Todos en Hogwarts se preparaban para aquella noche. Nadie quería perderse la fiesta de Molly Weasley. Rose también se preparaba, aunque para algo distinto. Cuando llegó al cuarto vio a Lizzy, que acababa de llegar de Hogsmeade, probándose un vestido y frunció un poco el ceño.
- ¿Dónde vas? – Le preguntó, extrañada.
- Con… con James. – Murmuró la otra. Era la única de sus amigas que había decidido ir a la fiesta, todas consideraban injusto que no hubieran invitado a Rose, pero James había insistido mucho y ella no había sido capaz de decirle que no. Siempre iban juntos a las fiestas, era su tradición y no podía fallarle.
- ¿Tienes una especie de cita o algo con mi primo? – Rose comenzaba a sospechar que algo raro sucedía.
- No, hemos quedado solo para charlar un rato y eso, ya sabes, somos buenos amigos, nos gusta pasar tiempo juntos. – Lizzy sonrió, tratando de parecer convincente. – Pero la que tiene una cita esta noche eres tú, ¿tienes ganas de ver a Lorcan?
- No es una cita, no seáis pesados. – Rose se sonrojó.
- Lo que tu digas, Rose. – Su amiga sonrió y la miró de arriba abajo. – Vas muy guapa, me gusta esa blusa.
- Gracias. – Murmuró la pelirroja. Puede que no fuera una cita pero aún así había decidido ponerse un pantalón blanco y una blusa de manga larga negra. – Me pondré la túnica encima para bajar a cenar, no quiero mancharme. – Enarcó una ceja. - ¿Tú vas a bajar a cenar con el vestido?
- ¿Cómo voy a bajar así? – Replicó la morena, abriendo mucho los ojos. Si todos bajaran arreglados, sería demasiado evidente. – He quedado después de la cena, comeré rápido, subiré y me cambiaré.
- Bajamos ya, si quieres. – Rose miró su reloj. Quedaba poco para que sirvieran la cena. - ¿Puedes esperar cinco minutos mientras me maquillo un poco?
- Tengo que volver a ponerme el uniforme, así que sin problema. – Lizzy se encogió de hombros.
- En seguida estoy.
La pelirroja sonrió antes de coger su neceser y situarse frente al espejo, dispuesta a terminar de arreglarse para aquella noche.
El disimulo no era el fuerte de los alumnos de Hogwarts. Muchos bajaron a cenar demasiado arreglados y Molly temió por un momento que los profesores o la directora se dieran cuenta de lo que habían planeado pero, o bien no sospecharon de sus alumnos, o bien prefirieron hacerse los tontos. Cuando la chica terminó de cenar, subió a la sala común de Gryffindor, se cambió y se dirigió rápidamente a la Sala de los Menesteres junto a sus amigas para terminar de prepararlo todo. Las chicas habían conseguido, con ayuda de varios chicos de séptimo, que les vendieran alcohol y lo llevaban escondido en mochilas. Recorrieron los pasillos rápidamente intentando llegar a la sala sin ser descubiertas – cosa que consiguieron de milagro- y, una vez allí, prepararon todo rápidamente. Por suerte la sala les dio todo lo que necesitaban: varias mesas, algo de decoración, incluso algunas sillas y sofás. Las chicas repartieron las bebidas y las copas por toda la sala, conscientes de que en seguida comenzarían a llegar los demás. No se equivocaban. Los primeros en llegar fueron James y Fred junto a varios chicos de su clase.
- Pero bueno, ¿dónde está todo el mundo? – Preguntó el hijo de Harry Potter nada más entrar en la sala.
- Al llegar. – Se limitó a contestar su prima. – No seas impaciente, seguro que están terminando de arreglarse.
- Más vale que lleguen pronto. – Se quejó Fred, cruzándose de brazos.
Por suerte, en seguida escucharon unos pasos acelerados por el pasillo y la puerta se abrió. Lizzy se detuvo y, apoyándose en el marco de la puerta, se puso sus tacones. James no pudo evitar sonreír al verla. Iba guapísima. Ella se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y, cuando sus miradas se cruzaron, le devolvió la sonrisa.
- Bueno, parece que al fin ha llegado alguien. – Comentó el chico.
- Ya sé que no puedes vivir sin mí, pero no hace falta que lo admitas delante de todos. – Respondió ella, acercándose a él.
- Eres una creída, Elizabeth.
- Oh, cállate Potter. – Replicó ella antes de morderse el labio. Le habría gustado sonar enfadada, pero no era capaz.
Los demás miraban aquella escena con diversión. Molly enarcó una ceja y Fred tuvo que contener una carcajada ¿Se creían que eran idiotas y no veían lo que pasaba entre ellos dos? ¿O acaso su primo y la Ravenclaw no se daba cuenta de lo sucedía?
- Me alegra que hayas venido. – Dijo James finalmente.
- No podía decir que no, te pusiste muy pesado. – Lizzy puso los ojos en blanco. – Pero Martha, Eliza y Caroline no vendrán, no están de acuerdo con lo que le habéis hecho a Rose. Y, que conste, yo tampoco.
- Oh, venga ya, no podíamos invitar a los prefectos. – Intervino Molly. Ambos chicos se giraron rápidamente hacia ella sorprendidos, como si por un momento se hubieran olvidado de que había más personas en la sala. – Además, a mi prima no le gustan las fiestas, mira como acabó en la última.
- Molly deja ya el tema, Rose lo ha pasado bastante mal. – La defendió su amiga.
Justo cuando la otra chica iba a replicar, la puerta volvió a abrirse y un grupo grande de personas entró. Poco a poco la sala se fue llenando, pusieron música y todos comenzaron a beber y bailar. Lucy y Roxanne no tardaron en llegar con sus amigas y un grupo de Gryffindors entre los que se encontraba Hugo. Poco después, entraron Lily y Jordan en la sala. La chica rogó porque su hermano no la viera y le montara una escena por salir con un chico tan mayor pero, por suerte para ella, este estaba bastante ocupado en ese momento.
- Estás muy guapa. – Dijo Lorcan al verla llegar a la Sala Común de Ravenclaw.
- Gracias. – Respondió Rose, sonrojándose. – Tú tampoco estás nada mal.
- Vaya, gracias. – El chico sonrió y le tendió el brazo. Ella se apoyó en él y ambos abandonaron la sala. - ¿Qué te gustaría hacer?
- Me da lo mismo. – La pelirroja se encogió de hombros. – Pensaba que tú lo habrías organizado todo ya.
- Podríamos subir a la Torre de Astronomía. – Comentó el chico, algo nervioso. – Podríamos ver las estrellas desde allí, esta noche la luna está preciosa.
- Me parece bien. – Contestó la chica. – Conozco un atajo, si quieres podemos ir por allí.
- Como quieras, Rose.
Comenzó a guiarle a través de los corredores. Su idea no era exactamente un atajo como le había dicho, pero Rose sabía que si pasaban por el pasillo en el que estaba la Sala de los Menesteres no tardarían demasiado y, más importante, evitarían que los descubrieran. Rara vez los prefectos y profesores comprobaban aquel lugar, ella misma solía evitarlo, consciente de que casi nadie solía pasar por allí – exceptuando, quizás, a sus primos, que a menudo se reunían en aquella sala oculta, pero Rose prefería no inmiscuirse demasiado en sus asuntos para no tener que quitarles puntos o castigarlos -.
- ¿Qué tal hoy en Hogsmeade? – Preguntó Rose, rompiendo el silencio que se había instalado entre ambos.
- Como siempre, he estado con algunos de clase tomando algo en Las tres escobas y después hemos paseado un rato aprovechando el buen tiempo. – Contestó Lorcan. No sabía qué decirle a la chica y se sentía un poco tonto. Ambos eran amigos desde pequeños, pero ahora no sabía cómo comportarse. Rose le gustaba desde hacía más de un año, había tardado mucho en reunir el valor necesario para pedirle una cita y ahora estaba quedando como un idiota. Necesitaba decir algo, demostrarle que le importaba de verdad. – Aunque todo habría sido mejor si hubieras podido venir.
- Oh, vaya. – La chica notó cómo su cara se ponía del mismo color que su pelo. ¿A qué venía eso? ¿Tanto le gustaba al chico? Se mordió el labio, preocupada, consciente de que no sentía lo mismo por él. Para ella Lorcan era solo un amigo.
- ¿Y tú qué has estado haciendo?
- He estado en la biblioteca con Albus. – Murmuró, aún sorprendida. – Tenemos mucho que hacer y estoy demasiado ocupada últimamente.
- Es que tienes muchas responsabilidades, es increíble cómo logras soportarlo todo. – Él le sonrió. – Eres la chica más…
Lorcan se detuvo y dejó la frase a medias. Habría jurado que había alguien en el pasillo.
- ¿Qué ocurre? – Preguntó Rose, frunciendo el ceño. ¿Habría entrado alguien en la Sala de los Menesteres?
- Me ha parecido ver a alguien, pero… deben ser imaginaciones mías.
- Deja que vaya a echar un vistazo. – Se apresuró a decir. Lo último que quería en aquel momento era encontrarse con James o Fred.
- No tienes por qué, yo soy el Delegado, es mi deber.
- No olvides que yo también soy prefecta y que esta noche, precisamente, me tocaba hacer guardia así que deja que yo lo haga. – Esperaba haber sonado convincente.
Tras guardar silencio unos instantes el chico se encogió de hombros y la soltó. Rose avanzó rápidamente, rogando porque solo fueran imaginaciones de Lorcan, esperando no encontrarse con nadie de su familia. Pero se equivocaba completamente. La puerta de la sala estaba en la pared y, de hecho, abierta. Tuvo que contener la respiración al ver lo que sucedía dentro: alguien había organizado a una fiesta.
- ¡Eh, no dejéis la puerta abierta si alguien nos pillan acabaré expulsada! – Exclamó una voz que la pelirroja conocía muy bien. Molly se acercó a la puerta y se quedó petrificada al verla, con los ojos muy abiertos. – Rose…
- ¿Va todo bien? – Lorcan comenzó a avanzar hacia la chica, que se giró hacia él, sin saber qué hacer. ¿Pero cómo se le había ocurrido aquello a Molly? ¡Si Lorcan la descubría nada la salvaría! Seguro que se lo contaba a la directora y la expulsarían como ella misma había dicho. Tenía que pensar, él cada vez estaba más cerca y la puerta de la sala no se desvanecía. Su prima seguía en la puerta, aterrada. - ¿Rose?
Y, entonces, no lo pensó. Corrió hacia él, se puso de puntillas y unió sus labios mientras cerraba los ojos. Él al principio se sorprendió pero, en seguida, la estrechó con fuerza entre sus brazos y la correspondió. Llevaba mucho esperando aquello, sin embargo para la chica fue un beso raro. No sentía nada, no se parecía a lo que había sentido cuando había besado a Malfoy en aquella fiesta y no lo comprendía. Al otro chico tampoco lo quería, ¿por qué sus besos eran tan distintos? Alargó el beso para que Molly pudiera ganar tiempo y, por ese mismo motivo, se separó de él lentamente. Lorcan la sostenía de la cintura y sonreía; Rose bajó la mirada, avergonzada por lo que acababa de hacer, consciente de que debía haber hecho otra cosa, pero nada mejor se le había ocurrido.
- Vaya… - Murmuró él. – Esto ha estado bien.
- Yo… lo siento, Lorcan, tengo que irme.
La pelirroja se separó de él que arrugó la frente, sin comprender qué acababa de pasar, y salió corriendo por el pasillo.
- ¡Rose, espera!
El hijo de los Scamander salió corriendo detrás de la chica pero ella aceleró el paso. Tenía que encontrar algún lugar en el que esconderse, no quería ver al chico, no quería enfrentarse a su mirada, no quería decirle la verdad ni romperle el corazón. Escuchaba cómo la llamaba, pero no giró la cabeza ni una sola vez. Necesitaba un plan ya. Y entonces se dio cuenta de en qué pasillo estaba y de dónde podía esconderse. Estaba segura de que Lorcan nunca la buscaría ahí, no la creería capaz de pasar. Aceleró el paso y giró. Sabía la contraseña, escuchó a Albus decirla un día, así que, cuando llegó a la puerta del baño de prefectos, pronunció las palabras y la puerta se abrió. Entró en cuanto pudo y cerró en seguida. Se dio la vuelta y se quedó mirando la entrada, aliviada. Nadie la buscaría allí, estaba a salvo. Suspiró. Tendría que esperar allí bastante tiempo, no quería cruzarse con Lorcan al volver a la Sala Común, pero cuando se giró tuvo que contener un grito. Detrás de ella, mirándola atónito, estaba Scorpius Malfoy tapado únicamente con una toalla.
