Bueno chicas, hemos llegado al final de la primera parte de esta Historia, subiré la segunda en este mismo formato, es decir, no haré un fanfic nuevo, solo subiré un capitulo con el nombre DE "Segunda parte: Las cenizas de un corazón y desde ese cap, empieza la segunda parte, que personalmente me gusta muchísimo Gracias por los comentarios y por el apoyo, nunca me imagine tener tanto. Mil gracias, a mi beta, a mi familia, a mis amigas de facebook, a Osbelys, a Valeria, a Meli, a Eve, a Aryan, a Gaby. a Sina... etc. etc.
Disclamer: la Historia es mía, los personajes de la autora de Crepúsculo.
Contiene contenido sexual. abstente de leer si no te gusta.
Beteado por Monz Pollen. Beta FFAD ( www . facebook groups / betasffaddiction/)
Música: Junto a mi de Mayre Martinez y northern light de 30 seconds to mars
Finalmente...
Capítulo Onceavo: Elecciones.
Isabella's POV.
No puedo explicar muy bien cómo inició el día, tampoco decir en qué momento exacto abrí los ojos; solo sé que Edward no estaba por ninguna parte. Supuse que había salido, me permití llorar. Lloré tanto o más que la primera mañana en esta cama, porque en el fondo, muy en el fondo, yo sabía que sería la última.
No sé tampoco cómo describir lo que sentía, porque no podía sentir algo más que dolor, dolor puro. Las llamas se habían extinguido y solo quedaban las cenizas; las cenizas que me hacían tanto daño… Las lágrimas desaparecieron al paso del tiempo.
Me levanté con cuidado de la cama, me dolía el cuerpo. Tomé la maleta y la extendí sobre la cama, comencé a empacar, ropa por ropa, mis libros, todo lo que quedara de mí en esta habitación tenía que irse, por mi bien y por el suyo. Me puse un conjunto cómodo, tomé una hoja y papel.
Querido Edward:
No me busques ahora, por favor. Deja que pase el tiempo, necesito que sanes, que aprendas a perdonar y a revelar tu verdad.
Estas líneas están escritas con fuego y sangre, con el corazón y sus heridas de guerra, tenías razón, soy tuya y te amo. Pero en esta ocasión no puedo quedarme.
Me despido por esta carta porque jamás podría dar la cara y explicártelo todo en persona, al menos no en este momento, no cuando la ansiedad me domina…. Tú te mereces una mejor imagen de mí.
Adiós Edward…
Siempre Tuya, Isabella Swan.
Dejé el papel mojado de mi desesperación en la cama; tomé la maleta y mi bolso y salí casi corriendo de ese departamento. Taylor estaba afuera.
— Señorita Swan, ¿a dónde va?, ¿la llevo?, ¡El señor Cullen sabe que usted…!—no lo dejé terminar, sonreí.
—Me voy, Taylor. Gracias, te doy mil gracias por estar aquí en silencio. Dile al señor Cullen que no se moleste y que lea la carta que he dejado en el cuarto. Adiós Taylor —susurré sonriendo melancólicamente. Él me miró con tristeza.
—Él es un buen hombre, no lo deje, señorita… —dijo.
—Lo dejo por su bien Taylor, eso no es favorable para ninguno. Ambos tenemos que sanar. Pero más que todo él, tiene que sanar por dentro, yo también y debo hacerlo sola —dije antes de despedirme con la mano y caminar hacia la salida del edificio.
Llegué a casa de Rosalie dos horas después, para que decir que no lloré si no es cierto. Ella me recibió hecha un mar de lágrimas. No me preguntó qué había pasado, lo agradecí, no quería hablar. Me hospedó en la habitación que le sobraba y me ofreció quedarme a vivir con ella, acepté. Me dio unas píldoras y me quedé dormida toda la noche. No soñé ni sentí nada más que el vacío.
La mañana siguiente fue otra historia. Los sentimientos fueron encontrados en un huracán de asco y dolor, no podía abrir los ojos, me dolían lo parpados, había llorado, sí que lo había hecho. Solloce. Tenía que ser fuerte, olvidarlo y avanzar, no me arrepiento de Edward, no lo hago ni lo haré nunca. Él fue y será el único hombre que supo llegar a mi corazón, desde un principio.
Él siempre será el único.
Y aunque sé que el buscará a otra mujer, quizás se casará y tendrá hijos yo no era egoísta, él se lo merecía, pero lo que más podía desear era que de verdad sanase, que de verdad la mujer fuese buena con él y le diera lo que yo no podía darle.
Un pasado limpio y sin amores dolorosos que nunca pudieron cicatrizar.
Lo amaba tanto que lo dejaba ir y no me importaba verlo con otra, solo quería olvidar y hacer que no nos dejamos, que todo fue un sueño y él siempre podría regresar.
Quería graduarme y no iba a esperar más dinero por parte suya. Volvería a trabajar, para mantenerme y pagar el semestre, iba a lograrlo, con la ayuda de Rosalie lo haría.
—Sabes que puedes contarme lo que sea Bella —susurró Rose. No la sentí llegar, estaba recostada a mi lado mirando el techo.
—Lo sé Rose, dame tiempo, dame algo de tiempo para saber por dónde comenzar —le dije secando mis silenciosas lágrimas.
Ella me abrazó en silencio, fue ese contacto que estaba añorando, esa pequeña muestra de apoyo me bastó para saber que podía confiar.
—Prometes no juzgarme y jurar que no dirás absolutamente nada… ni a Emmett Rose, sé que lo has seguido viendo—dije y ella asintió acariciando mi cabello.
—Estaré aquí para cuando decidas contarlo—dijo y yo asentí, no sería hoy. Pero si lo haría pronto.
Empecé a trabajar en el despacho de abogados del tío de Rosalie, le debía la vida entre a esa mujer. Me iba muy bien, aprendía muchas cosas y estudiaba de noche en la universidad. Comía, dormía, hacia las tareas, trabajaba, estudiaba, volvía a comer y a dormir. Esa era la rutina.
¿Para qué negar que me hubiera cerrado al hecho de conocer a otras personas? Hablaba con Rosalie, era mi única amiga, a veces con Emmett que me prometió no decir nada, pero sabía que rompía su promesa, sabía que mantenía informado a Edward durante todo el tiempo que permaneciera en las sombras del departamento y en los rincones de la universidad.
Veía las noticias, para nadie era un secreto que Edward Cullen tenía una nueva acompañante rubia, operada y de nariz perfecta, se llamaba Amelise, era una modelo Rusa. Sabía lo que estaba haciendo, estaba buscando cualquier cosa que tuviese vagina para llenar su vacío. Tampoco negaría que la herida podría sanar, pero nunca volvería a ser la misma.
Quería graduarme, esa era la meta, graduarme. Le dedicaría mi título a él, todo para mí era él. Había pasado exactamente un mes desde que me fui, no hubo llamadas, no hubo cartas, nada. Era como si me hubiese borrado de su vida por completo. Me sentía tan destrozada, pero me recuerdo a mí misma, que él no había sanado, que solo tenía el orgullo herido y estaba fingiendo. Así como yo lo hacía al sonreír cada día por la mañana mientras me inventaba una nueva excusa para continuar.
Me habían elegido para dar el discurso de Graduación, acepté, ¿Qué podía decir? Ya estaban haciendo preparativos aunque faltaran aún 4 años para terminar.
Tenía las mejores notas de toda la clase, me esforzaba cada segundo por mejorar, apenas tenía tiempo de comer en la mañana, pero sé que valía la pena todo el sacrificio.
Rosalie estaba bien con Emmett me alegraba por ellos, de verdad hacían una pareja estupenda, al menos alguien en esta historia era feliz y yo no podía más que envidiar en silencio aquella dicha ajena.
No podía quejarme, no iba a permitírmelo. Yo iba a superarlo, por mi bien y por el suyo, él se merecía poder ser feliz, tanto como yo. ¿Pero podría serlo en realidad?
—Isabella, ya es tarde, ¿Vamos a ir o no a comer? —preguntó Rosalie desde la entrada, asentí en silencio, yo podría querer mil cosas, pero el tiempo no se detiene, él sigue corriendo, y las personas, corremos con él. El tiempo siempre ha sido el único recordatorio que me dice que tengo que avanzar o quedarme en el mismo tren. Yo siempre avanzo, ¿Lo haría ahora también?
FIN (PRIMERA PARTE)
¿Que tal? espero sus comentarios... :D desde Venezuela, Valentina Shaday, 9:30 PM
