Una tormenta impresionante descargaba su furia sobre Londres. Afuera, los muggles corrían a sus casas buscando refugio, mientras un viento huracanado les arrojaba pesadas gotas de lluvia y los terribles truenos amenazaban con rasgar la propia tierra. Dentro, en el ministerio, las ventanas mágicas representaban la gran tempestad con nubarrones descomunales y destellos de relámpago.

Me encontraba en el despacho del ministro. Dentro de la habitación circular se encontraba también Ron, Dashner (el jefe de aurors) y el mismo Kingsley. Habíamos formado una especie de ronda alrededor del escritorio, sobre el cual se encontraba un pensadero. No se trataba de un gran cáliz antiguo y con joyas como el de Dumbledore, sino que este era una especie de copa de cuello muy largo, completamente negro, y de boca lo suficientemente ancha como para introducir la cabeza en ella.

En la habitación había un aura de gran tensión.

-Creí que le habían extraído los recuerdos- dije apretando los puños.

-No podía contártelo todo por patronus, Harry- Dijo Kingsley con su voz grave y pausada. –Existía la posibilidad de que el mensaje lo escuchara alguien que no debía.

-Pero entonces ¿Qué le sacaron?- Preguntó Ron

-No estoy seguro- Respondió Dashner.- Parece ser una especie de recuerdo pero… diferente.

-¿En qué sentido?- Pregunté

-Bueno, para empezar, solo se va a dejar ser visto por una sola persona (sí Harry, vos) y por lo demás, no lo sé, no tiene la consistencia que tendría que tener un recuerdo. La única similitud que tiene es que lo sacamos de la memoria de ese mortífago, sino juraría que es alguna especie de hechizo congelado.

-Magia negra- Sentenció Kingsley

En ese momento Hermione entro en el despacho silenciosamente y se colocó junto a su marido sin decir nada. Ella había ido a dejar a James con la familia de Ron por cuestiones de seguridad, no podíamos dejar al bebé solo en la casa.

Me quedé mirando el frasco donde se encontraba el supuesto recuerdo. Era verdad que saltaba a simple vista que no se trataba de uno común y silvestre, era negro y parecía anormalmente pesado.

-Supongo que sólo hay una manera de averiguar qué es- Dije al fin.

-Harry, es muy arriesgado, no sabemos qué podría pasar- Me advirtió Kingsley

-Si no lo intento volveremos a quedarnos sin ninguna pista, y Ginny ya lleva demasiado tiempo en manos de Voldemort- Sentencié en un tono que no admitía discusiones.

Me acerqué al escritorio y tome el frasco. Casi podía sentir la preocupación de todos, sobretodo de mis dos amigos, pero era algo que tenía que hacerse. Destapé el recipiente y vertí su contenido en el pensadero. El contenido pseudo-gaseoso pseudo-líquido se agitó en su interior. Levante la vista hacia el ministro, le guiñe un ojo en gesto de confianza y me incline sobre el pensadero.

Dolor. El dolor más grande que jamás había sentido golpeó mi cuerpo como una ráfaga mientras mi mente se sumergía en aquel recuerdo. Sentía como si miles de millones de cuchillos fueran cortando mi carne, empezando por mi cicatriz y bajando por el resto del cuerpo. Y luego calor, demasiado calor. Estaba en llamas. Grite, grite tan fuerte como podía pero nadie me escuchaba. Todo estaba oscuro. Las nubes negras se agitaban a mi alrededor. Comprendí que estaba cayendo, pero no me importaba, quizá la caída me matara y así el dolor desaparecería. Iba a volverme loco por la agonía…

Y entonces el dolor desapareció, y descubrí que estaba tirado en posición fetal en alguna especie de túnel, demasiado débil para levantarme, aun temblando por las sensaciones que acababa de experimentar. A lo lejos había una luz cegador , y recorriendo el piso de adoquines se acercaba una figura alta y encapuchada.

Intente incorporarme pero mi cuerpo se debatía en espasmos violentos que me arrojaban al piso de nuevo. La figura estaba cada vez más cerca.

Una fuerza invisible me levanto y me estampo de espaldas contra la pared del túnel, no podía hacer ningún movimiento.

La figura se puso frente a mí, y se bajó la capucha.

El rostro blanco como una calavera con forma de serpiente de Lord Voldemort apareció ante mis ojos.

Una furia sobrehumana recorrió mi cuerpo. Intente abalanzarme sobre él, moverme, alcanzar mi varita, pero aquella fuerza me lo impedía.

-Harry…Poter- Dijo Voldemort- Al fin.

-¡Tú estás muerto!- grité

-Oh sí, claro que lo estoy. Y en este momento, tú también lo estas.

La ira que sentía me impedía siquiera intentar comprender lo que acababa de decirme, aunque siguió hablando como si nada.

-Bueno, no enteramente muerto, todavía- En ese momento su rostro evocó la sonrisa más terrible y aterradora que jamás había visto- Pero lo que tienes ante tus ojos, Potter, es el reino de la Muerte.

Un dolor indescriptible volvió a explotar desde mi cicatriz hacia el resto de mi cuerpo. Grité tan fuerte como podía.

-Duele, ¿verdad?- Decía El Señor Tenebroso- TE HICE UNA PREGUNTA POTTER, DUELE ¿¡NO ES ASÍ!?

-¡SI!- Grité sin poder evitarlo.

El dolor se detuvo, mientras las carcajadas de Voldemort resonaban en el túnel.

-Voy a matarte Harry Potter.

-No…

-Voy a matarte, pero primero voy a destruir todo lo que amas, empezando por esa puta traidora de la sangre.

-¡NOOO!

-¡SILENCIO!

La rabia de Lord Voldemort me golpeo con más espasmos de dolor, y cuando estos terminaron ya estaba demasiado débil como para seguir gritando, mi cabeza colgaba inerte y mi cuerpo solo se sostenía en posición de crucifixión gracias a aquella fuerza.

-Vas a desear nunca haber nacido Harry Potter, voy a destruir todo tu mundo y al final vas a suplicarme que te mate. Pero no lo voy a hacer, no mereces esa piedad. Voy a obligarte a ver como asesino a todos los traidores, esclavizo todos los muggles y castigo a todos los magos que no se unan a mí, y no podrás hacer nada, ¡NADA! Y cuando ya haya cumplido mi destino, solo entonces te mataré. Lenta y dolorosamente.

-No puedes… tú estás muerto…-Logré murmurar.

-Sólo estoy atrapado en este maldito lugar. Y lo único que necesito para salír de aquí son las Reliquias de la Muerte. Y la última que falta la tienes tú.

-¿Cómo…? ¿Cómo…?

-¿Cómo lo sé?- El Señor Tenebroso volvió a sonreír. – Lord Voldemort lo sabe todo, Potter. Leí tu mente en cuanto entraste en el pensadero. Sé de tu conversación con Dumbledore, que te llevaste su varita, que visitaste a Borgin… por si te interesa, fui yo quien robó el diario de Bleedle. Si Potter, también sé donde te estás escondiendo, y cuando mis mortifagos te encuentren y te quiten la varita de saúco, volveré a la vida para atormentarte incluso en tus sueños.

-¿DÓNDE ESTÁ GINNY?- grité

-No te preocupes, sigue viva. Quiero matarla yo mismo y que tú estés ahí para verlo.

-Que te jodan… ¡QUE TE JODAN!

-¿Ah sí? ¿Qué me jodan? ¿QUE ME JODAN? ¡ESTAS MUERTO HARRY POTTER, MUERTO!

Lord Voldemort estiró una mano y tocó mi cicatriz. Otra vez el dolor invadió todo mi ser. Sentía como si me hubiesen tirado metal fundido en la cabeza. El túnel empezaba a desvanecerse, las sombras parecían desgarrarlo. Lord Voldemort reía en una carcajada más terrible mis propios gritos de agonía. En mi mente apareció Ginny, esposada de pies y manos en una pared rocosa, frente a un lago oscuro, iluminado por una lejana luz verde. Ella estaba completamente desnuda, pero su cuerpo estaba desfigurado por cortes horribles, algunos que aún sangraban. Su vientre demostraba su avanzado embarazo, pero eso no había inspirado piedad en sus torturadores. La visión desapareció y el dolor se incrementó. Volvía a estar sumido en sombras giratorias, Voldemort y el túnel ya no existían. Solo existía el dolor…

Abrí los ojos. Una Hermione con el rostro hinchado por las lágrimas se encontraba arriba mío. Comprendí que volvía a estar en el despacho, aunque tirado de espaldas en el suelo. Me encontraba débil, muy débil.

-Harry, ¿qué pasó? –Preguntó Ron preocupado

-Estuviste horas tirado en el piso retorciéndote y gritando- Asintió Hermione con la voz quebrada por el llanto.- Creí que ibas a…

-Estoy bien… estoy- Dije al tiempo que intentaba incorporarme, pero estaba tan débil que ese esfuerzo tan pequeño bastó para que perdiera el conocimiento.

Cuando volví a despertarme, no abrí los ojos inmediatamente. Sentía que estaba sobre una superficie suave y muy cómoda, pero mi cuerpo estaba muy débil y adolorido, sentía que el más mínimo movimiento haría que aquel dolor regresara.

De pronto mi memoria volvió y abrí los ojos.

Me encontraba en el cuarto de huéspedes, en la casa de Ron y Hermione. Me incorporé con un gran esfuerzo, pero tan pronto como me puse de pie, la cabeza comenzó a darme vueltas y tuve que volver a dejarme caer en la cama.

Me armé de valor y volví a intentarlo. Esta vez logré mantenerme de pie, pero el mundo seguía dando vueltas. Camine a tropezones hacia la puerta y salí al pasillo. Me apoye contra la pared y seguí caminando lentamente.

Encontré a mis amigos sentados junto a la chimenea, habían estado hablando de algo que no comprendía, mientras tomaban una taza de té. Pero al verme ambos se levantaron rápidamente.

-¡Harry!- Exclamó Ron caminando hacia mí- Deberías estar descansando.

-No tienes buen aspecto- Asintió Hermione tomándome de la mano y llevándome a una de sus comodas butacas para que tomara asiento.- ¿Qué pasó Harry? ¿Qué viste en el recuerdo?

-No hay tiempo- Conseguí articular.- Tenemos que irnos de aquí rápido.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde?- Preguntó Ron confundido.

-Él sabe dónde estamos- Cada instante que pasaba me sentía más y más débil, tenía miedo de volver a perder el conocimiento.

-¿Quién Harry? ¿Qué pasa?- Por el tono cariñoso y casi infantil que uso Hermione, me di cuenta que creía que estaba delirando por la fiebre o algo así

-Lord Voldemort… él viene…

Mis amigos guardaron silencio, de pronto el ambiente de la habitación dejó de ser cálido y se puso muy tenso.

-Harry, ¿Qué viste?- Murmuró Hermione

-A Voldemort- Estaba tan cansado que no podía mantener los ojos abiertos- Él leyó mi mente… dijo que iba a mandar a sus mortífagos… tenemos que irnos.

Tras un silencio de unos segundos, Ron volvió a hablar:

-Harry eso es imposible, si Voldemort ya recupero su cuerpo, tendría que haber estado delante de ti para poder leer tu mente.

-No hay tiempo… tenemos que irnos… tenemos…

Pero antes de que pudiera terminar la oración, una gran explosión voló la pared opuesta a la que estábamos. Los tres salimos despedidos por los aires y nos golpeamos bruscamente contra la chimenea. Afuera, caminando a través de la terrible tormenta se acercaban unas ocho figuras encapuchadas y con máscara.

La adrenalina golpeó mi corazón y alejó el cansancio y la debilidad como si nunca hubieran existido. Había que actuar rápidamente.

Palpé mis bolsillos buscando mi varita, pero esta no estaba allí. Tampoco la varita de saúco.

-¡Mi varita! ¿¡Donde está mi varita!?- Grite mientras me incorporaba.

-¡En tu cuarto, en la mesita!- Respondió Hermione mientras sacaba la suya y sin perder el tiempo ella y su esposo comenzaron a lanzar maldiciones hacia los intrusos.

Salí corriendo hacia el pasillo. Tan pronto como di dos pasos un destello verde pasó rozando mi cabeza, y tuve que agacharme, pero no me detuve para nada.

En el momento en el que volví a entrar en mi cuarto otra gran explosión se escuchó al otro lado de la casa. No perdí el tiempo y tome mis varitas. La de acebo y pluma de fénix y la de saúco.

Volví al living. Los mortífagos ya habían ingresado en la casa por el gran agujero que habían abierto y estaban rodeando a Ron y Hermione mientras se cuidaban de sus maldiciones.

Bombarda máxima pensé apuntando con la varita de saúco a la sección del techo que estaba sobre los mortífagos. La potencia del hechizo hizo que el techo se desplomara sobre los atacantes, quienes tuvieron que desviar los cascotes con sus varitas, aunque uno no fue suficientemente rápido y quedo aplastado por un gran trozo de viga.

Aproveche la confusión para llegar con mis amigos.

-Salgamos, ¡Ahora!- les dije.

Ambos asintieron con la cabeza y realizaron movimientos idénticos con sus varitas apuntando hacia la chimenea. Esta se rajo por la mitad y reveló una salida oculta. Los tres nos apresuramos a pasar por ella mientras los mortifagos volvían a lanzarnos maldiciones. Una alcanzó mi pierna y me produjo un corte tan profundo que sentía que llegaba hasta el hueso. Grite de dolor pero seguí adelante. Mis amigos ya se encontraban corriendo por el campo hacia el alambrado, después del cual podríamos desaparecernos.

Cada paso que daba era una terrible agonía, mi pierna parecía todo el tiempo apunto de fallarme, pero seguí adelante. La tormenta estallaba sobre mi cabeza, y las maldiciones pasaban rozándome. Ya casi llegaba…

Algo explotó detrás de mí y me lanzo por los aires. Cuando aterrice, sentí como varias de mis costillas se rompían. Me di cuenta que la varita de saúco se me había caído de la mano. No podía respirar. La sangre inundaba mis pulmones.

Los mortífagos estaban a unos treinta metros de mí, no tardarían en alcanzarme.

Sentí unas manos que me tomaban de las axilas y me alzaban. Eran Ron y Hermione.

Me arrastraron fuera de los límites de su casa. Yo ya había perdido todo sentido del tiempo y del lugar. Ya no sentía la lluvia sobre mi cabeza ni escuchaba los gritos de mis atacantes.

De lo único que fui consiente antes de desmayarme fue de que había perdido la varita de saúco.