Naruto © Masashi Kishimoto

La doncella del eterno invierno.

Capitulo 4 parte 3


Tras cerrar el diario, Sasuke permaneció pensativo por varios minutos. Poniéndose de pie, regreso el diario al estante. Salió a paso apresurado, pues iba a la antesala que estaba detrás de la sala del trono. Caminaba con urgencia, pues esa caja de música… él la recordaba. Su padre la guardaba dentro de uno de los cajones. Muchas veces la había visto. Incluso había escuchado la melodía. Esa caja tenia tanto tiempo en su reino ¿Por qué su padre no la había regresado? Aunque era más propio cuestionar ¿Por qué se había ofrecido a repararla cuando sus intenciones eran otras? Quizás la respuesta estaba en otro de los diarios, pero en buscarla se ocuparía otro día. Abriendo el cajón vio que esta seguía allí. Él mismo la había conservado justo donde su padre la había guardado siempre. Tomándola en su mano la observo con detenimiento. Recordando como su padre describía las manos de Sakura sosteniendo la caja, se dio la media vuelta para regresar a donde su esposa. Entrando de manera silenciosa, se acercó a la cama. Escuchando la respiración uniforme, se dio cuenta que aun dormía. Abriendo con mucho cuidado cada uno de los cajones de su peinador, finalmente dio con los diarios faltantes. Junto a ellos había una caja de madera que tenía el escudo del clan Ono. No recordaba haberla visto nunca, pero era probable que Sakura la hubiera llevado consigo cuando llego a sus tierras.

Hojeando los diarios, se percató que estos eran los que hacían mención del extraño ritual que Sakura había conjurado. Saltando hasta las últimas páginas de uno de ellos, descubrió que su esposa había escrito algunos de los hechos que se habían suscitado durante su ausencia. Sobre todo aquellos que trataban sobre lo ocurrido tres años atrás. Los cerró tras sentir más curiosidad de saber que era lo que estaba guardado en la caja. En ella había dos pergaminos y una bolsa de terciopelo. Vaciando el contenido de la bolsa sobre su mano, el abrecartas de la amatista se encontró en su mano. Sin duda era el que su padre había mencionado. Sakura tampoco se lo había regresado. Eso quería decir que después de aquella ocasión nunca volvieron a cruzar camino alguno. ¿Qué habría sucedido? ¿Cuál sería la razón? Sabía que su padre nunca tuvo la intención de regresarle la caja, pero aún tenía mucho que descubrir en esos diarios. No podía sacar conclusiones.

Sabiendo que no tenía derecho alguno en hacerlo, dudo por varios segundos. Finalmente decidiéndose a leer uno de los pergaminos. Iba dirigido a Sakura. Se lo había escrito quien había sido su cuñada. Ono Hoko, la hermana de su primer esposo. Era una carta muy breve donde le pedía disculpas por no haberle dado la última carta… la única carta que Hideyori le había escrito. También se disculpaba por enviarle los anillos de casados. Aseguraba que estos estarían mejor con ella. Le explico que la carta fue encontrada dentro de uno de los libros de su hermano. Que la había enviado con un mensajero al cual emboscaron. Tras encontrar sus cenizas, tomaron todas sus posesiones. Nunca verificando los contenidos de estas. Todo había sido llevado a la habitación de Hideyori para cuando este regresara. Por esta razón la carta había pasado desapercibida por mucho tiempo. Sasuke contemplo el otro pergamino no muy seguro de leerlo. Dejando la caja a un lado se sentó en un sofá junto a la cama. Desde allí podía observar el rostro de su esposa a la perfección. Sus cejas enmarcando su rostro durmiente. De pronto a él vinieron imágenes que había visto en los recuerdos de Sakura la noche anterior. Apretó su puño con fuerzas al recordar el cuerpo tendido en la nieve. Rodeada de esos malditos vampiros. A pesar de que estaba logrando controlarse. Debía aceptar la posibilidad de que su hambre insaciable pudiera manifestarse. Y más ahora que sabía que en sus prisiones había vampiros que habían resultado cautivos durante la invasión. Prisioneros que podían ser devorados sin preámbulo alguno.

Volviendo a enfocarse de nuevo en la caja de madera, tomo un pequeño joyero de plata. Adentro estaban dos anillos. Los que su cuñada mencionaba en la carta. Símbolo de que en un punto de su vida había estado unida con alguien más. Dormida en los brazos de alguien más. Bebiendo del cuello y cuerpo de alguien más. En un principio no le había dado importancia a nada de ello. Sin embargo, ahora celos causados por un hombre muerto estaban empezando a invadirlo. Ichizo se lo había advertido. Que si se enamoraba, no le sería grato descubrir quién había sido su primer esposo.

Ni sus celos pudieron detenerlo. No lograron hacerlo desistir de leer esa carta que Hideyori le había escrito a la que había sido su esposa. Impaciente e indeciso. Ansioso y preocupado comenzó a leer así sin más.


Sakura:

Se bien que nuestras conversaciones nunca fueron del todo largas. Y esto siempre ha sido así porque fui yo quien erigió ese muro invisible que nos separa. Yo cree esta distancia. Nunca dejándote estar cerca de mí. Nunca diciéndote más de lo necesario. Fui yo quien decidió que entre nosotros solo habría palabras cordiales. Palabras intercambiadas de vez en vez. Palabras rutinarias… faltas de sinceridad. Más no del todo debo confesar. Que evitara hablarte no quiere decir que no tuviera tanto que decirte. Hubo tanto que nunca te dije…

Sakura…tiempos difíciles me han dado alcance. Esta situación llego a mí por decisión propia. Mi ser egoísta y sediento de poder me ha traído hasta aquí. Y de esto tú no tienes que pagar ni una sola de las consecuencias. En esta, mi búsqueda de poder… hay muchas cosas que debo sacrificar. Durante todos estos años has sido una buena esposa. Muy a pesar de que tuviste que vivir recluida a mi lado. Vivir junto a alguien que no se permitió ser amado por ti. Sé que seguramente lo intentaste, pero nunca pudiste amarme. Fue esa distancia que puse entre los dos lo que nunca te permitió hacerlo. Cuando leas esto seguramente estaré buscando la entrada a tierras desconocidas. De sangre poderosa. Durante estos últimos días, te he pensado con frecuencia. En ti y en el futuro incierto que te espera si insisto en tenerte a mi lado. Yo… Sakura… yo Ono Hideyori siempre me mantuve alejado, pero esto nunca fue porque detestara tu presencia. Ha sido durante todos estos años…mi vergüenza. Mi desprecio a mí mismo por haber concebido siquiera utilizarte en mi búsqueda de poder.

Lo único que me regresa un poco de la dignidad que ya he perdido, es saber que al menos un día desperté y mis ojos solo podían verte a ti. Solo querían verte a ti. Mi boca solo quería beber de ti. Dejaste de ser un medio para mi fin egoísta. Pero no por ello me volví digno de ti. Nunca seré digno de tenerte. No merezco tenerte, pues después de todo he escogido a mi egoísmo y no a tu persona. Y es este mi egoísmo, el que me hace temer que peligros lleguen a ti por mi culpa. Para protegerte debo alejarte. Te enviare lejos. Antes de que descubran lo valiosa que es no solo tu sangre sino tu vida misma. Sé que no comprendes lo que hablo y es mejor así. Que nunca lo sepas… es mi más grande deseo.

Dejarte libre… dejarte ir. Esto es lo único que puedo hacer por ti. Devolverte una libertad que nunca debí tomar para mí. Si son estas, las últimas palabras que me son permitidas decirte ante el incierto camino que se me presenta… por favor se feliz. Sigue siendo feliz. Mi mísera existencia ya vacía sin tu presencia… será más fácil de sobrellevar, si tú eres feliz.

En mi pecho guardare tu ausencia. La tendré siempre conmigo al igual que cada una de esas sonrisas que un día me diste. Sonrisas para intentar llegar a mí. Y si…tú llegaste a mí.

Riendo día a día… se feliz. Sakura se feliz.


Sasuke enrollo el pergamino y lo apretó con fuerzas. Estaba debatiéndose. Parte de él le decía que lo guardara ya que no le pertenecía. La otra quería tomarlo y romperlo en mil pedazos. ¿Qué efecto habían tenido esas palabras en Sakura? ¿Le habrían despertado algún sentimiento? Sintiéndose invadido por la inseguridad comenzó a sofocarse. El aire se había vuelto pesado y de nuevo esos celos querían manifestarse. Temía que su esposa deseara que estuviera vivo. Y si ahora tras leer esa carta le guardaba resentimientos… si era así. Él no podría soportarlo. ¿Y si parte de su frialdad se debía a ello?

Acababa de cumplir los 60 años, cuando le dio fin a la vida de Ono Hideyori. Sakura en ese entonces debía tener alrededor de 89. Todo había sido muy rápido. Su padre había muerto algunos meses antes de ese ataque sorpresa. Hiromu los había descubierto cuando empezaban a asentar el campamento. Antes de que falleciera su padre, él y Hideyori habían firmado un tratado. Donde los Ono a cambio de seguir recibiendo sangre brindarían protección al reino. Pero con la rebelión del primer ministro y su traición al emperador, Hideyori decidió seguir los pasos de su ambición. Después de todo era la mano derecha del ministro. Si este derrocaba al emperador, Hideyori sería el primer ministro. Aspirando a ser emperador algún día. Pero para esto necesitaba más y más sangre. Así fortalecería a sus ejércitos. Confiado decidió traer solo a sus mejores hombres y así infiltrarse. Sabia de la muerte de Fugaku, pero no contaba con que este aún tenía un heredero. Heredero que lo enfrento en combate y lo derroto sin siquiera parpadear. Murió siendo testigo de cómo sus pulmones y parte de su estómago eran saboreados. Pulmones que también se convirtieron en ceniza cuando este no hubo sido más de este mundo. Polvo grisáceo que vagaría por los aires, esparciéndose y mezclándose con los suelos de esas tierras desconocidas.

En algunos aspectos podía decir que él y Hideyori eran similares, pero había algo que claramente los diferenciaba. – él y yo al menos somos distintos en algo – se dijo en voz alta tras ponerse de pie y caminar hasta la cama – yo no puedo dejarla ir. Nunca la dejaría ir. Estos años lejos de ella me hicieron darme cuenta de lo mucho que la necesito. La desperdicie por mucho tiempo cuando recién nos casamos. Pero una vez que la deje acercarse me di cuenta que tenerla a mi lado es una forma de vida que no estoy dispuesto a dejar jamás. Incluso con la distancia, todo este tiempo siempre la tuve en mi mente. No puedo imaginar mi futuro sin ella. Prefiero abandonar todo deseo egoísta con tal de que ella siga en mi vida. Aun cuando distancias nos separen… saber que ella me espera… saber que ella estará pensando en mi tanto como yo pienso en ella. Ni siquiera para mantenerla a salvo la alejaría de mí. Y si algún día debo perder la vida será para que ella viva. –observando a su esposa comenzó a tranquilizarse. No podía seguir perdiendo el tiempo en emociones tan oscuras. Era más reconfortante concentrarse en sus sentimientos por ella. Su mirada se movió por instinto hacia su vientre. Recordando lo que le había dicho su padre, sonrió ligeramente. Su padre le había confiado a Sakura su miedo a ser padre de nuevo. Sin embargo, él había nacido. El deseo de ver el rostro de Mikoto sonriendo... darle otro hijo.

Sentándose sobre la cama comenzó a soñar despierto. Sakura decía que funcionaba para ella… ¿pero qué efecto tendría en él? No lo sabía. Solo le quedaba intentar. Poco a poco imagino como el vientre de Sakura iba creciendo. Fumiko entrando y saliendo con paños y agua caliente. Él observando preocupado mientras que su esposa intentaba no demostrar su dolor. Fumiko gritándole que le diera de beber sangre de su muñeca para fortalecerla mientras comenzaba a pujar. La frente sudorosa…las gotitas de sudor haciendo todo lo posible por colarse a esos ojos verdes tan hermosos. La pelirrosa gritando cada vez más fuerte. Apretándole su mano con fuerzas mientras las lágrimas comenzaban a fluir de sus ojos. – ¿Sasuke lo escuchas? está llorando… finalmente podré ver su carita. –Decía sin mucha energía. Fumiko entregándole el pequeño cuerpecito envuelto en una manta –es una niña muy hermosa. Sasuke mírala es preciosa. Se parece tanto a ti. –él incapaz de volverse a su hija. Completamente perdido en la felicidad que su esposa sentía. Verla llorar de felicidad y sonreír como antes no lo dejaba contemplar a la bebe que llevaba en brazos. –no sabes cuánto te he esperado. Mamá se moría por conocerte – sus ojos esmeraldas llenos de una ternura que nunca antes había visto. El brillo que había perdido manifestándose de nuevo en sus pupilas.

Los años pasando rápidamente ante sus ojos. Sakura extendiendo los brazos y riendo al ver a su hija dar sus primeros pasos. Él durmiendo y entre sueños escucharlas reír y disfrutar de la nieve en los patios. Sakura corriendo tras ella para abrazarla con fuerzas. Ven amor vayamos a despertar a papá. Él es bastante huraño y si lo dejamos se aburrirá con él mismo. Si tenemos suerte le convenceremos de que venga a jugar con nosotros. Los gritos de ambas mientras brincaban sobre la cama para despertarlo. – ¡papá! Despierta mamá quiere que vengas con nosotros. Papá los rayos del sol no son para nada fuertes anda despierta. –Sasuke anda ven con nosotros. –escuchar la voz de su esposa y no poder seguir fingiendo que dormía. Abrir sus ojos y reflejarse en esas verdes esmeraldas. Perderse en su sonrisa que poco a poco se transformaba en carcajada – Está bien. Ya voy… no entiendo por qué no pueden estar quietas. Todo el día quieren correr y reír… no esperen… no me hagan cosquillas – no pudiendo evitar que sus propias carcajadas se fundieran sonoramente con las de su esposa e hija. Una hija a la que no le veía el rostro. Pues en su mente solo estaba el rostro luminoso de su esposa. Que sonreía sin poder contener su felicidad –.

Su trance se vio interrumpido al sentirse observado. Sakura le veía con mucha atención aun adormilada.

- Sasuke… has vuelto…

- Si así es.

- ¿te sucede algo? Tu rostro se ve algo extraño…

- Soñaba despierto… nunca antes lo había intentado.

- ¿Y cómo fue?

- Bastante ruidoso. –respondió con una sonrisa – ¿te desperté?

- No… no fuiste tú. Me pareció escuchar la risa de una niña… me estremecí un poco y abrí los ojos…

- Soy solo yo. Me he tardado un poco a pesar de que te prometí que volvería enseguida.

- ¿te quedaras conmigo?

- Si… me gustaría dormir un poco. –como respuesta Sakura levanto el edredón para que él pudiera entrar. Sin decir más se recostó junto a ella. La miro por varios segundos para después comenzar a descender su cabeza. Tras darle un beso en medio de ambos senos, se acomodó. Arrullándose con sus latidos y la calidez de su pecho. No debía torturarse, pues al menos podía estar seguro que su primer esposo nunca pudo disfrutar ni tener completamente esa calidez. –


Abrió los ojos exaltado y se incorporó de inmediato a la defensiva. Sin pestañear miro de lado a lado. Al ver que tan solo era su ama de llaves, suspiro en alivio. Era casi como si al abrir sus ojos estuviera esperando a un enemigo y no a nadie conocido. Seguramente un efecto después de varios años de guerra. De siempre estar cuidándose las espaldas y no perecer en una emboscada.

- Disculpe, mi señor. Solo vine a traerle un poco de sangre. Debe estar hambriento, pues usted y mi señora llevan ya dos días dormidos.

- ¿Has dicho dos días Fumiko?

- Así es mi señor… dos días y dentro de poco dos noches.

- Tenía tiempo sin dormir más de tres horas seguidas. Es probable que al estar ya en mis tierras mi cuerpo haya sucumbido… sucumbido a los efectos de todo el cansancio acumulado durante todo este tiempo.

- Es lo más probable… al menos en su caso mi señor. Pero mi señora Sakura… ella es probable que duerma un poco más.

- ¿No crees que despierte el día de hoy?

- No estoy muy segura. Pero quizás es bueno que este durmiendo. Usualmente cuando duerme por varios días, su fuerza física mejora. Y los dolores ocurren con menos frecuencia.

- Entonces… ¿Cuánto tiempo más dormirá?

- Despreocúpese. Nunca duerme más de cuatro días seguidos. Ya ha dormido dos… si no despierta mañana al menos tengo la certeza de que si lo hará pasado mañana. Pero ya veremos.

- Fumiko ¿crees que después de que despierte su cuerpo le permita viajar?

- Es probable… pero mi señor ella necesita lapsos para descansar. No puede estar viajando durante toda la noche y menos durante el día.

- Quiero llevarla a ver los cielos purpuras. El viaje seguramente nos tomara un día entero. No quiero exponerla. ¿se te ocurre algo Fumiko?

- De aquí a la fortaleza les tomara al menos medio día. Sobre todo por la nieve que hará el camino difícil para los corceles. Creo que esa distancia no le afectara mucho, pero al llegar a la fortaleza al menos deberá descansar un día. Después del descanso puede reiniciar el viaje, pero solo hasta la que era mi casa ¿la recuerda?

- La cabaña en medio del bosque. Si, aun sé cómo llegar a ella…

- Hoy mismo enviare a alguien para que la acondicione para su llegada. De igual manera la torre. Todo estará listo mi señor.

- Fumiko si es posible… no deseo que nadie este allá para atendernos. Quiero estar a solas con Sakura. Así que con que tengamos lo necesario… con eso bastara.

- Mi señor… en la cabaña hay una tina. Si mi ama lo requiere o usted mismo, pueden utilizarla. El único detalle es que necesitara poner leña en el hornillo para el agua caliente. Para que no tenga que salir a buscar leña, también pediré que la dejen lista.

- Gracias Fumiko. Entonces así será. Tan pronto despierte la llevare conmigo para esperar a Hiromu. Después tomaremos el camino a la montaña.

- Amo también pediré que le dejen algo de sangre… solo por si llega a serle necesaria.


Fumiko no se había equivocado. Sakura había dormido dos días más. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no la había escuchado entrar. Recostado en la tina, llevaba ya casi toda la mañana. De nuevo torturándose al recordar la carta que Hideyori le había dejado a Sakura. Había tantas emociones que lo invadían que no podía distinguir cuál de todas era la que le causaba más pesar. Lástima y pena lo poseían al pensar en el primer esposo de Sakura. En la carta le decía que la alejaría. Que la mantendría lejos para que nadie la encontrara. Que no descubrieran su valor… todo aquello que temía… de todo cuanto deseaba protegerla…no había sido posible.

Todo lo que Hideyori había querido evitarle a su esposa sucedió sin que nadie pudiera hacer nada al respecto. Y eso le dolía mucho. Saber que ni siquiera él pudo hacer nada para evitar tal cosa. Quizás si esa carta hubiera llegado a manos de Sakura a tiempo, nada hubiera pasado. Se habría ocultado como su esposo lo deseaba y así su familia… su maldita familia no la habría orillado a causarse ese daño. Pero si esa hubiese sido la realidad era probable que él jamás la hubiese conocido. Y un mundo sin ella, le había quedado claro desde hace tiempo, era simplemente inconcebible. Sakura sin sospecha alguna se había ido a vivir con sus padres tras quedar viuda. Si tan solo hubiera leído esa carta todo pudo ser tan diferente. Sintiendo esa ansiedad una vez más intento calmarse. Pensar que en otra realidad Sakura al leer esa carta lo perdonaría y le amaría, le oprimía el pecho. No quería que esa posibilidad existiera ni siquiera en su cabeza. Tales pensamientos lo estaban volviendo egoísta.

- ¿Por qué la tienes contigo? –la voz de su esposa lo saco de su ensimismamiento. Incorporándose al instante se volvió a mirarla. En sus manos sostenía la caja de madera donde guardaba las viejas pertenencias. La había llevado consigo al baño porque de nuevo había leído las cartas y hurgado entre sus cosas. No pensó que despertaría mientras él tomaba su baño –.

- Yo… Sakura yo estuve leyendo los diarios de mi padre… la encontré por casualidad.

- Entiendo… la tomare de regreso –contesto para después dirigirse a la puerta. Después de unos cuantos pasos, Sakura se detuvo. –Sasuke… falta una de las cartas ¿Dónde está? –Sasuke la miro incapaz de responderle con palabras. Le señalo una mesita que estaba no muy lejos de la tina. La pelirrosa la tomo con mucho cuidado y la contemplo por varios segundos. Era como si al tenerla en sus manos estuviera recordando cada una de las palabras allí escritas. Tras colocarla dentro de la caja, se volvió a su esposo. –Sasuke me gustaría que no tomaras esta caja de nuevo. En ella hay cosas muy preciadas para mí que no deseo perder. Los diarios de tu padre… los dejare sobre la cama. Puedes tomarlos y regresarlos a sus estantes –le contesto sin que su rostro demostrara emoción alguna. Se dio la media vuelta y se dirigió a la puerta de salida. Pero antes de que esta pudiera salir, Sasuke salió de la tina y corriendo hasta ella la detuvo. Acorralándola entre su cuerpo y la puerta. La humedad de su cuerpo comenzó a traspasarse a la espalda de su esposa. –

- Sakura… -comenzó a decirle mientras le hacia el cabello a un lado – ¿en verdad esa carta es muy importante para ti? – pregunto tras darle un beso fugaz en medio de su cuello – ¿es muy valiosa? Dime que no lo es –pidió para después recargarse sobre su hombro. Sakura permaneció inmóvil por unos segundos. Se volvió hacia él con lentitud y lo miro. Después llevo su mirada hacia el interior de la caja que aun llevaba en sus manos y saco algo. Era la caja de música. Sasuke la había arreglado durante esos dos días que había pasado dormida. Había tomado un pedazo de madera de sauco y lo había labrado. Después transfirió el mecanismo y este quedó protegido. La había dejado en la caja mientras encontraba el momento propicio para que ella escuchara la música. La pelirrosa la miraba extrañada. Tras echarle un vistazo se la ofreció a Sasuke –

- Sasuke esto no me pertenece… debiste dejarla aquí dentro por equivocación. Toma… Fumiko me ha dicho que le has pedido que haga algunos preparativos. Creo que estaré bien así que no te preocupes mucho. Empezare a preparar mis cosas –le dijo antes de salir. Al verla marcharse fue y tomo una toalla para secarse.

Desde la puerta del baño la observa guardando sus pertenencias. Recordando el peso sobre su mano desvió su mirada a esta. Sostenía la caja de música en una de sus manos, observándola con detenimiento. Ella no la había reconocido. Para nada en absoluto. La había olvidado por completo. Borrado toda memoria sobre ella. Su padre consideraba la caja como importante. Y debía haber una razón. La llevaría en el viaje. Encontraría un buen momento para que ella escuchara la melodía. Y sobre todo quería regresársela. Ya que desde un principio siempre le había pertenecido. Mientras se cambiaba no podía dejar de mirarla. Un tanto dolido, pues ella no le contestó. No le dijo absolutamente nada de lo que esa carta significaba para ella. –


- Mis señores este otro corcel lleva todo lo necesario. Hay algunas mantas, sus ropas, sangre y otras cosas que puedan serles necesarias. Amo Sasuke ¿Esta seguro que no desea llevar a nadie para que los atienda? ¿O, quizás que alguien les alcance después?

- No. Fumiko estaremos bien. Tan pronto tengamos noticias de Hiromu te las enviare.

- Le agradezco mi señor. Vayan con cuidado – El pelinegro monto a su corcel y le extendió la mano a Sakura para ayudarla a subir. Después de sentarla frente a él, los cubrió ambos con una capa bastante grande.

- Sakura si llegas a sentir más frio no dudes en decírmelo. Hemos traído algunas mantas con nosotros –la pelirrosa asintió con la cabeza, sin siquiera volverse a mirarlo. Halo las riendas de su corcel y este comenzó a andar. Seguido muy de cerca por el otro caballo que llevaba sus pertenencias. Sakura no dijo nada por mucho tiempo. Estaba abstraída. Sus ojos fijos hacia el frente. Poco a poco fue dedicándose a observar los paisajes que iban apareciendo por el camino. Era como si ya no estuviera acostumbrada a estar cerca de la naturaleza. Cuando antes era algo que la fascinaba. Era probable que desde el incidente no frecuentara el exterior, algo que antes ella había amado tanto.

- Sasuke ¿te molesta si duermo un poco? –rompió el silencio de repente –

- No. Descansa. ¿tienes frío?

- No. Tu cuerpo es cálido… es más que suficiente. –acomodándose de lado se recargo en su pecho. Sasuke continuo halando las riendas con una mano, pues la otra la enredo en su cintura. No podía ver su rostro con claridad. Sus cabellos rosados solo le permitían ver la punta de su nariz. Verla cubierta casi por completo le hizo recordar esa noche que se habían conocido. Él se escondía de Hiromu. Quien lo estaba presionando a regresar al castillo. Diciéndole que ya muchas familias habían llegado a sus tierras para la ceremonia. Que no podía cancelarla ya que eso causaría una mala impresión.

Esa noche ella era un bulto en el suelo, pero ahora era un bulto en sus brazos. Un bulto al que cargaría hasta donde le llegara la vida a ambos. Tomándola como esposa solo porque de entre todas, ella no olía a sangre. Muy a pesar de que los primeros meses habían sido tan inciertos, había algo que siempre había querido preguntarle. Incluso antes de enamorarse de ella se había visto tentado a hacerle esa pregunta. Preguntarle aun cuando la despreciaba y temía volverse vulnerable ante ella. Empapado en sangre tras beber y comer hasta quedar saciado ¿Por qué tú no me miras como ellos lo hacen? Era lo que muchas veces quiso preguntarle. Ichizo, sus consejeros, los líderes de otras tierras, siempre viéndolo de una manera muy peculiar. Siempre pensó que esas miradas eran normales. Pero luego vino ella… y ella nunca lo miro de esa forma. Gracias a esa mirada se dio cuenta en quienes podía confiar y en quién no.


Durante todo el camino evito mover su cuerpo, tratando de no incomodarla mientras dormía. Hacía más de diez minutos que habían llegado a uno de los pueblos abandonados. Muchos años atrás había quedado completamente vacío. Su gente temía a los invasores. Asentándose en lugares más seguros como consecuencia. Difícilmente podía creerse que había sido uno de los pueblos de más provecho.

No les quedaría mucho camino que recorrer para llegar al fuerte una vez que salieran del pueblo. Afortunadamente en él estaban varios de sus soldados. Le había insistido a la mayoría que regresaran con sus familias, pero varios de ellos decidieron no hacerlo. Querían proteger al reino ahora más que nunca. Ya que ante el emperador, habían tomado mucho renombre. Sintiéndola moverse un poco, supo que comenzaba a despertar.

- Sasuke… ¿falta mucho camino?

- No. Tan pronto pasemos este pueblo podrás ver el fuerte a lo lejos.

- ¿Qué le paso a este pueblo? –pregunto un tanto consternada al incorporarse. Sus pupilas esmeraldas iban y venían abrumadas por tal abandono. Aunque visiblemente se viera afectada su voz estaba llena de frialdad – este lugar se siente tan desolado. Tan olvidado.

- Tuvieron que abandonar este lugar por la inseguridad. Al estar tan cerca de la frontera, durante los últimos años sufrieron muchos ataques inesperados.

- Pero ya es seguro. Si me hubiera dado cuenta de esto… les habría dicho que podían regresar. Ahora que no hay nadie que pueda llegar hasta ellos… podrán regresar –al escucharla decir esto la abrazo con fuerzas, pero ella siguió hablando como si no hubiera sentido nada de afecto entre sus brazos –Sasuke… ¿podemos detenernos? Quisiera caminar un poco entre las casas. Aunque para eso necesitaremos luz.

- Es probable que Fumiko nos haya empacado algunas antorchas. Prenderé una en unos momentos. Parece que la nieve no es muy profunda. Aun así te ayudare a ponerte tus otras zapatillas. Será más fácil caminar con ellas. – al decirle esto tiro del caballo y este se detuvo. De igual manera el corcel que llevaba sus pertenecías. Tan pronto se hubo bajado busco las zapatillas de su esposa. Se las puso con cuidado para después ofrecerle su mano para que pudiera bajar. Se quitó su capa y la envolvió. –

- No es necesario…

- Lo es. No quiero que tengas frío… Sakura debes estar abrigada –la pelirrosa no le contesto. Caminando hasta las casas allí asentadas con prisa. Él caminaba detrás de ella, dándole su espacio. De alguna forma entendía su deseo de explorar a solas. Sin quitarle los ojos de encima, siguió caminando detrás de ella. La pelirrosa se detenía de vez en vez. Recogiendo y observando las cosas que encontraba tiradas en el suelo. A todas las casas las había observado de lejos, pero solo a una decidió entrar. Esta estaba frente a una plaza pequeña. Aun crecían algunas flores en el jardín. Podían apreciarse, pues la nieve no las cubría en su totalidad. Viendo que la pelirrosa se agachaba y tomaba algo, camino hasta ella. –

- ¿Sucede algo?

- Encontré una cuchara… -respondio sin volverse a mirarlo. Toda su atención estaba en la cuchara. –Sasuke ¿Por qué hay una cuchara en este lugar?

- Algunos vampiros, sobre todo aquellos que ya han vivido muchas generaciones, suelen beber la sangre de un plato hondo. No de una copa. Antes solían hacerlo de esa forma. Costumbres de antaño que nunca han querido dejar de lado. En este lugar vivían familias ya muy viejas.

- Tienes razón… yo cuando vivía en las tierras de los Ono… los bisabuelos de Hideyori-sama… algunas veces los vi utilizar cucharas para consumir la sangre. –Escucharla referirse a su primer esposo con tanto respeto no le agrado del todo. Agachando la mirada con cierto acongojo, se topó con los pies de Sakura. Y estos estaban sumergidos en agua. Se había parado sobre un pequeño estanque de hielo derritiéndose. –

- Sakura… ven aquí pronto. Tus pies deben estar muy helados…

- ¿mis pies? Tienes razón… están muy helados. No me di cuenta del agua… al ver la cuchara me distraje. Algo tan brillante en medio de la nieve… no pude evitarlo.

- Ven aquí debemos regresar. Te llevare en mis brazos… es mejor que no sigas caminando en la nieve –le explico mientras la tomaba. Teniéndola ya en brazos se dio cuenta que esta llevaba más cosas entre sus manos – veo que encontraste algo mas –

- Tan solo es un pedazo de tela… y un cuadro… - levantándolo se lo mostro. Sasuke lo miro con interés – Umm se quién es.

- Yo también. Vi su cuerpo en el cuarto de los cuerpos.

- Lleva ahí más de 200 años… era alguien muy cercano a mi hermano. Al menos eso me dijo mi padre. –explico mientras la sentaba sobre el caballo. –debes tener más cuidado. No has traído más zapatillas. Te pondré mi otro par de botas. –con mucha paciencia le quito las zapatillas mojadas y la cambio. Al terminar monto su corcel de nuevo y continuaron su camino. La pelirrosa permaneció callada por un largo rato, admirando el paisaje. Al sentir que su cuerpo se tensaba, se encogió tras recargarse sobre el pecho de Sasuke –.

- ¿Ha comenzado a dolerte?

- Un poco. –tan pronto se lo hubo dicho, el pelinegro llevo una de sus manos a su vientre para brindarle esa presión que la reconfortaba. –dentro de un poco llegaremos… lo prometo. –recargándose sobre su pecho la pelirrosa siguió mirando los alrededores. –


Solo como recordatorio Sakura le lleva a Sasuke 29 años. Cuando se casaron Sasu tenia 90 y ella 119.

Pobrecito Sasuke... pero siempre he dicho que le hizo falta sufrir un poco por Sakura en el manga... por eso no puedo evitar hacerlo pasar malos momentos en todos mis fanfics. Eso y que soy adicta al drama (esta intentando justificarse por todo el drama que se aproxima en el fic)

Por cierto el recorrido que estan haciendo hacia la montaña me lo imagine con esta musica.
Es de los mismos compositores que ya habia dejado.

Como no tendre tiempo de dejar los links en mi pagina de deviantart les dejare aqui como buscarlas para que puedan ambientar su lectura si asi les parece.

Canal Derek & Brandon Fiechter

Sasuke analizando la situacion, su preocupacion por Sakura y cuando se marcha a leer los diarios de su padre.

Dark Winter Music - Dark Halls of Ice

Sasuke y Sakura comenzando su viaje y pasando por la villa abandonada.

Dark Winter Music - Snowland

Gracias por leer

No olviden sus reviews. Los aprecio mucho.