Y érase una vez (otra) historia que no se actualizaba...

Sin tener excusas, procedo...

Como es costumbre, quiero dar gracias por sus reviews y a los lectores anónimos que se toman el tiempo de leer.

Lucy Kailu (:P hasta que por fin! y no, de nada, la verdad disfruté mucho leyéndolo..aunque no vuelvo a leer fics en la oficina, me toman por sorpresa determinados eventos para mayores de 18!)AliceinChains91 (mil gracias por las flores, siempre estoy tratando de mejorar, esperemos que algún día de resultado! jejejeje. Aún te debo review!) MinSul6011(yo también adoro a Eric, el siempre será el alma de la fiesta. Espero que sigas leyendo y sigas contándome que te parece) Goshy(gracias por tu review, si, Latis ya conoce bastante y que te digo bastante a Lucy, han convivido y viajado..y pues son almas gemelas. en este punto y hora han trascendido su relación) Guest (perdón, me demoré bastante!, ojalá aún te acuerdes del fic y si te gustó, que lo sigas leyendo!..y dejando tu comentario jijijij) Ascella Star (si! esa es la escena! ya me moría por publicarla! Y Luz cae a los encantos de Latis...será que Latis cae a los de Luz?jejejeje, gracias sis por estar ahi) Bermone (jajajaja los Colt cada vez más muertos ...me rei mucho con eso. Algo del trato que hicieron Luz y Lucy se ve en este capítulo, bueno, algo..aún falta dilucidar algunas cositas. Gracias mil por tu review, cuando publico siempre ansio saber que opinas!) Rakelluvre (siempre he pensado en Luz como alguien que no teme expresar pasiones, así que quería una escena algo "intensa" con Latis, espero que haya sido de tu agrado) hikarulantisforlove (Gracias por ese halago, me honras con eso, sabiendo que seguramente has leído muchos fics. Espero sigas leyendo! Yo adoro a ese Colt, y es genial que a ti te agrade también)

Rápido recuento!

Para los que aún se lo preguntan, si, Kabura es bien malo. "derritió" a los Colt en un rio verde, Exilió a Latis para no tenerlo cerca, y...por medio de un hechizo en su libro Origo, revivió a Lucy, pero la hizo pilar de nuevo. Debido a que Kabura deseaba controlar el pilar, trató de imponer un hechizo de olvido sobre Lucy, con tan mala suerte que eligió un momento en que Luz era parte de la ecuación, y es ésta, no Lucy, quien resurge después de completado el ritual.

Siendo Pilar, y después de un enfrentamiento con Anaís, Luz viaja al mundo místico para buscar a Eric, ya que necesita las piedras de los genios, debido a que las únicas que pueden detenerla serían Anaís y Marina y requiere mermar su poder. Al llegar, se encuentra en medio de un conflicto a Latis y al guardían, y gracias a ella y a su poder, logran salir con vida. Latis cree que ha recuperado a Lucy y se refugian en la casa de los amigos de Eric. Allí, Luz intenta matar a Latis de una forma muy original, pero el par de amigos habían sospechado que algo andaba mal, y Eric detiene a Luz dandole un fuerte golpe en la cabeza.

Marina fue capturada por Siro, quien le obliga a buscar ciertas piedras, que tienen efectos alucinógenos, buceando a puro pulmón. La guerrera del agua aún no sospecha que cerca de ella se encuentra una de las piedras de los genios.


SIN REGRESO

- ¡Entrometida! – gritó Luz hacia su creadora, en medio de la oscuridad-

Lucy estaba arrodillada, sobre un piso inexistente. Manos sobre la cabeza y sosteniendo algunas madejas de cabello dejo escaparun jadeo, antes de contestar con esfuerzo.

- No…puedes…matarle. – realmente era una tarea titánica, pensar, concentrarse, articular esas palabras-

- ¿Por qué no me dejas nada de diversión? ¿Tú hiciste ese truco? ¿Encendiste el maldito cacharro ese? ¡NO INTERFIERAS! ¡Creí que teníamos un trato! –chilló, llevando su cuerpo hacia adelante, con los puños cerrados, sin contener su rabia-

- Yo…- Lucy se agarró con mayor vehemencia la cabeza. Sus gestos exudaban confusión, y un creciente dolor-

- Mírate – se regodeó Luz, llevando las manos a la cadera, dejando la furia de lado- no puedes siquiera hablar con claridad.

Saltó hacia la atribulada Lucy, y le abrazó con todo el cariño que un gato demostraría hacia un pequeño ratón atrapado entre sus garras.

- Ya lo dijimos, mi querida Lucy. Tú lo sabes. Estoy aquí para protegerte. Tú debes luchar contra el hechizo de olvido de Kabura y sanar, mientras yo me encargo de todo. Tu misma me llamaste, aunque no lo quieras reconocer. Yo soy tu forma de lidiar con esas decisiones letales que no deseas tomar.

- Espera un momento ¿Kabura? ¿Qué quieres decir?

- Ah mi tierna Lucy. ¿Lo ves? Esos sentimientos de cariño siempre te nublan la cabeza. Afortunadamente yo puedo ver a través de ellos. ¡Por supuesto que es Kabura! Siempre sospechaste que después de lo que Amati le hizo a GuruClef, el otro regresaría de una forma u otra. Pero te guardaste tu incertidumbre, como siempre, y me la entregaste a mí.

- Luz – Lucy cruzó la mirada con ese reflejo suyo. Luz realmente era una materialización de lo que ella no quería aceptar. A pesar de haber hecho las paces, y aceptar a Luz en su corazón, siempre habría una parte de sí misma que se ocultaría debajo de las sombras; una parte lejos de ser perfecta: su inseguridad, aquello que implicaba hacer sufrir a los demás, los miedos y el reino del dolor eran cosas que Luz manejaba mejor-

Comprendía porqué Luz estaba allí. Pero…¿hasta cuándo?

- Ese mago nos trajo de vuelta, pero hizo más que eso... – Luz habló en un tono distinto. Allí no estaba la burla cotidiana, ni la pizca de ironía constante- Es una cortina de humo de algo mucho más grande.

- ¿Algo más grande?

- Yo te defenderé. Vas a ver Lucy. – sonrió maliciosamente -Voy a acabar con ese mago. Pagará por lo que nos hizo.

- NO LUZ. ¡SABES QUE NO QUIERO ESO!

- ¡Claro que sí! ¡Tú lo dijiste! ¡Quieres ser feliz! En el fondo sabes que no hay otra manera de tratar con Kabura.

- No puedes hacerle daño. Aunque sea cierto que Kabura ha regresado, ¡también es Guruclef! …

- Pero primero Latis – Luz ya no le escuchaba, siguió con su discurso sin importar lo que la otra dijera- es una amenaza. Es peligroso.

Lucy no replicó. Creía saber por qué Luz consideraba a Latis una amenaza a sus planes.

- No lo harás. No matarías a Latis –aseguró, reuniendo sus fuerzas en esa última declaración-

- ¿Por qué estás tan segura? – Luz le atizó con sorna, concluyendo con antelación que Lucy no la detendría una segunda vez-

- Porque tú también lo amas


PASADO

Debo…ir –dijo Clef-

Debo ir …por ella

Kabura se incorporó violentamente del lecho y se llevó las manos a la cabeza. A su alrededor todo danzaba. El azul claro, que invadía el sueño aún teñía el ambiente, dándole la apariencia que había despertado en medio del océano. Suavemente los ecos de colores tomaron mayor transparencia y lo que antes flotaba ahora se aferraba a la gravedad recién descubierta.

¿Qué había estado soñando?

Dirigió su mirada hacia la mesa del lado derecho. Un pensamiento de incertidumbre y duda se había colado mientras dormía. Pero El origo seguía allí, reposando con calma, sobre la superficie de madera, guardando sus secretos. No había nada que temer.

Entonces, ¿a qué debía la preocupación que bañaba su mente?

Un temblor de fuerte magnitud le recordó su reciente… contratiempo. No hizo ningún intento por moverse de la cama, y esperó resignado a que amainara. Un polvillo blanco comenzó a desprenderse del techo. Le observó caer, tomándose su tiempo en llegar al suelo, como si el objetivo real fuese agitarse en el aire indefinidamente en vez de obedecer a las reglas de la física.

Dentro de su cerebro, el reciente logro respecto a los Colt dejó de enviar la sensación dopante de victoria, y evocó otro sentimiento más irritable, y para su desgracia, más real. Había estado tan cerca de la… perfección. Pero no. Céfiro ahora no tenía guía. Su pilar lo había abandonado a la deriva, marchándose al mundo místico, sin importarle lo que ocurriera con el planeta, iniciando el sendero hacia a la destrucción. ¿Realmente esa chica había sido elegida como pilar? ¿Acaso Presea le había mentido? No había conocido ningún pilar tan egoísta como para desentenderse de su cargo. ¿¡Pero que sabía el!? Las personas del mundo místico eran impredecibles, ambiciosas, implacables…

Y también abdicaban fácilmente sus responsabilidades.

Pensándolo bien, esa pelirroja tenía mucho en común con su antecesora…

Guerreras de fuego…después de todo…


CÉFIRO, 560 D.C (AÑO EN EL MUNDO MÍSTICO)

KENDRAH

- ¡Ahí viene nuestro guía, nuestro eterno compañero! – Alda sonreía con malicia- les dije que volvería pronto. No puede estar lejos de ti por mucho tiempo.

Kendrah le dedicó una mirada asesina a la guerrera del agua, pero al final, torció su boca con una sonrisa cómplice, sin decir nada.

- Aún no creo que te merezca, Kendrah – mencionó Belaiska con seriedad- ustedes son dos polos opuestos. Es demasiado…

- Blando –completó Alda- parece un perrito

- ¿Cuántos enemigos crees que ha matado? – la guerrera del viento no temía decir lo que verdaderamente pensaba. Gran parte del respeto hacia los guerreros de su propio clan se medía en el número de muertes en batalla- Dudo que si se enfrenta a una araña saldría victorioso.

Pero a la guerrera de fuego, contraria a sus propios orígenes, a la tradición, no le importaba eso. Ella había visto lo hábil que era Amati con la magia aquella vez que un enorme monstruo les atacó de improviso hacía una semana, en camino al templo de Rayearth.

Él era un guerrero, pero un guerrero de clase diferente al que estaban acostumbradas. Y sabía que a la hora de hacerse valer, Amati no la defraudaría.

Más crecía en ella una inquietud, que le desconcertaba desde que sus vidas se cruzaron.

Amati ocultaba algo. Y era importante.

Al poco tiempo, el hombre de contextura mediana se hizo completamente visible para las tres. Kendrah notó de inmediato que algo andaba mal.

- Princesa de hierro – saludó Amati, fijando sus ojos azules en Kendrah- Alda, Belaiska.

Le llamaba así desde que supo que la hermosa niña de largo cabello negro y piel de fino color blanco, era hija del líder de los clanes en su tierra. El hombre que Kendrah desposara sería el que dirigiría el destino de muchos hombres.

Ella le mantuvo la mirada, complacida. Cuando la miraba de esa manera, la fuerte e implacable Kendrah añoraba jamás dejar Céfiro. Deseaba que esa empresa en que habían sido embarcadas sin su consentimiento durara para siempre.

- ¿Me permite unas palabras?

Ella asintió, y ambos se apartaron para poder hablar en privado ante la desaprobación ya conocida de sus compañeras.

Cuando hubieron caminado lo suficiente, adentrándose en el paisaje volcánico a las faldas del templo de Rayearth, Kendrah cruzó los brazos y esperó que Amati hablara. No estaba enfadada. De hecho estaba preocupada, pero su faz rara vez cambiaba ante las emociones de su corazón. Le habían enseñado que entre más secretos fueran sus pensamientos, sería mejor líder. Amati, en cambio, era como la cuerda vibrante de un piano.

- Debo decirte algo…

- ¿Finalmente vas a confesar lo que nos ocultas? – interrumpió ella secamente-

La pregunta tomó a Amati con las defensas abajo. Le devolvió una mirada enigmática. Por un instante sus ojos de nublaron, y el supremo sacerdote que Alda describiera hace unos momentos como un "perrito" cambió a ser un lobo.

- ¿Lo sabes? ¿Qué sabes?

El ambiente se había enfriado de repente. La guerrera de fuego deseó no haber sido tan brusca, tan abrupta. No con él. Pero aun así, su orgullo no le permitió retroceder.

- Sería muy inocente de mi parte creerme la historia que el Guru Kabura recitó: a ver, ¿Una princesa atrapada en su propio castillo gracias a un hechizo que salió mal y que sólo nosotras, las guerreras mágicas llamadas de otro mundo podemos romper? ¿Y para romper el hechizo debemos despertar a poderosos seres llamados "genios"? – Kendrah hizo una pausa, mirando directamente a Amati, tratando de mantener tono neutral, a pesar que todo aquello le había taladrado la cabeza desde muchos días atráas- Nuestra magia evoluciona, nos volvemos más fuertes. Los obstáculos que hemos pasado nos han unido como grupo y he visto que somos más poderosas de esa manera. Todo esto tiene un objetivo claro. Lucharemos contra alguien muy poderoso. Y ese alguien está en ese castillo.

Amati guardó silencio. Por unos segundos que parecieron eternos, Kendrah pensó que esa chispa entre los dos se había extinguido. Su corazón se estrujó como un trapo viejo.

Finalmente Amati habló. Y la forma en que lo hizo, le devolvió la esperanza.

- Kabura no quería decirlo. Pensó que sería mejor así. Pero yo no quiero mentirles.- hizo una pausa, y suspiró, enfático- No quiero mentirte. Deben matar a la princesa Ágata.

Kendrah ya lo había considerado. No era ninguna revelación. Esas cosas ocurrían. Habían ocurrido por siglos en la tierra, ¿por qué en ese mundo iba a ser distinto? La cuestión era saber en qué bando estaba realmente.

- ¿Se ha aliado con sus enemigos? – fue la respuesta tranquila de Kendrah-

- No

- ¿ha abdicado al trono dejando a alguien indigno a cargo?

- No

- ¿No puede tener hijos?

- En Céfiro el cargo del pilar no es hereditario

- ¿Es acaso un pilar cruel? ¿Sanguinaria con su gente?¿Ha despilfarrado el tesoro del planeta?¿Es corrupta? – Kendrah subía la voz sin darse cuenta- Amati, ¡dame una explicación! ¡No mataré a una princesa si no hay una buena razón para hacerlo! ¡Una muerte debe tener significado! ¿Somos acaso nosotros los traidores? ¿Somos nosotros los rebeldes?

Alda y Belaiska voltearon a verlos ante la pequeña histeria de su líder. Hicieron una seña a Kendrah, prestas a desenvainar sus espadas. Ésta levantó su brazo en señal de calma.

Amati aguardó a que la guerrera de fuego tranquilizara a las otras dos, y luego, habló pausadamente, haciendo valer cada palabra.

- La princesa está sumida en la oscuridad. A pesar que su deseo es hacer el bien, sus decisiones con espantosas. Quiere sumir a Céfiro en la misma tristeza en la que ella se encuentra. Sus rezos no están ayudando al planeta.

- ¿Han decidido matarla porque está triste? – Kendrah arrugó la frente, sin comprender del todo lo que estaba escuchando-

- Es lo mejor, para Céfiro

- Eres el supremo sacerdote, ¿no es así Amati? Me dijiste que tu trabajo era hacer más efectivos sus rezos. –ella lo miró con ternura. Un brillo sólo reservado para él, iluminó sus pupilas- ¿por qué estás acá, con nosotras, guiándonos para convertirnos en guerreras mágicas? ¿Acaso tú te impusiste ésta labor?

Amati comprendió lo que ella quería decirle.


GUERRERA MÁGICA

Anaís estaba de pie, frente al espejo. Esperando que sonara la puerta.

Guruclef le había encomendado una labor muy importante. Y debía partir de inmediato. Lo haría tan pronto como su príncipe le avisara que todo estaba listo.

Sobre su reflejo, la discreta esmeralda de forma ortogonal que se posaba sobre su ahora anillo de compromiso, brillaba en su mano izquierda, replicándole por medio de destellos el por qué no era feliz, si él era el símbolo de lo que alguna vez soñó durante 8 largos años.

¿Pero cómo ser feliz? Después de la charla con Guruclef, el único sentimiento que lograba era una profunda ansiedad.

- ¿Pilar? ¡No! ¡Lucy no puede ser Pilar! ¡Ella abolió el sistema!

- Es mi culpa. – Guruclef miraba al piso, visiblemente acongojado- recurrí a un ritual muy antiguo y aparentemente algo se activó en el momento en que Lucy estaba siendo revivida. –el mago cerró los ojos, apretándolos, con una pena muy visible para Anaís-

Anaís procesaba la información al tiempo que trataba de comprender, y adelantarse a lo más importante

- ¿Estás diciendo que gracias a que Lucy es Pilar, abrió el portal que supuestamente sólo responde para realizar la invocación de las guerreras mágicas? ¿Y cómo viajó ella a través de él? ¿Acaso es porque ella también es una guerrera mágica?

- Sólo un pilar puede abrir ese portal, de forma unidireccional y solo las guerreras mágicas pasan a través de él - mencionó Guruclef- y la energía de apertura ya la conoces Anaís.

- Céfiro está en peligro. – Anaís trataba de verbalizar un sinfín de pensamientos que se aglutinaban uno tras otro- Y es porque Luz, en vez de Lucy, es pilar. Un pilar a quien no le interesa sino la venganza.

- Luz nos está enseñando algo nuevo. Jamás un pilar había intentado viajar a través de ese paso, exclusivo para la invocación de las guerreras mágicas. Es sorprendente – El Guru apretó la mano derecha, y concentrado en algún pensamiento, fijó sus ojos hacia el punto donde acababa de desaparecer la guerrera. Luego continuó, volviendo a posar su atención en Anaís- Lo lamento. Siento tener que pedirte esto. – Guruclef se aferraba a su báculo, consternado- Pero debemos hacer regresar a Lucy. No sé qué pueda ocurrirle a ella, o a Céfiro si el pilar y el planeta están separados. Ambos poseen una relación simbiótica.

- ¿Simbiótica? ¿Se nutren el uno del otro? ¿Si Lucy no vuelve podría…?

- Si, y Céfiro con ella. Debe volver para revocar el mandato del pilar, así como lo hizo la primera vez. Pero con Luz, no sé si eso sea posible. – hizo una pausa, y enfatizó - ¿No puedes contactarte con Eric? ¿Sabes de su paradero? – Guruclef se inclinó ligeramente hacia adelante, pendiente de su respuesta-

- Está con Latis. Estoy segura. Y dudo que vuelva si él no lo hace. ¿Será posible que Luz haya ido a buscar Latis? – los ojos de la rubia se aguaron. Sintió la mano de Guruclef en su hombro, reconfortándola-

- Llamaremos a uno de los aprendices. –le sonrió ligeramente- Abriremos ese portal Anaís. Pero luego…necesitamos a la guerrera mágica. La guerrera mágica del viento.

En ella reposaba la esperanza de todos.

Debía encontrar a Marina, porque bien sabía que sola no podría atrapar a Luz, y luego, dar con Eric para volver a Céfiro.

Cuando al fin tocaron a la puerta, los golpes sonaron como dados dentro de un ataúd. ¿Qué suerte traerían?

Salió. Paris esperaba del otro lado, y le ofreció su mano. Silenciosos, ambos caminaron hacia

Sin embargo, las palabras de Luz resonaban aún en sus oídos

"Guruclef? ¿Su preciado maestro? No lo veo por ninguna parte"


QUIETA

Lentamente, Luz volvió en sí.

Pestañeó varias veces. Le dolía la cabeza. Pero tenía cosas urgentes que hacer, así que quiso levantarse de inmediato. Pero no lo consiguió.

Desconcertada, se revolvió, sin poder ubicar sus propios brazos. Con indignación, se percató que la habían inmovilizado con una gruesa cuerda. Sus manos, atadas detrás de la espalda, generaron un movimiento inverosímil de sus pies, levantándolos. Toda ella estaba sistemáticamente enrollada de tal forma que imposibilitara el más mínimo movimiento, Lo único que se había salvado era su cabeza.

Rabiosa trató una y otra vez de soltarse, pero lo único que consiguió fue sentir la fricción de sus ataduras.

Enfundada en cólera, gritó todo lo que pudo.


FRITO

- Despertó – dijo Latis, levantándose como un ringlete y subiendo las escaleras-

Eric no tenía tanto afán. Subió un escalón tras otro, con renuencia. Latis había medio mascullado acerca de la personalidad de Luz, y había concluido que no le agradaba. Es más, por los gritos que se escuchaban desde la planta superior, sabía que él sería el blanco de la furia de la sicópata, y no tenía ansias que le enviaran a saltar en medio de una sartén caliente.

Cuando estuvo arriba, e ingresó al cuarto, todos los bichos de su estómago emitieron su último estertor ante la paralizante mirada de la chica, quien esperaba atada a la silla como Hannibal Lecter en el silencio de los inocentes, con sonrisa socarrona, igual de "cálida".

- Así que tú fuiste. Tu nos interrumpiste – le dijo, sin quitarle los ojos de encima-

Eric se sorprendió al escuchar la voz de la muchacha. Era completamente distinta. Era una voz cargada de inflexiones crudas, pero a la vez, terriblemente sensual. Se preguntó una vez más cómo el espadachín mágico había luchado contra esa otra Lucy, y cómo no había perdido la cabeza ante el atractivo arrasador de esa mujer.

Pequeñito, del tamaño de una liebre asustada, Eric tragó saliva y afirmó con la cabeza.

- ¿Cómo llegaste acá? – fue la pregunta que rompió el silencio, pronunciada en tono grave por Latis-

El (sensual) doctor Lecter rio, de nuevo, mostrando esos dientes.

- Lo deseé – respondió con jactancia - Te subestimé Latis. No pensé que notaras la diferencia tan pronto. Bueno, de todas maneras, esto no deja de ser igual de divertido. ¿Por qué no me sueltas y continuamos con lo que dejamos anoche? – pronunció voluptuosa, mojando los labios-

Eric volteó a ver a su amigo. Era increíble como conservaba la calma. Fuera por él, ya estaría desatando los nudos o gritando como un poseso. En cambio, el espadachín trató formulando otra pregunta.

- ¿Por qué tomaste control de Lucy?

- Alguien tiene que protegerla. Tú no estuviste con ella en los momentos que lo necesitaba.

Eso causó un leve tic en la faz del Cefiriano. La afirmación había llegado justo donde había sido lanzada. Aun así, se empeñó, sin aflojar.

- Lucy…¿Dónde está?

- No lo sé

- ¿No lo sabes? – la voz del hombre se estaba exacerbando- Tu y Lucy son una, ¿Cómo no lo sabes?

- Estás preocupado – declaró ella, cambiando el centelleo de sus ojos por una bruma triste-

El espadachín se alejó, receloso. El guardián sabía lo que generaba su incomodidad. Luz había traducido sus gestos, con la información que Lucy tenía. Eso era por supuesto, espeluznante.

- Hasta nuevo aviso, yo estoy a cargo – siguió Luz, sacudiéndose aquel episodio, y clavando los ojos en Eric- tendrán que acostumbrarse. Por lo tanto sería un buen comienzo que me soltaran ¿o piensan mantener amarrada a Lucy, quien acaba de morir por aplastamiento? ¿no creen que ya fue suficiente con que una placa de cemento le reventara los órganos? – preguntó volviendo su atención hacia el espadachín- y ¿por qué me han quitado el medallón? - reclamó- Lucy lo necesita! Desafortunadamente siempre le ha ayudado, a mi propio pesar.

Latis le dedicó una mirada gélida. Eric imaginó un rayo congelante saliendo de las pupilas de su amigo. Suponía que eso era lo que realmente quería: Detener el parloteo de esa mujer para poder pensar con claridad, sin tener que verla utilizar la faz de la persona que más amaba.

- No puedo soltarte – expresó finalmente el aludido con cierta amargura, que el guardián jamás había escuchado –

- Entonces – Luz hizo un mohín, que sonó exquisito- ¿Cuánto tiempo voy a permanecer a tu merced?

Los ojos violetas empequeñecieron. Tardó unos segundos en responder.

- Necesito saber que ocurrió

- ¿Estás seguro? ¿O estás disfrutando esto? – su voz se hizo más grave- ¿Es una venganza de aquella vez que te mantuve cautivo?

- No tiene nada que ver

- Yo te acaricié la mejilla mientras estabas inconsciente. ¿Vas a hacerlo tú también? ¿¡O quizás ya lo hiciste!? ¿Me acariciaste Latis?

Eric vio a su amigo desfallecer un poco. Su respiración subió ligeramente de volumen

- ¿Acaso vas a robarme de vuelta el beso que te di? Estoy acá Latis, y no puedo defenderme. – Luz abrió sus labios provocativamente- Quizás soñabas con ver a Lucy así de indefensa ¿Tal vez te daba miedo pedirle algo tan inapropiado? Esta vez podrías aventurarte…quedaría entre tú y yo.

Silencio. Y creciente incomodidad

- ¡UFF! – Dijo Eric sin poder contenerse más- ¿no se ha adelantado el verano? – Caminó resuelto hacia las ventanas- alguna vez estuve en Kyoto durante el Gion Matsuri y les juro que hacía menos calor.

- Yo estaba hablando…- Luz le miró iracunda, arrrastrando la última palabra-

- ¡Hey! tenemos que programar para el siguiente año una vista a Kyoto y verán que no miento. ¿Alguna vez han estado en Kyoto?

- ¡Cállate!

- Todo el año hay algo que hacer, es casi imposible aburrirse… -tras luchar con el pestillo de la ventana, finalmente cedió- ¡abramos esto! …¿Saben?, yo fui en el Shinkansen, me tomó tiempo ahorrar, pues en ese entonces estaba más que quebrado, creo que fue en época en que conocí a un buen amigo mío, Nakamura.

- ¡CALLATE!¡NO TE ENTROMETAS!

- ¡Ah! ¡Ese Nakamura! Nos hemos distanciado en los últimos años, pero es apenas lógico porque no hay líneas directas a Céfiro. Deberíamos montar un negocio de esos en Céfiro, las gemas flotantes a veces no tienen tan buena recepción…¿Les conté de cuando tuve un trabajo en un call center? …

El monólogo le dio tiempo a Latis, quien salió de la habitación. Aunque ese era el objetivo de Eric, no le agradó en lo más mínimo quedarse a solas con Luz. Sin dejar de hablar, paso tras paso, comenzó a salir de esa caverna en la que habitaba la terrible tigresa.

- …llamadas van y llamadas vienen, y uno comienza a adivinar que los productos no son tan buenos…

- En realidad vine acá por ti – acotó Luz-

Desde hacía 10 años nadie había callado a Eric Colt cuando utilizaba su táctica "Sherezade" "Patentada, no disponible en tiendas". El record había sido roto. La nueva edición de Guinness no incluiría su fotografía en la página 234 al lado del arroz frito más grande del mundo.


CEFIRO, AÑO 1132 D.C (AÑO EN EL MUNDO MÍSTICO)

AMATI

Con su bella inmortal sentenciada al abismo y Kabura tratando de sobrevivir en la esfera que la princesa Rubí había creado para él; el sacerdote sin alma se refugió en una caverna contigua a la cárcel donde permanecía su amada. Desde lo alto, hablaba con ella para mitigar su soledad, aún sin tener la esperanza de escuchar respuesta.

Pero hoy era un día especial, debía salir a la superficie.

Los rayos del sol bañaron su rostro de tez ceniciento. Los ojos rojos, poco a poco se acostumbraron a la intensa luz, parpadeando cada tanto como si fuera un enorme reptil.

Caminó por la grama verde, sabiendo a dónde dirigirse, pero sin el detalle de los nombres de los sitios que debía recorrer para llegar allí. El espíritu del antiguo Alto Sacerdote se conservaba sólo en parte, algunos recuerdos eran poderosos pero otros se habían perdido para siempre en aquel ritual donde cambió su corazón por la vida de la guerrera mágica.

Con Kendrah habían concluido que la leyenda de las niñas salvadoras de otro mundo era una farsa. Y esa farsa debía ser cercenada de raíz. Por eso, cualquier vínculo con el mundo místico debía cerrarse y los genios guardianes debían perder su poder…o ser controlados de una manera más efectiva. Además, la venganza seguía indemne, pululaba en su interior. Kabura no había muerto. Debía encontrar la manera de sacar a su inmortal del abismo para que juntos pudieran acabar con el Guru de cabello morado, pero aún no había descubierto la llave. Así que por lo pronto, prepararía el terreno.

Hoy finalmente comenzaría esa misión. En Céfiro, familias selectas de antiguos magos controlaban el poder de abrir portales al mundo místico. Amati sabía que en ese mundo se escondía el verdadero poder de los genios. Necesitaban ese poder para doblegar a Rayearth, el maldito dios que había repudiado a su propia hija de fuego.

En poco tiempo llegó a su destino. Una casa de dos plantas, con jardín trasero. Las flores en las ventanas contaban de unos dueños a los que les agradaba observar el espectáculo de la vida cada mañana. Pobres ilusos. El mago paró en frente y atrapó con la mano derecha un cucarrón, llevándoselo de inmediato a la boca.

Uno, dos y tres, comienza el juego a la cuenta de tres

Un niño salió por la puerta principal, vistiendo pantalones cortos y camiseta, llevando una pelota roja en sus manos como la posesión más preciada del planeta. Se notaba el esfuerzo de su madre, quien le había cambiado de ropa para que pudiera jugar con tranquilidad. Entusiasta, se dirigió directo hacia el visitante, con una sonrisa educada que su padre le debió enseñar para esas situaciones con los adultos. No se amedrentó ante el descuidado aspecto de quien lo esperaba a pocos pasos de la puerta de su hogar.

- Hola Señor – saludó, aún con la pelota firmemente pegada a su pecho-

- Buenas tardes – sonrió Amati, tratando de esconder los dientes- ¿Tus padres se encuentran en casa?

- Si señor.– el chico se fijó en las ropas del mago, pasando su vista de pies a cabeza sin ningún pudor- ¿Está perdido señor? ¿Viene del castillo?

- Qué juguete tan boniiiito el que tienes allí ¿Vas a jugar? – contra preguntó Amati, señalando la pelota- Yo tengo un juego nuevo. – dijo tomando fuertemente por el hombro izquierdo al pequeño.

El niño, asustado, no tuvo tiempo para moverse. La presión ejercida por la mano de Amati era aplastante. Quedó tan hipnotizado por la retahíla de palabras que comenzaron a salir de la boca del extraño hombre, que no sintió que su cuerpo goteaba un sudor verdoso, completamente extraño. Su cara atontada se deformó y los ojos comenzaron a escurrirse hasta la mejilla, revolviéndose con los tejidos, con los mismos huesos que se derretían.

Amati esperó, intrigado por esa transformación. Pronto el niño ya no estaba, y la pelota roja nadaba en un charco verdoso que bullía, burbujeante, sobre el sendero de piedra gris que corría directo hacia la casa.

Envuelto en felicidad, dirigió sus manos hacia la sustancia, y sin tocarla, la moldeó en el aire como una pequeña esfera, que giró furiosa en la palma de la mano. Luego, se dirigió resuelto hacia la casa, tarareando por lo bajo:

Araña arañita
sube la escalera
Araña arañita,
súbela otra vez.

¡Pum! se cayó.
¡Pum! se cayó

Vino un sapo gordo,
Y SE LA COMIÓ


VIAJE

No era sencillo hacer lo que necesitaba hacer, pero ante todo, debía mantener las apariencias.

Kabura utilizó un hechizo poco convencional para hacer un vínculo que llevara el poder del rio verdoso y burbujeante, producto de la transformación de los Colt, hasta la planta superior, en un salón modesto, donde a veces se realizaban audiencias privadas. Tenía esperanza en que no hubiera problemas para abrir el portal.

También mandó llamar al mejor estudiante de Eric, quien ya podía hacer algunos trucos, para desviar la atención de lo que realmente estaría pasando.

Mientras trabajaba, había estado haciendo un análisis mental de la situación. La guerrera del viento parecía convencida de la mentira acerca de la "relación simbiótica" del pilar con Céfiro. Necesitaba que se lo creyera, ya que a todo lugar, Lucy, Luz o quien fuera, debía volver al planeta, y si no utilizaba alguna estrategia para que el tema fuera de vida o muerte para la amiga que tanto quería Anaís, quizás sus planes se vinieran abajo.

Casi estaba seguro que Lucy Luz había ido a buscar al espadachín mágico. Las probabilidades eran altas. Odiaba tener a ese adversario de regreso a Céfiro, pero sabía que Eric Colt estaba con Latis, así que no del todo era negativo. Si Latis volvía, lo haría con Eric.

Pero estaba la instrucción de buscar a Marina. Sabía que tenía un propósito definido, ya que posiblemente Anaís sola no pudiera controlar a la guerrera de fuego. Sin embargo, estaba esa sensación incómoda, que le decía que esa orden no había sido del todo suya.

Pero no importaba. Si eso mantenía a raya a GuruClef, que viniera la guerrera de Agua entonces.

El sonido de la puerta lo alertó. Ya habían llegado. Muy pronto, Anaís estaría de vuelta en el mundo místico.