-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la segunda temporada de la serie "Kósem La Sultana" producida por Timur Savci y ahora protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV). Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, más su distribución y/o utilización corre absolutamente por mi cuenta para la dramatización de la historia.
Capítulo 10
Sakura observo las puertas de sus aposentos abrirse con un ligero chirrido luego de haberle indicado a quien sea que tocara que podía pasar. Habían transcurrido un par de horas desde la llegada de Naoko y Sakura no podía hacer sino repasar una y otra vez el pan que tenía en la mente y sus razones para sonreír ante la llegada de la pelinegra que la reverencio debidamente una vez hubo entrado en los aposentos, encontrándose con la que era, ante la ley Imperial, la única esposa legal del Sultan.
-Sultana—saludo Midoriko con una sonrisa ligera e inocente que Sakura no creyó honesta en lo absoluto.
En el pasado ella había sido la única que había considerado a Naoko una amenaza, sus aspiraciones eran grandes bajo esa piel de cordero que siempre se empeñaba en mostrar ante el mundo, pero con el tiempo y paciencia había hecho que Sasuke viera sus razones para dudar de Naoko y el intento de rebelión de su parte no había sido ratificado tal hecho, permitiendo exiliarla. Naoko siempre había sido y seria falsa, nada ni nadie podría cambiar eso porque la gente sencillamente no cambiaba porque si, esas líneas no se tranzaban sin difíciles decisiones.
-Bienvenida, Naoko—sonrió Sakura ocultado por completo su sentir.
Esa sonrisa intrínsecamente falsa podía pasar por una honestidad incuestionable, su habilidad para mentir se había afianzado con los años y era propicio saber usarla. Como buena anfitriona, Sakura le indico a Naoko que tomara asiento a sus pies sobre unos almohadones de seda ya predispuestos y que la pelinegra no pudo evitar aceptar, aparentemente gustosa. Vistiendo unas sencillas galas gris azulado de cuello en V, mangas ajustadas y hombreras marcadas, con su largo cabello adornado por una diadema de plata, Tenten se acercó con una bandeja en las manos, ofreciéndole una taza de té a la Sultana Naoko que acepto gustosa la atención de parte de la pelicastaña que ocupo su lugar de pie junto a diván de la Sultana Sakura.
-Me preocupe al saber de ti—mintió Sakura causando la sorpresa de Naoko, -espero que tu enfermedad no sea grave.
Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca; tanto ella como Sasuke eran conscientes de que usar esa estrategia en ese momento era lo mejor. Naoko tendría tiempo con Rai a montón, tendría poder y podría hacer lo que le placiera pero teniendo la permanente atención de ambos sobre ella para garantizar que no cruzara la línea entre el respeto y la osadía.
-Son mis pulmones, Sultana—informo Naoko con voz suave y una ligera sonrisa agradecida por el interés de la Sultana Sakura. Falsamente, desde luego, -en ocasiones se me dificulta respirar.
Sonriendo sínicamente en su interior, Sakura observo con tristeza y lastima a Naoko que parecía haber aprendido muy bien cómo actuar y aparentar debilidad y vulnerabilidad que en el pasado no había podido plasmar, pero tanto Sasuke como ella y sus hijos no confiaban ni confiarían jamás en ella, Naoko tenía que desaparecer con la misma prontitud con que debía hacerlo la Princesa Koyuki Kasahana.
-Tenemos buenos médicos—recordó Sakura con una ligera sonrisa, -Kami mediante te recuperaras pronto.
Sakura esperaba que así fuera, entre más pronto se recuperara, más pronto se iría o eso quería creer.
Metal Lee observo atentamente a las palomas que había entrado en su casa, siguiéndolas y realizando bosquejos de lo que aprecian ser alas. Era un visionario intelectual, ciertamente excéntrico pero que no dejaba de ser un visionario que creía sinceramente en la posibilidad de que se pudiera volar y tenía una idea concreta para hacerlo, pero tomaría tiempo. Naka Celebi entro con una pila de libros en sus brazos que prontamente dejo sobre la mesa, buscando su siempre delirante migo que se encontraba siguiendo unas palomas, haciéndolo entornar los ojos.
-Otra vez esas aves—bufo Naka, siendo completamente ignorado por su amigo, -volverán a ensuciar la casa—Sentándose frente a su escritorio.
Las palomas, luego de unos instantes de recorrido, encontraron una ventana por la que salir siendo observadas por el pelinegro que contemplo con humana ambición ese vuelto parejo que ellas si podían alcanzar. Encogiéndose de hombros, Metal Lee regreso por su camino mientras añadía algunas palabras al nuevo bosquejo que había hecho, sentándose frente al escritorio donde se encontraba su amigo Naka, leyendo uno de los libros que había traído.
-¿En verdad piensas presentarle tus bosquejos al Sultan Sasuke?—indago Naka, levantando la vista de su lectura y viendo asentir a su amigo, -pierdes el tiempo, el Sultan tiene cosas más importantes de que preocuparse.
El pelinegro únicamente negó ante aquello, sus propuestas habrían de esperar, pero quizá eso fuera bueno: tendría más tiempo para perfeccionar sus diseños.
Usando una capa esmeralda bordada en oro por sobre su vestido, con una corona de oro, esmeralda y piedras de jade sobre su cabello, Sarada observo divertida como su hijo Izuna jugaba junto a Sasuke y Midoriko, los hijos de la Sultana Midoriko que, sentada junto a ella y usando una capa rosa suave a juego con una corona de plata y cristales rosa, parecía más bien deprimida.
Izuna no tenía muchos amigos, su título como Príncipe del Imperio dificultaba tal cosa, pero al ver aquella escena Sarada no pudo evitar sentirse feliz al ver que no había mejor compañía para sus hijos que sus sobrinos que ciertamente tenían igual cantidad de energía que él. La Mirada de la Uchiha no pudo evitar trasladarse hacia Midoriko que observaba ligeramente triste la diversión que tenía lugar entre sus hijos y el Príncipe Izuna.
-No te dejes abatir, Midoriko—hablo la Sultana Sarada, llamando su atención y devolviéndola a la realidad. -A Sasuke y Mikoto no les gustaría verte triste—reconoció la Uchiha.
Desviando momentáneamente su mirada, Midoriko observo de sola sayo a su hijos que en efecto volteando a verla de vez en vez, preocupados por su aparente tristeza y apatía, la Sultana Sarada tenía toda la razón, no tenía que dejarse ensombrecer por las preocupaciones, eso solo haría que sus hijos se preocuparan innecesariamente por ella, aunque esto la hacía sentir especial; Daisuke ya no pedía verla y al menos sus hijos siempre estaban a su lado, de lo contrario estaría sola.
-Lo siento, Sultana—admitió Midoriko, girándose para ver a la Sultana Sarada que estaba sinceramente atenta sus sentimientos, -pero no puedo—se dejó derrotar la pelimorada, bajando la mirada y no pudiendo ver la tristeza reflejada en los ojos de la Uchiha. -Creí que al ver la traición de la Princesa Koyuki, Daisuke habría de recapacitar—menciono levantando escasamente la mirada hacia sus hijos, aportando su propia opinión mientras se apretaba la manos. -Creí que todo volvería a ser como antes.
Sarada no podía evitar comparar aquello con su propio pasado, esos días en que había creído que todo era felicidad al lado de Inojin, siendo estúpidamente insulsa como para darse cuenta de lo que pasaba, esos momentos que ahora ya no tenían ningún valor para ella. Entendía perfectamente a Midoriko, por ello mismo debía hacerle ver que erraba al creer que no había esperanza, siempre había algo por lo que seguir adelante y tenía que aferrarse a ello o comenzaría a tener pensamientos suicidas.
La pelimorada levanto la mirada al sentir la mano de la Sultana sobre su hombro en un gesto sutilmente consolador.
-Tal vez suceda, con el tiempo—brindo animo Sarada, sonriendo ligeramente, -pero debes ser más lista—Midoriko frunció ligeramente el ceño ante aquello, si era un consejo era mejor que lo escuchara y muy atentamente. Toda idea era bien recibida en momentos como ese. -No soy quien para hablar de eso, me engañaron y no lo supe hasta hace poco—reconoció Sarada, bajando la mirada con una escasa sonrisa, -pero debes adelantarte—dio a saber, leyendo la mente de Midoriko que pese a escucharla no entendía del todo su punto, -si Koyuki sabe hacer algo que tu no, apréndelo, haz que Daisuke no tenga que buscar nada en otra.
Lo peor para una mujer que amaba era saberse engañada, saber que alguien ocupada un lugar que no tenía por qué eclipsarse, por eso y habiéndolo vivido Sarada le estaba dando a Midoriko los conocimientos necesarios para dejar atrás los decaimientos y ser la mujer que Daisuke necesitaba, alguien que cruzara esa línea de la inocencia y se atreviera a llegar a más, una mujer que fuera lo que era la Princesa pero a la vez fuese diferente.
-Muchas gracias, pero…- titubo Midoriko, observando totalmente agradecida a la Sultana Sarada. Su forma de hablar, su trato, el parecido con la Sultana Sakura era incuestionable…pero Midoriko no comprendía su razón para ayudarla. -¿Por qué me ayuda, Sultana?—pregunto con genuino interés.
La Uchiha parpadeo sorprendida ante aquello. Claro, su madre muchas veces aprecia demasiado estricta a la hora de brindar consejos y ayuda, pero era igualmente atenta con todo el mundo, pero Sarada no esperaba que Midoriko tuviera tan baja autoestima como para desconfiar de absolutamente todos a su alrededor, Daisuke claramente no le estaba dando la confianza que ella debía y merecía tener producto de su rango.
-Se lo que es sentirte decepcionada de a quien amas o creíste amar—menciono la Uchiha, aludiéndose a sí misma, -y no quiero que te suceda lo que a mí—confeso con auténtica camaradería por la que era la madre de un Príncipe y una Sultana. -Muchos creen que soy una traidora.
Esta última mención sorprendió a Midoriko que no escuchaba semejante sandez en el Palacio, todos alababan a la Sultana Sarada por su decoro, por su disciplina, carácter, bondad y belleza, ¿Quién podía pensar que era una traidora? Claro, había estado casada con Inojin Pasha, el que era u traidor al Imperio pero eso no tenía por qué alcanzarla a ella, le resultaba insólitamente estúpido que consideraran a una de las hijas del Sultan como una traidora al Imperio.
-Pue se equivocan, Sultana—aclaro Midoriko, sorprendiendo a Sarada que ciertamente no había esperado repuesta ante sus palabras. -Con solo verla, sé que usted es igual a la Sultana Sakura.
No sabiendo que decir ante la primera persona que reconocía que no era sino una Sultana Imperial, Sarada no pudo evitar sino sonreír ante aquello. Al menos no todos la consideraban un problema en ese Palacio.
La noche se dejó caer en el Palacio ante el inmediato y pronto avance de las horas que matizaron el cielo de múltiples colores. Boruto termino de limpiar un revolver que había llegado a sus manos hacia poco por obra de un cargamento habitual pero ciertamente moderno, las armas eran algo propicio para el Imperio y aun que había recibido indicaciones de cómo se usaba, Boruto jamás había tenido el placer de usar un arma nueva.
En un gesto involuntario, el Uzumaki apunto hacia la puerta que, sin darse cuenta, se abrió con un leve chirrido permitiendo el ingreso de la Sultana Izumi que observo divertida al rubio. Muchos considerarían tal gesto como un intento de asesinato, pero Izumi podía evitar sino sonreír ante la distracción que se encontró en la mente del Uzumaki que tardó en reaccionar ante quien tenía en frente, reverenciándola de forma apresurada mientras se levantaba de su lugar frente a su escritorio.
-Yo debería dispararte a ti—ironizo Izumi, sonriendo.
La Sultana Izumi se encontraba usando un sencillo pero muy halagador vestido aguamarina, mangas ajustadas y calzado a su figura por un cinturón de tela completamente liso que iniciaba bajo el busto y terminaba a la altura de las caderas, cuello en V, alto, que configuraba un escote inocente decorado por tres botones de oro a juego con el estampado de la tela, que emulaba flores bordadas en hilo de oro. El largo caballo castaño de la Uchiha se encontraba recogido tras la nuca, como siempre, adornado por una diadema de oro en forma de cápulos de flores y que sostenía n largo velo que se arremolinaba sobre sus hombros.
Boruto rodeo su escritorio, acercándose hacia la Sultana Izumi que con obviedad no le quitaba los ojos encima, llevándolo a cuestionarse por vigésimo séptima vez, ¿Qué decir para aclarar que no sentía ese "amor" que ella proclamaba sentir con todo su corazón?
-Lamento no haber ido a su encuentro, anoche- admitió su error Boruto siendo que había estado atareado revisando el caso de la Princesa Koyuki, -no hay justificación que valga. Puede decirme lo que quiero, ahora—señalo a la nada de la habitación como indicación de que no había nadie que les impidiera hablar.
A solas con él en la misma habitación, Izumi no pudo evitar escucha como su propio corazón latía más apresuradamente por aquel grado de familiaridad que podía existir entre ambos sin mayor esfuerzo. Boruto no le había respondido a u suda inicial, el sí sentía lo mismo o no sobre el amor que ella si declaraba sentir por él. Necesitaba una respuesta o un indicio, algo que le diera motivos para pensar de forma incuestionable y continua en él.
-Lo que siento por ti, contra mi mente y mi corazón, Boruto—inicio Izumi pese a saber que estaba mal ser tan directa, pese a saber que Bruto no tenía el poder suficiente ni la influencia como para que ella se fijara en él, pero lo amaba, -no temo quemarme producto de lo que siento.
En otra situación, Izumi quizá hubiera dudado en confesar sus sentimientos pero era la hija del Sultan y una de las mujeres más poderosas y hermosas del Imperio, el mundo estaba a sus pies y podía tener todo aquello cuanto desease. ¿Por qué Boruto no le correspondería sabiendo cuan bien parado podría salir si le correspondía como ella deseaba? Simplemente nadie desaprovecharía semejante oportunidad con una Sultana como ella.
-Mi deber es claro, Sultana—oficializo Boruto, sin reparar en que Izumi se sentía prácticamente victoriosa, -soy el Hasoda Basi de su majestad, no puede tener esos sentimientos—se expresó para decepción de la Sultana.
Eso era lo único que podía aludir en ese momento para salir de aquel dilema; el deber, su lealtad hacia el Sultan que habría de decidir su vida y todo aquello cuanto hiciera tal y como sucedía con todos en el Imperio, quizá ahora la Sultana Izumi desistiera de ese sentir y pudieran volver a su antigua relación, una simple y escueta amistad, esperaba que ella lo comprendiera, pero siendo tan joven, Bruto no podía estar totalmente seguro de ello.
-Me subestimas, Boruto—sonrió Izumi, claramente captando el reto que significaba persuadir al Uzumaki.
La Sultana le dio la espada y se retiró sin voltear, dejando a Boruto a solas con sus pensamientos.
Sasuke recorrió los pasillos hacia lo aposentos de su esposa con la habitual escolta jenízara tras suyo, meditando el día que afortunadamente no había resultado atosigante o una carga pese a la llegada de Naoko, de hecho agradecía no tener quejas de parte de nadie, especialmente e Sakura que siempre tenía que llevarse la peor de las cargas; lidiar con quienes resultaran un problema, pero ella siempre se ofrecía a hacerlo desinteresadamente, incluso antes de que él se lo pidiera.
Todo pensamiento dirigido hacia Sakura se vio desvanecido en cuanto vio a Naoko aparecer en su rango de visión, empañando el "lugar en feliz" que tenía en mente. Pero, y recordando la estrategia de Sakura, el Uchiha se mantuvo completamente sereno, deteniéndose frente a Naoko que lo reverencio debidamente con falso cariño en su mirada.
-Que hermosa coincidencia, su majestad—saludo Naoko al Uchiha con una perfectamente inocente sonrisa, -quería agradecerle el permitirme ver a mi hijo.
Sasuke asintió únicamente ante esto. Claro, no había podido negarle ese placer egoísta a Rai porque se trataba de su madre, pero en otras circunstancias gustosamente se hubiera negado, pero ya era tiempo de deshacerse de la amenaza que significaba Naoko. Gustosamente sabía que Rai era de confianza, Sakura se había encargado de criarlo después de todo, pero quien no era de su confianza y por quien jamás se arriesgaría era Naoko.
-Se bienvenida al Palacio, Naoko—pronuncio Sasuke, sin demasiado interés, -espero que tu estancia aquí sea grata.
-Gracia a su inmenso corazón, majestad, no podría ser de otra forma—se expresó Naoko.
Asintiendo como respuesta, Sasuke se retiró sin más, cambiando su aparente buen ánimo en cuanto ella ya no se encontró en su rango de visión por un ceño fruncido y una presencia sumamente intimidante. Tenía mejores cosas en que pensar que en ser falso ante una mujer a la que sinceramente despreciaba.
Eri tomo su vestido del suelo y volvió a vestirse rápidamente, aprovechando el hecho de que el Príncipe Kagami se encontraba dormido, acomodándose uno de los hombros del vestido mientras lo abrochaba. La experiencia de la, -hacia unos momentos anteriores—primera vez, había sido más que perfecta, perfectamente memorable para ambos por el hecho tan importante que significaba perder entre si la inocencia de aquella manera tan honesta y sincera. La rubia no pudo evitarse morderse el labio inferior mientras se sonrojada: Nunca olvidaría esa noche.
-¿A dónde vas?
La voz del Príncipe a sus espaldas la hizo cerrar los ojos con ligera frustración, aparentemente no podía ser tan discreta como pretendía. Lentamente y con una sonrisa un tanto nerviosa adornando su rostro, Eri se giró hacia el Príncipe que, tumbado sobre la cama, no pudo evitar observarla levemente divertido por la vergüenza reflejada en el rostro de ella. Su madre la había enviado, había conseguido leer en su mente y darse cuenta del inmediato flechazo que había sentido por ella y que había desencadenado la y consumada primera vez entre ambos. Ciertamente nunca hubiera imaginado que pudiera sentir algo tan grande por una mujer a la que acababa de ver y a quien no cesaba de admirar más a cada momento que la veía.
-Príncipe…- titubeo Eri, señalando la puerta con sus ojos.
La tradición era que, tras un encuentro intimo como aquel, la concubina en cuestión regresara al Harem o, en este caso, a sus responsabilidades como doncella de la Sultana Sakura, pero Kagami está seguro que su madre no habría de necesitarla hasta que el estimara conveniente. La había enviado a su presencia por eso, ¿o no?
-No es necesario que te vayas—garantizo Kagami, calmando los pensamientos de ella e indicándole, casi al mismo tiempo, que se tendiera a su lado. Ni lenta ni avergonzada, sino que sonriendo ante aquella proposición, Eri se sentó sobre la cama, observando al Príncipe que entrelazo una de sus manos con la de ella, levantando la otra para acariciar devotamente su rostro.-¿De dónde vienes?—preguntó repentinamente el Príncipe, curioso por aquella mujer tan perfecta que le resultaba totalmente irreal.
Sonriendo a causa de su humana curiosidad, Eri se recostó cuidadosamente sobre el pecho del Uchiha para poder quedar cara a cara con él, con sus brazos apoyados muy cerca de sus hombros. Sus ojos brillaban de felicidad e inocencia haciendo que él no pudiera osar apartar los ojos de ella.
-Desde muy lejos—aludió ella haciéndolo arquear una ceja y sonreír con burla por su simple respuesta. –Vine a través del mar—continuo suavizando en demasía su tono de voz como había sonado al momento de haberse ofrecido sin dudas, miedos ni titubeos. Muy cuidadosamente tomo una de las manos de él haciendo que el conscientemente usara sus dedos para acariciar las inmediaciones de sus ojos. –Estos ojos…son suyos—murmuro enronqueciendo la voz y deslizando la mano de él hasta besar sus dedos con sus suaves labios, -estos labios son suyos—el descenso continuo hasta que ella provocativamente coloco la mano de él sobre su pecho, exactamente bajo su corazón en una señal romántica, devota y erótica a la vez. –este corazón es solo suyo—continuo sin apartar sus ojos de los de él mientras veía la niebla del deseo empañar sus ojos como prueba de que ella era la primera y única mujer a la que podía desear. –Soy su esclava, mi Príncipe—finalizo antes de volver a unir sus labios con los de él…
Naoko detuvo su andar en cuanto vio a su antiguo amigo y emisario aparecieron en el otro extremo del pasillo a paso moderadamente humilde, deteniéndose frente a ella y reverenciándola con total respeto. El Sultan Sasuke era muy inteligente y astuto, sin duda algo que merecía alabarse por todos, pero su sentido de la preocupación no alcanzaba todos los aspectos de su vida o no como para no darse cuenta de que tenía a un traidor en su propio Consejo.
-Kisame Hoshigaki Pasha—saludo Naoko con una sonrisa a su antiguo amigo y colaborador que, en su ausencia, había velado por la seguridad y popularidad de su hijo en el ejército Spahi para que contara con el requerido apoyo en cuanto la situación le permitiera ascender al trono. -¿Todo está preparado para mañana?—cuestiono la pelinegra de manera inmediata.
Tenía un plan en mente, un plan que de realizarse debidamente significaría la total caída de Sakura y por ende el impedimento adecuado para que los hijos de ella no pudieran llegar al trono, primero se desharía de Sakura, luego de Daisuke, Kagami y Shisui, exterminando toda posibilidad de que nadie salvo su hijo Rai fuera el heredero Imperial.
-Por supuesto, Sultana—garantizo el Hoshigaki, complaciendo a la Sultana que veía completamente realizadas sus órdenes.
Sakura iba a desaparecer para siempre.
La noche era un periodo del día importante para la jerarquía Imperial, no era sino hasta más tarde cuando los miembros de la Familia Imperial debían de retirarse a dormir por culpa de los asuntos de estado o cosas tan nimias como lo eran la intimidad y erotismo, y Sakura debía admitir que había aprendido muy bien cómo sacarle partido a eso en infinidad de ocasiones, pero en esos momentos únicamente disfrutaba de cenar amenamente en compañía de su esposo.
La hermosa Sultana pelirosa, cuyos largos rizos caían libremente tras su espalda,—adornados por una corona de oro en forma de flores de cerezo con cristales y diamantes engarzados a juego con un par de largos pendientes—se encontraba exquisitamente ataviada en unas favorecedoras e inocentes galas esmeralda de cuello y mangas de encaje transparente. El vestido de seda y satín gris perla era de escote corazón, decorado en caía vertical por cinco diamantes, falta interina igualmente hecha de encaje y mangas superiores abiertas desde los codos y holgadas para enseñar las mangas inferiores, ajustadas la brazo como el alto cuello de encaje.
-Enviaste una concubina para Kagami—menciono Sasuke, divagando sutilmente y levantando su mirada hacia ella.
Sakura sonrío ante esto, confirmando sus intenciones pero percibiendo la duda en los ojos de Sasuke, era normal, el seguía viendo a sus hijos como niños que no tenían del todo claro cómo actuar ni madurar debidamente, pero no todos eran así; Sarada, Kagami, Mikoto, Shina y Shisui no tenían por qué ser enjuiciados en esa categoría, ellos eran leales y plenamente responsables.
-No me juzgues, él mismo la eligió—advirtió Sakura ante la mirada de él, sin dejar de sonreír. -No hubiera tomado esa decisión si no hubiera visto el interés en su ojos—admitió la pelirosa sin poder evitar viajar en el pasado en su mente, intrigando a Sasuke que percibió lo que rondaba por su mente, -me recordó la primera que nos vimos. ¿Lo recuerdas?—indago la pelirosa pese a saber la respuesta.
El Uchiha entrelazando su mano con la de ella ratifico tales pensamientos, haciéndola sonreír todavía más. Por más años que pasaran ni las circunstancias que se presentaran, nada cambiaria entre ambos, si no habían cambiado hasta la fecha, ¿Por qué habrían de hacerlo en el futuro?
-¿Podría olvidarlo?—cuestiono Sasuke, ligeramente divertido por su pregunta. Sakura negó vehemente, era imposible que ninguno de los olvidaran como habían llegado hasta donde estaban y todo a lo que habían tenido que enfrentarse para alcanzar lo que tenían y sus hijos en algún momento habrían de sostener sobre sus hombros y con su propia voluntad. -Saldrás mañana, ¿verdad?—cuestiono siendo que ella abandonada el Palacio cada mañana.
Sus obras de caridad eran amadas por todos, ese empeño que ponía en ayudar a todos en el Imperio en sus necesidades y sus problemas, ella era ese incuestionable lazo de comunicación entre el Imperio y el pueblo que permitía que todo se mantuviera en orden y que la gente estuviera satisfecha con el Sultanato, Sakura era quien mantenía feliz a todo el mundo.
-Si—reconoció Sakura, sabiendo que Naruto tendría que acompañarla, pese a su disgusto, -pretendo visitar el Monasterio de Hiruzen Sarutobi junto a Mikoto y Tenten—nombro dándole a entender a Sasuke que, como siempre, no saldría sola. Para él era imperativo que ella jamás estuviera sola y a expensas de sus enemigos, de los enemigos que deseaban cambiar la estructura del Imperio y el Sultanato, -deberías ver a esos niños, son realmente adorables—no pudo evitar mencionar Sakura.
El alma noble de Sakura hacia que se centrara mucho en los niños que formaban parte de los orfanatos que ella misma había fundado, niños a quienes pagaba su educación y formación como personas, niños que comenzaban a enlistarse como jenízaros y niñas que se interesan asiduamente por la medicina. Sasuke no dudaba de que el Imperio, algún día, recordaría con especial cariño y aprecio todo cuanto ella estaba haciendo para hacer del mundo un lugar mejor.
-Me gustaría…pero tal vez en otra ocasión —admitió Sasuke, valorando profundamente todo cuanto ella hacía por el bienestar del Imperio. -También saldré mañana—comunico, confundiendo a Sakura, él jamás abandonaba el Palacio a menos que fuera estrictamente necesario, -he tomado una decisión con respecto a la Princesa—Sakura presto atención ante esto, aprobando cual fuera la decisión que él tuviera en mente, -matarla sería inútil, no nos beneficiaria en nada—inicio dando a conocer que Koyuki no moriría pese a encontrarse encerrada, -además…ya tenemos una garantía—recordó sin poder evitar sonreír ladinamente.
La pelirosa imito tal gesto, aprobando su decisión. Koyuki había dejado de ser una amenaza en aquel momento en que había consumido la comida que contenía el extracto de Casia. Aunque Daisuke estuviera interesado en ella, aun cuando ella pudiera presumir poder…no significaría una gran amenaza a menos que ellos no la vigilaran y para eso Koyuki debía estar vivía y residir en sus dominios, encontrándose en su rango de visión. Además, los húngaros ofrecerían granes tratados si ella pertenecía al Imperio, no era una mala alianza después de todo.
-Si tú crees que eso está bien, también yo—garantizo Sakura con una sonrisa, siempre estando de acuerdo con todo cuanto Sasuke considerara conveniente, por ello velaba por la paz del Imperio mediante el pueblo, para hacer menos pesada la carga del Sultanato. -Solo ten cuidado, ella es de tan poca confianza como Naoko—advirtió Sakura únicamente.
El Uchiha sintió ante su advertencia, por ello quería tener muy cerca a Koyuki y Naoko, porque así podría deshacerse más pronto de ellas, si estaban a su alcance y cometían ese error fatal, desaparecerían con enorme facilidad y les permitirían a Sakura y a él vivir tranquilos.
-Por eso la dejare vivir—razono Sasuke, viéndola asentir, -es mejor para nosotros tenerla, aquí, bajo nuestra vigilancia que dejarla partir y temer lo que pueda hacer.
Matarían a dos pájaros de un tiro.
Un nuevo día iniciaba en el Palacio y la primera labor de las doncellas de la Sultana mientras la esposa del Sultan se despertaba era arreglar los aposentos bajo el estricto orden que la Sultana tenia impuesto que tuviera cada cosa en su habitación.
Las puertas hacia la imponente y fresca terraza fueron abiertas, ventilando la habitación y regularizando la temperatura, Eri—ya de regreso en el servicio de la Sultana—acomodo un jarrón de porcelana y oro donde se encontraban unas recién cortadas flores de cerezo, las favoritas de la Sultana y el Sultan que había pasado la noche junto a su esposa. Otra de las jóvenes disperso un poco de incienso por la habitación, llenando la estancia con ese aroma tan naturalmente floral mientras su compañera abría las cortinas antes de rebuscar en la estantería, tomando los libros de contabilidad y del Harem que la Sultana habría de revisar mientras desayunaba. Otra joven termino de acomodar los almohadones del diván antes de depositaba sobre la mesa una taza al igual que una tetera de porcelana junto a su compañera que coloco una bandeja con dulces y galletas.
En la habitación de la Sultana, Tenten abrochaba el vestido a la siempre esbelta figura de la Uchiha. El vestido estaba hecho en seda y satín azul zafiro, escote corazón bordado en hilo de oro en el centro del corpiño y el interior de la falda, emulando el emblema de los Uchiha, así como en las mangas ajustadas al brazo bajo unas amplias y holgadas, abiertas desde los hombros.
Kin termino de peinar el largo y sedoso cabello de la Sultana, plagado de risos, mientras la Sultana pelirosa terminaba de colocarse un par de largos pendientes de oro de los que colgaban un zafiro en forma de lagrima. Sakura abrió la pequeña caja sobre su tocador, extrayendo el anillo de las Sultana que prontamente coloco en su dedo anular. Tenten rebusco en el armario donde yacían las joyas s de la Sultana, en compañía de Kin, ambas cargando un almohadón individual donde se encontraban dos coronas diferentes. Sakura observo de sola sayo, por medio de su reflejo, ambas coronas; la primera era de oro y emulaba rosas y hojas hecha de oro y con detalles en zafiros engarzados con diamante y la segunda era el emblema de su matrimonio, la soberbia corona de tipo torre hecha de oro y joyas de todos los colores.
-Tenten—pronuncio Sakura, como orden.
Kin se retiró para devolver a su lugar la otra corona mientras Tenten depositaba el almohadón sobre la cama y tomaba la corona de tipo torre, —hecha de oro-colocándola cuidadosamente por sobre ele cabello de la Sultana.
Koyuki no tenía ni la más remota idea de que estaba pasando.
La habían sacado de la celda en que se había encontrado, colocando una capa sobre sus hombros y, extrañamente, vendándole los ojos por motivos que ella no entendía. Luego, y pese a o poder ver nada, Koyuki sintió que la subían a un caballo y emprendían lento rumbo por caminos que ella, obviamente, no era capaz de ver, pareciéndole que esto tomaba cuando mucho una hora, hasta que sintió el caballo sobre el que estaba detenerse de forma acompasada.
Dos guardias, tratándola con increíble cuidado, la ayudaran bajar del caballo y andar u par de pasos antes de, para su disgusto, hacerla caer sobre el suelo cubierto por tierra, césped seco y hoja que resonaron bajo sus zapatos. Koyuki frunció el ceño al escuchar pasos que se acercaban, no eran los soldados que le oprimían los hombros e impedían levantarse, se trataba de alguien más y, en su mente cuando menos, quiso creer que se trataba de Daisuke, pero algo le decía que no era así. La incertidumbre la estaba matando y lo pero era que no podía protestar o eso no haría sino ameritar una muerte todavía más rápida de la que, quizá, tuvieran predestinada para ella.
El repentino tacto de alguien sobre la venda que cubría sus ojos la sobresalto ligeramente antes de que fuera enfrentada a la luz. Koyuki apretó los ojos ante la molesta luz del sol, bajando a mirada y parpadeando con lentitud, distinguiendo poco a poco las hojas sobre el suelo para proceder a levantar la mirada. En efecto había esperado encontrarse con Daisuke, pero no ante el Sultan Sasuke que, portando un abrigo de piel negro por sobre unas galas completamente ocurras, lograba intimidarla por completo.
No esperaba que el Sultan le perdonara la vida.
Como siempre, Sakura escucho pacientemente las peticiones de la gente mientras Mikoto y Tenten repartían dulces entre los niños, vista desde la distancia por Shikamaru. Por sobre su elegante vestido, la Sultana usaba una portentosa capa de seda azul zafiro borda en oro y sujeta alrededor de su cuello mediante un cordón y su siempre soberbia corona sostenía un velo dorado. Naruto la observo atentamente desde la puerta antes de darle privacidad y abandonar el monasterio, eligiendo el permanecer a las puertas de este para velar que ningún desconocido apareciera.
Sabía que ella no estaba complacida por su presencia, pero él mismo elegía velar por su seguridad, él se había ofrecido como escolta de la Sultana por temer que le sucediera algo, compartiendo el grado de preocupación que el Sultan sentía de solo pensar que algo pudiera sucederle a cualquiera de los integrantes de la familia Imperial, pero más que nada a la Sultana.
Una carrera se detuvo en la entrada exterior del monasterio ante la estricta mirada del Uzumaki que observo inquieto tal suceso antes de que, desde la carrera, le dispararan a los dos soldados jenízaros que flaneaban la entrada. A toda prisa, mientras el resto de los soldados presentes desenfundaban sus espadas, Naruto retrocedió y golpeo insistentemente la puerta hasta que uno de los guardias le abriera.
-Que todos salgan de aquí, rápido—demando Naruto, señalando la escena con sus ojos.
El guardia, claramente sorprendido, asintió y mantuvo la puerta abierta antes de correr a informar a todos. Las puertas abiertas permitieron que todos en el interior escucharan el repentino eco de disparaos desde el exterior. Sakura e giro hacia Mikoto que la observo asustada de forma inmediata antes de sentir que su madre le sujetaba firmemente la mano. En medio del pánico de la gente, que comenzó a abandonar el monasterio rápidamente, Shikamaru se vio forzado a salir como los presentes pese a sus intentos por quedare y mantenerse junto a la Sultan, a quien debía proteger.
Desenfundando su espada, Naruto impido que cualquiera de los aparentes, rebeldes, se acercara a las puertas, degollándolos de forma inmediata en cuanto estuvieran a su alcance, pero su concentración impidió que se diera cuenta del objeto que iba en su dirección. Naruto jadeo ligeramente en cuanto una flecha se clavó cerca de su hombro, en las inmediaciones de su pecho, olvidando la molestia de forma inmediata, arrancándose la flecha y continuando con su batalla mientras sentía a la gente salir a toda prisa el monasterio, temiendo de forma inequívoca por la mujer más importante para él y que se encontraba adentro todavía.
La Sultana Sakura…
Sakura se sujetó la falda para abandonar el monasterio en compañía de Tenten que caminaba tras ella, siendo sujetada de la mano por Mikoto en todo momento, pero se vio imposibilitada de eso en cuanto un hombre se interpuso en su camino, pero antes de que Sakura pudiera protestar siquiera, sintió algo punzante clavarse en u costado, sacándole el aire producto de la sorpresa y haciéndola jadear. La pelirosa bajo su mirada sin darse cuenta de la apresurada partida del hombre, encontrando un daga clavada hasta la empuñadura en su costado antes que todo a su alrededor se volviera oscuro a sus ojos y perdiera el conocimiento, escuchando únicamente un alarmado grito proferido por Tenten a su espalda.
-¡Sultana Sakura!
PD: :3 capitulo dedicado a melilove, DULCECITO311 (cuyas palabras amo :3) y Adrit126que comentaron el capitulo anterior. No se si actualice mañana pues tengo exámenes el martes y el miércoles, por ende quiero estudiar, pero aun no se si actualice antes :3 gracias y hasta la próxima, queridos lectores.
