Un ataque a su persona por parte de unos renegados, y la posterior paliza que les dio Shura, dejó a Gaby con los nervios de punta, por lo que las chicas se verán en la necesidad de ir a animarla. Por accidente, descubren la naturaleza de los mensajes de texto que recibe. Mientras tanto, Rango sigue rumiando pestes, pero por lo visto ahora las pondrá en práctica.
¡HOLA A TODOS! ESPERO EN SERIO haber podido responder todos sus comentarios, considerando que sí me llegaron al correo, aunque la página, por lo menos hasta hace instantes, no mostraba sus reviews. Es algo que lamento de verdad, pero tengan la seguridad que siepre intentaré responderles, aunque me tarde. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 10: Mensajes de Texto
Atenas. Taller mecánico "El Lobo"
Día siguiente. 30 de mayo. 17:20 horas.
Teóricamente debería haber regresado al interior del taller cuando no lo vio esperándola a la salida, pero por esas cosas de la vida, Gaby se olvidó y siguió su camino como siempre lo hacía bajo situaciones normales. Iba distraída, pensando en el almuerzo de ese día: Shura la tenía por completo confundida. De un tiempo a esta parte estaba viendo una faceta muy amistosa, como si hubiera tomado confianza con ella. Desde que le había dado el almuerzo el otro día que había bajado las defensas y, para ser honesta, no era un cambio que le molestara. Prefería un Shura más amable al taciturno y grave que había conocido. Aunque también le agradaba el serio, con esa expresión ruda y afilada que ponía, como que la hacía sentir a salvo, no era el tipo de hombre que se dejaba pasar a llevar y si era capaz de iniciar una cruzada para vengar la memoria de una persona… quería decir que tenía muchas más agallas que ella. No como ella, que no solo tenía una vida aburrida, sino que era cobarde y encima no podía caminar dos pasos sin que la tuvieran que salvar.
Suspiró y siguió caminando. Las personas, según ella, se dividían en dos tipos: quienes tenían suerte y quienes no, como ella.
Una vendetta para honrar a un amor perdido…
Wow. No creyó que eso existiera.
¿Quizás sintió una puntada en el corazón por el anhelo que le destrozaron, junto con sus ilusiones?
"Jordi hijode…"
Se detuvo en seco y miró hacia arriba. Gaby pestañeó perpleja, ajustándose los lentes en el intertanto. Sin darse cuenta tomó aire por la boca y lo retuvo, como por instinto. Miró a su alrededor, notando los autos que circulaban y el resto de los peatones que se dirigían a tomar el bus más cercano o que simplemente pasaban por allí. Los ruidos parecieron ser sofocados y la calma tan quieta, tan familiar… como antes de que rompiera la ola.
Giró sobre sus talones y comenzó a correr de regreso al taller. ¡Esto no le gustaba! Comenzaba a creer que tenía el don de adivinar cuando el peligro se le caía encima como montaña de ladrillos y…
"¡TE ATRAPÉ!"
PAAAAF.
Gaby ni siquiera pensó en su reacción. Le pegó con su bolso en toda la cara, logrando desconcertar a su atacante. Le dio un empujón para sacarlo del medio y siguió corriendo, sin siquiera gritar. El renegado saltó de la nada: su plan era emboscarla por la espalda y así arrastrarla hasta un lugar más privado para terminar con su vida, pero su plan no resultó. Primero, no se esperó que la chica saliera corriendo en la dirección contraria, segundo, ese golpe con el bolso tampoco estaba pronosticado, menos el empujón, y tercero… ¿De verdad le dijeron que era dócil? ¡Con un demonio! Tampoco corría gritando que la ayudaran. El renegado salió en pos de la mujer casi trotando, como jugando con ella tal como un gato juega con su presa antes de matarla. Quizás podría divertirse un poco. ¿No le habían dicho que tenía alma de damisela en desgracia? Esta mujer solo quería ponerse a salvo, pero… ¡¿Y los gritos?! Le gustaba que una mujer gritase, más cuando la estaba persiguiendo. Eso lo excitaba.
"¡SHURA!"
Bueno, no ese tipo de gritos.
¡¿Qué clase de pedido de auxilio era ese?! ¡Apenas se escuchó! Gruñó entre dientes y aceleró el paso. Quizás tendría que ponerse creativo para hacerla chillar con más ganas. Dio un salto hacia delante y la sujetó de brazo, deteniéndola con fuerza y dándole una buena sacudida.
"¡Ven aquí, perra!"
PLAAAF.
Zas. ¡En toda la cara! Gaby aprovechó el movimiento al girarse para darle un bofetón que sonó precioso.
"¡La Remil Que Te Parió!"
"¡Tienes que aprender moda…!"
¡POW!
El renegado no supo más del mundo. Lo último que creyó ver fueron los nudillos de Shura como medio segundo antes de que se le apagaran las luces y dos de sus dientes volaran en el aire. Allí donde momentos antes estuviera Gabriela, ahora Shura estaba en gloria y majestad, sujetando a la chica contra su costado con su brazo izquierdo. El dorado, grave y estático, soltó a su protegida con cuidado, sin dejar de mirar al sujeto.
"Disculpa, me distrajeron otros renegados." Al menos sonaba sincero.
"Creo que… tenemos que dejar de encontrarnos así, español." Gaby se llevó una mano al corazón.
"No te alejes. Aún queda un tercero."
"¡Un Tercero! Pero si solo he visto…"
Antes que Gabriela lo viera venir, Shura la levantó en brazos y la apartó del camino justo a tiempo cuando otro renegado le saltó encima dispuesto a clavarle un puñal, el cual terminó olvidado en el suelo, y quien intentase darle uso estampado contra la pared, con la nariz sangrando e inconsciente hasta nuevo aviso, gracias a la soberbia patada que le dio el dorado.
"¡Lo mataste!"
"No." Shura dejó a Gaby en el suelo. "Despertará eventualmente." Le dijo mientras le revisaba la cara. "¿Estás bien?" Le preguntó mientras le ajustaba los lentes.
Gaby asintió sin emitir palabra. Estaba a medio camino del shock y el susto. Miró a Shura unos instantes y asintió con cautela. Se sujetó el brazo y miró a su alrededor. Dos renegados yacían inconscientes, aunque el español había hablado de un tercero. ¿Dónde estaría? La gente comenzaba a agruparse y pronto corrieron las voces de que quienes estaban en el suelo habían intentado asaltar a la mujer. Tan lejos de la verdad no estaban en todo caso.
Por lo visto Shura aquél día se sentía generoso, pues cuando llegó la policía, ésta se llevó a los dos renegados que Gaby había visto, sin que el dorado protestase. Del tercero nada se supo. Una vez que les tomaron declaración y los dejaron ir, ambos comenzaron a caminar a paso tranquilo, fundiéndose de nuevo entre la multitud. Una buena hora debieron haber perdido en este trámite, y la tranquilidad con la que Shura enfrentaba la situación era casi psicodélica. Gaby quiso ponerse nerviosa, quizás chillar, pero… no. Como que se sentía segura, como que no debía exagerar. Se sobó el brazo… como que le dolía un poco.
"Si quieres le pido a Aioria que te ayude con el brazo."
"No, no es grave. Si me lo hubiera roto tal vez, pero no." Gaby se mordió el labio. "Gracias por la ayuda."
"No es nada."
"No tienes porqué." Gaby se encogió de hombros. "Ya te dije todo lo que sabía. Gracias por la ayuda."
"Puede que eso sea cierto, puede que no. El asunto es que los renegados no lo saben y sigues siendo blanco para ellos mientras no los elimine. Eso ocurrirá pronto." Aseguró Shura, quien suavizó el rostro. "Y no por eso dejaré de cuidarte, Gabriela."
El dorado le corto el paso y la tomó por los hombros. Una chispa iluminó los ojos de la mujer por unos instantes antes que se apagara y el corazón volviera a dolerle por los anhelos despreciados. Gaby suspiró de pena, aunque sin perder de vista a Shura, quien tras unos segundos la abrazó por breves momentos.
"Vamos al Santuario, allí estarás más segura." Le dijo Shura algo cohibido. "Vi el bofetón que le diste a ese sujeto: estuvo precioso."
"¿Le di un bofetón? Con razón me duele la mano."
"Jejeje… no te diste cuenta."
"Solo reaccioné. ¿Estuvo bien?"
"Estuvo perfecto." Shura entonces tomó la mano derecha de la chica y la posicionó mejor. "La próxima vez trata de dar el golpe así, usando esta superficie. O podrías darle un puñetazo en la nariz, pero de esta manera." Le explicó corrigiendo de nuevo la pose. Se sonrojó un poco cuando se dio cuenta de lo que hacía y soltó su mano. "Claro. O siempre puedes llamarme y doy los golpes por ti."
"Gracias Shura." Le dijo Gaby, con una honesta sonrisa. El aludido tragó saliva.
"Err… ¿Quieres que le pida a Geist que te acompañe esta noche? No quisiera que estés sola."
"¿Geist? Claro, creo… que podría usar la compañía." Reconoció Gaby de buena gana. Shura volvió a darle otro abrazo, sin que pudiera interpretar el porqué de la actitud. Cuando la soltó, le dedicó una sonrisa.
"Vamos, aún nos falta alguna distancia."
Santuario de Athena. Ex Cabaña de Marín.
Más tarde ese día. 30 de mayo. 20:34 horas.
Geist se desparramó en la silla y bebió otro sorbo de la cerveza que estaba tomando, levantó una ceja mientras veía como Gaby iba y venía por la cabaña ordenando cosas aquí y allá. Cuando Shura la llamó y le pidió que la acompañara un rato, había pensado que tendría que lidiar con una lacrimógena mujer, pero Gabriela solo lucía algo nerviosa, no mucho. Quizás era porque la conocía un poco más, pero no estaba más nerviosa que el primer día. Eso se agradecía, los gustos de Shura mejoraban.
Tweet. Tweet.
Levantó la otra ceja, curiosa. Shura había esperado que llegara a la cabaña antes de irse, no quiso dejar sola a Gaby. Eso ameritaba su atención, con lo práctico que era, extrañaba que no se hubiera ido en seguida. ¡Se estaba involucrando! Conocía a Shura, sabía en qué fijarse. Sonrió casi sin darse cuenta… quizás tenía suerte y estos dos se hacían amigos. ¡Athena! ¡Que se hicieran amigos! De allí todo podía pasar y hasta era capaz de hacer un sacrificio a la diosa Afrodita.
"Les diste un bofetón y no se las pusiste fácil. ¡Date por satisfecha, ragazza!"
"En cierta forma eso me consuela." Dijo Gaby mientras lavaba los platos de nuevo. "Seguro hice el ridículo, pero sentí que era hora de plantar los pies. Mucho dejarse llevar."
"Dejarse llevar no es mala táctica en el agua." Geist ladeó la cabeza curiosa. "De hecho, cuando te atrapan las corrientes…"
"… debes dejarte llevar. Tarde o temprano el mar te saca y te da una ínfima oportunidad para salir."
Tweet. Tweet.
"Entonces necesitas toda tu fuerza, y si la malgastaste, estás perdida." Terminó Geist muy seria. "Para ser alguien que le teme tanto al agua, tienes eso muy claro."
"Salvó mi vida una vez." Dijo Gaby muy seria. "Mi hermano mayor no dejaba de repetirlo… la última vez que me lo gritó, lo puse en práctica… y aquí me tienes."
De pronto el agua que caía del grifo era lo único que resonaba en la cabaña. Gaby se quedó como hipnotizada observando como caía el líquido sobre los platos. ¿En serio acababa de hacer esa confesión? Wow. Geist entrecerró los ojos, como intentando explorar su alma, pero sin atreverse a dar el paso. Bajó los hombros y suavizó las facciones.
Tweet. Tweet.
"Casi te ahogaste, ¿verdad?" Preguntó Geist con suavidad. "¿Qué edad tenías?"
"Catorce. Fue… en unas vacaciones familiares, la corriente me atrapó y no me dejó salir." Gaby apagó el agua y bajó los brazos. Se sentía raro hablar de ello. "No hablo de eso."
Geist enarcó una ceja. El tono de voz que Gaby había usado rayaba en lo lúgubre, y era tajante: no diría una sola palabra más al respecto y hasta parecía avergonzada de haberlas pronunciado en primer lugar. Honestamente podía entender que para una persona normal quedar atrapada en corrientes marinas agresivas no podía ser una experiencia del todo agradable, pero al menos en el caso de Gaby, que por ningún motivo parecía una debilucha, no le parecía que fuera suficiente como para provocarle la feroz fobia que tenía al mar. A ver… tenía catorce… lo que sea que le haya pasado ocurrió hacia el 2004… saquemos cuentas mentales… Lo único que se le ocurría era el…
TOC. TOC. TOC.
Tweet. Tweet.
"¡GABY, ABRE!"
Ambas mujeres volvieron la mirada hacia la puerta y Gabriela no tardó en ir a abrirla. Geist siguió sacando cálculos mentales mientras bebía más de su cerveza. Antes que pasara mucho rato, Isabella y Alisa entraron a la cabaña. ¿Y de donde había salido este lote? Levantó su cerveza a manera de saludo, mirando brevemente al techo, como quien no quiere la cosa.
"¡Qué hubo!"
"Hola a todas. ¿A qué debo el gusto?" Preguntó Gabriela mientras dejaba que el mujerío entrase.
"Supimos que tuviste un percance hoy en la tarde." Explicó Alisa. "Vinimos a ver como estabas."
"Un poco de apoyo nunca sobra." Dijo Isabella. "Al menos esos tipejos recibieron su merecido." La policía miró fijo a Gaby. "¿Te lastimaron?"
"No… la verdad…"
Tweet. Tweet.
"… nada más grave que algunos zarandeos. Gracias."
"Oye, ese teléfono ha sonado un montón de rato." Gruñó Geist. "¿Shura te está mandando mensajitos?"
"¡Claro que no!" Gruñó la chica mientras abría una de las alacenas y sacaba algunos bocadillos y trataba de ordenarlos en un plato. "Quien quiera cerveza aproveche antes que Geist se la acabe toda."
"No, yo no, gracias. Quizás luego."
"Jajajaja, yo acepto. Tuve un día largo." Dijo Isabella, mientras tomaba una botella y se sentaba a la mesa. El celular de Gaby volvió a anunciar la llegada de un mensaje. "¿Dónde está el celular?"
Geist indicó con el mentón al aparato, que yacía inocentemente sobre la mesa. Alisa se sirvió agua y ni bien pusieron los bocadillos al alcance, papas fritas, las cuatro sacaron algo para comer y comenzaron a conversar. Gaby se sintió por momentos algo abrumada cuando todas las preguntas cayeron en su persona. Hasta ese momento Geist casi no había preguntado qué pasó (Shura le contó por cosmonet) pero al menos no se veía que Alisa o Isabella estuvieran preguntando de chismosas. Miró de reojo a Gaby… tan educadita respondiendo preguntas cuyas respuestas de poco le interesaban. Sabía que estaba bien, lo que ella quería preguntarle era sobre su accidente con el agua, ese del que no hablaba. ¿Acaso tendría que esperar?
"Chicas, no agobiemos a Gaby. Lo importante es que está…"
Tweet. Tweet.
"¡Argh! ¡Dale con los mensajitos!"
"Sí que es insistente." Comentó Alisa. "Hay gente que te quiere, seguro quiere saber como estás."
"Ya avisé que estoy bien. Al menos a la gente que me interesa. Debería apagarlo, pero… no quiero ver el celular."
Gaby se levantó de la mesa casi con elegancia, tomando el platón con las papas para reponer un poco más, felicitándose en secreto haberlas comprado. Como que intuía quien le mandaba mensajes, pero en serio no quería ni siquiera ver. Estaba algo sensible y no quería perder la compostura, que ya había tenido mucho estrés por un día.
"Mujer, tienes el celular sin clave." Rezongó Isabella, mientras abría el teléfono. "¿Puedo ver quien te escribe tanto?"
Un hielo le recorrió la espalda y la pensó durante unos segundos. Miró por momentos a Isabella y suspiró derrotada. Ni modo, eran solo mensajes, nada comprometedor, además así salía del trámite casi en seguida.
"Supongo, pero no me hago responsable si son fotos porno." Comentó con una sonrisa, provocando las risas de las demás.
"¡Eres de las mías, Gabriela! ¡Salud!" Brindó Geist junto con Alisa.
"Vamos a ver… Uff… tienes al sujeto en MEGA HIPER VISTO." Comentó Isabella. "Ah, qué delicado." Gruñó entre dientes.
"¿Una foto porno?" Preguntó Alisa en broma.
"No. Escuchen… Gabita, vi como te asaltaban. Supongo que estás bien. ¿Qué clase de mensaje es ese?"
"¿Quién lo escribe?" Preguntó Gaby congelada, pero no sorprendida. Se sentó con garbo de regreso en su silla. Sintió un vacío en el estómago.
"El mismo tipo. Te manda un montón de emoticones. ¡Qué imbécil! Si vio como te asaltaban, ¿por qué no te ayudó?" Isa arrugó el ceño. "¡Athena! Escuchen esto: ¿Nos vemos esta noche?, mi…"
Isabella se quedó muda y perpleja, no pudo terminar la frase, quizás por decoro. Lo que sí, ni siquiera vio cuando Gabriela le arrebató el celular de las manos y se quedó viendo enfurecida la pantalla, leyendo el resto del mensaje, perdiendo puntos de cortesía y decoro a medida que lo revisaba una y otra vez. La elegante y medida Gabriela, que apenas levantaba la voz, tenía los ojos desorbitados de rabia y la mandíbula apretada. Los lentes se habían deslizado un poco por su nariz y hasta se había despeinado un poco. Las chicas la miraron llenas de curiosidad, nunca se habrían esperado una reacción así de termonuclear por parte de la chica.
"¡¿Y este marrano qué se ha creído que soy?!" Siseó con furia. "¡¿A MI QUÉ ME INTERESA que no esté la tipa por la que me dejó?!"
Hubo un intercambio de miradas entre las chicas y nadie se atrevía a decir nada. Gaby cerró los ojos con fuerza, dejando rodar algunos lagrimones. Entonces encendió la opción para mandar un mensaje de voz.
"¡LA QUE TE PARIÓ! ¡¿CÓMO TE ATREVES A INSINUAR ALGO ASÍ?! ¿Acaso te piensas que nací en un arrabal o algo, hijo de la reput****a madre que te remil parió? ME DEJASTE POR ESA MUJER. CUATRO MESES, Y ME DEJASTE SIN NINGUNA EXPLICACIÓN por esa pobre tipa tonta e ilusa. ¡¿Y TE CREES QUE ESTOY TAN DESESPERADA COMO PARA CAER EN TUS BRAZOS?! ¡JURO QUE SI TE VUELVO A VER TE DENUNCIO A LA POLICÍA POR ACOSO, BASTARDO MALABORTADO!"
Y tras enviar dicho vociferador… digo, amable mensaje de voz, Gabriela lanzó el teléfono al suelo, el cual recogió Geist con cuidado. Las chicas miraban a Gaby de hito en hito, sin poder creer lo que acababan de ver. Gaby se tapaba la boca y de sus apretados ojos se le escapaban algunos lagrimones. Con manos torpes se ajustó los lentes al tiempo que Alisa le indicaba que se sentara. Nadie decía nada, y toda la atención la tenían en la chica. Quien tras sollozar unos instantes, se armó de valor para verlas.
"Lo lamento mucho… me fue superior, no pude controlarme. Hoy… ha sido un día difícil." Gaby se ajustó las ropas. "Creo que tengo que disculparme, no fue nada digno lo que hice." La chica intentó alcanzar su celular, pero Geist no la dejó.
"Si le dijiste todas esas cosas, se las merecía." Le dijo frunciendo el ceño. "Seguro te sientes más liviana."
"Pues sí…"
"¿Quién es el sudes?" Preguntó Isabella intrigada. "Porque para que una chica como tú le haya gritado así, tiene que ser importante."
Gaby bajó los hombros. Como que de pronto no le importaba si escondía o no sus dolores, solo quería sacárselos del pecho. Este grupo de chicas no parecía chismoso o malo, no las conocía lo suficiente, pero… a veces la confianza entre extraños es valiosa y ¿Quién sabe? No tenía muchas amigas, quizás… quizás era hora de comenzar a tender puentes.
"Gaby… si no quieres contarnos, está bien." Comenzó Alisa. "Pero… esa rabia que tenías guardada hace mal. Además te podemos ayudar a planear una venganza."
"O azuzar a la cabra dorada en la dirección correcta." Añadió Geist.
"No es necesario." Gaby volvió a ajustarse los lentes. "Verán… ese mensaje es de mi ex." La chica se mordió los labios. "Mi vida es gris. Llevo años tratando de… recuperar mi alegría. No es lindo no querer morir, ni vivir… el año pasado conocí a Jordi." Gaby se detuvo unos instantes, pensativa. "¡Maldito! ¿Cómo no me di cuenta?"
"Te enamoraste." Dijo Isabella.
"Mi tía me dice que no me enamoré de él, sino de lo que me hacía sentir. Lo cierto es que volqué mi corazón en esa relación. Jordi… era el centro de mi vida, y sin duda que era encantador." Gaby hizo un puchero y tensó toda la musculatura de la espalda. "Dijo que me amaba…"
"Ay, no me gusta para donde va eso…" Se lamentó Alisa condolida de antemano. "¿Cuánto tiempo duraron?
"Cuatro meses. Creí que era feliz… un día, como a principios de enero, yo iba hacia mi auto. Estaba en un estacionamiento cerca de mi trabajo… y… me mandó un mensaje." Gaby tomó aire, una gran bocanada, tratando de tragarse el nudo que sentía. "Me dijo que estaba saliendo con una chica del trabajo hacía dos meses y que iba a conocer a sus padres, y que lo nuestro llegaba hasta ahí."
El cambio de atmósfera fue notorio. Geist, Alisa e Isabella abrieron los ojos indignadas y dejaron caer los hombros.
"¡Momento! Tú estabas saliendo con él: llevaban cuatro meses… ¿Y te dejó por otra tipa con la que se metió mientras salía contigo?"
"Bueno… supongo que también fue mi culpa… lo consentí mucho y…"
"¡Cazzo!" Maldijo Geist. "Puede que tengas razón, pero el que se metió con la otra fue él, no tú."
"¿Te botó por Whatsapp? ¡¿Por mensaje de texto?!" Gruñó Alisa entre dientes.
"¡Hijo de su muy…!" Comenzó a decir Isabella, antes de sacudir la cabeza. "Eso no tiene padre ni madre." Siseó molesta. "¡No puedo ser la única que cree que eso es otro nivel de maldad!"
Gaby se fijó en el borde de la mesa, como queriendo perderse en la madera y nunca más salir de allí. Geist le puso una cerveza en la mano y la obligó a tomar unos sorbos con algo de brusquedad. Alisa le puso una mano en el hombro.
"… no puedo creer lo infeliz que fue." Le dijo la bombero en un susurro. Gaby se volvió hacia ella y ajustó sus lentes una vez más. Hizo un puchero.
"¡Pero fue capaz el malparido! Me rompió el corazón." Dos lágrimas le brotaron de los ojos. "Una que se enamora como imbécil y aun así…" Se detuvo unos momentos para tomar aire y controlar sus emociones. Señaló su celular. "Todavía tengo el mensaje, ¡No soy capaz de borrarlo como contacto! No puedo, no puedo y sé que me lastima, pero no… no puedo. ¡Y ahí está! Me hace daño, pero no puedo borrarlo."
Isabella estiró la mano y le quitó el celular a Geist. Rápidamente lo desbloqueó, maldiciendo entre dientes por la falta de clave y abriendo la aplicación casi en seguida.
"Vamos a ver… Aaaargh, ¡lo tienes sin clave! ¿Cómo era que se llama el sudes?"
"¡Lo acabas de leer tú misma, Isa!" Protestó Geist acercándose. "¿Qué es un sudes?"
"Sujeto Desconocido. Jerga policial: también sirve el término ignoto." Explicó mientras buscaba el mensaje en cuestión. "Con la rabia se me olvidó."
"¡Jordi!" Exclamaron Alisa y Gaby al mismo tiempo. "Me cae mal…" Continuó Gaby entre pucheros. "Tanto que lo amé. ¡El muy ca**ón me hizo pedazos! Con lo que me cuesta ser feliz…" Alisa abrazó a Gaby, mientras Geist le puso una mano sobre el hombro.
"Ah sí, aquí está. Vamos a ver qué dice." Dijo Isa al encontrar el mensaje en cuestión. Rápidamente Alisa y Geist se agolparon a ella.
"¡Ahí está el mensaje!" Alisa señaló sorprendida, más al ver la fecha del mismo. ¡El 10 de enero!
Si la fecha pasó desapercibida o no, nunca se supo. Las chicas leyeron el mensaje con atención asesina y a todas les recorrió un escalofrío por la cabeza al ver la conversación, que a meses de distancia y considerando que no se conocían bien, del lado de Gabriela se notaba un dolor indecible en sus respuestas. ¿Las del tal Jordi? Una indiferencia y arrogancia que rayaba en lo criminal.
"¡CARADURA!" Exclamó Alisa indignada. "¡Leo estos mensajes y es como si leyera los de mi Ex!"
"Eso fue maldad pura." Gruñó Geist de mal humor. "¡¿Y sigue tan tranquilo por la vida?! Figlio di puttana…
Tweet. Tweet.
Quiso el destino que en eso llegara otro mensaje. Todas las chicas se apresuraron en leer el nuevo mensaje que el tal Jordi acababa de enviar.
"Te estás tomando en serio esto de ignorarme." Leyó Geist en voz alta. "Con razón estás sola." Continuaba el mensaje, pero las chicas no leyeron esa parte. Todas y sin excepción entrecerraron los ojos.
"¡No le respondan!" Suplicó Gabriela intentando recuperar su celular.
Tweet. Tweet.
Otro mensaje del susodicho.
"Sé que me estás leyendo. ¿Estás con la regla?"
Ese mensaje fue como apagar el fuego con bencina. No fue necesario que lo leyeran en voz alta, las cuatro leyeron al mismo tiempo y todas, sin excepción, se erizaron como gatos engrifados.
"¡¿QUÉ SE CREE ESTE MALDITO?!" Alisa sacó su propio celular y abrió la aplicación de mensajería. "MILO: ¡JUNTA ESCORPIONES DE LOS PELIGROSOS! LOS NECESITO." Mandó por voz.
"Tentada estoy de responderle. Conste." Isa soltó el celular como con asco. Geist tomó el aparato y volvió a leer los mensajes.
"La próxima vez que llame, nos aseguramos que Shura responda." Sugirió la amazona. "Seguro lo pone en su lugar."
"¿Se pueden desviar las llamadas de este número al celular de Shura?" Preguntó Alisa a la pasada, mientras guardaba su propio teléfono en un bolsillo. Gaby negó con la cabeza.
"Dejémoslo hasta ahí. No es necesario…" Gaby miró los mensajes, con ganas de llorar. "No sé cómo borrarlo de mis contactos… Quiero, pero cuando lo intento…" La chica hizo un puchero y aguantó las ganas de llorar. Isa le puso una mano sobre las manos.
"Yo te ayudaré. Toma aire… iremos paso a paso."
El tono suave de Isa no admitía réplicas. Alisa y Geist apoyaron a Gaby en silencio, acercándole incluso la cerveza, mientras se decidía a hacer caso y lentamente lograron, con bastante paciencia, que la chica comenzara a obedecer las instrucciones.
Fuera de la cabaña, y más precisamente en el techo de la misma, Máscara y Shura estaban echados sobre las tejas perplejos y estupefactos. Habían llegado poco después que las chicas entraran a conversar con Gabriela, como para asegurarse que no estaba sola, sino bien cuidada, y se hubieran ido si la curiosidad no les hubiera ganado. Escucharon todo. Y también estaban perplejos.
"¡Ese tal Jordi es un Bastardo! Eso no se le hace a una mujer." Exclamó Máscara, quien en seguida le dio un golpe a Shura en el brazo para llamar su atención. "Ten cuidado, Cabra, que estas mujeres te van a meter en una vendetta sin que te des cuenta."
Shura asintió. Eso lo tenía clarísimo, pero no se intimidaba con el desafío. Rápidamente afiló la mirada y la fijó en el cielo.
"Eso no se hace con nadie… Menos a alguien como Gaby." El tipo endureció las facciones. "¡Con razón no me gustaba el muy maldito! Mi pobre Gabriela…" Suspiró apenado. Máscara volvió a llamar su atención.
"Oooooooh, tu Gabrielita…" el santo de cáncer sonrió como un sabelotodo. "¿No te alivia saber que tienes una oportunidad? La ragazza está soltera."
"Y yo de duelo, Máscara. Respeta eso."
"No vas a estar de duelo por siempre, te conozco."
"No… pero no me preguntes ahora." Shura se puso de pie y se sacudió la ropa. "Quizás en dos meses." Gruñó sin pensar mucho en lo que decía. Máscara lo imitó.
"No creas que no te preguntaré en dos meses. ¿Ya nos vamos?"
"Sí. Las chicas necesitan su privacidad." Dijo Shura mientras saltaba al suelo y comenzaba a caminar. Máscara no tardó en unírsele.
"¿Vamos a darle un susto al tal Jordi?" Sugirió con algo de malicia.
Shura lo miró de reojo, con esa expresión de acero que solía tener… pero sonrió travieso al cabo de unos minutos.
"No es mala idea."
Puerto de El Pireo. Escondite de Rango.
En esos momentos. 30 de mayo.
"Debe morir."
Rango entrecerró los ojos mientras miraba al techo, con los puños cerrados, mientras a su alrededor había un destrozo considerable de la estrecha buhardilla que ocupaban. Volvió a fijar la mirada en el tragaluz, observando la noche. Las luces de la ciudad y el puerto no dejaban ver las estrellas, y desde esa dirección no se veía la luna, solo una negrura artificial profunda, pero eso no le impidió llegar a su conclusión. Una revelación que le había llegado tan de golpe, pero al mismo tiempo era tan cierta y lógica que ni siquiera la resistió.
Iba a morir. Esa semana Shura lo iba a matar, de eso no había duda. Le iba a caer encima y seguramente lo último que vería sería Excálibur descendiendo sobre su cuello. O quizás no, a lo mejor lo dejaba con la policía (lo dudaba), o lo encerraba en los calabozos del Santuario. Como fuese podría considerarse ya un hombre muerto caminando.
Apretó la mandíbula junto con los puños. No se iba a ir sin causarle al menos otro golpe. Alguna vez había sido aprendiz de plata, no podía hacerle frente a un dorado aunque se esforzase, pero sí podía causarle otro golpe. Hizo una mueca con los labios que no se supo interpretar como rabia o mofa, pues se trataría de una profecía auto cumplida. Esa mujer… la del metro, la que había estado intentando matar… moriría. Información o no, secreto o no… no, se encargaría de matarla, de preferencia frente a Shura. Tendría menos de un segundo, pero podría hacerlo y eso lo haría feliz. Saber que consiguió mostrarle al maldito santo de Athena que era incapaz de proteger gente haría que todo valiera la pena. Todo.
"¡¿DÓNDE ESTÁ TODO EL MUNDO?!"
Tenía que separar a esos dos, atraer a la mujer a su trampa, lejos del alcance del dorado, sacar ventaja de eso. Al menos tenía una idea como hacerlo, pero tendrían que trabajar desde ya. Esa misma noche tenían que ponerse manos a la obra.
De entre las sombras, unos ocho renegados aparecieron en silencio. Cinco más esperaban fuera y otros seis estaban patrullando los alrededores. ¡Tan pocos! Debieron huir a Nepal ni bien tuvieron la oportunidad, pero bueno… podría ser peor.
"Caballeros, llegó la hora."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Todo Lo Que Se Puede Perder
… Terminó de servirse el café y regresó a su escritorio, revisando algunas cosas antes de tomar en cuenta su celular. No tardó en notar que el mensaje era de su tía.
"¿Huh?"
Casi sin pensarlo, Gaby abrió el mensaje.
El vasito de café cayó al suelo cuando Gabriela se levantó con brusquedad, ahogando un grito en la garganta. Se ajustó los…
Nota Mental: Tengo la urgente necesidad por terminar el próximo fic. Ya queda poco para terminar de actualizar esto, entramos en la recta final, y quisiera tener el siguiente listo… pero bueno, me tardaré lo que me tenga que tardar. A ver si así logro aplacar el genio de varios personajes que tienen ganas de asesinarme en estos momentos. A todo esto, estrellita dorada a todos los que notaron la referencia a Criminal Minds: adoro esa serie. En fin, a ver qué pasa con estos chicos. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
Ese tipo, Yamid, no se quiere quedar sin pan ni pedazo. Es un imbécil de categoría máxima, un patán en toda regla, y por fortuna Gaby comienza a hacer algo al respecto. Ojalá le haya volado las muelas con ese bofetón. No te rías de Aioros, pobrecito se sintió muy apenado, pero tienes razón: debe ir a hacerse ver los oídos. Y sí… como viste, se vino una pelea. ¡GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!
