sam-ely-ember: Me disculpo por la tardanza, ha sido difícil organizar este capítulo con las ideas que tenía en la cabeza. ¡Pero fue tan gratificante escribirlo!, lo adorarán, estoy segura. Mientras espero que me traigan mi comida XD subo el cap, y les recomiendo estar super atentos porque es bastante confuso.


Proyecto Phantom
Capítulo 11:
Sensación


Mierda, finalmente había encontrado algo de satisfacción (más que satisfacción, placer. Más que placer, la realización de un sueño personal) y no tuve tiempo de disfrutarlo a pleno gusto. Los sonidos del interior de la fortaleza me crisparon los nervios y me vi en dificultades para ocultarlo bajo mi no siempre perfecta máscara de tranquilidad.

Cuando Danny entró pude relajarme un poco: al entrar él en escena, el 90 por ciento de las posibilidades corrían a nuestro favor. De la fortaleza comenzaron a salir mis hombres, unos triunfantes, otros malheridos, algunos arrastrados inmóviles por sus compañeros; repetidas veces sentí una punzada en el pecho.

Bueno, al menos una parte del operativo había salido bien. Ahora solo restaba esperar. Me pregunté entonces qué me diría Vlad en ese momento, sus expresiones eran tan ilegibles que era realmente complicado adivinar sus pensamientos, aún más predecir sus acciones. Me cuestioné si estaría de acuerdo con mis decisiones, si veía como "correcta" la forma en la que estaba actuando y las consecuencias que había acarreado…yo no me sentía precisamente orgullosa de cómo habían resultado las cosas.

"Orgullo" era lo que mi padre veía como mayor herramienta, como invencibilidad. Hubiese dicho algo como "Es tu honor y orgullo el ser la cabeza de la organización. Sé gloriosa."

Una explosión dirigió mi vista hacia la parte superior de la fortaleza. Un fuego azul flotaba en el cielo. Luego, una música a bajo volumen comenzó a dispersarse por el lugar y el fuego flotante descendió cobrando la forma de una mujer con una guitarra. Sus intenciones no fueron claras hasta que noté cómo muchos de mis hombres comenzaron a convulsionar en el suelo, otros simplemente caían inertes en la hierba. La mujer se acercó a mí; una fantasma. Y su objetico me fue claro: yo.

-Si te preguntas cómo te dejé fuera del hechizo que aturde a los demás, te diré que para mí muchas cosas son sencillas, aún más si controlas todo con la música.

-¿Vienes a terminar lo que tu amo no pudo?

-Una mujer inteligente.- Me dijo. –Pero no, esa no es mi misión. Es un placer que mi señor se ha reservado para sí mismo.

-Eres su mayordomo, entonces.

-Sí, en un sentado desquiciado lo soy.- Movió unos botones en su guitarra. –Acompáñeme, por favor.

Rasgó las cuerdas y un sonido estridente aturdió mis oídos, caí de rodillas y sin estar segura de lo que estaba sucediendo, perdí absoluto control sobre mi cuerpo. La mujer me cargó sobre su hombro y vi cómo el suelo que antes pisaba se perdía bajo nuestros pies.


El interior de la fortaleza era oscuro y húmedo, sentí un escalofrío recorriendo mi espalda cuando entendí que el único sonido que percibía era mi respiración jadeante. Avancé entre la oscuridad, iluminando el vasto camino con una leve luz de ectoplasma en mi mano, no lograba ver más allá de unos contados metros, me encontré atravesando un sinfín de pasillos que se asemejaban más a un laberinto que a un antiguo castillo.

Danny.

Dijo una voz en susurro, me alarmé pero me obligué a encontrar la fuente de la voz, ya que posiblemente sería a quien yo debía enfrentar.

Danny.

Llamó de nuevo. Ya no hubo necesidad de iluminar el camino con mi mano, había una extraña luz azul al final del pasillo. Conforme me acercaba, la luz cobró forma y se asemejaba a una incandescente llamarada de azul claro. Avancé, y la llama era el cabello de una fantasma de negro que posó sus penetrantes ojos en mí. Estaba sentada en lo que parecía ser un antiguo trono y sonreía maliciosa mientras pasaba hábilmente los dedos por una guitarra que sostenía en su regazo. Un punteo frenético y descontrolado se escuchaba a bajo volumen.

-Danny Phantom.- Declamó, era una voz melodiosa. -¿Sabías que en la antigua Grecia se les acusaba a las sirenas de monstruos sin alma? Atraían a los marineros con su canto irresistible y hacían sus barcos naufragar. Parece que la sirena hará que tu barco se hunda.

-He de inferir que la sirena no sabe que éste marinero no navega un barco por primera vez.- Seguí el juego de palabras.

-Lo sé, pero la sirena es tanto o más poderosa que el marinero.

-Entonces tú eres…

-No, la sirena siempre tiene el papel secundario. Yo jugaré contigo mientras mi amo se divierte con tu ama.

Curvó sus labios en una sonrisa macabra. Me sentí estremecer, no a causa de su sonrisa sino por la ira y preocupación que me invadieron: ¿qué tenía que ver Sam en todo esto? Apreté los puños iracundo, imágenes de nuestra última noche y unas cuantas que jamás había visto y esperaba no hacerlo se mezclaron en mi cabeza mientras contemplaba a la ego centrista fantasma, quien se reía de algo que yo no entendía hasta que me escuché jadeando estrepitosamente…la cólera me nubló el pensamiento.

-No te alteres, así la pelea será menos divertida.

-¿Dónde está Sam?- separé las palabras, hablando despacio, intentando controlar el tono.

-¿Y por qué debería decírtelo?

-¡¿Dónde rayos está?!

-¿Te importa mucho verdad?- Sonrió y negó con la cabeza. -¿En qué momento las mascotas pudieron amar a sus amos? Ese es un privilegio que a mí se me ha negado.

-¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Dime dónde está!

-Oblígame.

-No tengas duda de que lo haré.

-Bring it on, dipstick.- Susurró y ambos nos abalanzamos con furia, acortando la distancia.


Continuaba inmóvil, iracunda y frustrada sobre el suelo de la enorme habitación, era semejante a estar en el centro exacto de una antigua catedral abandonada, sucia, oscura y húmeda que era el escenario típico de una de esas películas baratas de terror. Suspiré, de nuevo, y en vano intenté mover mis manos esperando deshacerme de las ataduras que las mantenían sujetas al piso. Nada.

¡Con qué facilidad había terminado en el escenario perfecto para mi muerte!, debería inquietarme, pero lo cierto es que estaba más consternada por los muertos de fuera que por mi vida propia. Y por Danny. Habían pasado un par de horas y no había señal alguna de él. Y era aún más angustiante porque mi corazón latía desbocado mientras recordaba lo que había pasado con él, tan idílico y perfecto. Sentí náuseas ante la idea de perderlo, no…no podía, si antes había existido duda alguna sobre él, hoy ya no era así: lo amaba.

-La psicología humana es fascinante.- Dijo una voz, yo la identifiqué de inmediato. El fantasma de rostro verdoso se paró junto a mí y bajó el rostro para mirarme. –Toda su vida sienten un pánico innato a morir, el miedo que justifica muerte y cobardía. El pánico desaparece cuando sentimientos cálidos les invaden. No logro comprenderlo.

Continuaba sin poder moverme, permanecí en silencio contra mi voluntad, sintiendo la sangre hervir en mis venas.

-¿Cómo es posible que la gran y gloriosa Samantha Masters se haya rebajado al nivel de un híbrido mitad fantasma?- Mi rostro se sintió despertar, un gesto de sorpresa me invadió. -¡Oh sí! Nada me pasa desapercibido. ¡Qué angustiante debe ser estar ahí tendida mientras el híbrido está peleando por su vida unos pisos más arriba!

Un quejido brotó de mi garganta sin éxito escuchándose como un hueco "mmmm" en medio del sonido omnipresente de su risa. ¿Por su vida?, ¿en qué clase de situación estaba Danny? ¡Maldita sea!, el pulso acelerado se aturrulló en mis oídos, fue difícil continuar escuchando al sujeto.

-¿Sus estudios habían revelado que los fantasmas somos sensibles a las sensaciones humanas?- No, no lo habían hecho… -Es una comparación poco placentera pero adecuada: somos como animales, percibimos el miedo, la alegría, la tristeza…el deseo…- Se agachó y me miró con una sonrisa que no supe interpretar. –Cada vez que menciono al híbrido su cuerpo reacciona de forma instintiva…libera endorfinas. Supongo que no debería extrañarme luego de la noche anterior.

¿Qué tenía este sujeto que lo sabía todo? Me sentí iracunda y ofendida por igual, cerré mis párpados y fruncí el ceño como el único gesto de ira que podía expresar, no era placentero escuchar que un fantasma percibía mis estados de ánimo…y mucho menos aquel. El fantasma puso su gélida nariz bajo mi quijada, abrí los ojos, sorprendida, inhibida, dubitativa.

-¿No es la ironía divertida?- Susurró, me estremecí ante el frío de su aliento. –Cuando nos vimos por vez primera preguntó mi nombre. Es divertido saber que se parece al nombre de su mascota. Me llamo Dan. Un placer, señorita Masters.

Comencé a hiperventilar por el miedo. Estaba sin armas en medio de una habitación enorme, inmovilizada, tirada sobre el suelo y atada, en algún sitio Danny peleaba por su vida en condiciones que lograron incrementar el miedo y tenía a un fantasma poderoso e impredecible respirando sobre mi cuello, con el instintivo deseo de matarme.

-¡Qué empiece la fiesta!- Gritó y el oído me dolió. Sentí su mano sobre el lugar en el que me había herido, presionó con fuerza y fui yo quien gritó ahora a causa del dolor. Presionó más fuerte.


-¿Danny?- Llamó. -¿Danny, estás bien?

-¿Uh?- Abrí los ojos y vi su mirada violeta posada con preocupación sobre la mía. –Sí, estoy bien.

-No es un buen lugar para perder la consciencia, Danny.

-Lo lamento, he estado algo absorto. ¿Decías?

Suspiró enojada. –Te decía que posiblemente me tome unas vacaciones…y que quiero que vayas conmigo…

-Sam…¿estás segura? No me parece prudente que…

-Aquí la jefa soy yo.- Se mofó y cruzó las manos sobre la mesa. –Danny, es en serio, no puedo continuar con esto, necesito un descanso.

-Bien, en dado caso deberíamos conseguir a alguien que se encargue durante nuestra ausencia, no es seguro dejarlo en manos de los operarios internos.

-Estoy consciente de ello, pero nos encargaremos luego. ¿Qué dices, vienes conmigo?

La idea de pasar unos cuantos meses alejado de todo, con ella, sin nada más que hacer que disfrutar de la compañía mutua, posiblemente en una playa…se me antojó increíblemente tentadora y la sonrisa que se tejió sobre su rostro me dijo que ella pensaba lo mismo.

-Te dejaré escoger el destino.- Guiñó un ojo.

-Hecho.

-¡Me alegra tanto escuchar eso!

En ese instante llegó el mesero con la carta de vinos y cada quien tomó la suya. El sujeto calvo se retiró y al seguirlo con la mirada vi la pista del enorme restaurante siendo ocupada por muchas parejas que se disponían a bailar el complicado ritmo de un rock latin-jazz. Miré a mi acompañante con picardía y con una sonrisa curiosa, llena de pánico y expectativa, negó con la cabeza repetidas veces. Me levanté, cruce la mesa y le extendí la mano.

-¿Quieres bailar?

Sonrió abiertamente y aceptó mi invitación tomando mi mano con la suya. El contacto lo sentí como estática y cuando ella me miró con la respiración agitada, entendí que lo había sentido también. Caminamos hasta la pista y pasó sus brazos tras mi cabeza mientras le tomaba por la cintura, nos deslizamos al ritmo de la música, empezando como un gesto inocente de confianza, convirtiéndose en una fiera competencia por hacer sucumbir al otro.

Movió sus caderas con desdén a propósito, imprimió fuerza en el ritmo de su paso haciéndome caminar hacia atrás. Sonrió victoriosa. Puse mi frente contra la suya y era yo ahora quien le obligaba a retroceder bajo mi paso. Se deshizo de mi abrazo y aferrándose a una de mis manos dio un par de vueltas antes de regresar a mí y estrellar su mano libre en mi pecho con fuerza. Me miró y deslicé mis manos de nuevo a sus caderas, entre ellas se dio la vuelta y las tomó entre las suyas, deslizándolas desde el torso hasta lo bajo de su cintura mientras se movía al ritmo de la música.

La giré de frente y llevé mi mano derecha a su pierna izquierda, levantándola por la rodilla, retiró mi mano con brusquedad y la ubicó sobre su hombro, todo parte de un juego de pasos que se ajustaban perfectamente a la música. Y en medio de ese roce de fuego, en el que solo era consciente de su cuerpo jugueteando con el mío, una canción de escasos minutos se convirtió en una sinfonía de horas.

Bajé mi rostro y le besé con desespero, un pequeño y casi inaudible gemido brotó de su garganta mientras regresaba el gesto con igual necesidad. Nos separamos y respirando agitadamente, notamos que, además de haber terminado la canción, las parejas que habían danzado a nuestro alrededor nos habían dado espacio para convertirse en una audiencia que aplaudía a unos aparentes bailarines profesionales.

-¿Podemos ir a Hawaii?- Pregunté y ella asintió sonriente.

Continuará.


"Bring it on, dipstick" Lo siento, tuve que ponerla en inglés D:

Por si a alguien le interesa, la canción del final es "Smooth" de Carlos Santana ft. Rob Tomas, una de mis favoritas, y bastante interesante, por alguna razón ahora que la escucho, siempre pienso DxS...

Tenía que escribir algo más sobre esos dos, lo siento tanto, no pude contenerme...aunque sé que eso no les desagrada XD

Un abrazo.