Capítulo 11

-¿Puedo entrar?- David abrió la puerta del despacho de Emma tras algunos golpes. Ella alzó la mirada hacia el padre y sonrió

-Tú, siempre

-He venido a decirte que tu madre y yo ya nos vamos, ¿bien?- cerró la puertas tras de sí y caminó hacia la silla frente a Emma

-Está bien- miró el horario en la pantalla del ordenador –Yo también me marcharé pronto, pero antes tengo que terminar esto- golpeó el cuaderno que estaba encima de la mesa con los dedos, llamando la atención de David.

-¿Es para el desfile?- giró el cuaderno para ver el diseño

-Sí. Ese es el primero

-Está genial, Em

-Aún no, pero espero que quede- sonrió y volvió a poner el cuaderno donde estaba.

-Ahora…¿puedo hacerte una pregunta?- se sentó en la silla y cruzó los brazos, la rubia asintió –Si ese es el primero- señaló el cuaderno -¿Qué es ese vestido negro del que no te despegas?- giró la silla para quedar frente a un maniquí con un vestido ya casi acabado.

-Es…- se calló y miró al vestido. David giró la silla de nuevo y la miró con el ceño fruncido –No es para la colección, es para alguien.

-¿Ruby?

-No…Regina

-¿Regina? ¿La doctora?

-¿Qué pasa con la doctora?- dijo Mary al abrir la puerta y entrar en el despacho. Se sentó sobre las piernas de su marido y los miró a los dos esperando una respuesta.

-Ese vestido es para Regina- David giró la silla de nuevo con su mujer en el regazo, y volvió rápidamente a su sitio.

-¿Cómo es eso, Emma? Explícate- Mary frunció el ceño y Emma se pasó las manos por la cara.

-Ha pasado de ser doctora a amiga. Hemos mantenido contacto después de haber salido del hospital, hablamos todos los días, nos hemos visto a veces. Solo eso.

-¿Y qué tiene que ver el vestido?- preguntó de nuevo a la hija

-Tuvimos una conversación sobre eso cuando aún estaba en el hospital y…simplemente quise hacerlo- se encogió de hombros

-Está resumiendo la situación-Mary miró a su marido que asintió

-No vamos a insistir.

Ambos se levantaron de la silla y rodearon la mesa; David besó la cabeza de la hija y después le tocó el turno a Mary.

-Cuídate- Mary sonrió antes de cerrar la puerta.

Emma se estiró en la silla y miró hacia el vestido. Solo faltaban algunos detalles por acabar. Estaba ansiosa para entregarlo, y más ansiosa aún por saber si a Regina le iba a gustar.

No podía explicar nada a los padres cuando ella misma ni sabía clasificar lo que estaba sintiendo.

Habían pasado dos días desde el desayuno compartido; desde la despedida que causaba frío en la barriga de Emma solo por recordarla. Ese maldito frío en la barriga y los recuerdos que insistían en pasar como una película en su cabeza la estaban matando. No conseguía distinguir nada entre el revoltijo de sentimiento que sentía en los momentos que pasaba con la morena; si alguna vez hubo sentido algo parecido, no lo recordaba, por eso no podía comparar con nada ya experimentado.

Desde la noche en que habían dormido juntas, su cuerpo parecía anhelar algo cuando se metía en la cama. El olor del cabello y el perfume de Regina se habían quedado impregnados en sus sábanas y en su almohada, haciendo que comprendiera lo que estaba anhelando.

Dejó de mirar el vestido y centró su atención en el diseño que había comenzado. O al menos lo intentó. Se estaba empezando a enfadar consigo misma por no conseguir desviar el foco de sus pensamientos, donde vivía Regina, para poder concluir su modelo.

Miró de nuevo el vestido en el maniquí y el diseño en su cuaderno, intercalando la mirada entre ambos. Su foco no era otro cuando había hecho el vestido para Regina, así que si no conseguía trabajar por estar pensando en ella…Ella sería su inspiración.


El abogado de Regina había citado de nuevo a Robin para firmar los papeles cuya firma él había estado retrasando sin motivo plausible, así que, al no poder retrasarlo más, finalmente los firmó. A regañadientes, pero los firmó.

Regina, finalmente, veía todos los lazos que la unían a Robin cortados.

Apenas hubo entrado en el coche al acabar su turno cuando el móvil en su bolsillo del pantalón comenzó a sonar. Atendió de inmediato cuando vio el nombre de su abogado en la pantalla y en cuanto escuchó la noticia, su corazón fue de cero a mil en señal de satisfacción.

Llevaba un mes dentro del juego de Robin de querer sujetarla, como si quisiera hacerle pagar el no querer compartir más su vida con él, verse libre de él era su liberación.

Al cortar la llamada, pensó automáticamente en Emma. Ella fue la que supo, en primer lugar, toda la situación; ella fue quien se dispuso a ayudar sin ni siquiera conocerse, era justo que aquello que tanto esperó fuera compartido con ella en primer lugar.

Buscó su número y en un segundo volvía a tener el móvil en la oreja; al cuarto toque fue cogida la llamada.

-¿Estás libre el fin de semana?- preguntó apenas Emma descolgó

-Completamente. ¿Por qué?

-Porque saldremos a beber- no contuvo la sonrisa. No obtuvo respuesta de Emma en segundos -¿Emma?

-¿En serio?

-¡En serio!- rió de la manera de preguntar de la otra

-¿De verdad ha firmado?

-Sí

-¿El viernes por la noche, entonces?

-El viernes a las nueve

-Yo he dado la idea, paso por tu casa o por donde quieras. Es más, ¿de verdad vas a buscar un apartamento?

-Mañana mismo. Nuestra casa ya estaba en venta y por lo visto la inmobiliaria ya tiene compradores, tenemos que desocuparla cuanto antes.

-¿Y entre tanto dónde te vas a quedar?

-Con Tinker, hasta encontrar un apartamento

-Claro…

-En fin, solo quise que fueras la primera en saberlo ya que has sido la que más me ha ayudado.

-Estoy feliz por ti, de verdad

-¿Aguantas escuchar un gracias más?-la pregunta hizo reír a Emma, y su risa, aunque fuera a través del teléfono, hizo también reír a Regina.

-Regina…- su voz sonó recelosa

-¿Sí?

-¿Aún me usarás como escape?

-Ni se me ha pasado por la cabeza que dejes de serlo- su voz salió tan amable que Emma, al otro lado, estaba escuchando sus propios latidos acelerados.

-Genial

-Estoy en el aparcamiento del hospital desde hace casi media hora, tengo que salir de aquí. Hablamos después, escape.

-Está bien. Cuídate

-Tú también- respondió con una sonrisa

Intentaba entender cómo Emma conseguía hacerla sonreír por cualquier cosa.


En cuanto colgó el teléfono, Emma dejó el móvil sobre la mesa y observó el primer diseño que ya estaba listo hasta en sus más mínimos detalles. Le había resultado bien usar a Regina como inspiración. Solo había confeccionado una pieza para ella, pero haría una colección entera por ella. Era más fácil imaginar algo que Regina usaría que buscar en su imaginación un modelo que cualquiera podría usar. Habría sido mucho más fácil confeccionar todo lo que ya había diseñado hasta ese día si hubiera tenido a alguien que la inspirarse como ahora.

Quizás quien tuviera que agradecer ese momento era ella.

Ya todos habían salido del edificio, se quedó sola como de costumbre, se negaba a marcharse antes de terminar lo que había comenzado.

Dejó el cuaderno tal como estaba, apagó el ordenador y cogió su bolso. Antes de salir de su despacho, miró el vestido una última vez y entonces cerró la puerta. Al verlo casi listo, podía tener una visión más nítida aún de cómo quedaría en el cuerpo de su futura dueña, pero a la vez que la ansiedad por verla con el vestido era grande, el recelo de que no le gustara crecía proporcionalmente.

A punto de arrancar el coche, recordó que Ruby llegaría ese día de viaje. Cuando conoció a su mejor amiga, era muy consciente de que ella viaja muy a menudo por su trabajo, pero aún así, odiaba que esos viajes fueran tan largos provocando que la echara tanto de menos.

-Di, patito. Mi añoranza en persona- dijo al atender cuando ya casi Emma iba a colgar.

-¿Estás en Nueva York?

-Acabo de bajar del avión

-¿Puedo ir a buscarte al aeropuerto?

-Lo adoraría

-¿JFK?

-Sí


-Te he echado de menos- Ruby la apretó en sus brazos

-Yo también, mucho

La morena la soltó y le sonrió

-¿Cuál es el motivo para ofrecerte a recogerme? ¿Añoranza?- dijo mientras caminaban hacia la salida del aeropuerto

-También

-¿Y qué más?

-Tengo que hablar contigo

-¿Problemas, patito?- Ruby la miró con el ceño fruncido

-Confusiones internas- Emma torció la nariz

-Escupe

-Vamos a tomar un café y te cuento

-Ok

Al llegar al coche, Emma abrió el maletero para meter las maletas de Ruby y en cuanto lo hubo hecho, entraron en el coche.

El tiempo que se tardó en llegar a la cafetería preferida de Emma fue colmado por Ruby contando sobre su viaje y sobre sus próximos trabajos.

Al llegar, escogieron la última mesa, en una esquina vacía y cerca de la ventana. Con menos personas cerca sería mejor para una conversación.

Swan había decidido desahogarse sobre sus confusiones internas porque sabía que Ruby la ayudaría de alguna manera. Mantener todo ese torbellino para sí misma solo haría que la confusión creciera sin llegar a ningún sitio, dejando el camino abierto para conclusiones erradas.

En cuanto Ruby pidió su cappucciono y ella su macchiato, la camarera se retiró.

-Ya puedes hablar

-Mi cabeza es una auténtica confusión- soltó el aire

-Motivos, patito

-Si al menos yo lo supiera…

-Ahora me dejas confusa a mí

-Yo…- pensó si lo decía o no, pero era Ruby a la que tenía delante, no tenía motivos para no hablar –Dormí con alguien y…- desvió la mirada hacia Ruby que tenía una sonrisa pícara en los labios –No tuve sexo con esa persona, si es lo que estás pensando- los trazos de Ruby pasaron de la malicia a la confusión –Literalmente solo dormimos juntas

La camarera trajo el pedido de ambas y se marchó tras ellas dar las gracias.

-¿Juntas?- enfatizó -¿Con una -a al final?- frunció el ceño

-Déjame terminar de hablar primero- Emma volvió a mirar su taza sobre la mesa y diseñar con la punta del índice cosas abstractas en la porcelana –Fue mejor que dormir con alguien tras una increíble noche de sexo. Fue como…No sé, Ruby, fue bueno dormir sintiendo el olor de su cabello que aún sigue en la almohada hasta ahora.

-Patito…

-No he acabado…- Emma la miró por un segundo, y volvió su atención a la taza –Le pedí que se quedara a desayunar simplemente porque no quería dejarla marchar

-Realmente es una mujer…- Ruby concluyó bajo y Emma asintió aún sin mirarla.

-Y cuando tuvo que irse, bueno…si alguien nos hubiera visto, habría jurado que nos habíamos besado o iríamos a hacerlo por la distancia en la que estábamos…- suspiró –todo eso no sale de mi cabeza y me ha dejado aturdida. Es una amiga como lo eres tú, son los mismos límites, pero…

-Pero es obvio que de ella estás enamorada y de mí no- Ruby sonrió. Emma alzó su mirada y negó con la cabeza.

-Me niego a creer que sea eso.

-¿Cuál sería el problema, Emma Swan?

-¿Todos?

-Cita algunos

-En primer lugar, no puede ser eso, nunca se me pasó por la cabeza la más mínima atracción hacia una mujer.

-Porque ella ha despertó eso en ti como ninguna otra la ha hecho antes- dijo con naturalidad

-Me voy a volver loca- sus codos estaban apoyados sobre la mesa escondiendo su rostro entre sus manos.

-Por lo que sé, tu corazón era una piedra de hielo, nunca has sentido nada por nadie más allá de atracción y ahora es un sentimiento nuevo.

-Que precisa parar- dijo al volver a mirar a su amiga

-Pon tus pensamientos en orden, quizás sea hora de dejar que alguien entre en ese corazón cerrado bajo siete llaves. Si es que podemos llamar a eso corazón…

-Ni hablar de eso.

-¡Eres testaruda, Swan!- reviró los ojos y se acabó de beber su cappuccino –Sin contradecirme, ¿ok? En caso de que esa piedra en forma de corazón que tienes ahí dentro esté comenzando a latir por ella…¿Crees que hay posibilidades de que ella sienta lo mismo?

-Ella es hetero- salió en un murmullo y eso hizo que Ruby riera alto

-Y tú también te defines así, pero estás confusa por alguien del mismo sexo.

Emma se quedó en silencio, apenas probó su macchiato.

-Mira, patito…Ya era hora de que te sucediera esto- continuó y puso su mano sobre la de Emma –Deja que las cosas sucedan naturalmente, quizás sea algo de tu cabeza y pase, pero quizás, si sientes algo por ella, ella sienta lo mismo-cambió la posición de su mano atrapando la de la rubia –En caso de que tu confusión sea por culpa de tu forjada heterosexualidad, tú más que nadie nunca has estado presa de etiquetas, así que…permítete sentir.

-Gracias- Emma sonrió de canto mirando el rostro de Ruby que esbozaba una sonrisa

-Ahora cuéntame, ¿quién es ella?

-¡Quién sabe si un día lo descubres…!


Las ropas de Regina estaban casi todas dobladas dentro de sus maletas con la ayuda de Tinker. Al llegar a casa y ver que estaba sola, decidió que debería comenzar a sacar sus cosas de allí. Poco le importaba cuándo Robin iba a hacer lo mismo, la responsabilidad de la casa había sido para él, ya que no había cumplido correctamente todas las cosas sobre el divorcio, así que si ya había compradores, imaginaba que él recogería pronto sus cosas también.

-¿Por qué tanta ropa, Regina Mills? Te pasas la mayor parte del tiempo con bata- dijo al cerrar una de las maletas sentándose encima de ella

-Tú te has ofrecido a ayudar

-Ya me arrepiento

Regina la ignoró mientras sacaba las últimas prendas de las perchas.

-Entonces, ¿cómo va tu relación con tu amiga la diseñadora?-aún sentada sobre la maleta, dio una sonrisa lasciva a Regina que contuvo la suya -¿Eso ha sido la sombra de una sonrisa? Debo admitir que tengo celos

-Te estás imaginando cosas

-Yo no duermo con mis amigas…- movió los hombros mirándose los propios pies

-¿Todavía con eso? Eres una pesada, ¿sabes?

Cerró la última maleta y la puso en el suelo.

-Solo estoy intentando comprender lo que lleva a dos personas que no tiene relación más allá de una amistad a dormir juntas. A-bra-za-das- susurró cada sílaba por separado.

-Ayúdame a llevar las maletas al coche. Y con la boca cerrada.

En su interior estaba de acuerdo con su amiga, pero no lo asumiría. Quizás Tinker tuviera razón, no es tan común que dos amigas duerman juntas de la forma en que habían dormido, la proximidad en que habían conversado dos veces y más importante aún era cómo sus piernas temblaron cuando sucedió.

Aquella noche y aquella mañana de domingo no habían salido de su mente y aún no entendía la razón. Su mente la llevaba hacia Emma incluso aunque no quisiera.

También muchas veces recordó en cómo había visto a Emma llegar al hospital, ensangrentada e inconsciente, y tras haber pensado que su deber era salvar su vida, se dio cuenta de lo que hermosa que era.

Emma era una paciente más, no había motivo alguno para que una hubiese entrado en la vida de la otra, ya que nunca volvía a ver a sus pacientes. De alguna forma inconsciente, la había escogido como vía de escape. La segunda vez que había hablado con ella, Emma ya era conocedora de sus sentimientos sobre un matrimonio fracasado. Y a causa de esas conversaciones que nunca debieron haber sido comenzadas, ya que no tenían nada que ver sobre la salud de la rubia, ambas estaban tan envueltas que llevó a Regina a pensar en cómo todo había sucedido con tanta naturalidad, aunque no era muy común.

¿Por qué Emma?