Encinta


Patinando hasta detenerse en el borde de los árboles, Fenrir obligó a su cuerpo a cambiar a su forma humana, sabiendo que Harry no apreciaría ver a su lobo en este momento. Poco a poco se adentró en la luz del sol. Ghost entró justo por delante de él, sus orejas erguidas y su cola moviéndose al ver a Harry con vida. El chico estaba de pie en la piscina al borde de la cascada, con el agua a media cintura dándole la espalda, mirando hacia el bosque como si no se hubiera dado cuenta de su presencia.

Pero Fenrir podía sentir que Harry sabía que estaban allí, era evidente por la forma en que su cuerpo se tensó. Estaba completamente desnudo en el agua destellante y la mañanera luz del sol iluminaba su pálida piel dorada. Cada moretón y rasguño se destacaba, dolorosamente marcados en su piel. Su cuerpo estaba cubierto de ellos y la marca de acoplamiento en su garganta era de un rosa inflamado, destacando en la columna de su garganta.

Se acercó lentamente a la orilla y Fenrir esperó a que Harry se volviera. No sabía qué decir para acabar con las oleadas de dolor y rabia contra sí mismo que le llegaban desde donde Harry estaba de pie. Podía ver que el frío le había puesto la piel de gallina, causando que un escalofrío hiciera temblar su cuerpo, y fue eso lo que le permitió encontrar sus palabras.

—Ghost, regresa a la guarida y busca su capa —murmuró. El visiblemente ansioso lobo le dio una última mirada a Harry (que seguía sin darse la vuelta) antes de adentrarse en los árboles para obedecer la orden de su Alfa. Esto dejó a la pareja completamente sola en el brutal frío de la mañana. El cabello de Harry sobresalía en todas direcciones, húmedo, evidenciando que se había sumergido en el agua, como para lavar a Fenrir de él. Había fracasado. El olor de un marcaje completo penetraba más allá de la superficie de la piel, y aunque entendía su deseo de lavarlo, la idea todavía hizo que sus labios se curvan en el más ínfimo gruñido frustrado.

El sonido hizo que Harry se girara en el agua para enfrentarse a él. Sus ojos no eran como los que Fenrir se había acostumbrado a ver en las últimas semanas. Toda la calidez y el deseo habían desaparecido. El miedo y la incertidumbre florecían ahí como un fuego lentamente creciente. Antes de intentar hablar, inhaló profundamente para retrasar el momento en que tendría que inhalar de nuevo el olor de la miseria de Harry.

—Mascota, anoche-

—No me llames mascota, no soy tu mascota, no soy tu perra —murmuró Harry, su voz gruesa y cortante a pesar de su volumen bajo. Era el gruñido de advertencia de una perra en estado. Fenrir lo observó atentamente, sin saber cómo recuperar la cercanía que habían tenido hasta anoche. Comenzó a acercarse, pero Harry dio un paso atrás en respuesta, hacia el borde de la cascada.

—Harry —comenzó de nuevo, todavía avanzando lentamente. Mimos, dulzura y comodidad no eran cosas que él supiera cómo dar. Eran extrañas para él. Pero tenía que intentarlo—. Nunca pensé que pudiera lastimarte de esa forma, de lo contrario yo nunca-

—No me lastimaste —murmuró Harry evitando sus ojos—. En realidad no, ese es el problema... —Hizo una pausa, aparentemente perdido en sus pensamientos y Fenrir tuvo la oportunidad de dar un par de pasos adicionales, el agua lamiendo sus rodillas ahora—. Sé que si me hubiera negado rotundamente no habrías... hecho eso. Te di todas las señales de que yo... de que lo quería. Sé que no tengo a nadie a quién culpar salvo a mí mismo, ¿de acuerdo? —Su tono era defensivo, pero Fenrir finalmente había cruzado la brecha entre ellos y gruñó ante esas palabras, agarrando a Harry por los hombros y sacudiéndolo ligeramente.

—Lo hiciste para evitar que matara a esos seres humanos. Yo soy el que debería haber sido capaz detenerse. Fui débil, pero voy a ser más fuerte, y voy a empezar por matar al hijo de puta que dejó la puerta abierta en primer lugar. —Apretó firmemente los hombros de Harry—. Él y yo somos culpables de lo que pasó. Nuestros instintos fueron manipulados, ¡no te atrevas a culparte por ser violado!

Las palabras sabían como veneno en su boca. Había profanado a su propia pareja. Su mandíbula se tensó, sus colmillos se clavaron en sus encías hasta que probó su sangre de nuevo. Realmente no podía esperar a matar a alguien y dar rienda suelta a su furia apenas contenida.

Abruptamente, Harry se sacudió de su agarre como si lo hubieran golpeado, mirándolo desafiante. —Yo no fui violado —espetó—. Eres mi… bueno, mi compañero, así que no es violación si estamos-

Fenrir gruñó con disgusto. —Someter a alguien que no quiere es violación, estén acoplados o no —soltó—. Un bastardo me ayudó a hacerlo pero... Jodió esto y no lo voy a perdonar. —Apretó los dientes, pero la mirada incierta en el rostro de Harry seguía sin cambiar. Frunció el ceño, inclinándose lentamente. Pausó cuando Harry retrocedió de nuevo. Su mano se alzó poco a poco en el aire, deslizándose sobre el torso del chico sin tocarlo, como si lo estuviera acariciando, hasta detenerse justo encima de donde el agua lamía el vientre plano. El lugar donde su cachorro crecía.


—Voy a arreglar esto, mascota, déjame arreglarlo. —La sinceridad inusual, el tormento en su voz sorprendieron a Harry. Lo miró fijamente, sus labios se abrieron ligeramente ante el hombre lobo frente a él. La bestia más brutal y aterradora de todo el país se elevaba sobre él, y sin embargo parecía... vulnerable de alguna manera. No sabía qué hacer, no sabía cómo sentirse. Dio un pequeño y tambaleante paso hacia atrás y abrió la boca para hablar. Antes de que dijera nada, Fenrir se giró con brusquedad y miró hacia los árboles, levantando un brazo como para proteger a Harry de la vista.

—¿Qué es? —preguntó Harry olfateando el aire. No podía oler nada gracias a que el viento fluía hacia otra dirección, pero si se quedaba inmóvil en el agua podía oír algo. Los pasos que se acercaban eran cautos y calculados, pero podía escucharlos, así como las respiraciones contenidas y los ansiosos ritmos cardiacos, que latían un poco demasiado rápido como para ser humanos—. ¿Hombres lobo? —murmuró.

Fenrir asintió brevemente. —Y no son nuestros. Todavía tienes el aroma del calor de anoche aferrándose a ti. Quédate atrás, ¿de acuerdo?

Harry lo miró con los labios apretados a punto de escupir una réplica aguda, pero una vez más sus palabras se perdieron cuando los invasores rompieron la línea de árboles. Estaban aquí. Instintivamente tomó un brusco aliento y se movió ligeramente detrás de Fenrir. No sabía qué era lo que estaba pasando, todo lo que sabía con certeza era que tenía que hacerse tan pequeño y silencioso como fuera posible. Necesitaba a su manada, a su Alfa para protegerlo. Había media docena de ellos que parecían reunirse detrás de dos hombres; uno era alto y de piel oscura, voluminoso y barbudo como Fenrir; el otro era bronceado y tenía el pelo de un color rojo oscuro como la sangre. Conall.

Todos lo estaban mirando de cerca, los ojos intensos y con pensamientos que Harry prefería no saber. Mantuvo los ojos sutilmente evasivos, concentrándose en hacerse lo más pequeño posible a pesar de que sabía que había sido más que notado. Sabía que era objeto de miradas y susurros por parte de los hombres lobo en la parte trasera del grupo. Él era la razón por la que estaban aquí.

Hubo un largo y tenso silencio que se extendió entre ellos, hasta que finalmente la gruesa voz del hombre de piel oscura lo rompió. —Así que por lo visto el alfa se ha empeñado en marcarte, en reclamarte tanto como fuera posible antes de que tuviéramos la oportunidad de disputar su demanda. —Inspeccionó a Harry con ojos oscuros, tomando nota de cada mordisco, cada rasguño y hematoma. Sus fosas nasales se abrieron y Harry se sonrojó oscuramente. Sabía que estaba inhalando el olor del sexo que aún se aferraba a él a pesar de haberse lavado en el agua.

—Han hecho un largo viaje por nada —gruñó Fenrir oscuramente, sus dedos se apretaron en un puño.

Harry se quedó quieto. Miró de Fenrir a los intrusos, escuchándolos hablar de él como si fuera una propiedad sin ninguna opción en este asunto. Excepto que él sabía que era su elección; Fenrir se lo había dicho al principio. «Y yo lo elegí, sin importar si estaba en mi sano juicio o no», pensó. «¿Por qué están peleando si yo ya tomé una decisión?»

—No eres el que juzgará eso —interrumpió Conall fríamente—. Y debes saber que no estamos solos.

—Ni lo está él —dijo una voz desde las sombras de los árboles, donde Echo, Marrok, Ulric y otras nueve personas aparecieron a la vista, moviéndose rápidamente al borde de la piscina, unos pocos pasos detrás de Fenrir. Ghost estaba entre ellos. Harry le dio una última mirada a los intrusos antes de vadear por el agua hacia la capa de pieles sobre la espalda de Ghost, que la sujetaba por una esquina en sus dientes. Con semejante hostilidad en el aire, salió del agua de forma no particularmente elegante; no le agradaba demasiado permanecer ahí desnudo por más tiempo del necesario.

Con su dignidad cubierta, se giró hacia ellos para encontrarse con que habían seguido todos sus movimientos. Ruborizándose, apretó más fuerte el manto alrededor de su magullada piel desnuda. Ahora con un poco de distancia entre él y el enemigo, sintió que su irritación se elevaba por encima de su curiosidad y de su necesidad instintiva de hacerse invisible. —Dejen de mirarme como si fuera un dulce raro sobre el que no pudieran esperar para poner sus sucias manos —espetó. Algo en su garganta se apretó por la forma en que el hombre negro junto a Conall sonrió ante sus palabras. Harry levantó la barbilla en desafío, mirándolo a él y a sus compañeros con abierto desprecio.

—Me parece que todos ustedes vinieron hasta aquí para desafiar el derecho de Fenrir a 'mantenerme' o algo así —gruñó—, pero no soy un animal que pueda conservarse. No soy una posesión; ¡si elijo estar aquí no es para que ustedes desafíen nada!

Conall rió brutalmente. —Así que tu domesticado alfa te ha hecho creer en eso. Los tiempos han cambiado, lindura. Los seres humanos han cazado a nuestra especie hasta el punto en que no quedan más que unas cuántas manadas y algunos solitarios repartidos por todo el país. Ya no hay suficientes subs con la capacidad de reproducirse como para permitirte un lujo como la elección.

Fenrir gruñó. —Las viejas formas dicen que es el sub quien elige, ¡y él me eligió! —rugió. Harry observó los músculos de la espalda de Fenrir tensarse y ondular como si estuviera a punto de transformarse. La idea hizo que Harry se sintiera un poco mareado; no estaba seguro de poder hacerle frente a Fenrir como lobo ahora mismo.

—Las viejas formas son una extravagancia del pasado, Greyback —dijo el hombre negro, su voz gruesa haciendo que los pájaros en los árboles guardaran silencio. Se adelantó un poco y Harry sintió que todos a su alrededor se tensaban, listos para una pelea. Este hombre era peligroso, lo podía sentir en la forma en que esos ojos ámbar lo miraban, y lo hizo estremecerse con inquietud.

» Ha habido cada vez menos y menos de su tipo desde que la mayoría fueron sacrificados hace tantos años por el Ministerio —continuó, señalando a Harry con desdén—. Honrar los deseos de un niño de elegir pareja, y los tuyos de monogamia, significaría dar un salto completo hacia la extinción de los hombres lobo nacidos, los de pura sangre. Aquellos que son convertidos no son tan fuertes y no viven tanto tiempo como nosotros. Pero aparte de eso, ¿no es nuestro derecho tener y educar a nuestras propias crías en lugar de recurrir a robar las de otros?

Harry frunció el ceño, sus labios se separaron a punto de hablar, pero la mano de Echo en su hombro lo detuvo, y no solo porque era el primer toque que recibía desde la pasada noche y se sentía extraño de alguna manera. Se tragó sus palabras ante el contacto insistente. Echo le estaba advirtiendo que guardara silencio, ¿pero por qué con tanta urgencia?

De repente, el hombre de piel oscura se volvió hacia Harry, sus sombríos ojos color ámbar devorándolo. —Acércate —alentó. Harry frunció el ceño. Si este hijo de puta iba a desafiarlo él no iba a tumbarse y jugar al pequeño cachorro. No podía negar por más tiempo que él era el sub de Fenrir, su compañero, y que tal vez una parte de él quería eso, pero sin duda no era la perra de cada hombre lobo que decidiera buscarlo.

Ignorando el agarre de Echo, dio un paso hacia adelante.

—¡Harry, quédate donde estás! —espetó Fenrir sin voltear a verlo. Harry se estremeció ante la aspereza de su voz, pero continuó, con la barbilla aún ligeramente levantada con rebelión.

—No le tengo miedo —respondió deteniéndose al lado de Fenrir, sus ojos clavados al frente.

—Dices eso, dulce, pero puedo oler la verdad —murmuró el hombre negro, su sonrisa nunca decayendo—. Soy Radulf, y lamento que no nos encontráramos antes, podríamos haber evitado una situación como esta. Pero sabemos de ti, Harry Potter, hay muy pocos que no –incluso los nómadas. Tú de todas las personas tienes la compasión suficiente ver que todos merecemos tener nuestros propios hijos, ¿no es así? ¿Llenar un vacío que morder a otro nunca podrá colmar?

Harry lo miró sin emoción, a pesar de la batalla interna rugiendo dentro de él. «Regresa —siseó el lobo—. O muéstrale tu vientre, tu garganta, ¡muéstrales tu sumisión!». Sacudió la cabeza como para librarse de esos pensamientos, abriéndose paso más allá del deseo abrumador de postrarse a los pies de todos. —Mis guardianes nunca me amaron como mis verdaderos padres, pero hay otra familia que ha hecho todo excepto adoptarme, de la forma en que ustedes adoptan a otros en sus manadas. Ellos se preocupan por mí como si fuera suyo. No creo que una familia tenga que tener lazos de sangre. Pero supongo que entiendo sus sentimientos e instintos.

Sintió que Fenrir giraba ligeramente la cabeza para mirarlo, irradiando confusión. Harry no apartó la mirada de Radulf y Conall, que parecieron contemplar sus palabras.

—Si lo entiendes, ¿entonces cómo puedes negarnos lo que estás tan dispuesto a darle a Greyback? —preguntó Radulf, como si se fuera un asunto mucho más simple el que estaban discutiendo.

Harry levantó las cejas con sorpresa. —Dije que lo entendía, eso no quiere decir que voy a dejar que todos ustedes se turnen para usarme como una... como una perra de cría —respondió con incredulidad.

—¿Por qué no? —exigió Conall—. Es para lo que fuiste hecho.

—Eso es una mierda —gruñó Fenrir venenosamente, sus dientes al descubierto—. Él nació con la libertad de elegir a la pareja que quiera. ¡No para pasar por cada perro lujurioso para producir cachorros como una máquina!

Radulf chasqueó la lengua. —Por supuesto que no, no estamos sugiriendo que tenga una camada para cada hombre lobo que pase, sería imposible. Hemos gastado las últimas semanas sabiamente, Greyback.

Fenrir movió su cuerpo para situarse entre Harry y los otros más efectivamente. Pero Harry todavía podía verlos y no creía que la exhibición de dominio del alfa los fuera a asustar en esta ocasión, no como cuando se habían encontrado con Conall y su grupo de proscritos en el bosque.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Fenrir peligrosamente.

Esta vez fue Conall quien respondió, aparentemente satisfecho con su respuesta. —Cuando mataste a mi hermano por intentar tener su turno con el sub, por supuesto que sentí que era mi deber hacerle una visita a cada grupo y asentamiento de solitarios que conocía. Los más fuertes, los mejores de cada grupo lucharon por una oportunidad de venir aquí el día de hoy, y aquí estamos. Luchamos para demostrar nuestra valía, para reducir la lista de demandantes del sub-

—Harry, mi nombre es Harry, no portador o sub. ¿En serio crees que eso es ser considerado? ¡Siguen suponiendo que estoy dispuesto a ser follado y preñado por cada uno de ustedes! —exclamó indignado, mirándolos a todos en estado de shock. Y él había pensado que era el mundo mágico y el muggle los que estaban llenos de fanáticos hambrientos de poder.

Conall inclinó ligeramente la cabeza para mirarlo de arriba abajo antes de dignificar su arrebato con una respuesta. —No tienes elección. Hemos sido lo suficientemente generosos contigo y estamos dispuestos a pasar por alto las transgresiones de Greyback si lo aceptan.

—¿A qué 'transgresiones' te refieres, asqueroso perro? —escupió Fenrir ferozmente—. Él es mi compañero, mío. ¡¿Y ustedes creen que tienen la autoridad para decidir compartirlo?! —Temblaba de furia, y Harry sintió que algo en su estómago se revolvía al sentir la ira de su compañero corriendo a través de él. Se sentía mareado; la necesidad de hacerse pequeño e invisible apareció de nuevo.

—Precisamente —dijo Radulf fríamente—. Afirmas que él te eligió, pero me han dicho que te aseguraste de mantenerlo escondido hasta que fue demasiado tarde para que cualquiera pudiera desafiar el reclamo, competir por él. Con una oportunidad justa, Harry aquí podría haber elegido a cualquiera de nosotros. —Su mirada dorada se detuvo en Harry otra vez, encendida con un fuego lujurioso que hizo que Harry se sintiera bastante enfermo e incluso más mareado que antes.

—Y una mierda —gruñó, tratando de conservar la dignidad que le quedaba y el equilibrio al mismo tiempo—. Nunca me hubiera unido a nadie que me trata como no importase lo que yo quiero.

—No deseamos unirnos a él —continuó Radulf como si Harry no hubiera hablado, volviendo a mirar a Fenrir una vez más—. Solo queremos la oportunidad de tener aquello que todos deseamos con cada fibra de nuestro ser. Una camada para cada uno de los presentes, los mejores de nuestra raza, y entonces podrás mantenerlo todo para ti mismo.

—¡Vete a la mierda! —rugió Harry, su propia ira recorriéndolo ahora, empujándolo hacia delante. Su pulso ardía como lava, como si tuviera mil avispas furiosas en sus venas, hasta que estuvo de pie frente a Conall, Radulf y los otros, visiblemente furioso. Hizo caso omiso de los gritos de sus compañeros de manada y miró acaloradamente a los hombres lobo frente a él. No tenía miedo ahora, solo ira –estaba increíblemente furioso por el insulto que representaba su presencia aquí.

» Se helará el infierno antes de que me dé la vuelta y le presente mi culo a cualquiera de ustedes, a cualquier persona que yo no elija. No soy una puta, y no soy una perra de lujo que sirve para tener camadas de los mejores sementales entre ustedes. No me importa si toda tu especie se extingue. ¡No me importa si me ofreces el universo! ¡No soy un cuerpo para ser vendido o incluso amenazado para aceptar! ¡No te daré lo que quieres, así que vete!

Un largo momento de silencio tenso se extendió insoportablemente. El bosque estaba mortalmente silencioso alrededor de ellos; el único sonido que Harry podía distinguir era el de la cascada y el de su propia ira zumbando furiosamente en sus oídos al ritmo de sus latidos. ¿Cómo se atrevían? ¿Cómo podían pensar que eso era aceptable? ¿Solo porque probablemente él era el único portador conocido en el país a causa de lo que los magos habían hecho por miedo hace tantos años?

Pecados del padre, pensó vagamente mientras permanecía ahí, esperando que alguien hablara o se moviera para romper el silencio que había caído. Sus antepasados, su especie había profanado la de ellos, habían matado a cientos de subs recesivos y ahora él estaba pagando el precio. ¿Por qué era el único que veía que todos, hombres lobo, vampiros, gigantes, magos y muggles; todos eran jodidamente iguales entre sí? Cada uno tan capaz de caer en la violencia y la crueldad como el otro.

De repente, Conall extendió su brazo con la fuerza y la velocidad de un látigo. Envolvió sus dedos alrededor de la garganta de Harry, atrayéndolo hacia delante. Harry se atragantó, sus manos se dispararon para rasguñar los dedos de Conall. La nariz del hombre estaba a escasos centímetros de la suya y con la proximidad le llegó el olor de su lujuria, que hizo que los instintos de Harry se levantaran y tomaran el control otra vez.

Harry giró la cabeza hacia un lado de manera suelta. La dejó caer, y dejó que todo su cuerpo se quedara inerte en su agarre, de tal manera que se hubiera desplomado al suelo si Conall lo soltaba. Detrás de él oyó gruñir a Fenrir y escuchó a su manada avanzar, pero no podía ver nada más allá de la amenaza frente a él y gimió lentamente desde el fondo de su garganta. Tenía que sobrevivir, tenía que escapar, y tenía que ser sumiso para hacer ambas cosas. Tenía que vivir.

¿De dónde vino eso?

—¿Ves lo sumiso que un verdadero macho puede volverte? —jadeó Conall, sonriendo oscuramente e inhalando su miedo con avidez. La excitación del hombre se levantó y Harry lloriqueó más fuerte, sintiendo cómo la mano libre del hombre se colaba entre los pliegues de su capa de pieles. Largas garras rasparon su estómago revuelto, justo lo suficiente para dejar cuatro frescas líneas de sangre de cortes superficiales—. Si cumples con tu deber dejaremos que mantengas al cachorro que llevas, te dejaremos llevar al engendro de Greyback antes de tomar nuestro turno.

Los ojos de Harry se abrieron.

Conall se rió entre dientes, inclinándose aún más cerca. —Estas cosas son tan delicadas, fácilmente desaparecen. Deberías tener más cuidado si quieres mantenerlo-

¿Mantenerlo? —repitió Harry, su voz un grito ahogado. Un susurro de horror e incredulidad. El mundo entero se detuvo, el tiempo y el espacio desaparecieron antes de comenzar a moverse a cámara lenta junto con la risa cruel de Conall.

—Pobre pequeño, ¿tu mascota alfa no te lo dijo? Tu vientre está lleno, ¡y lo hizo en tan poco tiempo! —jadeó.

Todo el cuerpo de Harry se tensó al recordar no por primera vez los horrores de la noche anterior, pero ahora con otros ojos, comprendiendo al fin lo que quería decir. Gritó, arremetiendo con toda la fuerza dentro de él y estampó su puño en la garganta de Conall. El lobo farfulló, liberándolo instintivamente. Harry se tambaleó hacia atrás, jadeando y frotándose el cuello inconscientemente donde las marcas en forma de dedos se marcaban furiosas en su piel.

—¡Mentiroso! —gritó Harry—. ¡Maldito mentiroso! —Sus ojos se dispararon brevemente hacia Fenrir pero no se quedaron ahí por mucho tiempo. Volvió a mirar a Conall cuando el lobo se echó a reír, el sonido desigual y ronco por el golpe en la garganta.

—¡Pregúntale a uno de los perros de Greyback si no crees la verdad de mis labios, pero desde aquí puedo oler que estás llevando! —Conall se giró hacia Fenrir entonces, su mandíbula tensa con ira, lujuria y frustración animal a la vez—. Y no podemos prometer que lo que está dentro de él no se convertirá en una víctima si nos obligan a luchar por lo que es nuestro derecho.

—No tienes derecho alguno, ninguno de ustedes, no sobre mi compañero —gruñó Fenrir oscuramente. Se lanzó hacia delante, de modo que estaba de nuevo entre ellos y Harry, que estaba paralizado y respirando con dificultad sin mirar a nadie.

Radulf lo miró detenidamente. —Vamos a romper en pedazos a tu pequeña manada si es necesario, Greyback, arruinaremos todo por lo que tus padres y tú han trabajado tan duro para proteger. —Hizo una pausa dramática, la mirada siniestra en sus ojos no dejó lugar a dudas—. Mataremos hasta el último de ellos. Esto será mucho más fácil para todos si aceptas de una vez.

Harry miró la espalda de Fenrir por entre su mechón de pelo. Conocía la posesividad del alfa lo suficiente como para confiar en que no aceptaría compartirlo con nadie más. Pero aun así una parte de él se retorció al pensar que, a pesar de lo que él mismo quería, la realidad era que Fenrir era lo único que se interponía entre él y el enemigo. Tenía que confiar en que lo protegería, y no le gustaba. Detestaba la idea, sobre todo después de lo sucedido la noche anterior.

—El chico estará feliz de proteger a la manada, Alfa —dijo Ulric, hablando por primera vez desde que había entrado en el claro con los demás. El desprecio en su voz estaba mal oculto—. Que les dé una camada a todos y podremos dejar atrás-

—No me hagas recordarte tu lugar —gruñó Greyback—. Si me desafías una vez más, vas a tener tu trasero despachado junto con el resto de estos salvajes. —Se centró en los intrusos de nuevo—. Voy a luchar contigo y luego mataré a todos ustedes, no nos engañemos. Él es nuestro y no se lo llevarán a ningún lugar. —Ante eso, Marrok se movió hacia delante apenas un poco; el gran hombre negro envolvió sus dedos lenta y sutilmente alrededor de la muñeca de Harry.

Harry se estremeció ante el que era, en cierto sentido, el segundo toque de otra persona desde la noche anterior. Pero al ver la mirada de ansiedad en los ojos del hombre permitió que lo arrastrara lentamente hacia el lugar entre él y Echo. La mano de Marrok nunca soltó su brazo. En cualquier otra situación Harry se hubiera sonrojado, recordando a Fenrir y a Echo bromeando sobre que el omega era dulce con él debido a algún un tipo de infantil enamoramiento. Pero su mente no era capaz de considerar asuntos del corazón en estos momentos.

—¡Fuera de mi territorio! —añadió Fenrir oscuramente—. Mientras aún tengan piernas que los lleven.

—Corre el rumor de que tu nuevo compañero te ha vuelto suave, Greyback —añadió Radulf alegremente, como si Fenrir no hubiera hablado—. ¿Tal vez tu ladrido también se ha vuelto más fuerte que tu mordida?

—¡Sal de mi territorio ahora o lo descubrirás de primera mano! —gruñó Fenrir, cada vello de sus brazos y pecho en punta, sus nudillos crujiendo amenazadoramente cuando su lobo se levantó, a punto de romper la superficie. Radulf y él chocaron miradas durante un largo momento antes de que Fenrir sonriera con indiferencia—. Conall los ha engañado a todos y ha utilizado tus instintos contra ti para hacerte pelear su batalla. Y fuiste demasiado tonto para verlo. Solo espero que no seas lo suficientemente estúpido como para morir por ello.

Entonces sucedió.

Radulf se lanzó al aire con un rugido, su ropa y su piel desgarrándose mientras pelo hacía erupción por toda la superficie de sus extremidades en crecimiento. El lobo negro azabache aterrizó sobre sus cuatro patas, mostrando los dientes con un gran gruñido antes de lanzarse contra Fenrir. Era la señal de que todos habían estado esperando.

Harry sintió un tirón casi insoportable en la piel, un dolor profundo en sus huesos mientras todos a su alrededor cambiaban a la vez. Saltaron hacia delante, transformándose en lobos del tamaño de osos grizzly que se lanzaron a una furiosa batalla de dientes, piel y uñas. El enemigo contra su manada. La visión del deslumbrante pelaje plateado de Fenrir hizo que todo su cuerpo se tensara y palideció, tropezando hacia atrás directamente contra un lobo negro con el hocico y el vientre moteado de marrón oscuro.

Los ojos de Marrok lo miraron fijamente desde ese rostro y Harry se detuvo, incierto. El lobo dobló el cuello hasta que su cabeza estuvo al mismo nivel que la suya –ya no se elevaba sobre él– y volvió a mostrar la garganta. Sumisión; era un espectáculo bastante extraño en medio de todo este caos y después de la última noche, pero hizo que su ansiedad se redujera un poco. No quería que Harry le tuviera miedo, al parecer, de ahí su aseguramiento, acentuado por un pequeño meneo de cola antes de moverse frente a Harry –Ghost y él ofreciéndose silenciosamente como protectores mientras la guerra se librada alrededor de ellos.

Fenrir soltó un rugido, arrojando su peso contra Radulf y enviándolo rodando por el suelo. El enemigo se alzó, sus mandíbulas cerrándose en el aire justo donde la garganta de Fenrir había estado antes. Al mismo tiempo, Echo logró derribar a un lobo rojizo y le enterró los colmillos en la garganta con una nauseabunda explosión de sangre.

El olor metálico hizo que el estómago de Harry se revolviera. ¿Era cierto? ¿Realmente había una vida dentro de él? ¿Por eso se sentía tan... hipersensible, tan desesperado por no ser notado? Era imposible. No podía ser verdad. ¡Simplemente nopodía! Sus entrañas se apretaron con el sonido de huesos y cartílagos rompiéndose; el sonido de sus compañeros de manada (a los que se había vuelto cercano en las últimas semanas) luchando por él. El pensamiento casi fue suficiente para distraerlo de la otra idea en su mente –casi. ¿Qué iba a hacer con lo que sea que estuviera dentro de él?

De repente, un agudo gruñido lo arrastró de nuevo al presente. Saltó al ver a un lobo gris corriendo hacia él. Marrok gruñó y cargó a su encuentro; la fuerza de la colisión los envió hacia atrás antes de enredarse en una maraña de colmillos y garras. Harry esquivó a otro par de lobos luchando y se estremeció cuando un aullido lleno de dolor desgarró la garganta de Marrok. Apretó los dientes y saltó sobre el cadáver ensangrentado que Echo había dejado en el suelo, dirigiéndose en línea recta hacia donde Marrok estaba enredado con su agresor.

Un cuerpo gigantesco de color castaño rojizo se estrelló contra Harry, enviándolo al suelo con dureza y sacando el aire de sus pulmones. Se levantó de inmediato por instinto, solo para ser empujado de nuevo al suelo por una enorme pata, la cual lo presionó con fuerza y apretó su pecho hasta que juró sentir que sus pulmones se empezaban a comprimir. Con un último grito desesperado por aire, sintió un tirón de electricidad precipitarse por todo su cuerpo. Mirando fijamente la oscuridad de los ojos hambrientos por encima de él, oyó a sus instintos rugir con toda la ferocidad del llanto de un alma en pena.

Era evidente por cómo actuaba todo el mundo, por cómo él estaba actuando que Fenrir había puesto algo en su interior la noche anterior. Cuando el hocico encima de él se inclinó y acarició el lado de su cuello sin marcar, se dio cuenta de que fuera lo que fuera, como sea que hubiera llegado, era una vida. Una que no podía defenderse. Debía protegerla, ¿cierto? Sus instintos se agitaron con furia en su interior, estrellándose en sus entrañas en ondas gruesas intentando salir. Siempre había sentido una necesidad de ayudar y proteger a los demás, pero no era lo mismo. Esto era más profundo, y tan poderoso que hizo que su cabeza se nublara. Fuera lo que fuese lo que sentía por esta vida… tenía que defenderla, incluso si era destrozado en el proceso.

Esa enorme pata se movió ligeramente hacia abajo para dejar espacio a que la lengua invasora rozara una vez más su clavícula. Pero cuando empezó a presionar sobre su estómago, el cuerpo de Harry se lanzó hacia arriba. Sus puños se estrellaron con tanta fuerza en la garganta del lobo que éste soltó un rugido ahogado, tropezando de regreso a la pelea.

Harry se puso en cuclillas, balanceándose sobre la punta de sus pies mientras examinaba el campo de batalla, su corazón golpeando frenéticamente en su pecho. Tenía que proteger a su cría, sin importar lo que sintiese al respecto; ya estaba viva y dependía de él –al igual que el resto del mundo, excepto que era más indefensa, más frágil... preciosa.

Un chillido animal salió de sus labios y cargó contra el lobo marrón rojizo que había rasgado la cara de Marrok. Lo perdió por poco. Conall saltó hacia atrás en estado de shock cuando Harry golpeó su costado. Aulló de dolor y se giró hacia él en venganza.

Cuando lo hizo, Harry se puso de pie con un poco de trabajo. Sus labios se retrajeron sobre sus dientes en un gruñido animal, pero cuando levantó las manos con las palmas hacia fuera, la deslumbrante luz azul que salió de ellas fue magia completamente humana. Magia de mago. Un inconfundible Flipendo envió a Conall a la piscina con una fuerza que hizo que el agua se levantara y salpicara a varios metros.

Justo en ese momento, mientras Harry se ponía de pie y hacía el amague de continuar con su ataque, un rugido de agonía atravesó el aire. De inmediato giró sobre sus talones, un movimiento impulsado por el instinto y por el dolor fantasma en sus costillas. Vio a Fenrir tambalearse hacia atrás, su pelaje color plata manchado de sangre por un costado donde las garras de Radulf habían desgarrado uno de los pocos lugares sensibles que quedaban luego del ataque de los grifos.

Observó con orgullo cómo su Alfa se recuperaba de forma rápida, pero en cuanto lo hizo, otro lobo se estrelló contra su costado herido haciéndolos rodar por el suelo. Sucedió en segundos, instantes fugaces que destellaron frente a sus ojos en cámara lenta. Fenrir gruñó y chasqueó los dientes, sacándose al lobo de encima con sus patas traseras. Pero mientras rodaba de nuevo a sus pies, Radulf estaba allí, lanzándose a su garganta.

El sonido que salió de la boca de Harry fue un grito inhumano, desesperado que sacudió todo su cuerpo. No poseía sentido, pero arañó su garganta como una bestia adolorida. Se congeló cuando una voz más clara pero no menos potente gritó en su mente.

—¡Confringo! —vociferó, su voz una explosión resonante que atravesó el campo de batalla y se estrelló contra Radulf en el aire. Llamas, piel, tierra y una luz brillante estallaron juntos en un infierno que detuvo a todos en el claro. Fue sacado de su trance por el suelo sacudiéndose bajo sus pies por la explosión. Parpadeó, y de repente su vista fue entorpecida, el mundo se oscureció en un calor inesperado y protector.

Gruñó, el firme cuerpo peludo se envolvió a su alrededor y tomó la peor parte de la caída. Mientras rodaban, la cabeza de Harry se estrelló con fuerza en el suelo. Hizo una mueca y el cuerpo encima de él se tensó, levantándose lentamente. Al abrir los ojos, observó al lobo manchado de sangre convertirse en Fenrir otra vez, apoyándose en sus manos y rodillas sobre él, jadeando.

Sangre manaba de una herida a lo largo de su rostro y goteó sobre Harry, que se estremeció a la vez por el dolor en su cabeza y por la proximidad de Fenrir. Instintivamente, rodó su cabeza y dejó la garganta al descubierto; pero en lugar de relajarse y exponer su abdomen como solía hacerlo, esta vez levantó las rodillas para darle algún tipo de protección. Esta vida dependía de él, después de todo.

Dedos ásperos se apoderaron de su barbilla, volteando su cabeza para que Fenrir pudiera mirarlo correctamente. Fue olfateado tentativamente. —Estás herido —murmuró Fenrir con voz ronca, ajeno a que todos a su alrededor apenas se estuvieran recobrando. Sus ojos estaban oscuros, su piel caliente y llena de heridas de batalla –desnudo como el día en que nació.

—Bájame —jadeó Harry, empujando su pecho con fuerza al volver en sí y notar el malestar que sentía por estar de nuevo atrapado bajo el cuerpo del lobo tan pronto. Fenrir gruñó, sus heridas agravándose por el movimiento apresurado al ponerse de pie.

—¿Está bien? —murmuró señalando a su estómago y extendiendo una mano para ayudarlo.

Harry ignoró la mano ofrecida y se incorporó de un salto, haciendo una mueca por el dolor palpitante en la parte posterior de su cabeza. Se sentía un poco mareado y magullado pero por lo demás estaba ileso; ni siquiera creía que estuviera sangrando. —¿Cómo se supone que debería saberlo? —masculló, arrebujándose más fuerte con la capa. Y luego divisó el cuerpo de Randulf por sobre el hombro de Fenrir.

El cuerpo humanoide estaba retorcido en un ángulo grotesco; incluso había humo saliendo de la maraña de extremidades. Sus ojos se abrieron enormes por la sorpresa y el horror cuando el hombre se tambaleó, levantándose lentamente. Su piel oscura estaba estropeada y llena de ampollas, su expresión lívida. —Voy a matarte. ¡Voy a MATARTE! —rugió, tambaleándose hacia ellos, su sangre escurriéndose por el suelo a cada paso—. Ningún maldito sub indisciplinado va a desafiarme solo porque su compañero es demasiado blando como para enseñarle su lugar —espetó.

Harry contuvo las ganas de hacerse pequeño e invisible una vez más, apretando los dientes con fuerza combatiendo la reacción instintiva y se mantuvo firme al lado de Fenrir.

—¡Voy a arrancar a ese parásito de tu vientre y luego voy a golpear tu pequeño culo hasta que te des cuenta de cuál es su lugar! —prometió Radulf, su voz quebrada por la sangre y el dolor. Se arrojó hacia enfrente, tratando de alcanzar la garganta de Harry. Fenrir soltó un gruñido atronador y agarró su muñeca, retorciéndola hacia atrás hasta que puedo sujetar firmemente el cuello del hombre. Fenrir dio otro gruñido, hubo un chasquido repugnante y luego Radulf cayó al suelo, completamente inmóvil a los pies del alfa.

Harry reculó un par de pasos, vacilante, tanto por el impacto de la repentina ejecución como por la incomodidad de tener a su enemigo tan cerca –muerto o no– de él. Retrocedió hasta chocar con un cuerpo tenso y se dio la vuelta para encontrar a Marrok detrás de él. El hombre de piel negra le lanzó una sonrisa incómoda pero reconfortante. —¿Estás bien? —preguntó. Harry asintió lentamente, no muy seguro de si estaba mintiendo o no. ¿Lo estaba?

Hubo una larga pausa en el claro, durante el cual los atacantes parecieron retirarse hacia la línea de árboles de donde habían surgido, observándolos con cautela. Conall les frunció el ceño, sus ojos amenazantes posándose sobre Harry durante demasiado tiempo. —No estamos solos, Greyback —advirtió oscuramente—, juntos traemos a más guerreros para acabar con tu pequeña comunidad de cobardes. Vamos a obtener lo que es nuestro.

Conall miró al hombre caído a los pies de Fenrir con repulsión. —Radulf fue el que quiso tratar de razonar contigo, pero ya que has elegido el camino difícil... —Hizo una pausa deliberada y su mirada se deslizó sobre el cuerpo de Harry, odiosa y codiciosa a la vez—. Volverás a saber de nosotros, y la próxima vez no habrá misericordia.

Algunos miembros de la manada (aún en su forma de lobos) gruñeron y avanzaron, conduciéndolos hacia el espesor del bosque. —Sáquenlos de nuestro territorio —ordenó el alfa, lenta y deliberadamente hacia Echo, que permanecía a su lado en forma de lobo. La bestia asintió en entendimiento antes de echar correr detrás de los otros, dejando a un puñado de sus compañeros en la cima de la cascada.


—Ulric, Raquelle, desháganse de esta escoria —gruñó Fenrir, señalando el cadáver de Radulf con un gesto; su voz sonaba baja y ronca, como si apenas pudiera controlar la rabia. Le quemaba igual que la bilis que subía por su garganta. Quería perseguirlos, atraparlos, desgarrar sus miembros hasta que fueran simples masas inútiles y ensangrentadas esparcidas sobre la tierra. Sin embargo, algo sobre el mero hecho de pensar en dejar a Harry ahora mismo se sentía mal. Sabía que eran sus instintos, sabía que iba a sentirse de esta manera incluso mucho después del nacimiento. Pero aun sabiéndolo, no podía luchar contra esto.

Ulric gruñó con irritación, a pesar de que tanto él como la loba de cabello oscuro, Raquelle, se movieron para obedecer. —Vas a comenzar una maldita guerra —murmuró, agarrando el cadáver de Radulf por los brazos mientras Raquelle le sostenía los pies—. Vas a conseguir que todos seamos masacrados, y todo para evitar compartir el culo de tu sub siquiera un poco…

Fenrir gruñó furioso, avanzó hacia Ulric y lo agarró por el cuello, apretando con fuerza hasta que la cara del hombre se coloreó de un tono azul advertencia. —Has olvidado lo que representa nuestra manada. Y desde hace tiempo olvidas quién está al mando, viejo —susurró peligrosamente—. Si quieres desafiar mi lugar, desafíame como un lobo o mantén la boca cerrada. No voy a decírtelo de nuevo. Una mierda más y te echaré a patadas, ¿está claro?

Cuando Ulric asintió, Fenrir apretó más fuerte por otro instante antes de soltarlo. Entonces se giró hacia donde se encontraban Harry, Marrok y Ghost, despidiendo efectivamente a los otros dos para que llevaran a cabo sus instrucciones. Su cuerpo seguía rígido, tenso por la rabia apenas controlada y la miseria, pero sus ojos eran cálidos cuando se posaron en el rostro de Harry. Un rostro que estaba mucho más pálido que de costumbre.

—Necesitas poner algo de comida en tu estómago —dijo Fenrir cuando estuvo seguro de que la dureza había abandonado su voz. Sintió que no sabía cómo hablar con Harry en este momento. Solo sabía que tenía que cumplir con su promesa de proveer y proteger, aquella que había hecho bajo la luna—. Me di cuenta esta mañana de que vomitaste la comida de ayer-

—Eso fue por disgusto, no por enfermedad —murmuró Harry, mirándolo desafiante a pesar del olor a ansiedad que Fenrir percibía emanar de él en oleadas. Eso le dejó un mal sabor de boca.

—Yo no quería que lo de anoche sucediera —comenzó, solo para que Harry lo interrumpiera con fuerza.

—Y una mierda. Obtuviste exactamente lo que querías.

Fenrir se erizó. —¿Crees que disfruté violándote? —gruñó sombríamente—. ¿Después de todo lo que ha pasado, crees que yo querría 'esto' con nada menos que tu pleno consentimiento? —Pequeño cachorro desagradecido.

Harry le devolvió la mirada. —Desde que todo esto comenzó, todo de lo que has hablado es de dejarme en este estado, no pretendas que estás algo menos que extático —se quejó.

Fenrir avanzó hacia él; el movimiento hizo que Marrok diera un paso atrás, por respeto o por instinto. Sujetó la muñeca de Harry cuando el muchacho quiso retroceder. —Estoy contento de haber creado vida contigo, de que esa parte de mí crezca dentro de ti —comenzó, su voz gruesa contrastando con la suavidad de sus palabras—. Pero no quería que sucediera de esta forma.

Harry, que se había sonrojado oscuramente con sus primeras palabras, dijo: —Nunca quise nada de esto. No quería terminar con... esto, y no puedes esperar que esté bien con ello —comenzó.

—Maldición, el que tú anhelaras un hogar y una familia propia, una verdadera familia, es la razón principal por la que me elegiste —replicó Fenrir acaloradamente—. No lo niegues.

—¡Pero no puedo quedarme aquí, ya te lo he dicho! Y nunca quise ser... castrado para ser obligado a... dar a luz. ¡No lo quería de esta manera! —Harry hizo una mueca de dolor, probablemente por el sonido distintivo de la desesperación en su voz. Sus manos se cerraron en puños tan apretados que sus nudillos se pusieron blancos—. No fue del todo culpa tuya, ¡pero estás actuando como si fuéramos una pareja de enamorados que ha logrado concebir un niño deseado o algo así!

Con un gruñido de disgusto y un aroma que delataba su dolor, Fenrir soltó la muñeca de Harry con brusquedad. —Todos los hombres lobo nacidos son milagros que desafían nuestra propia naturaleza —gruñó—. Sí, yo te quería y deseaba esto, pero no de esta manera. ¿Me vas a decir que quieres deshacerte de la vida dentro de ti solo porque el bastardo de Weylyn dejó la maldita puerta abierta?

—¡No sé lo que quiero! —rugió Harry—. Todo lo que sé es que ahora mismo no quiero mirarte. —Con eso, se giró hacia Marrok, que estaba observando su intercambio cuidadosamente—. ¿Me llevas de vuelta a la guarida? Quiero estar solo por un tiempo, uno en el que no tenga que preocuparme por ser forzado o atacado. —La voz de Harry era plana y cortante, pero debajo de eso se asomaba verdadero agotamiento y derrota.

Marrok le lanzó a Fenrir una fugaz mirada cautelosa, antes de asentir lentamente. —Por supuesto —dijo, su voz profunda sonaba suave y tranquilizadora, llena de preocupación. Se hizo a un lado para dejar que Harry caminara junto a Ghost y marcara el ritmo en su viaje de regreso a la guarida. Tomó un poco de tiempo para que Fenrir calmara su temperamento lo suficiente como para seguirlos sin riesgo de romper algo en pedazos.

En el momento en que su ira se enfrió lo bastante para ponerse al día con ellos, ya estaban en las cuevas dirigiéndose a las puertas. Podía oír a Ulric y a Raquelle no demasiado lejos. Más allá, en el bosque, también podía sentir a Echo y a los otros regresar de donde habían ido a escoltar a sus enemigos fuera de su territorio. Todos estaban juntos y en una sola pieza, por suerte. No tendrían tanta suerte la próxima vez.

Fenrir apretó los dientes mientras se acercaban a las puertas. No tenía miedo de Conall ni de ninguno de los otros. Podía derrotar fácilmente a cualquiera de ellos en una batalla por el derecho a ser el Alfa, o por Harry, para el caso. Pero ellos no buscaban desafiarlo por su posición o por sus derechos de acoplamiento, ellos querían una masacre. La manada estaba a salvo por ahora, pero sabía que así fuera por la mano de Voldemort o por estos usurpadores de las viejas formas, sus pacíficas vidas estaban a punto de cambiar –y pronto. Su trabajo consistía en lograr que la mayor parte de la manada se mantuviera viva y a salvo, pero temía que su preocupación por Harry fuera mayor de lo que había creído en un inicio.

Hoy, allá en la cima de la cascada, debió haber sido él el que se asegurara de echar al enemigo. No, debió haberlos matado, arrancado sus gargantas como advertencia a cualquier otro que se atreviera a intentar lo mismo. Pero la mera idea de dejar a Harry le hacía querer vomitar. Sabía que era por el bebé que crecía en su vientre, y por el hecho de que ahora Harry era sensible a cualquier amenaza (físicamente). Si pensaba que había sido abandonado o se sentía excesivamente amenazado, podía abortar. Ese pensamiento también le dio náuseas.

Fue arrastrado de regreso al presente por el sonido y la vista de las puertas abriéndose lentamente bajo el toque de Marrok, y Harry fue el primero en entrar. En el momento en que lo hizo, Fenrir sintió un alivio tan profundo venir de donde estaba Harry que lo detuvo en el umbral por un momento. Eso fue hasta que vio a Weylyn siendo vigilado por Amoux y algunos otros cerca de la piscina utilizada para lavar. Su sangre volvió a hervir.

—Marrok, trae algo de comida para Harry —comenzó, mirando al traidor venenosamente—. Necesito que- ¡Harry!

Harry había pasado volado a su lado a una velocidad increíble, corriendo sobre la hierba hasta estamparse directamente contra Weylyn. Con un gruñido descarnado y salvaje, Harry lo tiró al suelo y se abalanzó sobre él. Weylyn gritó y todo el mundo dio un paso atrás por impulso. Harry también era un Alfa y el instinto les decía que salieran de su camino. Los dedos del chico se curvaron como garras hambrientas clavándose en la carne de Weylyn, apretándole la garganta con un gruñido y empujando su cabeza bajo el agua de la piscina.

El cuerpo de Weylyn se sacudió y retorció en sus manos, luchando por la libertad, pero los brazos y las muñecas de Harry se tensaron y lo agarraron con más fuerza. Le levantó la cabeza una fracción para permitirle respirar antes de hundirlo nuevamente bajo el agua, furia pura reflejándose en su rostro. Parecía un hombre poseído, un animal perdido en sus instintos. Pero Fenrir sabía que estaba en total control en este momento, sintiendo emociones muy humanas. Miedo, pánico, rabia; todo desatado a la vez.

—¡Esto es culpa tuya! —gritó Harry. Sacó al hombre asfixiándose y escupiendo agua para que lo oyera, sacudiéndolo con cada palabra. Fenrir pudo ver cómo esos ojos verdes brillaban antinaturalmente mientras se clavaban en el hombre a su merced—. Trajiste esto sobre nosotros, ¡sobre mí! ¡Nunca quise esto! ¡Tú causaste esto! ¡Voy a matarte, maldito bastardo! —Empujó a Weylyn de nuevo bajo el agua, pero Fenrir llegó hasta él y lo sujetó de los brazos para poder arrancarlo físicamente de su víctima.

—¡Bájame, Greyback, voy a arrancarle la maldita garganta! —chilló Harry, retorciéndose como una serpiente en sus brazos. El chico se dio la vuelta en su agarre, golpeándolo en la cara con tanta fuerza que Fenrir sintió cómo ese brazo dolía, el hormigueo del golpe reverberando en su cuerpo. Todo quedó en silencio. Harry permaneció ahí de pie respirando con dificultad, luchando por aire en medio de su furia. Fenrir lo miró, con una mancha roja en el rostro debido al golpe. Todo el mundo los observaba. Weylyn no se atrevió a moverse.

El silencio colgaba espeso e incómodo en el valle cuando Fenrir se movió. Sus ojos permanecieron fijos sobre Harry mientras se acercaba a la figura jadeante de Weylyn, solo los despegó cuando se vio obligado a mirar abajo hacia el traidor. —¿Por qué lo hiciste? —preguntó en voz baja, pero aun así sonando poderosa y amenazante. A sus pies, Weylyn estremeció, pero no se atrevió a no responder.

—Lo siento, Alfa-

—¡Sientes haber sido descubierto! —cortó—. ¿Por qué lo hiciste? —Cuando Weylyn simplemente se encogió de hombros, Fenrir lo arrastró por la garganta hasta que estuvo colgando a treinta centímetros del suelo—. ¡DIME!

—¡Solo pensé que Conall tenía un punto! —jadeó Weylyn, todas las palabras cayendo tan rápidamente que apenas eran distinguibles. Era como si esperara que entre más rápido lo admitiera, más rápido se libraría del castigo. No tendría esa suerte—. Escuché cuando le contaste a Echo lo que se dijo cuando te lo encontraste. La manada entera lo sabe, ¡pero fui el único que se dio cuenta de que hay algo de verdad en lo que expuso ese solitario!

Fenrir lo dejó caer al suelo. El lobo luchó para ponerse de pie, alejándose de él mientras trataba de explicarse a toda prisa, cavando su tumba más profundamente en el proceso. —Todos merecemos lo que ahora tienes —dijo Weylyn mirando a Harry fugazmente, quien estaba observando inmóvil el desarrollo de los acontecimientos—. Sabía que no se sometería al acto de concepción por su cuenta, así que yo solo... —Hizo una pausa y luego escupió el resto de su justificación—. Él nació para reproducirse con nosotros, pensé que si quedaba preñado se daría cuenta de eso y consideraría nuestra petición.

Todo el mundo retrocedió lejos de ellos mientras cada vello del cuerpo de Fenrir se erizaba. ¿Nuestra petición? —gruñó oscuramente—. ¿Tú y Conall y el resto de esos mestizos? ¡¿Me traicionaste a mí y a tu Compañero Alfa por tu propio egoísmo a favor de unos cuantos perros callejeros?! —Todo su cuerpo temblaba de rabia. Sabía que le había dado demasiadas segundas oportunidades. Pero no más.

Todavía en su forma humana, Fenrir se lanzó hacia su presa transformándose en el aire, sus dientes y uñas rasgaron profunda e implacablemente la carne traidora. Weylyn gritó y Fenrir rugió con furia. Un trozo de carne se desgarró del cuello del desertor, salpicando sangre carmesí sobre los dos, sobre el suelo. Una de las piernas de Weylyn moviéndose frenéticamente se rompió de manera repugnante, el sonido de los huesos al fracturarse fue seguido por el gemido más lastimero que Harry había oído nunca, inhumano de dolor.

Fenrir se echó hacia atrás finalmente. Weylyn rodó sobre su espalda, ahora como un lobo con el pelaje salpicado de sangre y de heridas profundas. Su cabeza se desplomó en patética sumisión y disculpa, su pata trasera extendida en un ángulo extraño.


Mientras observaba en silencio, Harry se dio cuenta de que tanto Amoux como Accalia, que habían alejado a los niños cuando la pelea había comenzado, ahora regresaban a su lado como si quisieran mostrarle su apoyo. No ayudó a aliviar su sufrimiento, pero apreció el gesto.

Fenrir se puso de pie y escupió sobre la forma sometida. Su pecho y cara estaban pintados de rojo, sus ojos se veían salvajes mientras hablaba con voz implacable. —Me das asco, eres la peor de las escorias, y te destierro de esta manada. Vete con esos perros con los que te pusiste de acuerdo. Ve y púdrete con ellos, no me importa, pero no dejes que te vuelva a ver en nuestro territorio. —Nadie hizo ni un solo ruido, pero aun así Fenrir levantó la cabeza, mirándolos de uno en uno.

» ¿Alguien pone en duda mi decisión? —preguntó, la sangre de Weylyn volando desde sus labios mientras hablaba. La decisión fue unánime por lo que Harry pudo ver y sentir de los que estaban a su alrededor. Había vivido con ellos durante un mes, sabía lo importante que era la manada y la seriedad con la que era tomada una traición como esta.

—En esta manada no hay lugar para las ratas traicioneras, menos en tiempos como estos —murmuró Echo, rompiendo el silencio con su tono serio. Hubo algunos murmullos de acuerdo. Fenrir miró a Harry a los ojos brevemente como si buscara su opinión, pero no le dio ninguna, permanecía en un silencio aturdido debido al golpe que él mismo le había dado a Fenrir.

—Me aseguraré de que siga el mismo camino que el resto de esa basura —dijo Echo, con una mirada en sus ojos que, de alguna manera, Harry sabía que significaba: "para que puedas quedarte con Harry". No estaba seguro de que le gustara ese hecho, pero no dijo nada. Se quedó un instante solo para ver los lamentables intentos de Weylyn de suplicar perdón, antes de alejarse. No podía estar alrededor de tanta gente en este momento; necesitaba procesar lo que había pasado, antes de que su mente explotara con todo lo que trataba de hacerle frente.

Eso es, tomaría un baño. Sin más, rápidamente se dirigió a su guarida y a la piscina dentro de ella. Desnudándose, se sumergió en el agua y se quedó ahí hasta que su mente estuvo nublada por el vapor. Con un poco de suerte, se quedaría dormido para nunca despertar de nuevo.

Para cuando se dio cuenta de que no podía esconderse en el baño para siempre, su piel estaba roja, la cabeza le daba vueltas y los dedos de sus manos y pies estaban arrugados como pasas. Con un suspiro, echó la cabeza hacia atrás para apoyarla en el borde de la piscina y miró hacia el techo centelleante tallado en la misteriosa roca.

Había tantas cosas, tantos peligros y tareas que necesitaba completar. Voldemort, los Horrocruxes, los lobos solitarios; pero todo parecía eclipsado por su actual problema, ese sobre el que sea había negado a pensar desde que había retrocedido a la seguridad de su guarida. Había un niño dentro de él; ¿qué coño iba a hacer sobre eso?

Parpadeó con fuerza hacia el techo, como si mirarlo por el tiempo suficiente le pudiera revelar la respuesta. Hace apenas un mes había descubierto que esto era posible, pero lo olvidó en medio del caos al despertar siendo prisionero de Fenrir Greyback en lugar de Voldemort. La idea había sido degradante, repugnante incluso y recordaba con claridad jurar que preferiría la muerte antes que llevar algo de Fenrir dentro de él. Excepto que en ese entonces había sido 'Greyback', no 'Fenrir', y muchas cosas habían sucedido. Tanto había cambiado...

Todavía era degradante, le hacía sentir enfermo recordar cómo había ocurrido (y que su cuerpo había llegado al clímax con ello). Le dolía pensar que su muy masculino cuerpo había sido mutilado de alguna manera, obligado a hacer algo que, hasta hace poco, pensaba que solo era labor de una mujer. Era humillante siquiera contemplar lo que le había sucedido, pero al mismo tiempo sabía que tenía que proteger lo que estaba creciendo en su interior. Tenía que, y no era completamente debido a su 'complejo de héroe' o a su instinto protector.

Toda vida le importaba. Había sido la razón principal por la que fue descubierto en la batalla, usando un encantamiento de desarme en lugar de tirar a matar. Y eso incluía a lo que fuera que creciera en su interior desde la noche pasada. No podía decir que le encantara, pero sí se preocupaba por si esto vivía o moría, sin importar qué tan desesperadamente infeliz se sintiera con la situación. Soltó un largo suspiro y miró abajo hacia a su cuerpo. Estaba magullado por lo sucedido anoche y por la pelea de esta mañana, pero por lo demás se veía sin cambios.

Poco a poco, sus manos se deslizaron por sus costillas, flotando sobre su estómago por un segundo antes de finalmente juntar el valor para tocarlo. Sus dedos se fundieron en su vientre plano, firme, tenso, y frunció el ceño. Realmente no entendía cómo ni por qué le había pasado esto, pero ahora una vida crecía bajo sus palmas. Se sentía extraño e incómodo el tocar simplemente su propio estómago.

¿Qué iba a suceder con el futuro planeado para él, aquel establecido por los errores de magos con más del doble de edad que la suya? Tenía horcruxes que cazar, un señor oscuro que derrotar, ¿pero cómo lo haría ahora? Cerró los ojos para impedir que el mundo a su alrededor girara por la tensión y el vapor. ¿Qué diablos iba a hacer?

"Te ayudaré a derrotarlo recordó a Fenrir murmurar contra su garganta—. Lo voy a borrar de la faz de la Tierra… Lupa y Hemming están buscando a tus pequeños amigos, los ayudarán. Seremos capaces de actuar y movernos más libremente una vez que Él esté convencido de que no eres nada de qué preocuparse; pero hasta entonces… Quédate conmigo…"

Esas palabras seguían siendo ciertas, pero ahora él tenía un sentido de renovada urgencia. El tempo era limitado hasta que se viera físicamente impedido por esta... condición a la cual había sido empujado. ¿O ayudaría a que Voldemort lo creyera completa y verdaderamente roto? Lo vería de rodillas, siendo el esclavo sexual y de cría de Fenrir Greyback. Seguramente pensaría que Harry estaba derrotado; lo disfrutaría. ¿Podría funcionar? Y una vez que pudiera moverse con mayor libertad, se uniría a Ron y a Hermione de nuevo para terminar con esto de una vez por todas.

Hizo una mueca mientras se alzaba. Sus rasguños y moretones ya no palpitaban, aliviados por la calidez del agua limpia. Pero no todo era tan sencillo. Mucho dependía de la cooperación de Fenrir, por supuesto. Lo quisiera admitir o no, lo necesitaba en más de un sentido. No estaba muy seguro de lo que opinaría Fenrir de este plan luego de haberlo golpeado, le había faltado al respeto frente a toda la manada. Aunque al parecer no tendría que esperar mucho tiempo para averiguarlo, pensó al oír abrirse la puerta de la guarida, señalado la llegada del alfa.

Harry juró escucharlo olisquear discretamente, como si quisiera asegurarse de que él estaba aquí. Junto a la piscina, Ghost levantó las orejas, evidentemente también escuchándolo. Un momento después, la forma cansada y cubierta de sangre del alfa apareció en el arco que unía la piscina con el resto de la guarida. Sus ojos eran ilegibles mientras lo observaba. El silencio se extendió mientras los dos intentaban encontrar las palabras correctas. Las pocas horas separados parecían haber causado que la torpeza entre ellos empeorara. Había mucho que discutir y, sin embargo, ninguno quería dar el primer paso.

—¿Estás bien? —preguntó Fenrir finalmente, su voz no traicionaba nada. Harry se encogió de hombros. La respuesta era que no, por supuesto, pero Fenrir lo había sabido antes de preguntar. De repente, sintiéndose incómodo con el hombre lobo viéndolo sin ropa, se dio la vuelta y se envolvió en una toalla enorme, tratando de secarse mientras revelaba tan poco de su piel como le fuera posible.

» Weylyn se ha ido y la manada está... Bien, están perturbados porque fuimos traicionados por uno de los nuestros, pero creo que todos se sienten mejor con esa escoria eliminada —dijo Fenrir, sin saberlo respondiendo a la pregunta que Harry no había hecho: dónde había estado las últimas dos horas. Por lo visto, ocupándose de las repercusiones que la traición de Weylyn había desencadenado en la manada. No solo se trataba de su conspiración para perjudicar a Harry, toda la manada había corrido peligro durante el periodo en que las puertas estuvieron abiertas. Supuso que, a ojos de la manada, algo mucho peor que él siendo impregnado por el Alfa podría haber ocurrido. De todos modos, seguramente pensaban que era la cosa más maravillosa del mundo.

Harry hizo una mueca, odiando lo amarga que sonaba la voz de sus pensamientos. —¿Lo saben? —preguntó, sin preocuparse realmente por la respuesta.

Esos ojos azul hielo lo examinaron con detenimiento antes de contestar. —Pueden olerlo. Así que sí, lo saben —respondió, adentrándose en la habitación. Su cuerpo aún mostraba las heridas de la pelea y Harry no pudo evitar mirarlas. Fenrir no pareció darse cuenta—. A Amoux le gustaría hablar contigo, cuando estés listo. Hace tiempo le fueron enseñados los secretos de la partería por la mujer que ayudó a traerme a mí y a mis hermanos al mundo. Ella debe conocer todo lo que necesites saber.

Harry cerró los ojos por un momento, sus dedos apretaron la toalla con tanta fuerza que sintió que sus nudillos comenzaban a temblar.—¿Y qué si no quiero saber? —murmuró con voz casi inaudible, pero continuó antes de que el otro pudiera responder—. ¿S'pongo que todos están felices con... esto? —preguntó señalando su cuerpo.

—Claro. Para ellos es un milagro, Harry, eres un milagro. Amoux, Accalia, los niños; mierda, incluso Marrok está encandilado por ti. Ellos te adoran, por supuesto que están felices —replicó Fenrir con voz ligeramente aguda.

Harry lo fulminó con la mirada. —Todos están tan contentos, pero nadie muestra ningún respeto por mis sentimientos —espetó, al instante reprendiéndose a sí mismo por la forma en que sonó. Patético, escupió su mente.

—Te alejaste y te escondiste aquí casi de inmediato —respondió Fenrir secamente—, no has visto sus reacciones; ¿cómo sabrías?

Con un gruñido bajo, Harry volvió a secarse. No sabía qué decir ante eso, excepto: —¿Y qué si yo quería estar solo? Tengo derecho a estar cabreado por lo que se me hizo en contra de mi voluntad —murmuró.

De repente, un par de manos firmes agarraron sus hombros cubiertos por la toalla, deteniéndolo al instante. Todo su cuerpo se estremeció. Ya no sabía cómo reaccionar ante este toque. Esos ojos azules, oscurecidos por una emoción indescifrable, lo miraron fijamente.

—Y tengo derecho a sentirme feliz por el milagro que tú y yo hemos creado, sean cuales sean las circunstancias —gruñó Fenrir.

—Es un poco pronto para que estés pidiendo otro golpe en la cara —murmuró Harry sombríamente.

Fenrir rugió con frustración. —Estoy jodidamente tratando. Podrías hacer un esfuerzo y verlo desde mi lado, también. Esto es lo que somos, quienes somos. Habías empezado a comprenderlo, a disfrutarlo incluso.

—Estás intentando de convertirme en una perra —protestó Harry, luchando por liberarse de las garras del lobo, pero sus brazos y piernas estaban atrapados en la toalla.

Fenrir se burló de él con otro gruñido. —¿Cuándo lo he intentado siquiera? ¡Nunca he tratado de cambiarte! Pareces pensar que el follar y aparearte conmigo, que llevar a mis cachorros, te hace menos hombre o te cambia de alguna manera, pero no es así. Sigues siendo la misma pequeña mierda desagradable y malhumorada a la que vi escupir sobre Sus intentos de romperte. ¡Te estoy dando aquello que siempre has querido y que nunca te atreviste a tomar por ti mismo!

—¡Solo cuando y si se adapta a ti! —espetó Harry—. Tienes razón, yo estaba... yo estaba bien, o lo suficientemente cerca de bien contigo, pero aun así quería salir de estas cuevas y hacer lo que debía hacer. Aún tenía ganas de ver a mis amigos, de acabar con Él. ¡Pero no quería lo que pasó anoche ni lo que vino de eso! —Su garganta dolía por tantos gritos, pero no podía parar—. ¡Has vuelto mi vida al revés y solo esperas que yo me ajuste porque es parte de mi sangre o alguna mierda parecida!

—¡Espero que no lo mandes todo a la mierda! —replicó Fenrir—. He trabajado mi culo tratando de ayudar a que te adaptes, y solo por lo que alguien nos hizo a los dos anoche, estás listo para tirar a la basura todo el progreso que hemos hecho durante el último mes.

Eso hizo que la respuesta que Harry estaba preparando muriera en sus labios.

—Me estás convirtiendo en el enemigo cuando ambos fuimos traicionados —continuó Fenrir cuando no dijo nada—. El que esté menos molesto que tú por esto no cambia el hecho.

—Por supuesto que estoy molesto —susurró, aborreciendo el tono derrotado de su voz—. No puedo hacer esto también; una cosa más que tengo que salvar o proteger de Vol… de Él, de esos lobos solitarios... —El agarre de Fenrir se aflojó y Harry se alejó de él bajando los ojos, conteniendo las lágrimas que picaban por salir.

—Yo te protegeré, a los dos —murmuró Fenrir, haciendo un gesto hacia su estómago. Harry dio otro par de pasos hacia atrás, todavía sin levantar la vista—. Quise decir lo que dije, ya sabes. Cuando sea el momento, lo voy a borrar de la faz de la tierra... por ti.

—Yo tengo que matarlo, Fenrir, tengo que ser yo —dijo Harry con voz cansada.

La expresión de Fenrir, su sinceridad, se mantuvo sin cambios. —Lo harás tú, solo que a través de mí —explicó, sujetándole los hombros por un momento antes de acariciarlos con dulzura con sus dedos callosos—. Vi lo fuerte que fuiste hoy, mascota —respiró—. Vi tu poder, pero si piensas que eso hace una diferencia en lo que acordamos sobre Él, te equivocas. No va a acercarse a ti ni con un palo de diez metros, ¿está claro?

Harry lo miró, pero cuando abrió la boca para replicar, se dio cuenta con rapidez de la diferencia entre este tipo de comportamiento dominante y el que los Dursley solían mostrar. Esos duros ojos azules le dijeron que era más por el hecho de que se preocupaba por él, que por el deseo de controlarlo. Al menos un poco. «Oh, le encantaría controlarme —suministró su mente—, pero solo porque él se preocupa... creo».

Sosteniéndole la mirada por un largo y silencioso momento, Harry empujó con firmeza el pecho del alfa y se movió lentamente hacia el lado opuesto de la piscina, de modo que no pudiera agarrarlo de nuevo. No estaba listo para ser retenido, sobre todo no por Fenrir. Contempló por un instante las aguas termales antes de volver a encontrar su voz. —Lo que hice en la cascada —comenzó con vacilación—, esa electricidad y... poder, fue por la magia de hombre lobo que dijiste que experimentaría cuando llegara el momento, ¿no es así?

Fenrir asintió lentamente. —Una parte de ello. Falta aún más. Es muy parecido a la magia accidental de los magos adolescentes, según entiendo.

Haciendo una mueca de dolor, Harry preguntó: —¿Y siempre va a ser tan explosiva? ¿Igual de intensa? Me sentí como si siguiera en el calor de luna, solo que... peor. Era como si otra parte de mí hubiera asumido el control.

—Vas a ganar más control con el tiempo, igual que pasó con tu magia de mago. Está en sintonía con tus emociones e instintos. Con la práctica, podrás convocarla y canalizarla a voluntad sin una varita tonta y sin necesidad de un estrés emocional. Pero como he dicho, eso será con el tiempo y la práctica.

Harry frunció el ceño. —¿Y hasta entonces? ¿Voy a tener estos estallidos cada vez que esté tan cabreado como hoy?

Fenrir lo observó atentamente mientras respondía: —Tú querías protegerme, a mí y al cachorro, por eso te golpeó tan fuerte y tan rápido, porque temías por nosotros.

Parcialmente aturdido e indignado por la acusación, Harry se limitó a mirarlo. ¿Qué se suponía que dijera ante eso? —No me gusta que nadie muera. No delante de mí, y aún menos cuando puedo hacer algo para evitarlo —murmuró en voz baja.

Con un resoplido irónico, Fenrir se deslizó en el agua caliente que onduló con sus movimientos. Patrones circulares bailaron a través de la superficie desde su cuerpo, cubierto de sangre y suciedad, hacia el borde donde Harry se encontraba. Era como si lo estuvieran llamando. Sin dejar de mirarlo, Fenrir comenzó lentamente a limpiar su cuerpo, haciendo una mueca de dolor al deslizar sus dedos por su costado: la vieja herida se había vuelto a abrir.

—¿Por qué tienes tanto miedo de admitir que te preocupas por mí? ¿Que ya te importa la parte de mí que crece dentro de ti? —exigió el lobo bruscamente, hundiéndose en el agua para lavar la sangre de su cabello. Harry se estremeció ante la terminología, pero Fenrir lo salvó de tener que pensar una respuesta—. ¿Tienes miedo de que eso signifique admitir que quieres quedarte aquí?

Harry sacudió con la cabeza, exasperado. —No importa qué tan cómodo hagas este lugar para mí, el hecho es que estoy atrapado aquí y esto —hizo un gesto hacia su vientre, incómodo— solo me hace sentir aún más atrapado.

—Te lo dije, estamos atrapados aquí debido a Él. Una vez que eso se resuelva tendrás mayor libertad —comenzó Fenrir.

—¿Y si cuando llegue ese día no quiero quedarme aquí? ¿Qué pasa si quiero irme, intentarás detenerme? —preguntó. Porque eso era de lo que se trataba, el por qué seguían llegando al mismo impasse. Quería libre albedrío, la libertad de elegir una vida por sí mismo.

Tallando el resto de sangre y suciedad de su cuerpo, Fenrir se levantó del agua, cepillando con sus manos el reguero que goteaba por su cara y cuerpo. Vapor se elevaba de su piel limpia mientras lo miraba. —Por supuesto que te detendría —dijo simplemente, sus ojos tan oscuros e intensos como siempre—. Te quiero, ¿por qué no lucharía por lo que quiero? —El más breve latido resonó en el silencio y luego agregó—: Pero a ti te gusta estar aquí, conmigo, así que el punto es discutible. —Con eso, estiró su mano hacia Harry, que se tambaleó hacia atrás lejos de su alcance, sin soltar su firme agarre en la toalla a su alrededor.

» No retrocedas ante mí como si te hubiera golpeado —espetó—. Si recuerdo bien, ¡fue justo de la otra maldita manera!

Harry hizo una mueca. —Lo sé, y lo siento por eso, pero... no puedo —dijo cansado—. Necesito un poco de espacio; de ti, de todo esto. Quiero dormir en la guarida de Amoux esta noche, tal vez también en las próximas-

—No seas ridículo —resopló Fenrir—, esta es tu guarida. Estás embarazado, tienes que estar en un lugar conocido con olores reconocibles. Aquí es donde vas a dar a luz-

—¡No! —gritó Harry sacudiendo la cabeza, apenas deteniéndose de tapar sus orejas con sus manos—. No hables de mí usando esas... esas palabras. Me dan escalofríos. —Sus dientes rechinaron ante el eco de éstas en su cabeza—. ¡No soy una chica!

Fenrir gruñó. —Estás siendo completamente ridículo. Te lo he dicho, eres el único que sigue pensando en sí mismo como una mujer solo porque-

—Si dejaras de tratarme como a una sería más fácil de creer —gruñó—. ¡Tú eres el único que está enojado solo porque quiero un poco de espacio! ¡Creo que no es mucho pedir después de lo que ha pasado!

—No puedes huir de mí —gruñó Fenrir oscuramente—. No puedes esconderte de tus miedos o de tus deseos. Estamos unidos, tenemos que lidiar con lo que pasó. Juntos. ¡Nos pasó a los dos!

Harry negó con la cabeza, retrocediendo por el arco hacia la cámara a toda prisa, arrojando la toalla y poniéndose un par de pantalones limpios antes de que Fenrir irrumpiera tras él. —No soy un cobarde —soltó, llamando a un confuso Ghost de la cama y acariciándolo calmadamente. No parecía gustarle cuando Fenrir y él peleaban, y él sabía, de alguna manera, que era porque eran la pareja alfa. La manada perdía su equilibrio cuando se lanzaban a la garganta del otro.

» No estoy huyendo, solo quiero un poco de espacio, ¿es mucho pedir? —murmuró entre dientes.

—¡Es hora de que dejes de avergonzarte, de culparte por lo que pasó y de alejar la poca felicidad que te he dado el último mes! —le espetó Fenrir, desnudo como el día en que nació y goteando agua sobre las pieles que cubrían el suelo. El alfa apretó los dientes, evidentemente batallando para refrenar su temperamento—. No puedo dejar que hagas esto, Harry.

—¡No se trata de que me dejes! —replicó él con vehemencia—. Voy a hacer lo que yo quiera, ¡y si creo que no es bueno para mí el dormir en otro lado, entonces eres el que se va!

Ese gruñido volvió de nuevo, reverberando profundamente desde la garganta de la bestia. —¡¿Cómo te atreves a intentar echarme como a un vulgar perro faldero?!

En ese momento, Harry dio agudo gruñido de agotamiento y desesperación y se arrojó sobre la cama. —¡Bien, ya no me importa!, pero si siquiera intentas tocarme o meterte en esta cama conmigo esta noche, cualquier noche, voy a arrancarte las putas bolas. —Con eso, rodó de lado para darle la espalda a Fenrir, envolviéndose firmemente en las pieles como si le pudieran protegerlo de cualquier posible avance.

Hubo un momento de silencio, donde todo lo que se oía era la respiración violenta del hombre lobo. Finalmente, Fenrir pisoteó con furia atravesando la habitación, ruidosamente sacó algo de ropa y azotó la puerta cuando salió de la guarida.

Harry exhaló lentamente, demasiado cansado como para sentir lo que debería. Ira, miedo, frustración, humillación y culpa. Estaba tan cansado. Presionándose contra el costado de Ghost, apoyó la cabeza en el vientre del lobo, su olor calmándolo. Suspiró al sentir cómo el lobo lamía su fleco de manera reconfortante, y él acarició su hocico en señal de agradecimiento.

«No hay manera de que Fenrir y yo logremos sobrevivir unidos el tiempo suficiente para derrotar a Voldemort, mucho menos para criar a un niño», pensó con preocupación cerrando los ojos con fuerza, como si eso hiciera que sus problemas desaparecieran. Se acurrucó más cerca de la suave piel caliente de Ghost. «Vamos a destruirnos el uno al otro mucho antes…»


Este capítulo fue beteado por Midnight_Phoenix.


Ro: La triste y cruel rutina es lo que a mí me quita tiempo para trabajar en esta historia (traducir, editar, corregir, esperar a mi beta, xD ). En fin, aquí está el siguiente capítulo. Como ves, tenías razón en que mucho de lo que lograron avanzar en su relación se fue abajo. Pero me gusta la actitud de Fenrir a lo largo del capítulo, creo que trata de arreglar las cosas a su manera (aunque como siempre, su impaciencia lo traiciona).

¡Gracias por comentar! Besos.