Si los sectarios no contaran con ayuda sobrenatural, seguro ya lo habrían arruinado todo. Esperan a que el complejo se vacíe de turistas gracias a la influencia mágica de la Culebra. Mientras tanto, Juan Carlos y Maribel tienen que soportas las burlas de sus secuestradores. Rada por su parte está bastante ansioso. A propósito, Maribel muerde.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado.
No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
¡No intenten nada de esto en casa!
"XXII. FACTA, NON VERBA"
("Hechos, No Palabras.")
Capítulo 10: En Tan Solo un Segundo
Cuevas de la Candelaria. Alta Verapaz. Guatemala.
14 de octubre. 11:20 horas.
¿Hacía cuánto tiempo que no tenía este sueño? Desde muy pequeña. En su momento había llegado a ser muy recurrente y hasta lo había plasmado en dibujos. Había olvidado lo vívido que era, hasta sentía la textura de aquella arenosa tormenta, y podía escuchar tan cerca esos gruñidos que hasta percibía el aliento peligroso de criaturas gigantescas.
Ahora volvía a verlo todo, tan lúcido como en aquella ocasión. Esta vez en alta definición: Nada había cambiado de su sueño original que tantas veces tuviera cuando fuera pequeña.
El viento le revolvía los cabellos desde todas direcciones, pero no se los podía sujetar, pues sus manos estaban atadas a un poste. Solo podía ver arena y apenas escuchaba otra cosa que no fuera la misma arena rugiendo a su alrededor. Al mismo tiempo brillaba con una sobrenatural luz amarilla que lastimaba sus ojos. Maribel esta vez era adulta y forcejeaba contra sus ataduras para poder soltarse, pero todo era en vano. Si recordaba bien su sueño…
Si lo recordaba bien… pronto debía venir aquél monstruo de brillantes ojos, rodeada por negrura.
"¡MARIBEL!"
Sin embargo nunca llegó. Un codazo, un siseo y una constante sacudida comenzaron a traerla de vuelta a la realidad. No digamos que eso fue de su agrado: sentía un dolor tan punzante en el costado de la cabeza que hasta náuseas tenía. Era como la peor resaca de su vida y las peores nauseas del mundo todo al mismo tiempo. No tenía ganas de abrir los ojos. ¿Qué había pasado?
"Maribel, por favor, reacciona." Insistió la acongojada voz.
"Hmmmmmpffrrmph…"
"¡Maribelcita, por favor! ¡Despierta ya, mija, despierta!"
La chica se quería quedar lo más quieta que podía. Temía que cualquier movimiento que hiciera podría provocarle vómitos o algo por el estilo, pero la persona a la estaba atada comenzó a sacudirse para llamar su atención, lo que obviamente la puso de muy mal humor. Porque sí, estaba atada a alguien.
"Ya basta." Medio balbuceó, evidentemente adolorida. "No más…"
"¡Gracias a todos los dioses que estás viva! ¡Creí que me había amarrado a un cadáver!"
"¿Juan Carlos?"
Maribel se atrevió a abrir los ojos, lamentando tal cosa en el acto. El sol estaba muy brillante y le lastimaba los ojos. No podía reconocer donde estaban, ni en qué condiciones, solo que estaba amarrada y muy incómoda. Algunos nudos se le clavaban en la espalda a la altura de los riñones.
"Sí, soy yo. Trata de no hacer mucho ruido… estamos solos de momento, pero van y vienen."
"¿Qué está pasando?"
"No lo sé." Juan Carlos tragó saliva. "Pero estoy preocupado: estos malparidos son unos idiotas, pero muy peligrosos. ¡Tienen un monstruo que los acompaña!" Añadió asustado.
"¡¿De qué estás hablando?!"
"¡SHHHH! Ahí vienen: ¡Hazte la Muerta!"
Maribel hizo caso en seguida y no se atrevió a reclamar nada. Se quedó muy quieta, tratando de forzar el dolor a un lado, de manera tal de poder estar lo más lúcida posible en caso de que se le presentase la oportunidad para salir corriendo. Pronto sintió pasos y escuchó voces que reconoció casi en seguida. ¡Eran sus pasajeros! Uno de los cuales le dio una patada a Juan Carlos.
"Ya falta poco, panzón." Le dijo uno de ellos. "La criatura ha espantado a todos los turistas de las cuevas. Como siga así, pronto nos dejarán tranquilos."
"¡Avisarán a la policía! Van a venir pronto y ahí los quiero ver a todos."
¡PLAAAAAF!
"¡AAAARGH!" A juzgar por los jadeos y ruidos, Juan Carlos había recibido un buen puntapié en el costado. "Cobarde… si no estuviera atado no me golpearías así…"
"¡Silencio! Nunca tendrás esa oportunidad, así que te aguantas."
"Y no vendrá la policía, panzón." Le dijo una voz femenina. Debía ser la chica. "Los turistas están dejando pacíficamente el lugar, la criatura puso una barrera mental que los está alejando. Se irán tranquilamente y pronto nos dejarán en paz."
"¡Nos van a echar de menos! ¡Nuestras familias van a notar nuestra ausencia! ¡Van A Protestar!"
"Será muy tarde. Habremos logrado nuestro objetivo." Dijo una tercera voz, dándole otro bofetón al pobre gordo. "Para cuando los encuentren, ustedes dos estarán muertos y los Señores de Xibalbá tendrán lo que necesiten."
"¡¿De qué tonterías hablas?! ¡¿Han perdido la cabeza?!" Juan Carlos forcejeó contra sus amarras con ganas, pero nada pudo hacer para soltarse. "¡¿Qué son esos cuentos de que estaremos muertos?!"
"Justo eso, viejo panzón: Ustedes dos serán sacrificados a los Ajawab de Xibalbá." Explicó la mujer, Lucy, si no se equivocaba.
A Maribel se le heló el estómago cuando escuchó eso, y tuvo que hacer un profundo esfuerzo en no hacer aspavientos de ningún tipo que llamasen la atención. Sí sintió que comenzó a sudar frío de susto. Juan Carlos por su parte no estaba mejor: se le heló la sangre, pero junto con ello comenzó a luchar contra sus amarras con más fuerzas (sin considerar que podría estar lastimando a Maribel con sus sacudidas) y muy asustado, porque sabía que si tenía que correr no llegaría muy lejos. Estaba muy gordo. Demasiado gordo.
Si salía de esto vivo, se ponía a dieta.
Ni Lucy ni el otro sectario se rieron. Estaban tan convencidos de que lo que hacían era lo correcto que no se consideraban villanos, sino de portadores de salvación. Ciertamente que su misión nunca sería vista con buenos ojos y eso los obligaba a ser muy duros en sus expresiones, pero bueno… la humanidad pronto comprendería que ellos solo buscaban el bien del mundo. Lucy se agachó y aseguró las amarras y se inclinó sobre Maribel, a quien vio con atención.
"Sé que estás despierta." Le dijo mientras la sujetaba del pelo y con fuerza la obligaba a mirarla. "Vas primero: una cortesía con las chicas."
"¡AARGH! ¡Suéltame Pu#$β¥≠∑Ωα£!"
"¡Mira, si la tipa cree que muerde!" Exclamó mientras la sujetaba del mentón con una mano. "Deberías sentirte honrada de que vas… ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAGH!"
"¡PUAAJ!" Maribel escupió rápidamente sangre ajena. "¡CLARO QUE MUERDO! Suéltame y vas a ver lo que te pasa, ¡#$β¥≠∑Ωα£, #$β¥≠∑Ωα£, #$β¥≠∑Ωα£ y #$β¥≠∑Ωα£!"
"¡Bruta Salvaje! ¿Qué Te Crees Que Eres Un Animal?" Lucy retrocedió a trastabillones, sujetando su sanguinolenta mano contra su pecho, hasta ponerse detrás del otro sectario que le dio un buen bofetón a la prisionera. No se quería ver la mano: un dolor eléctrico le llegaba hasta el hombro y hasta parecía que tenía algunos huesos fracturados. No podía mover los dedos y llegaba a lagrimear de dolor. "¡AAAAAAAAAy! ¡Duele mucho!"
Es que Maribel la había mordido y con todas sus ganas. Aprovechó un descuido de la mujer y, cuando ésta la sujetó por el mentón, ella apartó el rostro de súbito, contraatacó y en efecto atrapó la mano de Lucy hincándole los dientes con toda su fuerza, incluso rompiendo la piel. Juan Carlos, quien trataba de torcer el cuello todo lo que podía, alcanzó a ver algo de lo ocurrido y celebró con gusto mientras dejaba escapar un vendaval de insultos, ganándose de paso un nuevo puntapié. Los tipos los dejaron solos, murmurando pestes entre dientes.
"¡¥≠∑Ωα#$β£! ¡Dejaron las amarras más firmes que antes!" Se lamentó Juan Carlos al probarlas de nuevo. "¡Tenemos que salir de aquí!"
"Ya, pero primero me dices que pasó." Un punzante dolor en el lado izquierdo del rostro la hizo sacudir la cabeza. "¡Por Hades, como me duele! ¿Qué me hicieron?"
"¿Qué? ¿Nos Amenazan Con Sacrificarnos Al Xibalbá Y Solo Se Te Ocurre Invocar a Hades? ¡Por último invoca a Kukulcán! ¡Está más cerca!" Se lamentó Juan Carlos entre lloriqueos.
"No empieces, Juan Carlos." Maribel apretó los ojos con fuerza. "¿Qué pasó? ¿Dónde nos trajeron?"
"Estamos cerca de las cuevas de la Candelaria, fuera de los circuitos principales. Entramos por donde siempre, pero ¡Nadie nos vio! Ese monstruo maldito nos ocultó de la vista de todos. Pasábamos junto a las personas, pero ellas jamás nos vieron. ¡Brujería de la Mala!"
"¿Qué monstruo?"
"Uno horrible, mija. Parece una serpiente como hecha de porquería negra y arenosa. Tiene los ojos como linternas horribles." Gimió el conductor muy afligido. "Nos salimos de los caminos y nos dejaron aquí." El hombre resopló. "Lo lamento… No alcancé a sacar el garrote."
"¿Juan Carlos?"
"No vi cómo te pegaron, pero ciertamente vi cuando te desplomaste. ¡Creí que te habían partido la cabeza!" Explicó el hombre sintiéndose muy culpable. "No pude ayudarte: me pusieron un arma en la nuca y me obligaron a conducir."
"Oh… con razón me duele tanto la cabeza" Maribel forcejeó contra sus amarras. "¡Están muy duras! NO vamos a poder… ¡Tenemos que escapar!"
"Va a ser fácil. Son idiotas de los peligrosos, pero siguen siendo idiotas… el problema es que hacen buenos nudos." Juan Carlos resopló. "No tenemos mucho tiempo: ni bien terminen de vaciar este lugar, nos matan."
Maribel se mordió el labio e intentó mirar a su alrededor. Tenía la vista más borrosa de un lado que del otro, por lo que no podía ver con mucha claridad. No tardó mucho en orientarse y en reconocer que, si bien no estaba por los caminos usuales, tan lejos no estaba de las huellas principales. Por lo visto, los turistas llevaban un buen rato retirándose y pronto vaciarían el lugar gracias a quizás qué mágica influencia externa, dejando al grupo tranquilo para llevar a cabo los sacrificios. ¡¿Pero qué tontería era esa?! ¿Sacrificios humanos en pleno siglo XXI? ¿Y de qué monstruos hablaba Juan Carlos?
Maribel dejó escapar un suspiro asustado.
Recordó el monstruo de su sueño. ¿Acaso sería el mismo de ahora? No quería quedarse a averiguarlo.
"Vamos, Juan Carlos, no nos podemos dejar estar. ¡Vamos!"
Maribel comenzó a luchar con ímpetu contra sus amarras, aunque sabía que era inútil. El conductor la imitó y entre ambos trataban de aflojarlas con sus sacudidas a ver si con eso lograban liberarse. Sin embargo fueron interrumpidos: Sujetaron a Maribel de los cabellos y golpearon a Juan Carlos.
"¡AAAAAARGH! ¡SUÉLTAME, MONO CASTRADO!"
"¡Cuidado que Muerde!" Ladró Lucy, aún sujetando su mano.
Otros hombres se les lanzaron encima. Apuntaron con un arma a Juan Carlos y a ella misma. Los dos se quedaron quietecitos mientras observaban los revólveres directo al alma del cañón, y así permitieron que los soltaran. Maribel pensó por instantes en escapar, pero ¿Y si herían a Juan Carlos o le daban por la espalda?
"Esta es una buena causa, ¿no lo entienden? Cuando el Xibalbá resurja de sus cenizas un nuevo orden mundial se va a esparcir sobre la tierra. ¡América quedará purificada de los europeos!"
"¡¿QUÉ MI***A TE FUMASTE?! El Xibalbá en un yermo maldito: la humanidad será destruida si lo restauran." Siseó Maribel. Alguna noción tenía la chica de que el Xibalbá se había enfrentado no hacía mucho con el Inframundo, pero si decía esto era más bien por lo que había leído, tanto en el Popol Vuh como en distintos artículos relacionados. Se sacudió cuando se sintió libre, pero aunque pataleó de lo lindo, dos sujetos la redujeron y ataron sus manos por delante de ella con más fuerza de la necesaria.
"El Xibalbá necesita sus sacrificios. ¡Las damas primero!" Le dijo Nicolás. Oh sí, recordaba el nombre del muy idiota, con extraña cortesía.
Patada en la entrepierna le iba a dar en cuanto pudiera.
"¡Claro que no!"
"¡Suéltenla, Cobardes!"
"¡Calla viejo! Ya te tocará a ti."
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAUXILIOOOOOO!"
Mientras la arrastraban camino a las cavernas, un tramo de unos doscientos metros (quizás más), Maribel se resistió con todo lo que pudo, y cuando por fin comenzaron a ingresar al complejo, más difícil les hacía la tarea. Soportó golpes, puntapiés e insultos, pero no se dejó llevar sumisa. ¡Qué horror! ¡No había resistido su vida hasta ahora para esto! ¡No podía morir ahora por culpa de unos locos que creían hacer lo correcto! La llevaron hasta una suerte de altar que habían dibujado en el suelo, en la entrada de una de las cuevas, en cuyo centro habían clavado una suerte de estaca de no más de setenta centímetros de alto, de aspecto firme, a donde la ataron aprovechando sus amarras.
"¡NOOO! ¡Déjenme! Consíganse a otra para sacrificio. ¡No soy virgen! ¡SUELTENME!"
"No importa, los Ajawab del Xibalbá no son exigentes." Le dijo Nicolás mientras aseguraba sus amarras.
"¡Si se creen que me voy a quedar quieta se equivocan!" Maribel tironeó de las cuerdas, tratando de soltarse. Se dio cuenta que la estaca aunque parecía firme, no lo era tanto. Quizás podría sacarla de su anclaje si la tironeaba con ganas.
"Quédate tranquilita y resígnate: serás parte del Xibalbá." Le dijo uno de los locos. ¿Elián se llamaba?
"¡¿Esperan En Serio Que Me Quede Quieta?!"
Maribel no esperó respuesta. Miró la estaca, sus ataduras. ¡Esto era igual a su sueño! Ahora sí estaba despierta, y esto sí estaba pasando. ¡Por todos los dioses! Por momentos entró en pánico. La criatura monstruosa que mencionó Juan Carlos debería aparecer en cualquier momento. ¡NO! NO… ¡tenía que…!
¿Y el dragón?
En su sueño siempre aparecía un dragón en el último momento posible. Abrió los ojos como platos. ¡Claro! Claro que sí… se le vino a la mente la imagen de Radamanthys. ¿Cómo dijo que se llamaba su armadura o lo que sea que se ponía encima cuando estaba de juez del Inframundo? Apretó los ojos forzando sus neuronas para recordarlo. ¡Wyvern! ¿Acaso no era eso un tipo de dragón?
¿Y ahora como llamaba a su Keiran?
De nuevo cerró los ojos con fuerza y pensó con toda su voluntad en Radamanthys, llamándolo por su primer nombre con insistentes pensamientos. Apenas le prestó atención a los cánticos que estaba emitiendo el grupo. ¡Panda de imbéciles! Estaban haciendo todo el rito mal. Ciertamente no les iba a decir. Solo pensaba en su Keiran con toda la fuerza del mundo, aunque eso le estaba provocando un agudo dolor en el costado de su cabeza. Incluso comenzó a sangrar por la nariz. No tenía idea como acceder o usar cosmo, pero si no lo hacía, la mataban. Situaciones desesperadas requerían medidas acordes.
"¡Mary!" La voz de Radamanthys parecía venir como del otro lado del mundo.
"¡Keiran!" Gritó Maribel con el pensamiento y todas sus fuerzas, angustiada por recibir ayuda, filtrando algunas imágenes de lo que estaba pasando. No supo qué más hacer. Sintió una caricia en la mejilla.
"Resist, Dammit!"
Clack.
Maribel tuvo un profundo alivio que se sintió por partida doble. Por un lado tuvo la certeza que Radamanthys venía en camino y por el otro, la estaca a la que estaba amarrada había cedido de su anclaje. La mujer se la quedó viendo perpleja unos instantes, mas no tardó en sujetarla como si fuera un bate de béisbol con sus manos, pensando en echar a correr, pero…
"¡GRRRRRRRRROOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAARRRRR!"
Un chillido estridente la detuvo en su sitio y la serpiente Chupavida, con las fauces abiertas, ojos brillantes y cuerpo putrefacto se le abalanzó encima. Maribel no alcanzó a gritar del susto, pero por instinto blandió la estaca por delante, pegándole de lleno en la nariz. La culebra se apartó, gritando más de sorpresa que de dolor (hasta se sobó el hocico con el extremo de su cola y varios lagrimones brotándole de los ojos). Ese golpe no le hizo ningún daño significativo, pero ciertamente fue molesto y no le hizo ninguna gracia. No perdió mucho tiempo para embestirla.
Maribel, tras el golpe, había perdido el equilibrio y caído al suelo, desde donde intentaba levantarse para escapar cuando la Chupavida la atacó por segunda vez. Indefensa y sin poder hacer nada (ni siquiera sujetar de nuevo la estaca por el susto), la mujer no parpadeó y esperó lo inevitable, notando como su corazón se saltaba varios latidos.
¡WHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSH!
"¡RUGIDO DESLIZANTE!"
La técnica de Radamanthys fue, literalmente, caída del cielo. La Chupavida fue expulsada varios metros, junto con los sectarios, y pareció quedar muy malherida tras golpearse contra la vegetación y las paredes de la caverna. El Juez, vistiendo su sapuri y con las alas extendidas, aterrizó impecablemente delante de Maribel y asumió una posición defensiva mientras los sectarios lo miraban escandalizados y algunos muy belicosos. Empuñaban las manos y apretaban los dientes: querían pelea. Fue cuando Radamanthys se rió burlón y no solo se mordió el pulgar sino que además les mostró los dos dedos. El célebre saludo inglés.
"Vengan, Perras: ¡Tengo Para Todos!"
Hotel EcoFrontera. Cobán, Guatemala.
Momentos antes. 14 de octubre. 11:34 horas.
Odiaba que Maribel estuviera tan cerca de una de las entradas al Xibalbá. Con todo su hígado, pero no había podido hacer nada para impedirlo. Era su trabajo después de todo, y aunque fueran sus últimas salidas, debía respetarlo.
¡Bah!
Por este motivo, Radamanthys se había pasado casi toda la mañana muy preocupado por su chica. Incluso, aprovechando su rutina de ejercicios, había tomado un desvío para interceptarla cuando iba de camino a su trabajo. Se despidieron con calma y con un montón de recomendaciones, y la segura advertencia de que se dejaría caer a la noche para acompañarla, si ella quería. Maribel había aceptado con algún sonrojo, antes de reclamarle que ya iba tarde.
Alcanzó a darle una última recomendación: si tenía problemas, que pensara con toda su fuerza en él, pues la encontraría ahí donde estuviera. Eso lo dejó más o menos tranquilo, no estaba muy seguro que diera resultado, pero valía la pena intentarlo. Con el correr de las horas se puso cada vez más ansioso. Se pasó toda la mañana ejercitando, como preparando su musculatura para un inminente combate. Algo iba a pasar. ¡Algo grave!
"Debí Ir Con Ella, ¡Maldita Sea!" Gruñó para sus adentros.
Se puso de pie y salió a la pequeña terraza privada que tenía su habitación. Fijó la vista en el paisaje y se cruzó de brazos, mientras las expectativas por un probable combate comenzaban a hervirle en las venas. ¿Qué podía salir tan mal? El recuerdo de la figurita de porcelana destrozándose contra el suelo no cesaba de repetirse una y otra vez en su mente. Radamanthys hasta tenía un tic en un ojo por eso.
¡Mary! Esa figurita, querida y todo, no se podía ni comparar con su Maribel. ¡Argh! ¿Cómo era posible que uno se prendara tan rápido de alguien? No había pasado ni siquiera un maldito mes y ya separarse de ella, aunque fuera un mugre día, lo tenía colgado de las lámparas. ¡Al Tártaro con todo eso!, lo peor de todo es que no le importaba y lo único que quería era tener a su mujer consigo, a su lado, pero no restringiéndola. Quería verla volar por sus propios medios, ¡Como la admiraba! No cualquiera se atrevía a tomar las riendas de su vida, dejar algo seguro y cambiarlo por anhelos que bien podían ser castillos en el aire, a ver si lograba conseguirlos. Eso era valentía.
Sabía que lo iba a lograr, ella obtendría su grado académico y lo luciría con orgullo.
¡Mary era tan bonita! Había estado sacando cuentas mentales: La mujer cabía justo bajo su brazo, pero no era tan baja como para que se le escabullera muy fácil. Podría atraparla y hacerle cosquillas. Le gustaba como lo abrazaba y estaba seguro que serían los únicos brazos que toleraría. Sus ojos llenos de picardía tenían el color ideal y… ese lugarcito por el costado, bajo las costillas de Mary, en el límite justo de lo socialmente aceptado, era ideal para que él reposara su mano.
¡Vaya! Ahora caía en cuenta que no la había besado como correspondía…
¡Al Mismísimo Tártaro Con Todo! Maribel era para él, era su chica, a quien quería consigo por siempre. No quería relaciones largas ni cortas, quería a una sola mujer. ¡No quería perder más tiempo sin ella! ¡MALDITA SEA! Mejor no le decía eso en seguida o la asustaría. ¡Mejor con calma y…!
"Hades Dammit All! I Bloody Love Her With My Entire Blasted Soul! SOD IT!" Exclamó empuñando las manos, los dientes apretados y el rostro lleno de decisión.
Lo primero que haría cuando la viera de nuevo y estuvieran en un momento de paz y calidad, sería comérsela a besos sin darle oportunidad de reclamar nada.
Claro… una vez que pasara el drama con sus suegros. Maribel había alcanzado a decirle que su mamá quería que cenara con ellos al día siguiente, que estaba contenta, pero que su papá podría darles problemas. No era algo que lo entusiasmara mucho.
"That Old Smelly Bat!" Gruñó Radamanthys al pensar en su suegrito. "¿Cómo se atreve a restringirla como lo hizo?"
Decidió que el hombre no le caía bien, y que le costaría mucho cambiar la opinión que tenía de él, pero bueno. Mary lo quería un montón, así que por respeto a su mujer, trataría de tolerar todo lo posible al viejo ese.
Hmmm. Su mujer.
Al Wyvern que llevaba dentro, ese pensamiento lo hizo ronronear de lo lindo. Incluso le pareció que movía la cola de contento. Ahora que lo pensaba, le daba la impresión que su sapuri aprobaba su elección, lo que no dejaba de ser importante. A diferencia de las armaduras de Athena, que solo podían interactuar con los lemurianos, los sapuris tenían una suerte de conexión mental con sus usuarios y podían transmitirles ideas o mantener con ellos conversaciones simples, si es que estaban tranquilos. El que el Wyvern se pusiera contento y mostrara interés cuando pensaba en su mujer lo tranquilizó, y la imagen mental de un dragón ronroneando contento incluso lo hizo sonreír a él.
Comenzó a pensar en Maribel, con intensidad, pensando en ella con cariño, imaginándola con ese vestido típico con el que la había visto el otro día, o en distintas escenas. Se la imaginó leyendo en su biblioteca, o rebuscando entre esas librerías de libros viejos a donde lo había llevado unos días atrás, mostrándole los tesoros de su ciudad o indicándole qué debía ver. Recordó esa tarde en Antigua, cuando rozaron los labios, o cuando juntaron las frentes y se sintieron el alma. Se preguntó cómo se vería hecha un desastre, desarreglada y sin maquillaje. Se preguntó si le gustaría Caína y si se acostumbraría al caos del Inframundo y sus juzgados.
¿Aceptaría irse con él? Y cuando lo hiciera por fin: ¿Qué diría su señor Hades si la llevaba con él a casa?
"¡Keiran!"
Abrió los ojos de golpe y miró en una dirección determinada, afilando las pupilas a un punto peligroso. Empuñó las manos y asumió una pose de defensa. Aquél grito desesperado le había llegado como del otro lado del mundo, pero su corazón latió de ira al notar que era Maribel y que estaba en peligro. Apretó y enseñó los dientes.
De alguna manera su mujer lo contactó por pensamiento.
¡Definitivamente era su tipo de chica!
"¡Mary!" La llamó del mismo modo.
Una miríada de imágenes se le vino encima revelando la ubicación de la mujer, pero para él nada de eso era relevante. Sabía cómo era la presencia de su Mary, podría ubicarla al otro lado de la galaxia, y llegaría hasta ella aunque los dioses mismos lo prohibieran. Estaba en peligro y lo necesitaba; pretendía cumplir con eso.
"Resist, Dammit!"
Radamanthys encendió su cosmo y llamó a su sapuri, que lo cubrió con la premura merecida. ¡Aaah, que Maravilla! Volver a tener su armadura cubriendo su cuerpo era un placer inesperado. Se sintió vigorizado y más entusiasmado que nunca.
¡Opa!…
Como que le quedaba algo más justo en algunas partes. ¿Habría subido de peso en esas semanas? Movió los brazos y las caderas. Sí… quizás tenía un par de kilos extra, pero nada que no se pudiera resolver: seguro que con las patadas que iba a repartir en unos momentos, quemaba la grasa sobrante. ¡Luego pensaba en eso! Volvió a mirar en la dirección desde donde había sentido el llamado de Mary y entrecerró los ojos.
Hora de hacer el salto.
Inframundo. Caína.
En esos momentos. 19:24 hora local.
Aiacos suspiró apesadumbrado cuando vio a Minos caminando por Caína como alma en pena. Intercambió una mirada con Valentine, quien solo negó con la cabeza. El juez de Garuda se palmeó la cara: por estas cosas le gustaba ser apático, así las preocupaciones ajenas no lo afectaban, pero bueno. Ya no podía evitarlo.
Se echaba en falta la presencia de Radamanthys en Caína: como que el unicejo ponía orden y equilibrio. Sin lugar a dudas ya habría pateado a Minos por andar como estaba.
"¿Habrá tenido otra pelea con la señorita Ingrid?" Preguntó Valentine con cautela.
"Seguro. Cada vez se pelean más." Se lamentó Aiacos. Miró de reojo a Valentine. "No nos metamos en esos asuntos. Iré a ver al psicópata. ¿Irás a cenar?"
"Claro que sí." Musitó con desgano. "O mañana la señora Rea me arranca la piel si me vuelve a encontrar bajo en azúcar."
"Merecido te lo tendrías por no cuidarte bien." Le dijo el juez. "Mañana seguimos con tus dudas sobre los juicios. Ya vete."
Valentine asintió con la cabeza y Aiacos cerró los ojos. Comenzó a caminar en dirección de Minos a ver si averiguaba qué hacía ahí a esas horas. Seguramente se le había olvidado que no le tocaba la ronda final hoy en Caína, pero bueno… quizás lo sabía, pero la estaba dando de todos modos para distraerse. Toda esta situación lo enojaba mucho: de un tiempo a esta parte a Minos todo le estaba saliendo mal, y lo único que se estaba salvando de eso era su bebé.
¡Como ansiaba Minos tener a su peque en los brazos!
Su relación con Ingrid estaba pésimo. Se suponía que iban a casarse en agosto pasado, pero eso no ocurrió nunca. La mujer canceló la boda por no sentirse segura y por querer concentrarse en su embarazo. Luego comenzó a evitar a Minos y como no logró alejarlo, comenzó a desafiarlo y a probar su paciencia. Era una jugada peligrosa, pero por lo visto Ingrid no sabía con qué se estaba metiendo exactamente.
¿Qué había ocurrido entre esos dos que había corroído tanto una relación en apariencia tan estable? Minos le había confesado que era un juez de Hades, y que siempre lo sería.
Ingrid no se tomó a bien la noticia, ni le dio la importancia que requería. Según ella, Minos era un ejecutivo de la banca que trabajaba en las altas esferas de un prestigioso y antiguo banco noruego, cuya carrera iba en constante ascenso. Enterarse que era solo un juez de Hades le había hecho enroscar la nariz y erizar la piel. Ciertamente que la mujer esa había escuchado lo que había querido y no le había gustado. ¿Un juez de Hades? ¿No eran esos unos muertos de hambre? ¡¿Y ella se estaba mezclando con uno?! Y lo peor de todo… ¡¿Estaba gestando al bebé de un sin techo?! Eeeew.
Ciertamente que todo el discurso de la mujer había cambiado radicalmente, al igual que su actitud. De un momento a otro comenzó a irradiar hostilidad por litros y dejó de cuidar su embarazo. ¿Qué tanto dinero podía ganar un juez de Hades? No el suficiente para mantenerla cómoda y segura. ¡Debió investigar más! Eso había sido un fallo garrafal de su parte. Pronto comenzó a querer escapar de esa relación con Minos lo antes posible, para poder buscar algún otro marido con mejores prospectos.
¿Y el bebé? Pues ya vería que hacer con el pequeño. Estaba demasiado grande para interrumpir el embarazo, aunque sabía de algunos lugares en que podrían llevarlo a cabo.
Minos resintió el cambio casi desde el mismo comienzo. El muy idiota se había enamorado como nunca y le dolía la nueva actitud de Ingrid para con él. Lo peor de todo es que seguía justificándola. Es que el embarazo la tiene extraña, tienen que ser las hormonas, es que no entiende lo que pasa. ¡Claro que no entendía nada! Ingrid, en su cabecita de aire, solo había visto lo que quiso ver. ¡Sí! ¡Minos era un juez de Hades! ¡Y También Ejecutivo de Banca! De hecho, era un corredor de bolsa bastante hábil y tenía un ojo natural para los negocios. ¿Qué no estaba relacionado con las altas esferas de ese banco? ¡¿En serio esta mujer no había hecho la relación entre el nombre de la entidad y el apellido de Minos?! ¡Skjeggestad Brothers Seas Bank por Todo el Asqueroso Tártaro!
¡Por todos los dioses! ¡Minos Skjeggestad *ERA* hijo del dueño! Nunca recordaba si había sido su padre, un abuelo o un tío abuelo, pero uno de ellos había *fundado* el maldito banco que ahora era uno de los más prestigiosos de Noruega. Y desde la muerte de su señor padre el año anterior, Minos ocupaba un lugar en el directorio del mismo. No: Ingrid quedó tan cegada y asqueada por la revelación que era un juez de Hades, que asumió que todo el cuento de que trabajaba en la banca era una mentira.
¡TONTA con ganas, además de mala de adentro! ¡BRUJA BUSCAFORTUNAS!
"¡Minos!" Lo llamó Aiacos. "¿Qué haces aquí?"
"Botando algo de frustración." Le dijo muy jovial, forzando la sonrisa. Aiacos ladeó la cabeza, notando algunas ojeras en su compañero, sobre las cuales no dijo nada. "Necesitaba caminar un poco: ya terminé todos los juicios pendientes."
"Te invitaría a entrenar, pero no tenemos mucho tiempo: la cena es dentro de poco. ¿Quieres después? Dejaré que me ganes."
"¡Bah! Como si ganarte fuera muy difícil, Urraca." Minos bufó molesto, pero no insistió. Sabía que su colega tenía buenas intenciones.
En verdad estaba muy cansado, las actitudes de su Ingrid le estaban pesando mucho en el alma. ¡Y la amaba con todo su psicópata corazón! ¿Cómo podría recuperar su cariño? Aiacos le dio una palmada en la espalda.
"Vamos, estamos con el tiempo justo para arreglarnos e ir a la cena con los señores…"
Un familiar estruendo se dejó sentir en Caína e hizo que ambos jueces levantaran la mirada. Rápidamente se abalanzaron sobre la ventana para ver qué ocurría, en el momento justo en que el sapuri de Radamanthys salía a toda prisa del Inframundo, para cubrir al juez que faltaba. Minos y Aiacos se quedaron de una pieza.
"El señor Hades puso un sello a ese sapuri: Radamanthys no puede convocarlo a menos que sea de vida o muerte…"
"… O que tenga que impresionar a una chica." Terminó Minos, con la vista fija en la dirección en la cual el sapuri había desaparecido. "Creo que son los dos casos."
"Pienso lo mismo."
Intercambiaron miradas muy graves, y ellos mismos convocaron sus armaduras. No tenían idea de lo que podría estar pasando, pero preferían ir a ver si podían echarle una mano a Radamanthys. Muchos problemas podrían tener, pero sí había algo que no podían descuidar era la extraña hermandad que había brotado entre los tres luego que los revivieron tras la guerra santa contra Athena.
Seguro eran efectos secundarios. A veces les daban ganas de darse cabezazos contra las paredes para sacarse esas emociones de la mente, pero en fin.
"Iré a avisarle al señor Hades que tenemos esta emergencia. Tú ve a avisarle a Violetita." Avisó Minos muy decidido.
"Entendido." Dijo Aiacos apretando los dientes. "¡Y a darse prisa!"
Cada uno salió corriendo por su lado antes de salir tras el sapuri de Radamanthys.
A ver si de verdad se daban prisa.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Pelea a la Antigua
"… sintieron un golpe de corriente por el espinazo que los botó al suelo. Radamanthys, quien había protegido a Maribel con su cuerpo, sintió como si le hubieran disparado con una grapadora en el corazón.
"¡AAARGH!" Exclamó al tiempo que se encorvaba un poco y se sujetaba el pecho.
"¡Keiran! ¿Qué te pasa?"
Radamanthys tosió un par de veces, lo que fue suficiente para…"
Nota Mental: ¿Les comenté que solo quedan dos capítulos más? =D Bueno, ahora lo saben. Como ahora ya lo saben, me quedo tranquila. Ahora que Rada está muy enojado, Mari va a tener la oportunidad de verlo dando patadas, aunque desde ya les advierto que la Culebra esa todavía tiene un as bajo la manga. Ya van a ver como concluye esto. ¡Paciencia! Insisto con esto, y lo haré en todos los capítulos, así que ármense de paciencia: buena parte de este fic estará ubicada en Guatemala y desde ya les pido mil disculpas por cualquier error que pueda tener, tanto cultural o de conocimientos. No fueron intencionales ni tienen mala intención. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
Es cosa que un santo se entere de algo en el Santuario, Newfan, y unas dos horas después todo el mundo lo sabe. Se hacen los discretos, pero no les resulta mucho. Cierto, han logrado guardar secretos, pero tienen que hacer esfuerzos para lograrlo. Supongo que lo de la chancla viene con el pack cuando uno se convierte en madre. Y sí… Rada tiene ganas de presentar a su chica. Si le preguntas, te dirá entre gruñidos que es una mera formalidad, pero en el fondo no lo es. Lo entusiasma que los demás conozcan a su Mary. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
Ese don Danilo, Guest, ha perfeccionado el arte de ser un Drama King con todas sus letras. Supongo que en el pasado le dio resultado, pero como viste en esta ocasión no le sirvió de nada y hasta lo mandaron a dar un paseo. Y no, no va a reaccionar bien cuando conozca a su yerno. Pobre. Naaah. Ese grupo es solo para los jueces, Pandora y Violate: Aiacos le cambia el nombre todas las semanas, basándose en sus canciones favoritas, pero nada más. Al menos es una manera de estar todos en contacto. Los dorados también tienen su grupo de Whatsapp. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En esta ocasión, se consultaron Xataca Ciencia, MedlinePlus y MedTempus.
Mordida humana: La mordedura producida por un ser humano a otro es, créanlo o no, implica un elevado riesgo, incluso más que la de animales. Sin embargo, estas últimas mordidas son las que se han estudiado más, debido a que son más frecuentes. No es noticia que un perro muerda a una persona, pero sí es noticia que una persona muerda a un perro. ¿Por qué es tan peligrosa? Vamos a ver. La cantidad de microorganismos localizados en la boca del perro (por ejemplo) es mucho más alta que en el ser humano, PERO… sin ir más lejos, la boca humana posee un número considerable de superficies diferentes a las que un microorganismo puede adherirse. Se han encontrado entre 200 y 500 especies de bacterias y la mayoría de ellas SON patógenas. En resumen, tenemos menos microorganismos, pero los que tenemos, son peligrosos asesinos seriales en potencia. Por ejemplo, el VIH/SIDA, la hepatitis B o hepatitis C.
Otro dato freak sobre las mordeduras humanas, aunque no son tan frecuentes y se asocian a situaciones de abuso, violencia, actitudes amorosas consentidas y nenes conociendo el mundo (hay una edad de los peques que no solo se meten todo a la boca, sino que comienza a morder todo lo que pillan, a menudo para expresar enojo u otros sentimientos negativos), la mordedura humana ocupa el tercer lugar entre los mamíferos entre todas las mordeduras. ¡¿Yeiii?!
No subestimen ni desatiendan la herida cuando si fueron mordidos por otro ser humano. Se la considera una urgencia alta: busquen ayuda médica de inmediato si han sido mordidos, sobre todo si se ha roto la piel o la herida sangra, no dejen pasar el tiempo.
Todo lo anterior, más si consideramos que la mordedura humana tiene una fuerza que va desde 30 kilos por centímetro cuadrado (cuando come mazorcas de maíz, por ejemplo) hasta los 77 kilos por centímetro cuadrado cuando pone ganas, podemos inferir que el ataque de Maribel a Lucy no deja de ser despreciable.
Y sí… un perro labrador tiene una mordida de 68 kilos por centímetro cuadrado. Por si se lo estaban preguntando.
