Detrás de las Apariencias
Tú, yo y el reggeaton
Inuyasha despertó lentamente y desperezándose con toda la parsimonia del mundo hasta que recordó en que situación se encontraba. Saltó de la cama y revisó desesperadamente el despertador para comprobar la hora. Se alivió que fueran las seis y media de la mañana. Sin meditarlo mucho procedió a ir al baño y asearse. Cuando terminó de vestirse, se dirigió presuroso a la habitación de Kagome. Abrió la puerta despacio y vio la tierna imagen de Kagome profundamente dormida junto a Rin, que se acurrucaba cerca de ella en la misma cama. Sonrió embobado y se acercó en silencio. Le tocó suavemente el hombro a Kagome y oyó como ella gruñó levemente. Abrió los ojos con dificultad y cuando logró enfocarlo, se extrañó y frunció el ceño.
- ¿Qué…? – Preguntaba Kagome confundida incorporándose en la cama. Inuyasha le hizo un ademán con la mano de que se callara, señalándole a Rin. Kagome ladeó el rostro y sonrió maternalmente al ver a su tierna compañera de habitación.
Luego, se levantó de la cama y cayó en la cuenta, ya demasiado tarde, que sus shorts eran bastantes cortos, más arriba de la mitad del muslo. Inuyasha miraba fijamente esa zona y ella se sonrojó azorada, tomando como escudo la misma sábana. Lo empujó sin delicadeza hasta la puerta y se la cerró en las narices a un perplejo Inuyasha. Se colocó torpemente los primeros pantalones que alcanzó y volvió a abrir la puerta, saliendo y cerrándola detrás de sí.
- Me agarraste fuera de base. – Masculló ella.
- Ya lo creo. – Dijo él con una sonrisa burlona pero luego volvió a mostrarse serio. – Te levanté a estas horas porque quería saber qué decisión tomaste.
- ¿Decisión? – Repitió ella confundida.
- Recuerda que hoy presentas la prueba de admisión a la Universidad. Pero también, hoy entierran a tu padre, lo retuvieron ayer en la morgue para esperar que tú llegaras hoy, pero todo está preparado.
El rostro de Kagome se volvió sombrío con esas palabras, pero sabía que él tenía razón, debía decidir.
- Hoy es el último día para presentar esa prueba… - Musitó tristemente. Luego de unos minutos en sepulcral silencio, ella suspiró amargamente. – Me quedo. – Anunció con los ojos opacos.
Inuyasha frunció sin entender.
- ¿No vas a ir al funeral? – Cuestionó extrañado. – Porque yo te llevo sin ningún problema. – Se ofreció amablemente. Kagome negó con la cabeza.
- Me quedo. – Repitió sintiendo que la voz se le quebraba. – Estoy aprovechando una de las diferentes fases que pasa una persona en duelo: la negación.
- No entiendo.
- La negación en el familiar, consiste en que se desentiende de la situación, ignorándola por completo como si fuese sólo una broma que le hubiesen jugado. – Inuyasha la miró compasivo y ella prosiguió. – Todos pasan por eso, y yo creo que no soy la excepción, no podré ver a papá nunca más, estoy consciente de eso, aunque no sé hasta que punto y esa ignorancia la estoy aprovechando… - Inhaló aire luchando por no llorar. – Pero mi futuro depende de esa prueba y no puedo desperdiciar un año sólo por eso…sé que no es cualquier cosa pero él ya está muerto y yo…yo debo luchar por mi futuro. – Sin poder aguantar más, una solitaria lágrima corrió por su mejilla, que rápidamente limpió con la mano.
- Entiendo. – Dijo él en tono serio. - ¿A qué hora vas para allá?
- A las ocho y media. Me voy en taxi.
- Yo te llevaré, no te preocupes, lamento haberte despertado tan temprano.
Kagome sonrió y meneó la cabeza negativamente.
- Gracias por ser tan bueno conmigo. – Susurró entrando al cuarto y cerrando la puerta una vez entrado.
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Inuyasha se encontraba chocando impaciente el llavero contra la mesa de caoba donde estaba sentado, en la cocina. Ya eran las ocho y Kagome no tardaría en aparecer, algo que le molestaba en parte, pues, se sentía impotente al no poder hacer nada para aliviar su dolor.
Y como por invocación a sus pensamientos, ella apareció en la puerta de la cocina, junto con su pequeño bolso donde seguramente cargaba los útiles que le serían de provecho. Se veía sencilla y bondadosa, como era realmente y que ahora, quizá por su falta de fuerza debido a la tristeza, lo mostraba más abiertamente.
- Hola. – Saludó sin mucha emoción. Inuyasha torció la boca en un intento por sonreír.
- Vámonos entonces. – Anunció saliendo por la puerta que daba al estacionamiento. Uno por cierto, bastante grande. – Vamos en la 4Runner porque la TrailBlazer la carga mi papá. – Agregó y Kagome lo miró como si le estuviese tomando el pelo.
- Créeme que cualquiera de esas naves espaciales es de mi total agrado. – Dijo divertida. Él sonrió también.
Una vez dentro de "la nave espacial" que le decía Kagome, Inuyasha colocó la parte frontal del equipo de sonido y revisó en la guantera, pero por la mueca que mostró, no se contentó con lo que había allí.
- Dejé el porta CDs adentro. – Anunció metiendo la llave en el suiche.
- Ah, no hay problema. - Dijo ella buscando en su bolso y sacando un CD, que Inuyasha, jurando que sería el del padre de Kagome, la dejó ponerlo con toda confianza pero al escuchar la música quedó confuso.
Tempted to touch, tempted to touch
Little woman, man I need you so much
Ganas me dan, ganas me dan,
De acariciarla por lo buena que está.
- ¿Reaggeaton? –Exclamó extrañado.
- Sí, no quiero andar triste para cuando presente y lo único que me alegra es escuchar mi música preferida. Además, ¿acaso no te gustan los latinos?
- Debo reconocer que sus mujeres son espectaculares, pero o sea, ¿esa música cuando estás de duelo?
- Cada quien lo supera a su manera. – Fue lo que dijo en defensa propia inspirándose en la música que sonaba fantásticamente en esa camioneta. – Ya sé, tú lo que quieres es que te ponga "Noche de Entierro" – Dijo ella burlonamente echándole vaina a Inuyasha.
- ¡Ja! Sobretodo. – Dijo él divertido.
- Oh, vamos, si es la "combinación del dinero" – Siguió ella.
- De la droga querrás decir.
- No te creas, Wisin y Yandel van a sacar una película acerca de sus vidas.
- Oh, ¡eso debe ser profundo! ¿Cuál es más efectiva, la marihuana o el perico? He ahí la trama de la película. – Espetó incrédulo.
- Pero así sabremos porque se autoproclama "W, el sobreviviente" – Alegó ella en su defensa riendo al igual que él.
- Sobrevivió a la droga y se mejoró en rehabilitación. Fin de la historia.
- Puede ser… - Dijo con tono pensativo, haciéndose la seria.
- ¿Sabes? Te agradezco haber aceptado que te llevara, porque Sesshomaru llegó con su típica cara de cañón y no ando de humor para aguantármelo.
- Aunque debo admitir, que con todo lo mala sangre que es él. Es atractivo. – Inuyasha la fulminó con la mirada. - ¡No me le voy a meter por los ojos, tranquilo! – Exclamó ella al ver la acusadora mirada del chofer.
- Más te vale. Es muy viejo para ti. – Masculló.
Kagome percibió que lo hizo hacer enojar, pero no entendía porqué, es decir, sólo fue un inocente comentario. En eso, al notar que la canción que seguía no le gustaba, la cambió, colocando finalmente "Noche de Entierro" y empezó a moverse aún en el asiento.
- Si suena sabroso con las cornetas de esta bicha. – Dijo inspirada. Inuyasha sólo rodó los ojos suspirando cansinamente.
- Más vale hubiera traído mis CDs.
- ¿Qué escuchas tú, pues?
- Coldplay, Green Day, Evanescence, etc.
- No, muy gringo para mí. En dado caso, prefiero Robbie Williams o Jojo, me gusta como canta esa tipa.
- Como sea. – Y en eso aceleró. Kagome notó que aún seguía enojado. Sonrió malévolamente al planear en una milésima de segundo, una forma de volver alegrarlo.
- Inu-chan. – Le llamó con toda la intención, viendo como él fruncía extrañado.
- ¿De cuándo a acá me dices como Ayame?
- Desde que me provocó. – Respondió sonriendo. – Oye, quiero salir contigo.
Inuyasha casi se iba llevando con la camioneta a una inocente viejecita que iba cruzando la calle del shock que le habían producido esas palabras.
- ¿Que qué? – Preguntó mirándola como si la hubiese visto comiéndose una cucaracha.
Kagome aún miraba incrédula a su alrededor, luego de semejante frenazo que había pegado Inuyasha.
- Más te vale que no vayas a arrollar a nadie cuando lo repita. – Dijo ella tomando aire nuevamente. – Quiero salir contigo hoy, en la tarde, si me va bien, vamos a comernos un helado, si me va pésimo en la prueba, me enseñas a emborracharme. – Anunció dando a entender la idea.
- ¿Por qué? – Preguntó confundido.
Kagome levantó los brazos en un exagerado ruego a lo sobrenatural.
- Porque quiero. Eres mi amigo, quiero compartir el dolor o la alegría contigo. – Se explicó tranquilamente.
Inuyasha sintió que su corazón volvía a retomar el mismo pulso de minutos antes. Creyó ingenuamente que esas palabras eran por algo más y no pudo evitar sonreír amargamente.
- Entiendo. – Musitó retomando la marcha a la Universidad. Kagome notó que sólo lo había empeorado y se sintió mal por eso.
El camino restante pasó en sepulcral e incómodo silencio. Cuando llegaron, él entró en el estacionamiento y paró la camioneta para que ella se bajara.
- Adiós. Me pasas un mensaje cuando salgas para venir a recogerte. Que te vaya bien. – Dijo él sin un ápice de emoción.
- Adiós. – Contestó ella apesadumbrada pero luego, como un relámpago, cruzó un impulso por su mente. Se volvió a meter en la camioneta ante la extrañeza de él y lo jaló por la camisa, besándolo así durante un tiempo. Inuyasha al principio había quedado pasmado pero luego, agarrándole el gusto a la cosa, le correspondió fervientemente. Cuando se soltaron para inhalar aire, ambos se encontraban sorprendidos. – Ahora sí, chao. – Anunció ella saliendo del vehículo y encaminándose a un lugar determinado, que poco le importaba a Inuyasha en ese momento.
Inuyasha agradeció a Dios que se hubiese estacionado en un lugar donde no paraba el tráfico pues, tenía que recuperarse de ese acontecimiento antes de volver a manejar. Echó la cabeza hacia atrás y sonreía tontamente, tanto soñar con un beso de ella en secreto, tanto imaginarse ese evento y sucedió, así de la nada, de improviso. Observó como ella había dejado en el carro su CD de reggeaton y prendió el equipo de sonido, sintiendo que esa canción de "Noche de Entierro" era un concierto de Mozart de lo extasiado que se encontraba. El ritmo de la música le recordaba a ella y eso era más que suficiente para sentir que Daddy Yankee era el mejor cantante del mundo. Lentamente iba volviendo a Tierra, pues, sentía que se encontraba más allá de la estratosfera. Prendió el vehículo y se puso en marcha de regreso a su casa.
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Kagome luchó por concentrarse en esa prueba tan larga, ya que duraba las cuatro horas correspondientes con el calendario que le habían proporcionado. Sin embargo, por su mente a cada momento pasaban dos ojos dorados como el mismo sol, que la miraban turbados y confundidos. Sonrió al recodar su acto tan temerario, sólo quería tener la esperanza que no estuviese cometiendo un error. Recordó el amor de su mamá por su papá y quería experimentar algo así. En eso, recordó una anécdota de su mamá.
FLASBACK
Una pequeña niña se encontraba sentada en las piernas de una mujer joven, que poseía gran parecido con la infanta y le sonreía dulcemente.
- Pues sí, mi pequeña Kagome, ese muchacho decía que yo tenía que ser su novia por ser la más bonita del salón pero yo no me cansaba de decirle que no.
- ¿Y por qué le decías que no? – Dijo con un timbre bastante agudo pero a la vez sumamente encantador, de cualquier niña pequeña.
- Porque estaba enamorada de tu papá. – Contestó sonriendo. – Sabía que me convenía más ese muchacho que me decía eso, pero preferí a tu papá, sabía que lo amaba y eso era más que suficiente.
- ¿Y cómo sabías eso, mami?
- Tú lo sabrás cuando sea así. Mi pequeña Kagome, no importan las circunstancias en que te encuentres, si crees que con ese muchacho que conocerás mucho más adelante tienes un gran futuro y si ves que su amor es sincero, nunca te eches para atrás, mi amor. Lucha como luché yo por estar con tu papá.
La pequeña le miró confundida, pero sin embargo asintió obediente, recordando cada palabra salida de su querida y dulce madre.
FIN DE FLASHBACK
Kagome sintió cierto picor en sus ojos debido a las lágrimas que amenazaban por salir y volvió a centrarse en la pregunta que estaba contestando.
- "Oh, mamá. ¿Estaré haciendo lo correcto?" – Se preguntó para sí, sintiendo gran pena por haber perdido a su mamá también, ya era una huérfana y aún no era mayor de edad.
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Había salido de esa interminable prueba pero se sentía victoriosa, consideraba que le había ido bastante bien. No obstante, apenas salió se compró un pastel de manzana y un té helado. Pensaba que toda la azúcar de su cuerpo la había consumido su cerebro entre tantas interrogantes que había en ese examen. En eso recordó algo, y sacó su celular para llamar a Inuyasha. Este le contestó inmediatamente.
- Ya salí. – Avisó Kagome.
- Ok, ya salgo para allá. – Contestó rápidamente y trancó. Kagome suspiró pesadamente.
Había recordado que Inuyasha cuidaría de ella hasta los dieciocho años nada más. No tenía idea de cómo iría a hacer para sobrevivir en Tokyo, sin familiares, casa, ni nada. Había pensado que tal vez, remotamente, Inuyasha le alquilara una de las habitaciones de su casa, de manera de no dejarla en la calle, pero aún se encontraba insegura.
Entre sus cavilaciones observó como llegaba una camioneta azul, una Trail Blazer y como el chofer bajaba el vidrio.
- ¡Kagome! – Le llamó Inuyasha haciéndola reaccionar y volver a Tierra.
Inmediatamente corrió a la camioneta y se montó en el asiento delantero viendo incrédula el acontecimiento del año. Inuyasha cantando reggeaton.
- Ay, nuestro amor se acabó. Por mí búscate otro hombre, otro que te vuelva loca, loca, loca, vete… - Cantaba inspiradísimo.
Kagome no pudo menos que reír a carcajada suelta.
- ¿Estás cantando lo que yo creo que estás cantando?
- ¡Los benjamins! – Exclamó él mientras veía como Kagome casi se orinaba de la risa.
- Esto provoca grabarlo… - Decía con una mano sobre el estómago, ya que le dolía de tanto reír.
Inuyasha reía pero levemente, cambiando así la canción y colocando "Rompe el suelo" de Wisin y Yandel mientras Kagome se iba ahogando de la risa.
- Mírala bien, eee, ella es la que rompe el suelo y no le importa con quien, eee… - Cantaba Inuyasha mientras Kagome lo miraba incrédula.
- ¡Ya puedo morir en paz! – Exclamó Kagome divertida. – Lo he visto todo. – Dijo en tono solemne haciendo reír a Inuyasha.
- Anda, hagamos un dúo. – Pidió él. Kagome sonrió y asintió.
- ¿Cuál?
- Pam, pam. – Dijo él cambiando la canción. Kagome no pudo evitar volver a reír.
- For the World, el dúo dinámico. Acércate a mí, un poquito, te quiero sentir, dame un cantito, acércate, te necesito, quiero contigo, bailar pegadito. ¡Zumba Inuyasha! – Cantaba Kagome entre risas.
- Bailando la toqué y ella se dejó, aprovecho y pam, pam, pam, la toco, y pam, pam, pam. Bailando la toqué y ella se dejó, aprovecho y pam, pam, pam, la toco, y pam, pam, pam…
Kagome no se imaginaba ese vacilón tan grande para ese momento, se esperaba cualquier sorpresa pero menos esa. Se encontraba feliz, era increíble, estaba tan acongojada hace unos momentos y ahora no podía gozar más, y sólo estando con Inuyasha. Ya había tomado una decisión, quería que Inuyasha se quedara con ella toda la vida y así lo haría, costase lo que costase.
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Bueno, jajaja, como que usé mucho el reggeaton, pero lo siento para las que no les guste, esa vaina a mi me encanta y las canciones que nombré arriba, sobretodo. Este, agradezco sus reviews, aunque en el capítulo anterior no recibí mucho, creo porque actualicé un día poco estratégico, pero bueno, igual, espero que les siga gustando el fic. Me gustó hacer este capítulo, yo misma me reía sola al imaginarme a Inuyasha cantando "Pam, pam" xD. (Créanme que mi hermano me miró como si fuera un bicho raro al verme reír ante el computador y observando que lo que estaba usando era el Word, ñ.ñU) Pero en fin, les agradezco el apoyo y será hasta la próxima, sayonara.
