Estos días en la Universidad fueron la muerte. Estuve tan centrada en los estudios que pasó un mes sin darme cuenta.

Ay... Soy un desastre para escribir, lo siento *n*

Espero este capítulo se resuelvan las dudas del capítulo anterior.

Es complicado plasmar en palabras todas las ideas que pasan en mi mente y en ocasiones siento que dejo muy en claro lo que pienso y después resulta que no me entienden nada.

Ay.

Espero disfruten el siguiente capítulo.

Con amors, Kumii;


Vehemencia.

-Mierda, a veces olvido que Deidara es como una princesa.- Dijo Hidan.

-Joder contigo, el único día que te calles será cuando mueras.- Dijo Kakuzu.

-Jaja, te aseguro que ni así Hidan se va callar.- Se burló Kisame.

-El día que no habrá la boca, sabrás que algo está mal con la humanidad.- Dijo Madara recién llegando.

-Jaja, Madara, ¿Dónde te habías metido? Te perdiste el drama. Ey, ¿Deidara estará quedándose en tu casa?- Preguntó Kisame.

-Así es, mientras las cosas mejoran con Akasuna.- Respondió, con acidez en su voz.

-Madara, ¡es tu oportunidad! ¡Tíratelo!- Gritó con esa misma indiscreción Hidan.

El Uchiha no respondió, solo dedicó una mirada gélida al peliblanco.

-Empiezo a pensar que Kisame tiene razón.- Dijo Yahiko.

-En fin, ¿Dónde está Deidara?- Preguntó Madara.

-Dijo que tenías cosas que hacer y se fue a su casa.- Respondió Konan.

-Bien, tengo que hablar con él, me retiro.- Y después de eso Madara se marchó.

Dicho esto subió a su auto, y después se unió Izuna con él.

-Te acompaño. Quiero ver su expresión cuando le des la noticia.- Dijo Izuna.

-Yo también ya quiero verlo.- Respondió Madara arrancando el auto.

Aparcaron cerca del hogar, esperando la llegada del rubio, pasaron los minutos y este no aparecía.

-¿Ves algo?- Preguntó Madara saliendo del auto.

Izuna bajó, pero no dijo palabra alguna. Madara volteó a verlo ante su silencio y se sorprendió al ver los ojos de su hermano menor abiertos de par en par.

-¿Qué pasa?- Preguntó el mayor.

Izuna estaba a punto de responder, pensando rápidamente que hacer, sabiendo que no podía llevar a su hermano a otra parte para no contemplar esa escena. Sus pensamientos se sesgaron en la incertidumbre cuando Madara también se dio cuenta de la escena que estaba viendo.

Al rubio besando a Sasori.

Madara se quedó congelado por unos minutos. Izuna, creyendo que quizás su hermano hiciera algo en ese momento, se calmó cuando en su lugar se subió otra vez al auto. El menor lo hizo también y Madara arrancó el auto con furia.

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-Te fuiste de una manera tan descortés, que solo me queda avisarte por teléfono.- Sonaba la voz de Sakura del otro lado de la línea.

-¿Qué pasa?- Dijo Sasori con frustración.

-Voy para tu casa. Necesito darte la nueva información.- Y después colgó la llamada.

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Su corazón latía demasiado rápido. El aire se fue de sus pulmones. Su rostro estaba tan sonrojado que su cara ardía. ¿Qué estaba pasando? ¿Y por qué sus brazos rodearon al pelinegro? ¿Y porque estaba correspondiendo?

Los labios del Uchiha eran tan atrayentes, su fragancia era adictiva y su piel sumamente suave. Sasori llegó a su mente, y con eso se separó del pelinegro para después irse con rapidez de nuevo al balcón buscando calmar la calidez de su cuerpo.
Madara solo salió del cuarto.

Sus ojos soltaron lágrimas otra vez, maldiciendo con eso todo lo que estaba pasando. Odiaba llorar, pero más odiaba al Uchiha que le robó un beso.

Madara cerró la puerta y se sentó en la oscuridad de la habitación. Suspiró y se llevó las manos al rostro. ¿Qué mierda había hecho? Él nunca había sido impulsivo pero no pensó en nada cuando junto sus labios a los del rubio. Había sido un beso casto y corto, aun así para el pelinegro lo había sido todo.
Probar sus labios fue algo que ansío por muchísimo tiempo, aun si el rubio lo rechazó y quizá con esto él quisiera irse de su vida para siempre… Al menos tenía ese pequeño instante en que no existía nada más que Madara probando sus labios.

Así que solo se recostó en su cama, sabiendo que quizá esa era la última noche que vería al rubio.

Deidara seguía afuera solo viendo hacia la calle. No sabía que pensar, ni que hacer, ni que decir… Respiró profundo y dejó que su mente se hundiera en lo que acontecido días atrás, como habían cambiado las cosas tan drásticamente y todo eso paso por una sola noche.
Hace días que ni él mismo se reconocía, se había hecho sumiso y sin energía. Ese beso con Madara fue como un intenso golpe de realidad.

La realidad era que Sasori lo engañó con Sakura. Le rompió el corazón. Negó ir a esa Galería a exhibir su arte. Estaba viviendo en casa de Madara. Y Madara acaba de besarlo.

Esa sacudida mental era lo que necesitaba para recordar su actitud antes de esa noche.

Aquel carácter explosivo.

Su rostro se sonrojo muchísimo, más que hace un momento.
Cerró los ojos y apretó los puños. Y con paso decidido salió de la habitación. ¡Estaba tan avergonzado! Y sin avisar abrió la puerta donde el Uchiha dormía.

-¡Tú! ¡Desgraciado!- Gritó sin mucho control y con el rostro completamente rojo.

Madara solo se levantó de la cama y se puso frente a él.

-¡¿Llevo un día aquí y ya te crees con poder sobre mí?!- Gritó muy cerca de su rostro.

-Sabes que no.- Respondió Madara, mirándolo fijamente.

-¿Entonces que fue eso?- Gritó Deidara.

-Sinceramente, ni yo sé. Pero ya lo hice.- Siguió con esa tranquilidad que contrastaba con la furia del rubio.

-¡Así es! Ya lo hiciste. ¡Carajo!- Respondió Deidara.

Madara se dio cuenta que su sonrojo no había disminuido, al contrario, lo provoco más cuando dijo:

-No sabes besar.-

Deidara calmó sus gestos y abrió muchísimo sus ojos azules. Su respiración se detuvo y como si no lo creyera posible, su rostro se hizo aún más rojo.

- … ¿Qué… has… dicho…?- Apenas pudo decir el rubio.

-Eso… No sabes besar. ¿Acaso el Akasuna nunca te enseño?- Se burló el Uchiha, sonriendo con malicia.

Deidara siguió impasible, mirando cada vez con más odio al pelinegro. Bajo su rostro, pero sus ojos seguían fijos.

-Discúlpate.- Ordenó Deidara.

-No.- Respondió Madara.

-Ahora…- Dijo el rubio nuevamente, esperando la disculpa del Uchiha.

-Ya te dije que no…- Se mantuvo firma Madara.

-Hazlo en este momento, o sí no…- comenzó Deidara.

-O sí no ¿Qué?...- Interrumpió Madara, retando al rubio.

La amenaza del rubio se cumplió cuando ahora él, devoraba los labios del Uchiha, poniendo ambas manos en el rostro del mayor para asegurarse que no se alejara. Un beso demandante y más cuando el rubio metió su lengua sin piedad la boca del mayor, Madara aceptó encantado y en respuesta mordía los labios del rubio y puso sus manos en la nuca del menor para profundizar el beso.
Deidara ahora era quién jalo el largo cabello de Madara para darle más acceso a su boca y continuar con el desenfrenado momento, y se hizo más intenso cuando Madara no dejaba de acariciar su espalda, para después de llegar a la cintura, el Uchiha se vio tentado a seguir bajando sus manos hasta su trasero, cuando el rubio se separó y con orgullo preguntó.

-¿Te vas a disculpar ahora?-

La respiración de Madara iba tan aprisa, se atrevió a besar con delicadeza otra vez al rubio a lo que el menor no se negó y alcanzó a decir:

-Me equivoqué realmente al decir eso…- Y Deidara se acercó de nuevo a besarlo.

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-¿Estás segura?- Preguntó Sasori después de escuchar lo que dijo Sakura.

-Así es. Muy segura. Llamó esta mañana el representante de la empresa para confirmar. Akatsuki será el patrocinador oficial del evento. ¿Sabes lo que significa? ¡Habrá muchísimo más invitados del extranjero!- Respondió Sakura sin poder ocultar su emoción.

-¿A qué se debió este cambio tan radical?- Dijo Sasori seguía sin poder creerlo.

-No tengo ni idea, pero es una maravilla. El evento será aún más grande, y ahora que la empresa de unió tenemos aún muchísimo más trabajo por hacer, así que también vine porque necesito más material tuyo. Además me avisaron también que Akatsuki traerá artistas independientes para que también exhiban sus obras, sumando que van a patrocinar una subasta.- Terminó Sakura para después acompañar al pelirrojo a su estudio.

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Sus labios eran deliciosos, no podía negarlo. La forma en que el pelinegro lo besaba era tan candente, su aroma era embriagador y sentir sus manos sobre su cuerpo era un placer. Su mente se fue a otra parte para dar lugar a lo que sentía en ese momento. El cálido aliento del mayor sobre su boca, tocar su largo y suave cabello, sentir su cuerpo tan pegado al suyo, dejó todo su raciocino atrás y se dedicó a disfrutar esas caricias. Deseaba seguir besando al Uchiha, en verdad le gustaba sentirlo tan cerca.
El beso continuó hasta que Madara lo invitó a acostarse en su cama, el rubio aceptó y el beso continúo por un largo rato, finalmente se separaron. La respiración agitada y labios hinchados, Deidara no negó que su cuerpo se había excitado por el contacto. Aun así Madara solo se limitó a tocar el rostro del rubio viendo fijamente sus ojos. Azul con carmín.

De nuevo, el rostro de Deidara se sonrojo violentamente.

Su mente empezó a funcionar otra vez. Sabía que ya era tarde para negar lo que había sucedido, así que solamente chistó y se giró en la cama, dándole la espalda al Uchiha para decir:

-Es tarde, duérmete ya.- Dijo con aparente orgullo, ocultando todo lo que su cuerpo sintió.

Madara sonrió silenciosamente. También se dio la vuelta para intentar dormir, sin lograrlo, no podía… Su mente estaba fascinada por lo que experimento hace rato. Deidara lo había besado. Y con muchísima pasión. ¿Cuánto tiempo soñó con hacer eso? ¿Tres años? Desde que lo conoció, sin duda alguna. Su corazón aún iba muy aprisa. Suspirando en una silenciosa felicidad por el breve momento que compartió con el rubio.
Aunque su felicidad era inmediata, se vio ligeramente interrumpida cuando tantas dudas surcaron su mente ¿Fue un beso para vengarse de Sasori? No lo sabía… y de verdad quería tener esa respuesta. Su emoción era tanta que no podía ni dormir, su mente no podía olvidar las sensaciones, las emociones, tantos sentimientos encontrados.

Se levantó y fue a la cocina a preparar un poco de té. Tomó asiento mientras esperaba y la sonrisa no se podía desvanecerse de su rostro, suspiro completamente extasiado. ¿Qué podía arruinar un momento como este?
Su mente volvió a repasar las emociones que se juntaron en ese momento, sintiendo de inmediato un inmenso fuego dentro de él, excitado porque sabía que era el rubio quien deseaba eso.

Dio un tragó a la caliente bebida y sabiendo que esto no sería suficiente para calmarlo, subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación de su hermano haciendo un estridente ruido y encendiendo la luz en el acto.

Izuna con molestia y pesadez al ver la figura de Madara frente a su cama, preguntó.

-¿Ahora qué quieres?-

El mayor tomó el gran edredón que cubría la cama e Izuna sintió una punzada de corriente fría en todo su cuerpo que lo hizo molestar aún más.

-Madara, es ¡casi medianoche! ¿Qué quieres?- Gritó hastiado Izuna.

Y entonces Madara solo sacó del closet ropa casual.

-Vamos a salir.- Dijo para después salir de la habitación.

Izuna sabía que si se negaba el mayor podía estar toda la noche fastidiándolo. Gruño y solo empezó a cambiarse. Odiaba esas ideas nocturnas que solía tener su hermano, a veces podía sacarle de quicio su poco sentido de la responsabilidad. Quizá en fin de semana aceptaría su invitación, pero no tenía que decir que estaba apenas a mitad de semana y mañana sería día de escuela.

Se levantó y se puso las prendas que el mayor había sacado anteriormente. Al bajar vio a su hermano mayor sonriendo descaradamente.

-¿Qué mierda te sucede? ¡¿Salir a dónde?!- Le gritó Izuna.

-A tomar.- Y salió de la casa con su hermano tras él.

A veces no toleraba que su hermano fuera tan impredecible. No dijo nada y solo le quedaba soportarlo toda la noche hasta que casi dieron las 4 de la madrugada, preguntándose qué ocurrió para que su hermano tuviera tanta energía y tan buen humor, tomando en cuenta que después de ver a Deidara con Sasori su sufrimiento volvió a envolverlo. Quizá hacía esto para olvidarlo, pero eso no explicaba porque estaba tan feliz.
Consciente que sería mejor preguntar en otro momento, cambio su semblante y ahora se dedicó a disfrutar la noche, ya sabiendo que en la mañana sería un día complicado por la falta de sueño.

Madara llegó de nuevo a su hogar y volvió a recostarse al lado del rubio. Vio sus delicadas facciones al dormir. Verlo dormir era todo un privilegio. Aunque deseaba hacerlo toda la noche se negó al placer de seguirlo observando, así que solo cerró sus ojos para dormir.

Despertó bastante temprano, el cielo apenas tomaba tonalidades naranjas y con ello un poco de luz.

Con esa iluminación el rubio observó al azabache que dormía plácidamente a su lado, su respiración era lenta y lo invitaba a quedarse ahí toda la mañana.
No sabía que pasó anoche, pero en sus impulsos besó con gran pasión a Madara en un intento de salvar su herido orgullo. Era solo para que el Uchiha se disculpara por esas insultantes palabras, pero lo que pasó después, no podía ni explicarlo.

Su cuerpo deseaba más, saborear su boca de esa manera fue tan sensual. Tanto así que deseaba volver a repetirlo. Se sonrojó. Eso ni pensarlo… Pasó por su mente. Así que se levantó de la cama para tener tentaciones lejos de su alcance.

Se metió al baño y retiró sus prendas. Abrió la llave y dejó que su cuerpo desnudo se mojara con la tibieza del agua.
Entonces recitó en su mente lo que había hecho.

Besó a Madara. Si es que se podía llamar así, faltaba poco para llegar a la garganta del Uchiha.

¿En qué estaba pensando? La respuesta era tan simple, no lo estaba haciendo.

¿Fue para poner celoso a Sasori? Al menos tenía claro que esa no era la respuesta porque esa jamás fue su intención. Entonces, ¿Era un juego aprovechando que ya no estaba con el pelirrojo? Menos. Además que esta situación jamás la pidió y menos la buscó.
Su corazón pertenecía a Sasori.
Pero esa noche sus labios no era del pelirrojo. Y es que Madara tenía… algo… tan profundamente atrayente… y Deidara notó esto el día que conoció a Madara.

No negó que cuando lo conoció era considerablemente atractivo, su largo cabello negro era una delicia, un cuerpo atlético y bien formado, piel nívea, suave y tan blanca que contrastaba con sus intensos ojos carmín, agregándole a eso, poseía una mirada tan profunda que podía helar a cualquiera. Pero cuando supo de su apellido Uchiha, fue como si mágicamente todo su atractivo fuera a pasar a segundo plano.

Aun así, trataba al pelinegro con respeto por ser su compañero de clases, tuvo que trabajar con él por un tiempo relativamente largo; en esas fechas se dio cuenta que era un hombre increíblemente brillante. Sin embargo, Madara se comportaba de forma diferente con el rubio. Meses después se enteró por boca de Hidan que Madara era el presidente titular de la increíble empresa Akatsuki.

Pero el rubio no veía a un hombre increíblemente poderoso. Solo a su Uchiha presencia que siempre le encantaba provocarlo.

Los años pasaron y entraron a la Universidad.

Ahí el rubio conoció y se enamoró por completo de Sasori. Al principio llevaban una cordial relación y trabajan demasiado bien en equipo. Pero sus esperanzas se fueron abajo cuando el pelirrojo le confesó que llevaba muchísimo tiempo tras Sakura aunque ella no le correspondía.

Se refugió en el pelinegro desde el primer momento.

Hasta que sucedió.

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Era ya bastante tarde, era de noche incluso.

Ese día, Sasori necesitaba un modelo para una serie de fotografías pero no encontró ninguno que fuera de su agrado, solo deseaba fotografías de una persona. Aunque Deidara no tenía experiencia en modelaje, le pidió que fuera su modelo. Una sesión larga, él sin camisa dejando en todo su esplendor su hermoso cabello rubio.

Deidara acepto únicamente porque sabía que no se vería su rostro, cosa que agradeció ya que este estaba ardiendo en el sonrojo al saber toda la atención que tenía de Sasori.

La sesión fue complicada pero Sasori estaba más que satisfecho con el resultado. Terminaba de guardar todo lo que ocupaba para la sesión, mientras el rubio se ponía su camisa y no dejaba de sentir un cosquilleo en su estómago. Peino en una coleta su cabello suelto y escuchó la voz de Sasori.

-De nuevo, te agradezco tu apoyo el día de hoy.- Agradeció Sasori.

-Sabes que no es nada, fue todo un placer. Me divertí muchísimo. ¿Podría ver las fotografías finales?- Preguntó temiendo que el pelirrojo se negara, pero en lugar de eso, Sasori se acercó mostrando la pantalla de la cámara fotográfica.

El rubio observó cada una de ellas, Sasori daba énfasis en la caída del cabello del ojiazul. Esas fotografías eran extraordinarias.

-Me encantan, gracias.- Dijo Deidara para después ir por su mochila, hasta que la suave voz de Sasori lo llamó.

-Deidara…- Soltó, inseguro por lo que iba decir.

-¿Qué pasa?- Preguntó el rubio.

-Eres hermoso…- Soltó sin rodeos y tan seguro de lo que estaba diciendo.

Deidara se congeló, observando al pelirrojo. Su respiración se detuvo y aún sin poder asimilar sus palabras, alcanzó a pronunciar.

-¿Ah?-

Sasori continuo con su semblante seguro y serio, miró con determinación al menor y repitió.

-Eres hermoso… Tu simple presencia me reconforta. Desde hacía tiempo que siento esto por ti, y aunque al principio creí que callarme era lo mejor, estar cada vez más tiempo contigo solo me hace desear decir todo lo que eres para mí. No te pido que me correspondas. Te pido que me permitas tenerte cerca.- Pronunció el pelirrojo.

Deidara trataba de asimilar sus palabras.

Por tanto tiempo deseo que Sasori le correspondiera y ahora que estaba pasando frente a sus ojos no sabía ni cómo reaccionar.

Y entonces Sasori se acercó y besó al rubio. Y este a duras penas pudo tratar de captar lo que estaba pasando.

Así que le correspondió a Sasori, mientras empezaba a percatarse de lo que estaba haciendo. El beso se detuvo.

-No digas nada más, Sasori no Danna- Y continuar lo que habían interrumpido.

Esa noche, empezó todo.

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Estando en la habitación y ya vestido, peinaba su cabello húmedo, sin dejar de pensar en lo de ayer. Madara apareció en el umbral de la puerta luciendo un encantador traje de diseñador, "Demasiado elegante para llevar un día normal de Universidad", pensó el ojiazul.

-¿Listo? – Preguntó Madara, con una sonrisa tan amplia que Deidara deseaba borrar de su rostro.

El rubio lo fulminó con la mirada, con sus mejillas ligeramente teñidas de rosa, se levantó y pasó al lado de Madara sin decir palabra alguna. Subió al auto, esperando al Uchiha, con la esperanza de que el mayor no comentara nada de lo acontecido anoche. Pero sus ilusiones murieron rápidamente cuando Madara subió y preguntó

-¿Esto fue para tomar revancha contra el Akasuna?- Soltó sin rodeos. Y emprendió camino a la Universidad, observando de reojo al rubio. Este solo miraba hacia la ventana con brazos cruzados dando a entender que no quería decir palabra alguna, y quizá en otro momento Madara hubiera respetado que el ojiazul no deseara soltar palabra, pero en su mente tenía una pregunta que necesitaba ser contestada en ese mismo momento.

Aunque él rubio no conocía el motivo exacto del porque hizo eso anoche, tenía la certeza de asegurar que esa no fue la razón.

-No.- Dijo secamente. Y con eso dio a entender que no respondería más preguntas.

Madara estacionó el auto cerca de la Facultad de Artes, Deidara bajó y se retiró a su salón de clases con rapidez. Madara se limitó a observar su cabello rubio ondear al viento.
Aunque haya recibido ese no por respuesta… No dejaba de ser una.

Mientras Deidara sacó su teléfono celular, escribió rápidamente un mensaje y las clases comenzaron. Entró al aula y tomó asiento, agachó su cabeza en la mesa mientras el maestro hablaba sin prestarle la más mínima atención. Suspiró para sus adentros. Hoy sería un largo día.


Es tarde, muy tarde. Solo me quedan dos exámenes más para terminar el semestre. Solo dos exámenes!

Mañana presentó el penúltimo y no he estudiado absolutamente nada. Ay xc

Pero una vez libre, me dará muchísimo mas tiempo para tratar de ordenar este desastre de historia.

Gracias y muchos besos n_n

Hasta el próximo capitulo!