Disclaimer: Todos los personajes de esta historia no me pertenecen, le pertenecen a Clamp, y la historia en sí pertenece a Sherryl Woods, yo sólo la adapté sin fines de lucro porque me pareció una muy buena historia para que los fanáticos de CCS la leyeran transaldada al mundo de Sakura.
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Tomoeda Trilogy
The Backup Plan
Capítulo 11
Tomoyo no había bailado ni se había reído tanto desde el baile en el que se presentó en sociedad. De hecho, éste era mucho mejor. En el anterior, había sentido tanto cinismo por todo lo que la rodeaba que casi no había disfrutado de la velada. El muchacho que la acompañaba era tan torpe e inmaduro como lo son la mayoría de los chicos de dieciocho años. Según recordaba, le sudaban las manos y tenía granos.
Miró al otro lado de la mesa y vio que Eriol la estaba estudiando con mucha curiosidad.
—¿Volviendo al pasado? —le preguntó.
—¿Cómo lo sabes?
—Para ser una mujer que se ha preparado para mantener una expresión neutral cuando está en el aire, no sabes ocultar tus sentimientos tan bien. Tenías un aspecto algo triste.
—No era triste. Simplemente estaba pensando en el baile de mi presentación en sociedad.
—Yo creía que ésa era la noche más importante de todas las chicas del Sur.
—La mía no. A mí me parecía un absurdo desperdicio de dinero, pero mi madre insistía en que era una tradición muy importante, por lo que no tuve más remedio que ceder. Sakura y yo estábamos decididas a no divertirnos, por lo que invitamos a los chicos menos apropiados que pudimos encontrar.
—No me invitaste a mí —comentó él, sonriendo.
—Tú eras demasiado inapropiado. Además, yo estaba decidida a mostrarme triste, no a que a mi madre le diera un ataque al corazón.
—Te recuerdo esa noche —afirmó Eriol, sorprendiéndola.
Tomoyo se esforzó por recordar aquella noche y, por fin, se acordó de que Eriol había ido con la muchacha más tímida de la clase.
—¡Oh, Dios! ¡Es verdad! Tú también estabas. Fue el gran acto de rebeldía de Naoko Yanagisawa.
Naoko Yanagisawa era una chica tímida y con gafas a la que nadie prestaba mucha atención. El hecho de que llegara al baile del brazo de Eriol despertó mucha expectación.
—Sospecho que Naoko te habría sorprendido en muchas cosas.
Naoko había tenido una vida muy dura. Era tan tímida porque tartamudeó hasta que tuvo dieciséis años. Llevaba años trabajando con un logopeda. Consiguió una beca para Duke.
—Yo sabía lo de la beca. Era la comidilla del colegio. Todo el mundo se quedó atónito de que fuera ella precisamente la que ganara la beca para Duke.
—¿Sabías que era por Música? Esa chica era una estupenda cantante.
—¿De verdad?
—Claro. Ahora, canta en clubes de jazz en Nueva York, Chicago y Los Ángeles. La he visto varias veces y tengo un montón de sus CDs en casa. Recuérdame que te los ponga en alguna ocasión.
—¿Has mantenido el contacto con Naoko? —preguntó ella. No le gustaba que aquel detalle la hiciera sentirse un poco celosa.
—Por supuesto que sí. Teníamos mucho en común. Los dos éramos unos indeseables.
A Tomoyo jamás se le había ocurrido pensar en Eriol en aquellos términos. Siempre había creído que su aislamiento era por decisión propia, no porque los demás lo apartaran.
—No éramos muy agradables contigo, ¿verdad?
—No —admitió él—. Sin embargo, muchas chicas no pensaban así. La combinación de chico malo e indeseable era como un imán para algunas.
—¿Lo sigue siendo?
—Ahora ya no me puedo considerar así, dado que tengo una empresa que hace negocios con los apellidos más antiguos y reverenciados de Tomoeda. Incluso tu madre me encuentra completamente respetable en la actualidad.
—Sospecho que mi madre es como cualquier otra mujer. Se encuentra fascinada por ese aura de peligro que emana de ti. Ella tomó la decisión más segura cuando se casó con mi padre —dijo, aunque ya no sabía si su madre se había lamentado por ello.
—¿Y tú Tomoyo? Tú eres adicta al peligro. ¿Te atraigo a ti? —le preguntó Eriol.
De repente, su expresión se había vuelto muy seria.
«Más de lo que deseo admitir», pensó Tomoyo. Las ocasiones en las que habían estado juntos habían dejado al descubierto profundidades que ella jamás hubiera imaginado. Eriol era un hombre sólido y amable de una manera completamente inesperada. Que hubiera protegido a una chica como Naoko decía mucho sobre su carácter. Lo más extraño era que aquello lo convertía en la clase de hombre más peligrosa para alguien que ha regresado a casa buscando tranquilidad, fuerza y ternura. Estaba empezando a darse cuenta de que jamás le había dado demasiado crédito.
Incluso estaba empezando a ver su traición como un desesperado, pero bien intencionado, gesto para evitar que su hermano cometiera un error. Tal vez entonces no se había dado cuenta de que era una locura, pero ciertamente parecía haber aprendido de su error.
—Me atraes lo suficiente como para salir a la pista de baile contigo una vez más —dijo ella—. Después, creo que deberíamos irnos a casa. Me imagino que necesitas descansar mucho para poder soportar las exigencias de mi madre.
—Puedo manejar a tu madre con un par de horas de sueño —replicó él, riendo—. Tú eres la difícil.
—¿Cómo?
—Yo comprendo a tu madre. Es una perfeccionista y sabe muy bien lo que quiere. Tú eres un poco imprevisible. Algo me dice que si sigo a tu lado, voy a estar metido en un buen lío.
—¿Acaso tienes miedo de mí? —preguntó ella. Sorprendentemente, le agradaba la idea—. Creo que me gusta.
—Por supuesto que sí. Te gusta controlar las cosas. Sin embargo, una cosa que necesitas saber sobre mí, Tomoyo, es que yo no me parezco en nada a mi hermano. No voy a dejar que te salgas con la tuya, al menos todo el tiempo.
El temblor que la recorrió por todo el cuerpo al oír las palabras de Eriol no le resultó del todo desagradable. De hecho, estaba completamente cargado de anticipación.
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Ya en los escalones de entrada a la casa de Tomoyo, Eriol la miró a los ojos. La combinación de un poco de vino y de frenéticos bailes le habían dado un aire somnoliento y algo despistado. Le apetecía tanto besarla que estaba teniendo que echar mano de todo su autocontrol para no devorar aquella tentadora boca. Evidentemente, un beso era lo que ella estaba esperando y es por eso que uso toda su fuerza para resistirse.
—Buenas noches —le dijo, mirándola a los ojos—. Que duermas bien.
—¿Buenas noches? —preguntó ella, con cierta indignación—. ¿Ya está?
Eriol ocultó su satisfacción. La estrategia había funcionado perfectamente.
—¿No es eso lo que la gente suele decir cuando se despiden por la noche? Pensaba que eso sí que lo hacía bien.
—¿Y un beso?
—Te besé antes de que saliéramos —le recordó él, sabiendo que era el vino quien hablaba—. Aunque estoy encantado de cumplir con tus deseos, te recuerdo que me diste una verdadera charla en su momento. ¿Quieres que vuelva a besarte?
—No, no quiero que vuelvas a hacerlo —dijo ella, contradiciéndose una vez más.
—¿Es de extrañar que los hombres no comprendan a las mujeres? No hacen más que cambiar las reglas.
—Olvídate de las malditas reglas.
Antes de que Eriol supiera lo que ella tenía en mente, lo agarró de la camisa y tiró de él. Cuando la boca de ella cubrió la de él, Tomoyo aprovechó el hecho de que él abriera la boca por la sorpresa para introducirle la lengua. Fue un beso apasionado y teñido de una cierta desesperación. La sangre de Eriol se olvidó del cerebro para dirigirse a otra parte de su anatomía. La cabeza había empezado a darle vueltas por la falta de oxígeno cuando ella lo soltó igual de inesperadamente.
—Así es como se dan las buenas noches —afirmó. Entonces, se dio la vuelta y entró en su casa. Evidentemente, estaba muy contenta consigo misma.
Con una sonrisa en los labios, Eriol se apoyó contra el timbre. Ella volvió a abrir inmediatamente la puerta, lo que él aprovechó para estrecharla contra su pecho y besarla hasta que los dos se quedaron sin aire. Mucho más satisfecho, la volvió a dejar sobre el suelo. Tomoyo tenía un aspecto muy sorprendido y no tan segura de sí misma.
—Me gusta más mi manera —dijo él. Entonces, se marchó.
Maldita sea. Aquello estaba empezando a ser muy divertido.
En cuanto Eriol llegó a casa, llamó a Tomoyo al teléfono móvil para no despertar al resto de la familia.
—Dulces sueños —dijo por segunda vez aquella noche.
—Me confundes —respondió ella. Parecía verdaderamente atónita.
—Lo mismo digo.
—¿De verdad?
—Sí, Tomoyo. Justo cuando creo que ya sé cómo eres, vas y haces algo muy sorprendente.
—¿El qué? —le preguntó ella—. Tengo que saberlo. Tal vez no debería volver a hacerlo.
—Oh, no —respondió él, riendo—. No te lo pienso decir. Me gustan tus sorpresas.
—Debes de estar hablando del beso.
—Definitivamente inolvidable, pero no es eso.
—¿Entonces qué? No he hecho nada más.
—Claro que sí.
—¿El qué?
—No voy a decírtelo, pero algo me dice que los besos son tan sólo un ejercicio de calentamiento para nosotros.
—No lo creo.
—¿Por qué no?
—No estoy preparada para empezar nada contigo ni con nadie más —dijo ella. De repente, el tono de su voz era muy sereno.
—Estabas dispuesta a casarte con mi hermano.
—Eso era diferente.
—Eso me lo vas a tener que explicar. ¿No te parece que el matrimonio es algo mucho más serio que tontear un poco tan sólo para divertirse? —quiso saber él. Tomoyo se quedó completamente en silencio—. Tomoyo… ¿Se debe eso al hombre que afirmas que no existe? ¿Te sientes culpable por alguna razón?
—No —respondió ella, aunque con evidente pena—. No hay razón alguna para sentir culpabilidad. Ya no.
—¿Qué significa eso? —preguntó él, turbado por el tono sombrío de su voz y por la extraña lógica de que casarse con Clow era menos traición que lo sería acostarse con él mismo. Además, ¿por qué iba a considerar algo con alguno de los dos hermanos si había un hombre en alguna parte que significaba algo para ella?
Tomoyo suspiró profundamente, pero ignoró la pregunta.
—Buenas noches, Eriol. Gracias por haberme llevado a bailar.
Él sabía que Tomoyo no tenía intención de hablar más, aunque no entendía por qué se mostraba tan reticente. Algo le decía que tenía que llegar al fondo de aquel asunto, por el bien de ambos.
A la mañana siguiente, Eriol seguía pensando en el misterioso hombre de la vida de Tomoyo. Sabía que ella le estaba mintiendo, lo que no entendía era por qué se había molestado. No le parecía que hubiera razón alguna para guardar un secreto del pasado. No se debían detalladas explicaciones sobre su vida amorosa, al menos no por el momento. Tal vez jamás llegaría el momento de la confesión total.
Tenía que admitir que se sentía más atraído por ella que nunca, aunque jamás fueran a tener una relación seria. Eriol no iba en serio, ni siquiera por Tomoyo Daidouji. Todo el mundo lo sabía. Tomoyo tenía sus reglas y él las suyas. Por lo que había visto de sus padres, no existían los finales felices y el matrimonio era el beso de la muerte para la diversión.
Además, siempre había atraído a mujeres ricas que se sentían impresionadas por su reputación de hombre peligroso, pero a las que no les interesaba nada más. Había conseguido mucho, pero, en ciertos círculos, eso jamás sería suficiente.
Jamás había podido superar el sueño de encajar. Siempre había pensado que, si se casaba algún día, tendría que hacerlo con alguien como Tomoyo, que siempre había estado fuera de su alcance. Dado que las posibilidades de encontrar una mujer así eran de una entre un millón, había aprendido a estar solo.
Lo más extraño era que Tomoyo parecía estar disponible para él en aquellos momentos. No podía evitar sentir que la mujer a la que se le había asociado con valentía y coraje por todo el mundo, era tan vulnerable y frágil como un pájaro herido. Le hacía sentirse muy protector.
Sin embargo, no podría ayudarla si no sabía por qué había regresado a casa. No obstante, antes de seguir con sus investigaciones, tenía que conseguir que su hermano volviera a marcharse de la ciudad.
Estaba en la cocina, medio vestido y tomándose su segunda taza de café cuando Clow entró. Parecía que había tenido una noche difícil.
—¿Qué te ha pasado? ¿Duró la fiesta hasta altas horas de la madrugada?
—No. La fiesta terminó a la muy respetable hora de las once en punto. Me pasé el resto de la noche peleándome con Madoushi sobre la boda. Ella quiere que sea como una ceremonia digna de una reina o algo así. Se ha convertido en algo completamente descabellado. Le dije que tenía que recortar la lista de invitados, olvidarse de las palomas y contratar algo más pequeño que una orquesta sinfónica y ella me dijo que no la quería, porque si no, comprendería lo importante que todo eso era para ella.
—Entiendo.
—Yo la amo, pero no comprendo por qué quiere algo que va a costar miles y miles de dólares. Podríamos construir una maldita mansión con sólo lo que se quiere gastar en el vestido y en el pastel de bodas. Cuándo le pregunté qué tenía de malo comprar un par de cajas de masa para pastel ya preparada, me echó un vaso de agua por la cabeza.
—¿Resolvisteis la situación? —preguntó Eriol, muy divertido.
—En cierto modo —contestó Clow.
—¿Qué significa eso?
—Que ella canceló la boda.
El corazón de Eriol empezó a latir a toda velocidad.
—Estoy seguro de que se tranquilizará y cambiará de opinión —dijo.
—No lo creo. Además, ni siquiera yo estoy seguro de que quiera que cambie. Si tenemos una idea tan diferente de cómo queremos que sea nuestra boda, ¿cómo vamos a poder hacer funcionar nuestro matrimonio?
—Por lo que he oído, una cosa no tiene nada que ver con la otra. En estos momentos, le estás estropeando un sueño a una niña pequeña. Probablemente lleva planeando esa boda desde que tiene ocho años.
—Eso es lo que me ha dicho.
—Entonces, deja que la tenga. Consiénteselo. Para empezar, viviréis en una casa un poco más pequeña. No tendréis niñera para el primer niño. Además, la empresa va mejor cada año. Recuperarás el dinero sin darte cuenta.
—No creo que se trate de eso. Creo que queremos cosas diferentes.
—No. Lo que queréis son bodas diferentes. Venga ya, Clow. Sólo es un bache en la carretera. Ve a verla antes de que regreses a Tokyo. No dejes que esto se convierta en algo que no se pueda arreglar.
—¿Por qué tienes de repente tantas ganas de que nos arreglemos? —preguntó Clow, mirando a su hermano con una expresión de perplejidad.
—Porque veo que ella te hace feliz. Está loca por ti. No le des la espalda a eso sólo por evitar tener dos palomas que defequen mientras vuelan por encima de los invitados a la boda.
Clow se echó a reír, tal y como Eriol había supuesto.
—Eres un asco.
—Tal vez, pero tengo razón y tú lo sabes. Ahora, vete. Dile que puede tener las palomas y todo lo que quiera.
—Espera un momento. He venido aquí para descubrir qué es lo que te pasa a ti —protestó Clow—. Hasta ahora, lo único que hemos hecho ha sido hablar de mis problemas.
—Ya no tenemos tiempo para eso —replicó Eriol, con una sonrisa—. Además, no tengo problemas de los que merezca la pena hablar. Ahora, tengo que irme a trabajar —añadió. Agarró la camisa que tenía en el respaldo de la silla y se la puso mientras se dirigía a la puerta— Ya hablaremos dentro de unos días.
—Te advierto que no te has librado —le gritó Clow.
Eriol se limitó a despedirse de él con la mano.
En vez de dirigirse directamente a la plantación, se fue a la ciudad. Había llegado a la conclusión durante la noche de que su mejor fuente de información sobre Tomoyo sería su mejor amiga.
Aparcó delante de la galería de Sakura y entró.
—Eriol —dijo Sakura, muy sorprendida al verlo paseando por los pasillos—. ¿Qué te trae por aquí a esta hora de la mañana? Ni siquiera he colgado el cartel de que está abierto.
—¿No te importa que esté aquí? Tenía unos cuantos minutos libres y pensé que podría venir a ver qué tienes. Vamos a necesitar algunos cuadros en la plantación cuando terminemos de trabajar.
—Por supuesto que no me importa. Aquí siempre eres bienvenido. Sin embargo, no voy a permitir que me engañes, Eriol.
—¿No? —preguntó él, mirándola con desolación.
—Por favor… No has puesto aquí el pie desde hace semanas, cuando tú y yo salimos juntos en aquella cita. Sólo hay una cosa que te puede haber traído aquí.
—He venido a ver los cuadros —insistió él.
—Tú y yo sabemos que Sonomi Daidouji no te va a dejar que elijas los cuadros que van a colgar de las paredes de la plantación Tsukimine. Estás aquí por Tomoyo.
—¿Y qué te hace pensar eso?
—Bueno, sé que los dos fuisteis a cenar a Murrells hace unos días y también que anoche salisteis a bailar.
—Vaya, qué rápido…
—Los cotilleos siempre han corrido como la pólvora, en especial si son jugosos. ¿Cómo conseguiste que fuera contigo a bailar?
—La sorprendí en un momento de debilidad, de los que parece estar teniendo muchos. ¿Sabes qué le pasa?
—Sinceramente, no. La verdad es que parece estar evitándome. Sólo la he visto en un par de ocasiones. En una de ellas me ofreció su ayuda para cazarte.
—¿Cómo? ¿Creía que tú y yo…
—Sí. Se había enterado de nuestra cita y del dinero que me gasté en la subasta por ti. Se imaginó que me podría ayudar a acelerar un poco las cosas —comentó Sakura, con una cierta amargura.
—¿No se suponía que esa cita era tan sólo para ayudar a una buena causa? —preguntó él, con la sensación de que no se había percatado de algo.
—Para ti sí, lo que más o menos significa que para mí también.
—No lo sabía —dijo él, atónito—. Lo siento mucho, Sakura.
—Lo sé, por eso no me dolió tanto, pero no hablemos más de eso, por favor. Ya resulta demasiado humillante. Deberíamos centrarnos en Tomoyo, dado que a los dos nos importa. A ti te importa, ¿verdad? ¿No estarás pensando tener una de tus acostumbradas aventuras?
—No estoy seguro de estar listo para poder ponerle una etiqueta —dijo Eriol, a la defensiva—, pero quiero ayudarla. Está muy mal, Sakura. No es ella. Lo sé porque reconozco los síntomas del estrés postraumático. Yo mismo los he padecido, pero hay algo más. Un hombre, tal vez. ¿Te ha dicho algo?
—Ni una palabra, pero podría ser por su trabajo. Dice que se alegra de estar en casa, pero creo que le turba no tener un trabajo al que regresar.
—¡Un momento! ¿Me estás diciendo que no va a regresar, que no está de vacaciones?
—Para serte sincera, no sé si lo dejó o la echaron. No me lo dijo. Simplemente me comentó que estaba pensando en quedarse, pero que no quería que le dijera nada a nadie. Si me hubiera preguntado otra persona que no fueras tú, jamás habría dicho nada —dijo Sakura, mirándole a los ojos—, pero creo que tú eres el único que puede ayudarla.
—¿Qué te hace pensar eso? No somos viejos amigos.
—Tal vez no, pero al menos está pasando algún tiempo contigo. Su madre dice que se pasa el día en su dormitorio y a mí no me dice nada.
—Sólo ha salido conmigo porque la he engañado. No es que se ponga loca ante la perspectiva de verme. Yo le hago demasiadas preguntas. Desgraciadamente, no responde a la mayoría.
—Sigue preguntándole, Eriol. Tienes que llegar al fondo de todo esto. Ella adoraba su trabajo. Era su identidad. Trabajó mucho para llegar a lo más alto y no me puedo imaginar que lo vaya a dejar todo así como así. Si realmente se ha terminado, no me extraña que se encuentre perdida. Eso explicaría por qué se ha acodado de tu hermano.
—Desesperación —afirmó Eriol. Saber eso hizo que se alegrara mucho más de haberlos mantenido separados. Si Clow hubiera sabido que Tomoyo lo estaba buscando después de la discusión con Madoushi, solo Dios sabía lo que habría sido capaz de hacer. Tal vez se hubieran unido por motivos equivocados.
—Exactamente. Desesperación —replicó Sakura—. Es la única explicación que se me ocurre, pero ahora que sabe lo del compromiso de Clow, creo que se ha desengañado en ese sentido. Yo nunca lo entendí. ¿Por qué tenía que elegir a Clow cuando podía tener…?
Sakura no terminó la frase. Las mejillas se le habían sonrojado vivamente.
Eriol comprendió lo que quería haber dicho, pero no dijo nada al respecto.
—¿De verdad que no sabes por qué ha tomado la decisión de dejar su trabajo o de por qué la cadena ha despedido a una de sus mejores corresponsales?
—No tengo ni idea. No me dio pista alguna sobre lo ocurrido. Tal vez deberías preguntárselo tú.
—Tal vez lo haga.
Sin embargo, aunque supiera exactamente cómo hacerle la pregunta, dudaba que las respuestas que consiguiera de ella tuvieran algún sentido.
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Capítulo once up!
Perdón pero hoy no tengo tiempo para nada así que no voy a poder comentar mucho... en el próximo cap prometo responder Reviews y comentar ambos capítulos. No se si alguien leerá lo que escribo después de cada uno, pero por si acaso a alguien le interesa la próxima vez que actualice opino de ambos caps.
Un beso a todas! Voy a tratar de actualizar antes de Navidad para dejarles un cap como regalito :) A lo mejor lo hago el viernes, y si no, el Sabado.
Nos leemos antes de que venga Santa!
XOXO
Mel
