¡Hola a todo el mundo! ¿Cómo han estado? Espero que bien. He estado algo carente de inspiración esta semana, espero no haberlos hecho esperar demasiado. La verdad, también estoy emocionada porque el lunes que viene es mi cumpleaños. ¡Ya son catorce! Jejeje. Estoy muy contenta por eso. Muchas gracias a todos los que me han tenido paciencia, y que han seguido leyendo cada capítulo. ¡Y no se preocupen, que pondré un glosario al final para las palabras en japonés! Lo señalaré con .
¡Capítulo 11!
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¿Realmente, Otou san ha visto lo que acaba de pasar?
Mientras su padre la seguía abrazando, diciendo lo mucho que la había extrañado durante su ausencia, Haruhi no podía evitar pensar en si debería preguntarle si había visto algo, o si debía mantener el tema fuera del contexto. No estaba segura de nada. Veía que su senpai ya había logrado despegarse de la pared, pero tenía una expresión digna de funeral. Probablemente fuera porque sabía que, si Ranka lo había visto, no tendría clemencia ni piedad a la hora del juicio final.
- ¡No puedo creer que haya pasado tanto tiempo lejos de ti, Haruhi! ¡No tienes idea de lo mucho que te extrañé! Y es que, ¿quién no extrañaría a una hija como tú?-. Decía Ranka, abrazándola afectuosamente.-
- Otou san, yamete kudasai (1).- Pidió ella.- No respiro.-
- ¡Oh, claro!-.
Por fin la soltó, sin dejar de sonreír. Tamaki quiso aprovechar el silencio que se había hecho para hablar. Sin embargo, la voz le salió un tanto atemorizada todavía.
- Ranka san, qué gusto que haya vuelto, ¿cómo se sien…?-.
El pie de Ranka dio en la cabeza del rubio, pegándolo contra el suelo, y haciendo realidad su miedo.
- ¡SILENCIO! ¿NO VES QUE ESTOY SALUDANDO A MI HIJA?-. Gritó potentemente, con un brillo de violencia en los ojos.-
- De...demo…-.(2)
Sin darle oportunidad de hablar, el pie de Ranka volvió a ejercer presión sobre Tamaki.
- ¡Otou san! ¡Por favor, para con eso!-.
- ¿Quién se cree este niño para venir a la casa para quedarse los dos solos? ¿Planeabas algo indigno, verdad?-.
- ¡Otou san!-. Volvió a gritar Haruhi.-
Al escuchar a su hija por segunda vez, Ranka dejó en libertad al pobre muchacho. Mientras Tamaki gemía del dolor causado, Ranka se sentó en la sala, nuevamente con una sonrisa "inofensiva".
- ¡Haruhi! ¡Quisiera un poco del té que habías estado preparando! ¡Se veía muy bueno!-. Gritó su padre.-
Haruhi ayudó a Tamaki a ponerse de pie, mientras sentía más sudor bajarle por la nuca.
- En seguida, Otou san…-.
- Arigatou.- (3).-
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Ella fue a la cocina a volver a preparar el té solicitado por su padre. Tamaki había suplicado que no lo dejara a solas con Ranka san, pero no había otro remedio. La casa no era tan grande como para esconderse en muchos sitios.
Justamente tuvo que llegar en ese momento… Pensó ella.
Volteó un poco hacia la sala para poder ver cómo iban las cosas entre ellos. Sorprendentemente, Tamaki se normalizó, dejando el miedo para ser de nuevo él mismo. Era un alivio. Viéndolos bien, Haruhi percibía sus maneras increíblemente parecidas de expresarse, moviendo mucho los brazos y las manos, haciendo mil y un gestos con sus caras, y elevando mucho, pero mucho, la voz. Daba la impresión de que eran familiares. Ella sonrió y rió para sus adentros.
Tal vez lo mejor había sido que su padre llegara en ese preciso instante.
Aún sentía los nervios de estar tan cerca de él, así como sus manos sostenían difícilmente la tetera, ya que éstas le temblaban, y se habían puesto frías. Y en su memoria seguían aquellos ojos azules que, podría jurarlo, era la primera vez que los veía con semejante expresión.
Le encantaría saber porqué se sentía así. ¿Cómo era posible que, en una sola semana, tantas cosas hubieran pasado? Hasta ahora, cada uno de los host con los que había estado conviviendo, se habían mostrado de una manera totalmente diferente a las que estaba acostumbrada. Incluso, podría llamar a ese comportamiento como algo mucho más que sorprendente. Y con cada visita, había estado siendo "penetrada" por ellos, cada vez más. Como si cada uno hubiera dado su respectivo golpe de gracia a la coraza de Fujioka Haruhi. Y ahora estaba completamente desprotegida, desarmada, a la merced de cualquier cosa que pasara. Por esa razón, le hacía feliz contar con que su padre ya había llegado.
Acabo de pensar como una niña pequeña.
Como una niñita de papá, esperando a que la cuiden y protejan. ¿Desde cuándo había sido así? Que ella recordara, desde muy joven había mostrado señales constantes de una adelantada independencia. Quizá eso era lo que ahora, justamente, la hacía tan vulnerable. Había contado con que su serenidad y tranquilidad no le fallarían a la hora de encontrarse con los host, y no sabía lo equivocada que había estado. Ella no era la única que, supuestamente, había ido preparada para esta ocasión tan inusual. Todos sus compañeros también iban armados con los argumentos más inesperados que ella hubiera esperado. Eso aún la tenía incapaz de manifestarse como lo hacía normalmente.
¿Cuánto tiempo tengo ya conociéndolos? Lo he olvidado por completo. Sólo sé que bastante. ¿Cuándo empezaron a cambiar las cosas?
Aún recordaba la sorpresa que se había llevado al entrar a la tercera sala de música, al encontrarse con seis extraños jóvenes que, aunque hubiese sido un "chico" el que hubiese entrado, no les importaba. Claro, al romper el jarrón, el cuento cambió de dirección completamente. Había que admitirlo, habían sido un verdadero dolor de cabeza en aquella primera ocasión. Haruhi no se habría imaginado que esas personas iban a terminar siendo sus amigos más cercanos y apreciados.
Y cómo habían evolucionado las cosas. Incluyendo a todos, era un tremendo cambio el que se había dado.
Por ejemplo, Kyoya senpai…la primera vez que pude hablar con él, no fue la mejor de las bienvenidas a Ouran, diciendo que me iban a desaparecer de Japón si intentaba huir. Recuerdo lo mucho que creí que era un shadow king, un tirano. Y no estaba del todo equivocada, pero…desde esa visita a su casa…
Su primer hospedaje, y el inicio de una tonelada de problemas en sus pensamientos. Lo sorprendida que había quedado cuando Kyoya senpai había actuado de una manera tan poco esperada en la cena, y la conversación que tuvieron en la limosina. De verdad, había tantas cosas que le habría gustado evitar de esa visita. Pero, igualmente, estaba muy agradecida con el rey demonio de sangre fría por hacerle ver un par de cosas. Sin embargo, ese temor que ahora sentía cada vez que lo veía lo encontraba bien justificado. Sabía que era algo pasajero, pronto volvería a verlo con normalidad, pero el impacto era muy duradero para ella.
Con Honey senpai y Mori senpai tuve muchas sorpresas. Con las primeras impresiones, primero que nada. No creía, en un inicio, que Honey senpai fuera de tercer año, y no comprendía la seguridad que empleaba Mori senpai para con su primo. Pero luego de un tiempo, todo se volvió tan claro. Y, debo decir, que ahora los admiro tanto…
Como muy bien solía decir Renge cuando estaba inspirada, Honey senpai era bastante "profundo" si te ponías a pensarlo. Y Mori senpai era un ser tan entregado. Haruhi estaba segura que esa había sido la noche más pacífica de su vida, pero, de algún modo, la más vergonzosa también. Todavía se estremecía al recordar que había compartido cama con un hombre. Y lo ciega que había sido todo ese tiempo al pensar que Honey senpai era el más puro del grupo. Tierno y dulce era, nadie lo discute, pero ella había dejado que esas características actuaran como excusa para dejar que el chiquillo durmiera con ella. ¡Y ahora no podía ni tocar el tema porque se sentía demasiado avergonzada!
Y Tamaki senpai…
Y con sólo pronunciar mentalmente ese nombre, ya sabía que algo en su interior cambiaba. No lo sabía explicar. Era una sensación tan extraña. Pero siempre sonreía cuando recordaba al presidente del club. A él también le admiraba, indiscutiblemente. Aunque fuera un infantil, y, sin poner lugar a dudas, un ser detestable y problemático (como había sido su primera impresión), tenía un extraño aprecio por él. Desde que lo había conocido se había enfrentado a un millón de historias en las que Tamaki había sido el protagonista, ya que hubo un período de tiempo en el que estaba recogiendo miembros para formar parte de un club que quería fundar. Y tuvo que hacer muchas cosas para poder convencerlos a todos y a cada uno de ellos para que se unieran. Era admirable que una persona pudiera llegar a ser amigo de Ootori Kyoya; que hubiera logrado ser su mejor amigo, y una persona a la que el más inteligente del grupo siempre defiende sin que se de cuenta. Era admirable haber hecho que dos gemelos que no creían en nadie más que en ellos lograran expandir, por muy poco que fuera, su mundo de dos personas; que hiciera que ellos tuvieran su primera amistad a parte de ellos mismos; hacerles ver lo contradictorios que eran, y que si querían que los reconocieran, les dieran a los demás la oportunidad de hacerlo. Era admirable que hubiera logrado hacer ver a una persona frustrada el significado de la verdadera fuerza; y que le hiciera ver que podía ser un miembro digno de la familia Haninozuka y, a la vez, un amante de las cosas dulces y de los juguetes de felpa; así como ganarse un aprecio enorme por parte de un guardián que solamente estaba acostumbrado a servir a una sola persona, porque era su primo y su deber era protegerlo.
De verdad, era admirable que Tamaki senpai hubiese conseguido entrar en las vidas de unas personas tan diferentes entre sí para que, al final, terminaran siendo los mejores amigos, todos.
Cada vez que lo veía, una calma se apoderaba de ella, claro, sin dejar apartada esa sensación de que un problema se avecinaba. Porque cierto era que Tamaki senpai siempre la metía en muchos embrollos sin que ella así lo quisiera. Pero se había hecho inevitable que ella lo apreciara. Después de todo…
Volvió a ver a los dos ruidosos individuos en la sala, como dos gotas de agua.
…era tan parecido a su padre.
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- Aquí tienes, Otou san.- Dijo ella, entrando con dos tazas de té.-
- Gracias, hija.- Le respondió Ranka con una sonrisa infantil.-
- Tamaki senpai.- Dijo, entregándola otra taza.- Espero que ésta no se derrame.-
- Arigatou, Haruhi.- Dijo éste, recibiendo la taza.- ¿Tú no vas a beber té?-.
- Dame. (4).- Respondió ella.- Creo que ya he tenido muchas experiencias con el té por hoy.- Dijo, señalando la camisa manchada que llevaba puesta.-
- Jejeje. Sokka. (5)-. Dijo el rubio con algo de vergüenza.-
Por debajo de la mesa, Tamaki sintió una fuerte patada, cortesía de Ranka san, que fingía tomar tranquilamente su té. Como no quería hacer público su dolor ante Haruhi, el muchacho aguantó los gemidos de dolor como pudo, pero no evitaba que una que otra mueca se le saliera por el efecto de las patadas.
- ¿Pasa algo, senpai?-. Preguntó Haruhi.-
- Para nada.- Respondió él en un susurro forzado.-
Ella sólo pestañeó, algo extrañada. Había ciertas cosas que no comprendía de él.
- Otou san, entonces, ¿cómo estuvieron las cosas en el hospital? No nos has contado.-
- ¡Oh, fue tan divertido, Haruhi!-. Chilló su padre como un niño.- ¡Los doctores allá son tan agradables! ¡Obviamente les pagan por los halagos, pero se siente tan bien que a uno lo alaben de esa forma! A cualquiera le provocaría enfermarse sólo para ir allá a ser atendido. ¡Ya sé a dónde llevarte cuando te enfermes!-.
- Eh…-.Dijo ella, cabizbaja.- No creo que sea buena idea, Otou san…-.
El dinero ahí iría por mi cuenta, estoy segura. No confío tanto en Kyoya senpai. Y después de lo ocurrido en su casa, quién sabe qué cosas invente para aumentar mi deuda.
- La verdad, estuve un poco triste porque no estabas tú, hija. ¡Pero me sentía bien sabiendo que estabas bajo el cuidado de tus amigos del Host Club! Era un verdadero alivio.- Su expresión cambió brutalmente a una violenta.- ¡LO QUE NO PUDE SOPORTAR FUE SABER QUE YA ERA EL TURNO DE ÉL!-. Gritó, señalando a Tamaki.-
El aludido no pudo evitar dar un sonoro grito, por la sorpresa y por el temor.
- Chotto matte (6).- Dijo ella.- ¿Cómo sabías que era el turno de Tamaki senpai?-.
- ¡Ah, sí! ¡Lo he sabido porque he estado en contacto con Kyoya kun todos estos días! Él me iba diciendo quién era el próximo en cuidarte.-
- ¡¿Nani?! (7).- Gritó ella.- ¿Cómo has podido, Otou san?-.
El rubio se ahogaba silenciosamente con su té. Obviamente, encerrado en su cine mental. Era increíble como intentaba mantenerse callado enfrente del padre de Haruhi.
- Hija, estaba preocupado. No soportaba la idea de que algo malo te pasara.- Dijo Ranka, como si fuera un sabio.- Así que hice todo lo posible para curarme, bebí todas mis medicinas el doble de las veces requeridas, obedecí todas las órdenes de mis doctores, llevando una vida sana. De hecho, me alimenté el triple de lo normal en la semana y hacía muchísimo ejercicio, impulsándome con las camillas del hospital, como si fueran patinetas.-
Los dos Host escucharon aquellas palabras con la quijada estirada.
¿De verdad eso puede llamarse una vida sana? Pensó Haruhi. Debo llevar la cuenta de cuánto me va a costar cada camilla que Otou san haya roto.
- ¡Y todo eso lo hice con tal de mejorarme para poder llegar a tiempo y salvarte de este animal!-. Terminó Ranka.-
- ¡Sonna! (8).- Protestó Tamaki.- ¡Ranka san! ¡No ha tenido que preocuparse tanto! Yo siempre cuido de Haruhi como si fuera mi propia hija.-
El comentario sólo avivó el fuego.
- ¡¿Cómo te atreves a llamar a mi hija por su primer nombre?! ¡¿Quién te crees que eres?!-.
Al instante, Tamaki se vio perseguido por un irreconocible Ranka san, corriendo por toda la casa, ante la mirada exorbitada de Haruhi, incapaz de articular palabra para detenerlos.
- Ano…Otou san, ¿no crees que le estás golpeando demasiado fuerte?-.
- ¡Para nada, hija mía!-. Respondió su padre, golpeando al King contra las paredes como un loco.- ¡Increíblemente, este niño ha estado haciendo ejercicio, las paredes ya no le afectan como antes! Tengo que dar el doble de mi esfuerzo.-
Aunque se viera una escena tan brutal, Haruhi habría podido jurar que el rubio se estaba divirtiendo. El ambiente en la casa se sentía tan familiar…era maravilloso el aire que se respiraba. Haruhi inspiró bien profundo y luego rió por unos pocos segundos, pero fue una risa tan adorable, que, desde sus ataduras y palizas, a Tamaki le habría encantado tomarle una fotografía. ¡Se había visto tan Kawaii! (9).
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Luego de un tiempo, se fue haciendo de noche, y su padre se fue quedando sin energías. Se dispusieron a volverse a sentar, mientras los dos hombres se reponían. Afortunadamente, los golpes de Ranka san no habían sido tan poderosos como en otras ocasiones, tal vez porque aún se estaba recuperando de su enfermedad.
- Otou san, ¿entonces estás seguro de que ya estás mejor?-. Preguntó Haruhi.-
- ¡Claro, hija! ¡Jamás he estado mejor!-. Respondió Ranka, moviendo sus brazos eufóricamente.-
- Ranka san es una persona muy fuerte. Admirable.- Dijo Tamaki, riendo.-
Increíblemente, Ranka no se enojó.
Haruhi se quedó pensativa unos instantes. Algo le preocupaba. Se llevó una mano a los labios y luego dirigió una mirada alarmada a su padre.
- ¿Pasa algo, Haruhi?-. Preguntó Tamaki.-
- Estaba pensando en Hikaru y Kaoru.- Dijo.- Como mi Otou san ha vuelto del hospital, lo más probable sería que ya el hospedaje se terminara. Pero…me siento un poco culpable por ellos dos. Los he visto muy ansiosos porque llegue su turno, y me daría algo de lástima por ellos si les doy la noticia de que ya no se podrá dar la visita.-
El King pareció afectarse. Se puso de pie y puso una pose teatral, preparado para un argumento.
- ¡ESOS DOUBLEGANGERS! ¡NO LES CONFÍO JAMÁS NI NUNCA A QUE CUIDEN DE HARUHI! ¡SI SE LA PASAN ACOSÁNDOLA SEXUALMENTE! ¡NO LO PERMITIRÍA…!-.
Ranka tomó un pañuelo que estaba sobre la mesa y lo usó para tapar la boca de Tamaki, ahogando las palabras del rubio.
- ¿Qué te he dicho de llamarla por su primer nombre?-. Reclamó para luego volverse a su hija.- Haruhi, si tú no quieres tener que quedarte en otra casa, eres libre de hacerlo, pero si quieres…depende de tu decisión. Por mí no hay ningún inconveniente. ¡Hikaru kun y Kaoru kun parecen buenos chicos!-.
El pañuelo parecía querer salir disparado de la boca de Tamaki, quien luchaba por volver a hablar para oponerse a la idea. Haruhi quedó, de nuevo, pensativa.
Los he visto tan ansiosos…me daría algo de culpa…
- Creo que…tal vez tengas razón, Otou san…debería…-.
Quiso continuar, pero vio que el rubio, logrando liberarse de su amordazamiento, se ponía de pie y la miraba como cuando quería transmitirle una inconformidad seria. Ella se sorprendió de que reaccionara así por haber tocado ese tema.
Pensó que le diría algo, regañándola o reclamándole. Pero sólo dijo…
- Se está poniendo oscuro. Si Ranka san ya se siente mejor, tal vez debería retirarme. No quiero ser un estorbo aquí. Sé que las visitas no pueden darse mucha comodidad y no quiero que se sientan responsables de mí. Me gustó mucho poder acompañarlos esta tarde, la he pasado muy bien. Con su permiso.-
Y, dicho aquello, se dirigió a la puerta.
Ranka cambió su expresión a una sorprendida, y Haruhi se puso inmediatamente de pie, lista para seguir al rubio.
- ¡Senpai! ¡Espera! ¿Qué estás haciendo?-. Dijo, siguiéndolo.-
Su padre la vio alejarse. Se quedó sentado y giró la cabeza negativamente.
Y tan tranquilas que se veían las cosas. Pensó.
-
Tamaki salió del apartamento y ya bajaba las escaleras, dirigiéndose a la calle, cuando oyó la voz apresurada de la muchacha.
- ¡Senpai! ¡Espera, por favor!-.
Él se detuvo y volvió a verla. No estaba molesto. Más bien, eso era justamente lo que le preocupaba a Haruhi. Estaba con una expresión inocente y normal en su rostro. Se acercó a él y le agarró la manga de la camisa. No había necesidad, pero lo hizo para estar segura de que él no se quisiera alejar.
- ¿Qué ocurre, senpai?-. Preguntó.- ¿Por qué has hecho eso tan de repente?-.
- No es por nada, Haruhi.-
- No darías ningún problema si te quedaras. En serio. No actúes tan tontamente…-.
- De verdad, no es problema. Lo hago porque sé que tu padre y tú no están acostumbrados a las visitas. No es que hagas hecho nada malo. Descuida.-
- ¿Seguro? Porque sino…-.
Fue interrumpida porque él tomó su rostro entre sus manos. La miró con dulzura, dejándola muda.
- No es por nada, descuida, Haruhi. No tengo problemas con irme. Tu padre se ha curado. Es lo importante ahora, ¿ne?-.
- Senpai…-.
- Lamento lo que pasó hoy. No debí actuar tan impulsivamente cuando estaba sobre ti. Gomen. (10).-
Y, sin previo aviso, le dio un beso fugaz en la frente. Se sonrojó totalmente, pero sonrió abiertamente para ella. Y luego se alejó a toda velocidad, desapareciendo por la calle.
Ella se tocó la frente, aún anonadada. En esa semana, Mori senpai también había hecho eso. Pero…se había sentido tan diferente viniendo de Tamaki.
Ella también se sonrojó. Entró a toda prisa a la casa, como si el correr pudiera borrar el rojo de su cara.
-
Ring ….ring….ring
El móvil resonaba en todo el cuarto. Kyoya lo cogió con lentitud. Vio la imagen en el teléfono. Era Tamaki. No estaba haciendo nada en ese momento, así que contestó. Estaba preparado para un discurso potente por parte de la otra línea, pero le sorprendió todo lo contrario.
- Okaa san.-
- ¿Tamaki? ¿No habíamos hablado ya de lo de los nombres…?-.
- Gomen, es la costumbre, Kyoya. Estaba algo aburrido y quise llamarte.-
- ¿No deberías estar ahora con Haruhi?-. Preguntó, queriendo poner fin pronto a la llamada.-
- Sí, pero Ranka san se ha mejorado y ha vuelto a casa. Estoy casi seguro de que ya estabas enterado.-
Le sorprendió ese comentario.
- ¿Por qué lo dices?-.
- Ranka san y tú siempre están en contacto. No me extrañaría para nada que tú ya lo supieras.-
- …Tienes razón. Ya lo sabía.-
- Estaba un poco aturdido. ¡Qué decepción! No poder quedarme la noche entera con ella. Pero he pasado una tarde muy divertida. ¡No te imaginas!-.
- Tamaki, si no tienes nada más interesante que decir…-.
- Sólo quería comprobar que tú ya sabías lo de Ranka san. ¿En serio te da tanto miedo que sea yo el que me quede a solas con Haruhi, Kyoya? ¿Por eso estuviste tan tranquilo cuando nos fuimos hoy?-.
Él se quedó en silencio. Rió por lo bajo.
- Es verdad.-
- Sólo quería comprobarlo. Arigatou.-
- Te oyes algo inconforme.-
- Ya te lo dije, me da tristeza no haberme podido quedar más tiempo con ella.-
- Ya veo.-
- Tal vez ambos deberíamos estar ya tranquilos porque Ranka san ha vuelto. Pero no creo que deba ser así.-
- ¿A qué te refieres?-.
- Porque, aunque supuestamente las visitas hayan llegado a su fin, Haruhi se sentiría culpable si no nos visita a todos los del club.-
- ¿Disculpa?-.
- Sólo quería que estuvieras enterado, Okaa san. Sé lo mucho que te preocupa la seguridad de Haruhi. Y como eres mi mejor amigo…soy incapaz de ocultarte nada. Buenas noches.-
- ¡Tamaki…!-.
El muchacho había colgado.
Kyoya cerró el móvil y se quedó pensativo un buen tiempo. Era cierto que ya estaba seguro de que, con el regreso de Ranka san, Haruhi dejaría ya las visitas.
Tal vez había pensado demasiado rápido.
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Haruhi marcó el número en el teléfono y esperó. Tras un minuto, escuchó una voz en el otro extremo de la línea.
- ¿Si?-.
- Hola, Hikaru.-
- ¡Haruhi! ¿Qué pas…?-.
- Tengo noticias. Mi padre ha regresado ya del hospital.-
- ¡Oh! ¿Ah, si?-.
Le extrañó que sonara tan poco sorprendido.
- Sí, pero, aunque mañana sea sábado, me gustaría terminar con el juego que se empezó. ¿Puedo ir a tu casa mañana?-.
En el otro extremo de la línea, unos ojos se abrían con sorpresa.
- Claro.-
CONTINUARÁ…
Ahora, el glosario:
- (1): Yamete kudasai: Detente por favor.
- (2): Demo: Pero.
- (3): Arigatou: Gracias.
- (4): Dame: No.
- (5): Sokka: Ya veo.
- (6): Chotto matte: Espera un momento.
- (7): Nani: ¿Qué?
- (8): Sonna: ¡Imposible!
- (9): Kawaii: Liadísimo, bello.
- (10): Gomen: Lo siento.
