Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es de Hidekaz Himaruya.
Advertencias: Muerte de un personaje, uso de nombres humanos, UA, posible OoC, incesto y ganas terribles de matar a la autora. Insinuaciones sexuales...(?)
Nota: Lo mismo que el anterior, es un tema delicado pero en fin, espero que disfruten el capítulo.
Autora trastorna personajes reportandose~! ¿Cómo terminé escribiendo esto? La verdad ni yo se, pero bueno escribi de una de las cosas que más me asustan y lo hice en un estado de inconscencia o trance extraño, en fin casi todo el capítulo nació entre mis clases de historia, administración e impuestos. La culpa de este capi la tiene un doujin y mi mente por llevarlo todo hasta el límite.
Sin mas que decir...¡Nos leemos abajo!
Capítulo 6
Abrazo a Arthur, lo besó y no pudo evitar sentirse completo al ver que el inglés por fin correspondía a su amor, aquel amor que le había guardado por tantos años, no le interesaba la razón por la que le correspondía, no sabía si eso era o no amor, quizá era lastima, pero quería creer que Arthur lo amaba tanto como él lo hacía. Se sentía feliz, ya que lo más seguro es que le estuviera correspondiendo porque por fin el europeo había logrado deshacerse de esa imagen infantil de él y de aquella estupidez de que lo quería como su hermanito. No le importaba el porqué lo hacía, no, llevaba tanto tiempo ansiando un poco de cariño de parte del otro que eso francamente no le interesaba.
Ahora que lo tenía entre sus brazos no lo dejaría escapar, eso ni pensarlo, no perdería a Iggy aun si el cielo se le caía encima.
Le resultaba fascinante todas y cada una de las acciones y reacciones del ojiverde, todos y cada uno de sus besos parecían quemarle, dejándolo con ansias de más, el sabor de la boca de Arthur, la textura de sus labios, la suavidad de su piel, el modo en que movía su lengua, era perfecto.
De un momento a otro terminaron en la cama, uno sobre el otro, aun besándose, ¿cómo llegaron ahí? No lo sabía aunque tampoco era como si le importara, comenzó a acariciarlo por encima de las ropas, mientras el más bajo correspondía a sus caricias.
No podía creer que realmente estuviera pasando, estaba besando a Arthur y no solo eso, sino que también se iba a acostar con él, lo cual era evidente, pues en algún momento sin estar muy consciente de lo que hacía o al menos eso quería creer había despojado al otro de su camisa y ahora recorría su pecho desnudo.
Podía disfrutar todos y cada uno de los sabores y exquisitos olores que despedía ese chico, aquella pálida piel lo enloquecía y es que era lo que había estado deseando desde hace tanto tiempo.
Aquel chico que significaba todo para él, Arthur, su Arthur, su primer y único amor.
Cada pequeño sonido que su boca emitía, cada jadeo, cada suspiro, cada gemido, cada estremecimiento, todas y cada una de las reacciones del británico le parecían una verdadera delicia. Pero lo más placentero era ver aquel enrojecimiento que se presentaba en su piel, ese rosa pálido, que se dejaba al paso de su boca, aquellas marcas que resaltaban perfectamente en la clara piel, las pruebas de que aquel cuerpo le pertenecía.
El rosa poco a poco se volvía rojo intenso, rojo sangre. Comenzó lamiendo, besando, succionando, gozando todas y cada una de las reacciones del británico, mordisqueando, arañando, mordiendo, desgarrando, sintiendo crujir el cuerpo que se removía bajo el.
Los suspiros, gemidos y jadeos fueron sustituidos por gritos, por sollozos, por suplicas. Todo el placer fue desplazado por dolor, por desesperación, por miedo.
Gritos aterradores inundaron la habitación, haciendo eco en cada rincón, alaridos estruendosos resonando, formando una melodía solo para el americano, una melodía que nadie más sería capaz de escuchar. Gritos aterradoramente hermosos, gritos y sollozos que se convertían en una canción hermosamente enfermiza.
Se sumergió en su piel embriagándose con su esencia, con su fragancia, disfrutando del olor tan característico que solo Arthur tenia, ese olor a té y frescura, a campo, ese olor que recordaba desde que era un niño. Se deleito probando la dulzura de esa piel, de esa carne blanda que parecía deshacerse en su paladar, degustando la carne ajena, bañándose con aquel líquido que desde hacía rato parecía emanar de todos y cada uno de los poros de su amado.
Se lamio los labios al finalizar su banquete para después contemplar con horror el cuerpo destrozado. ¿Qué demonios le pasaba?
Sentía asco de sí mismo, de sus acciones, el acababa de…a la persona que más amaba.
-¿Qué hice...?-se cuestiono al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
Se había comido a Arthur, a su Arthur y no de la manera que esperaba.
-Esto no está pasando…no…no…
Se sostuvo fuertemente la cabeza, que le dolía de sobremanera.
-¿Por qué? ¿Por qué?-repetía
-Despierta…-ordenó la voz de Matthew a sus espaldas.
Estaba empapado en sudor, aun estaba en casa de Arthur.
¿Otra pesadilla?
De verdad había sido un sueño, empezaba a dudarlo, aquello le había parecido tan real, incluso había sentido el calor del cuerpo del inglés, el sabor de sus labios. Si había sido un sueño había sido el más aterrador que había tenido jamás, se enderezó y se arropó lo mejor que pudo, tenía que confirmar que el británico estuviera bien, después de todo ya había asesinado a Matthew, así que estaba consciente de que podía hacerle lo mismo a Arthur.
Asomó la cabeza por el pequeño hueco que se formaba por la puerta entreabierta y contempló al rubio dormido, tan apacible, con aquella respiración pausada se veía tan lindo. Podía recordar perfectamente que cada vez que tenía una pesadilla iba e invadía la cama del mayor, quién siempre le permitía dormir con él. Pero no podía dormir con Arthur, no ahora, no después de soñar que se lo había comido.
Regresó a su habitación, recordando como cuando niño le era posible contarle todo al ojiverde, pero ahora ya no era así, y es que como contarle que había asesinado a su gemelo.
"Yo perdí el derecho a ser feliz…"
El precio de su pecado era ese y lo pagaría, no merecía ser feliz, como tampoco merecía llamarse héroe, no cuando había asesinado a su hermano, no cuando había hecho tantas otras cosas, no cuando había lastimado tanto a quienes amaba.
Alfred tenía miedo de sí mismo, el había dejado de ser un héroe para convertirse en un monstro.
Me costo un poco terminarlo pero aquí esta, la verdad amo este capítulo a pesar del canibalismo, nunca pensé escribir algo de eso, pero aquí esta y hasta a mi me sorprende o.o y creo que todos van a quedar dementes, pobres personajes u.u, aunque no todo fue sueño jojo.
Nos vemos en el próximo capi que realmente no se cuando subiré, la verdad me esta costando horrores inspirarme T.T por primera vez mi vida personal es la que me deprime y no la historia.
^*^Contestando reviews^*^
Flor
Yey~! Tengo un Kumajiro pegajoso~! De nuevo gracias por tus reviews y en cuanto a lo de mi cumpleaños fue extraño pero a la vez usual, en fin, no tengo ni idea de lo que estaba pensando cuando escribi el sueño jeje me alegra que te haya gustado la parte de chibi!Alfred creo que es la parte con más...sentido (?), creo que ahora estoy matando no solo a Matthew sino tambien a Arthur u.u, bueno cuidate, besos y abrazos de Kumajiro pegajoso y con panqueques~
[Santa te observa y sabe si le dejas o no reviews a esta linda autora]
Este fic apoya a la fundación "Uneté al lado oscuro escribe un fanfic" (tenemos galletitas)
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