Capítulo 10
Instintos
-Muy bien Jurina, excelente…eres una genio entre las genios, los Dioses deben estar orgullosos de la mas perfecta de sus creaciones…-Jurina se decía a si misma mientras flotaba justo a la mitad de aquel lago, menos mal el clima era agradable o si no, estaría muriéndose de frío. A lo lejos observaba la figura de "su protegida", al parecer se disponía a armar una especie de molino. -¿para qué demonios quiere armar un molinillo de viento? –se rió al ver como la pieza media armada se venía abajo y la pequeña silueta comenzaba a hacer una rabieta pateando las piezas del suelo.- baka… y me pide que sea cuidadosa con sus cosas..
Estaba disfrutando la vista de aquel hermoso lugar cuando algo llamó su atención, justo a unos 100 metros de la princesa venían caminando tres soldados, al parecer en estado de ebriedad pues se empujaban y discutían entre ellos. Jurina observó a la princesa de hielo quien seguía sin darse cuenta de la situación y por el contrario observaba directamente hacia donde estaba ella. Jurina decidió sumergirse en el agua rápidamente.
Mayu observó a la joven desaparecer a mitad del lago.
"Matsui, no te di la instrucción de jugar en el lago… estarás en graves problemas cuando salgas a tomar aire" hizo una mueca con los labios y observó las piezas regadas en aquella manta. Ese maldito molino le estaba dando mas problemas de lo que imaginaba y eso le gustaba, sonrió plácidamente al percatarse de una pieza que no había tomado en cuenta antes y sutilmente se arrodillo para comenzar a armar aquella figura.
-¡Una ninfa!- un grito masculino la sacó de su trance momentáneo. Justo a unos cuantos metros se encontraban tres sujetos con espadas en una mano y en la otra una botella de vino.
-No seas estúpido, no es una ninfa… ¡es un duende! ¡Mírale las orejas feas y puntiagudas! –dijo otro de los hombres. La princesa los miró furtivamente mientras se tocaba las orejas torciendo un poco los labios.
-¡Es cierto, es un jodido duende…! –se carcajeó el sujeto mas grande de cuerpo. -¡Vamos a matarlo!
La princesa frunció el ceño antes de mirar de reojo hacia el lago, no vio señal alguna de su joven guardia. Suspiró y cautamente se levantó para mirarlos fijo.
-Esperen, esperen…-dijo uno de los muchachos abriendo los ojos, con un movimiento hizo que bajaran las espadas mientras él se acercaba torpemente a la joven.- No es un duende…es…es una chica muy linda… ¿Qué haces tan solita por estos rumbos mi amor?- el hombre estiró la mano para tocarle la mejilla, Mayu se mantenía firme sin quitarle la mirada de encima.- ¡AGHHH!
Mayu pudo ver como una daga brillante se enterró en la mano de aquel sujeto quien ahora retrocedía tirando su botella de vino y apretándose la mano herida.
-Vaya, vaya… ¿tomándose un descanso del trabajo? Definitivamente se merecen un descanso sobre todo con este sol ¿no es cierto?- dijo Jurina sacudiéndose el cabello mojado sonriendo ampliamente. Mayu no pudo evitar abrir un poco la boca y seguir a la joven con ropas empapadas, se pegaban a su piel haciendo notar un poco mas aquel cuerpo atlético.
-¿¡QUIEN DEMONIOS TE CREES QUE ER…!?- aquel hombre fue silenciado por una patada en la quijada tan fuerte que algunos dientes se desprendieron de aquella asquerosa boca.
-¡SILENCIO! Tu sola presencia me revuelve el estómago y tu voz es aún mas irritante…-Jurina se acercó y retiró bruscamente aquella daga haciendo que el hombre, ahora desfigurado, se retorciera aún mas por el dolor.- Tapese los ojos, no querrá ver esto… -la joven le dedicó una mirada tranquilizadora a la princesa.
-Estoy bien…continúa…-dijo Mayu seriamente. Jurina sonrió y regresó la vista a los dos hombres restantes.
-¡MUERE! –gritó otro uno de ellos soltando un golpe con su espada, Jurina lo esquivó con facilidad metiéndole el pie para que el hombre tropezara y cayera al suelo. Mayu sonrió levemente cruzando los brazos.
-Típico de los hombres, gritar que te van a matar antes de atacar.- la joven de cabello corto se rió dando unos brinquitos haciendo pose de pelea con la daga ensangrentada en la mano derecha.- El que sigue…- con la izquierda llamó al otro joven.
El hombre le dio un sorbo grande a su botella de vino antes de tirarla al suelo haciendo que se hiciera añicos, Jurina giró los ojos negando. Deshizo su pose de pelea y sacó un trapo húmedo de una de sus bolsas para comenzar a limpiar su daga, el hombre se acercaba tambaleante a ella con la espada en la mano.
-Matsui…-la princesa habló casi en susurro para prevenirla. Jurina alzó la mirada para verla y sonreír antes de dar un paso atrás esquivando por centímetros la cuchilla afilada de su contrincante.
-¡PUAFFFG!-un quejido salió de la boca del hombre tras un golpe sordo causado por el choque de la rodilla de Jurina en la boca del estómago de aquel soldado. El pobre hombre cayó al suelo intentando recuperar el aire.
Mayu miró a otro lado cuando sintió la mirada de la joven, misma que se acercaba lentamente a ella. La princesa notó como su guardaespaldas se paró frente a ella sin decir una palabra.
-Si piensas que te voy a felicitar est…- las palabras dejaron de salir de su boca al sentir el tacto frío de un pañuelo limpiando una de sus mejillas.- ¿q..qué haces?
-Tiene un poco de sangre en la mejilla… listo –dijo la joven doblando el pañuelo. Se alejó perezosa hacia el lugar donde se encontraba el cinturón con su espada.
-Gracias…
-¿Disculpe, dijo algo? –la joven giró la cabeza para verla.
-¿Te dije que podías hablar en mi presencia? Esto no se quedará así Matsui… esto llegará a oídos de mi Padre. Recoge todo, vamos a irnos antes de lo previsto.
Jurina resopló al ver el tiradero de piezas metálicas regadas por el suelo.
-¿Tengo que hacerlo sola?
Mayu abrió los ojos incrédula, ¿en serio no le tenía miedo a las consecuencias de llevarle la contraria? ¿O simplemente era muy tonta como para no hacer caso a sus advertencias? Cualquiera de las dos llevaban a una sola respuesta: Matsui Jurina estaba jodida.
-¿cuánto tiempo llevamos esperando acá afuera? ¡Me estoy bronceando! –dijo Sae preocupada mientras se abanicaba inútilmente con la mano.
-Llevamos esperando lo suficiente para que hayas acabado con mi paciencia ¿te podrías quedar quieta y callada unos minutos? Intento pensar… -la mas bajita intentaba escribir algo en un pergamino. Sae comenzó a hacer movimientos extraños con su cabeza para luego rascarse se la cabeza desesperadamente.
-¡Puedo morir de insolación!
-Que los Dioses te escuchen…
-…
-…
-Yamamoto… ¿quieres morir hoy?
-No empieces, no tengo ganas de jugar.
-Sayaneeee…-comenzó a mover los hombros de la chica frenéticamente.
-¡MI CARTA! ¡LA ARRUINASTE IDIOTA! ¡VEN AQUÍ!- Sayaka corrió detrás de la joven ikemen y sin darse cuenta, se dejó guiar hacia el interior de la tienda de ropa.
La joven chocó con la espalda de su amiga.
-oye, idiota… que…que… -no pudo seguir articulando palabras por la escena que tenían enfrente, ahora entendía un poco porque Sae se había detenido tan abruptamente. Frente a ellas estaba un harem de mujeres semidesnudas riendo apenadas entre decenas de telas y listones de colores. Justo ahora su mirada se centró en 2 hermosos ángeles que destacaban en aquel harem.
-¡Hasta que se decidieron a entrar!-sonrió Miyuki dejando ver esos dientes sobresalientes.
Yuki bajó la mirada al sentir la mirada de Sae sobre su cuerpo, mismo que intentó tapar con una tela transparente en color rosado. La joven guardia respiraba pesado, tenía la cara roja y el cabello muy alborotado.
-Chico, pareces un depravado sexual…- una figura más pequeña que Sayanee apareció frente a Sae cargando un montón de telas. Las dejó caer frente a ellas y colocó las manos en la cintura mirándolas de arriba para abajo.
-¿umm?- La joven alta salió de sus pensamientos mirando altaneramente a la pequeña.- ¿me dijiste chico?
-¿Eres mujer o solo tienes la voz chillona?- Minami se agachó para sacar una tela y extenderla frente a la joven. Puso cara de asco y procedió a sacar otra para repetir el proceso.
-¿Y tú que eres una mujer o un duen…?-alguien le tapó la boca por detrás.
-Veo que se llevan muy bien por aquí… Minami, creo que le quedará el color azul que está por allá…-dijo la persona a sus espaldas. Le destapó la boca no sin antes advertirle al oído –Si terminabas la frase, ibas a morir aquí. No quiero que mis caras y hermosas telas se arruinen, ¿entendido?
-Si madame…-La ikemen hizo un puchero mientras se acomodaba el cabello. Sayanee observó a la que debería ser la dueña del local.
-Atsuko Maeda, por si se preguntaban mi nombre… ummm… -miró a las jóvenes guardias de arriba para abajo.
-¿Por qué hacen eso? Es incómodo…- La pequeña ikemen se cubrió el pecho que era la parte donde se había quedado mirando Maeda.
-Porque les van a hacer unos lindos trajes…-La princesa Miyuki se colgó del brazo de Sayaka- Nos van a acompañar a una fiesta de disfraces. Es en 4 días… ¡así que deben de comenzar ahora mismo con sus trajes!
-¿HEEE? Imposible princesa… vamos a ir como sus guardias, no podemos disfrazarnos…-la ikemen cruzó los brazos decidida.
-No, no, no, no… lo siento mucho pero no pienso llegar contigo vestida de esa manera… -dijo señalando a Sae despectivamente. La alta bajó la mirada para ver su traje frunciendo el ceño.
-¡Oiii!
Las mujeres comenzaron a reírse de ella así que su color de piel pasó de un ligero rubor causado por el calor a un rojo brillante.
-Calma Miyuki, nosotras elegimos el traje que llevan ahora mismo… creo que se ven muy elegantes y atractivas…- Yuki se había acercado y ahora acomodaba el chaleco de si guardia personal. Sae no pudo evitar mirarla a los ojos mientras e intentar olfatear el aroma que desprendía aquel ser virginal que tenía enfrente. Yuki retiró la mirada del chaleco ahora acomodado, fijando la mirada en aquella joven. De cerca era mucho mas guapa y esa nariz de bolita que tenía hacía que quisera mordérsela, por lo mismo no pudo evitar morder el aire.
-JURM…- la pequeña sastre se aclaró la garganta para romper el ambiente raro que se había formado alrededor de ellas. –Vamos chico, tú vas primero… a la sala de medición.
-¡SI, MADAME! –caminó detrás de Minami dándose palmaditas en las mejillas para recuperar los sentidos.
Miyuki apretó el brazo de Sayanee mientras observaba seriamente a su hermana.
-¿Qué pasa princesa?
-Yuki…
-¿Qué tiene Yuki-sama?
-Nada Yamamoto… no pasa nada… -La tierna sonrisa de la princesa apareció de nuevo- ¡ya quiero ver a Sayaka-chan con su disfraz! Aaaaawwawaw –soltó efusivamente tomando a la joven por los cachetes estrujándoselos.
-Dioses, denme paciencia…-dijo la ikemen mirando al cielo mientras intentaba alejar cortésmente a la princesa.
Un caballo galopaba a toda velocidad por el sendero de una montaña, el jinete encapuchado llevaba una carga especial para los habitantes de cierta aldea escondida. El galopar del caballo se detuvo frente a la choza mas grande mientras niños y ancianos miraban con curiosidad al mensajero.
-¡Shinoda-sama! ¡traigo un mensaje de Tiger-san! – el encapuchado se bajó de su caballo extendiendo un pergamino en dirección a la puerta de la choza. De inmediato salió una muy apresurada Mariko; sin pantalones y con la blusa abierta dejando ver su ropa interior blanca.
-Bien hecho Shinji-kun, toma… ahora tú y tu caballo vayan a descansar. –dijo la mujer extendiéndole una bolsita con monedas.
-No se preocupe Shinoda-sama, no quiero su dinero… ha hecho suficiente por mí y mi familia que soy yo el que le debe mas de lo que podría pagarle. –el joven hizo una reverencia. La mujer dejó caer la bolsita frente a él y regresó a paso apresurado a su choza. El joven sonrió con lágrimas en los ojos y tomó la bolsita de monedas para comenzar a repartirlas a los niños.
Dentro de la cabaña, una bella mujer esperaba el regreso de Mariko envuelta en una sábana con el cabello suelto y ondulado cayendo por sus hombros.
-¿Qué cuenta Tiger-kun?-dijo la bella mujer estirando los brazos para que su compañera se acercara a ella.
-Estoy abriéndola no seas desesperada Haruna… ¡Ábrete porquería!-gritó la de pelo corto peleando con el pergamino. Se sentó a un lado de la cama, por lo que su compañera tuvo que levantarse y ponerse de rodillas para abrazarla por detrás, cuidando no destapar su cuerpo desnudo.
-Tú eres la que está nerviosa… tranquila, seguramente son buenas noticias…-la mujer de voz suave esperó pacienteme a que la mayor abriera el pergamino y comenzara a leer en voz alta:
"Querida Abuelita:
Las cosas están muy tranquilas por aquí; Tío Nabe dejó entrar serpientes a su casa… ¿qué idiota no crees? Tus nietos están portándose bien… Puaaa ya quisieras, intento calmarlos pero ya sabes como son…
Esperamos verte pronto. Te queremos
Atentamente
Tiger-kun, Lion-kun y Monkey-kun"
-Idiotas… -gruñó Mariko volteando la carta para ver si encontraba un poco mas de contenido.- ¿meses esperando noticias suyas y solo mandan esto? Las voy a matar…
-Tranquila… lo importante es que están bien y que ya está en marcha el plan. Ahora debemos concentrarnos en eso… -Haruna masajeaba los hombros tensos de su compañera.
-Confío en ellas… tienes razón lo mejor es concentrarnos en nuestra parte.-dijo soltando un pequeño suspiro de alivio.
-Exacto… pero mientras, déjame concentrarme en mi parte… ¿continuamos?-la mujer le comenzó a besar la oreja bajando lentamente por el cuello largo, rasguñando levemente el hombro de la de cabello corto.
-Creo que podré dejar mis labores unas cuantas horas mas… -dijo volteándose para capturar los besos carnosos de su novia, recostándola en la cama lentamente dejando que sus instintos se apoderaran de ellas.
