CAPITULO 11

DISCLAIMER: propiedad de Misuki e Igarashi. Solo con fines de entretenimiento.

Candy corría todo lo que el vestido y las zapatillas le permitían, sin detenerse ni a contestar los saludos de las pocas personas que encontró en su camino; ya casi era mediodía y tenía que parar las ideas que imaginaba su esposo tenía en su cabeza.

Llego a la entrada y atravesó con ansiedad el portal esperando encontrar a Terry en la mesa del jardín donde lo había visto por la mañana, pero lo que encontró la descolocó de su loca carrera.

Terry estaba parado junto a su árbol favorito; al escuchar ruido el hombre se volvió para verla sin ninguna expresión en su rostro. Tenía dos objetos en sus manos, un sobre de los que se utilizaban para guardar documentos, y algo que brillaba en su otra mano.

Candy se acercó para ver que era aquello, descubriendo que era la navaja de su esposo, mil ideas corrieron en su cabeza al ver aquel objeto, pero se detuvieron ante una frase de Terry.

- Me ayudas.

Su esposo comenzó a arrancar de raíz los claveles del aire que se encontraban adheridos con fuerza al árbol, y usaba su navaja para cortar la parte del árbol donde había estado la raíz.

- Sabes Candy, le dijo. Las dudas hay que arrancarlas desde la raíz, aunque el tronco del árbol tendrá muchas cicatrices después de esto.

Candy reaccionó ante lo que su esposo estaba haciendo, se dirigió al árbol y comenzó a arrancar todos los claveles del aire que pudiera mientras Terry cortaba las raíces de las plantas que ella arrancaba, cada planta que Candy arrancaba era una especie de liberación en su alma, como si con eso estuviese desgarrando una parte de la influencia de Rose Cadawell en aquella casa; Terry seguía cortando las raíces en silencio.

Luego de unos momentos sin haber dicho una sola palabra, Candy levantó con impulso una de las plantas pero no llegó a arrancarla, solo miró a Terry y este comprendió. Minutos después en silencio pero en total sincronía comenzaron a deshacerse de aquellas plantas trabajando en equipo; Candy levantaba lo más que podía la planta y Terry cortaba la raíz para que Candy tirase con facilidad de ella.

Aproximadamente dos horas después el árbol ya no tenía un solo clavel del aire ni en su tronco ni en las ramas, tanto Terry como Candy estaban cubiertos de sudor y con sus ropas hechas un desastre.

- Quieres sentarte, - dijo Terry.

Cuando estaban ya sentados se quedaron nuevamente en silencio, hasta que Terry se atrevió a hablar:

- Sabes Candy, si Annie te viese en este momento se desmayaría de lo dañado que quedo tu vestido, - ironizó Terry.

- Pues no creo que Archie tuviera halagos para tu aspecto de tierra y hierba, - le respondió ella ante la provocación.

Nuevamente el silencio se apoderó de ellos, tuvo que ser Terry quien iniciara la conversación.

- Candy, nos guste o no tenemos que hablar y decidir algunas cosas, - inició Terry.

Candy se tensó ante esas palabras, iba a replicarle cuando Terry la detuvo.

- Sé que habrás terminado de leer mi relato, así como yo termine el tuyo, y ambos estaremos de acuerdo en que aunque muchas dudas habrán sido despejadas, otras debemos hablarlas directamente. No será fácil así que tenemos que encontrar una manera sin interrumpirnos.

- Temo que eso será difícil…

- Te propongo algo, dime que piensas de todo lo que leíste y hazme las preguntas que quieras sin que yo te responda inmediatamente. Después cuando hayas terminado yo haré lo mismo. Estás de acuerdo?

- De acuerdo Terry.

La mujer respiró hondo y cerró los ojos antes de comenzar.

- Terry lamento el haber permitido que mi deseo de ayudar a Lady Cadawell nos hay metido en este embrollo, debí ponerle un límite sin embargo al leer todo lo que pasaste en América y en Londres, no puedo dejar de pensar que de igual manera la duquesa o Elisa hubiesen buscado la forma de perjudicarnos.

Te doy mi promesa de no volver a permitir que alguien interfiera en nuestro hogar, al punto de interrumpir nuestro tiempo juntos, sin embargo, no podría volverme escéptica con las personas pensando que van a hacer algo para dañarme en cada oportunidad, pero concuerdo con tu padre que ya no somos unos chiquillos por lo que debo aprender a diferenciar las intenciones de las personas.

Terry seguía mirándola sin ninguna expresión, por lo que Candy comprendió que solo eso no era suficiente para sincerarse y tratar de arreglar el problema.

Estaba resentida contigo porque no te habías comunicado, ahora comprendo que Karl se encargó de bloquear la correspondencia, pero aun no comprendo por qué no hiciste una llamada para tranquilizarme.

Desearía haber estado a tu lado con todo lo que pasaste en Hollywood para apoyarte, pero había tantas cosas que hacer que pensé que quedándome aquí tú te sentirías orgulloso de mí y sería lo mejor para los dos.

Nuevamente levantó la vista para descubrir que su esposo la miraba sin ninguna expresión. Tenía que continuar costara lo que costara.

Estaba tan molesta porque pensé que me habías dicho lo de estar ocupada en referencia a Tomas y no a los listones, y luego esas fotografías que me hicieron tanto daño.

Sé que tu educación y la mía fueron muy diferentes, pero nunca había sido un problema hasta ahora, no comprendo porque te marchaste a Londres sin decirme nada y has estado tanto tiempo ahí, tomando decisiones que no conozco, pero desde ya te digo que no firmare nada pues no voy a alejarme de ti ni aunque te marches a la India.

Candy paró en seco al darse cuenta que lo que temía decirle a Terry había sido dicho de alguna manera en medio de su exabrupto. Terry solamente le dijo:

- Continua

- Estaba molesta porque pensé tantas cosas sobre aquellas fotografías en Hollywood, no temía a las actrices, pero si a que te perdieses nuevamente como hace años; sé que has superado eso y que no debí desconfiar pero temo que Elisa y Rose descubrieron tan fácilmente mis temores que se aprovecharon de ello para dañarnos; temí tantas cosas al no tener noticias tuyas. Te extrañaba demasiado y dejé que mi cabeza sacara conclusiones sin antes haber hablado contigo.

A pesar que Terry había decidido evitar expresar emociones hasta que su esposa terminara de hablar, una casi imperceptible sonrisa cruzó su boca y su mirada, algo que para Candy no pasó desapercibido después de todos los años de conocerlo.

- Así es… dijo Terry

- Arrogante… fue la respuesta espontánea de la mujer.

Quizá para otra persona la respuesta y expresión de Terry hubiera sido suficiente para dejar la conversación hasta ese momento, pero para su esposa era la señal que él estaba bajando la guardia y había una luz al final del largo túnel que habían recorrido.

- Estaba molesta, - continúo ella. Porque creí que me acusabas de haber estado ocupada con Tomas, y no con los listones del baile; pero no me pareció justo que intentaras arreglar esto solo, y trate de ayudar al ir a la casa de Rose e investigar por mi cuenta.

- Continúa- dijo el caballero.

- Saqué conclusiones sin haberte escuchado, y fallé en hacerlo; pero debiste contarme lo que pasaba a través de George o llamarme y eso habría evitado tantos problemas.

No sé cuáles son las decisiones que has tomado pero no me iré de tu lado.

Los ojos de Terry se abrieron cuando escuchó la última frase de Candy, se levantó un momento para ir por una taza de té mientras su esposa se quedaba sentada tratando de tranquilizarse ante la reacción de su esposo.

Minutos después Terry regresó con dos tazas, se sentó y retomó la conversación:

- Déjame decirte que me impresionaron varias de las cosas que leí en tu relato, fallé en protegerte, al no evidenciar con antelación las artimañas de Cadawell y Karl; sin embargo, Hollywood no fue un lugar fácil para mí; quizá mi madre pueda adaptarse a esa vida sin problemas, pero yo no estoy acostumbrado a ser acosado y no dar un paso sin tener una cámara o a un periodista detrás; fue por eso que confié en la eficiencia de Karl.

Creo que como lo expresaste pusimos demasiado en nuestro plato y no supimos cómo manejarlo, me temo que algunas decisiones que debemos tomar están relacionadas con nuestro ritmo de vida. No podemos pretender ambos seguir con tantas actividades y fingir que no estamos alejándonos, no podemos dejar nuestros trabajos pero tal vez pensar bien que será lo mejor para cada uno.

Hizo una pausa pero lo único que vio en los ojos de su esposa fue una mezcla entre ansiedad y tristeza

- Mi falta de comunicación fue uno de los mayores problemas, pero no quise comunicarme por teléfono cuando me di cuenta que las cartas no te habían llegado, porque no quería que Karl se diera cuenta de las cosas que estaba planeando.

- Continua, le dijo la joven mujer.

- Y luego, cuando podía llamarte desde Nueva York ya me fue imposible, admito que falle en eso, pero en ningún momento dude de ti, sabía que eras incapaz de involucrarte en alguien como Tomas, pero si sabía que tu bondad había hecho que Rose Cadawell se involucrara tanto en esta casa, y fue por eso que no te comunique mis planes con la duquesa y Elisa pues no quería que tu bondad me impidiera darles su merecido.

Te conozco Candy, y sé que a pesar de lo que Elisa te ha hecho a lo largo de tu vida, no eres capaz de ponerle un punto final, a menos que hubiese un ataque frontal de ella, cosa que la señorita Leegan no haría por miedo a Albert; y probablemente con relación a la duquesa cara de cerdo dirías que a fin de cuentas es la esposa de mi padre y que no quisieras un conflicto entre ellos, etc. Jamás te dije quien era la duquesa, y eso fue un error, nunca te mostré su retrato o te la señale en público, era mi forma de protegerte.

Fue por eso que decidí tomar acciones sin consultarte, pero no imagine que irías a casa de Cadawell exponiéndote, a veces olvido que la impulsividad que yo tengo es la misma que tuviste durante tu adolescencia y que con los años esas cosas se reducen un poco pero no desaparecen en su totalidad.

Así como tu prometes evitar que terceras personas se entrometan entre nosotros, yo te doy mi palabra que a partir de ahora trataré de comunicarme dondequiera que este.

La rubia bajo la cabeza en señal de aceptación, sin embargo, la pregunta que más rondaba en su cabeza y en su corazón aún no había sido contestada.

- Creo Terry que no has contestado una de mis preguntas

- Hemos quedado en el acuerdo de que intentaremos frenar nuestra impulsividad, el sacar conclusiones antes de tiempo y el hablar antes que algo más suceda, pero tienes razón, hay un punto importante que discutir.

Terry se levantó por el sobre que había dejado a un lado cuando estuvieron quitando los claveles del aire de Cadawell de su árbol favorito.

- Quizá lo que te diga no sea de tu agrado en un inicio, pero si lo piensas detenidamente será lo mejor para tu futuro y el mío.

Candy palideció ante estas palabras, sus peores temores empezaron a emerger, pero acababa de dar su palabra de no sacar conclusiones; así que debería escuchar lo que Terry diría antes de hablar, o detenerlo según fuera el caso.

- Quisimos aislarnos de nuestras familias para evitarnos problemas, pensando que con eso evitaríamos estas situaciones, sin embargo, fue precisamente eso lo que utilizaron Elisa y la duquesa para iniciar esta pesadilla; sin embargo, doy la razón a mi padre que nos guste o no somos un Grandchester y una Andley, por lo que debemos ser consecuentes con eso.

- Estoy de acuerdo, dijo la mujer.

- Pero además de eso se aprovecharon de nuestras flaquezas obvias, como tu bondad extrema, y mi impulsividad; tu confianza extrema en extraños, y mi dificultad para hablar las cosas en su momento. Todo eso es algo a lo que debemos ponerle un alto si tú y yo queremos tener una vida quizá un poco tranquila a futuro. Tenemos que aceptar que esos defectos son algo que siempre nos acompañará, como te dije alguna vez, aunque seamos mayores lo que somos en el fondo no cambiara.

- Lo recuerdo.

- Cuando me casé contigo Candy fue la conclusión de un sueño largamente ansiado, durante años intenté reunirme contigo, y luego lo que sucedió con Susana me alejó de ti durante 6 años; cuando ella falleció seguí buscando la forma de encontrarte hasta que lo logré, y comenzamos la vida que soñé pero nunca te pregunté si era lo que querías; antes que reacciones déjame decirte que si hice todo eso fue no solo porque te amaba y te sigo amando sino que además te escogí sobre otras personas; quiero que no pienses que estas decisiones son porque no te considero una buena esposa, ni mi ideal de mujer, pues para mí no hay ni habido nadie como tú en mi vida.

Candy no pudo evitar que su cerebro y su corazón estuviesen a punto de gritar, no sería fácil finalizar esa conversación. Algunas lágrimas se asomaban a los ojos de la mujer.

- En algún momento fallé en protegerte, y eso es algo que no es fácil de soportar para mí, sé que eres una mujer que está acostumbrada a manejarse sola, pero eres una mujer, y en el mundo que nos tocó vivir eso te hará siempre más vulnerable aunque seas una Grandchester o una Andley. Si algo me sucediese no puedo ni imaginar las reacciones de tu familia y de la mía hacia tu persona. No serviría de nada que tengas una profesión y que puedas mantenerte por tu cuenta, tu misma ingenuidad podría hacerte caer en muchas trampas, si hay dinero de por medio es incluso peor.

Terry hizo una pausa para sacar los documentos del sobre:

- Voy a darte Candy lo que muy pocas mujeres tienen en este mundo a pesar del voto femenino, y el derecho a los hijos que está surgiendo en el mundo. El primer sobre es la declaración de las acciones realizadas por Margaret Spencer, Elisa Leegan y cómplices sobre los hechos que hemos pasado estos días, que declaran que de sucedernos a ti, a mí o descendientes algo, son las principales sospechosas en una investigación; como tu esposo podía poner mi firma, declarar por ti y dar esto por entregado a mi abogado; pero quiero que tú lo firmes, pues de pasarme algo estará el antecedente que tú eras consciente de estos hechos y puedas en mi ausencia tomar acciones legales contra ellas.

No pongas esa cara, que sé que estás pensando en no hacer daño, pero la única forma de parar esto es de esta manera, ninguna de esas personas pensó en ti cuando te lastimaron. – dijo el hombre comenzando a alterarse nuevamente.

Candy bajó la cabeza para asentir que su esposo tenía razón.

- El siguiente sobre es un recuento de los bienes que William Albert Andley heredó a su hija, el día de su boda. Según las leyes de este país, es prácticamente lo que antiguamente se llamaba una dote, aunque ahora se estipule que por ser tu marido puedo manejarlos. No quise tomarlos cuando nos casamos, pero aunque no los reclamé si fueron aceptados sin importar que tu familia siguiera manejándolos como hasta ahora. Si ves los documentos, renunció a ellos para que puedas disponer como lo que es, tu patrimonio. La situación de mi hermana Caroline me hizo pensar que no quiero que no deseo eso para ninguna mujer y menos para mi familia.

Candy no pudo evitar interrumpir a Terry:

- Dime con qué propósito estás haciendo esto, acaso quieres irte.

- Pues sabes qué debo hacerlo, dijo el hombre. Mi carrera es así.

- Pero siempre regresas, - casi gritó la joven.

- Pero si un día no lo hiciera que sucedería con mi familia, quien se encargaría de tu protección; nos hemos dado cuenta que somos más vulnerables de lo que pensábamos.

- Pero, pero… eso es un supuesto.

- Podría no serlo un día como te lo dije.

- Pero…

- Candy este documento no es el primero en Europa, pero si es único para los Andley y más para los Grandchester. Como tu esposo estoy renunciando a administrar tus bienes, para que sean solo tuyos y puedas hacer con ellos lo que quieras si algo llegara a pasarme. Si aceptas firmarlo tendrás acceso a una cuenta de banco personal, protegida por el manejo de George quien es el único a quien le confiaría esto.

- Pero yo no necesito todo ese dinero…refutó la mujer.

- Probablemente no, pero no quiero verte en una situación como la de Caroline si un día decidieras irte, o algo me sucediera. Sé que me dirás que eres una mujer mayor de edad y que tu familia no puede obligarte a otro matrimonio, pero la presión de tu tía abuela podría volverte la vida un infierno o si algo le pasase a Albert quedar totalmente desamparada, y aunque sé que cuentas con tu trabajo como enfermera, ya los Andley te cerraron las puertas de los hospitales una vez y pueden volver a hacerlo. No sería lo mismo valerte tú sola que si un día tuvieses un hijo.

- Un hijo… replicó la mujer.

- Pues es lo más natural y lógico.

Las palabras de Terry estaban terminando de confundir a Candy, que acaso el siguiente sobre eran los papeles que ella tanto temía, veía a su esposo tan seguro sobre todo lo que le comentaba que no dudaba que él ya tenía todo listo para separarse de ella. Tenía que terminar con aquellas dudas…

- Es lo mejor para tu futuro Candice, compréndelo…

Candice se levantó de la silla con furia y llanto en los ojos, no lo soportaba más…

- Entonces dime de una vez que el tercer sobre es el acta de divorcio, que estas entregándome mis bienes para que no quede desamparada, porque tú te marcharas, o esperaras que me marche de regreso a América; di que te cansaste y que no puedes perdonarme todo lo que paso.

La joven se desplomó nuevamente sobre la silla ya sin poder evitar que las lágrimas inundarán sus ojos; mientras que su esposo fruncía el ceño y comenzaba a tensarse. El silencio invadió nuevamente el lugar.

Minutos después Candy vio un sobre frente a ella, lo abrió sin ver a su esposo, luego de leerlo lo dejo caer:

- Eres un tonto Terry Grandchester, mocoso malcriado y arrogante.

- Buenos señora pecas, es su culpa por adelantarse a sacar conclusiones. Acabas de prometerme no sacar conclusiones sin antes escuchar y me dices eso.

Candy no pudo evitar sonreír en medio de sus lágrimas, lo que Terry tenía en el otro sobre no era el acta de divorcio como había imaginado, era su testamento como Barón de Salfok, no eran los papeles de divorcio que tanto temía; una duda recorrió su mente en ese momento.

- Terry eres un hombre joven, y saludable. Porque estas escribiendo un testamento con 28 años.

- Lo sé, pero estuve a punto de que me envenenaran o algo más en Hollywood; espero no volver a pasar por eso, pero si algo sucediese, no sería lo lógico dejar protegidos a mi esposa y herederos. No estoy llamando a la muerte con esto, solo estoy tratando de ser precavido, no solo una situación como lo que nos sucedió puede poner en peligro la vida de las personas, un tren que se descarrilla, George me hizo volar en esos aeroplanos de guerra arreglados a la fuerza para pasajeros, o podría ser un barco, cualquier cosa puede pasar, nunca me puse a pensar que pasaría contigo si algo pasaba o con mis hijos a futuro.

- Cuando dijiste un hijo hace poco te referías a hijos nuestros.

- A cuáles más Candy?

- Yo…este…pensé que querías separarte y hablabas que tendrías hijos con alguien más. Lo siento.

- Si un día los tenemos tendré que encontrar la forma de que no saquen conclusiones precipitadas como su madre. – se atrevió a bromear el caballero.

- Pues yo deberé buscar la forma que no sean tan arrogante como su padre.

- Será difícil, pero creo que lo lograremos juntos pecosa. Hay algo más en ese documento que debes saber, los documentos aunque respaldados por George estarán bajo protección de un abogado londinense que George me recomendó. Es un hombre sencillo y de una integridad de las que ya no se encuentran, ha sido capaz de decir no a los nobles más acaudalados del país, incluyendo al gran duque de Grandchester.

- Y con eso se ganó tu respeto

- No, pero si mi admiración, si no se vendió a la influencia o dinero de mi padre es un hombre de principios sólidos. Pero como te decía hay algunas cláusulas de protección, lo primero es que nuestros hijos no pueden recibir su herencia antes de los 21 años, si algo me pasara tendrán un fidecomiso pero no el total que les corresponde; además se dividirán los bienes en partes iguales sean hombres o mujeres, la única diferencia es que el título de Salfok deberá pasar a mi hijo mayor. Y una última cosa, deberán contar con un trabajo para recibir su herencia al cumplir los 21 años, no quiero vagos como mis hermanos ni una Caroline que busque casarse por su título. Estás de acuerdo?

- Si, Terry. Es por eso que pasabas tanto en Londres?

- En parte, no fue fácil finalizar todo esto, escribir nuestras memorias y asegurarme que esas mujeres y Spencer tuvieran una parte de lo que merecen.

- Que pasó con ellos?...

/

Aunque los automóviles habían sustituido en gran escala a los carruajes, la mujer que se escondía tras las cortinas de aquel carruaje no renunciaría a sus ideas, ni a su forma de conducirse ante el mundo. Días después de su salida de Londres acompañada de sus pertenencias pero sin ningún sirviente, la mujer se encontraba entrando a aquel remoto lugar que tanto temía, sin embargo, trataría de encontrar la forma de no aburrirse. Además debería haber alguna que otra familia de caballeros o barones venidos a menos cerca del lugar, que se disputarían las invitaciones a su persona. Estuvo un momento pensando en lo que haría para pasar sus días cuando sin haber dado ninguna indicación, la puerta del carruaje se abrió; antes que pudiese replicar algo un hombre que alguna vez vio de reojo en Londres estaba parado con una escopeta en la mano.

- Señora Spencer, bienvenida a Glastsbury.- saludó el tosco hombre.

- Insolente, refiérase a mí como excelencia, soy la duquesa de Grandchester.

- Yo solo recibo órdenes de su excelencia el duque de Grandchester, y estas fueron que durante los próximos dos años usted vivirá aquí como la señora Spencer, a disposición de trabajar en esta granja como lo hacen las otras mujeres que viven aquí, la diferencia será que usted podrá dormir en la casa principal y comer en el comedor, si decide hacerlo ahí.

- Jamás me verá trabajando bruto insolente. – fue la respuesta altanera de la mujer.

- Ja ja, señora. Por mí no hay ningún problema, pero le cuento que aquí tenemos una ley, si alguien no trabaja no come.

- No se atrevería a matarme de hambre, además la servidumbre sabrá quién soy. – dijo la vieja mujer ya no tan segura de su posición.

- Pues le diré que quien manda aquí después de su excelencia soy yo señora y si las órdenes ya fueron dadas no les importara quien es usted si quieren conservar su empleo. Así que decida si se ganará su comida o perderá todos esos kilos que lleva encima por no hacer nada. Además le advierto algo, su excelencia me contó el motivo por el que está aquí, el joven Grandchester siempre fue amable con los que trabajamos en este lugar, incluso nos ayudaba a esquilar las ovejas, y no nos ha parecido lo que usted trató de hacerle, es más, muchos aquí lo hemos tomado como una afrenta personal pues varios somos hijos bastardos, así que comprenderá que no podemos permitir que gente como usted trate a uno de nosotros como basura.

Margaret Spencer se había dado cuenta que había perdido la batalla, cuando comprendió que su esposo no cedería ante el hecho de enviarla a esa hacienda pérdida, pero imagino que simplemente pasaría los próximos dos años separada de sus amistades de Londres, leyendo, y recibiendo visitas de la baja nobleza que pudiera haber a los alrededores; pero ni en sus más temibles pesadillas sintió que se enfrentaría a ser una trabajadora más, y para colmo rodeada de bastardos como su hijastro que no lo pensarían para cobrárselo.

Resignada bajó del carruaje, vio sus maletas tiradas en el piso, mientras el capataz le indicaba que podía elegir una habitación y subirse su equipaje ahí.

La duquesa se negó a trabajar como las demás mujeres dos días, pero al tercero su estómago se había resentido acostumbrada a devorar todo lo que encontraba. Así que a las 5 de la mañana se encontraba esperando las indicaciones del día, y horas después en el río lavando ropa con otras mujeres que solo la veían de reojo. A la hora de la comida la gran duquesa de Grandchester, devoraba un plato de comida con las manos sentada en la cocina de la que fuera una de las residencias que despreciaba por estar llena de… ovejas.

/

Dos semanas después un viejo vehículo asomaba a la finca de Glastbury, esta vez era una mujer un poco más joven pero con la misma petulancia de la primera, -pensaba el capataz de la finca.

Cuando Rose Cadawell vio aquel lugar tuvo los mismos pensamientos que Margaret, un tiempo para leer, visitas a las familias locales de alcurnia campestre, pero alcurnia a fin de cuentas… paseos al sol y visitas a la iglesia local; eso le daría tiempo para su regreso triunfal a Stratford.

Lo que esperaba a Rose Cadawell fue similar a la situación que había pasado Margaret, la diferencia fue que al ver a la duquesa haciendo labores de limpieza no había esperado dos días para ponerse a trabajar, y al día siguiente de su llegada estaba recogiendo lana de oveja; la única diferencia es que Rose si usaba el comedor para tomar sus alimentos, aunque había aprendido que usar las manos no era tan malo para poder alimentarse rápido y poder dormir, con la diferencia que no dormía en la casa principal como Margaret, sino con las mujeres que trabajaban en el lugar. Si alguna vez pensó que conocer los significados de las flores y el rígido protocolo inglés era la solución a su vida, había aprendido que en ese lugar no serviría de nada, pues nadie estaba interesado en escucharla; quizá como Graham había dicho, hubiese sido preferible ser una institutriz en la India pero ya era tarde para cambiar su decisión. No resistiría dos años.

/

La cubierta de un barco podía ser un lugar maravilloso para pasear, ver el atardecer, recordar. Pero cuando era una fragata de guerra la que cruzaba el océano rumbo a la India, y esta fragata era capitaneada por el Almirante Charles Bramington, esto podía ser muy diferente.

- Marino, tiene una hora para terminar de limpiar la cubierta sino quiere terminar en el calabozo.

- Sí, señor. – fue la expresión con temor del hombre al que el almirante se dirigía.

- Marino Spencer, estoy enterado de lo que hizo en Inglaterra y de sus intenciones hacia el Barón de Salfok y su esposa; no es de hombres atacar a una mujer, y menos a la mujer de otro hombre, así que tenga por seguro que le vigilare muy de cerca. – le dijo el almirante.

- Señor yo… dijo Spencer con temblor en la voz.

- Alférez Brigthton…

- Si señor…

- Lo pongo a cargo de la disciplina del marino Spencer, quiero este barco reluciente día y noche, sería bueno comenzar por las letrinas; y recuerde que la marina está formada por hombres de honor, así que quizá los demás tripulantes deberían saber qué tipo de rata se ha colado en este barco.

- Es una injusticia, me quejaré a las autoridades, esto es acoso… gritó Spencer.

- Acoso es, bastardo… –dijo el capitán tomándolo por el cuello. – asustar a una mujer indefensa y atentar contra el honor de un caballero. Disfrutaré de estos dos años Spencer.

Minutos después Tomas Spencer bajaba con una cubeta para limpiar las letrinas, debió escapar cuando tuvo oportunidad.

/

El trasatlántico esperaba la llegada de los pasajeros, de entre estos una mujer pelirroja y una mujer mayor que la acompañaban parecían ser las más sorprendidas de no encontrar como siempre a un empleado de los Andley esperando con sus boletos listo para conducir su equipaje.

Un mensajero se acercó gritando a todas las personas que se encontraba en el puerto:

- Elisa Leega, Elisa Leegan.

- Soy yo mocoso insolente, - dijo la arrogante mujer.

El muchacho le entregó un sobre y desapareció sin esperar propina de aquella arrogante mujer.

Elisa abrió el sobre y lo que encontró dentro la dejo helada, era un telegrama del tío William Andley, y dos boletos de… clase económica.

Querida sobrina, espero disfrutes tu viaje…un empleado te esperara en New York para llevarte a Montana. Tu padre está enterado, no hará nada.

La mujer no salía de su asombro, dos boletos de clase económica para compartir su habitación junto con Mary y el tío pensaba cumplir su promesa de enviarla a Montana.

Tenía que saber qué hacer con ello, tal vez al llegar a América las cosas hubiesen cambiado, no contaría con su padre, pero aún estaba su madre y la tía abuela; además no había hecho algo tan terrible como para que la hicieran viajar en clase económica, - pensaba la pelirroja.

Antes de subir al barco, se aseguró de enviar un telegrama a su madre y a la tía abuela, soportaría el castigo de su viaje por tocar a la hijita del patriarca, pero nada haría que fuera a Montana. En cuanto el escándalo pasara regresaría a Europa, tal vez a Paris y con suerte pensaría que hacer con Candy y Grandchester de paso por Inglaterra.- pensaba la mujer.

Al bajar del barco los nervios de Elisa estaban a flor de piel, jamás había viajado de esa manera, y tener que ser excluida de los gustos con los que habitualmente contaba la habían llevado al límite de su poca tolerancia; esperaba resolver pronto esta situación.

Vio a su alrededor esperando a su madre o a la tía abuela, pero se encontró con la mirada imperturbable de George Johnson, eso no era un buen presagio.

- Señorita Elisa, acompáñeme por aquí

- George debo hablar primero con la tía abuela

- Lo siento señorita pero las órdenes del señor William fueron que la condujera a la propiedad en Montana. La señora Elroy le envió esta carta.

Elisa no podía aun creerlo, ni su madre, ni la tía abuela estaban ahí para esperarla y el viaje a Montana seguía en pie. Sabía que George era tan leal al tío William que no le ayudaría. Antes de seguirlo abrió el sobre de la tía abuela Elroy.

Elisa,

Estoy enterada de tus acciones en Inglaterra, y esto ha traído problemas serios a los negocios de los Andley. Terruce Grandchester ha decidido solicitar para su manejo personal la herencia de Candice para apartarla de la familia Andley; como su esposo tiene derecho a hacerlo, por el momento solo ha requerido los bienes heredados al casarse, pero con esto la décima parte de nuestro dinero está en manos del esposo de Candice. Su justificación ha sido que si no puede confiar en las acciones de la familia a nivel personal, tampoco lo hará con el manejo de los bienes de su esposa. Hasta ahora aunque había aceptado su derecho como esposo de Candice, era la familia quien seguía teniendo entre su fortuna el manejo de estos bienes. Los accionistas están escandalizados, y han solicitado que los Leegan salgan del consejo directivo.

Además el duque de Grandchester habló con William y con mi persona para solicitar que se te desligue por los dos próximos años de la familia, o pedirá a su hijo que solicite los bienes de Candice para subastarlos, lo que sería un duro golpe a nuestra fortuna. El duque puede por su posición en el parlamento bloquear nuestros negocios en Inglaterra y Escocia. Lógicamente he aceptado, bastardo o no, es el hijo de un duque, y Candice es legalmente la hija de William.

Espero que aprendas la lección que jamás debe ponerse el dinero de los Andley en juego.

Emilia Elroy Andley

La carta cayó de las manos de la pelirroja, la tía abuela la había cambiado por dinero, a ella su sobrina favorita, por los bienes de esa hospiciana, esa dama de establo. George se limitó a indicarle que el vehículo la esperaba. Detrás de Elisa, Mary Dawson esperaba pacientemente para subir al vehículo y acompañar a su señorita donde fuera que la enviasen.

George al ver que Elisa no se movía, la tomó del brazo para conducirla al vehículo, mientras Mary comenzó a caminar detrás de ella, luego que Elisa se encontraba dentro cerró la puerta dejando a Mary Dawson fuera, la mujer lo vio con cara de sorpresa.

Señora Dawson, - le dijo. El señor William Andley está enterado de su participación en el atentado contra su hija y su yerno, por lo que ya no podrá seguir trabajando para los Andley, ni tendrá cartas de recomendación, a menos que quiera que escribamos su participación en el robo de las joyas Grandchester, el intento de difamación y envenenamiento de Terruce Grandchester, y de abuso a la señora Candice Grandchester.

La mujer se puso pálida, esperaba que al menos podría seguir trabajando para la señorita Elisa pues ella solo había recibido sus órdenes, además nada le había sucedido a Candice, ni a su esposo, solo los habían asustado.

El hombre puso un sobre en su mano, y luego se dirigió al vehículo. Mary abrió el sobre con temor, adentro habían 100 dólares, su último salario. No sabía que haría para mantenerse a partir del siguiente mes. Tomo su maleta y caminó sin rumbo por el puerto.

Días después un vehículo se paraba frente al rancho Andley en Montana, Elisa vio aquella propiedad y pensó que aunque durante dos años no vería a la sociedad de Chicago, ni estaría a la moda, al menos podría pasar sus días cabalgando, y durmiendo, tal vez no sería tan malo, aburrido tal vez, pero no del todo malo.

George le ayudó a bajarse del vehículo en la entrada principal, muy lejos de la casa principal, bajó su maleta y puso el vehículo en marcha. La mujer se quedó parada sin saber qué hacer, probablemente uno de los sirvientes vendría por su equipaje; minutos después vio a alguien cabalgar hacia la entrada principal, solo podía distinguir que era un hombre rubio.

- Buenas tardes Elisa, esta será tu casa por los próximos dos años.

- Tío William, esto es un error, yo fui engañada por la madrastra de Terruce, pensé que se trataba de una broma, nunca lastimaría a Candice.

- J aja ja. Elisa, te falta mucho para ser una actriz a la altura de Eleanor Baker; una broma dices, cuando fuiste tú la que contactó a la duquesa de Grandchester y le contaste tu plan, ella solo te proporcionó contactos y el dinero. Hasta ahora he dejado pasar muchas cosas, pero esta vez hablamos de intento de asesinato a mi mejor amigo y de abuso a mi hija. Puedes empezar a caminar, te espero en la casa principal.

Elisa no podía creerlo, aun esperaba poder negociar con el tío William, viendo que no podía hacer más, tomo sus maletas y empezó a caminar hacia la casa, fue una eternidad llegar hasta ahí. Cuando entró vio a William Andley reunido con los empleados del lugar.

- Elisa Leegan, que bueno que llegas. Le decía a estas buenas personas, que estarás trabajando los próximos dos años en los establos, sé que no tendrás problemas con eso, ya que tu sobrenombre favorito es "dama de establo", podrás dormir en la casa principal y comer aquí si lo deseas pero tienen prohibido servirte. Irás a la cocina como todos por tu comida, y trabajarás como todos, si no lo haces no se te dará de comer.

Elisa apretaba los puños, no podía creer que cumpliría lo que William había dicho.

- Otra cosa más, tu fidecomiso quedará congelado, hasta que sus intereses compensen el dinero que fue retirado de la cuenta de Terruce Grandchester.

La mujer cayó al suelo desmayada, cuando despertó estaba en el salón de la casa junto a sus maletas. Al día siguiente, buscó una habitación donde alojarse, y se dispuso a arreglar sus cosas, sin que nadie se ofreciera a ayudarle.

Horas después sintió hambre y se atrevió a bajar al comedor, pero no encontró a nadie. Fue a la cocina y encontró a varios empleados comiendo con su tío William; al verla solo le dijo.

- Faltaste a tus obligaciones de este día Elisa

- Pero tío estoy muy cansada, como quieres que una dama como yo haga ese tipo de oficios.

- De acuerdo sobrina, pero hasta que no trabajes, no comes.

A la mañana siguiente, alguien gritaba improperios y chillaba en uno de los establos, al asomarse William vio a Elisa intentando limpiar a uno de los caballos. Era hora que empezara a ganarse su comida.

/

Candy no salía de su asombro ante lo relatado por su esposo sobre el destino de las cinco personas que tanto daño les habían hecho, principalmente a su esposo. Pero otra duda rondó en su cabeza.

- Terry que pasó con tu hermana Caroline.

- Quizá la única que no necesite una vida para aprender la lección haya sido Caroline. Cuando la duquesa partió a Glastbury, ella lo hizo al San Pablo, sin protestar y decidida a encontrar su camino en estos dos años. Veremos que sucede.

En su corazón Candy se alegraba que Caroline estuviera intentando salir adelante, para ella la hermana de Terry había sido una víctima más de la duquesa.

- Puedes dejar de alegrarte por mi hermana, y decirme que piensas de los documentos

- Como sabes…yo…me conoces, no es cierto.

- Demasiado bien pecas.

- Odioso…

- Entonces, volviendo al tema, que piensas hacer con los documentos.

- Si firmo esto, crees que las cosas irán mejor entre nosotros.

- No lo sé Candy, pero al menos me sentiré un poco tranquilo de tener todo en orden para mis hijos y para ti.

- Terry por qué tuvimos que llegar a esto. Yo no deje de amarte, solo que no pensé que todo se saliera de control.

- Jamás he dudado de ti Candice, pero tengo que aceptar que yo tampoco contribuí mucho a solucionar las cosas.

- Me perdonas, Terry.

- Solo si tú lo haces conmigo.

- Supongo que firmar estos papeles hará que al menos la duquesa y Elisa se calmen un tiempo… y lo de mi dinero, no crees que George puede encargarse de esto mejor que yo.

- Por eso es que las cosas están en manos de George, yo no estoy interesado si tus acciones con los Andley suben o bajan, o alguna propiedad requiere alquilarse u otros trámites, pero George si sabrá hacerlo, él te enviará cada seis meses un informe y si requiere tu autorización para algo te lo preguntará.

- Y si no sé qué decisión tomar?

- Puedes preguntarme o tomar en cuenta la opinión de George. No se trata de que te conviertas en una mujer de negocios, pero que si llegado el momento debas hacerlo, tengas el poder legal para solucionarlo.

- De acuerdo, firmaré…

Terry Grandchester sintió que un peso era quitado de sus hombros, siempre había sido protector con Candy, y cuando sufrió aquella intoxicación su corazón latía apresuradamente pensando que pasaría con su esposa si no podía despertar; y luego, saber que esas mujeres habían hecho todo aquel embrollo por dinero y posición lo había llevado a tomar estas decisiones.

Cuando Candy terminó de firmar aquellos papeles se dio cuenta que había creado demasiados supuestos cuando pensó en que los papeles eran la solicitud de divorcio por parte de Terruce; aunque él no ayudaba mucho con sus monosílabos y sus conversaciones encriptadas.

- Listo, dijo Candy.

- Y ahora lo más importante, le indicó Terry.

Antes que Candy pudiera pensar en que era lo más importante, sintió que Terry se acercaba para plantarle un beso en que parecía querer recuperar el tiempo separados, cuando él la soltó, Candy solo pudo sonreír y decirle:

- Te extrañaba.

Terry sonrió con aquella sonrisa de medio lado que tantas veces la había desarmado, pero antes que Candy pudiese decir algo más, levantó en brazos a su esposa.

- Terry, que estás haciendo.

- Hemos hablado de hijos, de futuro, así que estaba pensando en ayudar un poco a la madre naturaleza.

- Terry…dijo Candy sin poder evitar sonrojarse. – los señores Hurdley y Jones deben estar en la casa.

- Arreglaré eso. Lo que aún no he resuelto es como haré con tu trabajo.

- No tienes que preocuparte, hace unos días presente una solicitud para trabajar medio tiempo, y solicité un permiso de 10 días.

- Pensando en que iba a divorciarme o que ibas a reconciliarte conmigo.

- Un poco de las dos, - admitió la mujer.

- Bueno pecosa, creo que adelantaremos las vacaciones.

Terry entró a la casa con su esposa en brazos, ante la sonrisa de las señoras Hurley y Jones.

- Señoras por favor, informen a sus esposos que los cuatro tienen una semana de permiso, si quieren tomen las llaves del vehículo y regresen en una semana. Mi esposa y yo tenemos cosas que discutir… dijo a las mujeres; para luego decir en el oído de su esposa:

- en nuestra habitación.

- Bienvenido a casa Sr. Grandchester fue la respuesta de la señora Hurley.

Momentos después los señores Hurley y Jones cerraban la casa para dirigirse sin rumbo conocido, mientras los señores Grandchester continuaban su discusión en su habitación… hasta que terminaran de reconciliarse.

AGRADECIMIENTOS. Creo que no me alcanzaría todo un capítulo para agradecer a cada una de las personas que me acompañaron en esta pequeña travesía...cuando inicié esta historia no sabía como saldría el escribir tratando de narrar con dos personajes en forma de teatro y en forma epistolar, pero creo que sobreviví al desafío.

Este fic va dedicado en especial a todas aquellas personas que alguna vez se dieron cuenta que por muy bella que fuese la boda, el verdadero camino empezaba un día después; pues no importa si tienes 20, 30, 40 o 50, la vida en común no es fácil.

Gracias a AyameDV (amiga gracias por nuestras conversaciones).

Mary silenciosa (Un honor que una fan de Albert haya disfrutado de esta lectura, espero sigas disfrutando el epílogo de la historia)

Phambe (Je vous remercie de vos paroles, vos messages ont éte positives et trés amusants. Merci beaucoup)

Paty Grandchester (muchas gracias por tus lindas palabras, me alegro que te gusten mis historias y espero poder continuar a futuro)

Gracias a Patty306, Esme05, Nally Graham, Kamanance, Maquig, dianley, Amrica Gra, Maritza, Eli, skarlett northman, nena abril, ambar, Blanca G, Miriam7, Pati, Sol Grandchester, Triny, anita ruiz, Flormnll, Marina W, Aurora, Dajimar, Lucy, tete, Mimi, Gelsi, valerae, Gaby, Zucix, EDICHI, y a todas las personas que me enviaron mensajes como Guest, y a todas las lectoras silenciosas.

Les espero en el epílogo, muy pronto.