¡Hola! otro capítulo, otro delirio
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Capítulo 11: Conociéndonos
Tracey fue un error, ella lo sabía.
Nunca se lo ocultaron, al contrario, ese hecho fue y es constantemente remarcado por sus progenitores.
William y Amanda Davis ya tenían a su heredero, el futuro de su casa, la llave del éxito y no deseaban ni podían darse el lujo de traer otro hijo al mundo. No eran significativamente adinerados, tenían un lugar en la alta sociedad pero aún no era estable y repartir su legado entre dos no era lo aconsejable. Ese embarazo tampoco había llegado en un buen momento, la guerra estaba en su punto más cruento y el Señor Oscuro cada vez tenía mayores exigencias que no todos podían cumplir.
El día de su nacimiento no hubo festejos ni alegría por parte del matrimonio, ni siquiera fueron a San Mungo, era como si quisieran ocultar una vergüenza. Su madre maldijo cada contracción, cada dolor y cada esfuerzo que debió realizar, previo y durante el parto. La mujer pujó con fuerza y determinación pero no por la ansiedad de ver a su retoño sino por la prisa de quitarse ese incordio de encima. Su padre ni siquiera permaneció en su casa, estaba al servicio de su señor cumpliendo una misión, dejó a su esposa en plena labor para ir a atender su tarea. Al regresar, sólo dio un fugaz vistazo a la solitaria cuna depositada en una fría y sombría habitación.
–¡Por lo menos Merlín quiso que fuera una niña!– masculló el hombre con algo de alivio desde la puerta, al ver la decoración circundante –Sí, una niña trae un buen matrimonio– dijo por lo bajo mientras se retiraba.
Hacía poco más de cuatro meses había nacido el heredero de los Nott, hijo de Bastian y Ludmila. En aquella lujosa mansión que constantemente los Davis visitaban, Tracey tendría su único propósito, su único valor a los ojos de sus padres: contraer matrimonio con Theodore y así emparentarse con uno de los Sagrados Veintiocho.
Y harían todo lo posible para que eso ocurriera.
Aprovechando la amistad nacida en Hogwarts con la Señora Nott, Amanda introdujo a su hija como compañera de juegos. Su primogénito era demasiado grande, por desgracia, para que entablara amistad así que la relación dependía de la 'niña-no-buscada'. Después de todo, la sangre pura es valiosa y no debe desperdiciarse sino invertirse, si ella vino al mundo por accidente, rápidamente se le encontraría un propósito como bien intercambiable para la Alta Sociedad Mágica.
Así creció, sometida a dogmatismos, órdenes e instrucciones. Ella debía hacer feliz a Theodore, volverse indispensable en la vida de la futura cabeza de los Nott y no debía descansar hasta que en su dedo estuviera la reliquia familiar, un anillo de oro blanco, diamantes y esmeraldas, signo indiscutible del acuerdo matrimonial.
La vida de esa niña, lamentablemente, estuvo restringida desde el momento mismo de su concepción.
Pero pese a todos estos predicamentos, pese a que desde que tuvo uso de razón sus padres le afirmaron sus circunstancias, Tracey fue feliz, nunca le faltó amor.
Vincent, su querido hermano mayor, adoró, protegió y resguardó a la pequeña pelinegra que conoció postrada en la cuna de esa fría habitación, abandonada por sus padres al cuidado de los elfos domésticos. Él se encargó de cuidar cada paso que daba, de coronarla y llenarla de mimos cada vez que volvía de Hogwarts. El joven Davis dejó a los elfos encargados de brindarle todo lo necesario a la niña y ordenó que se le informe de absolutamente todo lo que le ocurriera, de lo bueno y de lo malo.
El tiempo pasó y ella creció.
Cuando fue lo suficientemente grande como para leer un calendario, su hermano le regaló uno que se renovaba mágicamente año a año y en el que estaban indicados los días en los que él volvería a su hogar. Así Tracey tachaba con su pluma cada día que pasaba contando el tiempo que faltaba para ver a su preciado Vincent, aquél que le enseño el calor del amor fraternal, aquél cuya sonrisa era capaz de aliviar los fríos momentos junto a sus padres.
Mientras esperaba, ella obedecía a su madre y pasaba horas en Nott Manor junto a Theodore. Sin embargo, ese chico, aquél que supuestamente sería su esposo, le prestaba muy poca atención, sólo lo justo que exigía el protocolo, nada más ni nada menos. Esta situación comenzó a preocuparla, si no cambiaba el panorama, sus padres la castigarían y su hermano estaba lejos y no podría evitarlo.
Tal vez aún era muy pequeña pero estaba consciente de su realidad, su madre se había encargado de grabar a fuego en su mente lo que significaba su existencia, borrando su infancia antes de que siquiera pudiera vivirla.
Una tarde de verano, cuando Tracey estaba a punto de cumplir siete años, intentó por milésima vez jugar con ese solitario niño que ni al heredero Malfoy prestaba atención, el resultado fue el de siempre y ya no lo soportó más. Por su pequeña mente pasaban las preguntas que sus padres le harían al volver a su casa y las respuestas negativas de siempre que les daría con el consecuente castigo. Las lágrimas cayeron como una plegaria silenciosa por sus mejillas y corrió con velocidad, lo más rápido que sus piernitas le permitían. Ella huía de ese niño, de sus padres y de sí misma, deseaba tener alas y volar junto a su hermano, estar con él y perderse en su cálido abrazo.
Estuvo varias horas sentada bajo el amparo de la sombra de un viejo árbol hasta que sintió una presencia frente a ella.
–Mi mamá dice que no debo hacer llorar a las niñas–
Tracey tenía miedo, no sabía qué responderle, si hacía enojar a Theodore, sus padres la castigarían aún más.
–Deja de llorar, no me gusta– agregó al ver que no logró silenciar a la niña.
–Es-está bi-bien– dijo mientras hipeaba.
Aunque ponía todo su esfuerzo en contener las lágrimas, su tristeza y desesperación eran mayores por lo que producía ese extraño ruido que se logra cuando se contiene el llanto.
–Sigues llorando–
–N-no… ya-ya no… no lloro– su vocecita emergía quebrada de su garganta.
Theo suspiró y se sentó a su lado, el viento se deslizaba entre las hojas de los árboles.
–¿Por qué siempre vienes a jugar conmigo? Sé que no te gusta–
Tracey lo observó un instante, se mordió su pequeño labio, decirle la verdad o mentirle era lo mismo, igual sería castigada al regresar.
–Por-porque mi mamá lo-lo dice– mantenía su cabeza entre sus piernas.
–Pero no te gusta–
Ella arqueó los hombros con cierta indiferencia, ya todo le daba igual.
–Mi mamá también me dice que debo ser tu amigo–
–Y tampoco te gusta– agregó con miedo.
El chico la miró de reojo.
–No me gusta que me digan qué hacer–
–A-a mí tampoco pero si no lo hago… mi papá me… me…– dijo refrenándose, siendo consciente de que no podía decir que le pegaban.
El pequeño Theo se dio cuenta, esa niña siempre vestía vestidos largos con mangas largas a pesar del calor, escondían las marcas de los golpes.
–¿Y qué te gusta hacer? –
–Estar con mi hermano– respondió mientras se le iluminaba el rostro y sonreía con sinceridad, eso llamó la atención de Theo, ella continuó –se llama Vincent y está en Hogwarts, lo conoces, ¿verdad?–
–Claro que lo conozco– rodó los ojos por la obviedad de la pregunta y luego de unos minutos agregó –debe ser lindo tener un hermano mayor–
–Sí– dijo ella mirando el horizonte –él es el único que me quiere, no se enoja conmigo por no hacer las cosas bien, por ser tonta–
–Tú no eres tonta– frunció el ceño ante esas palabras, la niña le era indiferente pero tampoco le parecía que fuera estúpida.
–Sí, lo soy… eso dice mi mamá, dice que soy tonta y torpe y que así nunca tendré amigos y que yo… yo ni siquiera sirvo para jugar contigo–
–¿Tan importante es que seamos amigos? –
–Debe serlo, si tu mamá y mi mamá lo dicen–
–Mira, si quieres ser mi amiga, sólo sé tú, no me gustan las niñitas delicadas que hacen todo lo que sus papás le dicen–
Ella parpadeó unas cuántas veces.
–Pero… si no hago lo que me dicen… me castigan– se abrazó a sí misma y un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar las cuerdas que conjuraba su padre.
–¿Y por qué tienen que enterarse? –
–¿Tú… no les dirías? –
–No… mira, si dejas de llorar, no les digo que no haces lo que dicen–
–¿Y… somos amigos ahora? – preguntó con alegría y emoción, si eran amigos, sus padres ya no la lastimarían.
–Bueno… pero no se lo digas a Draco–
Ella asintió con fuerza y una sonrisa.
–¿Y qué hago como amiga? –
–No sé… ¿sabes volar? –
Ella negó, su hermano le había prometido enseñarle cuando volviera.
–Ven, te enseño–
Le extendió la mano y juntos volvieron corriendo hacia la mansión.
Ninguno de los dos se dio cuenta pero, a lo lejos, dos pares de ojos adultos los miraron con alegría, Amanda porque veía que su plan por fin estaba funcionando y Ludmila porque su hijo, por primera vez, se mostraba interesado por los sentimientos de otra persona que no fuera ella.
Los meses pasaron y ambos niños comenzaron a disfrutar de la compañía del otro. A Theodore le gustaba que ella no estuviera luciéndose todo el tiempo, la niña simplemente jugaba y le mostraba cosas sin competir con él, algo que siempre hacía Draco Malfoy o Pansy Parkinson cada vez que se veían. A Tracey le intrigaba ese niño, tenía mucha curiosidad de preguntarle por qué era tan callado o por qué siempre miraba a todos tan seriamente como si se los tragara con los ojos, pero tenía miedo de hacerlo enojar y que se vaya. Así, ambos aprendieron del otro poco a poco.
Hasta el verano previo al ingreso a Hogwarts.
Una mañana estaban ambos comparando sus compras del Callejón Diagon, habían recibido sus respectivas cartas de ingreso y ahora tenían todo dispuesto a su alrededor, cuando escucharon un fuerte golpe en el recibidor. Ambos corrieron con rapidez hasta llegar al lugar y vieron a Ludmila en el suelo, a su lado y de pie estaban Bastian y un hombre que Tracey no conocía y que con los años le dirían que se llamaba Avery, Oswald Avery.
En ese momento entendió que ni ella ni Theodore deberían estar ahí pero ya no había vuelta atrás. Nunca supo qué fue lo que ocurrió ni el por qué, ninguno de los Nott le explicaría las razones por las que esa hermosa mujer yacía en el suelo con el rostro golpeado y sosteniendo los fragmentos de su varita, tampoco sabría qué hacía ese desconocido con la mirada altiva y una sonrisa macabra, pero nunca, nunca olvidaría lo que vio en los minutos sucesivos.
Ese hombre extraño miró a ambos niños, masculló algo inentendible y se retiró, Bastian observaba a su esposa con el rostro atravesado por el desdén y el asco. Tracey retrocedió unos pasos, pensaba correr en la dirección opuesta pero al ver que Theo seguía de pie, firme e inmutable, con el rostro fijo en sus padres, no pudo huir sabiendo que lo abandonaba.
La Señora Nott se levantó trastabillando, giró apenas y miró a su hijo, le sonrió y murmuró –Te amo, hijo mío, nunca lo olvides– luego miró a su esposo, sacó un frasco de su túnica y bebió un extraño líquido sólo para caer una vez más al suelo.
Padre e hijo se miraron. El mago mayor no mostró sentimiento alguno, no se arrodilló junto al cuerpo inerte de su esposa que poco a poco perdía el calor de la vida, sólo centro sus ojos en el niño frente a él y, por primera vez desde que lo vio nacer, sintió asombro y algo que se asemejaba al temor.
Tracey giró hacia Theo y un escalofrío recorrió su cuerpo entero, cubrió su boca y contuvo un gemido de terror. Los ojos de su compañero de juegos y aventuras perdieron su brillo característico, se volvieron opacos como la noche cerrada, su cuello estaba tenso y su mano sostenía la varita recién adquirida con fuerza, al punto de que sus puños estaban blancos por la ferocidad del agarre. La energía mágica que emanaba era claramente asesina y poco a poco, la cristalería de los alrededores comenzó a estallar y los vidrios diminutos se alzaron en el aire, flotaron alrededor del pequeño mago y se dirigieron con fuerza hacia su padre, clavándose en todo su cuerpo como diminutas agujas.
La pequeña bruja apoyó su mano en el hombro de su amigo en un vano intento por serenarlo pero la retiró de inmediato, se había quemado con su energía sólo por rozarlo. En ese momento comprendió a Theodore Nott, entendió la verdad detrás de ese chico pasivo y tranquilo que solía perseguir y con el que ahora jugaba casi diariamente y tuvo verdadero pavor.
La máscara que el niño aprendió a cultivar desde la cuna no era sólo para protegerse a sí mismo como todo sangrepura, como todo hijo de dos slytherins, sino para proteger a los demás, a aquellos que lo rodeaban. Tracey comprendió que él se mostraba extremadamente tranquilo y controlado porque su mismo interior bullía con desenfreno.
Theo era sentimiento puro, emociones que podían volverse pasiones que rozaban lo enfermizo y por esa razón, por ese motivo, debía atarse a lo racional, a lo calculado, a la lógica fría y distante que mantenía a raya su verdadero espíritu. La prudencia, la cautela y la moderación en el heredero Nott eran la soga que mantenía atada, controlada y serenada a la bestia que residía en su interior y que podía llegar a causar mucho dolor y terror en sus oponentes.
Su padre, sangrando por los cortes recibidos, comenzó a reír por el orgullo que sentía, su hijo sería un maestro en las artes oscuras, lo presentía.
La bruja no retiraba sus ojos de su amigo mientras tragaba grueso, sólo escuchó un 'desmaius' y lo vio caer inconsciente, se giró y sus ojos se encontraron con los de aquel extraño señor que había regresado. Se le ordenó volver a su casa y no repetir nunca lo que había visto, algo que ella obedeció de inmediato. Mientras corría rumbo a la red flú, tenía en su mente la imagen fija del chico consumido por sus sentimientos.
No volvió a ver a Theo hasta el día que tomaron el Expreso de Hogwarts. Él no le habló durante todo el viaje, apenas sí la miró y se dirigió a otro compartimiento, lejos de ella. Ambos sabían que ahora estaban unidos más allá de una amistad, ahora compartían un secreto y él no quería su lástima, su pena, su conmiseración, por eso la alejó. Tracey nunca sabría que la primera vez que Theo sintió culpa fue por ella en aquel momento, todo porque perdió el control de sí frente a esa niña que sufría el acoso de sus propios padres, porque lo vio como realmente era.
Si anteriormente era antisocial, ahora se había vuelto un verdadero misántropo. Los rumores circulaban a su alrededor pero la gente pronto encontró cosas más divertidas qué hacer y en las que depositar su atención así que lo dejaron a un lado. Sin embargo, lo respetaban sobremanera, aduciendo su comportamiento y temor al hecho sabido de que era hijo de un mortífago.
Pero Tracey le temía por sí mismo, por él, por esa oscuridad de la que fue testigo. Lo quería, sí, pero también tenía miedo y su instinto de supervivencia le indicaba que era mejor obedecer el deseo del chico de mantenerse lejos y no insistir su compañía.
Ella mejor que nadie sabía que ninguno debía meterse con él ni con lo que consideraba de su propiedad, sean sus libros, el lugar que había elegido para sentarse en el salón de clases y en la biblioteca o las personas que él consideraba 'amigos': Blaise, Draco y ella misma. Nunca les habló más de lo requerido por las circunstancias pero ninguno jamás puso en duda su lealtad y, de los tres, Tracey era la más cercana, la que mejor lo comprendía, la que sólo necesitaba una mirada para comprender lo que le ocurría a pesar de la distancia impuesta entre ambos.
El tiempo siguió transcurriendo con su parsimonia, sus sorpresas y los peligros que año a año se desenvolvían en Hogwarts y el mundo mágico.
La rutina la consumió y poco a poco fue olvidando aquél día en Nott Manor. Si alguna vez Theo volvió a caer en esa oscuridad, ella no lo supo porque no estuve presente, algo que agradecía porque sabía que ninguno de los otros dos que se decían amigos del misántropo realmente lo conocían.
Hasta esta noche, la noche de su cumpleaños número diecinueve.
Frente a ella se desenvolvía una escena que desencadenó una reacción similar en su amigo, ella lo vivió todo en cámara lenta: Blaise y Draco repitiendo su conversación con Granger y Theo implosionando ante esas palabras.
El cuello tenso del joven dejaba ver con claridad sus venas, todos sus miembros parecían entumecidos y sus puños se cerraron con fuerza, su rostro estaba impávido y su mirada había perdido ese tenue brillo, sus ojos estaban opacos, casi sin vida. Tracey pudo ver cuando Theo tragó lentamente, su garganta subió y bajó dando cuenta del esfuerzo desmedido que estaba haciendo por controlarse, y tuvo miedo una vez más. Miró de reojo a los otros dos, por primera vez en su vida comenzó a recitar una pequeña letanía a Nimue para que no pasara a mayores, –"¡¿Cómo se les ocurre a estos dos meterse en los asuntos de Theo sin preguntarle?!, ¡Nimue, escúchame, que Theo se controle!, ¡Por favor!" –
Lo vio retroceder un paso sin apartar sus ojos de Blaise y Draco y lo escuchó decir –Iré tras ella antes de que sea tarde–, se giró y desapareció en la oscuridad del pasillo.
Tracey pasó su mano por su frente, la tensión disminuyó y su cuerpo perdía un poco de balance dado los nervios que sintió de repente. No podía creerlo, ella ya lo presentía, lo venía viendo a lo largo de estos meses pero nunca imaginó que Theo pudiera sentir algo tan profundo por Granger al punto de reaccionar de esa manera.
–"¿Será que realmente se enamoró de esa bruja?, ¡Imposible!, aunque…"–
Sí, no podía negarlo, a su mente vinieron en frenesí las decenas de situaciones en las que los encontró, tanto en la biblioteca, como en el jardín o el salón de clases, sólo les faltaba compartir las comidas en el Salón Comedor y dormir juntos.
No podía negar que al principio esa situación le molestaba, la castaña había logrado en semanas lo que a ella le tomó años, además no confiaba, se trataba de una gryffindor, ¿qué quería con un slytherin? Pero cuando se acercó a ella con esa rubia extraña que todos llamaban Lunática Lovegood con el firme propósito de hacerla reír, cuando llegó a conocerla, se tranquilizó y sonrió, Hermione Granger era una buena persona.
Sin embargo, una cosa era ser 'amiga de Theo' y otra muy diferente es ser la 'futura novia de Theo'. –"A mi madre no le gustará nada la situación cuando se entere" – pensó y suspiró. El tiempo había transcurrido lentamente y se percató de los otros dos que seguían a su lado con el rostro compungido y preocupados, decidió traerlos de regreso a la realidad y hacerlos conscientes del grave aprieto en el que se habían metido.
–Rueguen, imploren, suplíquenle a Merlín, Morgana y Salazar, a la misma Nimue si es necesario, porque si Theo pierde su oportunidad con Granger… la muerte por mano del Señor Oscuro sería mucho más clemente– siseó por lo bajo, no era el momento ni el lugar de llamar la atención del resto de su casa.
Giró y fue junto a Luna Lovegood, estaba preocupada, una de sus dos invitadas externas había ido a deambular por los pasillos de las habitaciones, no podía perder a la que le quedaba.
–¿Cómo estás, Luna? –
–¡Tracey!, muy bien de hecho, es una linda fiesta–
–Me alegra escucharte decir eso–
–Mmmm, te ves preocupada, ¿los torposoplos no te dejan pensar con claridad? –
–¿Los qué? – preguntó extrañada.
–Torposoplos… si quieres te presto mis gafas para que puedas verlos, siempre las traigo conmigo–
La pelinegra, recordando esos ridículos anteojos con los que solía encontrar a la rubia, negó rápidamente con la cabeza agregando que no era necesario.
–No deberías preocuparte– agregó Luna con la mirada fija en el pasillo –ellos sabrán encontrarse–
–¿Qué… qué quieres decir con eso? – no lograba acostumbrarse a los comentarios de la chica, alguien debería decirle a la slytherin que nunca lo logrará.
–Nada en general y mucho en particular, sólo que no creo que sea bueno que pasen mucho tiempo solos– le sonrió –creo que Flora y Hestia están felices–
–¡Sí! – respondió sorprendida por el cambio de tema y pensando en las palabras extrañas que había pronunciado –me alegra que puedan ser adolescentes normales– las miró un instante –aún sufren el hostigamiento de los chicos de otras casas, las ven a ellas y ven a sus tíos, es algo triste realmente–
–¡Oh!, no será siempre así, no todos podrán olvidar pero estoy segura que en el futuro, ambas chicas tendrán el apoyo de las personas adecuadas–
Tracey la miró algo extrañada, el comentario fue… ¿raro?, decidió ir a ver a las chicas mencionadas. En lo que llevaba del año, había tratado por todos los medios de hacerlas sentir cómodas, a pesar que sus padres le advirtieron que se alejara de ellas por el peligro que significaban las asociaciones con mortífagos condenados públicamente.
Luna caminó con prudencia hacia el pasillo. No estaba muy preocupada por Hermione, de hecho, era consciente de que Theodore podría manejar la situación pero le preocupaba que los torposoplos en su amiga nublaran su juicio y no escuchara al slytherin. Decidió ir tras ellos sólo para cerciorarse de que estuvieran bien.
El camino era oscuro y no sabía bien qué camino habían tomado así que sacó sus gafas y decidió seguir a esas criaturas mágicas invisibles. Como se alimentan de los pensamientos negativos, suelen ir tras aquellos que se encuentran preocupados incitando aún más las emociones que producen su alimento confundiéndolos. En realidad, fue bastante simple ver el rastro que dejaban gracias a sus gafas especiales, así que prosiguió.
Al llegar a un camino sin salida aparente, se sorprendió que los torposoplos atravesaran esos bloques de piedra huyendo hacia ella, se quitó sus lentes y miró con atención. Inclinó su cabeza y sonrió satisfecha antes de decir con total tranquilidad en su voz –Déjeme presentarme, por favor, mi nombre es Luna Pandora Lovegood y es un placer estar aquí–
Las puertas de roble aparecieron frente a ella y se abrieron con cuidado, lo que vio la llenó de orgullo, su mejor amiga había encontrado la claridad suficiente en su mente y corazón como para aceptar a Theodore y por eso las criaturas mágicas huían de ellos. Miró hacia los costados y se asombró por la cantidad de libros dispuestos en infinitas estanterías que se perdían a su vista, había también escritorios repletos de pergaminos con diversas anotaciones y muchos otros en blanco.
Decidió retirarse cuando sus ojos se posaron en un tomo bastante grande que decía Cuidado y cría de los snorkack de cuerno arrugado. Su corazón saltó de alegría, su padre tenía razón y ahí había un libro mágico que hablaba sobre esas criaturas que con tanto afán buscaron durante tantas jornadas. No lo pensó dos veces, simplemente avanzó hacia él y estiró su mano, olvidando por completo a la pareja que se devoraba a sus espaldas. Comenzó a leerlo, abstrayéndose totalmente, alzó la vista y vio otro tomo cuyas letras casi eran imperceptibles, sintió curiosidad y decidió tomarlo también pero ese libro estaba tan alto que apenas sí lo rozaba con los dedos, se esforzó por agarrarlo al punto de tirarlo al suelo.
Ese sonido fuerte y seco trajo de regreso a Hermione y Theodore que miraron algo azorados. Luna sintió algo de pena por sí misma y por ellos.
–¡Oh!, no se preocupen por mí, hagan de cuenta que no estoy–
Sin embargo, no logró su cometido, el rostro de su amiga no se componía, estaba asustada y avergonzada, la vio tocarse su cabello y luego cubrirse el rostro sonrojado mientras gritaba –¡Luna! –
Por su parte, la rubia pudo ver que Theo estaba sorprendido pero tranquilo al punto de comenzar a reír como nunca antes lo había visto y, seguramente, eran las primeras en ver y escuchar semejante acto expresivo por su parte.
–Dime, Hermione, ¿deseas que me vaya?, no creo que deban continuar mucho más, siendo quienes son, podrían arrepentirse si…–
–¡Basta!, ¡No sigas!– chilló su amiga.
Luna conocía a la perfección los usos y costumbres de la sociedad mágica, en especial de la aristocracia, aunque no los compartiera ni tuviera pensado llevarlos adelante, así que sabía que la pareja frente a ella no debía ir más allá de lo que estaban haciendo si pretendían algo serio. Sin embargo, también quería que su amiga fuera feliz y si eso significaba que ella se fuera y tuviera que abandonar esos preciados libros, así lo haría.
En ese momento, Theo recuperó el control de sí y las miró a ambas antes de decir –Creo que debemos hablar, los tres–
La rubia y la castaña asintieron con una sonrisa y fueron conducidas por el mago hasta lo que debía ser una sala de estar dispuesta con sillones verde esmeralda y demás mobiliario de plata.
El silencio era ensordecedor. Hermione se asombró al ver que sobre la mesa ratona aparecía un juego de té y diversos bocadillos. Theo se incorporó, les hizo una pequeña reverencia y se dispuso a servirles la infusión mientras hablaba.
–Dado que esta biblioteca se encuentra dentro de las mazmorras y soy el único slytherin presente, me corresponde oficiar de anfitrión en esta reunión… imprevista–
El muchacho vio que su pretendida miraba su cabello con algo de temor y duda.
–No deberías sorprenderte, Hermione– ella le dirigió la mirada con los ojos bien abiertos, él se sintió conquistado por la profundidad dorada que lo atravesaba –este lugar está acondicionado para que nadie pueda hacer uso del engaño, ya sea con las palabras o el glamour–
–¿Quieres decir que aquí sólo podemos hablar con la verdad? –
–Sólo podemos expresarnos con la verdad, si no deseamos que los demás conozcan nuestros pensamientos o sentimientos, deberemos guardar silencio– (*)
–Es extraño– comenzó a decir la castaña –si esta es la biblioteca de Salazar Slytherin… que esté dispuesta para que nadie pueda engañar…–
Theo sonrió de lado y elevó una ceja con malicia –¿Lo dices porque los slytherin somos mentirosos por naturaleza? –
Ella se sonrojó por haber sido expuesta. Sí, lo había pensado y no lo podría negar en voz alta, estaba profundamente avergonzada y el mago a su izquierda se deleitó con esa imagen.
–Si lo piensas bien, te darás cuenta que esa fue la razón principal por la que este espacio fue creado con ese encantamiento en particular–
Por supuesto, si los que habitaban esa biblioteca eran los maestros del engaño, debía haber algún tipo de protección, tanto para el conocimiento que se resguardaba como para aquellos a quienes se les daba la bienvenida.
–Disculpa si te he ofendido– alcanzó a decir con un hilo de voz.
Theo suspiró y tras beber un sorbo de té agregó –Sigues diciendo cosas innecesarias–
Sus palabras robaron una sonrisa de Hermione que pasó a prestar su atención en Luna, la rubia miraba hacia todos lados con sus ojos bien abiertos, casi dirían que realmente estaba trastornada.
–Luna… ¿cómo… por qué…?– no sabía bien qué preguntar, ¿cómo los había encontrado?, ¿cómo había entrado ahí?, ¿por qué no se sorprendía al verla cambiada?, ¿por qué no hacía preguntas?
La ravenclaw la miró y le sonrió con tranquilidad.
–Los torposoplos me trajeron aquí– Theo sólo la miraba y Hermione ya no se atrevía a cuestionar absolutamente nada –y sentí la magia tras la piedra, sentí que me llamaba, como si me conociera… no sé, fue algo extraño, por eso me presenté y luego la puerta apareció–
El slytherin la escuchó con atención, algo similar ocurrió con él pero, a diferencia de esa chica, no supo bien que hacer hasta mucho tiempo después. Aún recordaba el tenue murmullo que sentía cada vez que pasaba cerca, incluso durante su segundo año temió que se tratara de la Cámara de los Secretos y que de alguna manera él estuviera provocando los problemas que se cernían sobre la escuela. Fue durante su quinto año, cuando todos estaban preocupados por Umbridge que él, sin razón aparente, se paró una noche solitaria frente al murallón de piedra y preguntara qué es lo que buscaban de él y luego, tras sentir que preguntaban su nombre, se presentó y las puertas se abrieron.
El conocimiento que estuvo a su disposición a partir de ese momento lo colmó de orgullo y satisfacción. Poco a poco, lectura tras lectura, comprendió cuál era su deber, el por qué estaba ahí y cuáles eran los errores que la comunidad mágica estaba cometiendo, especialmente los mortifagos.
Quiso compartir lo que estaba aprendiendo pero sabía que no a cualquiera estaba destinado ese saber así que hizo pruebas, llevó a sus amigos y a muchos otros a transitar y esperar junto a la puerta pero ninguno dio señales de escuchar ese llamado. Comprendió que, tal vez, sea el único capaz de hacerlo y que, de ser así, él de alguna manera lograría que otros encuentren ese camino, así sea su futuro hijo o hija. El 'Juramento Inquebrantable' de su genealogía se había despertado y debía custodiar el conocimiento arcano y antiguo con su vida.
Ahora, a su izquierda estaba la chica que le quitaba el aliento desde comienzo de año y frente a él su mejor amiga, alguien que todos consideraban loca incluyéndose él, pero que ahora sabía que debía ser especial de alguna manera no tan trastornada si la biblioteca le dio la bienvenida.
–¿Cómo sabes que esta biblioteca le pertenecía a Salazar Slytherin? – preguntó el mago con tranquilidad mientras salía de sus recuerdos y conclusiones.
–Bueno… yo…– "¿Estará bien decir que fue mi madre la que me habló de ella?, Theo ya sabe y Luna… Luna siempre parece ver más allá que cualquiera… no me extrañaría que ella supiera quien soy incluso antes que yo misma" –mi madre… ella me habló de esta biblioteca privada, me dijo que… que tuvo acceso a ella durante sus años en Hogwarts… imagino que… imagino que debió encontrarla como ustedes dos–
–¿Tú no sentiste el llamado? – preguntó Theo intrigado.
Hermione negó con la cabeza y agregó –Estaba… con otras cosas en la cabeza…–
–Torposoplos– interrumpió Luna con los ojos cerrados mientras bebía su té.
–Lo que sea…– comentó y luego continuó –pero cuando pensé en mí… es decir… cuando…– no sabía cómo expresar lo que le había ocurrido –cuando me llamé a mí misma, por mi verdadero nombre, la piedra se transfiguró en puerta y pude pasar–
–Tu verdadero nombre– repitió Theo casi murmurando.
–Este… sí… verás…–
–Eres hija de Evelyn Prince y nos dices que ella conocía este lugar, creo… creo que lo que ocurrió es que tú ya eras bienvenida, no debiste pedir permiso sólo decir tu nombre– comentó Luna.
–¿Cómo sabes que mi madre es…?–
–Lo decía El Profeta– respondió.
–Pero ahí no decía que yo era su hija–
–Estaba tu foto– le respondió.
–Pero no se veía mi rostro– contestó algo desesperada.
–Herms, la gente no ve lo que no quiere ver por más que esté frente a sus ojos, yo sí te reconocí, era obvio que eras tú–
Luego de unos segundos de silencio, la castaña agregó.
–Y tú no has dicho nada a pesar de saberlo… te lo agradezco–
Luna le sonrió –No es mi derecho ni deber revelar quién eres sino protegerte, eres mi amiga y eso es lo que corresponde–
Esas palabras de absoluta lealtad por parte de la rubia extrajeron una sonrisa en la gryffindor, ambas fueron sustraídas de su encanto por el carraspeo de Theo.
–Lo que me intriga, y no te ofendas Lovegood, es ¿por qué tú tienes permitido entrar a este lugar?, lo entiendo de ella, es una Rosier, heredera de un antiguo linaje por parte de ambos padres y su propia madre ya había estado aquí, algo que explica algunos elementos que encontré en los alrededores y que creo deben pertenecer a la Sra. Prince, pero ¿tú? –
–No lo sé– respondió directamente con su vocecita –tal vez sea por mi madre o por mi padre, tal vez sea por ambos–
Tenía sus ojos perdidos en un rincón de la biblioteca. Hermione que conoció a Xenophilius Lovegood no podía imaginar que él fuera la causa de la conciencia aristoi en su amiga.
–Mi madre, Pandora Travers, fue una bruja excepcional y muy inteligente, murió cuando yo tenía nueve años por un encantamiento que no salió como ella esperaba– silenció un segundo, ese recuerdo seguía provocándole tristeza a pesar de los años transcurridos –ella siempre me habló del deber que teníamos los magos y brujas por resguardar y proteger el conocimiento del mundo mágico, mi padre sigue diciendo lo mismo, ambos hacían lo posible por llevar adelante esa tarea y ella me hizo jurar que yo haría lo mismo, siempre lo hacía a modo de juego, cuando crecí entendí que era algo mucho más importante que lo que había creído de niña– se irguió y fue hasta el libro que había llamado su atención en un principio, tras unos segundos de silencio, continuó –sólo que mi padre… él perdió un poco de sí mismo cuando ella murió, creo que… creo que lo único que tiene en mente, aparte de mi bienestar, es esa promesa y por eso concentra su tiempo y esfuerzo en buscar y proteger esas criaturas que el mundo mágico ignora, sea por no verlas o por no creer en ellas– se acercó a ellos con el libro, se sentó y lo apoyó en su regazo dejando a la vista el título, Hermione tragó fuerte y con algo de vergüenza –por eso a veces puede parecer un poco… extravagante… pero es una buena persona que ama demasiado–
–En-entiendo– dijo la castaña mirando su taza de té.
–Ya veo– agregó Theo y sonrió –veo que somos tres miembros de los Sagrados Veintiocho aquí reunidos–
Luna sonrió con picardía y Hermione seguía avergonzada.
–Saben que nadie puede conocer este lugar si antes no pasan por determinadas pruebas que demuestren su compromiso–
–Lo sé– dijo Hermione.
–Puedo entenderlo– agregó Luna.
–Sólo me pregunto… ¿cómo podremos volver?, sería extraño entrar a la sala común de slytherin– expresaba la castaña en voz alta compartiendo sus pensamientos.
–"Ese es un serio problema, ellas no pueden entrar simplemente y desaparecer tras un muro" – pensaba Theo.
–La Sala de los Menesteres– agregó Luna –seguramente ella nos pueda traer aquí–
–¡Es verdad!– Hermione se irguió de repente –ella creó un túnel el año pasado que nos permitió entrar al castillo, seguro que si probamos la necesidad de llegar aquí y si esta biblioteca siente que queremos venir, de alguna manera podrán conectarse–
Viendo el rostro sin expresión de Theo, la castaña procedió a explicarse.
–La Sala de los Menesteres, conocida también como la Sala que viene y va–
–Sí, la conozco– agregó interrumpiéndola –tiene un principio similar al de esta biblioteca, podría funcionar– se silenció un instante y luego las miró con frialdad –el único problema que veo es que apenas si tenemos dos meses de clases, no podremos estudiar lo que está aquí en tan poco tiempo, mucho menos con los E.X.T.A.S.I.S. a la vuelta de la esquina–
La sola mención de los exámenes hizo que Hermione sintiera como su estómago se estrujaba, contestó casi murmurando –Ya… ya veremos como solucionamos eso–
–Además– el mago se levantó, se acercó a la bruja y, arrodillándose ante ella, le acarició la mejilla izquierda sorprendiéndola –tú tienes mucho por hacer, tu llegada traerá muchos cambios–
La chica apenas podía respirar, sólo estaba concentrada en la sensación que nacía en su mejilla y se irradiaba hacia el resto de su cuerpo.
–¿Qué piensas hacer ahora? – preguntó alejándose de su pretendida –¿En qué punto de tu ingreso al mundo aristocrático estás? –
Hubo unos segundos de silencio hasta que reaccionó que se le preguntaba a ella, miró hacia un costado y mordió su labio inferior mientras estrujaba una inocente servilleta que nada tenía que ver con sus problemas.
–Esta mañana fui a Azkabán… visité a mi abuelo, Timeus Rosier– Theo la miraba intensamente, evaluando las expresiones de la bruja –tomé mi herencia… soy– levantó su vista y la fijó en los ojos del mago –soy la nueva cabeza de la familia–
–Eso es excelente, Hermione– comentó Luna con una sonrisa, el chico sólo asintió.
–Ahora debo… debo tomar posesión de mis bienes y pensaba que sólo después de eso debería presentarme ante el mundo mágico–
–Sobre todo, debes ver el estado de esos bienes, cerciorarte las condiciones en la que están, verificar quienes tienen deudas contigo y, especialmente, si tú las tienes con alguien– dijo velozmente el chico –parte de esa información la encontrarás en Rosier Castle, en la documentación que allí se resguarda, y la otra sólo la obtendrás de boca del anterior cabeza de tu familia, tu abuelo–
Hermione sólo parpadeaba y evitaba con todas sus fuerzas boquear delante de Theodore.
–Deberás conocer con qué familias han estado relacionados los Rosier a lo largo de los últimos siglos, tanto aquí como en el extranjero, además de entablar contacto por correo, asegurándoles que luego les darás una audiencia, esto debe ser hecho cuanto antes–
La castaña seguía con su mirada de asombro, sólo tragaba grueso, sentía su garganta seca y rasposa.
–Estás entrando a un mundo cruel, inclemente, que no tendrá un mínimo de piedad por ti– su voz se había dulcificado –intentarán sacar ventaja, aprovecharse de tu inexperiencia, querrán controlarte, sobre todo porque eres una heroína en el mundo mágico, verán una manera de lavar sus culpas usándote y aplastándote de ser necesario–
–No estoy sola– agregó con firmeza –mi madre, ella me enseñará lo que debo saber y… y mi tío también– aseguró.
–"Su tío… ¿quién…? ¡Oh, no!" – pensó –"¡Snape!, ¡Ahora entiendo!, sus miradas, sus reproches solapados, sus advertencias, sus indirectas… ¡menudo problema!" – tragó fuerte por sus pensamientos.
–Creo que Theodore tiene razón, Hermione– irrumpió Luna –necesitarás toda la ayuda que puedas encontrar, deberás aprender rápido y tendrás que controlarte mucho–
–Así es– el mago volvió a la conversación –eres un libro abierto, sólo hace falta mirarte unos minutos y cualquiera, en este círculo social, sabrá cómo piensas y por qué, esa es tu mayor debilidad–
Hermione se acomodaba en su asiento, sentía que la estaban desnudando con esas palabras.
–Tendrás que guardar tu esencia gryffindor muy, muy en lo profundo de ti– la voz de Theo era profunda e hizo eco en Hermione.
Ahora fruncía el ceño con algo de enojo, ¡cómo se atrevían a decirle que deje de ser una leona!
–No significa que traiciones tu casa– agregó Luna rápidamente –eres y siempre serás una leona, valiente y audaz pero eres inteligente y tú, mejor que nadie, sabe que muchas veces ir corriendo hacia adelante no es el mejor camino para ganar– ahora sonreía con algo de malicia –después de todo, ¿acaso no entraste a Gringotts como Bellatrix Lestrange y sustrajiste un objeto de su bóveda? –
–"¡¿Qué ella qué?!" – Theo miró absorto a ambas brujas.
Hermione enrojeció –Bueno… sí– respondió con nerviosismo –era necesario– se defendió.
–Piensa que esto también lo es– concluyó la rubia al pasar, mientras seleccionaba uno de los pudding de chocolate.
–Tie-tienes razón, Luna– se mordía sus labios, sabía que su amiga le hablaba con la verdad.
–"¿Realmente Lovegood es una ravenclaw?, juraría que es una slytherin por cómo acaba de manipular la integridad moral de Hermione" –
–Yo… yo iré a Rosier Castle para Semana Santa, el veintiséis de marzo y luego… luego pensaba ir con los Weasley y decirles la verdad–
Aunque Theo quiso no pudo evitar mirar con el ceño fruncido a la castaña por su necesidad de congraciarse con esa familia, traidores a la sangre que portan lo negativo del desconocimiento de ambos mundos, del muggle y del mágico. Estaba a punto de decirle que no debería hacer eso cuando Lovegood habló.
–No lo hagas, Hermione– la castaña la miró fijamente y con sorpresa –por lo menos no hasta que hayas rendido tus E.X.T.A.S.I.S., tienes mucho qué hacer por el momento y sumar ese evento tan importante para ti, sólo te traerá problemas y muchos torposoplos–
Esas palabras sumieron a la chica en sus pensamientos.
–"No lo había pensado de esa manera. Darles esta noticia a los Weasley no va a ser sencillo e imagino que ni Ginny ni Ron se lo tomarán bien, los conozco lo suficiente como para estar segura de ello. En cuanto al resto… mmmm… Charly y Bill apenas me conocen,no sé qué pensarían, Percy es demasiado correcto como para enfrentarme por algo como esto, George… él se lo tomará con humor y los señores Weasley… ellos son muy amables y cariñosos, no debería haber conflictos con ellos… aunque…"– por su mente pasaron las palabras de su madre –"aunque mi madre dijo que existe cierta rivalidad entre los Prewett y los Prince… pero la señora Weasley me conoce desde los doce años, no creo que se deje llevar por algo así" –
–Creo que será mejor que regrese con los demás– dijo Luna irguiéndose –y ustedes tienen mucho que hablar–
Así, en un parpadeo, la rubia desapareció tras la puerta dejando a ambos conquistados por el silencio.
–Yo…– la leona quiso decir algo porque odiaba ese silencio entre ambos, no era el de siempre y ella se sentía diferente.
–No tienes que sentirte así– Theo se acercó con cautela, no quería alterarla más de lo que estaba, se sentó a su lado y tomó sus manos, cuando ella levantó su mirada, continuó –Me gustas, Hermione, me gustas mucho– colocó uno de sus rizos tras su oreja disfrutando verla sonrojarse –y sé que para ti es importante que te aclare que me gustas por ti misma y no porque eres una Rosier-Prince–
Ella asintió cautivada por su voz, sentía que el mundo daba vueltas a su alrededor, su corazón palpitaba demasiado rápido y la adrenalina estaba mareándola.
–Ya te había dicho que eres interesante, un completo acertijo– se acercó y le susurró al oído –y así fueras mestiza o una simple hija de muggles, me gustarías igual–
Sentir su aliento en su cuello le causó sensaciones que superaban todo lo que hasta el momento había sentido en su vida.
–Tú… creo… creo que tú también me gustas Theo… sólo que… sólo que…–
–No estás segura– interrumpió él.
–No, no, estoy segura de que me gustas– dijo con firmeza bajando inmediatamente la mirada por la vergüenza que le causó decir eso con tanta vehemencia –sólo que no sé cómo manejar esto– señalo sus alrededores –y esto– agregó señalando su cabello y sus ojos.
–Lucen muy bien en ti– espetó con una sonrisa.
–No me refiero a eso únicamente–
–Oh, me alegra que seas consciente de lo hermosa que te ves como realmente eres, sin el glamour–
–Yo…– si era posible enrojecer más, Hermione lo confirmó en ese momento provocando una pequeña risa en Theo.
–Sé a qué te refieres, princesa– tomó su mentón y lo dirigió hacia él, mirándola a los ojos cautivado, sólo pudo expresar –¡Merlín!, ahora entiendo por qué dicen que los Rosier conquistaban a sus enemigos sólo con una mirada–
Quería besarla una vez más, ya lo había hecho y ese sabor quedó grabado en su memoria y en sus sentidos, ahora sólo anhelaba probarlos una y otra vez hasta el fin de los tiempos. Debía resistir la tentación, soltó su mentón y se irguió, debía alejarse antes de doblegarse a sus deseos.
–Tú no eres mi enemigo, ¿o sí? – preguntó a la espalda de Theo, él sólo sonrió.
–Deberíamos serlo– agregó para sorpresa de la bruja, él se giró y continuó –Durante generaciones hemos tenido los mismos intereses sobre los mismos negocios y eso nos ha situado, generalmente, en veredas opuestas– volvió a servir té a ambos –sin mencionar que los Nott, casi siempre, han respaldado a los Malfoy, tus verdaderos competidores, casi enemigos financieros–
Ella aceptó la taza, tratando de controlar sus emociones.
–¿No lo seremos, entonces?– suspiró y trató de poner toda su fuerza en su mirada que ahora le dirigía fijamente –me refiero a que no seremos enemigos, ¿no?, necesito confirmarlo, Theo, estoy en plena desventaja frente a ti, sabes quién soy, conoces mis debilidades, podrías querer manipularme y yo… yo no me daría cuenta, no… no sabría cómo manejarlo–
Él le sonrió, la chica tenía razón en lo que decía, por supuesto que la lógica indicaba que él intentaría aprovecharse de ella y de sus circunstancias y, de hecho, es algo que Theodore Nott haría sin lugar a dudas y sin remordimiento alguno. Sin embargo, había algo con lo que nadie contaba, ni él ni ella: Theodore Nott se había enamorado de Hermione, así a secas, sólo Hermione, ni Granger, ni Rosier-Prince, sólo Hermione. Por primera vez se vio en el lugar de la sevidumbre y eso lo encontró irónico, él, un Nott, sirviendo a una Rosier, sus antepasados deberían estar deleitándose con la idea.
–No, no seré tu enemigo– señaló la sala dónde se encontraban –aquí no puedo engañarte, sabrías si te miento porque estaría obligado a guardar silencio, sólo puedo hablarte con la verdad–
Todo el peso, todos los nervios se deslizaron en el suspiro de la castaña en ese momento, se relajó y se echó hacia atrás apoyando por primera vez su espalda en el respaldar de ese cómodo sillón mientras cerraba los ojos, casi diría que podría dormirse de lo tranquila que quedó tras la respuesta.
–¿Confías en mí? – preguntó acercándose a ella.
Hermione abrió los ojos de golpe.
–Sí, Theo, confío en ti–
–¿Total y absolutamente? –
Esto era extraño, miro hacia abajo, buscaba una respuesta en su mente y se dio cuenta de que sí.
–Sí, total y absolutamente–
–¿Confiarías en mí a pesar de que no te diga todo lo que pienso ni el por qué hago las cosas que hago, a pesar de que no responda todos tus interrogantes?–
–Sí– su corazón volvía a galopar con fuerza.
Él volvía a estar sentado a su lado pero ahora se acercaba más y más.
–Hermione, ¿confiarías en mí a pesar de que te advierto que sufrirás, a pesar de que mucho de lo que diga o haga te dolerá y llorarás?
–Theodore, sólo dime por qué debo confiar en ti a pesar de todo lo que me estás diciendo–
–Porque te amo– dijo firmemente.
Ella lo miró y sonrió de lado –Entonces, sí, confío en ti, respetaré tus tiempos, esperaré a que puedas darme las respuestas a mis preguntas, esperaré tus explicaciones– se acercó a él –y esperaré la compensación adecuada a cada sufrimiento, a cada lágrima derramada–
Él sonrió y preguntó –¿Qué esperas de mí a cambio?– era lo justo, él le pedía sacrificios, ella debía exigirle a él lo propio.
La castaña lo meditó unos segundos mientras lo miraba y mordía sus labios, sosteniendo el impulso de reclamar los de él.
–¿Aceptas mi concepto de justicia?, ¿serás capaz de aceptar mi instinto de entrega a los demás, mi deseo de buscar el bien común, mi entrega? –
Esto era difícil, realmente difícil para Theo.
–Sí, aprenderé a aceptarlo–
Ella le sonrió –¿Aceptas hablarme con la verdad cuando estemos a solas por más que vaya en contra de nuestros intereses, por más que sea difícil?–
Sin lugar a dudas, esta chica era frontal y le pedía a él lo mismo, algo que nunca hasta el momento había hecho.
–Sí, lo acepto–
–¿Total y plenamente?–
Él le sonrió y preguntó– Hermione, dime por qué debo aceptar esto de ti y ser así por ti–
–Porque yo también te amo, Theodore–
–Sólo pido que confíes en mí– agregó él sosteniendo su rostro, mirándola de cerca, sintiendo su aliento fresco.
–Y yo que nunca me mientas– respondió cerrando sus ojos y deslizando por su garganta el aire de su respiración.
–Entonces este es nuestro acuerdo–
Sellaron sus palabras y su compromiso con un beso de absoluta entrega y pasión, un beso sincero que clausuraba sus dudas y abría un nuevo capítulo en sus vidas. Así, custodiados por el saber arcano y antiguo, una nueva generación de guardianes y vigilantes se reconocía mutuamente y se doblegaban uno a otro.
Hermione se consumía a sí misma, podía sentir ese cúmulo de emociones vuelto sabores que se deslizaban por su garganta, estaba segura que la experiencia de la plenitud debía ser similar a lo que en ese momento vivía en cada fibra de su cuerpo. Cuando él se alejó lentamente, aun sosteniendo sus mejillas, acariciándola con sus dedos, abrió poco a poco sus ojos y encontró los de él, se sintió cobijada y resguardada.
–Sabes, princesa– comenzó a decir mientras le acariciaba suavemente su mejilla –este fue el último beso que me pude permitir–
Ella lo miró confundida.
–Veo que tu madre no te lo ha explicado– se separó casi abruptamente pero sin dejar de ser cortés –me alejo porque no creo ser capaz de contener por mucho tiempo mi deseo– "Tu aroma me resulta embriagante, pierdo toda mi lógica a tu lado y eso no es bueno, para nada"–
–¿Qué debería haberme dicho mi madre?–
–Muchas cosas, sobre todo respecto al cortejo– le sonrió –imagino que no ha tocado ese tema porque no te has dado a conocer–
La castaña suspiró con cierto desdén y comentó –Concluyo que entre los sangrepura no se puede intimar con libertad–
–Por supuesto que no, existe un protocolo que por tu integridad debemos seguir–
–Ridículo–
–Es cultural– con estas palabras logró sonrojarla –y tiene su explicación, en algunos casos sí puedo coincidir que resulta ridículo, pero en otros tiene un matiz espiritual de magia antigua al que debemos atenernos–
–Entiendo– se sentó una vez más –la próxima vez que vea a mi madre le pediré que me explique– lo miró por unos instantes y preguntó –si tú sabías eso, ¿por qué me besaste? –
–Porque eres mi perdición, por ti soy capaz de romper todas las reglas que conozco, las escritas y las nunca pronunciadas–
–Deberé esperar tu cortejo, entonces–
–No– respondió de inmediato –deberás confiar en mí–
Se miraron y ella finalmente asintió regalándole una sonrisa. Theo se percató del tiempo y entendió que ya sería hora de regresar, hablaron de qué es lo que harían de ahora en adelante y calmaron, cada uno a su manera, su deseo mutuo por degustarse.
(*) debo decir que una idea similar a ese encantamiento que exige hablar con la verdad dentro de ese perímetro lo leí en "Vivat Regina" de sarhea, es una historia interesante que les recomiendo. La idea es similar pero no la misma, lo aclaro para evitar sospecha de plagio.
N/A: Aquí les traje un poco más de Theo y Hermione, aunque seguramente no cumple las expectativas, espero que les haya gustado un poquito aunque sea.
También les dejé algo de Luna, ella será importante más adelante, no le tengo pensado un gran papel pero sí tendrá su parte. Tracey es otro cantar, les dejé algo de su infancia, nada fácil de hecho, más adelante dejaré caer otro poco de ella, sus padres y su hermano Vincent, veremos qué tal se toma la relación de Theo, su reacción y qué papel jugará en ese futuro que estoy perfilando.
Theo, aunque fue muy fugaz, comprendió por qué Snape lo miraba y trataba diferente... jejejeje, ese es un problemita que deberá solucionar.
Paso a explicarme: Theo le pidió a Hermione que confíe en él, algo que a todo gryffindor le resulta complicado, y ella le pidió que no le mienta, cosa que los slytherin hacen casi naturalmente y le costará quitarse la máscara. Cada uno pidió del otro lo que sabe que más le costará entregar, la confianza y la verdad respectivamente... veremos qué tal pinta esto en su futuro.
Dejen sus comentarios, si tienen ganas, critiquen, eso siempre me permite crecer. Lo cierto es que, además, la historia evoluciona junto a ustedes y sus palabras, muchas veces logran perfilar cosas que yo no tenía siquiera pensadas, cambiando el rumbo de la historia.
Pregunta: ¿alguno tiene algo pensado como castigo para Draco y Blaise?
¿Qué harían ustedes si algún amigo o amiga mete la pata como ellos?
¿Qué harían si, sin malas intenciones, le dicen al chico o chica que les gusta los sentimientos que ustedes tienen por él o ella?
Tengo pensado qué hará Theo pero creo que estoy siendo demasiado buena así que apelo a sus mentes macabras, si alguna idea perfila con lo que tengo en mente, se los haré saber jejejeje =P
lunyloony, patrigt10, PaulaAV: gracias por sus palabras!
nicolesierraltav: mil disculpas, ya te respondí por PM pero igualmente lo hago aquí. Cuando actualicé, sin querer no me di cuenta que borré el pairing entre Hermione y Theodore, así quedó Snape en el medio dando la consufión que te llevó a la lectura. Lamento haber generado una expectativa como esa. Igualmente, agradezco tus palabras, puede que me haya quedado como un joven Snape o como muchos imaginan su infancia y adolescencia... pero reitero que no estuvo en mis intenciones.
Schlaf Ruternless: volví rapidito jajajaja!, espero poder actualizar antes del fin de semana que viene pero no puedo prometerlo.
anaylen: Nunca abandonaría! dalo por hecho, puede que en algún momento me retrase y no puedo negar que en algún momento puedan llegar a pasar meses, la vida es así, pero volveré, te lo aseguro. En el próximo capítulo, te dejaré el encuentro con Snape, lo prometo jajaja.
NimCastleGrey: gracias! tanto la conversación Theo-Snape como el castigo, en el próximo capítulo.
BettingLife: te confieso que al principio, muy al principio de esta historia pensé en demorar ese reconocimiento en Hermione pero luego aparecieron otros personajes en mi cabeza que aún no han ingresado a esta historia y su presencia, de alguna manera, alteró los tiempos y los propósitos. En fin, temía que quedara demasiado OOC que Hermione reconociera sus sentimientos pero luego pensé que ella, siendo tan racional, diseccionaría su corazón y evaluaría sus sentimientos hasta entenderlos, sobretodo si pensamos que ha madurado luego de la guerra y camino a los veinte años, ya no es la niña de quince que esperaba que Ron la invitara al Yule. Espero haberme explicado. Te agradezco el comentario.
TsukiHimePrincess: Creo que respondí parte de tus preguntas. Respecto a Luna, específicamente, trataré con ella en otro capítulo con un poco más de detalle. Falta para la reacción de los slytherin, paciencia... al igual que para la de los Weasley.
danaesirianneblack: Feliz reyes también! jajaja! No abandonaré la historia, tranquila, puede que tarde en actualizar en algún momento pero no la dejaré, si me tardo sólo pido paciencia. Un abrazo!
YUKI NICKY1: eres una amor de persona, pude imaginar tu grito y la mirada de quienes te rodean. Lunita sabía desde antes, a ella nada se le escapa. Aún no desarrollo la perspectiva de Hermione, eso lo dejaré para más adelante, lo comento porque en cierta medida me parece que me quedó muy muñequita sin pensamientos en este capítulo... pero es mi crítica hacia mi propia escritura. Blaise, como bien dices, lo enredó todo, deberá pagar junto a Draco, ya veremos. Para la reacción de la comunidad mágica habrá que esperar a que pasen los EXTASIS jejeje. Cariños!
Janet: jejejeje! ¿tú crees que son igualitas? ya veremos... (carita conspiratoria de mi parte =P). Me porte mal, por eso ahora les traje un capítulo enseguidita jajaja.
crazzy76: EN respuesta a tu pedido... imagino una visita de Ginny a San Mungo en algún momento... te lo haré saber jejeje!
roohh-guzman: Gracias por tus palabras, quedar entre la favoritas de alguien hace que me sonroje, realmente. Tus palabras motivaron la finalización de este capítulo, lo confieso, gracias por dedicar tu tiempo a la lectura de estos delirio. Te agradezco también tus palabras respecto a mi otro fic, en los próximos días espero actualizar... ese siempre me toma un poco más de tiempo y eso que fue el primero que comencé a escribir. Tu mantra sirvió! jajajaja. Un abrazo.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
Espero sus reviews
Un fuerte abrazo
=)
