El misterioso hombre de traje comenzó a avanzar por el pasillo, con un rostro serio y una mirada cortante, manteniendo su rostro de una forma altanera para marcar su superioridad. Llegó hasta una puerta de cristal, que se abrio automaticamente cuando el mostro su credencial a una cámara de seguridad que estaba en la esquina superior.
En ese moderno laboratorio de 2 pisos, muchas personas en batas blancas corrían de un lado a otro, ocupados en algo que parecía ser de suma importancia. La habitación era iluminada por cientos de pantallas de luz azul, que estaban colocadas en los alrededores. Desde arriba podía apreciarse que en el nivel inferior habían varias computadoras, colocadas alrededor de una gran caja metalica, a la que estaban conectados cientos de cables.
Al ver pasar al hombre, las personas se hacían a un lado e inclinaban la cabeza con respeto, sin ni siquiera atreverse a mirarlo. Llegó hasta un escritorio en la planta superior, donde una persona trabaja con gran concentración, acomodado en una silla de piel.
-¿Has logrado algo, Vyra?- dijo el hombre en su grave voz.
La silla giró, revelando a una chica de piel muy blanca, resaltada por sus labios pintados de un intenso color rojo y un marcado delineador negro en sus ojos, los cuales eran de un cafe profundo. Pero había algo extraño en su rostro: una fea cicatriz que abarcaba toda su mejilla derecha.
-Bastante, Uirusu-sama- respondió con una sonrisa que daría miedo a quien la viera.
Con pasos seguros, la chica se pusó de pie y comenzó a bajar por unas escaleras metálicas, siendo seguida de cerca por su jefe.
Vyra se acerco a la caja metalica, haciendo una seña a uno de los cientificos que trabajaban en la computadoras. La persona asintió, tecleando un complicado código que provocó que el compartimiento metálico se abriera un poco, permitiendo que se viera un poco de su interior.
-Necesitara esto- Vyra sacó de su bata unos lentes oscuros muy gruesos, entregandoselos al corpulento hombre, quien se los colocó y se acerco a la caja.
Miró en ella la energía verde, el Enetron alterado que había sido el trabajo de toda su vida. Todo el plasma verde parecía formar algo, una especie de silueta humana.
Uirusu soltó una sonrisa de satisfacción.
-Bien hecho- le dijo a Vyra mientras le devolvía los lentes. -Ahora solo has que ceda.
Tras una semana en casa de los Sakurada, Serena y Jin se volvieron inseparables. Hacían todo juntos y el niño parecía muy contento al platicarle de su "antigua vida", antes de tener que ser parte de forma oficial de la Unidad de Misiones Especiales.
De eso platicaban, sentados en la orilla de la playa, mirando al mar mientras comían un helado.
-Solía tener muchos amigos- decía Jin -, pero las cosas cambiaron cuando deje la escuela. Todos comenzaron a tratarme diferente, como si fuera un bicho raro. Además, Nick y Usada siempre dicen que soy demasiado directo para mi propio bien y que eso llega a lastimar a las persona.
El niño era muy elocuente para su corta edad, lo que era de esperarse considerando su habilidad genética. Pero se notaba que a él le desagradaba. Miraba a los niños de su edad jugando con una cometa, corriendo y riendo mientras trataban de elevarlas.
-Me siento como una adulto- dijo con tristeza. -Yo solo quisiera poder correr e ir a la escuela, tener amigos y no solo a Nick, Usada y Gorisaki, aunque en realidad no es malo bromear con ellos- soltó una risa traviesa al recordar las bromas que llegaba a hacerle a los Buddyroids.
Serena lo observaba atentamente, saboreando su helado. De repente, son su mano libre, despeino cariñosamente al pequeño mientras le dedicaba una cariñosa sonrisa.
-Eres muy dramático- dijo a broma. -Sigues siendo un pequeño niño. Solo por que sepas mucho y a veces hables refinado, no significa que no.
Jin no pudó evitar reírse ante eso y Serena se le unió segundos después.
-¿Sabes?- dijo de repente. -Tus compañeritos no te tratan diferente, eso esta en tu cabeza.
Y antes de que él pudiera reaccionar, Serena se había comido el ultimo pedazo de su cono y tiraba de su brazo, en dirección a unos niños que tenían problemas con su cometa. Al parecer, esta se había roto al quedar atorada entre unas rocas.
-Hola- saludo Serena -, ¿les ayudó?
Ambos niños asintieron.
-Por favor, Onee-san- dijo uno de ellos.
Ella sonrió y se acerco para observar mejor la cometa.
Mientras, Jin observaba todo, sintiendo nerviosismo y miedo. Uno de los niños lo observó y se acerco, sonriendole amablemente.
Cuando Yoko salio a buscar a Serena y Jin para llamarlos a comer, se llevó una gran sorpresa al no escontrarlos en el sitio donde los había visto sentados desde lejos.
Miró alrededor, buscandolos, y los localizó no muy lejos de ahí. Juganban con un par de niños a la Gallina Ciega. Serena tenía los ojos vendados y trataba de atrapar a alguno de los pequeños, pero estos se escapaban a gran velocidad.
Yoko no pudo evitar sonreír. Por primera vez en mucho tiempo veía a su pequeño como lo que era: un niño de 7 años alegre y feliz, lejos de los experimentos y responsabilidades del EMC. Y todo parecía ser gracias a esa chica que apareció en la vida de su familia.
Mientras, mucho más atras de donde ella estaba, desde una camioneta blanca un hombre tomaba fotografias de los niños jugando y de Yoko quien los observaba.
-Eres lista- dijo mirando en su cámara una de Serena. -Pero no lo suficiente.
