18 de julio del 2012

Hola mis queridos lectores y lectoras, ¿Cómo han empezado el año? espero con el pie derecho, yo más o menos aquí sufriendo las consecuencias de comer tanto en navidad y año nuevo (Engordeeee! aaa que horror! pero empezaré el año con dieta jojo si como no) Tambien he andado un poco corta de inspiración pero aquí me tienen actualizando como cada domingo espero que el capitulo sea de su agrado. Y Muchas gracias por sus bellos reviews como siempre ando atrasada para responderlos pero lo haré tarde o temprano se los pormeto, bueno les dejo aquí para que lean y espero lo disfruten.

Aclaración. Los personajes por desgracia no pertenecen ya hubiera sacado una serie con ellos si fues así pero no así que seguiré soñando que más da. Y también aclaro que la historia esta basada en la pelicula el cadaver de la novia así que la idea original es de Tim Burton o quien sea que la haya escrito yo sólo me inspiré de ella ya que la cambie bastante creo bueno ahora sí me despido y nos leemos pronto :)

Capitulo 11

Renuncio a ti.

Eran las cinco de la tarde cuando ya se encontraba todo listo para la cena en casa de la familia Takenouchi; la cantidad de invitados era modesta por lo cual apenas y llenaban la mesa para catorce personas, todas ahí reunidas para celebrar el matrimonio de los ahora señores Byron aunque aquella más que una celebración parecía un velorio pues en vez de caras alegres, platicas amenas y sonrisas carismáticas, había un silencio sepultar, caras serias y un ambiente lleno de hostilidad y amargura.

Lord Byron precedía la mesa y a su lado derecho se encontraba una frustrada y melancólica Sora que no hacía más que mirar hacia la nada perdida en sus propios recuerdos y tristezas, ni si quiera una sonrisa era capaz de fingir en ese momento, su rostro cálido había sido bañado por la tristeza y sus ojo antes dulces ahora se encontraban fríos ausentes de ese brillo que les daba vida.

La cena fue servida y Lord Byron pidió la palabra para poder hablar y hacer un brindis por su nuevo matrimonio del cual según él estaba muy orgulloso y como no estarlo si para él los Takenouchi resultaban una mina de oro, lo que no sabía Lord Byron era que los Takenouchi hacía tiempo que habían dejado de serlo y ahora se encontraban en la banca rota, poniendo sus últimas esperanzas en el matrimonio de su hija.

-Su atención por favor.

Habló Lord Byron a la par que golpeaba una copa para llamar la atención de sus invitados quienes se espabilaron al escuchar el sonar del vidrio que era golpeado con una pequeña cuchada.

-Hoy, queridos invitados míos quiero hacer un brindis por la unión que se llevó entre la señorita Sora y yo. Estoy seguro que las palabras no alcanza para describir el gozo que ha de sentir mi ahora esposa en estos momentos puesto que mejor hombre pudo haber encontrado más que a mí, todo un caballero, lleno de virtudes y desinteresado sobre todo, gracia, porte, elegancia y valentía son algunas de las virtudes que muy difícilmente se pueden encontrar en un hombre pero que afortunadamente Sora Takenouchi encontró en mí así que brindo por la excelente decisión que tomó Sora al enamorarse de mí y elegirme como su marido. Así que ¡salud!

Lord Byron alzo su copa y brindó en forma simbólica con sus invitados. Sora no hizo más que rodar sus ojos hacia arriba y negar suavemente con la cabeza al oír la sarta de mentiras que había dicho el hombre que ahora se hacía llamar su esposo, alzó la copa al igual que todos y brindó a pesar de que sabía que aquel no era un brindis por su felicidad sino un brindis que significaba el comienzo de una vida llena de amargura que la haría olvidar el significado de una sonrisa y cosas tan hermosas como el amor y el calor de un hogar y una familia, aquella era una condenación a una vida llena de desgracias e infelicidad.

-Bien, pueden servir la cena.

Dijo Lord Byron una vez que su brindis hubiera terminada y de inmediato la poca servidumbre que quedaba de los Takenouchi se dedicó a servir los modestos platillos que conformaban la cena y que muy difícilmente podrían llenar el apetito de una persona.

La cena se terminó de servir y los invitados se encontraban por dar el primer bocado cuando de pronto las luces se apagaron dejando el lugar a oscuras. Fueron tan sólo unos segundos el tiempo que la luz se fue pero cuando volvió las cosas comenzaron a lucir extrañas, hubo un pequeño temblor y de pronto de la mesa comenzó a surgir un pastel gigante con una tétrica decoración y que superaba por mucho al diminuto pastel de los Byron. Una vez que la primera base hubiera aparecido en la mesa, el pastel se vio acompañado por un chico de cabellos alborotados color café que miraba a todos lados como si buscara algo y enseguida de él comenzó a surgir un chica de cabellos lilas largos que al igual que su compañero observaba hacia todos lados como si buscara algo e ignorando por completo a los asombrados invitados que rodeaban la mesa.

-¡Te dije Davis que no era en esta dirección, aquí no es la iglesia!

Se quejó la chica viendo con malos ojos a su compañero que cargaba con dificultad el enorme pastel de tres pisos que se tambaleaba de un lado a otra amenazando con caer en cualquier momento.

-¡Tú fuiste la que dijo que por este camino!

Alegó el moreno y Yolei torció la boca en desacuerdo a la par que se cruzaba de brazos molesta.

-Te dije que preguntáramos y no quisiste.

Contraataco la chica y después observó a su alrededor las caras aterradas de los invitados y de los novios.

-OH! Perdonen nos equivocamos de boda.

Se disculpó Yolei al ver que se encontraban en medio de una celebración, si es que a eso se le podía llamar celebración ya que a su parecer los que se encontraban ahí estaban más muertos que ella, estos vivos de ahora no sabían cómo hacer una verdadera fiesta.

Todos permanecieron perplejos e inmóviles a pesar de que Yolei se había disculpado con ellos, estaban tan aterrados que ninguno se atrevía a hacer movimiento alguno sólo observaban a la singular pareja con asombro.

-Vamos Yolei o se nos hará tarde.

Habló Davis ignorando por completo el terror y el espanto que habían causado con su aparición tan repentina en ese lugar.

-Oigan ¿nos pueden decir dónde está la salida?

Preguntó Yolei mirando a todos esperando la respuesta de alguno de los presentes. La señora Takenouchi fue la única que acertó a responder, con la boca abierta por el asombro y los ojos llenos de asombro y terror apuntó hacia una de las puertas que se encontraban ahí. Yolei sonrió agradeció la respuesta y junto con Davis se apresuró a salir de ese lugar.

Todos siguieron a los dos espíritus con la mirada y en total silencio, observando con terror como aquellos dos fantasmas en vez de esquivar lo que se interponía en su camino lo atravesaban como si nada, hasta llegaron atravesar la pared asombrando más a los presentes.

-Ah! Por cierto, felicidades a los novios.

Felicitó Davis a la pareja que se encontraba en el extremo de la mesa y dedicándoles una sonrisa alegre a los dos aunque ninguno de ellos la correspondió, Lord Byron estaba tan asustado que intentaba esconderse tras Sora y ella estaba tan perpleja que aún no daba crédito a lo que acababa de suceder.

-¡Date prisa Davis! –Se quejó Yolei quien ya había atravesado la pared y de la que sólo se oía su voz– Mimi y Taichi nos mataran si no llegamos a tiempo. –finalizó la chica extendiendo su mano para jalar a Davis y apresurarlo, permitiendo a los presentes ver sólo como un brazo aparecía traspasando la pared y jalaba al chico con todo y pastel.

Los dos chicos fantasmas desaparecieron y Sora parpadeó un par de veces incrédula de lo que había pasado ¿Había oído bien y aquella chica había dicho Taichi? No tuvo tiempo de reaccionar pues los murmullos se comenzaron hacer entre los invitados pero ni dos minutos habían pasado cuando un nuevo temblor se sintió en la tierra y ahora no fueron ni uno ni dos espíritus los que aparecieron, una docena de ellos se comenzó hacer presente llenando de pánico a todos los que estaban en la habitación.

-¡Los muertos nos invaden!

Gritó uno y salió corriendo del lugar atropellando a todo el que se cruzara en su camino. Este grito de terror fue el que desató el caos en todo el lugar los demás invitados también empezaron a gritar y a correr de un lado a otro sin importarles que aquellos espíritus lo único que querían saber era donde se encontraba la iglesia del pueblo para poder asistir a la boda.

-¡Qué horror!

Gritó Lord Byron escondiéndose tras el velo de Sora y usándola a ella como escudo. Sora en cambio no se miraba asustada sino más bien confundida por todo el caos que se había formado, todos sus invitados incluyendo a sus padres y mis padres corrían de un lado a otro intentando esconderse.

-¡Ah! ¡Aléjate demonio!

Gritó Lord Byron aterrorizado e interponiendo a Sora frente a él cuando vio que dos de aquellos espíritus se acercaban hacía él y Sora, uno era Joe y el otro era Izzy quienes al igual que todos los espíritus que se encontraban en ese lugar estaban perdidos y trataban de dar con la iglesia del pueblo.

-Disculpen ¿podrían decirnos donde se encuentra la iglesia del pueblo?

Preguntó el chico del cabello azul, con una amable sonrisa en su rostro.

-Está saliendo de esta casa a la derecha justo después de pasar el parque, la salida es por allá.

Respondió Sora con calma indicándoles la salida a los dos chicos quienes agradecieron con un leve asentimiento de cabeza.

-Gracias señorita, es usted muy amable.

Respondió Joe con una sonrisa y junto con Izzy se dirigió hacia donde Sora había apuntado. Una vez que los dos fantasmas se fueron Lord Byron salió de su escondite tras Sora y miró con terror a su alrededor, tomó la mano de Sora con fuerza y la jaló mientras intentaba salir de aquel lugar.

-¡Vámonos, esto es una locura! Tomaremos las joyas de tus padres y el dinero y nos largaremos.

-¿Qué dinero?

Preguntó Sora soltándose con brusquedad del fuerte agarre que Lord Byron ejercía sobre ella.

-¿Cómo que cual dinero? ¡Tu dote a la que tengo derecho! ¡Por eso me case contigo!

-¿De qué habla? Nosotros no tenemos dinero.

-¡¿Qué?! ¡Pero si ustedes me sacarían de la pobreza!

Exclamó Lord Byron enfurecido, sus mejillas se habían tornado rojizas y su rostro distorsionado por la furia que lo hizo enloquecer, tomó a Sora de ambos hombros y la estrujó con fuerza.

-¡¿Cómo que no hay dinero?!

Gritó lleno de cólera y una sonrisa torcida llena de satisfacción se formó en los labios de Sora, por lo menos ella no iba a ser la única miserable en ese matrimonio, los planes de Lord Byron tampoco habían resultado como había predicho.

-¿Qué pasa Lord Byron? ¿Las cosas no salieron como usted esperaba?

Se burló Sora con una sonrisa en sus labios y mirando fijamente al hombre que se sintió cada vez más frustrado.

-Maldita seas Takenouchi, yo me largo de aquí.

Gritó el hombre furioso y aventó a Sora haciéndola caer al suelo mientras el salía hecho una furia. Sora lo observó marcharse y poco le importó que Lord Byron se fuera, en su cabeza sólo había una cosa en mente y eso era mi nombre, ella había escuchado a Yolei decir mi nombre y después supo que todos aquellos espíritus se dirigían hacia la iglesia y no tuvo que pensar mucho para imaginar que si se dirigía a la iglesia ahí me encontraría.

Sora salió corriendo de su casa en mi búsqueda, atravesó sin ninguna preocupación el caos que había en su casa debido al pánico de las persona vivas que le temían a los muertos y a los fantasmas que se encontraban perdidos buscando la manera de salir de ese lugar y encontrar la iglesia.

Sora salió y encontró en el pueblo el mismo caos que había dentro de su hogar, fantasmas flotando de un lado a otro y personas vivas corriendo aterrorizados por todo el pueblo. Sora observó por un segundo la escena pero de inmediato buscó la iglesia y una vez que sus ojos localizaron el edificio que era el más sobresaliente de ese pueblo fue corriendo hacia ese lugar con la esperanza de encontrarme ahí, aunque tal vez para ella sería una decepción encontrarme en esas condiciones.

-¡Sora a dónde vas?

Gritó la señora Takenouchi abrazada de su esposo al ver como su hija corría alejándose de su hogar.

-¡Iré a buscar a Taichi! ¡Creo saber donde está!

Gritó Sora y continuó con su camino. Mis padres que se encontraban cercas de ahí y abrazados al igual que los señores Takenouchi que se habían quedado sin palabras e inmóviles, voltearon a verse mutuamente, y bastó una mirada para que ambos se comprendieran y decidieran ir tras Sora para poder encontrarme, mi perdida y la esperanza de volver a verme había descongelado su corazón de padres que alguna vez se vio enfriado por la muerte de mi hermana, pero que ahora volvía a latir tras la esperanza de encontrar a su hijo al cual también ya habían dado por perdido.

Mientras todo aquel alboroto ocurría en el mundo de los vivos yo me encontraba frente a un espejo en una de las habitaciones del mundo de los muertos alistándome para la boda. Miré mi reflejo en el espejo de tocador y arreglé el moño negro de mi traje para después regresar mi mirada a mi rostro, estaba nervioso pues sabía que dar ese paso significaría renunciar a mi vida y que ya no habría vuelta de hoja, y a pesar de que le tenía miedo a la muerte estaba decidido a hacerlo, pues había descubierto en aquel lugar lo que se me había arrebatado en el mundo de los vivos, lo cual era el calor de un hogar y el amor de una bella joven, aunque esa joven no fuese la mujer a la que yo amaba. Por un instante y con el recuerdo de Sora en mi mente se formó en mi rostro un semblante triste que hice desaparecer de inmediato, no debía de pensar en ella, así que sacudí mi cabeza y borré su dulce rostro de mi memoria, mi vida ya no era a su lado y era ella quien lo había decidido así cuando aceptó casarse con Lord Byron, ahora mi vida sería al lado de Mimi y no pensaba echarme para atrás.

Eché un vistazo más a mi atuendo y una vez que me aseguré que todo estaba en su lugar, salí de aquella habitación y me dirigí a la iglesia había llegado la hora de que yo cumpliera mi palabra y me dirigiera a una vida al lado de Mimi.

En ese mismo momento en que yo me dirigía a la iglesia mi hermana se encontraba en la habitación de Mimi sentada en la cama con el ramo de flores de Mimi en sus manos. Hikari estaba decepcionada de sí misma pues no había tenido el valor de enfrentar a Mimi y pedirle que no se casara conmigo, pero ¿Cómo iba a tenerlo si cada vez que se proponía a ir a hablar con Mimi ella la desarmaba con una sonrisa llena de alegría que le impedía a Hikari continuar? Mi hermana no tenía el corazón para ser la que rompiera con los sueños y las ilusiones de Mimi, así que se había resignado a dejar esa tarea a alguien más fuerte que ella, y ese alguien era Takeru, lo malo era que Takeru aún permanecía dormido y a pesar de que Hikari le había dejado una nota en su almohada para cuando despertara no estaba muy segura de que Takeru despertara a tiempo, así que había dejado todo en manos del destino.

-Vamos Hikari ya estoy lista.

Le habló Mimi desde el otro lado de la habitación, Hikari la miró y nuevamente se quedó sin palabras al ver como Mimi se veía emocionada y feliz por su boda, Hikari asintió y se puso de pie para acompañar a Mimi hacia la iglesia rogando en su fuero interno que Takeru lograra despertar a tiempo, sino no sabía qué era lo que iba a hacer.

En la iglesia nuestros invitados fantasmales se encontraban llegando junto con Davis y Yolei que llevaban el pastel consigo pero a los cuales se les veía su camino obstaculizados por el sacerdote enloquecido que les gritaban que se fueran de la casa del señor mientras que Ken, su acólito miraba con asombro a todos aquellos seres traslucidos que se encontraban por entrar a la iglesia.

-¡Fuera de aquí seres del inframundo!

Gritó el sacerdote y los fantasmas se le quedaron viendo con extrañeza al ver lo enloquecido que se encontraba aquel hombre.

-No grite es una iglesia.

Se quejó Joe, mientras pasaba tranquilamente por un lado del hombre y se quitaba el sombrero al igual que Izzy para pasar con respeto a la casa del señor. El sacerdote se quedó sin palabras, observando atónito como todos aquellos seres traslucidos entraban sin una pena a su iglesia ignorándolo a él y a sus gritos por completo.

-Oie ¿Dónde crees que pueda dejar esto?

Preguntó Davis a Ken, refiriéndose al enorme pastel que llevaba consigo y que el mismo había hecho.

-Por allá.

Ken apuntó hacia una esquina en el interior de la iglesia, Davis sonrió y le agradeció por la información para después acercarse más al chico y susurrarle al oído.

-Oie ¿Qué le pasa al viejito? ¿Por qué gritaba tanto? Para mí que debería visitar un doctor ¿no crees?

Ken no pudo evitar reír por debajo cuando oyó el comentario de Davis quien sonrió al ver la acción de Ken.

-Hey me caes bien, espero verte pronto por nuestro mundo seríamos grandes amigos.

Afirmó Davis con una enorme sonrisa en su rostro y Ken palideció ante su comentario, para poder estar en el mundo de Davis, Ken necesitaba estar muerto y eso era algo que no tenía planeado aún, desde su punto de vista aún le faltaba mucho por vivir.

-La verdad es que no deseo morir aún.

-Bueno como quieras –Respondió Davis encogiéndose de hombros– pero espero verte algún día.

-Algún día.

-Ya verás que no es tan malo como todos creen.

Respondió el moreno y después entró a la iglesia para dirigirse a dejar el pastel donde le había indicado Ken, quien siguió con su mirada al simpático chico y después miró a la chica de cabellos morados que pasó a su lado.

-Yo también espero verte pronto.

Le dijo Yolei con coquetería mientras se dirigía a donde estaba Davis para ayudarlo, Ken la miró y no pudo evitar sonrojarse y ponerse nervioso al ver la forma en que aquella chica de vestido lila le sonreía coquetamente.

Yolei alcanzó a Davis y lo ayudó a acomodar el pastel o mejor dicho le ordenó de qué forma y donde dejarlo mientras que el moreno obedecía. Una vez con el pastel en su lugar Davis miró el interior de la iglesia y regresó su vista al anciano sacerdote que seguía petrificado en el mismo lugar al lado de Ken.

-Oie, cómo que los vivos están algo locos ¿No crees Yolei? ¿Viste como gritaba ese viejito?

-Sí y muy guapos.

Afirmó Yolei dirigiendo su mirada hacia Ken quien se sonrojó y desvió su vista al verla voltear hacia él.

Eran las seis de la tarde cuando las campanas de la iglesia comenzaron a resonar indicando que la boda estaba por comenzar. Yo me encontraba ya al pie del altar esperando a la novia al igual que los invitados quienes volteaban al igual que yo hacia la entrada esperando ver a la novia hacer su gran entrada.

La marcha nupcial comenzó a tocar y aparecieron al fondo de la iglesia las dos damas de honor vestidas de lila para después dar paso a la gran entrada de Mimi quien con una sonrisa en su rostro comenzó a caminar por el pasillo alfombrado de color rojo mientras miraba a la persona que la esperaba en el altar. Aquel momento había sido como siempre lo había soñado: sus dos mejores amigas acompañándola hacia al altar y todos sus demás conocidos y amigos ahí presentes en la iglesia acompañándola también y en el altar esperándola la persona a la que ella siempre esperó. Mimi se detuvo un segundo y la sonrisa se borró de su rostro por un instante en su mágico momento yo no era el que estaba esperándola en el altar con una sonrisa, era alguien más, el chico rubio de sus sueños, pero casi en el mismo instante ese chico había desaparecido dejándola de nuevo en la realidad, y viendo que en el altar estaba yo y no él. Mimi se sintió confundida y a pesar de que algo le decía que estaba cometiendo un error decidió continuar con su camino y llegó hasta mí, tomó mi mano y al ver mi rostro, la seguridad y la sonrisa que había perdido volvieron a surgir, convenciéndose así misma de que aquello no era un error y que la persona que ella había esperado siempre no iba aparecer después, pues ya lo había esperado tanto tiempo y él nunca llegó, ya era hora de que ella siguiera adelante.

La ceremonia comenzó como empiezan todas las bodas, con un sermón sobre el matrimonio por parte del celebrante y una vez que Izzy terminó con el sermón nos pidió que nos tomáramos de las manos para iniciar con los votos que nos unirían toda la eternidad. Yo tomé a Mimi de sus manos y ella me miró y me sonrió un tanto nerviosa, la notaba un tanto insegura pero yo no lo estaba, estaba decidido hacerlo y le daría la fuerza a ella para que también lo hiciera.

En ese instante en que yo tomaba a Mimi por las manos y que estaban por iniciar los votos, Sora llegó a la iglesia, su respiración era agitada por haber corrido hasta allí pero aún así se decidió a entrar lo más rápido que sus pies cansados y lastimados por los tacones se lo permitió. Entró con cautela cuidando de no interrumpir, quedando asombrada al ver que yo era el que me encontraba en el altar a punto de hacer los votos. Ella se había imaginado que iba a una boda por los comentarios que había oído de los demás fantasmas que llegaron a su casa pero nunca se imaginó yo fuera el novio de aquella boda.

-Taichi.

Susurró Sora sorprendida al ver que yo me encontraba frente al altar tomando las manos de Mimi y sonriéndole dulcemente. Impulsada por su curiosidad y su incredulidad Sora caminó hasta el frente abriéndose paso entre los demás invitados hasta quedar a unos metros tras de mí comprobando con lágrimas en los ojos que aquel que estaba por casarse era yo y no otra persona.

-Con esta vela alumbraré tu camino, tu copa nunca estará vacía pues yo seré tu vino.

Dije a la par que servía el veneno en la copa que Mimi sostenía en una de sus mientras que yo tomaba la mano de Mimi y colocaba el anillo en ella y terminaba con mi parte de los votos.

-Ahora tú Mimi.

Le indicó Izzy y ella sonrió dispuesta a proseguir con sus votos. Mientras Mimi daba comienzo a sus votos, Hikari se estrujaba sus manos nerviosa rogando que Takeru apareciera cuanto antes sino ella estaba decidida a intervenir y detener esa boda antes de que yo bebiera del veneno. En ese mismo momento mis padres llegaron a la iglesia y vieron con asombro como su hijo estaba frente al altar a punto de casarse. Mi madre dijo mi nombre en voz alta pero fue silenciada por los invitados que se encontraban en las últimas bancas de la iglesia y mis padres tal vez hubieran hecho algo para detener la boda si no fuese porque encontraron entre los invitados a su hija muerta llenándolos de confusión y sin saber cómo actuar.

-Tu copa…

Pronunció Mimi a la mitad de sus votos pero de pronto su mirada que se había apartado de mí por un segundo quedó fija en alguien más llenándola de confusión y remordimiento. Mimi había visto a Sora quien refugiada en uno de los pilares del templo observaba en silencio y con lágrimas en los ojos mi boda, incapaz de atreverse a intervenir puesto sentía que ella había perdido ese derecho cuando aceptó a Lord Byron como su esposo.

Mimi intentó ignorarla y continuar con sus votos, regreso su mirada a mí y aunque intentó concentrarse no lo logró, sabía que estaba cometiendo un error y una injusticia.

-Tu copa jamás estará vacía… jamás estará vacía… porque… porque…

La mirada de Mimi regresó de nuevo a Sora y aunque quiso convencerse de que Sora había perdido su oportunidad y que ahora era la suya no pudo, su consciencia no se lo permitió.

-Porque yo seré tu vino.

Finalicé yo decidido a tomar de aquella copa, en aquel instante Hikari estuvo por levantarse de su asiento si no fuese porque vio entrar a Takeru entrar corriendo por una de las entradas laterales del templo, pero no fue Takeru el que me detuvo de beber de aquel vino sino la misma Mimi quien detuvo mi copa antes de que llegara a mis labios.

-No puedo hacerlo.

Me dijo Mimi con ternura y yo la miré confundido, Hikari regresó su atención hacia nosotros y Takeru se detuvo de golpe observando asombrado al igual que todos aquel momento.

-Ya se está arrepintiendo.

Murmuró Davis a Joe y el chico de cabello azul le dio la razón con un asentimiento de su cabeza para que después ambos regresaran su atención hacia donde nos encontrábamos Mimi y yo.

-¿Por qué?

Le pregunté con voz suave y realmente confundido, ella me miró con tristeza y quitó la copa de mis manos para dejarla sobre el altar, después miró a una persona tras de mí y el sólo verla le dio el valor y la certeza de que hacía lo correcto, yo intenté voltear pero suavemente Mimi me lo impidió posó su mano sobre mi mejilla y suavemente me obligó a dirigir mi mirada hacia ella, me sonrió y sus ojos humedecidos me miraron tiernamente.

-Yo no soy la persona para ti y lo sabes.

-Pero…

Intenté protestar pero Mimi me silenció colocando con su mano libre su dedo anular sobre mis labios pidiéndome que guardara silencio, miró de nuevo a la persona tras de mí y después me miró a mí.

-Gracias por intentar hacerme feliz a costa de tu propia felicidad, pero la verdad es que yo estoy esperando a otra persona, no sé donde está pero él algún día llegará, como la persona que tu amas llegó por ti, Taichi tu no me perteneces siempre le has pertenecido a alguien más y espero que seas feliz al lado de esa persona.

Mimi soltó mi mejilla, caminó un paso hacia atrás y extendió su mano invitando a la persona que se encontraba tras de mí a que se acercara. Yo me voltee lentamente y me encontré con la imagen de Sora caminando hacia nosotros.

-Sora…

Murmuré confundido y asombrado, ella también estaba vestida de novia y aunque mi primer impulso fue correr a abrazarla me detuve y voltee a Mimi como pidiendo su autorización. Con lágrimas en los ojos y con una sonrisa me miró y asintió.

-Adelante.

Me dijo y yo no lo dudé más, corrí hacia Sora y la abracé con fuerza, ella también me abrazó y lloraba.

-Pensé que te había perdido.

Me dijo entre sollozos mientras su pecho aún se encontraba escondido en mi pecho, al oír aquellas palabras la abracé con mayor fuerza pues yo también había creído haberla perdido.

-Hiciste lo correcto.

Le dijo Takeru a Mimi al mismo tiempo que se paraba a su lado y observaba al igual que Mimi y los demás invitados como Sora y yo nos abrazábamos celebrando el hecho de que estábamos juntos de nuevo.

-¡Takeru despertaste!

Exclamó Mimi al ver al rubio parado a su lado, Takeru la miró y le sonrió amablemente.

-No a tiempo para impedir la boda pero me alegra que tú sola te hallas dado cuenta de que era un error.

-Él no es la persona que yo espero, no era justo encadenarlo a mí y arrebatárselo a ella, se nota que en verdad lo quiere, además no sé porqué pero tengo la sensación de que la persona a la que realmente espero pronto llegará.

-Mimi sobre eso…

Takeru no pudo continuar con lo que iba a decir pues se vio interrumpido por Sora y por mí que nos acercamos hacia donde la castaña se encontraba hablando con el rubio para agradecerle la oportunidad que nos había dado a Sora y a mí para ser felices.

-Mimi en verdad que no se cómo agradecerte.

-No tienes porque hacerlo Taichi, era lo correcto.

-Pero aún así fue muy noble lo que hiciste, y créeme que siempre estaré en deuda contigo.

Habló esta vez Sora a la par que tomaba las manos de Mimi en forma de gratitud, Mimi le sonrió y la miró con cariño.

-La única manera en que me lo puedes agradecer es haciendo feliz a Taichi él se lo merece y en verdad te ama.

Sora me miró, le sonreí y después miró a Mimi con una sonrisa.

-Ten por seguro que dedicaré mi vida entera a hacerlo feliz.

Le respondió Sora con una sonrisa que se vio correspondida por la de Mimi, yo abracé a Sora y ella soltó a Mimi lentamente, nos compartimos sonrisas entre los cuatro pero antes de que alguno pudiera hacer o decir otra cosa unos ruidosos aplausos se escucharon con eco por toda la iglesia; todos incluyendo los invitados volteamos hacia donde provenía aquel ruido y nos encontramos con la figura de un hombre que entraba caminando por el pasillo principal y que lo llevaba hacia donde estábamos nosotros frente al altar. No era otro más que Lord Byron.

Proximo capitulo:La venganza del destino - Domingo 13 del 2013

Mimato196