CAPÍTULO ONCE: PRIMER DÍA
- ¿Estás preparada?
Rosalie miró hacia la puerta, donde Bella la esperaba.
- Sí. – dijo colgándose la mochila al hombro.
Hoy era el primer día que iría a su nuevo instituto desde que había llegado. Lillian había necesitado una semana para terminar de arreglar los papeles del traspaso. Además había estado ultimando los detalles de la boda y quiso que tanto Rosalie como bella la ayudaran, aunque no se mostraron muy participativas en los preparativos.
El vestido de dama de honor no resultó ser tan horrible como Bella exageraba. Era de estilo romano, azul cobalto, con un hombro al descubierto. El hombro derecho sujetaba el vestido con un broche de color plomo y sobre este mismo caía una fina gasa con forma de capa hacia atrás. Tenía un drapeado en el pecho que se extendía hacia los pies y un fajín, también de color plomo ajustado a la cintura.
Sobre el peinado no se habían decidido aún. Lillian consideraba que ambas se verían magníficas con un sencillo recogido y ondas al agua, pero Bella lo consideraba muy clásico y Rosalie no estaba segura que le gustase, dado que no estaba acostumbrada a hacerse nada en el pelo.
La boda iba a celebrarse en un campo privado, junto a un lago artificial. Todo muy sencillo y bastante íntimo. Sólo los más allegados.
Habían contratado un servicio de catering que les proporcionaría un menú de 3 deliciosos platos.
Sólo faltaba contratar la orquesta, y Bella ya había propuesto a alguien. Sólo esperaba la aprobación de Lillian y su padre.
- ¿Estás nerviosa? – preguntó Bella, mirando la palidez en la cara de Rosalie.
- No. No me asustan los institutos.
- Estoy segura de que no, pero te veo mala cara. – dijo con voz preocupada.
En poco tiempo Bella y Rosalie se habían convertido en amigas. No era como que Rosalie la considerara igual que a Emmett, como su confidente. Aún era pronto para eso, pero estaba segura que además de hermanas llegarían a ser grandes amigas.
- Mi madre no me deja dormir con todo esto de la boda. Está tan nerviosa que no me sorprendería verla cualquier día subiéndose por las paredes.
Bella rió levemente.
- A mi padre le ha dado por olvidarse de las cosas y eso tampoco ayuda.- Rosalie asintió. – cuando se casen irán de luna de miel a las Bahamas, podrías invitar a alguna amiga a quedarse con nosotras. – Rosalie se quedó pensativa.
- No tengo amigas. Solo a… - iba a decir Emmett pero lo pensó mejor. No quería que Bella pensara que Emmett era su novio o algo así. – un amigo.
- Bueno, puedes invitarle si quieres.
- Claro. Se lo diré. – pero antes tenía que pensarlo.
Se moría de ganas porque Emmett fuera allí. Volver a pasar tiempo con él. Hablar. Pero no quería que él se viera en el compromiso de aceptar sólo porque ella se lo pidiese. Antes tenía que tantear el terreno, asegurarse que él querría ir, y entonces le invitaría.
- Ya hemos llegado. – dijo Bella aparcando. – vamos, te acompañaré a la secretaría.
Rosalie la siguió.
El instituto no era muy diferente del de Forks. Y los alumnos tampoco.
Prácticamente todos se volvieron cuando ella pasaba por el lado, y se le quedaban mirando.
- No te sientas intimidada. A mí me pasó lo mismo cuando llegué hace tres años. Les gusta la carne fresca. – dijo Bella con una risotada que Rosalie correspondió.- Y tu eres una carne muy jugosa pequeña. – terminó de decir alzando varias veces las cejas y frunciendo un poco los labios.
Rosalie negó con la cabeza, sonriendo. Bella era capaz de ver la belleza de las personas que la rodeaban, y en varias ocasiones le había dicho que ella tenía un gran potencial. Solo le faltaba explotarlo. Pero era incapaz de ver su propia belleza. Estaba muy acomplejada porque sus pechos eran muy pequeños, sus brazos y piernas muy delgadas y repetía como un loro que era demasiado corriente siempre que alguien le decía lo bonito que tenía el pelo o lo profundos que se le veían los ojos.
- ¿Te vas ya a clase? – dijo Rosalie cuando llegaron a la puerta de la secretaría.
- No. Te espero. Así te digo donde están tus clases. Además, a lo mejor coincidimos en alguna.
Pero no coincidieron en ninguna. A pesar de que se llevaban muy bien, Bella y ella eran completamente dos polos opuestos. Rosalie había tomado el rama de artes y Bella era más de letras.
- Nos vemos en la cafetería. Comemos juntas, ¿vale?
- Claro. – dijo. Y se encaminó hacia su primera clase, siguiendo el camino que Bella le había indicado.
Tras entrar en el aula se acomodó en el único asiento que vio libre.
- Bien, alumnos. Hoy tenemos una nueva alumna. Su nombre es Rosalie Hale. Rosalie, ¿quieres salir para decirnos algo de ti? – Rosalie negó con la cabeza y las manos, encogiéndose en su asiento. – Parece que eres algo tímida. No importa. Rosalie viene de Washington. Sed amables con ella. – advirtió.
Rosalie suspiró e intentó concentrarse en lo que el profesor decía.
- Hola Rosalie. – susurró un chico muy mono a su lado, extendiendo la mano. – Soy Jasper Whitlock.
- Encantada Jasper. – Rosalie le dio un breve apretón a su mano y la apartó, volviendo la vista al frente.
- Eres la hija de Lillian, ¿no?
Rosalie lo miró frunciendo el ceño. Jasper sonrió.
- Soy amigo de Bella. – explicó. – Me habló de ti, antes de que vinieras.
- Oh.
- Y, ¿cómo te está yendo en tu nueva vida?
Jasper empezaba a irritar un poco a Rosalie. El chico solo quería ser amable pero Rosalie era una solitaria, y que él quisiera entablar conversación le fastidiaba.
- Bien. – dijo cortante, esperando que el chico captase la indirecta y no le hablase más en lo que quedaba de hora.
- Oye si quieres puedo acompañarte el resto del día. Seguramente tengamos la mayoría de clases juntos.
No. No había captado la indirecta.
- No sé. No quiero molestarte.
- ¿Qué dices? No es ninguna molestia. – sonrió.
El resto de la clase se mantuvo callado, para suerte de Rosalie. Pero no pudo librarse de que la acompañara al resto, ya que había acertado cuando dijo que compartirían varias clases. Es más, las compartían todas.
Para cuando llegaron al comedor Jasper insistió en invitarla a comer, como detalle de bienvenida, a lo que Rosalie se sintió tremendamente incómoda y prácticamente escapó al lado de Bella cuando vio como ella la saludaba con el brazo, indicándole donde estaba.
- Ey, ¿ibas acompañada de Jasper Whitlock? – dijo comiéndose una patata frita.
- Sí. Y dime que es tu amigo porque me ha seguido por todo el instituto con la excusa de que lo era. – Bella rió.
- Jasper puede ser muy insistente si se lo propone. Es muy… perseverante. – dijo enigmáticamente.- Tranquila, si es mi amigo. Y… aquí viene.
Rosalie se tensó, irguiéndose en la silla y sonriendo forzadamente a Jasper.
- Hola Jasper. – dijo Bella animada.
- Hola B. ¿Te ha dicho Rosalie que somos amigos?
Rosalie lo miró como si acabara de descubrir que Jasper era un alien. ¿Amigos? ¿Desde cuándo?
- No. No me ha dicho nada.- dijo picando a Rosalie.
- Es que lo he conocido esta mañana.- replicó mirando a Jasper, que le dio una sonrisa encantadora.
- En todo caso, me alegro de que te integres, Rosalie. – dijo Bella sonriendo, y Rosalie que lo sintió igual que ella no pudo evitar devolverle la sonrisa.
El resto del día pasó como la mañana. Jasper acompañaba a Rosalie a cada clase y se sentó junto a ella en todas, incluso cambiando su sitio habitual para no dejarla sola.
Rosalie se sentía un poco incómoda ante la actitud de Jasper. Apenas lo conocía y no podía abrirse tan fácilmente a él como era evidente que el chico lo había hecho.
Con Emmett lo hiciste tuvo un pensamiento traicionero.
- ¿Cómo ha ido tu tortura particular? – interrumpió Bella sus pensamientos.
- ¿Qué? – dijo distraída.
- Me refería a tu primer día. ¿Lo has pasado muy mal?
- No. No ha estado muy mal. – dijo negando con la cabeza.
- Me alegro.
Bella pasó el brazo alrededor del cuello de Rosalie y la empujó suavemente hacia la salida.
Había sobrevivido a su primer día.
Quince minutos después llegaron a casa, donde Lillian seguía enredada con los preparativos de la boda. Estaba hablando bastante enfadada por teléfono. Seguramente habían preparado algo mal, o al menos eso dedujeron por los movimientos exagerados de sus manos y los gritos que daba.
Bella y Rosalie se miraron y prefirieron ir a otro lado para que Lillian pudiese seguir discutiendo tranquila.
Rosalie se tumbó sobre su cama y Bella la siguió. Ambas se quedaron mirando el techo, en el que Rosalie había pintado un cuadro marino. Los corales parecían sobresalir del techo y cuando el sol entraba por las mañanas los peces adquirían movimiento.
Bella quedó maravillada desde primera hora con la habilidad de Rosalie e insistió en ayudarla con sus trabajos, pero tras los dos primeros frustrantes intentos desistió.
- Puedo hacer uno en tu cuarto. Si quieres.
Rosalie sabía que a Bella le encantaba el cuadro por como lo miraba.
- No quiero molestarte.
- No digas tonterías. Además, me caes bien.
Bella sonrió. Se puso seria y después volvió a sonreír, recordando algo.
- ¿Qué te ha parecido Jasper? – Rosalie bufó.
- Pues un poco… insistente y… - hizo una mueca.- pegajoso. – En realidad le hubiera gustado decir pesado, pero no sabía cómo iba a sentarle a Bella. - ¿Cómo es que sois amigos? No os parecéis en nada.
Bella se encogió de hombros.
- Cuando mi madre murió y tuve que venir a vivir con mi padre todo fue muy difícil para mí. Antes de Jasper no tenía ningún amigo y no lo eché en falta hasta que me quedé sola. Mi primer día aquí fue un poco descontrolado. Prácticamente todos los alumnos de mi curso se acercaron a mi por interés…
Rosalie la miró, apenada.
- … excepto Jasper. Me acompañó a todas mis clases, no me dejó sola en ningún momento. Y también me invitó a almorzar.
- Como ha hecho conmigo. – susurró Rosalie.
- Jasper es una gran persona. Consiguió transformar un día pésimo en otro maravilloso solo con su compañía. El sólo quería ayudarme a integrarme. Y lo consiguió.
- ¿A ti te gusta Jasper? – preguntó Rosalie ante la admiración de Bella por el chico.
- No. – sonrió. – Es totalmente una amistad platónica.
- Ah, aquí estáis. – dijo Lillian interrumpiendo la conversación. – Tenemos que ir de nuevo a la prueba del traje, vuestros vestidos de damas de honor tienen que estar listos la semana que viene.
Rosalie y Bella se miraron horrorizadas.
- Vamos. – Insistió la madre de Rosalie cuando vio que ninguna de las dos se movía.
Las chicas se levantaron resignadas y siguieron a Lillian hasta el coche.
- Bella, tu padre me ha dicho que quería hablar contigo esta noche. – la chica frunció el ceño.
¿Había hecho algo malo y no se acordaba?
- ¿Sobre qué?
Lillian se quedó muy seria. Era evidente que estaba tensa por la conversación que iba a tener con Bella, pero tenía que decirle lo que Charlie le había pedido. Debía tantear el terreno para que cuando él llegara por la noche Bella lo hubiese asimilado.
- Tu padre ha invitado a tu prima a quedarse con vosotras mientras nosotros estamos de luna de miel.
Bella se incorporó bruscamente del asiento trasero, apoyándose con ambas manos en los asientos delanteros y pegándole de camino un buen porrazo a Rosalie con el puño, que sin disimulo empezó a frotarse exageradamente la cabeza abriendo la boca en una gran O.
- Lo siento.
- No te preocupes. – dijo aún sobándose. - ¿Qué pasa con tu prima para que reacciones así?
- Pues que es una niñata repelente y malcriada, egoísta y caprichosa y que me odia.
- No te… - iba a replicar Lillian pero Bella la cortó.
- Sí. Me odia. Me odia desde que teníamos 7 años y accidentalmente rompí su joyerito de cristal. - dijo de carrerilla y más alto de la cuenta.
- Eso es absurdo, Bella. No puede odiarte solo porque rompieras algo suyo. Seguro que estas exagerando.
- Ya, claro. Por eso cuando teníamos 10 años me cortó el pelo por encima de las orejas porque se le antojó jugar a las peluquerías. O cuando teníamos 12 y me dejó toda la noche encerrada en un armario por el estúpido juego de verdad o reto. O cuando…
- Lo capto. Lo capto. – la interrumpió.
- Bella de eso hace mucho tiempo. Solo erais unas crías. Pero hace años que no os veis, y tú has cambiado mucho. ¿Qué te hace pensar que ella no?- Bella gruñó y parloteó algo en siseos que ni Rosalie ni Lillian entendieron.
- Me da igual, no pienso tragar.
Esa misma noche Rosalie miraba como Charlie y Bella discutían el tema de su prima.
- Bella solo será un mes. Sus padres tienen que viajar y no quieren dejarla sola. ¿Por qué no quieres que se quede?
- Porque la odio.
- Bella. – advirtió Charlie.
- Es que es tan… repelente, irritante y desagradable. En serio papá, no pienso aguantarla.
- Parece que no entiendes que no tienes opción. Tu prima se quedará aquí, te guste o no. Y tienes 3 semanas para ir acostumbrándote. – Charlie zanjó el tema y salió de la habitación.
Bella se frotó la cara con las manos y después se las puso en puños sobre las caderas, negando con la cabeza y con el ceño y la boca fruncidos.
- Puedo enseñarte mis trucos del instituto para aguantar a los gili…
- Sí. – dijo Bella antes de que pudiese acabar. – Los voy a necesitar todos. – Bufó.- Cambiando de tema, ¿has hablado ya con tu amigo?
Rosalie negó con la cabeza. Lo cierto era que temía que Emmett le dijera que no quería ir allí. Después de todo el estaba hasta el cuello con los exámenes y los entrenamientos.
- No he tenido ocasión de hacerlo. Lo haré esta noche.
Bella frunció el ceño ante la actitud de Rosalie. La chica se había quedado muy pensativa y había agachado la mirada.
- ¿Pasa algo?
Rosalie la miró, intentando decidir si contarle lo que sentía por Emmett o no. Desde luego podía confiar en Bella.
Finalmente decidió contárselo.
- En realidad, Emmett es algo más que un amigo para mí.
- ¿En serio? – dijo sonriendo – y, ¿cuál es el problema? ¿Piensas que a tu madre no le gustará que se quede contigo mientras ella no está aquí?
- No, el problema es que yo para Emmett si que soy sólo una amiga.
- Ah, oh. Vaya. – Rosalie se quedó mirando a Bella con una mueca divertida. La chica había expresado su sorpresa de tres formas distintas en menos de 3 segundos.- Puf. Yo sé lo que es eso.
- ¿Sí?- arrugó el ceño Rosalie.- pero tu único amigo ha sido Jasper.
Bella miró a Rosalie alzando las cejas, esperando que la chica comprendiera lo que quería decir.
- ¡¿Estás enamorada de Jasper?- exclamó sorprendida.
- No. – afirmó seria. – Pero lo estuve.
Rosalie se quedó seria, esperando a que le contara la historia.
- Fue poco después de llegar aquí. Jasper fue tan bueno conmigo que acabó pasando lo inevitable.- igual que a Rosalie le había pasado con Emmett.
- ¿Se lo confesaste?
- Por suerte no. Él no sentía lo mismo. El día que iba a hacerlo, que iba a confesárselo, me dijo que estaba saliendo con una chica.
- Tuviste que sentirte fatal. – afirmó.
- Sí. Tuve que obligarme a desenamorarme de él.
- ¿Y qué paso luego?
- María dejó a Jasper por otro. Y yo lo consolé. – suspiró.
- Uf. – silbó Rosalie.
- Pero ya lo tengo más que superado. Paul Evans me ayudó a olvidarlo. – dijo con una pícara carcajada.- Ay – suspiró nostálgica.- Bueno pero termina de contarme qué te pasó con Emmett a ti.
- Yo sí se lo confesé. Y me rechazó. Luego volvimos a ser amigos, como si nada hubiera pasado.
Rosalie omitió todo lo del asunto de la apuesta. No quería que Bella mirase mal a Emmett.
- Lo siento, Rosalie. – murmuró.
- No importa. – dijo negando con la cabeza.
- ¿Tú no quieres que venga?
- No, no es eso. Si que quiero que venga.
- Pero… - Rosalie suspiró.
- No quiero que me considere una pesada.
- ¿Por invitarle? – preguntó escéptica Bella.
- No, es que como yo le dije lo que sentía y el no siente lo mismo…
- Pero eso no tiene nada que ver con vuestra amistad. Os seguís llevando bien, ¿no?
- Sí. – asintió con la cabeza.
- Pues entonces ya está. Rosalie debes empezar a valorarte por lo que eres y no por cómo te han visto los demás. Tú eres una chica maravillosa. Eres agradable, simpática y más guapa de lo que piensas. Pero te encierras en un cascarón y no dejas pasar a nadie, dando la impresión equivocada de tu persona. Sólo tienes que abrirte un poco. El primer paso para que te quieran los demás es quererte a ti misma. Tu vales mucho Rosalie. Muéstrale al mundo lo que vales.
Rosalie asintió levemente con la cabeza y empezó a reir.
- Vaya charla me has dado.
Bella se puso a reír también.
- Anda llámalo. – dijo pasándole el teléfono.
Rosalie sintió los nervios a flor de piel. No debía sentirse mal porque Emmett le dijera que no podía ir pero no podía evitarlo.
¿Aceptaría o diría que no?
- Hola Rose. – contestó al tercer toque y Bella la dejó sola para que hablara tranquila.
- Hola Emmett, ¿cómo estás?
- Muy bien. – Rosalie sonrió. - ¿Me has echado mucho de menos?
Rosalie amplió más su sonrisa. ¿Cómo no querer a Emmett si se mostraba siempre tan encantador?
"No sabes cuánto" pensó, pero le contestó.
- Sí, Emmett. – con voz cansina y seguido de una carcajada.
- Yo a ti también. – dijo con voz seria y Rosalie tragó saliva.
- Em, tengo algo para proponerte.
- ¿Qué? – dijo entusiasmado.
- ¿Te gustaría quedarte aquí un par de semanas?
Rosalie se puso más nerviosa. ¿Qué diría Emmett? ¿Aceptaría o por el contrario diría que no podía ir?
Al final si que pude escribir el capitulo por las noches, cuando terminaba de estudiar y he conseguido adelantar el siguiente, así que lo más seguro es que para la semana que viene lo tenga listo.
También deciros que no soy muy partidaria de poner enlaces con fotitos en las que se muestren tal vestido que llevaba Rosalie en tal capitulo... pero dado que sé que hay muchas chicas a las que les gusta cotillear eso, yo la primera, lo admito, si alguien quiere que cuelge las fotos en las que me basé para describir los vestidos de dama de honor, el de novia, etc. que me lo diga. Por supuesto el que yo describo y el de la foto nunca va a ser exactamente igual, ya que la idea la tomo y la modifico.
Con respecto a los spoilers ya veis que no todo es como parece, jejeje pero os sigo dejando con la intriga de los dos que faltan.
Un besote a todas y gracias por leer
