Capitulo 10

Terry se quedó paralizado ante la noticia que Candy acababa de darle. Ella había quedado embarazada esa noche en que habían estado juntos. Eso no podía ser posible, pero luego recordó que no había utilizado protección. Si Candy había estado embarazada, entonces...

- ¿Y el bebé? – Preguntó con temor de escuchar la respuesta, pues ella solo tenía 17 años por aquel entonces. Debió haber sido duro para ella encontrarse de repente embarazada.

- Lo perdí a las pocas semanas – Los ojos de ella reflejaron dolor al decir aquellas palabras – Acababa de tomar un baño, y sentí unos fuertes dolores en el vientre – Su voz comenzó a temblar – Cuando vi toda esa sangre yo... – No puedo terminar de decir la frase, pues el llanto se lo impedía.

- ¿Por qué no me habías dicho nada? Yo hubiera estado contigo.

- Porque te habías ido, a Los Ángeles.

- Tu... ¿Querías tener al bebé?

- ¡Claro que quería tenerlo! – Exclamó ella. No podía creer que le estuviera preguntando aquello – Era mi hijo, y tal vez no era el mejor momento para tenerlo, pero hubiera dado mi vida porque él naciera.

- Lo siento mucho – No sabía que más decir. Ella había sufrido todos estos años por la pérdida del bebé, mientras que él se había dedicado a vivir una vida llena de excesos. Se sentía la persona más miserable del mundo.

- Ya han pasado nueve años.

- Pero nunca lo has olvidado – Y como iba a hacerlo, si la pérdida de un hijo era lo peor que podía pasarle a una madre – Ha sido mi culpa, si yo no te hubiera abandonado tal vez nuestro hijo...

- Pero los "tal vez" no existen.

- Me gustaría hacer algo para compensarte – Sabía que nada podía reparar el daño que le había hecho, pero quería intentarlo.

- No, Terry. No hay nada que puedas hacer.

- Déjame intentarlo.

- ¿En que estas pensando? – Preguntó, curiosa. Terry volvió a acercarse a ella, y la rodeo con sus brazos. Candy no puso resistencia, le gustaba estar así con él.

- Quiero demostrarte que puedo ser otra persona, que puedo cambiar ¿Y sabes por qué?

- ¿Porqué? – Sus rostros estaban muy cerca.

- Porque estás a mi lado – Su ojos eran sinceros – Antes de venir a Nueva York estaba atrapado en un pozo. Lo tenía todo y al mismo tiempo no tenía nada. Había algo que faltaba en mi vida, y supe lo que era desde el instante en que te vi aquella noche en la fiesta. Cuando bajaste de tu Jaguar con ese vestido dorado.

- Ese día no me reconociste – Rió amargamente.

- Lo sé – Aún se recriminaba por haber sido un estúpido – Pero deber reconocer que has cambiado mucho en estos años.

- Era demasiado fea – Candy bajó la cabeza, avergonzada.

- No es cierto.

- No juegues conmigo, Terry – Odiaba cuando sus padres le decían que había sido una niña hermosa, pero más odiaba que se lo dijera él – Se que era fea, nunca se fijaron en mi cuando íbamos a la escuela, y solía ser el blanco de burla de todos ustedes.

- No recuerdo haberme burlado nunca de ti.

- Tienes razón – Aceptó ella. Tu solo te dedicabas a ignorarme, nunca te diste cuenta que estaba loca por ti.

- ¿Cómo dices? – Terry no podía creer que le estuviera diciendo eso.

- Nunca lo has notado, pero he estado enamorada de ti desde que éramos niños. Pero tú solo tenías ojos para Susana.

- Era un imbécil en aquella época.

- Hay algo que no entiendo... ¿Por qué te acostaste conmigo aquella noche? – Esa era una pregunta que Terry se había replanteado mil veces - ¿Es porque estabas borracho?

- No – Dijo él con convicción – Es cierto que había tomado de más, pero no estaba borracho esa noche.

- Entonces... ¿Solo querías acostarte con alguien?

- Se que tienes una mala imagen de mi, pero en aquella época no me acostaba con todas las mujeres tenía en frente. Si estuve contigo fue por otra cosa.

- ¿Qué? – Quiso saber ella.

- ¿Recuerdas esa noche en que estábamos en mi casa estudiando, y pedimos unas pizzas? – Candy asintió con la cabeza, lo recordaba vagamente, pues había bebido de más – Me dijiste que me querías, yo pensé que se debía al alcohol, pero luego te besé, y sentí algo que nunca antes había sentido al besar a otra mujer – Hiso una pausa – Luego te invite a ese lugar para agradecerte por lo que habías hecho por mí, y no había planeado lo que sucedió después, pero no pude evitarlo, había algo en ti que me atraía y no pude contenerme a las ganas que tenía de hacerte mía.

- Pero no me amabas – Dijo ella, con tristeza – No como yo te amaba a ti.

- Porque era un muchacho inmaduro, pero ahora quiero ser una persona diferente – La abrazó más fuerte – Se que no tengo derecho a pedirte esto, pero quiero que me ayudes, te necesito a mi lado en este momento – Candy se quedó callada, no sabía que decir ante las palabras de Terry – No me abandones, por favor.

- Si, Terry – No sabía si estaba cometiendo un error al darle una segunda oportunidad, pero iba a arriesgarse – Estaré contigo.

- Gracias, Candy – La besó tiernamente – Te prometo que no te defraudaré.

Se sentaron en el sofá, los dos abrazados. Conversaron por un rato, hasta que Candy se fue a su casa, pues al otro día debía levantarse temprano para ir a trabajar. A Terry le hubiera encantado llevarla a la cama y hacerla suya una vez más, pero no era el momento indicado. Acababan de confesarse sus sentimientos más profundos, y era mejor que ese día terminara así, antes de hacer algo que pudiera destruir lo que había logrado ese día.

Se fue a acostar con una sensación de vacío en su pecho. Candy había tenido nueve años para superar la pérdida de su hijo. Pero él apenas se había enterado de que había procreado un bebé que no había llegado a nacer. No podía sacarse de la cabeza, que si él hubiera estado con Candy en aquella época, apoyándola con su embarazo, tal vez en esos momentos, podía tener consigo a su hijo. Se preguntaba como hubiera sido, si tendría los ojos verdes de Candy y su cabello castaño, pero nunca podría saberlo. Entonces lloró por primera vez desde que había cumplido diez años. Lloró por ese bebé suyo, al cual nunca podría conocer, y por Candy, por todo el dolor que había tenido que soportar ella sola. Se odiaba a sí mismo por haber sido un joven estúpido e inmaduro, pero las cosas iban a cambiar de ahora en adelante. Si quería ser el hombre que Candy necesitaba a su lado, debería modificar muchas cosas en su vida, y estaba dispuesto a hacerlo por ella, para que un día pudiera llegar a perdonarlo por lo que le había hecho.

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Candy caminaba por los pasillos del área de pediatría para asegurarse que todo estuviera funcionando correctamente. En una de las sillas de la sala de espera, estaba sentada una persona que se le hacía familiar. Miró a aquel hombre con detenimiento, y se acercó a él.

- ¿Anthony? – El rubio levantó la vista.

- ¿Cómo sabe mi nombre?

- Soy Candy – Entendía que no la reconociera, lo mismo que había pasado con Terry – Íbamos a la misma escuela – Él la observó con detenimiento, intentando recordar su cara. De pronto, sus ojos se abrieron con sorpresa.

- ¿Eres Candice White Andrey?

- Si – Contestó ella – He cambiado un poco.

- Ahora lo recuerdo – Dijo algo pensativo – Eras tú quien bailaba con Terry la noche de la fiesta ¿Por qué no te quedaste?

- Tenía cosas que hacer – Mintió ella.

- Ya veo... Así que eres doctora – Le dijo al ver su bata blanca.

- Soy la directora del hospital – Anthony la miró con admiración. Candy había cambiado mucho en esos nueve años. Ahora entendía porque Terry se había fijado en ella, en verdad era hermosa - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Lindsay se sentía mal – Candy desvió su vista a la niña rubia que estaba al lado de Anthony – Decidí traerla para que la revisen, pero hace mucho que estamos esperando.

- Es que dos de nuestros pediatras están de vacaciones, y uno se ha reportado enfermo – Explicó ella – Pero vengan a mi consultorio, yo misma atenderé a Lindsay – Le sonrió a la niña.

- Gracias – Ambos se pusieron de pie y siguieron a Candy hasta su consultorio. A pesar de ser la directora del hospital, ella continuaba atendiendo cada vez que podía, pues se sentía más útil de ese modo.

- Tomen asiento – Les ofreció ella, mientras se sentaba detrás del escritorio – Y bien... ¿Qué es lo que te está sucediendo, Lindsay? – Le preguntó con tono maternal, esa pequeña le hacía recordar a sus sobrinas. Al ver que su hija no respondía, fue Anthony quien contestó.

- La he notado sin ánimos, y con falta de apetito.

- Ya veo... ¿Y cuanto tiempo hace de esto?

- No lo sé – Al ver la expresión de confusión en el rostro de Candy, Anthony decidió explicarse mejor – Lindsay vive con su madre, a mí solo me toca tenerla unos pocos días a las semanas – Candy sintió pena por él, sabía lo duro que podía llegar a ser para los padres estar separados de sus hijos por un divorcio.

- ¿Podrías esperar afuera unos segundos? – Le pidió a Anthony – Me gustaría revisar a Lindsay, y tal vez le resulte incomodo si estas presente.

- De acuerdo – Antes de salir, se agachó para quedar a la altura de su hija – Quédate con ella, te tratara bien ¿De acuerdo? – La niña asintió con la cabeza.

- Bien, Lindsay – Le dijo ella una vez que estuvieron a solas - ¿Cuántos años tienes? – La niña levanto su mano derecha - ¿Cinco? Esos son muchos años – Candy la tomó en sus brazos y la llevó hasta la camilla, le mostró el estetoscopio que llevaba colgado del cuello – Con esto podré escuchar los latidos de tu corazón... no duele ¿Quieres probarlo? – Lindsay volvió a asentir, y Candy con cuidado colocó el estetoscopio en su pecho. Todo parecía estar bien, pero al levantarle un poco la remera, pudo notar unos moretones. No era la clase de golpes que los niños tienen constantemente. Candy había atendido muchos casos de abuso infantil como para poder detectar uno. Decidió que debería hablarlo con Anthony – Lindsay ¿Puedes salir un momento y decirle a tu padre que entre? No tardaremos mucho – Ella hiso lo que Candy le dijo, e inmediatamente su padre entró al despacho.

- ¿Tienes un diagnostico? – Le preguntó, preocupado.

- Lindsay presenta moretones en varias partes de su cuerpo – Le comento ella con seriedad, y Anthony puso cara de horror, pues sabía a donde quería llegar ella – ¿Sabes si su madre tiene actitudes violentas con la niña?

- Nunca he creído que Yasmín fuera una madre, pero tampoco pienso que llegara a tales extremos, aunque no podría descartarlo.

- ¿Su madre ha vuelto a casarse? – De pronto recordó a aquel hombre que estaba en la casa de su ex mujer

- ¿Es posible que Lindsay haya sido abusada?

- Es posible – A Candy no le gustaba dar ese tipo de noticias – No he querido hacerle exámenes más exhaustivos por miedo a asustarla.

- ¿Qué puedo hacer? – Anthony había comenzado a desesperarse. Si su hija había sido abusada, sería capaz de matar con sus propias manos a quien lo hubiera hecho.

- En casos como este, tengo la obligación de comunicarlo a las autoridades para poder determinar si ha habido abuso y en caso de ser positivo, buscar al culpable.

- Hazlo ahora – Exigió él – No permitiré que Lindsay vuelva a la casa de su madre.

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Annie acababa de llegar a su casa después de una tarde de comprar. Había visitado miles de tiendas de bebé, y se había excedido un poco con los gastos, pero no pudo evitar comprar todas aquellas cosas que necesitaría su futuro hijo. Al bajar de su auto, se dio cuenta que Archie estaba en el pórtico de su casa.

- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó de mala gana – Creí que todo estaba dicho entre nosotros.

- ¿Me permites pasar? – Le dijo, mientras la ayudaba con las bolsas.

- De acuerdo – Aceptó ella. Annie le pasó todos los paquetes y abrió la puerta de casa, invitándolo a pasar. Archie dejo las bolsas en el piso y se sentó en un sofá, al igual que ella - ¿Por qué has venido?

- ¿Por qué crees? – Le preguntó con fastidio.

- Si es por lo del embarazo... ya te he dicho que seguiré adelante yo sola.

- Quiero hacerme un examen de ADN – Le dijo de repente.

- ¡Es tuyo! – Gritó ella.

- Prefiero estar seguro de eso.

- Si quieres tu prueba de ADN – Le dijo Annie, furiosa – Tendrás que esperar a que el bebé nazca.

- He oído que puede hacerse antes.

- No pienso hacerlo.

- Conseguiré una orden judicial – La amenazó.

- No puedes hacer eso – Annie estaba indignada – Ni siquiera quieres a este bebé, me lo has dejado claro la otra noche.

- Si ese niño es mío me haré cargo.

- No estoy de acuerdo.

- ¡Me importa una mierda si estas o no de acuerdo! – Archie levantó la voz, asustando a Annie – Haremos esa prueba de ADN con o sin tu consentimiento – Fue lo último que hiso antes de ponerse de pie y marcharse de la casa.

Annie estaba completamente sorprendida por la actitud que había tomado Archie. No entendía porque quería hacerse una prueba de ADN, cuando ella le había dejado en claro que no pensaba pedirle que se hiciera cargo de absolutamente nada.

Hablaría con Candy al respecto, pues había oído que esas prueban en bebés que aún no habían nacido, eran peligrosas. Si su hijo corría peligro, no le importaba lo que Archie dijera o hiciera, no permitiría que nada malo le sucediera a su bebé.

Aún no les había contado a sus amigas sobre su embarazo. Solo Candy sabía que había estado acostándose con Archie, pero esa noticia les caería por sorpresa a todos, especialmente a Tom, quien se enfadaría al enterarse quién era el padre. Pero estaba segura que no tendría comparación a lo que podría llegar a hacer su amigo, cuando descubriera la relación que estaba naciendo entre Candy y Terry, pues estaba segura que ellos dos terminarían juntos.

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Candy había llegado a su casa, siendo recibida efusivamente por Chato. No llegó a sacarse los zapatos, cuando el timbre sonó. Tenía una remota idea de quién podía llegar a ser, y no se había equivocado. Terry estaba parado en el umbral de la puerta, sosteniendo un enorme oso de peluche en sus manos.

- ¿Es para mí? – Preguntó, sorprendida.

- ¿Para quién más? – Le entregó el oso, y la saludó con un beso en la boca.

- ¿Qué haces aquí? – Se hiso a un lado para que pudiera entrar.

- Solo vine a visitar a mi novia.

- No soy tu novia.

- Creí que habías decidido darme una oportunidad.

- Pero vas demasiado rápido.

- Hemos perdido nueve años – Se acercó peligrosamente a ella – No me culpes si quiero estar contigo – Le besó el cuello – Vayamos a la habitación ¿Quieres?

- No, Terry – Ella intentó soltarse, aunque en el fondo era lo que había estado deseando desde que lo vio parado en la puerta de su casa.

El no le hiso caso a sus palabras y la tomó en sus brazos. Subió las escaleras con ella, ante las protestas de Candy para que la soltara.

- ¿Vas a decirme cuál es tu habitación, o debo averiguarlo?

- La tercera puerta a la izquierda – Se dio cuenta que sería en vano resistirse, pues lo deseaba profundamente.

Terry abrió la puerta que ella le había señalado, y la depositó tiernamente sobre la cama. Él se subió encima de ella, y comenzó a llenarla de besos. Moría de ganas por estar dentro de ella, nunca se había sentido de ese modo. Candy gemía debajo de él, y Terry lo tomo como un permiso. Le desabotonó la camisa, dejando a la vista sus erguidos senos, cubiertos solamente por un sostén blanco de encaje.

- Eres tan hermosa – Le decía mientras la besaba apasionadamente – Quiero que tengamos otro hijo – Dijo sin pensarlo.

Continuará...


Me alegra mucho saber que les gusta mi historia, eso me da ánimos para seguir escribiendo.

Espero que les guste este nuevo capítulo =)

Besosssssssss