Rick la enrolló en una toalla seca y volvió a abrazarla. Sus manos se movían con efusividad sobre los brazos de ella, queriendo que entrara en calor. Su piel estaba fría a causa del agua que había consegido filtrarse a través de su ropa húmeda.
Kate no decía nada, solo intentaba calmar su respiración, su pulso, su miedo... apoyada en el pecho de él. Ahí nada malo podría pasarle.
-¿Quieres que te traiga algo de ropa seca?-preguntó él finalmente. Si no entraba en calor cuanto antes podría constiparse.
Kate sonrió debajo de todo el temblor que su cuerpo producía.
-¿Me lo dices tú?
Reparó en que solo llevaba sus boxers, sin embargo la calefacción ayudaba y él no necesitaba más que eso.
-Yo me pondré unos pantalones, pero tú tienes que cambiarte entera, estás chopada.
No esperó a que contestara, sino que la condujo a través del comedor hasta llegar a su habitación, pasando por su estudio. Verla de esa forma, nerviosa, mojada y con miedo había alterado sus sentimientos. La necesidad de cuidarla se había a opoderado de él, pero no podía evitarlo, era algo propio del amor, algo a lo que no estaba acostumbrado.
En cambio, cuando había sido consciente de que ella no se apartaba de su abrazo se había sentido radiante. La mejor sensación del mundo era tenerla entre sus brazos y que ella se aferrara a ellos. Notaba su seguridad cuando estaba con él y eso le hacía sonreir.
-¿Qué ha pasado?
La pregunta llevaba atormentándolo desde que la había visto en su puerta. Abrió su armario como la última vez, solo que esta ya tenía decidido que se pondría tanto ella como él.
Angustia era poco lo que había recorrido su cuerpo al saber que habían intentado matarla, según sus palabras.
-Caminaba de vuelta a casa, a unas manzanas de aquí.-comenzó a decir ella arrebujándose en la suave toalla. Se mordió el labio inferior. Aún sentía esa presión en su pecho mezclada por el susto y el cansancio al haber corrido.-Estaba sola en la calle, me había pillado la lluvia, así que aceleré el paso.-esperó a que Rick la mirara en señal de afirmación mientras cogía unos pantalones de chándal y una sudadera negra-Y, noté esa sensación extraña de sentirte observada. Miraba a todas partes, pero seguía estando sola.
Rick se sentó a su lado sin interrumpirla. Observaba sus ojos verdosos y aterrados fijos en la pared de su dormitorio, recordando qué había pasado hacía unos minutos. Tenía el pelo enredado, no obstante sus tirabuzones caían con gracia sobre sus hombros, tensos también. Era la mujer más preciosa que había visto en toda su vida.
-Aceleré aún más, casi corría. Me resbalé en par de veces.-comentó bajando la vista hacia las palmas de sus manos. Él se fijó en pequeñas heridas sobre ellas, nada preocupante.-Entonces lo vi, justo al girar la esquina. Llevaba una capucha, y con la oscuridad no pude verle bien la cara. En la mano derecha sujetaba una pistola como la tuya, una Glock. Me apuntaba, Rick.-las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro. No se notó demasiado, pues seguía salpicado de gotas de agua que caían de las puntas de su pelo.-Por un momento pensé que me moriría allí mismo, te lo juro. No sabía que hacer. Solo corrí y corrí calle abajo, sabiendo que tu casa estaba a un par de manzanas y era mi única opción.
-¿Disparó?-le acarició la mejilla con el dedo pulgar, limpiando una de las lágrimas. Tenía el corazón en un puño, el estómago encogido y la mandíbula prieta. La angustia había vuelto.
-Una vez, pero no me dio.-Rick abrió los ojos, tragando saliva con dificultad.-Corrí en zig-zag, como me enseñaste.
Eso último fue un susurro para sus oidos. Había agachado la cabeza, pero desde ahí podía ver su ceño fruncido.
Se prometió a sí mismo buscar como un loco al encapuchado. Había estado tan sumamente cerca de perderla, que el hecho de pararse a pensar que hubiera sido así le producía ahogo.
-¿Podría ser alguien que Giorgio hubiera mandado?-pensó en la redada de esa mañana, en que él conocía su nombre y sabía que iban a la misma universidad. Era muy fácil de relacionar.
-No lo sé.-ella lo miró fíjamente. Ya no temblaba.-Pero te juro que no va a pasarte nada porque voy a estar las veinticuatro horas contigo. Y hoy vas a pasar la noche aquí.
-¿Aquí?-sonrió divertida señalando su cama. Rick también lo hizo, por primera vez en lo que llevaban esa noche juntos.
-Si te empeñas.-se miraron los labios instintivamente durante un par de segundo, pero no dijeron nada.
-¿Puedo darme una ducha?
Rick sonrió antre la timideza de la pregunta, y la idea de Kate en su ducha, desnuda hizo que se removiera incómodo.
-Claro, además, será mejor.-se levantó al mismo tiempo que le entregaba la sudadera y los pantalones.-Eh, Kate.-se rascó la nuca sintiendo como sus mejillas se teñían de rojo.-¿Necesitas también ropa interior?
-¿Me preguntas si quiero unos calzoncillos tuyos?-ella parecía divertida y se sentía bien por ello, solo quería que el susto desapareciera y al menos se sintiese bien el resto de la noche.
La noche. Iba a dormir separado de Kate solo por un par de metros. Eso iba a ser el peor reto de su vida.
-Algo así.-cruzó los brazos por encima de su pecho.
La mirada de Kate bajó desde sus hombros hasta el principio de sus piernas, cosa inevitable teniendo esas maravillosas vistas. Estaba definido, y no solo su pecho, sino sus abdominales, sus piernas, era fuerte y fibrado. Evitó pensar en lo que podría hacerle.
Ninguno quería hablar del beso que se habían dado esa misma mañana antes de la misión. Rick sabía que parte de sus sentimientos habían quedado al descubierto después de eso. Kate, por su parte pensaba evitarlo igual que él había hecho con las demás insinuaciones, pero no podía negar cómo había latido su corazón ante eso.
-Me quedo con la mia tranquilo-respondió ella mordiéndose el labio inferior.
Castle sintió la electricidad bajar rápidamente por su entrepierna. Si seguía ahí parado ella sería capaz de ver su instinto a través de la fina tela del boxer.
-Iba a hacerme la cena, ¿quieres que te la haga a ti también?
Kate dudó antes de responder.
-¿Qué tenías pensado?
-Huevos, bacon, hamburguesas quizá...-enumeró mirando el techo de la habitación.
-Hamburguesas está bien.
Se mantuvieron la mirada un par de segundos más hasta que ella decidió que ya era hora de secarse un poco y sentirse limpia.
Partió la cáscara del huevo contra el extremo de la sartén y a continuación vertió el contenido dentro. Saltó hacia atrás rápidamente al sentir las chispas del aceite ardiendo en su pecho, maldiciendo entre dientes. Adoraba cocinar, era algo que había aprendido desde muy pequeño cuando su madre tenía que actuar y él se quedaba solo en casa, pero ese momento en el que el aceite saltaba al freir cualquier cosa era odioso.
Con la espátula y a una distancia considerable hacía el huevo sin dejar de pensar en lo que acababa de pasar. Estaba muy confuso, realmente. Una parte de sus sentimientos se basaban en el miedo por ella, por si hubiera sucedido algo y hubiera acabado tirada en un callejón, sola y desangrándose. El simple pensamiento hizo que se estremeciera.
Sacó el primer huevo de la sarten, colocándolo en un plato que había dejado cerca. Después se dispuso a hacer el segundo, uno para ella y otro para él. Pensó que era suficiente.
La otra parte era emoción, excitación y alivio al tenerla en su piso, a salvo, con él. No estaba seguro de cómo llevar eso, nunca había pasado una noche cerca de ella y mucho menos sabiendo qué era lo que sentía por ella.
Era difícil estar a su lado, resistirse a besarla y hacerla suya con el mayor cariño posible.
Se pasó la mano por el pelo, nervioso. Él no había sentido eso desde la última vez. Estaba viendo como todo se volvía cuesta arriba y él no podía hacer nada. Nunca quiso volver a enamorarse, se conformaba con desahogarse jugando con las mujeres, pero su corazón siempre había estado a salvo. En cambio, Kate había aparecido de la noche a la mañana y había acabado con todo eso fácilmente.
Su sonrisa, el brillo de sus ojos, su mirada, su olor... ¿Cómo podía enloquecerle tanto? Luego estaba el tema de la edad, ella tenía solo veinte años, en unas semanas cumpliría los veintiuno, pero él seguiría con veintinueve y después vendrían los treinta.
Estaba tan sumido en sus pensamientos, que pasó de hacer los huevos, a acabar con el bacon y empezar con las dos hamburguesas, todo esto sin ser consiciente de que Kate había terminado de ducharse y aparecía en el comedor vestida con la ropa él mismo le había dejado.
-Huele genial.-su voz hizo que se girara para mirarla, un tanto asustado. Ella rió en voz baja, divertida.
Había estado observando su espalda trabajada y la forma en la que se estrechaba hasta llegar a su cintura. En esos momentos el paño de la cocina colgaba de su hombro izquierdo.
-Hago las mejores hamburguesas de todo Nueva York.-respondió orgulloso mientras chafaba la carne contra la sartén. Gracias eso una densa nube de humo ascendió hacia su cara.
-Oh, genial, porque tengo hambre.-se acarició la tripa, sintiéndola rugir bajo sus manos.
La ducha le había sentado mejor de lo que esperaba. Ya no tenía el pelo enredado, sino limpio y bien cepillado, solo que aún seguía un poco mojado. La ropa de Rick le venía grande, pero se sentía muy cómoda y caliente, así que le daba igual. Había usado su champu, su gel y ahora su piel olía exactamente igual que la suya.
-¿Qué quieres que le ponga?-preguntó Castle abriendo la nevera de aluminio. No podía quejarse de comida, pues estaba repleta de todo tipo de artículos ordenada por bandas.
Paseó la mirada por los cajones que se encontraban más abajo, llenos de verduras y frutas.
-Hmmm... Lechuga, tomate, ¿tienes pepinillos?
-Espera.-ella sonrió al verlo meter la cabeza en la nevera.-No.
-Una lástima.-hizo un puchero y se acercó a la encimera, dispuesta a subirse.
-A mi también me gustan.-añadió un tanto decepcionado.
-Entonces añade cebolla, ketchup y mostaza.
-De eso sí tenemos Señorita Beckett.-respondió él fingiendo un acento de otro país, haciéndola reir.
Una vez estuvieron todos los ingredientes sobre la encimera contraria a la que estaba sentada Kate, se miraron un par de segundos.
-¿Por qué habéis tardado tanto en entrar?
Rick recordó ese instante en que ella había dicho que le gustaban los BMW, cómo de sus labios había escapado una sonrisa secreta y cómo el escuchar "rojos" había dado la alarma para correr en dirección al bar.
-Cuando escuché que decías nuestra seña les di luz verde para entrar, pero justo en ese momento el semáforo se puso en verde, y casi me atropellan. Sin embargo solo podía pensar en qué tú estuvieses bien y derribé la puerta sin tener refuerzos, todos estaban aún cruzando.-confesó alternando la mirada entre sus ojos verdes y las hamburguesas.-Lo siento.
El pecho de Kate se vio invadido por una extraña sensación. Era un calor propagándose poco a poco desde que Rick había empezado a hablar. Ya no podía negarse a su corazón, él la había conquistado.
-Me besaste.-había querido evitar eso, pero necesitaba aclararse para poder comenzar a intentar guiar sus sentimientos.
Rick terminó de echar la mostaza con un gesto divertido y se giró totalmente para mirarla.
-Te besé.
-¿Por qué?-él agacho la mirada, ceñudo.
Se cruzó de brazos reteniendo su mirada. "Porque estoy enamorado de ti" gritaba su interior. Su cabeza, prefería decirle que esperara, que no soportaría otra decepción ya que la primera le había hecho cambiar radicalmente.
-No lo sé muy bien.-observó un deje de decepción cruzar sus iris almendrados.-Yo, tengo un estilo de vida fijo, ¿vale?-se pasó la mano por la cara. Le costaba demasiado expresarse.-Y bueno, contigo siento cosas diferentes, incontrolables. Y el otro día no quería decir que fueras un error, sino que no quería...
-Salir herido.-acabó ella la frase por él. Rick asintió.-A mi me pasa algo así...
De nuevo volvieron a mirarse los labios. La fuerza de voluntad que estaban teniendo para no lanzarse a los brazos del otro era gigante.
-¿Cenamos?-preguntó Rick alzando los dos platos de comida. Sentía la garganta seca y no sabía bien cómo afrontaría esa noche con una tentación de ese calibre tan cerca.
-¿Por qué ahora no te comportas como en la comisaria?
Kate le miraba con los ojos entrecerrados. Ni siquiera él lo sabía. Suponía que quería dar una imagen más dura en su trabajo, solo para hacerse respetar.
-Soy igual de mandón.
-Pero eres como más...
-¿Más...?-inquirió alzando las cejas.
-Relajado, no sé.
-Supongo que porque estoy en casa.-dio otro bocado a su hamburguesa, observando como ella hacía lo mismo.
Pensaba que entablar conversación con Kate podría ser difícil, sin embargo había visto que era todo lo contrario. Se sentía increiblemente cómodo, y divertido. Ya no recordaba cuanto hacía desde la última vez que había sentido eso con una mujer.
-Cuando te conocí pensaba que eras gilipollas.-dijo ella limpiándose la boca y echándose atrás en la silla. Si continuaba comiendo acabaría vomitando. No quería darle la razón pero esa era la mejor hamburguesa que había probado en toda su vida.
-Vaya, yo pensé que eras chula de fábrica. Que querías aparentar algo.-respondió él alzando una ceja.
Estaba tan sumida en observar los rasgos de su cara que tardó en contestar a esa pulla. Tenía ganas de enterrar las manos en su pelo, era algo que llevaba atormentándola desde hacía mucho. Al igual que besar su cuello lentamente, absorbiendo y probando todo sin prisas.
Sintió el familiar calor ascender por su entrepierna, obligándola a cruzarse de piernas. Quizá fuera el vino.
-Para querer ser abogada nunca me ha gustado acatar órdenes.
-Yo podría enseñarte a hacerlo.-respondió él sin pensarlo.
Las visiones de ella esposada al cabezal de su cama con sus propias esposas no dejaban de aparecer fugazmente en su mente. Su cuerpo desnudo encajaría a la perfección con el suyo, estaba seguro. Él podría hacer que se retorciera y suplicara placer.
-¿Cómo?-exhaló ella en voz baja.
Ambos sabían que se les estaba yendo de las manos. Ella sentía la dureza de sus pezones rozar la sudadera de Rick, y él había tenido que acariciarse por encima del pantalón para bajar la excitación un poco.
Abrió la boca, queriendo decir algo que la impresionara, no obstante decidió zanjar eso, ya que sería lo mejor.
-El vino está haciendo efecto...-dijo riendo entredientes al mismo tiempo que se levantaba.-Deberías subir a dormir ya, yo me ocuparé de recoger esto.
Ella lo miró de una forma muy penetrante. Si él se fijaba más en sus ojos podría ver la creciente excitación ya desatada en su interior, al igual que si ella se fijaba en los suyos.
Notaba la humedad entre sus piernas y eso hizo que la decepción fuera más dura. Aunque él no estaba muy diferente.
-Creo que sí.-rio cogiendo su plato.
Tampoco era justo que recogiera todo solo cuando ella también había cenado y no había participado en cuanto a cocinar se trataba.
Vaciaron juntos los restos en la basura sumidos en su silencio interior y dejaron los platos en el lavavajillas, el cual Rick preparó para que estuviera en funcionamiento hasta que acabara.
-¿Dónde duermo yo?-preguntó distraida mirando por el gran ventanal que daba a la calle.
El agua no había dado ni un respiro a la ciudad, al igual que los rayos. Podían escuchar los truenos crujir en el cielo negro, alumbrándolo todo. Los dos miraron hacia arriba al notar como las luces parpadeaban.
Se miraron, extrañados.
-Se irá la luz.-dijo ella inclinándose un poco queriendo ver el resto de la calle.-Mira, no es solo aquí.
Miró de reojo a Rick cuando se colocó a su lado y su colonia la envolvió. Aspiró su aroma gustosa. Nunca se cansaría de olerlo, era simplemente genial.
-Parece que vamos a tener que dormir a oscuras.-sonrió al verla torcer el labio no muy contenta con ello.-No sé que tienen las tormentas que tanto me gustan.-susurró.
Ella asintió en silencio. El ruido del agua chocando con fuerza contra las ventanas, los toldos, los balcones, la carretera quedó entre los dos.
-Es, relajante.-respondió Kate en su mismo tono de voz.
Ambos abrieron mucho los ojos al ver uno de los rayos romper una nube y que esta iluminara todo de una forma que solo pudieron describir como fascinante.
No se inmutaron demasiado cuando las luces estallaron dentro del loft y todo se sumió a la penunmbra, pues sabían que tarde o temprano acabaría sucediendo.
-Genial.-musitó.-Iré a por un par de velas.
-Te acompaño.-se apresuró ella a decir siguiéndolo.
Él rio ante la velocidad de su gesto. Sin dudas era demasiado mona, aunque no quisiera reconocerlo.
-¿Tienes miedo a la oscuridad?-enarcó la ceja, pero luego pensó en que ella no podía verlo.
-No.-respondió con una risita divertida.-A los rayos.-un trueno hizo que se sobresaltara y que Rick no pudiese aguantar la risa.
-Están en uno de los armarios del comedor.-dijo refiriéndose a las velas. Se guió a través de su instinto y de lo conocida que tenía su casa a esas alturas, ayudado también de los destellos que producían el mayor miedo de Kate.
Notaba constantemente la sensación de tenerla en su espalda, callada pero seguro que pensativa, como siempre. Debía reconocer que mas de una vez había querido adentrarse en sus pensamientos...
-Vale, coge.-se agachó abriendo el enorme cajón. Dentro palpó a ciegas varias cosas de las que no tenía ni idea hasta toparse con un par de velas blancas. Parte de ellas se las entregó a Kate y la otra mitad las cogió él.
Fue repartiéndolas en los puntos clave de la casa, así como eran la cocina, su estudio, su dormitorio, algunas en el comedor y dejó otras en el pasillo superior para que Kate pudiese ver, y la última la dejó en la habitación de ésta.
-Si necesitas cualquier cosa estaré en mi cuarto.-eso sonó más como una propuesta indecente que como una ayuda.
-Claro, tranquilo.-respondió sentándose al borde de la cama. A la luz de las velas se veía muchísimo más sexy e intimidante.
Las facciones de su cara estaban ocultas bajo el juego de sombras que la vela le proporcionaba. Paseó la mirada de nuevo por su torso. Las ganas de tocarlo libremente eran reales.
Le dedicó una sonrisa amable, porque si hacía lo que tenía en mente no saldría nunca de esa habitación. Volvió a mirarla un par de segundos, dudoso, viendo que ella tampoco quería que se fuera. Sin embargo terminó haciéndolo no muy contento con su elección.
Suspiró frustrado unas cuentas veces sobre su iPad. Ni siquiera leer podía entretenerle, su cabeza estaba fija en Kate, en que tan solo estaba a un par de metros de ella y deseaba hacerla suya.
¿Por qué todo era tan difícil? ¿Por qué no decirle de una vez que la quería? Ya estaba loco por ella, no podría librarse aunque quisiera de todo lo que sentía. Era idiota.
Estaba harto de todo ese rollo de intentar ser frío con ella. Prefería arriesgar todo y perder, que no arriesgar. Dejó el iPad en la mesita de noche, en la única donde no habían velas. Se pasó la mano por el pelo, despeinándolo mientras pensaba en lo que iba a hacer.
Tenía ganas de besarla, de estar con ella en su cama, de sentirse querido y de quererla.
Apareció sigiloso en el comedor. No había más luz que la que desprendía una vela situada en la mesita baja entre sus sofás. Seguía lloviendo fuera, podía escucharse sin ningún empedimento. Pero su vista estaba fija en la escaleras de metal, su única prioridad en esos momentos.
El corazón de Rick comenzó a latir con una fuerza sobrehumana cuando la vio bajar, observaba sus pies, supuso que con miedo a caer y eso le hizo sonreír, porque así era ella, le hacía sonreír por todo.
Al verlo de pie, al borde de la escalera, con las manos metidas en los pantalones de chandal y aún mejor, esperándola, no pudo evitar sobresaltarse un poco, pues era algo que no esperaba.
Él no le dio tiempo a decir nada, le alargó la mano, esperando a que ella la agarrara y la acercó a su cuerpo. Sus manos se posaron en la cintura de Kate, al igual que las de ella rodearon su cuello.
No podía creer lo que estaba pasando, que Rick la mirase de esa forma. Sus ojos azules se veían oscuros, con dejes de lujuria y cariño. Sonrió cuando le acarició la nariz con la suya. Y por fin hizo eso que tanto llevaba queriendo hacer: enterró las manos en sus mechones castaños.
Rick acercó sus labios a los de ella, fundiéndose en un beso lento y apasionado al mismo tiempo. Sus lenguas se rozaban deseosas de más, explorando las ya conocidas bocas. Él dejó un pequeño beso en ellos al escucharla suspirar.
Eso era lo que quería, tenerla entre sus brazos, totalmente suya, pero no se imaginaba que él fuera a comportarse de esa forma la primera vez que lo pensó. No pensaba que su corazón latiría con fuerza contra el pecho de ella, ni que besar su boca fuera el mayor placer del mundo. No, no lo esperaba.
Deslizó las manos hasta llegar a sus gluteos, dónde se recreó para masajearlos. Al oirla gemir sobre su boca, su miembro no tardó en endurecerse. La alzó sin ninguna dificultad, y cuando su sexo chocó contra su pelvis fue él quién gimió roncamente.
No dudó en ir de vuelta a su habitación. Estaba excitado, duro, deseoso y hambriento de ella. Llevaba demasiado sin hacer nada, y ni el cuerpo ni los labios de Kate ayudaban.
La tumbó delicadamente en su cama
-Voy a hacerte dos preguntas.-susurró él sin dejar de besar sus labios.
Los ojos de Kate brillaban llenos de excitación. Y sus labios se veían hinchados y rojos producto de los besos de Rick.
-La primera.-tentó sus labios riendo.-¿Eres virgen?
Esa vez fue ella la que rio en voz alta. Rick sonrió divertido. Era el sonido más bonito del mundo. Todo en ella era perfecto.
-No.-susurró inclinándose para morder su labio inferior.
Él gimió muy bajito, sintiendo su erección vibrar dentro de los boxers, dolorida. Ella podía notarlo duro y grande rozándose contra su humedad.
-Dos.-se levantó, tirando de la cinturilla del pantalón hacia abajo, quedándose en calzoncillos.-¿Tomas la píldora?
-No.-se mordió el labio inferior al ver el hinchazón en el boxer.
Su piel ardía, los besos de Rick se sentían calientes y estaba más empapada que nunca.
-Me lo imaginaba.-rodeó la cama dirigiéndose a la mesita de noche. De uno de los cajones sacó una caja de preservativos, pero la dejó ahí.-Ven.
Volvió a agarrarla y la puso en pie. Siguió besándola lentamente, todo lo que su excitación le permitía, por muchas ganas que tuviera de romperle la ropa y hacérselo rápido como solía hacer. Esa vez quería que fuese lento.
Paseó sus labios desde su mentón hasta su clavícula, sacando su lengua en ciertos puntos. Le gustaba cómo ella se aferraba a sus biceps cuando sentía sus piernas fallar gracias a sus caricias. Olía a cerezas, aun después de haberse duchado con su gel, seguía teniendo ese característico olor suyo.
-¿Ibas a meterte en mi cama?-preguntó con la voz más ronca que su garganta pudo producir. Acarició su piel debajo de la sudadera y la encontró ardiendo.
-¿Ibas a hacerlo tú?-vaciló ella queriendo mordiéndole el cuello de forma excitante.
-Puede ser.-capturó sus labios antes de que pudiese cumplir con su objetivo. Le pidió que levantara los brazos para que la sudadera saliera mejor.
-Puede que yo también.-tiró de su pelo al sentir sus labios absorbiendo con fuerza la piel de su cuello. Gritó. Por primera vez en su vida gritó de placer.
Lo vio descender a base de besos por su pecho, disfrutando de su sujetador, apretándole ligeramente encima de este. Sus pezones estaban duros, receptivos y deseosos de escapar.
Las veces que había soñado con el cuerpo de Kate así, semidesnudo no superaban las expectativas de lo que realmente era. Tenía unos pechos firmes y turgentes encerrados en un sujetador de encaje negro, muy sexy.
Lo que sí hacía que Rick perdiera la poca cordura que le quedaba era el piercing colgando graciosamente de su ombligo. O el tatuaje de su cadera dónde podían verse varias mariposas alzarse con elgancia sobre una enredadera que se perdía por la parte trasera de su espalda.
La miró a los ojos antes de introducir la lengua en su ombligo y juguetear con el piercing dentro de su boca. Ella se mordió el labio sintiendo la reacción directamente en su húmeda entrepierna. Tenía la carne de gallina aunque Rick dejase una senda ardiente dondequiera que sus manos tocasen.
Bajar sus pantalones no fue difícil, en cambio se quedó arrodillado embobado con la visión del tanga negro. El culo de Kate era aun más perfecto de lo que había imaginado, redondo y respingón. No pudo contenerse en morderle un cachete, escuchando su risita de fondo.
-Túmbate.-se repasó el labio inferior con el pulgar, difrutando de las vistas.
Kate se estremeció por el tono que acababa de usar, duro, excitado y cortante. Sin embargo algo le decía que lo obedeciera sin decir nada, y eso hizo. Se deslizó entre las sábanas hasta quedar tumbada totalmente sobre la cama.
Rick la siguió enterrándose entre sus piernas. En el momento en que sus pieles desnudas chocaron, una pequeña explosión ardiente surgió entre los dos cuerpos. Rick observó detenidamente sus labios y volvió a rozarlos provocando, al mismo tiempo que su mano acariciaba el costado de ella.
-Dios, Kate.-gimió contra su oido cuando la mano de ella apretó un poco su entrepierna. Necesitaba entrar en ella y soltarse.
Desabrochó su sujetador con maestría, tirándolo después a un lado. Arremetió sobre sus pechos, lamiendo, succionando, deseoso de devorarlos y no dejar rastro. Kate no podía dejar de gemir, aunque fuese en voz baja o tuviese que morderle a él para que no sonase demasiado, pero le era inevitable.
-Oh, dios.-repitió al sentir su lengua rodear una de las aureolas y acto seguido tirar con los dientes de su pezón.
Alzó las caderas con fuerza, chocando contra el duro miembro de Rick. Éste suspiró ahogado.
-Siento lo que voy a hacer.-ella lo miró extrañada, con el rubor rojo tiñendo sus mejillas y la respiración entrecortada. Él sonrió, metiendo los dedos en la costura del tanga y rásgandolo de un solo movimiento.
Agarró rápidamente el preservativo, dejándo que Kate deslizara sus boxers por sus piernas al mismo tiempo que él teminaba de abrirlo.
Gritó al sentir su mano subiendo y bajando alrededor de su pene, sin consideración. Temió terminar ahí cuando ejerció presión en la punta.
Se sentía ardiendo, sudado y exprimido entre tanto placer retenido. Sus piernas estaban en tensión, al igual que todo su cuerpo.
-Para, para.-ella sonrió complacida al verlo al borde de la mismo, y aún más saber que era ella la causante.
-Te veo precipitado.
Se mordió el labio inferior observando cómo el condón entraba sin ningún esfuerzo en la inmensa longitud. Sabía que él era grande, era algo que había notado desde el primer día en el bulto de sus pantalones, sin embargo eso era mucho mejor que sus pensamientos.
-Levanta las rodillas-jadeó sin poder aguantar ni un minuto más la situación.
Ella obedeció al instante. Lo miró a los ojos, y él se concentró profundamente en los suyos. Quería observar su reacción, lo que era capaz de producir en su cuerpo.
Colocó su miembro en su entrada, y aún con el preservativo podía notar lo húmeda que estaba. Suspiró largo y tendido. Los labios de Kate seguían estando secos e hinchados.
No dudó en introducirse lentamente en su interior, sintiendo como sus paredes internas lo abrazaban y todo quedaba resuelto en ese momento.
Ella echó la cabeza hacia atrás gimiendo. El tamaño de Rick era el adecuado para hacerla gemir en tan solo una embestida. Éste aprovechó para morderle el cuello de forma cariñosa.
Embistió un par de veces más. Supo que hacía tiempo que no mantenía relaciones sexuales, pues estaba un poco estrecha, sin embargo se sentía genial bajo sus brazos, bajo sus besos, era simplemente extraordinario, como ella.
La escuchó gemir una y otra vez cerca de su oido. Sus uñas se clavaron con fuerza desde sus biceps hasta su espalda. Sonrió contra sus labios, mordiéndolos.
-Rick, no puedo más.-gimoteó con la vista nublada por el placer. Su pecho ascendía y descendía a juego con el suyo, los dos sudados, cansados y a punto de estallar.
Kate se retorció bajo su cuerpo cuando él introdujo una mano entre los dos y la acarició dónde más lo necesitaba. Diez segundos, y ella ya había saltado al vacio , sintiendo como su entrepierna se encogía y apretaba más que nunca a Rick.
El apretó la mandíbula al escucharla. Embestió unas últimas veces antes de descargarse por completo en su interior, a borbotones. Esperó escondido en el hueco de su cuello a que su respiración se volviera regular.
Nunca, en su vida, podría decir que había probado otras cosas mejores. Kate lo había llevado a los más alto siendo lo más simple, y no solo hablaba del sexo, sino de sus sentimientos.
Le apartó el pelo sudado de la frente, sonriéndole como no lo había hecho con ninguna otra, y finalmente, besó sus labios.
-Quédate conmigo.
El corazón de Kate latió con fuerza. Richard Castle el manipulador y frío agente del FBI le pedía que se quedara a dormir en su cama. Miró sus ojos, queriendo cerciorarse de si sus sentimientos eran reales. Y solo pudo ver un mar azul oscuro suplicante.
-Siempre.
