Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to cynosure23. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de cynosure23, solo nos adjudicamos la traducción.
The Game
Autora: cynosure23
Traductora: luzalejatb
Beta: Yanina Barboza
Capítulo 11
4 de septiembre de 2015
Despertarme en la cama de Edward, con su brazo extendido y tocándome, no era nada nuevo. Pero ahora, era nuestra cama, y de alguna manera eso se sentía muy diferente para mí, en mi corazón y en mi mente. Él dormía sobre su estómago, como siempre, y me encantaba ver lo relajado que se veía mientras dormía. Era diferente a cómo se veía usualmente y parecía tan exclusivo verlo así.
Habíamos pasado toda la noche envueltos el uno en el otro, gracias a la emoción de mudarnos juntos, diciendo "Te amo", y mi frustración inducida por el alcohol.
Recordar las palabras que habíamos dicho ayer trajo una sonrisa a mi cara, aunque todavía no podía entenderlo. Sabía que lo amaba, sin duda alguna. Habíamos escalado esta relación muy rápidamente, pero eso no cambiaba ni disminuía lo que sentía en mi corazón. No podía creer que hubiera sucedido así; que había encontrado al amor de mi vida sin siquiera buscar, pero la visión de Edward en la cama conmigo me tranquilizó de que esto era real.
—Puedo sentir que me estás mirando —murmuró Edward, sin abrir los ojos. Él extendió su mano y la movió sobre mi piel desnuda, la pequeña sonrisa en su cara cada vez mayor.
—Buenos días, bello durmiente —susurré, acercándome más para que mi cuerpo estuviera a la altura del suyo.
Sus ojos se abrieron entonces, hermosamente verdes, pero aún borrosos por el sueño.
—Buenos días —respondió.
Edward apartó la sábana de mí silenciosamente, mientras sus ojos hablaban por él. Sólo sonreí mientras descubría mi cuerpo desnudo bajo las suaves sábanas de algodón.
—Qué bueno despertar así —dijo con voz ronca, dejando caer la sábana y extendiendo la mano para tocar mi piel.
Me reí cuando él cubrió su cuerpo con el mío, besándome firmemente. La sábana se deslizó también de él, y pasé las manos por las líneas de su abdomen y sus caderas.
—Te amo —dije, las palabras seguían siendo una novedad para mí.
—También te amo—repitió Edward—. Compañera de cuarto —agregó en un susurro silencioso, moviendo sus cejas hacia mí con ligereza.
Mi risa se convirtió en un gemido cuando su mano se deslizó entre mis muslos.
—¿De nuevo? —pregunté, con voz entrecortada. Lo habíamos hecho tres veces la noche anterior; me sorprendió que hubiera quedado algo en él.
—Oh, sí —dijo Edward, sonriendo maliciosamente—. Desayuno de campeones.
Gemí de nuevo mientras él se deslizaba hasta que su cara estaba entre mis muslos.
Él hizo un trabajo rápido en mí, y para cuando se movió y entró en mi interior, yo estaba felizmente incoherente.
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—¿Es así como va a ser? —preguntó Edward un poco más tarde, mientras nos acomodábamos al lado del otro y mirábamos hacia el techo.
—Espero que no —dije en broma—. Nunca volveré a caminar.
Edward me empujó, apoyándose sobre su lado para poder mirarme a los ojos.
—Lo he dicho antes, creo, pero, Bella... nunca antes me había sentido así, no puedo mantenerme concentrado si estoy cerca de ti, solo te deseo... tanto.
—Lo comprendo —dije secamente, pero le sonreí—. Tenemos mucha suerte, Edward.
Él asintió, besándome una vez más antes de sentarse en la cama y salir de ella.
—Eso es verdad.
—No —grité, extendiendo la mano hacia él—. Regresa a la cama.
Edward se rio, esquivando mi brazo y caminando fuera de mi alcance.
—Hora de levantarse —dijo con una carcajada.
Me quejé, pero salí de la cama, siguiéndolo al baño.
—No es gracioso —le advertí mientras esperábamos que la ducha se calentara—. Ya no aguanto más.
—Cansada, ¿eh? —preguntó Edward, sonriendo triunfante.
Rodé los ojos, pero grité de risa cuando Edward me tiró a la ducha con él.
Veinte minutos más tarde, nos sentamos en la encimera de la cocina comiendo fruta y yogur; yo leyendo el periódico, y él mirando su celular.
—Ese tipo del bar anoche me etiquetó en su foto de Instagram —dijo Edward, frunciendo el ceño—. Bueno, él me etiquetó en la publicación.
—¿Qué dice? —pregunté, bajando el periódico.
Edward se aclaró la garganta.
—¡Pude conocer al Edward Cullen y a su novia en el Llywelyn's Pub en Central West End anoche! Chico agradable, ¿novato del año? Luego añadió un montón de hashtags... cardinals, stlcards, mlb, mlbwags... y muchos más que ni siquiera entiendo.
—Entonces supongo que ya no es un secreto —dije—. Cardinal Nation va a encontrar eso, de una manera u otra, ellos realmente ya te quieren y están interesados en ti. Allí va nuestra burbuja.
—No es algo malo —respondió Edward, poniendo su brazo alrededor del respaldo de mi silla—. Nunca quise que fuéramos un secreto, Bella, pero no estoy seguro de cómo manejarlo, ¿qué piensas?
—Bueno, he estado teniendo el mismo problema —admití, moviéndome en mi silla para que nos enfrentáramos—. No es que quiera esconderme, es sólo que no sé qué decir al respecto.
Edward se rio entre dientes y sacudió la cabeza cautelosamente.
—Eso es exactamente lo que sentía al decirte lo que hago para ganarme la vida —explicó—. Es maravilloso y estoy orgulloso de ello... —se calló.
—Pero es demasiado raro para decirlo de la nada —terminé por él—. Lo sé, Edward, lo sé. ¿Qué le dijiste a tus padres antes de que me conocieran? Me costó encontrar las palabras para decirles a los míos, especialmente cuando decidí mudarme aquí.
—Simplemente les dije que había conocido a alguien, y que era rápido, pero que estaba bastante seguro de que ella era la indicada —dijo Edward, inclinándose más cerca de mí—. Estaban emocionados porque te conocieron antes de regresar a California.
Nos besamos suavemente, sólo en parte cuando sonreí.
—Eso suena muy parecido a lo que le dije a mis padres cuando les conté que me estaba mudando. Sólo añadí el "lo amo".
Edward gimió, sonriendo tristemente hacia mí.
—Dios, dices eso... no tienes ni idea de lo que me hace.
—Creo que lo sé —dije con una carcajada—. Probablemente es muy similar a como me siento cuando me lo dices.
—Espero que sí —murmuró Edward, besándome otra vez—. Si es así, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos.
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—Te veré esta noche, entonces —dije, deteniéndome en la puerta de su... bueno, nuestro dormitorio—. Buena suerte.
—Gracias —dijo Edward, levantando la vista de su computadora portátil—. Ven aquí y dame un beso de despedida.
Le hice caso, caminando hacia él y colocando mis manos sobre sus anchos hombros mientras compartíamos un breve beso.
—Te amo
—Yo también te amo —respondió dulcemente, luego regresó a su computadora cuando salí de la habitación.
El trabajo estaba pesado, como de costumbre, pero por esto mismo pasó rápidamente. Mis pies estaban doloridos a mitad de mi turno, como siempre, pero no me importaba tanto. Mantuve mis pensamientos ocupados con el trabajo y con Edward, no fue tan malo.
Alrededor de la mitad de mi turno, mientras estaba sentada en mi oficina durante un período lento, mi celular comenzó a sonar. Fruncí el ceño cuando vi que era Tyler llamando, pero respondí inmediatamente.
—Hola, Ty, ¿qué pasa? —pregunté.
—Hola, Bells. Uh, me detuve en Llywelyn esta tarde porque me olvidé de pagar mi cuenta anoche. Acabo de salir de ahí, de hecho.
—No voy a pagar por el resto de tus cervezas, Tyler —dije malhumorada—. Estuvimos de acuerdo en dos a cambio de que me ayudes a mudarme.
Tyler resopló.
—No es por eso por lo que estoy llamando, muchas gracias. Había una chica allí, preguntando por Edward y por ti también. Quería saber si alguien los conocía y si él iba seguido allá y quién eres tú. Fue… raro.
—Sí, eso es raro —acordé, sentándome derecha—. ¿La reconociste?
—No, definitivamente no es una de las clientas habituales —respondió Tyler—. Estoy seguro de que no es un gran problema, pero me extrañó escuchar a alguien preguntando por ti. Pensé que debía advertirte. No volvería al bar pronto si fuera tú.
—Gracias —dije—. Sí, no creo que podamos estar de vuelta allí por un tiempo si alguien está husmeando así. Es un poco espeluznante, honestamente. ¿Qué crees que quería?
—Probablemente sólo información —dijo Tyler sin dudas—. Edward es un nuevo producto caliente, la gente quiere saber tanto acerca de él como sea posible. Vi que la publicación en Instagram de Edward se compartió en un par de páginas de fans, así que supongo que no es realmente sorprendente. No me preocuparía. Sólo quería que supieras.
—Sí, supongo, gracias de nuevo —gemí cuando mi localizador sonó—. Uh, Ty, me tengo que ir, dale a Camille mi amor, y espero que podamos encontrarnos pronto para tomar algo.
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Me fui del hospital alrededor de las ocho, plenamente consciente de que el juego apenas había comenzado a las siete y cuarto, y que Edward no estaría en casa hasta tarde. Escuché la emisión en la radio durante mi corto viaje a casa, mi corazón latía más rápido cada vez que escuchaba a los locutores mencionar el nombre de Edward. Los Cardinals estaban apenas atrás en el marcador y esperaba que Edward no dejara que esto lo desanimara.
Él era generalmente tan bueno, pero no me sorprendió cuando me di cuenta de que el marcador del juego lo afectaba mucho. Se lo tomaba muy en serio, aunque sabía que amaba el juego sin importar nada. Él sabía que no podían ganar todos los partidos, y que tampoco podía hacer jonrón en cada juego o incluso batear todas las veces. Pero aun así, no le gustaba perder, pasara lo que pasara. Edward era un buen deportista, pero un mal juego todavía le causaba dolor, y odiaba eso.
Me dirigí al apartamento con las llaves en mano, pero me detuve en el pasillo fuera del ascensor.
Una figura desconocida estaba sentada con las piernas cruzadas en la puerta. Una cabeza rubia estaba apoyada contra la puerta.
—¿Puedo ayudarte? —pregunté, acercándome.
La rubia se sobresaltó un poco, pero se levantó rápidamente. Era muy guapa, de piel dorada y pelo largo y grueso. Su rostro también era hermoso; elegante y refinado con una nariz levemente respingada.
—Estoy buscando a Edward —dijo, mirándome de arriba abajo.
—De acuerdo... ¿Y quién eres exactamente? —pregunté, sin moverme para abrir la puerta.
—¡Soy su novia! —dijo, cruzando los brazos sobre el pecho—. ¿Quién diablos eres tú?
¡Hola!
¡Parece que llegaron los problemas! ¿Quién creen que sea la rubia?
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¡Hasta el próximo capítulo!
