Capitulo 11
El desayuno a la mañana siguiente comenzó como todos los sábados, temprano en el año escolar. La mesa de los Gryffindor estaba inusualmente quieta, por la ausencia del clan Weasley, pero el emocionado cuchicheo en la mesa Slytherin lo compensaba. Como Snape lo había predicho, la lechucearía de la escuela había estado bastante ocupada en los últimos días, cuando la revelación del nuevo guardián de Harry Potter se hizo conocer a todos los padres de los Slytherin. Dumbledore había estado un poco sorprendido de no ver las noticias en la portada del Profeta (o incluso el Quisquilloso) pero Snape no había esperado menos. Los padres de los Slytherin – igual que sus hijos – acostumbraban a pensar con mucha calma los efectos de sus acciones, antes de saltar sin mirar. Esos que (como los Malfoy) habían apoyado a Voldemort sin duda se estaban preguntando si las acciones de Snape eran parte de algún elaborado plan Mortifago, llevado a cabo bajo la mismísima nariz del Director. Aquellos que se habían opuesto al Señor Oscuro, abiertamente o de otra forma, era igualmente improbable que hablaran y traicionaran sus afiliaciones a menos que les sirviera para su propósito.
Snape sabía muy bien que si la noticia se hubiera colado a los Gryffindor, él, Dumbledore, y McGonagall sin duda estarían sumergidos en Howlers y periodistas mientras un enfurecido Mundo Mágico demandaría saber porque un Slytherin, con mayor razón un antiguo Mortifago, era responsable del bienestar del Niño-Que-Vivió. Y mientras él estaba seguro que ese día iba a llegar, hasta entonces, Snape estaba determinado a disfrutar su desayuno en paz.
Al menos ese había sido su plan.
El estaba un poco atrasado esa mañana, gracias a dos Hufflepuff de sexto año que habían confundido el tranquilo corredor cercano a sus habitaciones (¡sus habitaciones!) por un buen lugar para besuquearse. Habiendo quitado esa idea con bastantes ganas, Snape estaba inesperadamente de muy buen humor. Se pregunto calmadamente si les causaría problemas de… desempeño, por haberlos interrumpido en uno de esos momentos un poco incomodo, pero decidió que cualquier medio que controlara las alocadas hormonas adolescentes era una buena cosa.
Se dio cuenta que el resto de los profesores ya estaban en sus asientos y se estaban pasando los platos con comida mientras se sentó en la única silla disponible. Justo fue la que estaba al lado de Albus, y saludo al Director con su acostumbrada formalidad. Luego se giro a su derecha para darle los buenos días a Minerva, solo para encontrarla mirándolo en completo shock.
– ¿Qué ¿ – pregunto, asumiendo instantáneamente que uno de los pequeños monstruos había logrado alcanzarlo con un hechizo que alterara la apariencia, aunque con los gemelos Weasley de vuelta en la Madriguera, era difícil pensar en el nombre del supuesto candidato.
–Tú, tu… – la bruja vieja parecía incapaz de hablar.
Snape miro al lado de ella, esperando que algún otro miembro de la facultad fuera más coherente. Pomona Sprout se había congelado en el acto de echarse una cucharada de huevos revueltos a su plato, y el contenido de la cuchara había caído a su falda. Ella no se había dado cuenta, sus ojos fijos en el semblante de Severus.
–Filius – comenzó Snape esperanzado. Flitwick miro desde su omelet con una sonrisa, pero perdió la sonrisa y el balance cuando miro a Snape, y cayo de su elevada silla con un chillido.
Ahora más nervioso de lo que quisiera admitir, Snape se giro a su izquierda. Albus continuo comiendo calmadamente, pero sus ojos brillaban contentos. Al lado de él, Hagrid había errado su boca completamente y había enviado una cucharada de tocino directo a su barba. El también estaba mirando a Snape asombrado, igual que Madame Hooch a su lado. Quirrell esta vez parecía demasiado sorprendido para tiritar y tartamudear, mientras más allá Trelawney dejo escapar un grito. – ¡Es una señal! ¡Una señal del Apocalipsis!
Naturalmente, esto atrajo la atención de los estudiantes, y todos miraron a la mesa de los profesores para ver que había trastornado a la loca profesora de Adivinación más de lo habitual. Una a una, las conversaciones alrededor del Gran Comedor cesaron, y todos los ojos se giraron hacia Snape y se abrieron desmesuradamente.
– ¡Albus! –Snape siseo, luchando con el desesperado deseo de salir arrancando. – ¿Qué diablos es lo que sucede?"
– No tengo idea, mi querido muchacho, – el viejo mago le dijo educadamente, claramente mintiendo con descaro. –¿Quieres mermelada?
– ¡Minerva! – Snape estaba listo para darle una cachetada a la bruja sino se quitaba esa atontada expresión de su cara. – ¿Por el nombre de Merlín que es lo que te sucede?
– Severus, – ella trato de hablar, fallo, trago con dificultad, y trato nuevamente. –Tú, tu luces…
– ¿Qué? – demando, apretando sus manos en puños para evitar tocarse la cara.
–Tu cabello – Filius dijo con dificultad, poniéndose de pie, –esta… quiero decir… esta
– ¡Precioso! – dejo escapar Pomona Sprout.
– ¿Qué? – de todos los adjetivos que Snape estaba esperando, ese no era uno de ellos.
– ¿Que fue lo que hiciste? Esta tan… largo. Y sedoso, – dijo ahogadamente Pomona. Snape la quedo mirando. ¿Acaso todos estaban bajo alguna forma de Imperius?
– Severus, tu luces bastante… diferente, – Minerva finalmente logro decir. – Más bien, em…
– ¡Sexy! – una de los Ravenclaw le chillo a su vecina de asiento. – ¡Nunca me había dado cuenta lo caliente que es!
Snape palideció y esto pareció abrir las puertas de los comentarios. Para su inmenso horror, en el cuchicheo que siguió, logro escuchar a unas Gryffindor de quinto año discutiendo si este look " buen mozo y de cabello oscuro, " probaba que él era en realidad "intenso y melancólico" en vez de "injusto y malvado". La mayoría de los chicos en el Gran Comedor lucían extrañados o furiosos, aunque Snape diviso a más de uno (incluyendo a varios que no esperaba) observándolo con franca especulación.
– Severus, ¿Has estado bajo un hechizo desilusionador todo este tiempo? – le pregunto Filius, mirándolo extrañado.
– Todo ese adorable, adorable cabello…en realidad, ¡te pareces mucho a como Sirius Black lucia en su último año aquí! – Hooch dijo en un gritito, con una increíble falta de tacto. Incluso peor, continuo ella soñadoramente, – Hace que una chica sienta deseos de encaramarse encima de tu cuerpo y meter las manos en tu...
Completamente en pánico, Snape le siseo a la instructora de vuelo (que era mayor que él por más de tres décadas), – ¡Por Merlín, mujer! ¡Contrólate!
– Oh, creo que tendré que hacerlo, – Le replico Hooch con doble sentido.
Snape se sonrojo, algo que juraba había olvidado cómo hacer, y hablo incoherentemente. Finalmente decidiendo que su profesor más joven había sido torturado lo suficiente, el Director aclaro su garganta. – Si un sencillo cambio de shampu puede causar tanto alboroto, tirito de pensar lo que ustedes harían si Severus alguna vez decide aumentar su guardarropa, – dijo con desaprobación.
– ¿Solo un cambio de shampu? –pregunto Minerva. Ella sin darse cuenta levanto una mano y habría acariciado el cabello de Severus si él no hubiera corrido su cabeza rápidamente con un gruñido.
– ¡McGonagall! ¡Pareces una tonta! – le gruño, sintiéndose cazado como cuando los merodeadores lo habían acorralado en uno de los lavabos. Entre los estudiantes y sus colegas, Snape estaba comenzando a sentirse como la Snitch en la Copa Mundial de Quidditch.
– Tu luces… sorprendente, – al fin logro decir Sprout.
Filius se río, su voz chillona sonaba muy parecida a la risita de una niña. – Oh querido, Severus, sospecho que tendrás que cambiar tu plan de lecciones de estas semanas. – Cuando el joven profesor lo miro sin entender, el explico, – Mejor no pongas pociones que puedan explotar en tus clases. ¡Entre las chicas que van estar completamente soñadoras para seguir instrucciones y las que deliberadamente buscaran una detención para estar a solas contigo, creo que tienes bastantes probabilidades de ver más explosiones en la semana siguiente que durante los últimos cinco años!
– ¡Todo esto es tu culpa! – Snape le siseo a Albus, aunque la verdad era, que dentro, bajo toda la humillación, sentía una agradable sensación en su pecho. Nunca lo habían congratulado por su apariencia, al contrario. El había sido un flacucho y extraño adolescente que andaba encorvado y usaba ropa usada, y no se había dado cuenta que había salido de la crisálida de un desgarbado muchacho a un alto, delgado y fuerte adulto.
El siempre había asumido que su nariz rota (cortesía primero de su padre, luego de los merodeadores, y finalmente de Voldemort) sus dientes chuecos (lo mismo) eran la razón de su soledad. Merlín sabía que su padre le había dicho que era un desagradable, y feo duende tantas veces que lo había creído. El cabello grasiento solo era la guinda de la torta, en una lista de cosas feas de él. El hecho de ser considerado "caliente" había puesto la imagen que tenia de sí mismo de cabeza.
Ahora que su cabello estaba brillante y enmarcaba su cara en finas ondas, en vez de caer liso en mechones grasientos, sus provocativos ojos, fuerte barbilla, y altos pómulos podían ser apreciados por fin después de años. Unido con su fuerte presencia, no era sorpresa que hubiera llamado la atención de la población femenina de Hogwarts (y a algunos de los hombres también) como un rayo.
– Bien, mi muchacho, podrías igual decidir volver a tu look anterior, – le dijo Albus gentilmente, ignorando las exclamaciones de consternación de parte de la población femenina.
Snape considero esa opción como por un segundo y medio antes de desecharla con el bufido de desprecio que merecía. ¿Hacer la vida más fácil para las alumnas y los demás profesores? ¿Cuál sería la diversión en eso? Era mucho más divertido atormentarlos.
El meneo la cabeza, sorprendido y encantado por los gemidos bajos que esa acción produjo entre las estudiantes, y dijo en el mas desdeñoso tono que pudo lograr, – No alcanzo a imaginar porque mi presentación personal debe ser el tópico de conversaciones del desayuno. Por favor pásenme las tostadas. –
Eventualmente, la novedad de su apariencia paso, Sprout se limpio los huevos que habían caído a su falda, Hagrid se removió los productos porcinos de su barba, y Trelawny siguió ahora quejándose sobre "Ragnarok". En ese momento, sin embargo, Snape había descubierto una previa vena vanidosa en su naturaleza .El sabía que estaba justamente orgulloso de sus progresos como Maestro de Pociones, pero por primera vez, comenzó a entender como ese idiota de Black se debía de haber sentido, con las chicas babeando por él todo el tiempo. Y lo que era mas, Snape encontró, que le gustaba. A él realmente, realmente le gustaba.
Estaba feliz, porque su talento para la Occlumancia le permitiera suprimir esas emociones. Cuando Potter golpeo su puerta a las diez, Snape se había recuperado lo suficiente para recibirlo con el ceño fruncido. El había esperado que el mocoso llegara atrasado y así no tener que seguir con su plan, pero la puntualidad del mocoso le impidió usar esa excusa.
–Potter, te pedí que vinieras aquí por
– ¡Tome, señor! – Potter no solo tenía la audacia de interrumpirlo, sino que le pasó un pergamino ligeramente arrugado.
Afortunadamente para el muchacho, Snape estaba buscando una distracción. – ¿Qué es esto? – le pregunto, desenrollando el pergamino.
– Es mi ensayo en pociones curativas, – le explico Harry felizmente. Sabía que el profesor estaría complacido por haber usado su tiempo bien. – ¿Recuerda? Usted me dijo que escribiera doce pulgadas después que pensé que había ocupado calcetas sucias para…
– Si recuerdo, Potter, – Snape detuvo al mocoso. Escaneo el documento y estaba impresionado de mala gana. El chico no solo había incluido la información más relevante, sino que estaba mucho mejor escrito que la vez anterior. Aparentemente la lección de su última detención había pagado bien.
– Oh, y aquí hay más. – Antes que pudiera retar al mocoso por lo maltratado del pergamino, dos rollos más le fueron entregados.
– ¿Pero qué es esto? – Una rápida mirada le hizo notar que estos no estaban en la letra de Potter.
– Bien, le pedí a Hermione Granger que revisara mi ensayo para asegúrame que estaba correcto, así que ella quiso escribir uno para extra crédito, – le explico Harry cándidamente.
– ¿Que es extra crédito? – pregunto Snape. Sonaba sospechosamente como 'trabajo extra ' para él.
– Usted sabe, – dijo Harry, sorprendido. – Es cuando los estudiantes hacen cosas extra que usted no les asigno para ayudarles con sus notas. –
– No estamos ni en la segunda semana de clases, y la Srta. Granger ya se ha dado a conocer como una insufrible Sabelotodo. ¿Porque en el nombre de Merlín ella cree que necesita trabajo extra? – pregunto Snape.
Harry se encogió de hombros. – Así es Hermione. De todas formas, mientras nosotros estábamos trabajando en nuestros ensayos, llego Neville, y Hermione lo obligó em, sugirió, que él debería hacer uno también porque eso lo ayudaría a no estar tan nervioso y confundido en clases. –
– ¡Potter, el único trabajo extra que doy es el que impongo como castigo! – gruño Snape. – ¿Tú crees que no tengo nada mejor que hacer que corregir ensayos de Gryffindor que no saben nada? ¿Y tu esperas que lea tres ensayos sobre pociones curativas?
Harry sonrío. – ¡Yo sabía que usted diaria eso! – Snape parpadeo, desconcertado. – Le dije a Hermione que no debería escribir un ensayo con el mismo tema que el mío, así que ella decidió escribir sobre la Poción Multijugos. Ella leyó de eso en uno de los libros y la encontró genial. Y le dijo a Neville que escribiera sobre la poción que hizo volar en la clase anterior, para que usted viera que realmente la comprendió.
Snape frunció el ceño fieramente y de dispuso a decirle al pequeño monstruo que no tenía ninguna intención de leer ensayos que no había solicitado, menos darles "crédito extra" por ellos, cuando Harry lo miro. La confianza que vio en esos ojos verdes tuvo un inesperado efecto en sus cuerdas vocales y se dio cuenta que tuvo que aclara su garganta.
– Y ya comencé mis 500 líneas, – le dijo Harry orgulloso. El había decidido que una buena forma de reforzar al Profesor Snape de que era bueno en este asunto de la disciplina era mostrarle que Harry tomaba sus castigos seriamente. El había escrito las primeras cien en la Sala Común de Gryffindor, y después de la primera docena más o menos, algunos de los estudiantes se habían acercado para preguntarle en lo que estaba trabajando. Aunque al principio se impresionaron que estuviera escribiendo líneas para Snape, los Gryffindor se habían intrigado por lo que le habían asignado para escribir. Rápidamente sus "No repetiré lo que dicen mis desagradables familiares" se convirtió en "Mis familiares son estupidos mentirosos", "Mis familiares están rellenos de desechos de cerdo (sus compañeros se habían deleitado al saber cómo Snape había llamado a su tío), y No pondré atención a nada que mi estúpidos familiares digan", entre otras, mas inventivas, sugestiones de sus compañeros Gryffindor. Harry esperaba que el profesor no se molestara por que las 500 líneas no fueran idénticas, pero se dio cuenta que de todas formas, la variedad haría la lectura más interesante para Snape.
– Hm, – gruño Snape, decidiendo que (¡solo por esta vez!) permitiría la descabellada, idea Muggle de "crédito extra " ser usada en su clase. El estaba un poco curioso de saber que había puesto una primer año nacidamuggle sobre una poción tan compleja como era la Multijugos, y francamente cualquier cosa que hiciera que Longbottom derritiera menos calderos era un cosa buena.
El después tendría que explicarle a Harry – con lenguaje bien firme- que esto no debería volver a ocurrir. ¡La osadía del mocoso! ¡Creer que podía hablar por uno de sus profesores! Debería mandar castigado al chico a su habitación, pero el hecho de lo que encontraría allí le hizo dejar esa idea de lado.
– Potter, ven conmigo, – dijo con fuerza guiando al chico hasta su habitación.
Harry lo surgió obedientemente. El estaba bastante complacido consigo mismo. ¡Era increíble que le hubiera enseñado al profesor lo que era el crédito extra! – ¿Se dio cuenta que comí avena y frutas para el desayuno? – le dijo feliz, trotando tras el alto hombre. – Hermione dijo que eso es muy nutritivo.
– Espero que tu no seas tan tonto para esperar una lluvia de felicitaciones y regalos cada vez que haces lo que debes, – le dijo Snape represivamente. Solo porque los libros decían que había reconocer el buen comportamiento, y no solo el malo, no significaba que tenía que tener una sonrisa tonta, o felicitarlo cada vez que se limpiaba la nariz solo. – Entra. – Abrió la puerta y apunto hacia adentro.
Harry no pudo suprimir la sonrisa cuando entro a la habitación (¡su habitación!), aunque disminuyo un poco cuando vio la escoba que yacía en la cama. –¿S-señor?
Memorias de ser sacado a la rastra de su alacena bajo las escaleras para que le entregaran una escoba y una cubeta llegaron rápidamente a su cabeza, aunque, se recordó con firmeza; era justo que el profesor esperara que hiciera algunos deberes aquí. – ¿Quiere que limpie su habitación? – pregunto, esperando no sonar quejumbroso.
A él no le importaba limpiar, no después de las maravillosas cosas que Snape le había dado, pero había pensado que quizás Snape no sería tan brutal como sus tíos lo habían sido. Que le pasaran una mopa, una escoba o una botella de detergente era una ocurrencia regular donde los Dursley y le había servido para darse cuenta que la única cosa que sus tíos apreciaban de Harry era su habilidad para hacer el aseo de la casa.
Snape miro al chico y lucho contra el deseo de golpearse la cabeza contra la pared. Por supuesto, una semana en Hogwarts difícilmente iba a superar años de servidumbre entre los Muggles. – Potter, – dijo con calma, – tu eres un mago, no un Muggle.
– ¿Si señor? – Potter asintió nervioso. No estaba seguro de que quería decir el profesor. ¿Acaso se estaba metiendo en problemas por hacer algo que no les gustaba a los magos?
Snape lo tomo por los hombros y lo acerco a la cama. – Los magos no usan las escobas para barrer, Potter. Las usan para volar. – Dejo al niño que mirara la Nimbus 2000.
La cara de Harry se puso de un rojo furioso. ¡Él era un idiota! No solo había olvidado lo de las escobas voladoras, sino que había sido rudo de pensar, nuevamente, que el Profesor Snape iba a actuar como sus familiares El seguía olvidando, pese a las aseguraciones del profesor de que nunca más seria tratado de esa manera. El Profesor Snape debía pensar que Harry era un idiota. Por supuesto, el profesor probablemente sentía que Harry lo estaba insultando cada vez que esperaba que actuara como el tío Vernon. Un gran nudo se le hizo en la garganta y Harry casi se ahoga.
Aquí estaba el Profesor Snape que le había comprador otro regalo, y la respuesta de Harry era compararlo con sus horribles familiares. Se sentía terrible. Deseaba que Snape le quitara la escoba o le pegara con ella. El era un estúpido, desagradecido mocoso que…
Snape miro la angustiada cara de Harry con una creciente culpa. Por supuesto aparatos de limpieza Muggle le traerían desagradables memorias al muchacho. Harry ya le había revelado que sufría de flashbacks, y aquí estaba él, un informado adulto responsable, haciendo que volviera a recordar. Le dio unas extrañas palmaditas en espalda, medio esperando que Potter se asustara por ellas.
En vez de eso, Potter se giro y enterró su rostro en la túnica de Snape. – ¡Lo siento! – murmuro. – ¡Lo siento!
– Potter, no necesitas disculparte a cada rato, – comenzó.
– ¡Tengo que hacerlo! – Y Harry se afirmo con más fuerza. – ¡Lo olvide! ¡No era mi intención! ¡Es que me olvide!
– Tú eres nuevo en el mundo mágico, – le recordó Snape. – Es natural que te reviertas a los hábitos de toda una vida.
– Pero debería saber mejor, – dijo Harry miserablemente, mirándolo. – Quiero decir, usted es mas bueno conmigo que los Dursley, y…
– Eso es difícilmente decir mucho, Potter, – lo interrumpió secamente Snape.
– ¿Está enojado? – pregunto preocupado Harry, gimoteando. – No quiero que se sienta mal. Es toda mi culpa, no suya.
– Potter, te tomara tiempo recuperarte del terrible tratamiento que te dieron tus familiares, igual que acostumbrarte al mundo mágico. Yo estoy consciente de los enormes ajustes que estas realizando, y estoy bastante, complacido, con tu progreso. – Ahí. Eso era refuerzo positivo.
Harry tomo aliento profundamente, reasegurado por las palabras del profesor. Era cierto, en el espacio de un poco más de una semana él había pasado de su existencia solitaria como el detestado sirviente de los Dursley a este nuevo mundo, nueva escuela, nueva cultura, nuevos amigos, nuevo guardián… quizás no era tan idiota después de todo. Snape había dicho que estaba haciendo bastantes progresos, y no sonaba herido ni ofendido.
Harry sintió una ola de gratitud por el alto, pelinegro profesor. ¿Cuántas otras personas serian tan perdonadoras y pacientes con un fenómeno quejoso? Volvió a abrazar a Snape. Sentía como si toda la mala suerte que había tenido durante los últimos diez años se estaba balanceando. El tenía mucha suerte de tener un guardián tan brillante.
– Potter, – Snape lo interrumpió antes que la emocional criatura se volviera a poner histérico. – Me enojare contigo si inmediatamente no comienzas a mostrar mejores modales que un babuino analfabeta. Acabas de recibir un regalo. ¿Que se supone que debes hacer?
Harry lo miro, sin comprender, y se limpio la nariz con la manga. – ¿No son todos los babuinos analfabetos? –
– ¡Potter! ¡No seas irrespetuoso! – Con un accio atrajo un pañuelo y se lo paso al mocoso, mirándolo feo.
Harry frunció el ceño, sin notar el pañuelo. – No estaba siendo irrespetuoso, – protesto. – Pero los babuinos, por lo menos en el mundo Muggle, no pueden leer. – Entonces, por primera vez, realmente miro a la escoba y todos los pensamientos de babuinos, Dursley, y equivocaciones volaron de su cabeza.
– ¡Es… esta es una escoba de carrera! – dijo rápidamente. –¡Ron me mostró unas fotos en una revista de Quidditch!
Snape dio vuelta los ojos. – Felicitaciones, Sr. Potter. Ahora se ha graduado en remarcar lo obvio.
– Pero este es el tipo de escobas que los jugadores de Quidditch utilizan, – Continúo Harry, tratando de hacer que el profesor entendiera porque estaba tan emocionado. Todas las conversaciones que había tenido durante la cena con los miembros del equipo de Quidditch le vinieron a la mente. – Oliver tiene una, y también una chica en Ravenclaw, pero nadie mas –se interrumpió con un chillido. – ¿Es… es para mi? – susurro, los ojos agrandados mientras observaba al profesor.
– Me doy cuenta que eres un Gryffindor, Potter, pero el hecho de que está en tu cama, en tu habitación, deberían llevarte a esa conclusión, – le replico Snape, altamente inconfortable con la adulación que se estaba formando en la expresión del chico. – Seguramente te has dado cuenta que un Buscador debe tener una escoba adecuada para realizar de la mejor manera su tarea asignada. ¿Acaso imaginaste que iba a permitir que utilizaras una de las escobas viejas para tus juegos?
– Pero quiere decir, que… ¿que usted compro esto para mí?
Snape frunció el ceño, espantosamente avergonzado y furioso porque el mocoso estaba haciendo que lo reconociera abiertamente. Brevemente considero una respuesta altamente sarcástica, pero dada la casi completa ignorancia del mocoso sobre el mundo mágico, sin mencionar su ingenuidad Gryffindor, era probable que creyera cualquier estupidez que le dijera, no importando cuan increíble sonara. – Si.
Harry se ilumino en una sonrisa como una supernova y lo agarro. –¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
Snape lucho por aire. Si Potter seguía haciendo esto, tendría permanentemente amoratada su zona media. Quizás algún tipo de armadura podría servir; tendría que preguntarle a Charlie Weasley hoy en la cena. Seguramente aquellos que trabajan con dragones pueden tener algún tipo de protección personal para evitar traumas en el cuerpo.
Querida Revista de Domadores de Dragones, una cuidadosa investigación ha demostrado que la dura frente de un niño de 11 años puede provocar un golpe con tanta fuerza como la cola de un Colacuerno Húngaro. ¿Qué tipo de medidas protectoras me recomienda, dado que está prohibido en la escuela usar hechizos aturdidores?
– ¡Potter! – logro decir al fin. –¡Amablemente deja este escándalo! Una simple expresión de gratitud y una descripción de como utilizaras el regalo es más que suficiente.
Harry sonrío. ¡Pobre Profesor Snape! Siempre se le ponían las orejas rosadas cuando Harry le agradecía. El había notado ahora, que incluso durante la detención, al profesor no le gustaba que Harry llamara la atención a las cosa buenas que hacía, como que le hubiera dado una colación a Harry o lo ayudara con su escritura. El Profesor Snape era de ese tipo de personas que Harry había visto en la tele – bueno, había escuchado cuando estaba en su alacena, – que preferían hacer las cosa calladamente en vez de llamar la atención. Eran llamados algo como 'benefactores anónimos ' y la tele había hablado de como una persona había donado mucho dinero a un hospital que necesitaba un nuevo equipo y había donado computadoras a una escuela en la sección más pobre de Londres. El Profesor Snape era así. El no podía ser completamente desconocido, por supuesto, pero no le gustaba que Harry hiciera un alboroto. Especialmente porque estaba tratando de hacer que Harry creyera que merecía ser tratado tan bien.
Harry podría estar lentamente dándose cuenta de que los Dursley no lo habían tratado correctamente, pero no era tan tonto como para no notar que la amabilidad del Profesor Snape hacia él no era una excepción. ¿No habían incluso sus propios compañeros exclamado maravillados cuando les contó sobre su habitación? Harry sabia que el Profesor era uno de los mas buenos, y amables hombres que hubiera conocido, y el no iba a olvidar eso. No de nuevo.
– Gracias señor. Realmente, me gusta mucho la escoba. ¡Hará que me convierta en el mejor Buscador que hay! – exclamo Harry, pasando sus manos sobre la escoba. ¡Incluso se siente rápida!
– Hm, – Snape gruño, bastante complacido consigo mismo. El chico obviamente estaba encantado con el regalo, y si era tan tonto de confiar su habilidad de Quidditch a la escoba, entonces cuando Snape la confiscara como castigo después que hiciera algo malo, sería un golpe aun más devastador. ¡Ja! Valía cada Galeón que había gastado en la escoba saber que tendría un altamente efectivo castigo para usar en el pequeño monstruo. – ¿Bien? ¿Que estas esperando? – pregunto. –¡Tienes practica de Quidditch en menos de una hora! Anda a pasar tiempo en tu nueva escoba.
La cara de Harry se ilumino. –¡Si señor!
– ¡Y tienes que estar aquí a las 5:30 para que vamos a la Madriguera! – Snape le grito cuando salió corriendo por la puerta. ¡De verdad! ¡Qué terribles modales! Snape se acomodo la túnica y se dirigió al escritorio a corregir tres ensayos adicionales.
Harry llego temprano, una buena cosa ya que le permitía a Severus insistir que se cambiara de ropa. Desafortunadamente, su oportunidad no duro, porque Severus se dio cuenta que entre el deseo de ordenar su cabello, y la fascinación de Harry con su reluciente reflejo, les tomo más tiempo estar listos de lo que había planeado.
– ¡Potter, ven para acá ahora! – le grito finalmente Snape, con un puñado de polvo Flu entre los dedos.
– Estoy aquí, – protesto Harry, apurándose a entrar a la sala. Y se acomodo la túnica por última vez.
– ¿Crees que puedes manejar la red flu solo esta vez, o quieres que te tome en brazos otra vez? – medio sonrío Snape.
– ¡Puedo hacerlo! – replico Harry rápidamente. Sabiendo que todos los chicos Weasley iban a estar allí erradicaba todo deseo de que el profesor lo acarreara.
– Muy bien. Mantén tus ojos y boca cerrados. No inhales, y aléjate rápidamente de la chimenea una vez que arribes, porque voy a ir tras de ti. –
– Si señor. – Harry trago y apretó bien firme los ojos cuando Snape lanzo el polvo al fuego y grito – ¡La Madriguera! – Sintió la mano firme del profesor empujándolo hacia adelante, y luego estaba en las frías llamas y salió en la sala de los Weasley. Molly lo atrapo cuando tropezó en la llegada y lo puso a un lado, sacudiéndole un poco de ceniza de la túnica.
Harry abrió un ojo, y viendo que había llegado seguro, abrió sus ojos y respiro profundamente. – ¿Esta es la primera vez en la red flu para ti solo amor? – le pregunto Molly con incredulidad. –¡Lo hiciste maravillosamente!
Harry sonrío, justo a tiempo para ver a Severus salir majestuosamente de la chimenea. – Severus, que bien que… – la voz de Molly se perdió cuando miro por primera vez a Snape.
Después de las reacciones de la mañana, Snape simplemente sonrío. – Buenas tardes, Molly, – respondió.