Entre trabajos que tengo que entregar y exámenes, he conseguido un momento libre para terminar este capítulo. A ver si así lidiamos mejor con la bajona de la marcha de Elena de TVD...

Espero poder actualizar con más frecuencia cuando termine este mes.


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Una tarde, Damon entró en el Grill y se sentó en la barra a la espera de Elena, con quien se había citado allí. Pero, por desgracia para él, la primera en llegar no fue ella sino Rebekah Mikaelson, quien, aun sabiendo su posición en el Consejo, no dudó en sentarse junto a él para flirtear.

-Siento mucho lo de tu tío –le dio ella el pésame sin lamentarlo realmente-. Y también lo de tu hermano. Vaya, es increíble la de desgracias que ocurren en un pueblo tan pequeño y tranquilo como este…

-Hay varias bestias desalmadas que andan suelas por aquí.

-Sí, eso he oído. Espero que las atrapen y se haga justicia.

-Ya sabes, si necesitas alguien con quien hablar o un hombro sobre el que llorar… -dijo la rubia con tono coqueto, acercándose más a él-. Aquí estoy.

-No hará falta, gracias –dijo Damon con seriedad, mirando hacia delante en lugar hacia la vampira, tratando así de marcar distancia entre ambos.

-Vamos, no te hagas el duro conmigo. Sé lo mucho que duele la pérdida de un familiar. Además, se me da bien consolar a la gente, sobre todo cuando se trata de alguien tan fuerte y guapo como tú…

Rebekah estuvo a punto de posar una mano sobre la del Cazador, cuando este se levantó velozmente del asiento al ver entrar por la puerta a la chica Gilbert, a la cual, para disgusto de la rubia, Damon fue a saludar con un intenso beso.

-¿Y esto? –se extrañó Elena ante esa demostración de amor en público, algo que no solían hacer con frecuencia.

-Gracias por librarme de Barbie Klaus.

-De nada –sonrió ella divertida al ver su cara de completo agradecimiento, para luego volver a unir sus labios en un romántico beso.

La pareja, cogida de la mano, fue a sentarse en una de las mesas más alejadas de Rebekah, quien no les quitaba ojo de encima, y empezaron a contarse cómo les había ido el día. Pasado un rato, la rubia se hartó de observarles y abandonó el local, dejándole más intimidad al saber que no estaban siendo escuchados por unos super oídos vampíricos.

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Damon y Elena estaban sentados en su mesa del Grill, besándose tan tranquilamente, sumergidos en su propio mundo, que nos e dieron cuando de que alguien les estaba observando atentamente.

Aprovechando que la chica se ausentó para ir al baño, su observador se acercó hacia Damon y tomó asiento frente a él en la misma mesa sin pedir permiso siquiera.

-Vaya, vaya… -dijo Klaus con voz cantarina y una sonrisa maléfica-. No me había llegado la noticia de que la encantadora Elena estaba saliendo con un venerado miembro del Consejo.

-¿Qué quieres, Mikaelson? –le preguntó Damon de forma desafiante.

-Solo pasaba a saludar. Pero ya que sacas el tema… Tu tío y yo teníamos un asunto que quedó sin resolver cuando él murió tan trágicamente. Un ataque animal, ¿no? Qué cosa más horrible, espero que atrapen a esa bestia.

-Y lo harán –gruñó el Cazador-. Yo mismo me encargaré de ello.

-Buen chico –sonrió el híbrido Original con burla-. Y, volviendo a ese asunto con Zach… Por casualidad, ¿no sabrás tú dónde dejó una estaca de roble blanco?

-Si así fuera, ¿qué te hace pensar que te lo diría?

-Pensé que habíamos empezado con buen pie, que íbamos a ser amigos… En fin, te lo diré de otro modo: te conviene colaborar conmigo si quieres que Elena y tus amigos estén a salvo.

Cuando, al salir del baño, Elena vio a su novio hablando con Klaus, caminó rápidamente hacia ellos temiéndose que Damon estaría en problemas.

-¿Damon, va todo bien? –preguntó ella mirando con odio a Mikaelson.

-Tranquila, amor –le dijo Klaus con sonrisa maléfica-. Solo nos estábamos conociendo.

El híbrido, satisfecho de haber cumplido su objetivo de presionar al chico con la esperanza de que cometiese alguien estupidez, se levantó sin dejar de mirar a Damon fijamente.

-Que tengáis buena velada –se despidió de ellos en un extraño tono amenazador.

Elena tomó asiento junto a su novio y esperó a que el Híbrido Original saliese por la puerta del local para hablar:

-¿Qué quería Klaus?

-Nada –quiso quitarle importancia el chico para que esta no se preocupara.

-Estamos hablando de Klaus, no me creo que no haya pedido nada.

El Cazador dejó de sostenerle la mirada porque no quería mentirle a la cara, gesto que solo hizo que la vampira se preocupase aún más.

-Damon…

-Tranquila, sé cuidarme de tipos como él.

-No hay tipos como él. Klaus es muy peligroso.

-Estaré bien –insistió el chico-. Te lo prometo.

-No hagas promesas que no puedas cumplir.

-La cumpliré, te lo aseguro.

En un intento por animar el humor de su novia, Damon le acarició el rostro y le dio un suave beso en los labios.

-¿Qué tal si salimos a dar una vuelta por el pueblo? –propuso él-. Un poco de aire nos vendrá bien.

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La pareja caminó de la mano sin darse cuenta de que sus pasos les condujeron al cementerio. Una vez en el jardín delantero de la cripta Salvatore, Damon se tumbó sobre la hierba y Elena le imitó el gesto, tumbándose cruzada de lado con la cabeza recostada en el abdomen de él.

-¿Película de comedia favorita? -preguntó ella entrelazando una mano con la de Damon, continuando con el juego de preguntas al que estaban jugando durante gran parte del camino hacia allí.

-'El guateque'. El protagonista es un patoso de cuidado, me recuerda a ti.

-¿Me estás llamando patosa? -preguntó Elena haciéndose la ofendida.

-Pero en plan cariñoso -dijo él jugando con el cabello de ella con su mano libre-. Tu torpeza es adorable.

-Sigue sin convencerme...

Damon se incorporó levemente y le dio un beso en la boca.

-¿Y ahora?

-Hmm... –murmuró ella con los ojos cerrados y una sonrisa en sus labios-. No sé, sigo sin verlo claro.

El Cazador volvió a besarla, esta vez más intensamente.

-Soy tu torpe adorable -le sonrió ella aceptando ese mote, recibiendo un nuevo beso como recompensa.

Damon, conforme con esa respuesta, volvió a recostarse sobre la hierba como antes.

-'Arsénico por compasión' es mi comedia favorita -contó ella, retomando el juego-. Es de Frank Capra y la protagoniza Cary Grant. Son una panda de locos los de esa familia. Es un desmadre de principio a fin.

-Deberíamos hacer sesión de cine y ver ambas pelis.

-No creo que sea buena idea ir a mi casa. No de momento al menos.

A pesar de que la familia de la chica y los amigos de esta sabían de su relación, la pareja no se había vuelto a mostrar en público delante de ellos después de aquel incómodo encuentro con los amigos de Elena en el Grill. A ninguno le hacía mucha gracia que Elena saliese con el Cazador y esta, para mantener alejadas las críticas hacia el chico, evitaba hablar de Damon con los suyos y, por supuesto, citarse con él en algún lugar donde pudiesen ser vistos.

-Estaba pensando en mi casa –dijo el chico, sacándola de sus pensamientos.

Elena giró la cabeza para mirarle a los ojos, sorprendida con esa propuesta.

-¿Vas a poder invitarme a entrar?

-Querer es poder, ¿no? -sonrió él burlonamente.

Ella rió divertida por sus palabras y se inclinó para robarle un beso, para después volver a colocar la cabeza sobre su pecho y quedarse ambos contemplando el cielo en silencio.

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Al llegar a la mansión Salvatore, la vampira se detuvo frente al umbral de la puerta, pues sabía que no podía atravesarlo sin el permiso de Damon, quien ahora era legalmente el dueño de la casa.

-Elena, pue… -intentó decir él pero las palabras se ahogaron en sus labios.

-No pasa nada, Damon –trató de quitarle importancia ella, viendo lo mucho que le costaba a este luchar contra sí mismo-. Podemos intentarlo en otro momento, cuando estés listo.

-Estoy listo –le aseguró este-. De verdad que lo estoy. Es solo que… Tengo que encontrar las palabras adecuadas.

El Cazador estaba haciendo un esfuerzo enorme por invitarla a entrar porque las palabras no salían de su boca, así que buscó una frase que no le fuese tan difícil pero que fuese igualmente válida, una que conllevara una invitación implícita que rompiese el hechizo sin tener que usar esas palabras clave que a Damon se le trababan.

Elena cruzó al fin el umbral de la puerta y lo celebró robándole un dulce beso al chico en los labios.

-Gracias -le agradeció ella con una amplia sonrisa en su rostro-. Sé lo difícil que ha tenido que ser esto para ti.

-Merece la pena -le devolvió la sonrisa él justo antes de darle un casto beso en los labios.

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Tras preparar un bol de palomitas y bebidas, la pareja se dirigió al enorme salón, dispuestos a comenzar su maratón de películas. Damon, como no tenía ninguna de las dos películas en DVD, conectó su ordenador portátil al televisor para poder ver através de este la pantalla del portátil, desde el cual abrió la página web Netflix donde podrían buscar ambas películas y verlas con buena calidad.

-¿Cuál ponemos primero? –preguntó Damon abriendo la pantalla de búsqueda.

-Tú eres el anfitrión, así que empezamos con 'El guateque'.

Rápidamente, el chico puso la película y fue a sentarse al sofá con Elena, quien ya había empezado a comerse las palomitas.

-No te las comas todas –le regañó él de broma-, que a los humanos también nos gustan las palomitas, ¿sabes?

-Están muy saladas –mintió ella para seguirle el juego, alejando el bol del chico cuando este intentó coger una palomita-. Te estoy haciendo un favor al no darte.

-Un capricho de vez en cuando no es malo.

-Vaale… -dijo Elena siendo convencida por los pucheritos que le dedicó el Cazador, para después darle de comer directamente de su mano una palomita-. ¿Contento ahora?

-Hmm… -susurró él saboreándola-. Si vas a ser tú quien me las dé todo el rato, sí, mucho.

-Ni lo sueñes, Salvatore. Eres lo suficientemente mayorcito para comer tú solito.

Entre risas, la pareja retomó su visionado de la película, la cual tuvieron que poner desde el comienzo porque no le habían estado prestando atención alguna. En esta ocasión, cuando Damon regresó de poner la película de nuevo, Elena apoyó la cabeza en su pecho y este rodeó sus hombros con un brazo, apretándola más contra su cuerpo.

La joven no se sorprendió al ver que la película era tan buena, pues ya había comprobado en más de una ocasión que Damon tenía muy buen gusto. Lo que sí le sorprendió fue lo bien que el chico cocinaba, pues este preparó una deliciosa cena que tomaron antes de poner la segunda película del día: 'Arsénico por compasión'.

Elena se quedó dormida contra el pecho del chico terminando la película que recomendó ella, pues estaba tan a gusto con Damon que la sensación de sentirse como en casa la invadió por completo.

-Elena -la llamó él con voz dulce cuando comenzaron los letreros finales-, es muy tarde. Tal vez deberías quedarte a dormir.

-Hmm... -murmuró esta apretándose más al chico.

Damon, no muy seguro de que ella hubiese oído realmente lo que le había dicho, la cogió en brazos procurando no despertarla y la llevó a una habitación de invitados, donde la tumbó en la cama, le quitó las botas y la tapó con las sábanas.

Cuando intentó irse para dejarla dormir tranquila, Elena le agarró del brazo para impedírselo.

-Quédate conmigo -le pidió esta semisumida en la inconsciencia-. Por favor.

El chico sabía que no era buena idea, que su instinto de Cazador le podría jugar una mala pasada, pero la tentación de dormir abrazado a Elena venció a su razón. Así que, se quitó los zapatos y se metió con ella en la cama, quien se movió inconscientemente hacia él y recostó su cabeza en el pecho de este, utilizándole a modo de almohada. Damon sonrió ante este gesto y la rodeó con sus brazos antes de quedarse él también dormido.

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Varias horas después, Damon se sorprendió a sí mismo en el salón, de cuclillas frente a la chimenea encendida, afilando una estaca. Asustado por sus actos, la arrojó al fuego de inmediato.

-Tus demonios te acechan incluso en sueños, ¿no es así? -le dijo la voz de Elena a su espalda.

-Esto irá a peor -dijo él sin dejar de mirar cómo la estaca se consumía entre las llamas-. Tengo que completar el tatuaje para que desaparezcan las ansias de matarte pero, cuanto más mate, más difícil me resultará controlarme.

Elena fue hacia él, se puso de rodillas a su lado y posó una mano en su hombro.

-¿Qué quieres hacer, Damon?

-Quiero poder estar contigo sin tener que pasarme todo el tiempo recordándome que no quiero matarte -dijo este antes de girarse para mirarla a los ojos-. Eres todo cuanto me queda. Si tú mueres, yo moriré contigo.

La vampira le acarició la mejilla y apoyó su frente contra la de él, gesto al que ambos respondieron cerrando los ojos.

-Yo tampoco me imagino un mañana sin ti –le confesó ella en un susurro.

Damon abrió los ojos para sumergirse en el brillo de estos, en la sinceridad que estos desprendían. Era la imagen más hermosa que jamás había visto, por lo que no pudo contenerse y atrapó los labios de Elena con fiereza, casi con desesperación y miedo a perderla y esta le correspondió del mismo modo, dejándose llevar por los mismos sentimientos.

-Encontraremos el modo de que esto salga bien –le prometió la chica al separar sus labios para respirar.

-Quiero creerte, pero ambos sabemos que no es tan fácil –murmuró él con tristeza-. Intervienen factores que no dependen de nosotros. Tu condición de inmortal, por ejemplo.

-Estamos en Mystic Falls, nada es imposible ni efímero. Solo tenemos que permanecer juntos.

-Estás muy segura de esto, ¿eh? –sonrió Damon levemente al ver lo testaruda que era.

-Más de lo que lo he estado en mi vida.

El Cazador sabía que por mucho que lo deseasen con todas sus fuerzas, había cosas que no podían cambiar, que su relación tenía una fecha de caducidad, pero era tan fácil creer a Elena que decidió aferrarse a la idea de que no estaban sentenciados del todo.


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Dejemos que Elena y Damon vivan en su burbuja de felicidad por un tiempo, que ya vendrán los problemas más adelante.

PD: las dos pelis que se mencionan en este capítulo ('El guateque' y 'Arsénico por compasión') son dos de mis favoritas, sino las habéis visto, os recomiendo que las veáis, son muy divertidas.

Gracias por leer el fic! :)