Capítulo 11

-Continúa el día dos-

A Michael Corner le sorprendió mucho aquella reacción de Ginny. Desconocía el motivo de ese cambio de opinión tan brusco. Era un "ahora te quiero, ahora no", por eso empezaba a sentirse molesto:

-¡Ey, ey, ey! ¿Qué se supone que estás haciendo? -le preguntó con aire de chulo, apartándola justo cuando estaba a punto de darle un beso.

Ginny abrió primero un ojo y luego otro:

-¿Pues qué va a ser? ¿Es que necesitas una lechuza de aviso antes de que te den un beso?

-No… pero no sé qué pretendes. Primero me dices que prefieres a Potter y luego intentas darme un beso. Seré idiota, pero no lo entiendo.

-Vamos, Michael, olvida lo que he dicho ¡Tengo amnesia! ¿Lo ves? -dijo, dándose varios golpes seguidos en la sien. -No recuerdo nada de lo que te he dicho… También padezco dislexia.

Corner frunció el ceño ¿Qué tendría que ver la dislexia con todo aquello?, pensó.

-Y, además, ¡SOY DALTÓNICA! -enfatizó Ginny, como si ese dato fuera de vital importancia.

-¿Daltónica? Eso es cuando confundes el verde y el rojo, ¿no? -se extrañó el muchacho.

-Sí…

-¿Y eso qué cuernos tiene que ver ahora?

¡Mierda! Si Michael hubiera sido un Slytherin, habría colado pensó Ginny.

-En realidad… nada ¡Pero ese no es el caso! -continuó poniendo excusas, con fuerzas renovadas. -El caso es que a veces confundo todo tanto que ya no sé ni lo qué digo. Pregúntaselo a cualquier Gryffin-Gryffin-… ¿Cómo era? ¿Lo ves? ¡Hasta se me olvidan los nombres!

Michael empezaba a plantearse la salud mental de Ginny.

Ella atacó de nuevo, esta vez cogiéndole de las manos y mirándole directamente a los ojos:

-Michael…. Tienes que creerme. Yo quiero estar contigo, no con ese… traidor de Harry Potter.

Corner dudó unos instantes. ¿Estaba siendo sincera? ¿O estaba intentando tomarle el pelo? ¿Y si Fred y George habían mentido y esto no era más que otra prueba del juego? Pero, de repente, lo vio todo claro:

-¡NO! Me niego a ser tu juguete o el sustituto de Potter -afirmó, negando rotundamente con la cabeza. –Mira, Ginny, piénsatelo bien y cuando realmente lo tengas claro (si es que llegas a tenerlo), hablamos…

El chico, enfadado, dio media vuelta y dejó a Ginny allí tirada. La pelirroja estaba hecha una furia. Habían herido su orgullo dos veces seguidas en lo que iba de día. Primero, Harry se había olvidado de ella y había preferido a esa roba-novios de Chang. Y ahora Michael no sucumbía a sus encantos.

¡Aquello era la guerra!


13.15 horas

Lechuza para Severus y Filius:

¡Por las barbas de Merlín!

¡Sybill nunca acierta con esa bola de cristal mohosa y tiene que acertar justo ahora!

¿Qué le voy a decir a Pomona?

Chicos…mis labios están sellados. Si queréis saber quién le gusta, preguntádselo a ella.

Minerva


13.16 horas

Para mis colegas, los altos:

Minerva, considero que quizá le estás quitando méritos a nuestra querida colega. Sybill, aunque no lo parezca, hay veces que acierta. ¡El año pasado acertó el día de mi cumpleaños! Espero que este año también lo prediga… Me gustaron mucho los patucos que me regaló. Son calentitos y esponjosos.

Por cierto, Sevi, ¿cómo es eso de acorralar a los alumnos? ¿En serio acojona? ¿Me darás clases?

Filius


13.18 horas

Filius y Minerva:

¡Sybill acertó tu cumpleaños porque se lo dijimos nosotros, termita! Si eso es tener "ojo", yo tengo uno bien grande y peludo. Adivina dónde está… je, je, je.

¿Te regaló unos patucos? ¡JA JA JA!

Hablando de cumpleaños, ¿qué me vais a regalar este año? Espero que no sea un rizador de pelo, como el año pasado. ¡Sabéis perfectamente que no uso esas cosas! ¿Acaso alguien me imagina con el pelo a lo afro?

Minerva, necesito saber quién es el amor de Pomona. Esto se ha vuelto serio. Mi vida depende de ello.

Por cierto, enano: tú no acojonarías ni a una mosca, aunque la acorralaras con todo tu cuerpo.

¡Y deja de llamarme Sevi!

Severus


13.19 horas

Lechuza para Minerva, Severus y Filius:

¡He visto algo en la bola! ¿El pretendiente de Pomona tiene la cabeza muy grande?

¡Menudo melón!

Sybill


13.21 horas

Sybill: limpia la bola, que lo que estás viendo es el reflejo de TU cabezón.

Minerva


13.22 horas

¡Uy!

Sybill


13.23 horas

Para Severus y Minerva:

Sí, unos patucos, ¿pasa algo? Los apreciarías si no encontraras zapatillas de tu talla.

Por favor, deja de reírte. Tu risa sí que acojona…

Oye, Minerva, ¿No nos vas a dar ni una pista?

Flitwick


13.24 horas

A todo el profesorado:

¿Dónde cuernos habéis metido el bote de Mister Proper?

Sybill


13.25 horas

Para Filius y Severus:

Nada de pistas. Preguntádselo vosotros. Si digo algo más, Pomona es capaz de matarme.

¡Por Merlín! ¡Qué pesada está Sybill con su bola! ¡Juro que si la nombra otra vez se la robaré para organizar una partida de bolos contra su cabeza!

Y, Severus, tendrás que culpar a Albus de lo del rizador. Estaba bromista aquel día. Nosotros no tenemos nada que ver. A lo afro no te veo, pero ¿que tal unas trenzas? Ji, ji, ji.

Minerva


13.30 horas

Querida Sybill:

Prueba con "Scourgify!" Es con lo que yo limpio las escobas. Y ya no es Mister Proper. Eso fue al principio, ahora se llama Don Limpio.

Madam Hooch


13.31 horas

Mensaje en clave para Darth Vader:

Mi señor:

La "bulldog" no suelta ni prenda. Tendré que preguntárselo directamente a la "horticultora". Pero no desespere, amo de las Galaxias: la guerra no ha hecho más que empezar y lo averiguaré. Sea comprensivo: recuerde sus edades mozas, cuando usted no era más que un "Anakin" cualquiera. Y recuerde el carácter agrio de la "bulldog"… con el paso de los años es aún peor…

Firmado,

R2-D2


13.33 horas

Mensaje en clave de tu Señor:

Fiu- Fiu, Fiu- Fiu

Sí… recuerdo perfectamente a la "bulldog"… ¿Cómo es posible que yo haya muerto varias veces y esa bruja aún siga viva? ¡Si tiene más años que arrugas!

¡Averigua lo de la "horticultora" cuanto antes! Empiezo a impacientarme…

Por ciert, o¡Yo no era un "Anakin" cualquiera, estúpido! ¡Era el ELEGIDO! ¿Y quién se inventó estos nombres estúpidos? ¡Yo no soy Y NUNCA SERÉ el padre de "Luke Skywalker"! Antes de ser el padre de ese niño insoportable prefiero que me mates a Crucios.

Darth Vader


13.34 horas

Pero mi señor… la trilogía… ¿Qué dirá George Lucas si la modificamos?

R2-D2


13.35 horas

¡Me importa un cuerno lo que piense ese tal Lucas!

Sólo de imaginar que es mi hijo… Aiggg… Tengo náuseas

(¡Colagusano! Me encuentro mal… ven a darme un masaje)

Darth Vader


13.36 horas

Para Madame Hooch:

¿Don Limpio? ¿Y quién le dio el título nobiliario a ese hombre? ¡Si parece sacado de una película turca!

Sybill


13.37 horas

Lechuza PARA:

los altos, para los bajos, para los que se lavan el pelo, para los que no, para las que cultivan plantas, para las transfiguradas, para los que tienen ojo interior, para los que fingen tenerlo, para los buenos, para los malos, para los muertos, para los vivos…Para el staff… Para todos…

(Espacio patrocinado por Coca Cola)

Severus, pillín, ¿con quién te estás lechuceando?

Oíd, tengo un hambre de lobo (¡Uy! Menos mal que Remus no me está leyendo… ji ji ji) ¿Qué? ¿Nos dejamos ya de tanta lechuza y vamos a comer?

Filius (Perdonad por la lechuza patrocinada. Así el correo es más barato)


Los seis profesores levantaron entonces sus cabezas de sus pergaminos. Había, por lo menos, veinte lechuzas revoloteando en aquella sala. El director de la casa Ravenclaw se incorporó en su asiento, miró a su alrededor, desató su cuerda de emergencia de la silla donde estaba sentado y luego se encaminó hasta la puerta:

-Oye, Minerva, ¿Me explicas por qué cotilleábamos vía lechuza si estábamos todos aquí sentados?- le preguntó el inocente profesor Flitwick a McGonagall cuando ya todo el grupo estaba en la puerta de la sala común de profesores.

-Seguridad, Filius, seguridad… Recuerda que en estos tiempos que corren cualquier medida es poca.


Poco después de que los profesores se sentaran en su respectiva mesa, Harry y Ron hicieron su entrada en el Gran Comedor. Al pasar por la mesa de Slytherin, Draco Malfoy les lanzó una mirada perversa:

-¿Cómo llevas tus dimensiones, Weasley?

El pelirrojo adquirió un tono morado peligroso. Harry, que lo conocía perfectamente, contuvo a su amigo agarrándole del brazo:

-Ni lo escuches, Ron. No vale la pena. Déjalo estar y vamos a comer.

-¿El gallito no contesta? ¿O debo decir gallinita? -continuó Malfoy.

Harry salió entonces en defensa de su amigo:

-Te estás pasando, Malfoy.

-¿Acaso algo ha molestado al superhéroe? ¿Dónde te has dejado las mallas y la capa, SuperPotty?

-¡Cállate, Malfoy! -estalló Ron.

-¡Cállate tú, tullido!

-¿A quién llamas tullido, afeminado?

Draco se quedó estupefacto:

-¿Afeminado? -se encendió, levantándose de la mesa. -¿A quién llamas afeminado?

-Oh, vamos, Draco, no disimules más. ¿Quién le pone nombre a sus genitales si no es afeminado? -dijo Harry, guiñándole un ojo a su amigo.

Los otros comensales de la mesa de Slytherin empezaron a soltar risitas disimuladas.

-Ya sabía yo que había otra mujer en tu vida… -afirmó Pansy Parkinson, como si ahora comprendiera perfectamente los últimos rechazos de Draco.

Malfoy estaba colorado como un tomate. Todo el mundo parecía mirarle con curiosidad.

-¡Yo no le he puesto nombre a mis genitales! ¡Y no es una mujer!

-¿Entonces tiene nombre de tío? -curioseó Blaise Zabini.

-Venga, Draco, dinos cómo se llama -le animó Pansy, dando palmaditas de alegría.

-¡Que no le he puesto nombre!

-Mmmm… ¡Lo tengo! -dijo Pansy, con cara de haber averiguado el enigma. -¿La Cobra?

-¡Basta! ¡Os digo que NO tiene nombre! -se quejó Draco.

-¿Basilisco?

-No.

-¿Princesita del Mal?

-No.

-¿Xena, la princesa guerrera?

-Grrr…

En ese momento Blaise Zabini se sumó a las averiguaciones e intentó ayudar a la chica: -Prueba con el Hombrecito Invisible, Pansy.

-¿Hulk? -siguió la chica, sin hacer caso.

-Pansy, ¿alguna vez te han dicho que eso no es verde? -se quejó Blaise, meneando la cabeza con incredulidad.

-¿La Masa?

-¡No! ¡Así se llaman los de Crabbe y Goyle! -se burló Zabini.

-¿Gollum? ¿Tu tesorito se llama Gollum, pillín? -se burló Pansy.

-¿La flauta mágica?

-¿Princesa Dorita?

-¿Ma… Mariquita Pérez? -dijo la chica finalmente, tartamudeando ante el miedo de que esa posibilidad fuera cierta.

Draco, que se había sentado y estaba aguantando el chaparrón con un peligroso tono morado en su cara, rozó el límite de su paciencia:

-¡VALE YA! ¡ESTOY DICIENDO QUE NO TIENE NOMBRE! ¡ACASO NO VEIS QUE ESTÁN MINTIENDO!

Mientras Draco se afanaba en apagar la bomba que acababan de soltar en la mesa de Slytherin, Harry y Ron aprovecharon para continuar su camino. Todavía se estaban riendo cuando tomaron asiento en la mesa de Gryffindor.

-¿Qué le pasa a Malfoy? -se interesó Parvati, que veía gesticular al rubio desde el sitio donde estaba sentada.

-Oh, nada, se le ha atragantado un "Big Boy" en la tráquea -dijo Ron en tono de burla poco antes de atacar un plato de consomé.

Harry, que se había sentado de espaldas a la mesa de Slytherin no notó entonces que alguien se había acercado a él:

-Hola, gorrioncito, ¿qué tal su mañana? -escuchó, al tiempo que una mano le acariciaba suavemente la nuca.

Los profesores, que acababan de ocupar sus asientos en la mesa del profesorado, miraban con avidez los progresos de sus alumnos.

-Mire, ahí está la señorita Chang -le dijo Hagrid a Madame Pomfrey cuando vio entrar a la chica de Ravenclaw en el Gran Comedor. -No parece que haya estado entablillada todo el día. Ha hecho usted un gran trabajo, Madame.

-Oh, Hagrid, qué amable por tu parte, pero llámame Poppy. Hay confianza…-dijo la enfermera, ruborizándose ligeramente.

-¿Has oído los últimos cotilleos? -le susurró Minerva McGonagall a Severus Snape.

-Si me vas a contar que Poppy le ha practicado un aborto a la señorita Granger, ya me lo sé…. Lo he escuchado al menos treinta veces esta mañana -comentó taciturno.

-No, tonto. Lo de Harry y Cho.

Snape frunció el entrecejo:

-¿Qué les pasa a esos dos?

-Que están juntos.

-¿La chica de los pechos bonitos está con el cuatro ojos de Potter? -se escandalizó el profesor Snape.

-¿Cómo do dabes, Minelva? -preguntó Flitwick, con dificultades para hablar porque su boca chocaba con el borde de la mesa. Aquel día había olvidado su varita para conjurar un cojín que le permitiera estar a la altura de los demás.

-¿Cómo ignorarlo? Ella misma se ha encargado de publicarlo a voz en grito en medio de mi clase -respondió la aludida.

-Ya… seguro que estuviste cotilleando, como haces siempre -la acusó Sprout.

-Pomona, hazme un favor, ¡Deja de fumar hierba!… Estás alucinando otra vez. ¡Yo jamás he cotilleado! -se alteró McGoganall.

-¡Jo! ¿Quién te ha dicho que fumo hierba? ¡Era un secreto! -pataleó la otra profesora, acordándose de la plantación que tenía en el invernadero. -¿También te han contado lo de las setas alucinógenas?

-¡Por el amor de Merlín! ¡Guarden silencio que quiero ver qué pasa! Miren: la señorita Chang acaba de acercarse a Potter… -les informó la profesora Vector, que estaba sentada en la esquina opuesta de la mesa, aunque desde allí podía oír cómo discutían aquellas dos cotorras.

-Yo ya me lo sé… Más de lo mismo. ¡Ay! ¡Qué aburrido es conocer lo que depara el futuro!- se quejó la profesora Trelawney para sus adentros. Claro está, nadie la escuchó.

Harry se giró justo cuando la mesa de los profesores por fin guardó silencio. Cuando se dio la vuelta vio de quién procedía la voz y también la mano que estaba acariciando su nuca. Era Cho, que se había acercado hasta allí, sólo Merlín sabía por qué.

-¡Hola, mi héroe! -le dijo la muchacha tras unos segundos de tensión, al tiempo que acariciaba suavemente su cara.

Cho, entonces, se agachó, agarró a Harry por la solapa de su túnica, lo atrajo hacia ella y le plantó un beso delante de todos los Gryffindor. Cuando Harry reaccionó y abrió los ojos, se encontró con la mirada de quien menos deseaba tener delante en aquel momento: Ginny Weasley.

Parvati y Lavender protestaron:

-¡Eeeh! ¿Por qué no nos lo habíais contado?

Ron, que estaba presenciando la escena, no dejaba de mirar a Harry y a Ginny, moviendo la cabeza de un lado a otro, como una pelota de ping pong. Ay, ay, ay…, pensó el pelirrojo. Aquí se va a montar la gorda.

La cólera brillaba en los ojos de Ginny. Cho, a su lado, lucía ahora una sonrisa triunfadora que lo decía todo. Se la estaba dedicando a la pelirroja. Aléjate, guarra, éste es mi hombre transmitían aquellos dientes tan blancos.

Harry estaba pálido, pero aunque no le quedara sangre en la cara, había conseguido ponerse en pie. Era como si esperara calmar la situación con aquel gesto.

Pero, de pronto, aconteció lo menos esperado: la tímida Ginny rodó por encima de la mesa gracias a un complicado giro a lo Kill Bill, se plantó justo al lado de Harry, le agarró por los hombros, lo tumbó hacia atrás, y le plantó otro beso en los labios.

-¿Y ahora qué? ¿Eh? –le retó a Cho, cuando hubo acabado.

-¡Chúpate esa, Asia! -gritó Ron Weasley agitando el puño con tal fuerza que el gesto pareció romper el silencio que se había apoderado del comedor.

Ahora todos estaban contemplando la escena.

-¿Desde cuándo Ginny y Cho se pelean por Harry? -preguntó Hannah en la mesa de Hufflepuff. Evidentemente, no se acordaba de nada.

-Es una laaaaarga historia. Luego te la cuento -le susurró Justin.

Estaba claro que Cho no estaba dispuesta a que la humillaran delante de todos. Así que dio un paso al frente, abofeteó con triple eco a Ginny y le plantó otro beso a Harry.

-¡Auch! ¡Me has hecho daño, cerda! -gritó la pelirroja.

Ginny, cada vez más colérica, le puso entonces la zancadilla a Cho. Aprovechando que la chica estaba en el suelo, pegó un bote y se montó a horcajadas sobre Harry para darle otro beso.

Aquello había sido demasiado para Cho. La muchacha estaba al borde de un ataque de histeria, por lo que agarró su varita y conjuró un hechizo para impulsar a Harry contra la pared más cercana. Cuando el chico que sobrevivió estaba medio inconsciente por el golpe sufrido, Cho cogió impulso, salió corriendo hacia él, se pegó a su cuerpo y empezó a comerle a besos contra la piedra del muro.

-¿Lo veis? A-co-rra-la-mien-to. Os lo dije: acojona a cualquiera, sobre todo a un Potter -susurró Snape a los profesores, masticando un trozo de pan con parsimonia.

Ginny, que miraba a la parejita con ojos ensangrentados, logró darle a Harry un margen para respirar y gritó:

-¡O le quitas las manos de encima o te enseño lo que es una mujer Weasley!

El chico que sobrevivió tenía ahora un color morado muy preocupante en la cara. Era como si estuviera al borde de la asfixia.

-¡Adelante! ¡Atrévete a hacer algo! –se envalentonó Cho. -¡Esta vez seré yo quien te rompa todos los huesos, mosquita Weasley! -le dijo sin piedad.

Pero a Ginny se le ocurrió entonces algo mucho más productivo y gritó con todas sus fuerzas:

¡ACCIO HAAAAAARRY!

Harry sintió cómo una potente fuerza se instalaba bajo su ombligo. Unas milésimas de segundo después, estaba surcando los aires en dirección a Ginny. Pero el cuerpo del muchacho atravesó la atmósfera de una manera tan veloz que a la pelirroja no le dio tiempo de controlar el impacto, y el peso de Harry acabó derribándola.

Cuando los dos ya estaban en el suelo (Harry medio inconsciente, todo hay que decirlo), Ginny se desprendió un poco del cuerpo del chico que sobrevivió y le comió la boca a besos.

De repente a Cho le entrò una pataleta. Agarró el primer plato que tenía al lado y lo estampó contra el suelo:

-¡Déjalo!

Ginny se levantó y agarró otro plato, que también acabó en el suelo:

-¡Ni hablar!

CRASH

-¡Es mío!

El plato de Ron.

-¡Cuando estabas con Cedric no decías eso!

La comida de Colin acabó en el suelo.

-¡Pero Cedric está muerto!

¡CRASH!

-¡Suerte tiene de no tener que aguantarte!

¡CRASH!

Cho hizo ademán de empezar a llorar, pero se contuvo por momentos y dijo:

-¡Tú estás con Michael Corner! ¡Deja a Harry tranquilo!

¡CRASH!

-¡Ya no estoy con él!

¡CRASH!

-Ah, ¿no? –preguntó Ron, emocionado con las nuevas noticias.

-¡Pues me alegro por él!

¡CRASH!

-¡Quédatelo! ¡Es todo tuyo!

Un plato salió volando en dirección a Michael Corner y sólo paró cuando se estrelló contra su frente. Ron no pudo evitar que se le escapara una sonrisa maligna.

-¡No, gracias! ¡Dale a otra tus sobras! –seguía gritando Cho.

¡CRASH!

-¡Tú eres la que sobra, asiática!

¡CRASH!

-¡Yo no soy asiática! ¡Y eres una racista! -dijo Cho, haciendo una pausa para quejarse.

-¡MÁTALA, GINNY! –berreó un Gryffindor de repente.

-Pero seguro que comprendes esto: ¡SAYONARA! -gritó Ginny, lanzándole a Cho con todas sus fuerzas el plato de Dean Thomas. Pero la pelirroja erró el lanzamiento y el plato salió disparado hacia la mesa de los profesores, donde estuvo a punto de impactar contra la profesora Umbridge, aunque por suerte giró y sólo le rozó una oreja.

-¡O detienen esto ipso facto o tendré que crear un comité inquisitorial! -gritó entonces Dolores Umbridge, mirando con desprecio a Minerva McGonagall.

-Minerva: tiene razón. ¡Están acabando con toda la vajilla! -le aconsejó Pomona.

La profesora McGonagall se levantó dispuesta a poner orden, pero cuando ya estaba a punto de decir algo, se dio cuenta de que era mejor no intervenir. Harry Potter, que por fin había conseguido retomar el aliento, se había puesto en pie. Estaba furioso y miraba a las dos chicas con sus ojos salidos de las cuencas. Sacando aire de donde no tenía dijo:

-¿QUERÉIS PARAR DE UNA VEZ? ¡NO SOY UN TROZO DE CARNE! -Harry se alisó su túnica y se peinó. –Elegiré a quien me dé la gana.

Luego le dirigió una mirada furiosa a Ginny y le dijo:

-¿En qué estabas pensando?

El hecho de que Harry la hubiera reprendido en público y, sobre todo, no hubiera hecho ninguna mención al comportamiento de Cho, le dolió tanto a la pelirroja como mil dardos directos a su corazón. Por eso agarró el plato que tenía más cercano y lo rompió sobre la cabeza de Harry. Luego echó a correr.

-¡Mierda! -exclamó Harry, todavía dolorido por el impacto de la vajilla. -¡Espera, Ginny! -dijo, mientras se reponía y salía corriendo tras ella.

-¡Espera, pichón! ¡Deja que se vaya! ¡Harry! ¡VUELVE-AQUÍ-INMEDIATAMENTE! -le ordenó Cho.

Harry oyó la voz de la chica a lo lejos, pero no le importó lo más mínimo y siguió corriendo.

La profesora McGonagall aprovechó el momento de calma para ponerse en pie y dirigirse a los estudiantes:

-Por favor, continúen comiendo y no armen más jaleo.


Hermione había estado ensayando lo que quería decirle a Ron. "Oye, Ron, somos amigos desde hace mucho tiempo, ¿verdad?" Pensaba. No, no, no eso es chantaje emocional… A ver… "Ron, caray, ¡cinco años juntos!, ¡Colega!" Y entonces le doy una palmada en la espalda... No, no: NO eres Harry, por Merlín. Tienes que ser más femenina, idiota. Hermione: ¡céntrate!… ¿Y qué tal algo directo: "Ron, ¿eres o no eres virgen?"... ¡Uff! Eso mejor dejarlo para Ginny… ¿Será virgen? ¡Pero si nunca le ha dado un beso a nadie!... Al menos yo con Krum… pero no se me ocurrió hacer ESO… Hermione, enfoca, enfoca… La carta, ¡sí! Eso… "Ron, ¿Cómo pudiste escribir una carta así a tus padres? Además, si por lo menos supieras algo de relaciones sexuales. Porque no sabes nada, ¿verdad?"… Más o menos… Algo así valdrá: calmado, pero firme….

En ese momento, Hermione oyó que su estómago emitía un gruñido. Tengo hambre, pensó poco antes de poner rumbo al Gran Comedor. Cuando cruzó las puertas del comedor, Hermione vio que la profesora McGonagall estaba levantada en su asiento, poniendo orden:

-Por favor, continúen comiendo y no armen más jaleo.

-Sí, es muy fácil decir que comamos cuando no tenemos plato -ironizó Ron, todavía muerto de hambre a pesar de haber acabado con parte de la despensa de Hogwarts.

-¿Pero qué ha pasado? -se interesó Hermione, ahora ya sentada en la mesa de Gryffindor.

-Un ataque de celos del tamaño de Hagrid -se rió Seamus entre dientes.

-¿De quién? -Hermione podía sospechar algo, pero prefería que se lo contaran.

Fred cabeceó, mirando al plato:

-Mi hermana… Se ha vuelto loca y ha empezado una guerra de besos con Cho…

-…y luego ha acabado con una guerra de platos- terminó de contar George.

-¿Por quién se han peleado?

-Por Snape, Hermione…-contestó Ron con sarcasmo. -¿Por quién va a ser?

-¿Pero qué ha pasado? ¿Y a dónde han ido?

Fred llenó su pecho de aire para resumir la historia lo más rápido que podía:

-Cho se acercó a la mesa y le dio un beso a Harry. Ginny se enfadó y comenzaron una guerra de besos entre las dos. Como ninguna parecía ser la clara vencedora, las dos se liaron a romper platos contra el suelo…

-…al final Harry se enfadó, le echó la bronca a Ginny y ella salió corriendo después de romperle un plato en la cabeza -finalizó George.

-¿Y ahora dónde está Harry? -se preocupó Hermione.

-Se fue tras ella, supongo que para arreglarlo -explicó Ron.

-¿Y vosotros tenéis algo que ver con todo esto? -sospechó Hermione, levantando una ceja y mirando directamente a los gemelos Weasley.

-Esta vez no -respondieron los dos al unísono.


-¡Basta ya! ¡Deja de seguirme, Harry!

-¡Sólo quiero que me escuches! ¿Puedes parar un momento, por favor?

Harry estaba suplicando a Ginny que se detuviera. Tenía a la muchacha asida de una muñeca, pero ella no parecía querer reaccionar, pues empleaba toda su energía en desprenderse de él.

-¡No tengo nada que escuchar! ¡Creo que ha quedado todo muy claro!

-¡Pues yo creo que no, y me vas a oír! -le dijo Harry, empleando su fuerza para que Ginny se girara y le encarara.

-¿Qué quieres? -dijo la pelirroja, que se dominó un poco cuando sus ojos se encontraron con los del muchacho.

-Pedirte perdón…

-Estás perdonado, Harry. Ahora, déjame -le ordenó Ginny. Harry se amilanó un poco al oír estas palabras tan tajantes. Acababa de constatar sus sospechas. ¡Qué mal se le daba tratar con mujeres!

-¿Pero ahora qué he hecho mal? -preguntó el muchacho, frustrado al comprobar que de nada servían sus excusas.

-No has hecho nada mal, nada. Mira, ahora sólo quiero que me dejes en paz y olvidar lo que ha pasado. Todo lo que ha pasado -puntualizó Ginny.

Harry suspiró. Estaba a punto de ceder, pero se lo pensó dos veces porque ya había dejado en demasiadas ocasiones que se confundieran sus sentimientos:

-¿Sabes? No me creo que quieras olvidarlo todo -le dijo.

-Pues ya te lo estás creyendo porque, para que te enteres, me da exactamente igual que vayas detrás de Tetas-Chang. ¡Por mí como si grapas tu cabeza a su canalillo y te asfixias allí mismo!

Ginny de pronto se quedó callada. Había seguido la mirada de Harry durante unos segundos y lo que vio no le gustó nada (bueno… casi nada):

-Harry Potter, ¿Me estás mirando las tetas? ¡Eres un cerdo!

¡PLAS!

Vale… esa bofetada ha dolido. Eres un idiota. Harry se reprendió a sí mismo, aunque después de aquello se quedó parado y no movió ni un músculo para impedir que Ginny saliera huyendo de nuevo. Aquello había sido una estupidez y, aunque no había podido evitarlo, se sentía mal por ello. Y, para rematarlo todo, empezaba a dolerle de nuevo la cicatriz. ¿Y ahora qué? ¿Qué quieres esta vez, tío pesado? Dijo Harry para sus adentros, como si estuviera manteniendo una acalorada discusión con un amigo. Mira que eres plasta, Voldemort…meditó, sacudiendo su cabeza al tiempo que se llevaba la mano a la cicatriz, que todavía le ardía.


-Cuéntanos, Filius, ¿qué pasó al final con tu alumna, Marietta? -se interesó McGonagall, una vez que todos pudieron degustar su comida con tranquilidad. Algunos elfos domésticos habían salido de las cocinas para limpiar mágicamente los desperfectos que habían hecho Ginny y Cho.

-Sí, es verdad, lo había olvidado por completo, ¿qué ocurrió? -intervino la profesora Sprout.

-Si digo que yo lo sé no me vais a creer, ¿verdad?

-¡NO, SYBILL! -gritaron al menos diez miembros del cuerpo docente a la vez.

-Pues veréis -comenzó a contar el pequeño Flitwick-, la muchacha estaba tan alterada que la llevé a mi despacho. Le di un poco de agua y luego se fue a clase.

-¿Y no le preguntaste qué demonios le pasaba? -Snape arqueó una ceja al hacer esta pregunta. Parecía no tener muy claro si Filius Flitwick tenía un cerebro de guisante (acorde a su tamaño) o era demasiado complaciente con sus alumnos.

-¡No me pareció oportuno! Deduje que sus motivos tendría para decir que una lechuza se había enamorado de ella -se defendió.

-¡Oh, sí, claro, eso pasa todos los días! -ironizó McGonagall, poco antes de sorber un poco de zumo de calabaza y decir: –¡Cuando Remus estaba aquí y nos transfigurábamos, estábamos en celo a todas horas!

-¿En serio? -preguntó Pomona ingenuamente. -¡Pues menuda fiesta! ¡Una gata y un lobo, copulando a la luz de la Luna!

Los otros rodaron sus ojos al techo encantado del Gran Comedor. ¿Pero es que esa mujer nunca iba a madurar?

-Por cierto, ¿dónde está Dumbledore? -preguntó la profesora Vector para romper el silencio que se había creado.

-Está… resolviendo un asunto relacionado con fantasmas -aclaró McGonagall.

-Pero volverá pronto, espero -comentó el pequeño Flitwick, con aire miedoso en sus ojos.

-No hasta mañana por la noche. Él y yo tenemos una reunión muy importante mañana para debatir asuntos docentes. Por cierto, Severus, ¿podrás sustituirme en mis clases?

-Si no hay más remedio… Pero espero que eso implique un aumento de paga este mes…

Dicho esto, el profesor Snape recibió la visita de una nueva lechuza:

¡Jajajajajajajajajajajajajajaja!

Buenas noticias: "Luke" acaba de recibir una bofetada de la pelirroja por mirarle sus pequeñas peritas… Ji- ji- ji…. Ahora recuerdo por qué es tan divertido colarse en las mentes ajenas.

Y la verdad es que no están mal. ¡Por Merlín cómo ha crecido esa bruja! Todavía recuerdo cómo era cuando la poseí con mi diario. Nada que ver¡eh!

Bueno, ¿cómo van las averiguaciones con el amor de la "horticultora"?

Darth Vader

-En fin… creo que ya es hora de pasar a asuntos más interesantes -comentó Snape, doblando con una sonrisilla divertida el pergamino que acababa de llegarle. El profesor de Pociones tenía un brillo extraño en sus ojos que hacia juego con la grasa que ya empezaba a acumularse de nuevo en su cabeza. -¿QUIÉN ES ÉL? -preguntó, con tono de voz tenebroso.


Terry Boot estaba charlando tranquilamente con su amiga Padma Patil, cuando de pronto una lechuza aterrizó en las manos de la muchacha.

Rencorosa hermana:

Ya que no quieres hablarme y que no me considero la única culpable de lo que pasó, propongo que hagamos un "menage á trois" Roger, tú y yo, cara a cara. Hablamos y, así, a lo mejor logramos sacar algo en claro.

¿Qué me dices?

Espero una respuesta.

¿Sigo siendo tu gemelita?

Parvati

-¡Por Merlín! ¿Es que nadie os ha dicho nunca que es de mala educación comer con animales en la mesa? -protestó de pronto Cho Chang, en clara alusión a la lechuza que acababa de llegarle a Padma Patil. La asiática parecía estar de muy mal humor tras lo que había pasado con Ginny y Harry.

-Pues lo que te estaba diciendo, Marietta: Ya viste cómo se fue tal cual, corriendo detrás de esa estúpida con pelo de menstruación…. ¡Es el colmo! ¿Por qué ha salido disparado tras ella? –siguió diciendo la buscadora del equipo de Ravenclaw.

Roger Davies, que estaba sentado a su lado, se tomó la licencia de intervenir:

-¿Porque es su amiga, quizá? -propuso.

-¿Y qué? Yo no me iría detrás de ti, por mucho que seas mi amigo -comentó Cho, molesta.

-Mira, Chang, lo que tú tienes que hacer es olvidarte de Potter y probar con un hombre de verdad- propuso Roger, con una sonrisa muy amplia.

-No te estarás refiriendo a ti, ¿no? Porque me va a dar la risa –les interrumpió Padma. –A todo esto, Roger: Parvati quiere que hagamos un trío. ¿Te apuntas?

-¿Un trío…? ¿TRÍO?


Sprout frunció el entrecejo al ver que Snape se estaba dirigiendo directamente a ella:

-¡Se lo has contado! -dijo, mirando a la profesora McGonagall, con aire ultrajado.

-¡Ah, no! A mí no me culpes -se apresuró a responder la profesora de Transfiguración. –Yo ya les advertí que debían preguntártelo a ti.

-Está bien, está bien… A ver, chicos, ¿qué queréis saber? -preguntó Sprout, con aire coqueto.

-Pues qué va a ser, ¿Quién es él? -preguntaron Flitwick y Snape al mismo tiempo, tal y como lo habrían hecho los gemelos Weasley.

-¡Ah! ¡Eso! Pues él es… Es………… Justin………

Snape estaba confundido:

-¿Qué Justin?

-¡TIMBERLAKE!

-¡No inútil! ¡Finch- Fletchley! -se ofendió Sprout, como si la respuesta fuera evidente.

-¿Qué has dicho, Sybill? ¿Timberlake? ¿Quién es Justin Timberlake? -le preguntó cansinamente la profesora McGonagall.

-Ummmm… nadie, en realidad -respondió, poco convencida.-Bueno.. eso creo…- Sybill Trelawney rodó los ojos hacia el techo encantado del Gran Comedor. Parecía estar tratando de recordar algo.

Pero de pronto Trelawney puso sus ojos en blanco y su la expresión de su rostro cambió rápidamente, adoptando rasgos casi carentes de vida. De repente, su voz se agravó y, salidas de lo más profundo de su estómago, entonó un cántico con contundencia:

IM LOVIN IT!

El resto del profesorado miró con extrañeza a la profesora de Adivinación, aunque ésta regresó súbitamente de su estado ausente y dijo con tono casual:

–Bah... Lo habré soñado.

El profesor Snape siguió con la conversación como si nada hubiera pasado:

-Bueno, Pomona: no seré yo quien te diga que no es aceptable flirtear con los alumnos…

-No, está claro que tú no serás…-comentó de manera sarcástica Minerva McGonagall.

Snape le dedicó una mirada furiosa:

-¿Era eso una indirecta?


Mientras tanto. En una galaxia muy muy lejana… una lechuza muy muy despistada….

-¿Qué es eso que traes?

-Mi señor, es una Lechuza Express. Fresquita, fresquita…-Colagusano hizo una reverencia, y posó un pergamino sobre la mano de su Amo. El dueño de esa mano, más feo que un cruce entre Leticia Sabater y Yola Berrocal, desenrolló el pergamino con avidez. Respiraba con pesadez….

Fiu- fiu, fiu- fiu

Fiu- Fiu, fiu- fiu

"Mensaje en clave para Darth Vader":

Mi reverendísimo y amadísimo Señor:

Pido disculpas a usted y a su cónclave por haberme comportado de la forma que lo he hecho.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa….

Espero que, al menos, como Todopoderoso Señor de las Nieblas me disculpe y reconsidere mi entrada en Juventudes Mortífagas. Estaré preparado para lo que me ordene.

A sus pies,

Chewbacca


La contestación no se hizo esperar:

Mensaje en clave para Chewbacca, de su Señor Darth Vader:

Chico, eres tan deforme de mente como tu padre ¡Rubio tenías que ser! Te perdono únicamente porque me ha gustado la cubertería.

Fiu- Fiu, fiu- fiu

¿Qué más….

Fiu- fiu, fiu- fiu

regalan Fiu- fiu en ese Club de Luna?

Fiufiufiufiu…. Fiu

Fiufiufiufi… fi…………………………………………

FOU-FOU-FOUFOUFOUFOU

(¡Colagusano, inútil! ¿Dónde están mis pastillas para la tos?)

Por cierto: Se dice Tinieblas, estúpido.

Darth Vader


En otra punta del mundo mágico, Remus Lupin y Sirius Black estaban a punto de enfrentarse a un problema mucho mayor que el hecho de estar a cargo del cuartel general de la Orden del Fénix:

-Ah, no… Primero Kreacher y ahora esto. No pienso hacerme cargo de un fantasma -negó Black con la cabeza.

-Sirius, razona. Dumbledore nos lo ha pedido como un favor especial. No podemos negarnos. Además, tal y como está Hogwarts ahora, es poco conveniente que un fantasma vuelto a la vida ande por allí -intentó convencerle Lupin, mirando de soslayo a Myrtle la llorona, que estaba inspeccionando la nevera de Grimmauld Place. –Además, ahora no es exactamente un fantasma.

-¡Sí es un fantasma! -se exasperó Sirius. Myrtle parecía estar lamiendo el hielo del frigorífico. -¡Por todos los magos, Remus! ¡Lleva tantos años muerta que ya no sabe comportarse!

Myrtle, que oyó esto, se había puesto a llorar, aunque el llanto era bastante ortopédico porque su lengua se había quedado pegada al hielo del frigorífico.

-No, no llores, pequeña, lame todo lo que quieras. No le hagas caso. Él malo, yo bueno. Yo soy tu amigo -le dijo Lupin señalándose a sí mismo, sin darse cuenta de que no estaba tratando con un niño pequeño, sino con una adolescente que se había muerto medio siglo antes.

Sirius, que comprendió que Myrtle se encontraba enganchada a la nevera, meneó su varita y con un hechizo liberó la lengua de la muchacha.

Myrtle, entonces, escupió a Lupin a la cara y luego agarró su túnica para sonarse los mocos que le habían producido las lágrimas.

Sirius se estaba muriendo de la risa:

-¿Y bien? ¿Todavía insistes en que nos quedemos con ella? -preguntó con una sonrisa pícara.


NdA: Hooola... Simplemente gracias a todos aquellos que seguís leyendo la historia. Perdonad si hoy no estoy inspirada para dejaros más palabritas de agradecimiento aquí. Estoy un poco enferma... yo también voy a tener que pedir pastillas para la tos a Colagusano, jejejeje. Sólo decir que os animo a todos a que me dejéis comentarios, ideas, críticas, lo que queráis... porque no os imagináis la cantidad de ayuda que podéis darme con eso. Me encanta ver que os divierte la historia, pero también me gustaría que hicieráis vuestras quinielas para saber cómo acaba o que, por ejemplo, dejarais vuestras sugerencias. Eso siempre es bienvenido, de verdad... Además, ni os imagináis la ilusion que hace descubrir en la bandeja de entrada que tengo un nuevo correo de fanfiction. Guauuu... La sensación es genial, como todos sabéis. Ah, dos cosas que os quiero decir:

1. Circula por ahí un mail quejándose de que no nos dejen responder a los reviews en la propia historia. Si os llega, espero que firméis porque a mucha gente le hace ilusión ponerse en contacto con quienes leen sus historias a través de ese medio. Es una norma bastante tonta que ha salido en Fanfiction y hay gente que se está quejando. Ya véis que aquí estoy pasando bastante de esa norma... si me dicen algo, tendré que quitarlo... pero bueno...por ahora hay que luchar.

2. A mí me encantaría responder a cada uno de vuestros, pero de verdad que no tengo mucho tiempo. Eso sí, no pierdo ni una oportunidad de mirar vuestros perfiles; eso es algo que me encanta y que me permite conoceros un poco mejor.

Y, en fin, que ya véis que hoy estoy un poco más seria de lo normal. Se ve que el bajoncillo me está afectando al ingenio, jejejeje. Esperoveros muy pronto y ya sabéis todos dónde estoy. Un besoooooooooooooo