La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.
De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también
CAPÍTULO 11
BELLA
Dios, Edward nunca se había visto tan bien… o sexy, pese a la pintura que estaba en todo su rostro. Parecía salido de una película, con franjas sesgadas en negro, verde y marrón atravesando su rostro, como si una gran garra las hubiera puesto allí.
Tal vez era porque lo echaba terriblemente de menos, o tal vez era por el aura dominante que exudaba, pero cuando subíamos las escaleras para salir de mi celda no pude resistir besar su mejilla. A estas alturas me importaba una mierda si me manchaba de pintura o no, porque sin importar la razón, él me había salvado. De nuevo.
"Gracias," le susurré, cuando su cabeza se giró de golpe para encontrar mi mirada.
"Todavía no me agradezcas, dulzura," me dijo, dándome esa perfecta y dulce sonrisa torcida suya. "Suena como que vamos a tener que luchar para salir de aquí."
"¿Y Bethy?"
"Oh, está perfectamente, amor," me susurró con un sonido casi reverente en su voz, tirando de mí para que subiera los escalones hasta el borde, para que él y Alec pudieran mirar a la vuelta de cada esquina. "Me dijo que te dijera que hizo todo lo que le dijiste."
Sonreí, lágrimas cubriendo mis ojos, pero las limpié. Podría enorgullecerme de mi niña después, pero la concentración era lo más importante por el momento. Teníamos que sobrevivir esta mierda a fin de volver con ella.
"Aw, mierda," gruñó Carlisle por la radio. "¡Alice!" Ladró.
"Adelante," le respondió.
"Necesito un tipo de corriente termal en esta casa y el área circundante. ¿Puedes hacer eso?" Le preguntó.
"Dame dos minutos," le respondió, y podía escucharle murmurando órdenes a Rose y Makenna.
"Edward, trae a Bella y a tu equipo a la casa conmigo. Sam, Spike… quédense con Eleazar," les ordenó. "Tenemos un puto túnel corriendo desde el sótano y hacia la maldita montaña."
"¿Qué quieres que se haga con esta bomba? ¿Y dónde me quieres?" Preguntó Jasper.
"¿Bomba?" Le articulé a Mickey, que estaba asintiendo con ojos amplios.
"J, quédate en alto," le dijo, y pareció titubear sobre la otra pregunta. "Em, ¿puedes desmantelarla?"
"Ya casi lo logro," gruñó.
"Cristo," escuché en mi oído, y apostaría a que era Rose.
"Mantenme informado, entonces," le respondió.
Edward se dio la vuelta quedando frente a nosotros, su rostro serio, pero dirigió más sus instrucciones hacia mí. "Jazz está en el pajar. Va a cubrirnos cuando corramos. El y su equipo están en la parte de atrás de la propiedad, y como podrás escuchar se encontró con algunos problemas."
Asentí, porque los disparos rápidos de armas automáticas se escuchaban imperceptiblemente.
"Estarás a mi lado o el de Alec, pase lo que pase. ¿Entendido?"
"Sí," le respondí, confiando en ambos explícitamente.
Sin apartar la mirada de nosotros, habló, "Jazz, ¿cómo está mi camino hacia la puerta principal?"
"Completamente despejado," fue la respuesta, "pero de todos modos los cubriré."
Alec se volvió hacia la entrada del refugio antibombas, escaneando el patio frontal. "Yo digo que hagamos esto en fases, chico. Dirigirnos hacia el pozo, luego al nido de la metralleta y finalmente, la casa."
Edward asintió una vez de acuerdo mientras escuchábamos luchar a los equipos de Sam y Eleazar por la radio. Levantó su mano, siseando, "¡Ahora!"
Edward tomó la delantera, mientras Alec tomaba la parte de atrás, lo que nos dejó a Mickey y a mí en medio. Nos movimos rápidamente, corriendo agachados unas cuantas yardas, poniéndonos de cuclillas detrás de los ladrillos del pozo. Hicimos exactamente lo mismo cuando nos ocultamos detrás de las bolsas de arena que estaban apiladas alrededor de la ametralladora.
Mis ojos se posaron en los dos hombres que evidentemente se encontraron en el extremo equivocado del rifle de Jasper, pero el intenso olor a pólvora que flotaba en torno a la enorme arma me dio una buena indicación del porqué habían muerto. Y explicaba la extremadamente ruidosa ráfaga de fuego que había escuchado solo momentos antes de que Edward y Alec llegaran por mí.
"Eso es demasiado lejos," reflexionó Alec, mirando a Edward y de nuevo a través del césped. "Voto por ese grupo de árboles primero," dijo, señalando a una parte espesa del bosque que habían dejado en la propiedad, justo a la derecha de porche delantero.
"Hay una fuente de calor en esos árboles," habló Alice. "Si van hacia allá, yo lo rodearía primero…"
"Gracias, duendecillo," murmuré, mirando a Edward.
"Lo rodearemos entonces," suspiró con cansancio, haciendo un gesto con su mano a Alec y Mickey para que se fueran por la derecha. Él y yo tomaríamos la izquierda.
"¿Carlisle?" Lo llamó Alice a medida que nos acercábamos con precaución a los árboles. "Um, hay… varias fuentes de calor bajo tierra. Como… demasiadas. Al parecer hay más de un túnel por debajo."
"Mierda," siseó Carlisle, y podía imaginármelo sacudiendo su cabeza y pellizcando el puente de su nariz en frustración. "Edward, te necesito…"
"Ya vamos para allá, papá," le respondió en un susurró, su cabeza girando repentinamente cuando balas pasaron volando frente a nosotros hacia los arbustos.
"¡Abajo!" Gruñó, llevándome con él. Nos escondimos detrás de dos árboles, casi pegados al suelo. "Jazz, tengo compañía."
"Lo estaba esperando…" Canturreó por lo bajo en la radio, tarareando lo que parecía ser Amazing Grace (1). Un solo pum, seguido por un quejido, y dijo, "Tienes todo despejado. Todos los pendejos están fuera de mi vista."
Me reí, rodando los ojos cuando Edward me sonrió. "Igual que en los viejos tiempos, ¿eh, dulzura?" Susurró. "¿No que el trabajo de detective era inofensivo?" Se rio, esquivando mi golpe a su brazo.
El crujido de una ramita, acompañada del susurro de hojas a nuestra derecha, hizo que nos calláramos y deslizáramos hacia arriba en los troncos de nuestros árboles para quedar de pie, con las armas preparadas. Edward me hizo una seña para que tomara la parte de atrás de manera que él llevara la delantera.
"Como a una yarda de distancia, Edward," nos advirtió Alice bajito en nuestros oídos. "En un ángulo de cuarenta y cinco grados, detrás de lo que parece ser… un pino enorme."
Mis cejas se elevaron, porque tenía que haber estado viendo dos pantallas para poder dar ese tipo de detalles.
Edward fijó su puntería en la dirección que había mencionado, su voz sonando seria y demandante, el sonido apagado por la vegetación que nos rodeaba. "¡Sal, o seguro como la mierda que arrojaré una granada allí!"
Dimos unos pasos vacilantes más, antes de que un hombre saliera de los arbustos, sus manos levantadas. Por todos los ángulos, cuatro armas apuntaban en su dirección— tres rifles automáticos y una pistola—pero yo bajé mi arma de inmediato.
"¡No disparen!" Les ordené, dando un paso hacia adelante. "Joder, Kurt… ¿qué demonios?"
"¡Jesucristo, no estabas bromeando!" Jadeó, mirando en torno a él.
"Demonios, no, no estaba bromeando," le dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. Tanto Edward como Alec se movían inquietos sobre sus pies, pero levanté una mano. "Esperen," les dije. "Él no es… lo que piensan…"
"Bella," me advirtió Edward. "Tiene tu arma."
"¡Mierda! Tómala… no la quería para empezar," dijo Kurt, señalando la cintura de sus pantalones con sus manos todavía levantadas.
Me reí entre dientes, recuperando mi nueve milímetros. Revisé la cámara, el cargador, y me aseguré que el seguro estuviera puesto, antes de guardarla en mi espalda baja.
Me volví para mirar a Edward, asegurándome de que estaba entre los dos hombres. "Te explicaré los detalles más tarde, pero yo responderé por él, Edward."
Mi esposo no parecía tranquilo con esa declaración. En lo absoluto.
"¡Joder, bebé… sin él, nunca hubiera conseguido que las niñas llegaran contigo!" Le imploré en un susurró. "Me protegió desde el principio. Protegió a Bethy."
Kurt asentía con vehemencia, pero se quedó callado.
"Bien," cedió con un suspiro, solo para apuntar con su arma a Kurt una vez más. "Te quedas con nosotros. Joder, no te pongas inquieto, o puede que cambie de opinión. ¿Entendido?"
Kurt palideció, su boca se abrió. El sudor caía por el rostro del pobre chico mientras estaba de pie allí, muerto del puto miedo.
"Yo le respondería, chico," se rio Alec, empujándolo con la punta de su arma. "No siempre es así de… dadivoso."
Mickey sonrió, sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco, pero se paró al otro lado de Kurt. "Di algo, amigo," soltó una risita.
"¡S-Sí… lo que digan… solo no me maten!" Por fin escupió Kurt apresuradamente.
Edward suspiró, rodando los ojos, pero finalmente desvió su mirada de Kurt hacia la casa. Se volvió de nuevo. "Alec, toma la parte de atrás. Y tú," le gruñó a Kurt, "quédate entre las chicas."
Kurt pasó saliva nerviosamente y asintió.
Salimos corriendo, subiendo rápidamente los escalones del porche delantero y entrando a la casa. Varias armas se elevaron desde diferentes direcciones, pero las bajamos de inmediato. No reconocí a los dos hombres que estaban vigilando justo al entrar por la puerta.
"La casa está despejada, Ed," dijo uno de ellos, con el acento sureño más marcado que jamás había escuchado.
"Pero tu papá no quiere arriesgarse a revisar esos túneles solo," dijo el otro, terminando la frase del primero.
Era obvio que eran parientes, porque eran demasiado parecidos para no serlo. Eran hombres de apariencia promedio, y si tuviera que adivinar, diría que tenían más o menos la edad de Eleazar. Pero era el hombre subiendo del sótano el que captó mi atención.
"Bella," suspiró con alivio al verme, y echó el arma a su espalda cuando me lancé a sus brazos. "Cariño, ¿estás bien?"
"Sí," le dije, besando su mejilla pintada. "Estoy bien."
"Bien," suspiró de nuevo, soltándome, pero haciendo un gesto hacia los dos hombres. "Ned y Harry Cauldwell… les presento a Isabella Cullen."
"Señora," los dos canturrearon, quitándose los sombreros y haciendo una dramática reverencia.
"Idiotas," se rio Edward, sacudiendo su cabeza al mismo tiempo que Mickey y yo soltamos unas risitas.
¿Quién es él?" Preguntó Carlisle, señalando a Kurt, que se había quedado en la parte de atrás de la habitación en silencio.
"Él es Kurt," le dije, presentándoselo a mi padrino.
"Sí, Bella le ofreció… asilo," dijo Edward rodando los ojos.
"Ah, Kurt, el de las donas… ¿el mismo?" Preguntó Carlisle con una sonrisa irónica.
"Me ayudó," le susurré, frunciendo el ceño al ver que la sonrisa de Carlisle no le llegó a los ojos, lo que significaba que tenía que abogar por Kurt de nuevo. "Está… atrapado en esta situación, Carlisle."
"Ya veremos. Por ahora, está con nosotros… pero no la jodas," le advirtió, justo como Edward lo había hecho. Se volvió hacia su hijo, diciendo, "Tenemos lo que parecen ser kilómetros de putos túneles allá abajo."
"Son viejos túneles de minas, Carlisle," habló Alice. "Acabo de buscar la historia de la montaña. Al parecer, fue usada como mina de oro a principios de mil ochocientos. De hecho, apostaría a que así fue cómo la familia de Walter consiguió su dinero. Es riqueza muy antigua."
"Bueno, eso explicaría la dinamita," reflexionó Alec, mirando por la ventana.
"Pero no la bomba," añadió Mickey. "Lo que me recuerda… Em, ¿estás bien, grandote?"
"Sip, el temporizador está desmantelado. Es solo un montón de dinamita ahora," dijo orgulloso.
"Excelente," dijo Carlisle. "Tú y Jasper traigan sus traseros a la casa. Vamos a investigar esos túneles."
"Y Alice," añadió. "¿Hay algún mapa que puedas encontrar?"
"Voy a buscar," respondió. "Y Bells… es bueno tenerte de vuelta."
Sonreí, sintiendo los dedos de Edward entrelazándose con los míos. "Gracias, duendecillo," murmuré, mirando a Carlisle. "Cuando estés listo…"
~oOo~
EDWARD
"¿Cómo quieres hacer esto?" Le pregunté, viendo por entre una fisura en el túnel.
Por lo que podía ver, ambos lados estaban iluminados por focos tenues cada pocas yardas. Dejaba espacios llenos de sombras. Un camino descendía y luego se desviaba a la izquierda, mientras que el otro iba directamente hacia la oscuridad. De cualquier jodida forma, era lo desconocido.
"¿Carlisle?" Benny habló por la radio. "Si se dividen, asegúrate de que al menos una persona de cada equipo tenga una cámara. Quiero poder ver lo que están viendo."
"Seríamos Em y yo," reflexionó papá, volviéndose hacia mí. "Tú llévate a Emmett, Alec, Mickey y Bella. Yo me llevaré a Ned, Harry y Jasper. Alice, ¿algo de suerte con algún tipo de mapa?"
"Sí, se los estoy enviando a sus teléfonos ahora," nos dijo. "Tengan en mente que estos son los planos originales de la mina. No sé cómo es su situación actual."
"Está bien, Alice," le dijo, sacando su teléfono. Todos lo imitamos.
"Déjame ver," murmuró Bella bajito, mirando por encima de mi hombro cuando abrí el archivo.
Me acerqué y besé el tope de su cabeza, porque joder… la extrañaba como un loco. El solo tenerla a mi lado me hacía sentir tranquilo, relajado, como si nada del resto de esta mierda importara. Ella se inclinó hacia mí, la sombra de una sonrisa jugando en sus rasgos, pero no dijo nada al mismo tiempo que envolvía su brazo alrededor de mi cintura.
"Tal parece que hay una entrada como a kilómetro y medio de aquí," murmuró, trazando un camino desde donde estábamos, a la que parecía ser la posición de Eleazar con su dedo.
"El, repórtate," dije por la radio.
Al equipo de Sam le faltaba Elam, al que un guardia le había disparado en la puerta principal, así que él y Felix se habían unido a Eleazar, Spike y Eric que luchaban al borde la propiedad. Una nueva oleada de los hombres de Walter había salido de la nada mientras mi equipo se abría camino hacia la casa.
"Tengo tres prisioneros en esas chozas allá atrás, cuatro muertos," dijo, "y justo ahora, estamos rastreando un sendero por donde vinieron. Envíe a Felix a vigilar el granero, solo por si acaso."
Las cejas de mi padre se elevaron. "¿Estás a un poco más de kilómetro y medio de la puerta principal?"
"Sí," respondió. "Tengo ese mapa. Espero encontrar la salida de ese túnel de mina en este extremo… Allí está," suspiró en alivio. "Me gustaría que nos abriéramos camino el uno al otro; eso reduciría cualquier riesgo de más ataques."
"Bien," dijo mi padre asintiendo. "En este mapa, no hay división. Alice, ¿dónde está la mayor concentración de actividad térmica?"
"De frente a la entrada de la mina… a tu derecha… lo que sería en dirección al noroeste," respondió. "Cuento como otros diez cuerpos calientes, pero no me creas. Es bajo tierra, así que tal vez no esté recibiendo todo lo que está allá abajo. Toma en cuenta que puede haber interferencia por fuentes subterráneas de agua, minerales, y el simple hecho de que está demasiado lejos allí abajo…"
"Diez-cuatro," dijo con un suspiro, mirándome. "Entonces, tú tomas ese túnel, hijo," me ordenó, señalando a la izquierda.
"Carlisle," interrumpió Bella. "Es una suposición, pero… un par de guardias estuvieron conmigo. Estaban hablando de mujeres, niños… Tal vez sean ellos los que están abajo. Puede que los hayan puesto allí por su seguridad."
"Eso creo yo también," habló Kurt por detrás de todos nosotros, e hizo una mueca cuando todos nos giramos para mirarlo.
Había estado tan jodidamente callado que me había olvidado por completo de él. Se veía nervioso, pero había algo en el chico que parecía gritar… inofensivo. Sí, le había advertido, y también mi padre, pero el que Bella respondiera por él, sin mencionar lo que dijo Bethy de cómo la había tratado, significaba algo para mí. Estaba dispuesto a darle al tipo el beneficio de la duda.
"¿No lo sabes?" Preguntó Bella.
"Esta es mi primera vez aquí," dijo en voz baja encogiéndose de hombros. "Te lo dije, Bella… solo estaba con Walter para asegurarme de que se mantuviera lejos de mi padre, mi madre y mi hermana. Lilith es… inestable. Y por alguna razón, Walter le da cierto grado de… libertad. No podía permitir que se echaran para atrás. Mientras siguiera su juego, mi familia estaba a salvo."
Y ahí estaba. Me había estado preguntando por qué, exactamente, se había mantenido con gente tan despreciable, sobre todo cuando había sido tan amable como para ayudar a mis chicas.
"¿Inestable? No jodás," murmuró Bella, rodando sus ojos, y Mickey se rio. "Bien, así que pienso que tal vez… si son mujeres y niños lo que están en esa dirección," dijo señalando el túnel que estaba a la derecha, "que tal vez Mickey y yo deberíamos ir…"
"No soy un Neandertal, Bella," se rio mi padre.
"Habla por ti," dijo Ned con una carcajada, guiñándoles un ojo a las chicas. "Nosotros somos hombres de las cavernas, con todo y la mano rascándonos la entrepierna frente a la televisión."
"Excelente," lo felicitó Emmett con una sonrisa.
"No me sorprende que ustedes dos nunca se hayan casado," murmuró Jasper con ironía, rodando los ojos.
Harry sonrió, pero solo se encogió de hombros.
"Déjame adivinar," dijo Mickey con una risita. "Volteas al revés tu ropa interior para usarla otro día."
"¡Ya lo entendiste!" Harry sonrió cuando las dos chicas gimieron y se rieron al mismo tiempo.
"Con eso en mente," dijo papá con un resoplido, señalando al túnel del lado derecho. "Es suyo, ¡pero joder, tengan cuidado!" Le advirtió, levantándole una ceja. "El, vamos a entrar. Puede que perdamos la señal de radio allá abajo, así que mantén los ojos bien abiertos."
"Diez-cuatro," respondió Eleazar.
"Kurt," ladré, y saltó, mirándome. "Vas conmigo. Vamos." Me volví hacia el resto de mi grupo. "Mi equipo… armas afuera. Vamos a hacer esto con cuidado y maldita calma… despacio. Alec, tú te quedas atrás. Emmett, ve por delante, ya que eres…" Le agité mi mano. "El chico de la cámara…"
"¿Celoso?" Me preguntó, fingiendo una actitud arrogante, pero aun así sacó su arma de su espalda y la cargó.
"Mete allí tu trasero," gruñí, rodando los ojos. "Muévete," le ordené, manteniendo a Bella a mi lado y a Kurt frente a nosotros.
La teoría de mi padre era correcta; entre más nos ahondábamos en el túnel, peor era nuestra recepción de radio. Perdimos toda comunicación una vez que alcanzamos el medio kilómetro, y a esas alturas, no tenía idea si la cámara montada en el pecho de Emmett estaba funcionando. Avanzamos en el túnel a un paso lento, cuidándonos de nichos y largos tramos de oscuridad. Nuestra ruta subía y bajaba, y giraba a la izquierda y la derecha. Los muros eran escarpados, de piedra áspera, con grandes vigas montadas en pasajes abovedados cada pocos metros. Se veían viejos, pero todavía haciendo su trabajo de sostener la montaña sobre nuestras cabezas. Sin embargo, no faltaba el esporádico túnel lateral que había colapsado, como si hubiesen tratado de dividirlo de nuevo, solo para que no se sostuviera.
Cuando doblamos en otra esquina casi a un kilómetro en el interior, el llanto de un bebé hizo eco por el túnel, solo para ser callado de inmediato.
"Oh, demonios," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. "Em, tómate esto con calma," le dije. "Ten cuidado, pero no tires tan rápido del gatillo. Parece que Bella tenía razón."
El túnel se abrió a una zona más amplia. El corazón se me fue a los pies antes la vista frente a mí. Cubriendo cada centímetro del lugar había cunas improvisadas, sacos de dormir y pequeñas fogatas. Levanté la vista para ver una abertura en la montaña, casi como si la cueva se hubiese formado de esa forma. Alice tenía razón. Había diez o doce mujeres y niños allí. Y nuestra apariencia estaba haciendo que se cagaran del miedo. Las mujeres acercaban a sus pequeños, los niños mayores corrían a sus camas, mujeres mayores se sobresaltaba, y una mujer cargó a un bebé, tratando de huir, pero entrando por el otro lado estaba Eleazar y su equipo.
"Alice, ¿puedes escucharme?" Le pregunté, pensando que la abertura que estaba encima restablecería nuestra comunicación.
"Sí, y también los vemos," me dijo. "Maldición, se ven… asustados."
"Lo están," dijo Bella con un suspiro, mirando a Eleazar cuando tomó control del pequeño grupo.
"Necesito que todos se calmen. Estamos aquí para ayudarlos. Los sacaremos de aquí en poco tiempo," les dijo, demandando la atención de todo el mundo en el pequeño espacio.
"¿Dónde está Walter?" Preguntó una mujer, levantándose lentamente de su saco para dormir.
"¿Por dónde se fue?" Replicó El, acercándose a ella. Señaló hacia la dirección de donde él había entrado. "Mierda," siseó, sacudiendo su cabeza. "Escapó al mismo tiempo que esa segunda oleada se fue contra mí, lo garantizo."
"¿Lilith estaba con él?" Preguntó Bella, su rostro sombrío por la ira que apenas podía contener.
La mujer asintió despacio, sus ojos amplios.
Eleazar caminó hacia mí, su rostro serio. "Los quiero fuera de aquí, pero necesito hablar con ellos. ¿Alguna noticia de tu papá?"
"No," le dije negando. "Lo perdimos hace como medio kilómetro. Creemos que este es el túnel original. No hay manera de saber lo profundo que está el suyo."
Asintió, pasando saliva y volviéndose de nuevo hacia el grupo, mientras Mickey, Bella y Eric se aseguraban del bienestar de todos.
"Oh mierda," oí por la radio en un siseó de Makenna.
"Dime, Mack," le ordené, porque por lo general ella no dice nada a menos que reconozca a alguien.
"Em, gira un poco a tu izquierda. Sam… tu gira a unos noventa grados a la derecha," les dijo, y los dos hombres hicieron lo que les pidió. "¿Ven a la mujer mayor contra la pared frente a Emmett?" Preguntó.
"Sí," dije con cautela, caminando para pararme junto a Emmett.
"¿No la reconoces, Edward?" Me preguntó con incredulidad. "Es la viejita indigente de la cafetería en Seattle—la que usamos cuando vamos a ver a Carlisle. Ella estaba justo a la vuelta de la esquina de Twi Tech. Ha estado allí por meses. ¿Recuerdas? La última vez que la vimos, le dio a Bethy un ramillete de flores silvestres."
Incliné la cabeza hacia la mujer mayor, mis cejas elevándose. "¡Oh sí! ¿Y a quién está viendo Sam, Makenna?" Le pregunté, acercándome a su posición.
"Carla Danvers y su hijo, Malcolm," me dijo, como si se supone que supiera quién es. "¡Han estado desaparecidos en Portland por días! Su esposo ha salido en televisión, pidiendo información. ¡Esas son personas desaparecidas e indigentes, Edward!" Al darle un vistazo a todo el grupo, vi a lo que se refería. Estaba sucios y asustados, en realidad estaban cómodos allí abajo, y no parecían tener idea de que vivir, como lo estaban haciendo, estaba mal.
"Aw, tienes que estar bromeando," gimió Eleazar, frotando su rostro con rudeza. "Entonces, este es un tipo de culto," dijo en un murmullo para sí mismo, solo para volverse hacia Eric. "Una vez que te asegures que todos pueden moverse, los quiero fuera de aquí. ¡Ahora! Los subiremos a la casa y los pondremos cómodos, hasta que pueda conseguir que un equipo médico suba a esta puñetera montaña húmeda."
"Señor," gruñó Eric asintiendo.
"Y Benny," ladró, probablemente más por exasperación que por cualquier otra cosa, "Llama a Portland. Diles que puede que hayamos encontrado a su mujer y niño desaparecidos. Averigua los detalles de esa mierda."
"Wes los está llamando ahora," respondió Benny, y conocía bien al hombre para saber que estaba atónito por lo que estaba viendo en cámara.
"Genial," dijo con ironía. "Vamos… a sacarlos de aquí. Odio estar en una maldita madriguera de marmota. Esa mierda me está poniendo nervioso."
~oOo~
El sol había salido en un día brillante, y básicamente nos habíamos apoderado temporalmente del complejo de Walter. Trasladamos a las mujeres y a los niños a las habitaciones vacías, permitiéndoles asearse un poco. Alec había saqueado la cocina, y aunque no había mucho, comenzó a preparar espagueti para alimentarlos a todos. Sin embargo, el hecho de que su salsa viniera de una lata estaba ofendiendo en gran manera al italiano en él.
Wes y Benny caminaron para subir hasta nosotros, porque cuando trataron de conducir, su van no pudo llegar. El camino estaba demasiado resbaloso e inestable para que pudieran viajar en él. En este momento estaban hablando con algunas de las mujeres.
Por lo que pudimos entender, la mayor parte de la gente en el túnel conocía a Walter, o lo estaba viendo profesionalmente en Shady Glen—con la excepción de Carla Danvers. Ella solo estaba en el lugar equivocado, a la hora equivocada. Había estado llenando su tanque en una gasolinera cuando Kenny y Rusty se habían detenido con Abby y Bethy. La alerta ámbar acababa de salir por la radio, y había tratado de llamar, pero ellos la detuvieron, llevándosela a ella y a su hijo en ese momento. La habían entregado a alguien más en el camino y había estado prisionera desde entonces.
Esa conversación resultó en que Bella no pudiera escuchar nada más, y salió de la casa echa una furia.
Walter había estado reclutando. Eran madres solteras indigentes—o lo más cerca a ello que pudieran estar—y eran mujeres con inofensivos problemas mentales, como una extremadamente baja autoestima o sin educación, por lo que eran fáciles de manipular. Walter les dijo que tenía un lugar para ellas lejos de la sociedad moralista. Y algunas de las mujeres eran esposas de los hombres que nos habían atacado. Dijeron que sus esposos habían sido embaucados por Walter, porque había utilizado su amor por las armas, a la cacería, y su odio hacia el gobierno. Esas mujeres habían sido forzadas a ir con sus seres queridos, con la promesa de un cambio de vida —o mejor aún… un trabajo.
En total, había catorce mujeres y seis niños. Era malditamente ridículo.
Metí la cabeza en uno de los lavabos del baño, mojando mi cabello y lavando por fin la pintura de mi rostro. Me restregué con fuerza, asegurándome de quitarme todo, y sequé mi rostro con una camiseta de repuesto de mi mochila. Levanté la vista para ver a mi padre parado en la puerta.
"Mi turno," gruñó, empezando a hacer lo mismo. "El emitió un boletín en todos los medios de comunicación sobre Lilith y Walter. No estamos seguros si van a pie, o si ya consiguieron un coche."
Asentí, suspirando de alivio cuando finalmente pude abrir el velcro de mi chaleco kevlar. "El y Benny parecen creer que él no ha terminado. Que vendrá de nuevo por nosotros," le dije, manteniendo mi voz baja.
"Tal vez tenga razón," se encogió de hombros, apoyando la cadera contra el lavabo del baño. "Iba a continuar ayudándole. Quería preguntarte si tú también querías."
Hice una mueca, mirando hacia el pasillo donde un Malcolm Danvers de seis años estaba sentado en el suelo con un carro de carreras en su mano, pero asentí. "Hablaré con Bella," le dije. "Pero probablemente sí, al menos para capturar a Lilith."
Asintió, como si lo hubiera sospechado, apartándose del lavabo. "¿Dónde está El ahora?"
"Reuniendo a todos los prisioneros."
"¿Cuántos hay?"
"Alec y yo teníamos uno en el refugio antibombas, el equipo de El atrapó a tres y creo que había un hombre herido en la barraca de vigilancia," le reporté mientras bajábamos las escaleras hacia la sala.
"¿Qué va a hacer con Kurt?" Preguntó.
"Por ahora, lo está tratando como un testigo, aunque Rose habló con su padre, que está libre bajo fianza," le expliqué. "El chico no estaba mintiendo. Walter había amenazado a toda la familia completa, una vez que descubrió que el doctor Vernon estaba robando de Shady Glen. Llegó al grado de matar al perro de la familia, solo para demostrar que podía llegar a ellos. Así que Kurt hizo lo que le ordenaron. Yo hubiera hecho lo mismo… solo para asegurarme de que el pendejo no tocara a mi familia."
Asintió una vez, relajándose un poco con las noticias, y suspiró. "Está bien, bueno, estamos atrapados aquí por unas horas más, al menos hasta que el camino se seque, así que descansen un poco."
Salimos al porche delantero, y sacó su teléfono, muy probablemente para llamar a Esme.
"Dile hola." Me reí entre dientes al ver su sonrisa irónica, bajando los escalones. Quería encontrar a Bella. "Oh," le dije, volviéndome de nuevo hacia él. "¿Cuál es la historia aquí?" Le pregunté, ondeando mi mano alrededor.
"Algo peor que Waco," respondió. "Con el escape de Walter y el regreso de Carla y Malcolm Danvers, no tardará mucho para que lo relacionen con el fiasco de la estación del tren, por lo que será un frenesí mediático. No se nos mencionará," me dijo, "pero El mandó a llamar un equipo de limpieza. Van a hacer falsas declaraciones, menos lo que realmente pasó… el mundo nunca lo sabrá."
Bufé en una carcajada y sacudí mi cabeza. "¿Sabe él quién le disparó a JFK?"
Mi papá se rio. "Sí, probablemente," dijo con un resoplido. "Pero si nos lo dice, va a tener que matarnos."
Sonreí, levantando mis manos en señal de rendición. "Correcto… entendido."
Encontré a Bella en el granero, apoyada en el marco de la puerta y su mirada en las armas almacenadas, pero lo que era más importante, en el montón de dinamita. Me acerqué detrás de ella, girando su cola de caballo alrededor de mi mano y dejando un beso en la parte de atrás de su cuello.
"¿Estás bien?" Le pregunté por enésima vez.
Asintió, murmurando, "Mmmm." Se recostó en mí y envolví mis brazos alrededor de su cintura. "¿Esto estuvo encima de mí todo el tiempo?"
Hice una mueca, porque esa misma idea había pasado por mi mente en el momento que la vi. "Sí, amor."
"¿Estaba encendido el temporizador?" Me preguntó, señalando hacia la bomba que Emmett había desmantelado.
"No, dulzura," le aseguré. "Luce como que estaban esperando a darle algún uso."
Asintió, finalmente volviéndose hacia mí, una sonrisa iluminando su rostro. "Ah, ahí está el rostro que amo," dijo con una risita, levantando la mano para tocar mi mandíbula. "La pintura para el rostro era sexy, de una forma sucia y viril, pero amo esto," me dijo con una sonrisa, mordiendo su labio inferior y estrujando mi cara.
Me reí entre dientes, inclinándome para besar ligeramente sus labios—con cara arrugada y todo. "Y yo te amo. Dios, t-te e-extrañaba," dije con un suspiro, pegando mi frente a la suya y acercándola lo más que podía hacia mí. "E-Estaba t-tan p-preocupado, bebé."
"Lo sé," susurró, cerrando sus ojos. "Lo siento, Edward."
"No lo estés," le dije, besando su nariz. "Por mucho que lo odiara, nos devolvió a nuestra niña."
Tragó pesadamente, asintiendo ligeramente. "Fue malditamente difícil dejarla ir," dijo entre su aliento. "Pero sabía que ustedes estaban esperando."
"Lo estábamos, bebé. Ella estaba bien… las dos estaban bien. Hizo justo lo que le dijiste…" Iba a decirle que cuando fuimos por ella al hotel, la pobre de Bethy ya no resistió, pero fuertes voces desde el otro extremo del granero me interrumpieron.
Nos dimos la vuelta para ver a Eleazar haciendo caminar a sus cuatro prisioneros a punto de pistola. Sam y Felix iban con ellos. Un cabrón flacucho trató de huir, pero cometió el error de girar hacia el lado de Sam. Un enorme e insensible puño le dio en la cara, noqueando su trasero en el suelo, donde se retorcía de dolor.
"No tan rápido, Kenny," rugió Sam con su vozarrón.
Mis cejas se elevaron de golpe, y me alejé de Bella, levantando al hijo de puta del suelo por el cuello y estrellándolo en el palo más cercano.
"Kenny," dije con desprecio, apuntando mi Glock a su sien. "Estoy seguro que Rusty te echa de menos. ¿Estás listo para ser su compañero de celda en el infierno?" Le pregunté.
Varios pares de manos tiraban de mí, pero mantuve mi posición, mirando fijamente al pendejo que sujetaba. Todo lo que podía ver era a Bethy con un arma apuntando a su frente, y la mano de este hijo de puta sujetando el otro extremo. Me había asegurado que Rusty pagara por el mismo pecado—por Abby. Pero el mismo crimen contra mi hija no iba a quedar sin un puñetero castigo.
Kenny trató de reír, pero su vía respiratoria se vio de pronto interrumpida. Ni siquiera podía luchar contra mi agarre, porque sus manos estaban atadas detrás de su espalda, pero sus pies patearon tratando de llegar a mí. Sus labios se movían pero no salía ningún sonido.
"¿Qué fue eso?" Le pregunté, aflojando solo un poco.
"Dije… como sea," dijo con voz rasposa, tratando de pasar saliva. "Walter se escapó, hombre."
"No por mucho," me reí entre dientes encogiéndome de hombros.
"Hey, Ed," me dijo Eleazar, parándose a mi lado. "Lo entiendo, pero necesito hacerle algunas preguntas. Siéntete libre de acompañarnos en la… interrogación." Me levantó una ceja, y sabía que El usaría cualquier medio necesario para conseguir que este tipo hablara. "Sigue cantando que no encontraremos a Walter, pero todavía no ha conocido a tu padre."
Sonreí, rozando mi lengua por mi labio inferior. Mi padre era mortífero cuando se trataba de interrogaciones. Torturaba a los hombres lenta y metódicamente para sacarles información—hombres más peligrosos que el ladronzuelo que tenía en mis manos. Asentí y lo solté, riendo divertido cuando Kenny se quejó por la fuerte caída. Aterrizó torpemente debido a sus manos atadas y se rodó para quedar sentado.
"¡Hey, papá!" Me llamó en tono burlón. "¿Ha preguntado por mí? ¿Bethy me extraña?"
Bella comenzó caminar hacia él, pero mi puño voló antes de que pudiera pensar. Le di directamente en la frente, y cayó en el polvoriento suelo del granero.
"No, pendejo," le dije, aunque estaba inconsciente.
Sam suspiró, inclinando su cabeza hacia mí con una expresión sarcástica pegada en su rostro. "Gracias, Eddie. Ahora voy a tener que cargar su triste trasero."
"Lo siento," murmuré, todavía fulminando con la mirada al hombre a mis pies.
"No hay problema," se rio, levantando a Kenny sobre su hombro con tanta facilidad como si fuera un saco de papas. "Solo decía…"
Bufé una carcajada mientras se alejaba con Eleazar y el resto de sus prisioneros.
"Te haré saber cuándo estemos listos para empezar," me dijo El por encima de su hombro.
La radio crujió en mi oído cuando Bella y yo nos sentamos en un fardo de heno. Había estado en silencio desde que aseguramos el complejo, por lo que asumí que las chicas habían estado recibiendo un merecido descanso. Habían estado despiertas toda la noche con nosotros—mucho antes de que saliéramos de la camioneta como a medio camino hacia la cima de la montaña.
"Alice," dije con un suspiro, atrayendo a Bella a mi lado durante un raro momento de tranquilidad. "Vas a quedarte ciega si te quedas más tiempo en esas computadoras, duendecillo."
Alice se rio entre dientes. "Creo que tal vez necesito gafas," se rio suavemente. "Desgasté mis globos oculares en las últimas semanas. Pero solo estoy aquí para transmitir un mensaje."
"Está bien," gemí con cansancio, sonriendo arriba de la cabeza de Bella cuando ella soltó una risita en mi pecho.
"¡Buenos días, papi!" Dijo Bethy alegremente por la radio, sonando como castañuelas y todas las cosas perfectas y alegres.
Bella jadeó, sentándose derecha, sus manos cubriendo su boca, y recordé que no había hablado con nuestra pequeña desde que había liberado a las niñas en el hotel. Tuvo que haber sido la cosa más dura que jamás había hecho, y yo seguía asombrado de ella. Joder, la pura fe ciega que requirió de ella el solo dejar libre a las niñas seguía siendo algo que no podía comprender.
"Hey, pequeña dulzura," le dije, sin poder dejar de sonreír. "¿Cuidaste de Nanny por mí y Poppy?" Le pregunté, queriendo sorprender a Bethy con su madre.
"¡Lo hice!" Chilló. "Vimos películas, hicimos palomitas, y me dejó jugar a disfrazarme. Y solo pensamos en cosas felices… justo como me dijo el tío Alec. ¿Funcionó papi?"
Sonreí, levantando mi mano para limpiar las lágrimas de felicidad que se derramaban por el rostro de Bella y metí un mechón de cabello que se había escapado de su cola de caballo detrás de su oreja. "Tú dime, cariño. Alguien quiere decirte hola."
"Hey, niña bonita," dijo Bella sorbiéndose la nariz.
"¡Mami!" Bethy prácticamente gritó por la radio, provocando que los dos diéramos un respingo, pero nos riéramos al mismo tiempo. "¿Papi te encontró?"
"Lo hizo, cariño," se rio y sorbió la nariz al mismo tiempo, apoyándose en mí mientras envolvía un brazo a su alrededor. "Siempre lo hace."
"Bien. Ya pueden venir a casa," dijo, de forma muy parecida a una orden, y solté una carcajada porque sonaba igual a mí.
"Pronto, Bethy," le dije. "No falta mucho. Sigue cuidado de Nanny por Poppy, ¿de acuerdo?"
"Está bien, pero quiero verlos," nos dijo, su voz decayendo a un tono triste. "¿Pueden apurarse?"
"Estamos haciendo lo mejor que podemos, ¿está bien, bebé?" Bella dijo en voz baja para tranquilizarla. "Qué te parece si llamamos de vez en cuando para reportarnos, ¿eh?"
"¿Lo prometen?"
"Lo prometemos," los dos le prometimos al mismo tiempo.
"Bien, los amo… tengan cuidado," canturreó, y su voz fue remplazada con la de Alice.
"También te amamos," dijimos en respuesta.
"Pensé que tal vez necesitaran eso," dijo con una risita.
"Sí," dijo Bella con un suspiro, una sonrisa jugando en su rostro, pero lágrimas se acumularon en sus ojos al mismo tiempo.
Sonreí, poniendo a Bella en mi regazo, porque parecía estar a punto de derrumbarse. "Sí, gracias, Alice."
~oOo~
BELLA
Me senté en el pozo, subiendo las rodillas a mi barbilla. Caía la tarde, y el camino para subir al complejo se había secado lo suficiente para que vehículos pudieran entrar. El lugar era un caos. Llegaron ambulancias, médicos forenses y más de los hombres de Eleazar y ahora estaban en proceso de limpiar el lugar, revisando a la gente que habíamos encontrado en los túneles, y removiendo los cuerpos de los hombres de Walter.
La reaparición de Carla y Malcolm Danvers había traído a los medios a las faldas de la montaña, y ahora estaban siendo detenidos por Wes y Benny—sin mencionar unos cuantos policías locales. En ese momento trasladaban aquí al señor Danvers. Cualquiera que no fuera de la CIA estaba siendo mantenido oculto, porque Eleazar necesitaba mantener ciertas partes de esta operación en secreto, y eso incluía la participación de Edward y Carlisle, sin mencionar la del resto de nuestro equipo.
Mis ojos se posaron en los hombres que estaban sacando a Christopher Douglas del refugio antibombas, y tomé una respiración profunda, dejándola salir lentamente para tratar de mantener la compostura, pero las lágrimas vinieron de todos modos. Le debía a él decirle a su madre. No quería que pasara el resto de su vida preguntándose qué fue lo que pasó.
"Hey, ¿qué pasa?" Susurró Edward, de pronto a mi lado. De cuclillas junto a mí, tomó mi rostro entre sus manos y limpió mis lágrimas.
"Lilith solo lo mató, Edward," dije entre mi aliento, haciendo un gesto hacia la camilla con la que dos hombres estaban teniendo problemas por el terreno áspero y el peso de Chris. "Solo… tiró del gatillo…" Sorbí mi nariz, negando. "Quería que sufriera. Y lo hizo… por horas."
Edward me giró, bajando mis piernas de manera que estuvieran a cada lado de él, y me miró al mismo tiempo que frotaba suavemente mi muslo con una mano y continuó acariciando mi rostro con la otra. Sus caricias eran reconfortantes, como siempre lo habían sido desde el principio, incluso cuando mi tolerancia por ellas era limitada, y daba rienda suelta a mis emociones con él.
"Él… me hizo prometerle que le diría a su madre," dije entre hipidos, jugando con los dedos de Edward sobre mi pierna hasta que simplemente entrelazó nuestros dedos. "No quería… él no era un tipo malo, Edward. Solo era joven y cometió un estúpido… un horrible…"
"Error," terminó en voz baja por mí, y asentí frenéticamente.
"Sí," dije sollozando y asintiendo de nuevo. "Traté de mantenerme… segura y fuerte, pero… ¡Joder, ella fue tan cruel!" Gruñí, prácticamente temblando al mismo tiempo que apretaba mis manos en puños. "No había arrepentimiento. Ninguno. Y cuando le explicamos a Chris porqué estaba allí… cuando hablamos de sus niñas… esta… esta expresión se apoderó de su rostro, como si tal vez lo de Bree no haya sido un accidente, ¿sabes?"
Edward se quedó callado como siempre lo hacía cuando perdía el control como en ese momento. Apartó suavemente el pelo de mi rostro, sus ojos fijos en los míos. Una mirada sincera y tan verde como el bosque que nos rodeaba, y mostraba una tristeza antigua que no había visto desde que Riley Miller me perseguía. Tenía miedo por mí, que mi cautiverio fuera demasiado. Tal vez lo fue, o tal vez solo era que la presencia de Edward era como un bálsamo reconfortante sobre una quemadura, lo que me permitía relajarme solo un poco.
"Fuiste fuerte, dulzura," me tranquilizó, rozando suavemente mi mejilla y debajo mi barbilla con sus dedos. "Es difícil ver a un hombre morir así, sobre todo cuando es sin sentido. Iremos a ver a su madre, si es lo que quieres," me dijo, acariciando mi mano hasta que se relajó, y luego besó todos mis dedos.
"Se lo prometí," insistí.
"Está bien, bebé," me dijo con un gesto de su cabeza, dejando otro beso en medio de mi palma. "Entonces, iremos."
Asentí, estirando mi mano para tocar su rostro. Era todo fortaleza y nobleza, tierno y reconfortante. Y su rostro era jodidamente hermoso cuando me miraba con preocupación. Sabía que había una parte de él que estaba furioso por dentro, porque no podía resolver lo que fuera que me estaba lastimando, pero lo contenía con el fin de tratarme como un frágil cristal, y en ese momento, me sentía un poco así.
"Te amo. Lo siento," dije entre mi aliento, atrayendo sus labios a los míos.
"No lo sientas, amor," me susurró, besándome una vez, antes de apartarse para mirarme. "Sé que no fue fácil allí abajo."
Me encogí de hombros, sorbiéndome la nariz al mismo tiempo, pero permití que mi frente se pegara a la suya.
"Dulzura," comenzó a decir dudoso, "¿quién te hizo ese moretón?"
Me aparté, y trazó con su dedo un lado de mi ojo y mi mejilla. "Lilith, justo después que descubrieran que mi mochila no tenía el dinero… y antes de que le pateara el trasero con mis manos todavía esposadas."
Me dio una bella sonrisa torcida, sacudió su cabeza una vez, y la inclinó hacia arriba para besar mi moretón con una caricia tan suave como una pluma. "Esa es mi chica," se rio.
No pude evitar sonreírme con él, porque apostaría a que había estado barajando esa pregunta en su cabeza desde que puso sus ojos en mí. Probablemente necesitaba poner fin a sus miedos.
"Walter no me tocó," le dije con firmeza. "Nadie lo hizo, excepto por eso. Lo prometo, bebé."
Dejó salir un suspiro de alivio y dijo, "Bien."
Dos grandes SUV con vidrios tintados oscuros se detuvieron en la propiedad al mismo tiempo que Eleazar y Carlisle salían de la casa y caminaban hacia nosotros.
"Nos están echando de la montaña," se rio Carlisle, dándonos a ambos una sonrisa irónica.
"Solo hasta mañana," replicó Eleazar. "Hay una posada al bajar la montaña en un pequeño pueblo. La reservé. Lleva tu gente, descansen un poco, y vuelvan aquí por la mañana."
"¿Qué hay con el interrogatorio de Porter?" Preguntó Edward, su frente arrugándose.
"Mañana," insistió Eleazar, y luego me señaló. "Ella está molida, Edward. Y ustedes tienen que estar fuera de la propiedad para el resto de la limpieza. Aunque mañana los necesitaré."
Hubiera insistido en quedarme, pero tenía razón. Estaba agotada y con una necesidad terrible de una ducha, de modo que lentamente me puse de pie y tomé la mano de Edward. "Mañana," admití, levantándolo, justo cuando todo nuestro equipo salía de la casa. Levanté la vista para ver a Edward. "Está bien. Vámonos."
~oOo~
"Hola, mami," dijo mi niña bonita con un bostezo por el teléfono. "Nanny dice que pronto estarán en casa."
"Así es, cariño," dije con un suspiro, estirando mis piernas sobre la cama en nuestra habitación de hotel y acomodándome la bata que me había puesto después de muy necesaria ducha. "No estoy segura cuándo, pero estamos haciendo todo lo que podemos para terminar. ¿Ya te estás preparando para dormir?" Le pregunté, echando de menos la pequeña rutina que solíamos tener antes de que toda esta mierda comenzara.
Por lo general, Edward o yo le leíamos hasta que empezaba a quedarse dormida. Sus órdenes para su "pequeña soldado" eran los favoritos de ella por las noches. Y siempre había muchos abrazos y besos antes de que la metiera volando a su cama, arropándola con las mantas.
"Sí." Bostezó audiblemente otra vez, luchando contra el sueño, y miré a Edward cuando salía del baño después de su ducha.
Me contuve de derretirme y soltar un gemido al verlo con solo una toalla envolviendo la parte baja de sus caderas. Con agua todavía brillando en sus hombros y brazos, y su cabello un caos húmedo y sexy. La ligera barba de dos días en su rostro, el verde oscuro de sus ojos mientras revisaba su teléfono y ponía su ropa sobre la silla, y la flexión y movimiento de cada músculo mientras se movía inocentemente por la habitación estaba matándome. A veces, me recordaba ese hermoso e intocable hombre que vi por primera vez haciéndome el desayuno con solo un par de pantalones cortos de baloncesto después de rescatarme de Miller—inconscientemente sexy. Y luego estaban las ocasiones en que era el chico de trece años que conocí por primera vez, con el que pasé todo el día en mi casa del árbol en Seattle, porque cuando escuchó la voz de su bebé por el teléfono, sonrió con ternura, de forma torcida y con cariño, tendiendo su mano para coger el teléfono.
"Buenas noches, niña bonita," le dije, haciéndole a él un gesto con mi cabeza. "Pórtate bien con Nanny, ¿está bien? Te amo."
"Está bien, mami. También te amo," murmuró cansada al otro extremo de la línea.
Le di el teléfono a Edward, que empezó de inmediato con, "¿Es hora de dormir, pequeña soldado?"
Sonrió cuando ella espetó, "¡Sí, señor!"
Solté una risita, sacudiendo mi cabeza y entrando al baño para cepillarme los dientes mientras le ordenaba que solo soñara cosas bonitas. Para cuando regresé a la habitación, estaba sentado en un lado de la cama, colocando el teléfono del hotel de nuevo en su lugar.
"Se escucha como… si esta mierda no la hubiera afectado," dije en voz baja, caminando hacia él para quedar entre sus piernas.
Sus manos descendieron inmediatamente en mi cintura, y levantó la vista hacia mí, su frente frunciéndose solo un poco. "Se perturbó un poco cuando no estuviste en la habitación del motel," dijo en voz baja haciendo una mueca, "pero se calmó cuando la llevé a casa. Esme dice que está lidiando perfectamente con ello. Está un poco… encimosa (2)."
Tomé una respiración profunda y la dejé salir. Mi peor miedo era que Bethy sufriera un daño irreparable por su secuestro. Sabía cómo era eso, aunque su experiencia no se acercó para nada a lo que yo había pasado con Miller. Gracias a Dios. Nunca fue mi deseo que mi niña sintiera terror por los sótanos o al contacto. Me había llevado muchísimo tiempo lidiar con mis miedos. Había sido doloroso, atemorizante y completamente estresante. Sin Edward allí en cada maldito paso, no estoy segura de que estuviera tan cómoda conmigo misma.
Pasé mis dedos por su cabello suave y húmedo, suspirando suavemente con satisfacción. "Que esté encimosa, puedo lidiar con eso. Puede que yo también esté encimosa cuando lleguemos a casa. Necesito tiempo de chicas con mi bebé. Quizás hasta un picnic en pijamas en la sala," le dije con una sonrisa y mordiendo mi labio inferior.
Edward se rio, envolviéndome con sus brazos y pegándome a él. Colocó su barbilla en mi estómago y levantó la vista para mirarme. "Suena divertido. Tal vez me cuele a esa fiesta de pijamas."
"¿Quieres que te meta a escondidas?" Le dije en broma.
"¿Quieres que me meta por la ventana, dulzura?" Dijo con una risita, sus manos comenzando a viajar por mi espalda, por encima de mi trasero, dándole un apretón y bajando por detrás de mis piernas.
"¿Por qué me parece que es algo que ya has hecho antes?" Le pregunté, entrecerrando mis ojos cuando sus mejillas se tiñeron de rosa. "¡Edward Cullen!" Jadeé con fingida sorpresa, mi boca abierta.
Bufó con una risa avergonzada. "Una vez, ¿está bien? Pero casi me atrapa el papá de la chica. Hizo que me cagara del miedo, porque tenía una colección de armas bastante extensa…."
Me reí, porque no pude evitarlo. Su pasado no era un secreto para mí cuando se trataba de mujeres, pero ahora era mío. No tenía duda de ello. De hecho, confiaba totalmente en su amor por mí. Era mi apoyo a fin de sobrevivir en la vida. Sin él, no estaba segura de poder haber sobrevivido a mi más reciente cautiverio.
Suspiré, quitando el cabello de su frente de manera que pudiera darle un prolongado y lento beso allí. "Dios, te echaba de menos," gemí, envolviendo un brazo alrededor de su hombro y otro en torno a su cabeza cuando enterró su rostro en mi estómago, solo abrazándome. "Soñé contigo cuando estuvimos separados, y solo hizo que esa mierda empeorara," admití en voz baja en su cabello.
Sus manos bajaron otra vez rozando mi trasero—solo que esta vez, viajaron hasta debajo del borde de mi bata. Mientras las subía lentamente para tomar mi trasero, apartó su cabeza de mi torso.
"Cuéntame," me ordenó con una voz suave y aterciopelada, sus ojos oscureciéndose cuando descubrió que estaba desnuda por debajo.
"Me estabas besando," le susurré, reaccionando ya a sus caricias. "Tocándome."
"¿Tuviste sueños eróticos, bebé?" Me preguntó, una traviesa sonrisa torcida curveando sus labios.
"Mmmm," le dije con un gesto de mi cabeza. "Sí," dije entre mi aliento, cuando tiró del nudo para abrir la bata.
"¿Te puso mojada para mí?" Me preguntó, su voz como pecado líquido y miel caliente, goteando de deseo, sexo y conocimiento carnal.
"Me hizo gritar por ti," le dije la verdad en un susurro y asentí al mismo tiempo, lo que solo provocó que sus ojos se oscurecieran aún más. A estas alturas el verde era casi inexistente.
Dejó caer al suelo el cinturón de tela de toalla y abrió mi bata poco a poco, dejándola colgando sobre mis hombros. Con su mano extendida, la presionó en mi estómago y la subió entre mis pechos hacia mi cuello y de nuevo hacia abajo. Se estaba tomando su tiempo a propósito, provocándome. Ni siquiera me había besado, y estaba ansiosa por él hasta el punto que mis piernas casi temblaban.
"¿Te corriste en tu sueño?" Me preguntó, y mi vientre se estremeció y se contrajo por cómo se escuchó, pero negué. "Entonces…" Suspiró dramáticamente al mismo tiempo que su ceño se frunció en concentración, usando sus dos manos para deslizarlas por mi torso, rozando sus palmas deliberadamente sobre sobre mis endurecidos pezones, para empujar mi bata quitándome de los hombros. Cayó silenciosamente a mis pies. "¿Quieres correrte, amor?"
"Sí," dije entre mi aliento, el sonido apenas saliendo de mí, porque necesitaba sentirlo, necesitaba reafirmar mi profundo amor por él. "Por favor…"
Se acercó para arrastrar su nariz por mi piel desde mi ombligo, en torno a cada pezón, y subir por mi cuello hasta mi oreja, donde finalmente abrió su boca. Un prolongado y profundo gemido retumbó de él cuando lamió con su lengua en el punto débil detrás de mi oreja, chupando un poco. Mis dedos sujetaron su hombro y se introdujeron en su cabello para mantenerlo allí.
"No pude dormir en nuestra cama sin ti," admitió en un susurro, su aliento tocando suavemente la humedad que acababa de dejar sobre mi piel, haciéndome estremecer. "Me parecía… impropio, bebé."
"Edward…"
"Shh," me reprendió suavemente, sacudiendo su cabeza, porque no quería tener esa conversación. Por la expresión de su rostro, solo me quería a mí. "Quiero terminar ese sueño por ti," añadió en un áspero susurro, cambiando al otro lado de mi cuello y dejando otro prolongado y lento beso.
"Entonces, en realidad necesitas besarme," jadeé, tirando de su cabello de manera que me mirara. "Besarme de verdad."
Largos y talentosos dedos trazaron su camino por mi espalda, casi haciéndome cosquillas desde la parte baja de mi espalda, subiendo hasta mis omoplatos. La otra mano de Edward se deslizó dentro de mi cabello en la base de mi cuello, sujetándome con firmeza y acercándome a él. Mi frente se pegó a la suya, nuestros ojos fijos. Había necesidad y deseo, alivio, y un atisbo de relajación que se movió entre nosotros, antes de que mordisqueara su labio superior y luego el inferior. Dientes y lenguas se deslizaron suavemente sobre la piel, mientras arrastraba mis dedos lentamente por su pecho, acariciando cada pectoral, cada abdominal, y la v justo encima de la toalla que todavía traía puesta.
Tirando de la toalla, finalmente lo dejé expuesto, solo para subir a su regazo, a horcajadas sobre sus muslos al mismo tiempo que él cubría mi boca con la suya. Edward me acercó, atrapando su excitación entre nosotros, y un profundo y erótico gemido de esos que te dejan sin aliento rugió desde su pecho. Movió mi cabeza, subiéndonos más a la cama y profundizando el beso. Nuestras lenguas se arremolinaron juntas mientras me cernía sobre él, empujándolo para que se acostara, pero él tenía otras ideas en mente y me acostó con él.
Deslizando sus manos extendidas por mi espalda, agarró mi trasero, restregándome contra él, solo para al fin apartarse de mi boca y mirarme con un calor puro en sus ojos.
"Trae ese dulce coño aquí, bebé," ronroneó, su voz casi hipnotizante por su tono carnal.
Sonreí, recordando a los guardias afuera de mi celda, y mis pensamientos en cuanto a lo diferente que la palabra coño sonaba cuando era dicha de la forma correcta—y Edward siempre la decía de la puta forma correcta.
Se movió debajo de mí, levantando sus piernas detrás de mí a medida que me deslizaba por su pecho de manera que quedé a horcajadas sobre él, con mis rodillas a cada lado de su cabeza.
"¿Qué?" Me preguntó, acariciando la parte exterior de mis muslos, solo para dejar un beso muy cerca de donde más necesitaba su boca.
"Nada," gemí, incapaz de mantener quietas mis caderas cuando me retorcía para acercarme más a él.
"Dime, amor," me tentó, arrastrando su lengua en el pliegue donde terminaba mi muslo. "¿Por qué fue esa sonrisa?" Me preguntó, dándome un larga y lenta lamida por fuera de mis pliegues.
Mis ojos se pusieron en blanco, y mi cabeza cayó hacia atrás, al mismo tiempo que dije entre mi aliento, "La palabra coño, Edward. Suena tan bien de la forma en que la dices."
Gimió contra mi carne—esta vez, deslizando su lengua apenas dentro de mis pliegues para girar la punta alrededor de mi clítoris. Sus manos se deslizaron debajo de mi trasero para levantarme, para acercarme más.
"Eso es porque es un coño tan hermoso, bebé. Hay más de una razón por la que te llamó dulzura…" canturreó, con un beso con la boca abierta y girando su lengua en mi entrada. "Ahora, ábrete para mí, para que pueda verlo todo, hermosa…"
"Oh mierda," siseé, perdiéndome en la sensación de su boca sobre mí, su lengua dentro de mí, sus manos manteniéndome abierta, su barba frotando contra la piel de forma perfecta, y los asombrosos sonidos que hacían vibrar mi cuerpo cuando murmuraba contra mí.
Mi clímax comenzó en mis dedos, provocando que una ola subiera serpenteando por mi cuerpo hasta que estaba restregándome contra su rostro y aferrándome a las mantas de la cama con dos puños al mismo tiempo que me recargaba en sus muslos. Los músculos de mi vientre se apretaron cuando chupó con fuerza con su boca y deslizó dos dedos en lo más profundo dentro de mí, y contuve el aliento al mismo tiempo que todo mi cuerpo se desmoronó.
Me estremecí por el éxtasis postcoital mientras Edward me rodaba con cuidado, acomodándose entre mis piernas y apoyando sus codos a cada lado de mi cabeza. Quitó el cabello de mi rostro, dejando dulces besos mordelones en la comisura de mi boca, mi barbilla, por mi cuello.
"¿Eso superó tu sueño, dulzura?" Susurró contra mi clavícula.
Me reí débilmente, asintiendo. "Sí," dije con un suspiro, entrelazando mis dedos en su cabello. "Definitivamente."
Lo acerqué a mí, y vino voluntariamente, dándome más de su peso y un prolongado beso que me dejó sin aliento. Sabía a mí y un toque de menta. Sus caderas se movieron hacia adelante, provocando que jadeara cuando su polla rozó mi hipersensible clítoris al deslizarse por mi calor resbaladizo.
"Dios, Bella," gruñó, cerrando sus ojos con fuerza y pegando su frente a la mía. "Había u-una p-parte de m-mí que p-pensaba… q-que t-tenía miedo de n-nunca tener esto de nuevo… de p-perderte."
"Shh." Fue mi turno de callarlo suavemente, sacudiendo mi cabeza, porque la honestidad pura que se manifestó en su tartamudeo era tierna y atemorizante y un poco de triste. "Estoy aquí. Estamos aquí, Edward. Hazme el amor, bebé," le dije, deslizando mis manos sobre sus fuertes hombros y bajándolas por su espalda, disfrutando de cada fibroso músculo, alcanzando finalmente su trasero e instándolo a entrar en mí. "Por favor, Edward…"
Su boca cubrió la mía, besándome con una emoción casi frenética en el fondo, pero su mano viajó con un toque dulce y cariñoso por un costado de mi pierna, para subirla más y engancharla a su alrededor. Con un hermoso giro de sus caderas, se deslizó dentro de mí, y los dos gemimos ante la sensación de esa conexión perfecta, esa sensación de plenitud.
No podía imaginarme por lo que había pasado Edward cuando tanto su esposa como su hija le habían sido arrebatadas. Aun cuando pudo haber sido menos de un día, sabía que debió haber requerido de todas sus fuerzas el mantener la cordura. Nos amaba y protegía con cada fibra de su ser. Su primera preocupación al despertar y su último pensamiento del día era su familia. Cada trabajo que tomábamos, lo trataba con la extrema seguridad. Incluso la comida que preparaba estaba hecha con nosotros en mente—lo que queríamos, lo que podría gustarnos, y lo que era bueno para nosotros. El que se le arrebatara eso—aunque solo fuera por unas horas—debía haberlo matado.
Con cada beso, cada jadeo, cada mano acariciando, nos aseguramos nosotros mismos que estábamos bien. Que nuestra pequeña familia estaba a salvo, que nuestro amor seguía jodidamente fuerte. Puede que el peligro no hubiera terminado, pero no cometeríamos los mismos errores de nuevo. Nos mantendríamos más fuertes, más feroces, y con una mayor determinación a nunca permitir que alguien nos quitara aquello en lo que habíamos trabajado tanto para construir.
Caímos juntos, corriéndonos violentamente, pero un tanto contenido, aferrándonos apasionadamente el uno al otro. A pesar de lo que cubiertos que estábamos de sudor, no nos separamos, sino que nos abrazamos con fuerza la mayor parte de la noche. Hablamos en voz baja sobre Bethy, de que necesitábamos regresar al complejo el día siguiente, de cómo Carlisle había pedido nuestra ayuda. Estuvimos de acuerdo en que Lilith y Walter debían ser detenidos, porque no había forma de saber lo que harían a continuación.
Di un gran bostezo en algún momento después de las dos de la mañana, murmurando algo sobre no querer dejar de hablar, porque lo extrañaba. Edward se rio, besando mi frente, y dijo, "Duerme, amor. Continuaremos en la mañana en dónde nos quedamos."
Enterré mi rostro en su cuello, cerrando mis ojos, y no supe más.
(1) "Amazing Grace" (conocido en algunas regiones hispanohablantes como "Sublime gracia")es un himno cristiano escrito por el clérigo y poeta inglés John Newton (1725-1807) y publicado en 1779. La composición, una de las canciones más conocidas en los países de habla inglesa, transmite el mensaje cristiano de que el perdón y la redención es posible a pesar de los pecados cometidos por el ser humano y de que el alma puede salvarse de la desesperación mediante la gracia de Dios.
(2) Se me hizo algo difícil encontrar una palabra que me pareciera adecuada en español para 'clingy' que describe a una persona dependiente, necesitada. Para mí es encimosa, mi beta dice que es un mexicanismo así es que les doy otras opciones. Pegajosa/Mimosa/Mimada/Consentida. Les diré que ninguna me pareció adecuada para Bethy, porque era algo solo por el momento, por lo que pasó, pero tal vez sea solo yo :P
Espero que les haya gustado este capi sorpresa, no estaba planeado, pero me entusiasme tanto por su respuesta al último capi y sus comentarios que les dejé este regalito. Recuerden que sus palabras siempre son lo que nos anima a seguir haciendo esto ;) De vuelta al capi, como vieron todo salió bien, entre comillas porque los malos siguen libres, pero al menos Bella está libre y lograron sacar a toda esa gente que estaba bajo las garras de Walter. Y pensar que existen grupos así de locos allá afuera *escalofríos* Todavía falta los interrogatorios para ver si pueden averiguar los siguientes planes de Walter y Lilith, y otro enfrentamiento entre papi Mercward y Kenny, nada bueno le espera a ese hdp! Gracias por leer, por sus reviews, alertas y favoritos. Nos leemos el martes.
