareció una gran gota en la sien a la vez que la miraban con los ojos entornados como quienes miran a alguien que siempre hace lo mismo y no tiene remedio.

—Ayame, siempre es lo mismo contigo —Suspiró resignado, negando con la cabeza el comportamiento de su hermana menor.

—Esta vez es en serio, de hecho, ¡iré a buscarlo ahora mismo y a pedirle una cita! —exclamó decidida, yendo rápidamente hacía donde había visto a aquel apuesto muchacho.

—¡¿Qué harás qué?! —preguntó estupefacto Koga.

El hermano mayor pronto estaba detrás de Ayame para cuidar que no se metiera en líos o que no molestara a otras personas.

.

.

.

Luego de hablar con Bulma, Gohan se fue al baño para pensar lejos de la música y el murmullo que los invitados provocaban. Quiso estar un rato consigo mismo y sumergirse en sus elucubraciones. Sorprendentemente, se hallaba solo en aquel lugar y él estaba frente al espejo del tocador mirando fijamente su reflejo el cual se tornaba serio y decidido. Pocas veces se veía ese semblante en el Sayajín, pero así era, y esto se debía a que finalmente se había decidido a confesarle a Kagome lo que sentía de una vez por todas. Ya no podía aguantar más las ansias de hacerlo. Sin embargo, sabía que ese no era el momento ni el lugar, pero sin duda la siguiente vez que estuvieran solos, él se lo diría.

¿Cómo empezaría a hablar? ¿Encontraría las exactas palabras para definir todo lo que ella le provocaba en su interior? El solo imaginarse estar frente a ella le traía nervios, y probablemente su voz se turbaría, pero pensaba que ya había dejado pasar mucho tiempo. Demasiado. Él había sido su amigo y su maestro, y aunque estaba agradecido de serlo, para él no era suficiente, él quería ser más que eso, y concluyó que ya era tiempo de dar el siguiente paso para saber definitivamente si Kagome podía amarlo de la misma forma que él lo hacía.

Cuando Bura se acercó a Inuyasha, este se alegró de verla, ya que aunque ella no era exactamente lo que se llamaba una amiga, sí se podría decir que casi podría llamarla de esa forma debido a lo bien que se llevaban. Sin embargo, su amistad quizá no se había podido concretar debido a las pocas veces que se veían, pues solo lo hacían cuando sus padres los invitaban a reuniones sociales donde los dueños de varias empresas importantes se reunían, y no era como si eso sucediera muy a menudo además del hecho de que Inuyasha se había negado a asistir a muchas de ellas en reemplazo de su obstinado hermano mayor ya que debía ser él el que fuera por ser el primer candidato a sucesor de la compañía.

Inuyasha estaba hablando con Sango, Miroku y Rin cuando Bura apareció con una sonrisa, por lo cual, ambos se saludaron e Inuyasha la presentó a sus amigos, quienes la saludaron de manera cordial. El de cabellos plateados dudó un poco si continuar con la conversación que había tenido con sus amigos hasta antes de que Bura apareciera, pero luego se dio cuenta que no había ningún problema si lo hacía. Tanto, Sango, Miroku, Rin como Bura lo escucharon atentamente y, aunque Bura había llegado a mitad del coloquio, pudo entender perfectamente el porqué de toda la situación. La fiesta sorpresa para la amiga de Inuyasha y todo el esfuerzo que él había realizado para que fuera la mejor de todas tenía un proposito el cual la hija de Bulma venía sospechado desde que lo había visto mirar a la cumpleañera de manera especial: el brillo que había en esos ojos ambar no eran los de un amigo hacia otra amiga.

Iba más allá de eso.

Los tres amigos que habían escuchado a Inuyasha quedaron sorprendidos cuando les había dicho lo que haría. ¿Realmente ese día sería hoy? Ninguno podía creer que lo fuera y menos Sango, quien se hallaba inquieta ante lo que acababa de escuchar. ¿Inquieta? ¿Por qué? ¿No debería estar feliz de que finalmente el gran y primer amor de su mejor amiga iba dar el paso el cual ella ni siquiera se lo habría imaginado en sus más recónditos sueños? Debería, pero ese no era el caso, Sango aún temía que sus pensamientos sobre su mejor amiga fueran verdaderos. ¿Y si lo eran…? Si lo fueran…

¡Todo sería un completo descontrol.

Mientras Sango seguía como en una especie de trance a la vez que escuchaba a Inuyasha acerca de cómo haría para decirle a Kagome lo que sentía por ella, la castaña seguía cavilando en cuáles podrían ser las probabilidades de que lo que su mente no había parado de pensar desde que había visto en su mejor amiga los indicios de lo que ella no era consciente fuera verdad. No estaba segura y no quería darlo por hecho. Sin embargo, si aquella locura llegaba a ser cierta, Sango sabía que Kagome aún no era consciente de ello ¿Qué posibilidades habría de que así fuera? Sabía que algo así podría llevar a Kagome a sufrir aún más de lo que había sufrido con lo que ella creía que era el rechazo de Inuyasha al creerlo enamorado de Kikyo. Solo había una opción: tendría que actuar rápido, por lo cual, lo que su amigo de ojos dorados pensaba hacer esa noche era perfecto para cortar de raíz lo que serían futuras y dolorosas tribulaciones para Kagome. En verdad lo sentía por Gohan quien amaba a su mejor amiga con verdadera devoción, pero si aquella locura que rondaba por su mente era cierta, entonces… Gohan…

La iluminación de la fiesta se había tornado oscura y el ambiente se hallaba calmado mientras uno de los mejores de la Ciudad Satán había puesto una melodía lenta y relajante, la cual, hacía que todos los invitados bailaran sin demasiado ritmo. Lo único que había de luz era una especie de láseres de varios colores que eran reflejados en todo el lugar en forma de máculas, por lo cual, la visibilidad no era muy buena. Esto resultaba inoportuno para Kagome, ya que, ahora que finalmente todos los invitados habían dejado de saludarla y felicitarla por su día especial, se hallaba sola caminando y buscando al único que no se había acercado a ella. ¿Habría venido? ¿La habría visto? Y si así era… ¿Por qué no se había acercado a saludarla? ¿dónde estaba? Muchos pensamientos y preguntas sobre aquel particular hombre habían invadido su mente mientras lo buscaba con nerviosismo y ansiedad.

De pronto, se vio alisando la delicada y suave tela de su vestido y sacando algunos papeles de colores de su cabello, los cuales, al parecer, caían desde algún lugar para dar el efecto de una especie de polvo mágico debido al resplandor que estos emitían al verse reflejados por las luces de colores que se movían al compás de la melodía. ¿Cómo se vería con ese vestido puesto? La verdad era que no se había molestado en verse al espejo, pues aunque era muy hermoso, nunca había tenido en cuenta su apariencia en cuanto a la ropa, a Kagome tan solo le importaba que fuera cómodo, entonces… ¿Por qué ahora se preocupaba si aquel vestido se le veían bien?

Continuó caminando con aquellos zapatos de taco mediano, no entendía por qué Sango se los había comprado si ella sabía perfectamente que le resultaban incómodos. Tal vez habría pensado que en esa ocasión era apropiado usarlos. No obstante, debido a la falta de costumbre, Kagome comenzaba a sentir dolor en los pies, y eso que no había caminado demasiado.

El rostro de Kagome de pronto se había tornado triste. ¿Triste? ¿No debería estar feliz? Su gran amor le había hecho una fiesta sorpresa y todos sus seres queridos habían venido, todos, excepto...

él.

Kagome cesó de caminar en medio de la fiesta cabizbaja con la mirada cubierta por su fleco de pelo. Un nudo se hizo presente en su garganta. Quería llorar, ¿pero por qué? Todo era perfecto, o al menos se suponía que debía de serlo. No lo entendía. Todo era maravilloso.

¿Qué más podría pedir?

Kagome, eres una ingrata. ¿Cómo no puedes valorar lo que tus amigos hicieron para ti con tanto esfuerzo? ¿Por qué estas triste? ¡Tonta! ¡Tonta! —se regañó a sí misma.

Nadie parecía notarla, todos se hallaban disfrutando de la fiesta, menos ella. No obstante, cuando una lágrima estaba por salir de uno de sus ojos, escucho su voz, su inigualable voz…

Kagome viró rápidamente su mirada hacía donde provenía la voz, pero no lo halló ¿Una ilusión sonora? Quizás. Su mente realmente era muy cruel con ella. Pensar que era capaz de zaherirse ella misma, pero de inmediato escucho aquella voz nuevamente en la misma dirección en la cual en ese momento posaban sus ojos, pero ahí no había nadie, o al menos eso era lo que sus orbes le mostraban. ¿Demasiada falta de visibilidad? La fémina realmente esperaba que fuera eso, deseaba con todas sus fuerzas que sus oídos fueran más listos que sus ojos, y que lo que había oído no fuera solo una ilusión creada por su enorme deseo de verlo.

Se acercó un poco más hacia una mesa y finalmente pudo ver a alguien. ¿Ayame? Sí. Era su prima, ¿pero que hacía ahí? Al parecer, ella estaba hablando con alguien con una sonrisa radiante y aquellos ojos en forma de corazón que había visto antes, pero Kagome solo la veía a ella ¿Acaso estaba hablando sola? La verdad era que no sería de sorprenderse, pues desde que tenía memoria, su infantil y enamoradiza prima siempre lo hacía. No obstante, se dio cuenta de que esta vez no parecía ser el caso. Se acercó un poco más hacia su prima y al fin pudo escudriñar entre la engañosa oscuridad dos grandes pilas de platos sucios que parecían ir rápidamente en aumento. Nuevamente escucho su voz, y esta vez se oía claramente. En ese momento, Kagome abrió los ojos de par a par mientras sus pupilas se dilataban. ¡Era él! ¡En verdad era él! ¡Esta vez estaba segura! Un cosquilleo se hizo presente en su vientre, y aquel nerviosismo y ansiedad la invadió otra vez. Kagome se dispuso a caminar hacia las dos pilas de platos que no le permitían verlo, pero en un momento, se detuvo en seco cuando al fin pudo visualizarlo, y también, al ver como Ayame se le pegaba del brazo mientras trataba de acercarse aún más a él.

—¿Así que tu nombre es Gokú? —inquirió la pelirroja elevando la voz para que la música no la opacara.

—¿Mhm? —musitó mientras el varón engullía un gran pedazo de carne —Asdí esd…

—¡Oye! —lo llamó Ayame al notar que le prestaba más atención a la comida que a él.

—¿Mhm?

—¿Quieres tener una cita conmigo? —preguntó sin rodeos con la mirada ilusionada.

—¿Eh? ¿Una cita? —finalmente la fémina había logrado captar su atención.

Al escuchar las palabras de Ayame, Goku buscó en su cabeza el concepto de cita y recordó que una cita consistía en hacer algo que a uno le gustara, a lo que éste sonrió encantado.

—¿Pelearas conmigo? —La miró con los ojos brillantes.

—¿Pelear contigo? —Lo miró confundida.

—¿No te gusta eso? —Parpadeó.

—Bueno… —Ayame seguía sin entender las palabras del varón.

—¿Qué tal comer? ¿Te gusta comer? —volvió a preguntar, risueño.

—¿Comer? —De pronto la pelirroja sonrió ampliamente —¿Te refieres a ir a comer a algún lindo lugar los dos?

—¿Mhm? Pues sí, a mi me gusta mucho comer –declaró.

Sango se hallaba a pocos pasos de Kagome, la había estado siguiendo para pedirle que la acompañara según el plan de Inuyasha. Sin embargo, cuando la castaña había visto a su mejor amiga en medio de la fiesta cabizbaja, pensó que debía de olvidarse del porqué la había estado buscando por todo el salón, y en vez de eso, preguntarle por qué lucía tan triste cuando debería ser uno de los días más felices de su vida. ¿No era ese el motivo de la fiesta? Pero, Kagome no lo estaba, y Sango lo había notado claramente en cuanto la había visto de esa forma. Sango había estado todo el tiempo frente a Kagome, solo que la fémina de cabellos negros no se había dado cuenta por la música y la oscuridad que reinaban.

Justo cuando Sango iba a ir hacia ella para darle un gran abrazo y luego preguntarle el motivo que la ponía triste, la había observado avanzar hacia un lugar. Extrañamente, Sango la siguió evitando que ella se percatara de su presencia, ya que si lo hacía, la castaña presintió que encontraría el motivo de su aflicción. Hizo bien en hacerlo. Sango se dio cuenta inmediatamente cuál era dicho motivo, y en ese momento, ella se hallaba a tan solo unos pasos entre Gokú y Ayame, y Kagome. Esta última se había quedado observando al de cabellos en forma de ocho protuberancias y a su prima con los ojos abiertos de manera desmesurada sin aún darse cuenta de la presencia de su mejor amiga que lo observaba todo desde el medio camuflada por la opacidad, la música, el murmullo y sobre todo por la falta de atención que Kagome tenía al estar tan enfrascada en el señor Gokú y Ayame.

Al principio, los ojos de Kagome se habían abierto como platos por la sorpresa mezclada con felicidad que sentía por haber hallado a quien buscaba con tanta devoción, pero luego, Sango pudo notar que, aunque sus ojos seguían abiertos de par a par, al notar que Ayame y el señor Gokú entablaban una conversación, las pupilas de la fémina que antes estaban dilatas por la emoción de ver al varón, ahora se hallaban reducidas, o al menos era lo que Sango había podido discernir en un momento en que una leve luz no demasiado fuerte había iluminado el rostro de su amiga. Tal vez solo lo estaba imaginando, quizás la castaña estaba viendo cosas que no eran, de hecho deseaba que así fuera. ¿Qué posibilidades habían que Sango tan solo estuviera sugestionada por lo que su mente había estado elucubrando desde hacía un tiempo y que esa fuera la razón por la cual ahora veía cosas que no deseaba ver? Muchas de hecho, pero ella ya no quiso mentirse más a sí misma: estaba más claro que el agua que sus sospechas sobre las sensaciones que ese señor provocaban en Kagome eran ciertas. No importaba cuánto ella desease que dichas sensaciones que sabía que su mejor amiga sentía fueran el producto de algo más. Ya no podía más… Sango ya no podía negar la locura que se había hecho demasiado evidente ante sus ojos… la locura que le traería mucho sufrimiento a su amiga.

.

.

.

A pesar de que estaba lejos de toda la situación en la cual él había puesto toda su atención, la oscuridad y el ruido propio de una fiesta no resultaba ningún problema para el de ojos gélidos quien había centrado sus sentidos de la vista y el oído para entender cuál era el contexto entre Kagome, aquella humana llamada Sango, la humana de cabellos rojos y ojos verdes y aquel peculiar ser que le había llamado la atención desde mucho antes de que llegara a la mansión Taisho, y él no era el único. Sesshomaru no pudo evitar sentir cierto desconcierto por el aura de varias presencias: dos niños, uno muy parecido al que no paraba de ingerir alimentos de manera famélica que estaba al lado de la joven pelirroja, y el segundo de cabellos lilas y ojos celestes que correteaba por todo el salón junto al primer niño mencionado. El otro sujeto que llamaba la atención del de cabellos plateados era un amigo de Kagome que también tenía un gran parecido con el niño que estaba junto al pelilila y el que comía junto a aquella humana de cabellos rojos. ¿Parientes? Sesshomaru lo dio por hecho debido al parecido físico que los tres individuos tenían entre sí. Sería lógico pensar que esos tres eran hermanos. No obstante, había algo diferente entre el que no paraba de comer y los otros dos, y creía darse una idea de lo que era, pero… ¿cómo era posible? Sesshomaru se había dado cuenta inmediatamente que esos sujetos, incluyendo al niño de ojos celestes, no podían ser humanos. Él podía ver en esos dos niños y el amigo de Kagome una especie de aura que, aunque no era exactamente igual a la de su detestable hermano menor, sí se le parecía bastante. ¿Híbridos? ¿Pero de qué especie? Podía darse cuenta claramente que una parte de ellos era humana, pero la otra… no sabía a qué especie pertenecía. Era imposible que fueran humanos mitad demonios como Inuyasha, sino él se hubiera dado cuenta inmediatamente, además era casi imposible que un híbrido sobreviviera debido a que la parte humana no soportaría los poderes demoníacos propio de la parte yokai, razón por la cual Inu no Taisho había sellado los poderes de Inuyasha en su interior. Aquel poder que Sesshomaru sentía en ellos era mucho mayor, incluso más que el poder proveniente de un demonio puro como lo eran su padre y él quienes eran yokais del más alto nivel. ¿Cómo era posible? Por otro lado, el individuo que aún no paraba de comer era diferente, él era de una raza pura, Sesshomaru podía sentirlo claramente, la pregunta era:

¿de qué raza?

Sesshomaru cesó de lucubrar un momento acerca de aquellos seres y se puso a cavilar sobre lo que más le había llamado la atención aquella noche, y eso era Kagome. Ciertamente hacía bastante tiempo que no la veía, de hecho había escuchado a Inuyasha quejarse y suspirar por eso en numerosas ocasiones, pero el de mirada gélida nunca se había preguntado el porqué. Había pensado que quizás Kagome finalmente se había dado cuenta de lo estulto que era estar cerca de alguien como su hermano menor y que finalmente aquel ferviente enamoramiento que sabía que ella sentía por Inuyasha se había esfumado, y aunque no estaba muy seguro de aquel pensamiento, Sesshomaru sabía que había razón en él.

Sesshomaru no esperaba los cambios que en ese momento veía en la única fémina que le había permitido acercársele desde que aquella sacerdotisa había muerto hace quinientos años, pero así era, y no eran pequeños cambios, sino que eran cambios radicales, cambios que le recordaban cada vez más a Midoriko.

Kagome poseía un increíble poder que, al parecer, aún no lograba controlar del todo. ¿Cómo lo había logrado? Ese poder que portaba era demasiado grande para haberlo conseguido en tan solo unos meses. Desde que la había visto, Sesshomaru se había dado cuenta del poder que encerraba en su interior. No obstante, nunca creyó que sería capaz de sacarlo a la luz. ¿Y por qué lo haría? Generalmente, los escasos humanos que lo poseían cada varios siglos, no se daban cuenta que lo tenían, y si lo hacían resultaba difícil expulsarlo debido a que no sabían cómo hacerlo. Sin embargo, ahí estaba, Kagome lo había logrado. ¿Ella sabía del poder que llevaba adentro? ¿Cómo había logrado expulsarlo?

Sesshomaru inmediatamente pensó en aquellos seres con poderes sobrenaturales y pudo inferir que quizá ellos tenían algo que ver, quizá ellos se habían dado cuenta del gran poder que poseía Kagome y de alguna manera la habrían entrenado para que lo dominara, y el resultado era la nueva Kagome que se presentaba ante él. Ella y ese sujeto de cabellos en forma de ocho protuberancias eran los que más le habían llamado la atención, y éste último no solo por ser el individuo más poderoso que jamás haya visto, sino por lo que en ese momento todos sus sentidos presenciaban. Sin duda ese sujeto provocaba en Kagome reacciones y sensaciones que solo había visto cuando ella estaba cerca de Inuyasha, pero ahora era diferente. Sesshomaru había estado presenciado todo desde un lugar apartado desde que la fémina había entrado a la mansión junto con la otra humana de cabello castaño y aquel sujeto de cabello oscuro, por lo cual, también había visto cuando ella abrazaba Inuyasha de manera casi natural, algo que hace un par de meses ni siquiera se hubiera atrevido a hacer debido a la turbación que la embargaba estar ante él por el hecho de tener todos esos sentimientos de amor hacia él, de hecho, antes ni siquiera se hubiera atrevido a hacer funcionar sus cuerdas vocales frente al híbrido. No obstante, toda esa timidez, sonrojo y demás sensaciones habían desaparecido en ella casi por completo sin que se diera cuenta, no es que ella ya no estuviera enamorada de Inuyasha, empero, ese amor, a comparación de lo que era antes, tan solo podría comparársele con su sombra ¿Ese sujeto de grandes poderes era la causa?

Sí.

No había duda.

Sango seguía observando a su mejor amiga con tristeza. Supo que las tribulaciones que Kagome sentía tan solo eran un atisbo de lo que le esperaba más adelante, y eso había hecho que una sensación horrible le atenazara la boca del estómago. No si ella podía evitarlo. Aún no era demasiado tarde para que Kagome fuera feliz.

En la mente de Kagome aún resonaban las palabras que el señor Gokú y Ayame habían tenido como en una especie de eco repitiéndose una y otra vez. ¿Una cita? ¿Iban a tener una cita? No entendía por qué pero de pronto esa sensación de cosquilleo en su vientre se había convertido en una sensación de malestar, ¿pero por qué? Sentía una especie de molestia mezclada con inquietud, temor y… ¿enfado? ¿Estaba enfadada? ¿Con quién? ¿Con el señor Gokú? ¿Con Ayame? ¿Con ambos? No era lógico, ¿por qué lo estaría?

Inmediatamente le vino a la mente la forma de pensar de su mejor amiga Sango. Ella siempre hablaba de las chicas de mentes escuetas que solo se fijaban en la apariencia de un muchacho para querer salir con ellos y convertirlos en sus parejas, y era verdad que eso era algo que Kagome compartía con la castaña, pero también era cierto que a ella no le afectaba tanto como a su amiga de la infancia como para que se enfadara igual que ella. ¿Estaba enfadada con su prima Ayame? Siempre la había presenciado hacer ese tipo de cosas con otros muchachos sin que a Kagome le afectara siquiera un poco, ¿entonces por qué ahora lo hacía? ¿Sería que el tiempo en el cual no había visto a Ayame Kagome habría cambiado su mente? Su prima solo les pedía cita a los chicos más guapos, pero el señor Gokú no era un chico. Él era un hombre que rodeaba casi los cuarenta a pesar de que apenas pareciera de solo veintitrés o veinticuatro años. Por muy guapo y atractivo que él fuera… si saliera con Ayame… ¿No sería pedofilia? No. Ella ya era mayor de edad, solamente lo sería si el señor Gokú saliera con una menor, alguien como Kagome. Ella apretó los puños ante esos pensamientos sin darse cuenta, pero luego se hizo una pregunta que hasta ahora no se había hecho: ¿El señor Gokú era guapo? La fémina lo miró entre la oscuridad y las tenues luces de colores, y se sorprendió al darse cuenta de que estas parecían halagar sus inocuas y apolíneas facciones varoniles aún cuando no paraba de engullir distintos alimentos en su boca, sin mencionar el excelente estado físico que poseía. En ese momento, sintió un fuerte rubor trepar por sus mejillas. Se sintió avergonzada. ¿Por qué tenía esos pensamientos ahora? Ella nunca se había puesto a elucubrar sobre esas cosas tan banales. Sin embargo, ahora que las circunstancias la habían llevado a cavilar sobre esas cosas, Kagome no pudo evitar darse cuenta de que ese señor ciertamente podría ser el blanco de muchas mujeres.

Kagome aún tenía los puños apretados, pero ella seguía sin ser consciente de ello. No obstante, el malestar que sentía era imposible de ignorar, y no le gustaba. Lo único que quería era ir hacia esa mesa en la cual estaban Ayame y el señor Gokú, y ponerse en el medio de ellos dos, pero cuando se dispuso a hacerlo, sintió que alguien la tomaba del brazo repentinamente.

—¿Sango? —la miró desconcertada por la acción inesperada.

—Te estaba buscando —declaró con una seriedad sombría—. Necesito que vengas conmigo rápidamente –conminó.

Kagome miró a Sango por un momento. ¿Por qué sentía a su amiga tan inquieta? ¿Por qué su rostro tenía aquella expresión tan seria y preocupada? Y sobre todo, ¿por qué la mano con la cual la sujetaba con fuerza más de la debida parecía temblar ligeramente?

En cuanto Sango había visto a su mejor amiga dar el primer paso hacia donde estaban Ayame y el señor Gokú, supo lo que pretendía, y sabía que ese impulso era producto de lo que ella aún no era consciente. Sin embargo, si dejaba que esos impulsos continuaran, Kagome no tardaría en darse cuenta de sus verdaderos sentimientos, y Sango no podía permitirlo, debía actuar rápido para que esa locura no se convirtiera en algo peor.

Él es un imposible para ti… —pensó como si su mejor amiga pudiera oír lo que había en su mente.

—Démonos prisa —demandó la castaña mientras la arrastraba al lado contrario donde Kagome pretendía ir.

¿Cómo pude equivocarme tanto? ¿Cómo pude ser tan ciega? Era tan obvio… Ese brillo que Kagome traía luego de los entrenamientos no era por Gohan… era por…

—¡Oye! —Kagome la llamó por cuarta vez.

La exclamación de su mejor amiga sacó a Sango de sus pensamientos.

—¿Qué ocurre? —preguntó la castaña sin aún soltarla del brazo ni dejar de arrastrarla.

—¿A dónde me llevas? —exigió saber— Y ya suéltame puedo caminar sola, me estás apretando muy fuerte.

—¿Eh? –musitó –Lo siento –La soltó.

—Ya dímelo.

—¿Qué cosa?

—El lugar a donde vamos —dijo perdiendo la paciencia.

Kagome pensó que era extraño ver a Sango de esa forma, lucía preocupada y un tanto distraída, como si no parara de pensar en algo alarmante, eso hizo que la de cabellos oscuros se preocupara.

—Con Inuyasha —respondió sin mirarla concentrada en llevarla de inmediato hacia su amigo de cabellos plateados.

—¿Por qué? ¿Ocurre algo? —inquirió.

—Aún no, pero ocurrirá —declaró con una leve sonrisa –Ya llegamos.

—¿Aquí? –la miró confundida.

—Sí. Tú espera aquí –concluyó Sango para luego alejarse de ella.

Kagome quiso pedirle más explicaciones, pero no pudo porque su amiga ya se había alejado. Cuando se había dado cuenta, ella se encontraba parada en medio del salón y un reflector la alumbraba. Kagome aún se hallaba confundida, pero se alegró al ver que su amigo de ojos dorados se acercaba a ella. De pronto, una canción lenta y romántica se empezó a escuchar. Acto seguido, Inuyasha se encontraba bailando con ella bajo aquella luz que los iluminaba solo a ambos mientras se miraban, Inuyasha con un resplandor que le hacía creer a Kagome que ella era la única en ese lugar, y ella con desconcierto tratando de entender que era lo que su amigo pretendía. Kagome había notado que Inuyasha no había dicho nada desde que se le había presentado, era como si estuviera reservando las palabras para decir algo importante.

—¿Inuyasha? —Rió divertida mientras sentía un ligero rubor en sus mejillas ya que era la primera vez que bailaba de esa forma y el que fuera él con quien lo hiciera la hacía sentir muy feliz –Si querías bailar conmigo solo tenías que pedirlo, no hacía falta que enviaras a Sango, yo habría aceptado gustosa –Le sonrió.

Inuyasha aún estaba muy nervioso. Las manos le temblaban y aún no lograba proferir vocablos, pero sabía que si no lograba decir aquello que ella le hacía sentir en ese momento, jamás se lo perdonaría.

Ya no puedo esperar ni un momento más... Kagome...

—Te amo –declaró de repente.

No sabía si había escuchado bien, de hecho no sabía lo que había escuchado, ¿o no podía asimilarlo?

Las palabras de Inuyasha fueron para ella como el eco de palabras incognoscibles manifestadas desde algún lugar lejano. Kagome aún seguía bailando junto a Inuyasha como si nada hubiera salido de sus labios, como si nada extraño, fuera de lo común o extraordinario hubiera tomado lugar en esos momentos, pero lo cierto era que sí había pasado, ¿entonces por qué Kagome aún no reaccionaba? La respuesta era simple, las palabras de Inuyasha aún flotaban en el aire para la fémina, aún no habían logrado ser digeridas por ella, pero cuando finalmente lo hizo, Kagome se quedó mirando el rostro de Inuyasha acercarse al suyo de manera lenta. ¿Qué era lo que estaba pasando? Inuyasha… él… le había dicho que… la… ¿amaba? Aún no lograba reaccionar, de hecho, todo pareció congelarse en ese momento. ¿En verdad así era? ¿O era ella la que estaba congelada? Su mente había podido mantenerse despierta tan solo hasta que esas palabras habían logrado cruzar el largo y arduo camino hacia su sentido de la audición para que luego estas fueran de alguna manera procesadas por su cerebro. El sonido de dichos vocablos emitidos de manera verbal había tenido que batallar con las moléculas de aire para llegar a ella, y cuando lo hizo, todo pareció sumergirse en un estado de letargo. Esas palabras parecían haber tocado algo importante en ella, algo que era esencial para mantener su consciencia despierta, por lo cual, ya no sabía que era lo que había pasado continuación.

Sango no podía creer lo que sus ojos veían. Ella se había quedado en un punto cercano a la pareja que estaba bailando bajo el reflector ya que aún se había hallado intranquila a pesar de que Inuyasha estaba con ella. No sabía por qué, pero había tenido un mal presentimiento, por lo cual, al quedarse cerca de ellos, de alguna manera había podido lenificar esa sensación de intranquilidad, pues pensaba que si ella estaba ahí viéndolos, podría evitar llegar a ellos cualquier cosa que los interrumpiera o a quien sea que lo deseara. ¿Por qué tanta sugestión? Ni ella lo sabía, simplemente lo sentía, pues aún seguía nerviosa e intranquila. Sango en verdad deseaba que Kagome aceptara estar junto a él. Sin embargo, nada más alejado a sus ideales sucedió.

Que ingenua había sido…

Continuará...

N/A: Sentí una gran nostalgia editando este cap, pues es de mis favoritos. Sí. Tengo mis caps favoritos, entre ellos el 13, el 17, el 24, el 28 y el 33 que es él último cap de esta historia, pues, repito, este long fic ya está completamente terminado.

Me he puesto a ver el número de lecturas y me puse tan feliz. De verdad, no tengo palabras para agradecer a todos los que me leen y a todos los que dejan reviews. Es realmente algo muy hermoso. Les doy gracias eternas a todos ustedes.

¿Ya ahora? ¿Los dejé en ascuas? XD Lo siento, soy malita. Díganme, ¿les gustó? ¿Qué opinan? Bueno, creo que ya está MUY claro qué es lo que le sucede a Kagome, ¿no? Uff, no se imaginan cómo seguirá esto. Las verdaderas tribulaciones empiezan a partir de aquí. Después del cap 10 me siento más ligera y emocionada para editar pues es donde las cosas se ponen más interesantes, creo. Al menos para mí XD

VIctor 0606: Creo que este cap responde tu pregunta x3 Y ya que estoy aprovecho para darte GRACIAS INFINITAS por la molestia de dejarme review en cada cap. Lo valoro muchisimo.

Serenity-15: No sabes lo feliz que me puse cuando leí tu review, linda. Fue lo que me impulsó a editar este cap esta misma noche. MIL GRACIAS. Y creo (espero) que no te decepcionaré X3.

Eso ha sido todo por hoy.

¡Saludos y hasta la próxima!

Atte: AnnaBlackAndrackBradbury :3