Avatar: la leyenda de Aang no me pertenece, solo escribo por diversión sin fines de lucro

Este capítulo lo quiero dedicar a mi esposo y a mi amigo Charly. Gracias por sus consejos, me fueron de mucha utilidad =D

Capítulo 11

Antes de que saliera el primer rayo del sol, Aang ya estaba listo. En realidad no pudo dormir mucho, estaba muy inquieto para lograrlo, se dirigió al comedor esperando a que los demás llegaran. Cuando entró Hakoda seguido de Sokka, se saludaron con una inclinación de cabeza. A los pocos minutos llegó Zuko con un pergamino en la mano.

-Acabo de recibir noticias de mi tío Iroh, dice que ha encontrado a un gran número de personas que no están de acuerdo con lo que está haciendo mi padre y nos van a apoyar. Se colocarán en partes estratégicas tanto en el muelle como en las inmediaciones del palacio.

-Esa es una gran noticia- le dijo Aang –Nos será de gran ayuda para que esta invasión sea exitosa y podamos rescatar a Katara sin que salga herida.

-Esa debe de ser nuestra prioridad- dijo Hakoda con seriedad.

-Todos estarán en posición en cuanto lleguemos, así que no tendremos muchas dificultades.

-Aún así debemos estar preparados- dijo Sokka con seriedad –no quiero que nos tomen por sorpresa- su voz se quebró un poco al final. Hakoda le puso una mano en el hombro en señal de apoyo.

Cuando todos estuvieron reunidos, se dirigieron a los muelles, los barcos ya estaban listos en cada uno iban dos maestros agua para apresurar el paso, los pocos que quedaban al final se asegurarían de resguardar el puerto. Zarparon, Aang estaba impaciente, hubiera querido volar en Appa para llegar antes, pero ya lo había discutido con Sokka, Zuko y Hakoda y estaban de acuerdo en que era una mala idea, lo único que lograría sería alertar al enemigo. Se sentó, lo más alegado que pudo de la tripulación, en posición de loto para meditar y así tranquilizarse. Funcionó, pasadas varias horas escuchó el grito de "Tierra a la vista" se levantó de inmediato. La entrada a la Nación del Fuego se elevaba ante ellos imponente, con dos dragones de cada lado, Aang esperaba que en cualquier momento las alarmas sonaran y se levantara la malla que impedía el paso a los que se atrevían a entrar sin buenas intenciones.

-Al parecer mi tío y sus aliados lograron tomar el control de las torres vigías- le dijo Zuko a sus espaldas.

-Me alegró de que así sea, mientras más tarde se den cuenta de que estamos aquí será mejor para nosotros.

Llegaron a los muelles y comenzaron a descender, los hombres se formaron. Aang estaba aparte con Toph, Sokka, Zuko, Hakoda, los generales Fong y Sang; ellos eran el grupo que entraría al palacio para rescatar a Katara mientras que los demás aseguraban la zona y evitaban que más soldados de la Nación del Fuego entraran a él.

Un grupo de personas se acercaba corriendo, todos se pusieron alerta y esperaron el ataque, Zuko, que estaba adelante, grito:

-¡Son nuestros aliados!- corrió a encontrarse con su tío, se abrazaron brevemente -¿Cómo están las cosas, tío?

-Aún no han salido las tropas de los cuarteles, pero sonó una alarma cuando entraron, de algún lado vieron que se acercaban, pero no tardaran en salir, eso nos dará tiempo de adentrarnos, espero que la batalla comience a las puertas del palacio.

-¿Mi padre está en el palacio?

-Sí, los vigilantes que estaban ahí, lo confirmaron.

-No perdamos tiempo y comencemos a avanzar- dijo Hakoda.

Las tropas comenzaron a avanzar, todos estaban alerta. Afortunadamente no hubo ningún incidente, la gente cerraba sus ventanas en cuanto pasaban, incluso los comercios estaban cerrando.

Ya se podía vislumbrar el palacio, cuando una gran bola de fuego surcó el cielo. Los maestros tierra lanzaron grandes trozos de piedra, los maestros agua formaron sus látigos, preparados para entrar en acción; y los no maestros, como Sokka y Hakoda, desenfundaron sus espadas.

-¡Debemos estar preparados!- grito Sokka –en cualquier momento aparecerá el ejercito del Fuego.

No pudieron avanzar demasiado, los soldados maestros fuego llegaron. La batalla comenzó, al parecer estaban igualados en número y habilidades. Las piedras salían disparadas en contra de los tanques lanza llamas, que llegaban. Los maestros agua, así como los espadachines peleaban con los soldados que llegaban a pie o los que salían de los destrozados tanques.

-Aang, tenemos que abrirnos camino para llegar al palacio- le dijo Hakoda.

-Sí- dijo y lanzó una gran ráfaga de aire que lanzó a los soldados hacia los lados, dejándoles el paso libre.

El grupo avanzó rápidamente, pero no por mucho tiempo, más soldados de la Nación del Fuego les cerraron nuevamente el paso, el Avatar lanzaba ráfagas de aire para que pudieran avanzar, Toph no se quedaba atrás, levantando el piso para que los soldados volaran por los aires y cayeran inconscientes. Zuko combatía fuego con fuego, haciendo retroceder a sus contrincantes. Y a pesar de que Hakoda y Sokka no eran maestros control, se manejaban muy bien con la espada y ya habían dejado fuera de combate a varios soldados. Los generales Sang y Fong se quedaron rezagados, cubriéndoles las espaldas. Aang volvió a lanzar una ráfaga de aire para despejar el camino, esto funciono pero escucho la voz de Toph.

-¡Pies ligeros deja de lanzarme soldados!- le gruñó.

-Lo siento- se disculpo el Avatar y comenzó a utilizar la tierra control, levantó el piso para derribar a los soldados y tener el camino libre.

Avanzaron rápido, ya podían vislumbrar el palacio. Zuko lanzo una gran bola de fuego hacia atrás para eliminar a los soldados que los venían siguiendo. Unos metros más adelante las puertas del palacio se alzaban imponentes, además de que un gran número de soldados las estaban custodiando, al verlos llegar los comenzaron a atacar, a pesar de la diferencia numérica el Avatar y sus compañeros los superaban en habilidades. Aang lanzó una gran bola de fuego a las puertas, fue tan fuerte la explosión que no solo las puertas salieron volando, también parte de las paredes que estaban a los lados, una vez que se disipó el polvo y el humo ingresaron al patio. Por un momento Aang se quedó estático, cerca de la entrada del palacio estaba un globo aerostático y Ozai lo estaba abordando, detrás de él iban algunos soldados custodiando a Katara, escuchó un grito y de inmediato reconoció la voz de la princesa, aunque no pudo entender que fue lo que dijo. Con horror vio como uno de los soldados la golpeaba en la cabeza y quedaba inconsciente. En ese momento reaccionó y echo a correr para alcanzarlos pero el globo se elevó por los aires, tomó el planeador que llevaba amarrado a la espalda, lo lanzó, atravesó el globo, que de inmediato se comenzó a desinflar y a perder altura. Un rayo le impidió seguir avanzando. Volteo a ver a su atacante.

-¿Por qué el gran Avatar se marcha tan rápido?- dijo Azula con ironía, mientras le lanzaba un chorro de fuego azul.

Aang lanzó una ráfaga de aire para desviar el ataque pero la princesa lo volvió a atacar, ahora el Avatar le lanzó una roca pero ella la esquivó con facilidad.

-Aang vete al globo para que puedas rescatar a Katara- le dijo Zuko.

-¿Pero a quién tenemos aquí? Zuzu, estábamos muy preocupados por ti- le dijo en un tono meloso y después le lanzó un rayo, Toph lanzó una piedra que se hizo mil pedazos cuando el rayo la impacto.

-La distraeré para que tú y Toph puedan rescatar a Katara- le dijo Zuko.

-Te ayudaré con ella- se le unió Hakoda.

Azula los volvió a atacar, esta vez fue Aang quien le lanzó una bola de fuego, aunque ella la esquivó, sirvió como distracción para que el Avatar y Toph se acercaran al globo; estaban por llegar cuando los soldados del fuego salieran y comenzaron a atacarlos. También llegó Sokka.

-Espero que seas de ayuda- le dijo Toph, mientras lanzaba rocas a los soldados.

-No subestimes el poder de mi boomerang- acto seguido lo lanzo, dejando fuera de combate a un soldado.

-¡Vaya! Qué bueno que sabes usar ese juguetito.

-Dejen de platicar y ayúdenme- les pido Aang enojado, lo estaban atacando sin piedad tres soldados.

-Eres el Avatar, no me digas que no puedes con ellos.- Se burló Toph.

-No es eso, necesito una distracción para acercarme al globo.

-¿Una distracción?, muy bien- dijo Sokka – ¡Señorita "yo lo puedo todo"! hazte cargo del soldado de la izquierda, yo me ocupo de los otros dos.

-¡¿Qué?!- respondió Toph, indignada ¡yo puedo con los tres!

-¡Basta!- les dijo el Avatar molesto- esto es urgente. Toph inmoviliza a los dos de la izquierda, Sokka noquea al de la derecha.

Así lo hicieron, ya con el campo libre Aang se acercaba al globo con cautela, antes de llegar a la puerta una explosión lo lanzó de espaldas varios metros, gracias a su aire control resultó ileso.

Del globo salió Ozai, llevaba a Katara agarrada por el cuello con un brazo.

-¡Suéltala!- le demandó el Avatar.

-No estás en posición de exigir nada- le respondió el Señor del Fuego con soberbia.

-El que no está en posición de pedir nada eres tú- le dijo Sokka con furia contenida.

-Veo que has traído compañía- le respondió con burla Ozai.

-Ríndete, no tienes escapatoria- intervino Toph.

-¿Rendirme? Esa es una palabra que no existe en mi vocabulario, sucia maestra tierra.

-¿Cómo me has llamado pedazo de...?

Aang la tomo del brazo y le dijo.

-Contrólate por favor, puede herir a Katara.

Toph apretó los puños con fuerza, intentando controlarse.

-¿Lo ves? No puedes exigirme nada.

Aang también apretó los puños, furioso y sintiéndose impotente, no podía hacer nada mientras tuviera en su poder a la princesa.

-Quítense de mi camino o ella pagará las consecuencias.- dijo dando unos pasos hacia adelante.

-¡No, no lo dejes ir!- le dijo la princesa con voz estrangulada.

-¡Cállate!- le dijo el Señor del Fuego mientras le apretaba más el cuello.

-¡No la lastimes!- le pidió Aang y se alejo unos pasos.

-Sokka- dijo Katara moviendo los dedos de una forma extraña.

-Tendremos que dejarlo ir- dijo Sokka, entendiendo lo que le decía su hermana a señas.

Aang y Toph se sorprendieron de que se rindiera tan fácil.

-¡Están locos!- dijo la maestra tierra con incredulidad –es nuestra oportunidad de terminar con la guerra. ¡Podemos vencerlo!

-Antes de que den un paso, esta linda princesita estará frita- amenazó Ozai formando una daga de fuego con su mano libre.

Ante el temor de que cumpliera su amenaza, Aang tomó del brazo a Toph para dejarle el camino libre. Sokka también se hizo a un lado. Ozai dio el primer paso y con un rápido movimiento Sokka le lanzó su boomerang, este paso detrás del la cabeza del Señor del Fuego.

-¡Qué guerrero más asombroso!- se burló con una carcajada. Justo en ese momento el boomerang regresó y le pegó en la cabeza, aturdido soltó a Katara, dando unos pasos hacia atrás.

Aang aprovechó la oportunidad, le lanzó una ráfaga de aire que lo lanzó varios metros atrás. Katara corrió hacia donde estaba Aang.

-¡¿Estás bien?!- le preguntó el Avatar con ansiedad.

-Sí, un poco adolorida de la cabeza pero no es de gravedad.

Sokka se acercó a ella. Sin decirse nada la abrazó.

-¡Cuidado!- gritó Toph, Ozai les lanzaba una gran bola de fuego.

Aang respondió el ataque con una gran roca. Ozai le lanzó un rayo que hizo añicos la piedra, seguido de una gran bola de fuego, esta vez el maestro aire uso también el fuego para combatirlo, además de lanzarle piedras. Después de unos minutos el Señor del Fuego se veía algo cansado pero no paraba de luchar.

-¡Ríndete! Ya no tienes alternativa.

-Siempre hay una alternativa.

-Esta vez no, padre- le dijo Zuko que se acercó con paso lento pero con la determinación en los ojos. Se veía agotado y tenía la ropa algo quemada.

-¡¿Tú?!- gritó Ozai con asombro- ¿Cómo es posible que me traiciones? ¿Qué me deshonres?

-Creo que tenemos diferentes formas de ver el honor- le respondió el príncipe con calma –yo soy el que se siente deshonrado por todas las atrocidades que has hecho, las muertes que has provocado.

-Veo con tristeza que no entiendes cómo funciona el mundo.

-No, tú eres el que no entiende y ahora tienes que pagar por ello.

-¡No me podrán vencer!- afirmo.

-Ya lo hemos hecho, tu ejército ha sido derrotado por las Tribus Agua y el ejército de Ba Sin Se.

-Aún me queda Azula.

-No, ya no.- Zuko señaló hacia las puertas del palacio donde se encontraba Azula inconsciente.

-¡Imposible!- grito el Señor del Fuego.

-Ríndete. Volvió a decirle Aang.

-¡Jamás!- exclamó –si no puedo salir de esta, ustedes tampoco lo harán- dijo con demencia y comenzó a formar un circulo de llamas a su alrededor, con cada movimiento de sus manos crecía más y más.

-¡Tenemos que salir de aquí!- Urgió Zuko

-¿Qué está haciendo?- preguntó Aang mientras se alejaban.

-Es una vieja técnica llamada el fénix, la explosión arrasará con todo a varios kilómetros a la redonda.

Aang se detuvo al escuchar esto. Katara se dio cuenta.

-¿Qué pasa?- le preguntó ansiosa.

-Ve con los demás y avísenle a todos los que puedan para que se pongan a salvo, yo trataré de contener la explosión.

-¡¿Tú qué?! No puedo dejarte aquí. Si tú te quedas yo también.

El Avatar sabía que no había tiempo para discutir.

-Sokka llévatela- ordenó.

El príncipe de la Tribu Agua obedeció, tomó a Katara por un brazo, pero ella se resistió, así que la tomó por la cintura para cargarla en brazos.

-¡No, Aang!- gritó la princesa.

-Toph, cuando escuches la explosión forma un domo para protegerse todos.

-Bien.

-¡Suéltame Sokka! ¡Aang! ¡Aang!- grita la maestra agua mientras Sokka la alejaba.

El Avatar cerró los ojos un segundo, le desgarraba el corazón escucharla. Quería correr hacia ella y abrazarla para que no sufriera. Pero su deber era protegerlos a todos.

Cuando abrió los ojos estaban brillando, al igual que sus flechas. Con un movimiento de sus manos formó una burbuja de aire y se elevó varios metros. Comenzó a jalar rocas y agua, tal vez de un río subterráneo, formando un domo alrededor del palacio. Se produjo la explosión, a pesar del domo, volaron enormes piedras; todo se oscureció debido a la nube de polvo que se formó.

Afortunadamente los soldados, prisioneros y todos los que participaron en la batalla lograron alejarse del palacio un poco. En cuanto Toph sintió la explosión formo una especie de domo para protegerse de las piedras que estaban cayendo.

Cuando el polvo se comenzó a asentar Katara salió corriendo en busca de Aang, el corazón se le fue a los pies, ella pensaba verlo parada cerca de donde había estado el palacio pero no había rastro de él. Comenzó a correr, aunque era difícil a causa de los escombros que había por todos lados.

-¡Aang! ¡Aang! ¿Dónde estás?- comenzó a gritar cuando reconoció un poco el lugar donde se quedó el Avatar. No obtuvo respuesta, siguió buscando, intentando remover escombros – ¡No puedes hacerme esto! ¡No puedes dejarme!- rogaba mientras las lagrimas rodaban por sus mejillas.

Y de repente vio algo anaranjado que sobresalía entre las rocas, se acercó deprisa y comenzó a mover las rocas. Ahí estaba Aang inerte.

-¡No, no puede ser! ¡Aang, por favor reacciona!- le decía mientras lo tocaba suavemente, no quería moverlo por si tenía algún hueso roto. Necesitaba agua con urgencia. Como por arte de magia alguien le tendió una cantimplora, al voltear vio a su padre. Sin perder más tiempo sacó el agua y la giró entre sus manos, esta comenzó a brillar, la paso por el agua por todo el cuerpo revisando que no tuviera alguna herida. No entendía lo que pasaba, no tenía ninguna herida evidente, pero no reaccionaba.

Lentamente se acercó a él, lo beso suavemente en los labios y le susurro.

-Vuelve a mí... por favor- una lágrima rodo por su mejilla y cayó en la cara del maestro aire, un resplandor comenzó a surgir donde la gota cayó y se expandió por todo su cuerpo. Y así como empezó, termino.

Todo parecía normal, aparentemente no había ningún cambio en Aang.

-Katara- dijo en un susurro sin abrir los ojos.

Ella comenzó a reír y a llorar, lo abrazó y volvió a besarlo en los labios.

-Aquí estoy, mi amor- le susurró cerca de los labios.

Lentamente abrió los ojos, de inmediato hizo contacto con los de la princesa.

-Pensé que te perdía- le dijo ella aún llorando.

El maestro aire levantó una mano y le acaricio la mejilla.

-Hare hasta lo imposible por estar contigo- le susurró.

Katara lo volvió a besar, acto seguido se volvió hacia su padre.

-Necesitamos llevarlo a un lugar seguro para que descanse y se reponga.

-Por su puesto- dijo Hakoda – lo podemos llevar a algún barco, están intactos y ahí podrá descansar.

Con la ayuda de varios hombres lo llevaron hacia el barco para que descansara, la princesa pensaba que no estaba herido más bien estaba agotado.

Desde el momento en que lo depositaron en la cama de un camarote, se quedó dormido. La maestra agua no se separó de él ni un instante, constantemente lo tocaba para asegurarse de que no tenía temperatura y de que respiraba adecuadamente.

A la mañana siguiente, Aang abrió los ojos, aún se sentía cansado pero ya estaba mejor. Estaba un poco desorientado, lo último que recordaba era que había contenido la explosión provocada por Ozai entrando en estado Avatar, después de eso todo le parecía confuso, aunque recordaba muy bien que Katara lo encontró, lo besó y lo llamo "mi amor". Este recuerdo lo hizo sonreír.

-Veo que ya estas mucho mejor- dijo la dueña de sus pensamientos.

-Sí, gracias a ti- le sonrió dulcemente e intentó incorporarse en la cama pero un ligero mareo lo detuvo.

-No debes esforzarte, aun no recuperas tu fuerza- le dijo mientras lo ayudaba a sentarse, recargándolo en la cabecera de la cama. –Traigo tu desayuno, debes de alimentarte bien.- Acercó un plato con fruta y comenzó a dárselo en la boca.

Aang estaba muy enternecido, no recordaba que nadie lo haya cuidado con tanto esmero. Una vez que termino de desayunar, la tomó de las manos.

-Gracias, por salvarme de nuevo.

A la maestra agua se le hizo un nudo en la garganta al recordar esos terribles momentos, cuando pensaba que lo había perdido para siempre.

-No tienes nada que agradecerme, tú nos salvaste a todos- le susurró, para que no se le quebrara la voz.

-Es sorprendente como en un año te has convertido en la persona más importante de mi vida- continuó él, con voz firme –quiero preguntarte algo.

-Dime.

-¿Quieres casarte conmigo?

-¡¿Qué?! Pero si ya estamos comprometidos.- lo miro atentamente, intentando descubrir algún signo de que se sintiera mal.

-Pero eso no vale, quiero que te cases conmigo por amor no por mero compromiso- hizo una pausa para aclararse la garganta –Por qué yo... Te amo con todo mí ser.

Katara se quedó sin aliento por unos segundos, todo parecía tan irreal. Un día antes sufría al pensar que lo había perdido y ahora Aang le decía que la amaba.

-¡SÍ, mil veces sí! ¡Yo también TE AMO!- le respondió la princesa con alegría.

Sellaron su declaración con un beso lleno de amor. Haciendo un nuevo compromiso pero ahora por amor. Sin importarles el tiempo que tardara el mundo en volver a la calma, ni el trabajo que tendrían que hacer para que se sanaran las heridas que esa breve guerra había dejado. Ni los tediosos juicios a los que tendrían que asistir para que aquellos involucrados tuvieran un castigo justo.

Lo único que importaba en ese momento es que estaban juntos y su amor les ayudaría a afrontar todo lo que viniera.


Nota de la autora: Mil disculpas por el retraso de este capítulo, mi musa se fue de vacaciones y regreso bastante floja :P

Bueno este es el último capítulo de esta historia, pero todavía falta el epílogo. Ya estoy trabajando en él y espero que a más tardar en 15 días lo publique.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado y merezca un review =P

Maya: Gracias por leer y comentar. A mí también me encanta Aang, y sí este es el último capítulo =(

También quiero agradecer a todos los lectores anónimos por leer, y a los que tienen cuenta ya les respondí si no es así por favor avísenme =D

Nos leemos en el epílogo, los quiero =)