Gracias a todas/os por vuestros comentarios, me dais fuerza con ellos a seguir adelante, ya que soy nueva aquí aún creo que tengo que ganarme el respeto de todas las lectoras y escritoras habituales, pero espero conseguirlo.
Me alegra que os esté gustando la historia, yo la estoy escribiendo con todo el amor que a mi me la contaron. Para mi hoy viene uno de los capítulos más especiales ya veréis por qué jejejeje. Este el Bella POV, el Edward POV vendrá después. Siempre lo hago así porque la visión de ella es para mi la más cercana.
Capítulo 9. Un día de sorpresas (Bella POV)
Esa mañana era distinta, quizás porque había dormido bien, porque no recordaba sus pesadillas o porque el sol volvía a brillar, aunque por la hora lo hacía tímidamente, se veía que sería un día de sol, no lo sabía bien, pero Bella se sentía diferente, se sentía... feliz. Se levantó rápidamente y se fue a la ducha, de nuevo era muy temprano así que se duchó y se vistió con unos pantalones vaqueros y un fino jersey de lana azul de cuello vuelto (cuello cisne) y manga larga. Se paseó por la habitación, no quería pintar, ni jugar con los juguetes, así que cogió a Leticia y sacó de dentro de sí todo el valor que podía y abrió la puerta de su habitación, decidida a hacer lo que estaba rondando por su mente desde que había despertado.
Cuando estuvo fuera cerró suavemente y se dirigió a la habitación de al lado... Cuando hubo recorrido los tres pasos que los distanciaban llamó suavemente a la puerta y esperó... pasaron unos segundos eternos antes de que la puerta se abriera despacio. Ante ella un adormilado Edward apareció, vestido en un pantalón largo de chándal gris y una camiseta muy ancha azul oscura. Bella pensó que parecía un angelito recién caído del cielo, se lo imaginó durmiendo en una nube y cayendo de repente, por eso el cabello lo tenía tan alborotado.
Al principio Edward miraba al frente con los ojos entrecerrados y eso provocó que no viera a la pequeña pero al bajar la vista sus ojos se abrieron como platos y miró como una curiosa pequeña le observaba en silencio y con timidez. Bella no sabía que hacer, había reunido valor para ir hasta allí pero ahora no sabía que hacer. De repente el miedo la volvió a paralizar, abrazó fuerte a Leticia antes de que su miedo se la llevara de allí y con voz apenas audible susurró:
- Buenos días.
- Buenos días. - Respondió Edward anonadado. - ¿Quieres pasar? - Bella miró hacia arriba a los ojos de Edward y negó lentamente con la cabeza. Una cosa era ir a hablar con él y otra encerrarse en un cuarto, para eso no estaba preparada.
- Sólo quería... preguntarte una cosa... si hoy... si hoy también vendrás tarde o... o... o vendrás pronto para tocar el piano. - Lo dijo despacio, dejando que las palabras salieran despacio y en voz baja, casi en un susurro, de sus labios y provocando, de manera involuntaria, que sonaran tan dulces como la miel.
- Me temo que llegaré tarde - dijo Edward pensativo - pero te prometo que haré lo imposible por llegar lo antes posible, tengo que ensayar para mis conciertos y me encanta tenerte como público.- Edward habló bajito, con miedo de asustarla y sin hacer ningún tipo de movimiento, había colocado de manera automática los brazos a sus lados con las palmas hacia el frente.
Después de esto Bella lo miró y le sonrió. Asintió con la cabeza y se fue hacia su cuarto, sin decir nada más, dejando a Edward parado en su puerta. Cuando se encerró de nuevo en la habitación rosa, una sonrisa bien grande se formó en su cara. Se abrazó a Leticia y comenzó a danzar por toda la habitación. Bella despreocupada y feliz no fue consciente de lo que dejó tras ella... sólo pensaba en que Edward le había dicho que le gustaba que ella le escuchara y bueno, hoy sabía, que volvería tarde pero cuando volviera tocaría de nuevo para ella.
El comienzo de la mañana fue como otro cualquiera, Esme entró a darle los buenos días a Bella, luego se fue a hacer el desayuno a sus hijos y a Carlisle, cuando éstos se fueron subió de nuevo a por Bella y ambas bajaron a desayunar. Desayunaron tranquilamente y comenzaron con las clases. Bella a pesar de haber hablado con Edward todavía no quería hablar con Esme, sentía que cuanto más tiempo tardara en sacar su voz con ella, más tiempo pasaría antes de que quisiera que le contara todo lo que ella ahora mismo no quería hablar.
Un poco antes de la hora de comer unos golpes en la puerta del despacho de Esme hicieron que Bella se tensara. Cuando Esme abrió la puerta era Carlisle el que apareció detrás. Bella se puso rígida sabía que era lo que iba a hacer, se lo había dicho en el hospital. Pasados unos días tenía que volver a revisarla.
- Buenos días Isabella, hoy nos toca revisión, así que vengo a preguntarte si quieres que la hagamos aquí en casa o prefieres que vayamos al hospital. - Dijo tranquilamente y con voz pausada Carslile.
Bella odiaba los hospitales así que cogió su pizarra y escribió
-Prefiero aquí, con Esme.
Carslile asintió con la cabeza y les dijo a ambas que subieran a la habitación, que en unos minutos él se acercaría. Esme cogió de la mano a Bella y se la llevó a la habitación Rosa. Una vez que llegaron allí Esme le dio un albornoz de color rosa muy bonito y le dijo que se lo pusiera. Bella suspiró y tembló un poco ante la idea de volver a exhibirse. Sabía que era médico pero aún así el contacto le producía auténtico terror.
Se fue al baño y se quitó la ropa, se puso el albornoz y lo ató lo mejor que pudo. Salió a la habitación y allí se encontraban Esme y Carslile, que a pesar de estar en su casa se había puesto la bata de médico. Esta vez en la bata vio que había mariposas azules cosidas y varias piruletas que sobresalían del bolsillo superior. La visión de de las mariposas y las piruletas fue algo que relajó un poquito a Bella. Bella se acercó hacia Carslile quien le indicó que se tumbara en la cama. Cuando se tumbó agarró a Leticia fuertemente y dejó que Carslile hiciera su trabajo.
Carslile comenzó con la exploración, miró primero sus moratones que parecían desaparecer rápidamente, oscultó su pecho para comprobar que no había catarros, miró sus oídos, tomó su temperatura y finalmente comenzó a ver sus zonas más íntimas para comprobar que las heridas iban curando. Observó que los puntos cicatrizaban bien, que todo parecía volver a tomar su forma y color... y tapo a la pequeña mientras con una sonrisa le ofrecía una piruleta azul. Bella la cogió y sonrió.
- Sabes? Las piruletas azules eran las preferidas de mi hija Leticia. - Dijo Carslile despreocupadamente mientras Esme se tensaba a su lado. Leticia? pensó Bella en su cabeza... como su muñeca.
Así que se llamaba así por la hija de Carslile... y de Esme se corrigió ella en su cabeza. Bella volvió a abrazar fuertemente a la muñeca y se quedó pensando en esa niña. Seguro que la habitación era suya, pero porque no había fotos de ella en ningún sitio, porque nadie hablaba de ella y donde estaba esa niña... mil preguntas comenzaron a revolotear por la mente de Bella. Preguntas que pugnaban por salir disparadas, pero sintió por la mirada de Esme que algo no estaba bien, y por tanto no era el momento adecuado para preguntar. Así que simplemente los miró a los dos y esperó.
- Todo está bien Bella, pronto te encontrarás totalmente bien de las poquitas heridas que te quedan. No debes preocuparte. - Dijo Carslile mientras se dirigía a la puerta. Besó a su esposa en la frente y salió de la habitación, de nuevo debía volver al hospital.
- Cariño - dijo Esme de repente mirando a Bella - ¿por qué no te duchas, te lavas el pelo y te lo seco antes de ir a comer? - Bella asintió con la cabeza y dejando suavemente a Leticia en la cama se dirigió hacia el baño, cerrando la puertas tras ella.
Se duchó despreocupada, le gustaba sentir el agua caliente en la piel y en el cabello, le gustaba su champú de fresa, que Esme parece también usaba. A veces se sentía como un pez porque debajo del agua no había inseguridad ni miedo, no había dolor, sólo calma y relajación, sólo el sonido del agua taponando suavemente sus oídos, sólo la espuma del jabón resbalando por su cuerpo. El agua caliente siempre le hacía sentir bien, y las duchas le hacían sentir limpia.
Salió unos minutos después envuelta de nuevo en el albornoz rosa y esperó a que Esme, que observaba sus dibujos, la viera allí. Cuando Esme se dio cuenta de su presencia, se acercó y comenzó a secar el pelo de la pequeña lentamente. Bella sentía como el aire del secador, iba calentando y secando su pelo, sintió como Esme con cariño lo desenredaba. Cuando ya estaba casi seco Esme le preguntó si quería que le hiciera algo en el pelo... Bella cogió su pizarra y escribió:
- Dos trenzas. Gracias :) - Esme sonrió ante la carita que Bella dibujo al lado de sus palabras y comenzó a hacerle dos bonitas trenzas. Cuando acabó las remató con un lazo rosa y uno azul. Bella estaba preciosa con esas trencitas, su cara de corazón quedaba perfectamente definida y algunos mechones más cortos caían por encima de su frente dándole un angelical aspecto.
Tras trenzarle el pelo Esme le dijo que la esperaba en la cocina para comer y la dejó sola para que se vistiera. Bella hoy quería ponerse guapa, se sentía guapa y eso que había pasado por el horrible examen del doctor Carslile. Así que cogió uno de los vestidos que su mamá le había preparado en la maleta. Cogió un bonito vestido Amarillo que llevaba cosidas unas graciosas fresas en un lateral y se puso unas zapatillas de ballet amarillas que hacían juego y así bajó a comer.
Hoy había lentejas y no le gustaban mucho así que tardó más de lo normal en acabar la comida, pero no le importó, hoy no había prisa, Edward le dijo que llegaría tarde, así que podía entretenerse. Cuando acabó de comer era hora de la sesión y se levantó para ir al despacho de Esme. Sin embargo, Esme tenía otros planes, cogió la mano de Bellay se la llevó al jardín del columpio. La sentó en el columpio y de frente empezó a empujarla y a jugar con ella. Bella sentía el vaivén y se sentía feliz, libre... Entonces Esme empezó con sus preguntas, pero en el columpio Bella no podía responder, así que cada vez que Esme le preguntaba, luego paraba el columpio y esperaba a que ella escribiera en la pizarra. De nuevo volvió a preguntarle por sus vecinos, sin centrarse en nadie en concreto pero ella sabía donde quería llegar Esme, aún no podía hablar, él siempre le había dicho que no debía contar nada a nadie, que no debía hablar sobre lo que ellos dos hacían, o la gente se enfadaría con ella y dejarían de quererla. Sólo él la iba a querer... y si eso era verdad y si James tenía razón... era mejor no hablar de ello, además el miedo la invadía cada vez que esos recuerdos llegaban a su mente. Esme empezó a decirle que no debía sentirse avergonzada por lo que había pasado, que no era culpa suya, le preguntó como conoció a James, ella sólo fue capaz de escribir Victoria en la pizarra y para entonces volvió a esconderse en su lugar feliz... no quería recordar cuando Victoria comenzó a ser su niñera, como ella era de mala, como se reía de ella y le escondía sus muñecas favoritas, no quería pensar en cuando trajo a su primo porque ella quería irse con sus amigas, no quería pensar en esos momentos que le hicieron tanto daño...
Cuando quiso darse cuenta ya no estaba en el columpio se encontraba en el despacho de Esme en el sofá de piel cubierta por la mantita rosa y con Leticia a su lado.
- Pequeña mía te desmayaste... lo siento, no quise hacer que sufrieras pero tenemos que sacar lo que llevas escondido... no te preocupes... lo haremos lentamente y no hablaremos de ello hasta que te sientas preparada. De hecho mañana vamos a saltarnos nuestra sesión y nos iremos de compras... vamos a comprarte algo de ropa nueva, que la ropita que tienes se te está quedando pequeña. - Esme sonrió y le acarició la mejilla dulcemente, de pronto Bella sintió que eso era lo que hacía su madre y en la pequeña pizarra escribió - Mamá y papá? - Miró a Esme esperanzada esperando que le dijera que pronto irían a por ella.
- Cariño tu mamá y tu papá tienen el teléfono roto, Carslile ha ido a verles y ellos han prometido que te escribirán para contarte como están. Quieren que te pongas pronto buena y saben que tiene que ser aquí lejos de ellos de momento, pero te echan mucho de menos y le dijeron a Carslile que te dijera que te quieren con locura y que se acuerdan de ti todos, todos los días y a todas, todas las horas.
Bella suspiró resignada. Si sus padres pensaban que eso estaba bien, estaría bien. Vaya ahora se les había roto el teléfono, seguro que su mamá lo había tirado al suelo de nuevo mientras limpiaba, Bella pensó en lo despistada que era su madre y sonrió por ello. Esa sonrisa hizo que Esme se calmara. Había estado casi una hora desmayada, ida más bien, eso había sido demasiado tiempo. Todavía estaba claro que su mente no aceptaba traer los recuerdos del abuso y el dolor a la parte consciente. Bella parecía tener ese mecanismo de defensa, encerrarse dentro de ella y dejar de sentir.
Entre unas cosas y otras se habían hecho casi las seis de la tarde, así que Bella le pidió a Esme ver la tv. Esme sabiendo que era una excusa para ir al salón, la cogió en brazos como el bebé que todavía era y la llevó al sofá de la sala. Le encendió la televisión y le puso los dibujos de princesas. Mientras ella se fue a ordenar cosas de la casa, sabía que cuando Edward llegara sería el momento de la música y de ellos dos y no quería molestar. Además parecía que hoy Bella no estaba demasiado inquieta por la tardanza de Edward, y eso tranquilizó bastante a Esme.
Unos quince minutos después la puerta de la entrada se abrió y un sonriente Edward apareció tras ella. Bella observaba desde el sofá, se había puesto de rodillas encima de él para poder ver la puerta y miraba con otra sonrisa como Edward iba entrando.
- Buenas tardes Bella. Buenas tardes mamá! - chilló un poquito. - Cómo has estado hoy? - Preguntó esperando unos segundos respuesta, pero sólo obtuvo una bonita sonrisa. - Has visto? He podido llegar un poquito más pronto y además te he traído un regalo... - Un regalo? pensó Bella emocionada, que sería y porqué un regalo, ella no podía darle nada a él, era demasiado pequeña, eso la atormentó. Su madre siempre decía que no hay que aceptar cosas de extraños, pero Edward era un extraño o no, tenía un gran lío en su cabeza.
Edward se acercó despacio hacia el sofá y en la mesita de café que había frente a Bella depositó una bolsita de tamaño mediano, alargada y de color azul con estrellitas rojas y amarillas. Bella sólo miraba confundida y observaba los movimientos, lentos, que Edward hacía. Cuando dejó el paquete sobre la mesita de café Edward se alejo y se quedó mirando la reacción de Bella.
Bella cuando vio que Edward se había alejado suficiente, bajó del sofá mirando de manera intermitente hacia el paquete y hacia Edward, y se dirigió hacia la mesita de café. Dejó a Leticia a un lado de la mesa y cogió el paquete curiosa. Cuando lo agarró sintió que lo que había en su interior era algo blandito, vio que la bolsita tenía un cierre en la parte superior, la abrió despacio y metió la mano con algo de nervios para sacar lo que su interior se encontraba. Cuando lo tocó reconoció enseguida que era un muñeco y al sacarlo se quedó asombarada. Era un muñeco de trapo del mismo tamaño que Leticia con el pelo de lana marrón y rojo y con un traje en color azul. Cuando el muñeco estuvo totalmente fuera de la bolsa, Bella lo acercó a su cara y lo besó con una ternura tal que no vio una pequeña lágrima que caía de los ojos de su observador. Bella olió el muñeco, y olía a Edward... así que de manera inconsciente dijo...
- Edi!- Cogió a Leticia de la mesa y juntó a los dos muñecos sobre su pecho. - Edi y Leti! que bonitos sois! - Miró a Edward algo dudosa y se acercó de manera lenta con los muñecos bien agarrados. Se paró frente a Edward a apenas unos centímetros y con una mano, haciéndole gestos con los dedos, le indicó que se agachara. Edward se acuclilló despacio y cuando su cara estuvo a la altura de la cara de Bella, ésta le besó con cariño la mejilla mientras que susurraba un gracias al retirarse. Después de esto, se alejó un poco y miró hacia el piano esperando ansiosa su sesión de música.
Edward pareció entenderla y levantándose lentamente de la incómoda posición en la que se encontraba, se puso de pie y se dirigió al piano. Bella por su lado se dirigió al cojín que ahora había detrás del sofá y se sentó con los muñecos en sus brazos a escuchar esa maravillosa música que la hacía sentir en paz, feliz y contenta. Mientras escuchaba la música, observaba a Edward, le veía disfrutar tocando, le veía sonreír en silencio con los ojos entrecerrados y ella se maravillaba del aspecto que tenía con la luz tenue de la tarde que entraba por los grandes ventanales... Se sentía dentro de un lugar mágico.
Bella aprovechó esos momentos para centrarse en sus propios pensamientos. Acarició con suavidad y lentitud los dos pequeños muñecos que tenía en su regazo y de pronto volvió a revivir el besó que hacía unos minutos había dado a Edward. Había sido tan distinto a todos los que había dado anteriormente. Los besos de sus padres eran tiernos y desprendían mucho amor, ella les respondía con besos alegres y llenos de abrazos a la vez... recordaba los besos de la vecina de al lado, la señora mayor que ella llamaba "yaya", eran besos fuertes y algo babosos, eso la hizo sonreír. Y después estaban los besos de él, del vecino, de James... besos rudos, fuertes, en los labios, que le hacían daño, besos dolorosos, forzados que la llevaban casi a la asfixia cuando introducía su asquerosa y apestosa lengua dentro de su boca...
De pronto Bella comenzó a temblar, todos los recuerdos volvieron a su mente, ella sabía que debía pararlos, pero no podía, su cabeza se empezó a aturdir y perder en pesadillas vivaces, en recuerdos horribles que la hicieron comenzar a llorar de manera inconsciente. Ni tan siquiera reparó en que la música había parado no fue consciente de que alguien la levantaba del suelo y la tomaba en sus brazos, no oyó los gritos a su alrededor, sólo lloraba y sentía el dolor... ese dolor que se hizo tan intenso que al final provocó que colapsara.
Cuando volvió a recuperar la consciencia se encontraba en la cama de princesas y unas voces susurraban a su alrededor:
- Mamá, no... no... sé que pasó, yo... yo... sólo tocaba mientras... mientras ella jugaba con sus muñecos, no se... de... de repente... oí un ruido y vi... vi que se había desmayado... yo... yo... no... no lo entiendo... - sollozaba Edward.
- Tranquilo hijo, ella está bien, sólo se ha desmayado, le ocurre cuando pensamientos que su cabeza intenta bloquear, llegan a su mente. No es culpa tuya, ella sólo lo utiliza como defensa. - Dijo Esme dulcemente. - Verás como en breve despierta y está bien. Has hecho bien en subirla aquí, estará más tranquila cuando despierte.
- Mamá... cómo alguien pudo hacerle cosas tan horribles? ella es tan pequeñita, tan dulce...
- Ese chico que le hizo daño está enfermo, no creo que ni fuera consciente de que le causaba dolor a esta pequeña.
- Yo... mamá... yo... siento algo especial por ella... tengo miedo de hacerle daño... de sentir algo que pueda ser malo...
- Cariño, esta pequeña despierta en ti lo mismo que despierta en mi... nuestros recuerdos de Leti. No le des muchas vueltas, además parece que le gustas, no siente miedo a tu alrededor y mira que lindo muñeco le regalaste. Ni desmayada lo soltó. Eso indica que es importante para ella.
- Mamá, tengo que decirte algo... - En ese momento, Bella se movió e hizo un ruido que avisó a su acompañantes de que había despertado. Esme y Edward se volvieron hacia ella y se acercaron preocupados. Esme se acercó por la derecha y Edward por la izquierda de su cama, ambos flanqueando a la pequeña.
- Hola Bella ¿cómo te encuentras? - Preguntó Esme. Bella tenía un poco de dolor de cabeza pero se sentía bien, el aroma de su ropa, la hacía sentirse bien y se dio cuenta de que era porque olía a Edward. En un acto casi reflejo e irreflexivo, se incorporó en la cama, poniéndose de rodillas, y alzó sus brazos para que la cogieran, pero, para sorpresa de sus admiradores, no alzó sus brazos hacía Esme... no... alzó sus brazos hacía Edward. Éste miró a su madre confundido y luego miró a la pequeña, pero no pudo resistir su invitación y la cogió en brazos. Bella acomodó su cabeza en el hueco entre el cuello y el hombro de Edward y respiró tranquila y feliz. Sólo quería oler ese aroma que tanto la relajaba, ese aroma que le hacía olvidarse del mundo y no volver a pensar en nada negativo. Bella cerró los ojos y se sintió en casa.
Esme observaba con la boca abierta toda la escena, desde luego, de todo lo que podría haber pasado por su cabeza, jamás imaginó que Bella reaccionaría así después de uno de sus ataques de pánico. Esme vio lo bien que encajaban ambos, era perfecta esa desigual unión y volvió a ver y sentir ese extraño lazo que antaño había observado entre Leticia y Edward. Ese pensamiento hizo que la pobre Esme se estremeciera y tuviera que sujetarse de los postes de la cama para no caer allí mismo por la emoción que la invadía. Edward mientras tanto sostenía a la pequeña en brazos meciéndola suavemente y tarareando casi en un susurro, sólo para ella, su nana inacabada en el oído.
- Bella ¿te gustaría que cenáramos todos juntos hoy? - Se atrevió a preguntar Esme rompiendo esa mágica atmósfera que se había creado en tan sólo unos minutos. Bella la miró y asintió despacio, con algo de duda en su mirada y tensándose ligeramente en brazos de Edward.
- Tranquila pequeña Emmet no te hará nada. - Dijo Edward respondiendo así a las dudas que a Bella le acechaban. - Te prometo que se mantendrá alejado de ti y sino yo mismo me encargaré de protegerte de él. - Terminó sonriendo. Esas simples palabras tranquilizaron a Bella que ahora sabía que podía confiar en Edward, hasta el punto de poder estar en sus brazos sin sentir miedo, sintiéndose en casa, feliz y completa. Hacía muchos meses que no se sentía tan segura como se sentía, y al final lo estaba, en esos brazos fuertes y firmes que la sostenían.
Esme salió de la habitación dejando a Edward con Bella diciéndoles que en cuanto acabara la cena les avisaría. Bella casi ni la escuchó, estaba demasiado bien donde estaba ahora como para prestar atención a nada externo a su burbuja. Pero recordó que no tenía a sus muñecos con ella, así que se incorporó un poco y miró a esos ojos verdes que la tenían hechizada. Cuando estableció ese contacto casi se olvida de lo que estaba pensando y antes de olvidarse por completo dijo...
- Edi y Leti! - A la vez que señalaba a los muñecos de trapo. Edward presuroso cargó todo el peso de la pequeña en uno de sus brazos, intentando no perder el contacto con ella por nada, y con el otro cogió a los muñecos y se los entregó a Bella. Bella rápidamente los abrazo y volvió a tumbarse ligeramente en brazos de Edward y a colocar su cabeza de nuevo en su lugar, entre ese fuerte hombro y ese cálido cuello que tan bien olía.
- ¿Quieres que bajemos con Esme? - Bella negó lentamente con la cabeza, no quería bajar y estar con más gente ahora mismo otros planes bullían en su cabeza. No sabía muy bien como debía hacer lo que tenía pensando. Quería saber quien era Leticia, porque no estaba con ellos, si era la hermana de Edward, mil y una preguntas hervían en su mente y no sabía como sacarlas. De pronto cogió valor y dijo casi en un susurro...
- Edward?... quien es Leticia y... por qué no está aquí? - En el mismo momento que las palabras salieron de su boca, Bella se arrepintió de decirlas. Notó como Edward se tensaba y se paralizaba unos segundos. Bella durante ese tiempo casi ni respiró. Después de unos instantes eternos, Edward comenzó a moverse y ella se preparó para que la alejara de él y la bajara al suelo, pero nada de eso sucedió. Edward comenzó a moverse con ella en brazos y se dirigió a la habitación de al lado. A la habitación del chico que la hacía sentir bien. Edward abrió la puerta y entró con ella en brazos.
Bella vio una habitación totalmente distinta a la habitación rosa, estaba pintando de un intenso azul oscuro que la hacía parecer casi negra, a un lado había dos puertas como en la suya que seguro daba acceso a un armario y un cuarto de aseo, ese pensamiento la hizo temblar levemente. En el otro lado había una gran pared cubierta del suelo hasta el techo con estanterías llenas de libros y cd's. En frente justo había una ventana y debajo de ésta una cama alargada con sábanas en un azul a juego con las paredes. Encima de la cama a ambos lados había unos cojines en colores grises y metalizados que daban a la cama el aspecto de un gran sofá. En medio de la habitación había una robusta mesa de madera negra con dos sillas altas y debajo cubriendo casi todo el suelo una bonita alfombra metalizada. La habitación perfectamente ordenada no parecía en absoluto la de un adolescente. De hecho tan sólo el ordenador portátil y unos papeles desordenados encima de la mesa parecían pertenecer a alguien joven. Bella estaba extasiada mirándolo todo, observándolo todo.
Edward mientras tanto caminó directo hacia la cama y sin soltarla, simplemente trasladándola hacía un lado, de un lateral de la cama, que tenía un cajón escondido, sacó una fotografía. En ella se veía a un chico de unos doce o trece años que, claramente era él ya que sus ojos eran inconfundibles, sujetaba en brazos a una mujer muy mayor y muy chiquitita.
- Ese chico de la foto soy yo y la niña que tengo en brazos es mi hermana Leticia. - Edward la miró y ella supuso que debía tener una gran cara de asombro, porque él había llamado niña a esa mujer. - Se que no lo puedes entender, pero Leticia tenía una enfermedad que hacía que pareciera una anciana. Su cuerpo era el de una mujer de 90 años mientras que ella sólo tenía dos años más que yo. - Edward abrazó a Bella como queriendo sujetarse. - Cuando su cuerpo estuvo tan enfermo que ya no lo pudo resistir más, murió. - En ese momento una lágrima salía traicionera de los ojos de Edward y una pequeña manita la acarició para secarla. Bella no se sentía bien, había hecho llorar a Edward. Ahora lo entendía, era su hermanita y se había muerto, él tenía que estar muy triste.
- Edward, no estés triste, mi mamá siempre dice que en el cielo todo el mundo es feliz. Mis abuelitos están allí seguro que están cuidando de Leticia, ellos eran muy buenos conmigo. - Edward le sonrió y ella volvió a acomodarse en sus brazos.
- No debes hablar con Esme de esto de acuerdo? Mi mamá aún sufre mucho por la falta de Leticia y nombrarla siempre hace que acabe llorando. - Dijo Edward mirándola de manera hipnotizante a los ojos. Bella asintió despacio y se abrazó un poquito más fuerte a él.
De pronto una suave voz que gritaba les avisó que era hora de cenar. Bella entró en pánico, era la primera vez que iba a estar con Emmet desde que intentó atacarla y sentía mucho, mucho abrazó fuerte a Edward. Este sólo volvió a guardar la fotografía en el cajón secreto y se dirigió hacia las escaleras con ella en brazos. Bella se ponía más y más nerviosa según bajaban las escaleras.
- Bella, pequeña, nadie te va a hacer daño, si así lo prefieres no te soltaré, pero debes relajarte, de verdad que en esta casa estás a salvo de cualquier daño. - Susurró Edward en el oído de Bella. Palabras que de nuevo la tranquilizaron, aunque sólo un poco.
Cuando llegaron abajo se dirigieron a la cocina y allí estaban sentados en la cabecera de la mesa Carslile, a su derecha Emmet y a su izquierda Esme. Bella se puso muy nerviosa de nuevo, aunque vio que había dos sillas más al lado de la de Esme y ninguna al lado de Emmet. Edward se dirigió con ella hacia la silla continua a la de Esme y allí la dejó sentada. Él se sentó a su izquierda. En la mesa estaban colocados unos platos con pollo y patatas fritas. Cuando ellos se sentaron todos comenzaron a comer. Emmet fue el primero en hablar después de hacer unas cuantas bromas a Edward acerca de algo que Bella no entendió muy bien, se puso a contar algo del colegio y del fútbol, la verdad es que Bella no prestaba demasiada atención a sus palabras, sólo miraba lo grande que era y comía en silencio. La conversación se extendió a todos los de la mesa menos Bella. De vez en cuando Edward o Esme acariciaban su cabello o sus mejillas para decirle que todo estaba bien. Antes de levantarse y tras haber tomado el postre, Carlisle dirigió unas palabras a la mesa.
- Bueno Isabella, me alegra que hoy hayas cenados con nosotros y esperamos de verdad verte más a menudo por aquí. Eres una niña muy linda y seguro que con una voz preciosa cuando quieras usarla. - Bella se sonrojó al instante y agachó levemente la cabeza. Después de eso Esme dijo que ya era hora de irse a dormir para Bella y para los chicos hora de hacer sus deberes que al final entre unas cosas y otras hoy no habían hecho nada. Bella se bajó con cuidado de la silla y cogió la mano de Edward mirándolo suplicante. No se percató de las miradas de sorpresa que a su alrededor se producían por ese gesto. Sin embargo Edward entendió y se la llevo fuera de la cocina. Cuando subieron las escaleras y llegaron al cuarto de Bella, ninguno de los dos sabía que hacer así que Bella tomó la iniciativa.
- Buenas noches Edward. Gracias por todo. - Y le hizo un gesto para que se agachara. Cuando estuvo a su altura Bella lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. La verdad era que no quería despedirse de él, pero tampoco quería que Esme se enfadara con él por no hacer las tareas, así que con un pequeño suspiro, se resigno a terminar el día. Por su lado Edward le dio las buenas noches y besó su frente. En ese instante cada uno se dirigió hacia su habitación correspondiente, con los nervios a flor de piel. Bella entró en la habitación y colocó a los muñecos Edi y Leti en la cama, se fue al baño con el pijama en la mano, se lavó los dientes y se cambió. Salió y se metió en la cama con sus pequeños muñecos, cerró los ojos y lo último que visualizó, antes de caer en los cálidos brazos de Morfeo, fueron esos ojos verdes esmeralda que la hacían sentir en casa, que la hacían sentir feliz.
Comentad que no muerdo ;) jejeje por cierto soy Edward Team 100% y preferiría mil veces ser vampiro a lobo... aunque encuentro adorables a Jacob y Nessie. Jejeje despejando dudas que me habéis preguntado.
Para Mariita: La historia sale de mi cabeza, pero está alimentada por la historia de una amiga mía, yo sólo la adorno lo suficiente como para acercarla a Edward y Bella. Por ejemplo el saltar a los brazos de Edward de manera inesperada es algo que nuestra protagonista real hizo y dejó a todos locos de verdad... aunque la forma en que sucedió no fue como yo cuento exactamente.
Aprovecho también para dar las gracias por vuestros privados, jamás imagine tener tantos!
Besos... Lena.
